lo sabe

Nadie nunca va a entender lo que me hacía sentir cuando me miraba atentamente mientras hablaba y me interrumpía con un “Por dios, qué bonito hablas” mientras yo seguía hablando, ignorando lo que decía “¿No te quieres casar conmigo? Sí, sí quiero. Con eso, te juro que yo podría pasar todo el día escuchándote hablar y sería el más feliz.
Nadie, nadie va a entenderlo y no me interesa que lo entiendan, solo yo sé que si, que siempre va a ser el, por más lejos que se vaya, por más malo que sea, por más seco, por más frío, siempre va a ser el y él lo sabe, por eso me deja ir.

🌪🅿️

anonymous asked:

Si de verdad estuvieras hospitalizada por un intento de suicido no estarías en Tumblr; porque yo he estado ingresada y te lo prohíben y no sólo en El Centro donde me ingresaron sino en todos. Patética, eso es lo que eres además de una mentirosa de mierda.

¿Vos realmente pensas qué ella esta reblogueando? Ella ni siquiera puede moverse, a penas puede hablar, y antes que nada dejame decirte que yo soy quien esta dando reblog a casi todo, YO SU NOVIA, POR QUE NO SACAS EL ANÓNIMO PEDAZO DE ZORETE, ¿sabes lo feo que se siente que ella no se pueda mover? Yo soy quien responde por ella, por eso no dije anda, le muestro lo que hay en el Dashboar para que se ria un poco, pero aun así gente como vos que pone mierda o la insulta anonimante me da bronca

Si realmente sabes como se siente estar hospitalizada, no andes diciendo mierdas como estas porque vos no sabes como yo me siento, y como ella se siente, intento borrar todo tipo de ask’s toxicos que le podrían hacer daño si lo lee, pero aun así se acumulan mas. 

No sabes como me siento, no sabes como la esta pasando ella, no sabes nada de ella, y decís que es patetica ¿No serias vos la patetica? Y ademas lo decis en anonimo.

Es por eso que siempre odie tumblr, por personas como vos, que no saben absolutamente nada de alguien y venis a insultar.

Haceme un favor y andate a la mierda queres 

Lo que menos quiero es amargarte la vida con mis estupideces, independiente de si me duelen o no, no quiero que tengas nada que ver con mi tristeza
—  Dolor
Estaba preciosa.
Aún la recuerdo. El sol moría en el horizonte, mientras un “nosotros” empezaba a nacer desde el fuego. De ese tipo de fuego que emana una chispa sobre un bosque marchito.

Me senté al borde de mi vida para ver cómo mi mundo se derrumbaba mientras ella no dejaba de sonreír. Ver que, más allá del dolor, también hay unos ojos que esperan por ti para verte como si existieras tú. Solamente.

Era un poco tímida, pero a veces quería comerse el mundo que, dicho sea, lo llevaba también al borde del precipicio. Rugía como leona cuando no podía más y en el último aliento, me asomaba, y le daba un beso, y se quedaba en silencio tras haber pasado unos minutos ya del desorden de sentimientos.

—Somos dos mundos en ruinas que colapsaron, pero que en el intento se hicieron una herida mortal —le dije una vez.
—Una herida mortal puede volver a cualquier humano inmortal. Y yo detesto lo permanente. Sabes que fluyo como el viento, que, a diferencia, el día que me voy, jamás vuelvo.

Y desde aquel instante supe que la odiaría. Odiaría echarla de menos para siempre. Buscarla entre las hojas del otoño y saber que estoy buscando en vano lo que jamás volveré a encontrar. Gritarle a los cuatro vientos que la amo y que ella jamás me amó. A veces me quería. A veces. A ratos. Casi nunca. Fueron tan pocas las veces en las que lo hizo. Sólo cuando lloraba. Cuando no quedaba de otra que sentir y bailar al ritmo del amor. O como quieras llamarlo: ruinas, destrucción, metanfetaminas. Cada quien tiene su propio concepto de amor y el mío lleva su nombre.

Ojalá se hubiese enamorado de mi desastre, también. Y no solamente de las vistas preciosas que conducían mis manos sobre su cuerpo; de las canciones que le dedicaba de madrugada cuando, aún dormida, la despertaba con un beso en la frente; de los abrazos cuando se sentía rota y no quedaba de otra que ser fuerte.

Hubiese querido que se enamorara de mis malos ratos, de mi rebeldía, de mis adicciones, de mis manías, de mis ataques de pánico, de mis fobias, de mis nervios minutos antes de ser feliz, de mis quejidos cuando cogía gripe, de mis ansiedades. Hubiese querido que permaneciera allí, inmóvil, en silencio, cuando yo también no podía más conmigo mismo.

Fui el verano de sus días.
Y ella, el invierno de los míos.

Éste es el último escrito que lleva entre líneas su nombre. Éste es el último balazo que se escucha en mi habitación. Y ésta es la última ruina sobre la cual decido construir un nuevo amanecer.

Posdata: Te amo como siempre.
Hasta nunca.
—  “Carta por si algún día la lees”, Benjamín Griss