llullaillaco

A little tidbit from the final film of my animation degree. Llullaillaco Lullaby is a two minute short about the beautiful Lullaillaco Maiden (aka la Doncella). Done entirely in chalk pastel under camera. Which I have been regretting deeply for the past couple of months, since it forces me to work in a dark, dusty room far from sunshine, fresh air and fellow humans. Oh well.

Final Moments of Incan Child Mummies' Lives Revealed

Three Incan children who were sacrificed 500 years ago were regularly given drugs and alcohol in their final months to make them more compliant in the ritual that ultimately killed them, new research suggests.

Archaeologists analyzed hair samples from the frozen mummies of the three children, who were discovered in 1999, entombed within a shrine near the 22,100-foot (6,739 meters) summit of the Argentinian volcano Llullaillaco. The samples revealed that all three children consistently consumed coca leaves (from which cocaine is derived) and alcoholic beverages, but the oldest child, the famed “Maiden,” ingested markedly more of the substances. Coca was a highly controlled substance during the height of the Inca Empire, when the children were sacrificed. Read more.

¡Programa 23!

Miércoles 10 de julio de 2013. Emisión 23 de Primero por Escalera. Hablamos con el cantautor Lucio Mantel, antes de su show junto a Pablo Grinjot en el ciclo Hay otra canción en el ND Ateneo. La kitchinette estuvo comandada nuevamente por Marianela, que trajo un Top 5 de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes. La conclusión fue que el dicho “Era tan rico que sólo tenía dinero” es una boludez tremenda. El Inspector Retrospectiva se despachó con la historia de Los niños del Llullaillaco, las momias incaicas mejor conservadas. Luego partió raudamente junto a Ale a la presentación de “Diez años. Una década de gobierno Kirchnerista”, el libro de Daniel Miguez en el que nuestro conductor fue activo colaborador. En el balcón de Leo sonaron los banfileños Cldscp con "Corazón ciego” y los franco británicos Francois and the Atlas Mountains con la pegadiza “Les Plus Beaux”. En el final nos metimos al baño para prepararnos para salir con las recomendaciones cancheras de Marcha, aunque decidimos quedarnos viendo pelis románticas como “Blue Valentine”. La nubecita estuvo dedicada a artistas nórdicos poco friolentos (?). Abajo dejamos el playlist con respectivos países de procedencia.

Von Hertzen Brothers - Always Been Right (Finlandia)

Sigur Ros - Hoppippolla (Islandia)

Sondre Lerche - To be Surprised (Noruega)

Of Monsters and Men - Dirty Paws (Islandia)

The Soundtrack of our lives - Bigtime (Suecia)

Bjork - Army of me (Islandia)

Salta, ¿estás linda?

Un paseo por el norte argentino, que cada vez está más porteño. Cerros, caminatas, quinoa y coplas. La provincia de las mejores empanadas y de uno de los mejores museos del país, donde colaboraron científicos de NatGeo. Crónica de un viaje.

Por: Abril Artusi

Cuando estoy en un lugar de vacaciones, imagino cómo sería mi vida si viviera allí, y en Salta capital, no me costó mucho. Caminar por las calles fue como andar por cualquier centro de una localidad del Gran Buenos Aires. Un sin fin de marcas aparecían por las vidrieras: Tucci, Levi´s,47 Street, Soho y hasta zapatos de Ricky Sarkany. Ninguna chica andaba por la calle sin sus calzas engomadas. Me desilucione, esperaba algo más autóctono. Pero Salta estaba en las pequeñas cosas, en sus empanadas caseras, en los carritos que vendían fruta fresca o en los aguayos verdaderos ,que aunque costaban conseguir, había en algún mercado.

Para las culturas precolombinas las montañas fueron sagradas y el volcán Llullaillaco, de la provincia de Salta, fue escenario de varias ceremonias religiosas incas. En este volcán, a 6.739 metros de altura, se encontraron tres cuerpos de niños acompañados de objetos. La Niña del Rayo, El Niño y La Doncella, que pueden verse en el Museo Arqueológico de Alta Montaña. Según la creencia los niños se reunían con sus antepasados, quienes observaban y protegían las aldeas desde las alturas.  

Estos niños que se hallaron congelados, son expuestos en el museo de manera rotativa. La semana en la que fuí pude ver a La Niña del Rayo, llamada así ya que luego de su entierro, una descarga eléctrica quemó parte de su cuerpo. No podía sacarse fotos así que me remití a ver. Estaba ante una nena de seis años, pero que parecía de juguete. Una nena que había sido emborrachada con chicha y luego enterrada, sin saber que la preparaban para el viaje divino.

“El amigo que te mostrará lo mejor de Salta” ,decía el lema del city tour que tomé. El bus turístico hizo 14 paradas y entre los principales puntos se encontraron: la catedral, el monumento a Güemes, el cabildo y la estación Balcarce, por donde pasaba el tren de las nubes. Hasta las nubes llegué cuando me subí al Teleférico. El sol estaba radiante y el cerro San Bernardo limpio, aunque con una señalización mala. Varios turistas tuvieron que pedir indicaciones para encontrar la cascada o el cristo redentor.  Se vé que este punto vacacional fue uno de los más elegidos porque TN hizo un móvil allí. A medida que el funicular subia, la vista mejoraba. Desde las alturas, Salta era enorme.


Demasiada ciudad y demasiada señal de celular, hicieron que uno no lograra relajarse del todo. Desde un segundo piso del bus y después en los aires ví la octava provincia más poblada del país. Era momento de irse. Aunque pertenece a Salta no hay ningún acceso desde ahí. La única forma de acceder es desde la provincia de Jujuy. Varias horas y mareos más tarde llegué al “pueblo entre montañas”, Iruya. A 2.780 mt sobre el nivel del mar todo era distinto.


En el hospedaje Federico III fue como vivir en la casa de una familia del lugar. La fachada me hizo sentir eso. Calles angostas y empedradas, con casas de adobe, piedras y paja. Acá con suerte se encontraba un almacén abierto. De 9 a 13 y de 18:30 a 21:00 eran los horarios donde las cosas abrian. No había centro, y aunque esto y que no hubiera internet al principio me descolocó, me termino gustando. Era lo que buscaba: caminar y caminar y seguir caminando. El martes recorrí todo Iruya. Lo más sorprendente fue el cementerio. A diferencia de muchos que conocí es colorido y con flores de plástico. Típico de la zona norteña ya que no hay vegetación.

16 km se recorren si se va y vuelve a San Isidro. Pasar por brazos del río y saltar de piedra en piedra no fue fácil, pero una vez que terminé de subir la escalera que  llevaba al pueblo, me di cuenta que todo había valido la pena. Volví cansada y colorada. Ese día no hice nada más. A la mañana siguiente tomé el último desayuno: café, tostadas, queso, jugo de naranja y bizcocho.

Mientras viajaba en el remis de regreso me pregunté ¿Salta, estás linda? Y me dí cuenta que si, que aunque estaba muy cambiada seguía siendo linda. De a poco la modernización avanza a pasos agigantados. Pero si uno viaja y observa bien se da cuenta que (todavía) la mejor comida está en un “bolichon”, que hay tejidos artesanales y que hay costumbres que no se perdieron. Yo dudaba, hasta que dos nenes al costado del camino me recitaron una copla. 

Museo de Antropología de Alta Montaña: El Museo de Arqueología de Alta Montaña tiene como función principal resguardar el hallazgo arqueológico denominado Los Niños del Llullaillaco, lo que logra a través de un modernísimo sistema de criopreservación; y al mismo tiempo, estudiarlo y difundirlo. A través del patrimonio que preserva, trabaja en el resguardo de la cultura ancestral, reforzando la identidad de los pueblos originarios.

La muerte en Los Andes

Las montañas de Los Andes no son sólo fuente de fotos maravillosas y paisajes idílicos sino que también encierran secretos antiguos que se descubren a veces por casualidad. En 1999 fueron hallados en lo alto del volcán Llullaillaco los restos momificados de tres niños en un estado de conservación tal que parecían haber fallecido hace unos días. No es el único hallazgo de este tipo que se ha dado en Los Andes. Años antes ya se habían reportado hallazgos de ruinas precolombinas por montañeros. Pero el del Llullaillaco es sin duda hasta la fecha el más relevante por tratarse de los cuerpos de 3 niños perfectamente conservados.

Lo bonito (o no) de esta historia es en realidad el porqué de que estos niños hayan sido enterrados casi a 7.000 metros de altitud hace al rededor de medio siglo.

La ceremonia de la Capacocha (o Capac-hucha) era una ceremonia del pueblo Inca en la que ciertos  representantes de las distintas provincias o “suyus” viajaban centenares de kilómetros hasta la capital del imperio, la actual ciudad peruana de Cuzco. Al llegar al Cuzco se realizaba una ceremonia de adoración al Sol, al Rayo y a las momias de la dinastía real.
Estos representantes eran los niños más guapos y destacados de cada provincia y venían acompañados de importantes miembros de su comunidad local. Algunos de estos niños elegidos eran sacrificados en esta ceremonia mientras que el resto emprendía el viaje de vuelta hacia su localidad siguiendo un camino en línea recta que les hacía encontrarse con toda serie de terrenos difíciles de franquear.
El final de estos otros elegidos no era mejor de lo que perecían en Cuzco ya que cuando llegaban a su región se realizaba otra gran ceremonia en su honor, después de la cual se ascendía al pico de una elevada montaña sagrada, se les daba alcohol (probablemente “chicha”, la bebida típica de maíz) para adormecerles y se les enterraba junto con un ajuar en lo alto del pico.
Los padres de los niños ofrendados eran agraciados por el Inga obteniendo un mayor estatus social que se transmitiría también a futuras generaciones de la familia. Por su parte el niño ofrendado se convertía en un Dios que desde su elevada tumba se encargaría de cuidar de toda la provincia.

Los Incas hablaban de “enterrar muertos para cosechar vivos” y de esta forma justificaban estas hoy en día inimaginables actuaciones. Se elegían niños para la ofrenda por ser considerados más puros que los adultos. El sacrificio además no era considerado como un castigo sino que se convertía en un honor para los sacrificados y sus familias.

Algunas investigaciones le otorgan a esta ceremonia una cualidad mucho menos espiritual y más controladora. El alcohol y la coca se podrían haber suministrado para forzar a estos niños a cumplir con una festividad en la que no querían participar y de la que no querían ser víctimas. La ceremonia pudo así haber formado parte de un ritual diseñado para mostrar el poder de los gobernantes Incas y controlar así a la población bajo el yugo del miedo.

Sea como fuere es casi increíble que civilizaciones de hace cientos de años fueran capaces de ascender hasta los 7.000 metros, construir allí una tumba y enterrar a una persona, con la falta de oxígeno y las bajas temperaturas que gobiernan esas elevadas zonas.  Incluso hoy en día con todo el material existente no es sencillo el ascenso a picos tan altos.

Muchos buscadores de tesoros profanan estas tumbas, por lo que la administración local las tiene que encontrar antes y para poder protegerlas. Las momias encontradas se desentierran y trasladan a museos o centros de investigación. Esto constituye para los Incas una profanación de sus creencias, ya que esas momias se enterraron allí para permanecer hasta el fin de los tiempos. Mucha gente local culpa a estas actuaciones de los desastres naturales que acontecen en la actualidad. Quien sabe si estas momias no son las responsables de erupciones y terremotos en Los Andes. ¿Es moralmente correcto desenterrar estos cuerpos aunque sea por el bien de la ciencia? ¿Nos gustaría que futuras civilizaciones desenterraran a nuestros familiares?

En las comunidades andinas la muerte se considera como otra etapa más de la vida y no como el final de ella. La muerte no lleva a una persona a desaparecer de la comunidad sino que ésta sigue formando una parte clave de la sociedad aunque en un estado diferente. Un factor importante es que no se trata de ocultar ni negar la muerte. Al ser ésta considerada como una etapa más no necesita ser un tabú porque es algo relativamente bueno y natural. En estas comunidades, la muerte no constituye una tragedia sino un cambio.

Este texto lleva a pensar en la concepción de la muerte que se tiene en la sociedad (occidental) actual. La muerte para nosotros es un tabú, y de esto hay miles de ejemplos: La mujer embarazada oculta la noticia hasta que la salud del feto es confirmada con el único objetivo de evitar tener que contar una posible pérdida a sus conocidos; la persona que padece una enfermedad terminal, como pueda ser un cáncer, sufre en exceso al pensar que otras personas cercanas, o no tan cercanas, conozcan su estado; el hijo al que se le muere el padre sufre en el colegio intentando que el resto de compañeros no lo sepan para evitar sentirse diferenciado y consolado; la mujer que pierde el marido (o viceversa) se convierte en huraña y acomplejada ante una sociedad que la tilda de viuda por un hecho que no puede ser evitado.

Lo que me pregunto es el porqué de todos estos sentimientos. La muerte en sí es un hecho triste porque conlleva la pérdida de una persona para toda “tu” vida, pero la sociedad en la que vivimos se encarga de elevar esta tristeza hasta términos incomprensibles. Cuando alguien fallece se la vela de forma horrible: trajes negros, lágrimas, pésames, plañideras y demás sandeces. ¿Para que vale todo esto? Absolutamente para nada. Incluso muchas veces para dar a ver un sentimiento fingido y esperado por los que nos rodean. El viudo, el huérfano y el enfermo son personas por las que se siente lástima cuando en realidad su vida no tiene porque ser peor que la de ningún otro.

Muchas madres que pierden a su hijo acaban encerradas en casa, torturándose por algo que forma parte de la vida. Y todo esto viene dado por la sociedad. Está claro que es un evento trágico, pero la sociedad debería encargarse de hacer que esta señora reflote y continúe con su felicidad y no de observarla con pena. ¿Cuantas lágrimas se derraman realmente por el muerto y cuantas por ti mismo?

Dedicamos una cantidad de recursos increíbles a evitar lo inevitable y lo único que conseguimos es aumentar el miedo a un hecho que sucederá sin excepción. Eliminamos a nuestros depredadores y buscamos remedio a las enfermedades elevando la esperanza de vida ya casi hasta los 100 años. Y todo por un miedo infundido socialmente. Toda especie necesita algo que regule su población para no acabar autoinmolándose, cosa que sin duda acabará pasando con la especie humana. El miedo a la muerte es necesario (igual que el dolor) para poder mantenernos con vida, pero creo que basta con el miedo innato y no hace falta añadir un pavor social exagerado.
La muerte debería ser algo triste pero festivo a la vez. Acordarse de los momentos buenos y celebrar que la persona querida ha dado lo que ha podido durante unos cuantos años. La sociedad es difícil de cambiar pero viendo el ejemplo de las sociedades andinas está claro que es posible no dar este rol catastrófico a la muerte.

Todo esto de una segunda vida, o la muerte como un paso más en una vida que no ha acabado realmente es algo más metafísico que científico, pero ¿no tiene más sentido pensar así? ¿no seríamos más felices aceptando que lo inevitable sucederá y que en realidad no tiene porque ser visto con tan malos ojos?

Desde aquí os invito a que a partir de ahora, dentro del inevitable dolor, consideréis la muerte como algo más y le quitéis importancia, seguramente vivamos más tranquilos. Y siguiendo con el tema recomiendo el libro: La sombra del ciprés es alargada