llevados

Victoria estaba en el auto esperando a que viniera la persona del asunto que le había dicho, decidió esperar en el auto. Ya había pasado un buen tiempo desde que esa persona se había ido, decidió sacar su brassier que había comprado recientemente de la bolsa del auto para después ponérselo en la cabeza y tapar sus ojos como si fuera los tapa-ojos para dormir. Era una idea realmente loca pero realmente estaba aburrida ahí y no había llevado su libro ni nada parecido. Intentó acomodarse en el asiento por unos minutos hasta rendirse sabiendo que no iba a poder hacer realmente nada. Se quitó el brassier de su cabeza para después parpadear un par de veces ajustando sus pupilas a la luz del día hasta que se encontraron con los de una persona que la estaba mirando fijamente significando que había visto lo vergonzoso que acababa de hacer. Abrió sus ojos como platos para después salir del carro y caminar hacia la persona, – Dime que no viste nada –dice algo apenada.

La pregunta más cabrona que se ha puesto en un examen

Dyla Selterman ofreció a sus alumnos de la asignatura de Psicología Social la oportunidad de obtener puntos extra por contestar esta cuestión. Y todos se quedaron a cuadros.

Algunos profesores tienen por costumbre poner preguntas extra en los exámenes para aquellos alumnos que quieran elevar su nota. Suelen ser cuestiones más difíciles de lo habitual, pero un profesor de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, ha llevado el asunto a un nivel superior.

Dyla Selterman, que así se llama el profesor, ofreció a sus alumnos de la asignatura de Psicología Social la oportunidad de obtener puntos extra, escodiengo entre dos opciones. Esta era la “pregunta”:

“Selecciona si quieres añadir 2 o 6 puntos a la nota final de tu examen. Pero hay un pequeño inconveniente: si más del 10% de la clase selecciona 6 puntos, entonces nadie consigue ningún punto”.

Nada más finalizar el examen un alumno compartió la pregunta en Twitter y enseguida se hizo viral.

El profesor ha explicado a ABC News que todos los años trata de plantear a sus estudiantes un problema real que se conoce como la “tragedia de los comunes”, esto es, una situación en la cual varios individuos, motivados solo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, terminan por destruir un recurso compartido limitado (el común) aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda. 

Si todos los alumnos hubieran elegido subir su nota dos puntos ahora todos tendrían una mejor puntuación. Pero no fue así. “Llevo haciendo este ejercicio todos los semestres desde la primera vez que enseñé en la universidad, en 2008”, ha explicado el profesor a ABC News. “Sólo una vez los estudiantes se mantuvieron por debajo del umbral de la opción egoísta (y creo que fue cuestión de azar)”.  

Vía: elconfidencial.com

Para entender un poco más este concepto, podéis leer este artículo sobre la teoría de juegos.

Expresiones Idiomáticas - “to steal someone’s thunder”

Literalmente, “robar(le) el trueno de alguien”

En términos idiomáticos, “to steal someone’s thunder” quiere decir que alguien se ha llevado todo el mérito (a veces se ha llevado todo el mérito por algo que hizo otra persona). En otros contextos, puede ser “to upstage”… que es eclipsar o pisotear a otra persona (aunque tradicionalmente “to upstage” tiene que ver con el teatro)… casi como “robar la gloria de otra persona”.

Esa frase (inglesa, supongo) proviene del siglo XVIII cuando un autor (teatral) John Dennis creó una máquina para imitar el sonido del trueno para su obra. Su obra no tuvo mucho éxito, pero otro autor robó su idea de esa máquina del trueno y la usó durante una representación de Macbeth… y fue muy exitosa. Luego, John Dennis dijo (a casi todo el mundo) “me han robado el trueno”.

Su mano se movía con destreza sobre el block de dibujo y con una gracia que demostraba sus años de práctica, incluso cuando se trataba solamente de un boceto. Lo había percibido desde el momento en que había escrutado el rostro de la persona con un poco más de atención y le frustraba de gran manera no poder plasmar esa esencia tan única en su humilde dibujo. Levantó la mirada para fijarla en las orbes que tenía en frente. —Debo decir que eres una de las personas más difíciles de dibujar. Comentó casi como si estuviera exponiendo el monólogo que se formaba en su mente. —No logro representar aquí ese aire tan especial que tienes… Suspiró, dejando de trazar líneas y se quedó mirándole a los ojos. —Parece que te has llevado todo el misterio del mundo en los ojos y con eso, las estrellas y el cielo de Londres. He ahí la razón por la cual está nublado siempre. Agregó, resignada a acabar con un trabajo que a ella le parecía demasiado mediocre para representar un aura como el de aquella persona.

Me había llevado muy poco tiempo comprender que a la Maga no había que plantearle la realidad en términos metódicos, el elogio del desorden la hubiera escandalizado tanto como su denuncia. Para ella no había desorden.
—  Rayuela
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quienes me conocen saben que por lo general no dejo que se me vea ni el tobillo y que me siento terrrrrrriblemente insegura de cada aspecto de mi cuerpo al grado que no me deja disfrutar casi ninguna interacción social y me ha llevado a vivir una vida muy aislada y ansiosa y reprimida
así que voy a empujarme un poqui para hacerle entender a mi cerebro que no me voy a morir si me ven en calzones, a ver si así ya logro meterme a una alberca en público este verano sin llorar de nervios

tryna be ok with my bodssss

«Se va a casar mi amor, por fin serás una mujer independiente» escuchaba la voz de su madre una y otra vez. Adrian, su hermanastro, por fin saldría de su vida y haría la suya propia, con su mujer, y futura esposa. Debería estar feliz ¿cierto? ¿Acaso no fue eso lo que anhelaba desde que llegó a su vida? Siempre siendo resguardada por los ojos impotentes de su hermano mayor y ahora que se iría de su vida a formar otra, ¿Sería libre?.

Adeline soltó un pequeño suspiro exasperado para sentarse en el bar en la que sus pies la habían llevado. Tomando asiento junto a las bebidas tomó un pequeño vaso que encontró a su lado y le dio un sorbo.  — Necesitaba uno de estos — murmuró aún con el vaso entre sus manos y lo dejó caer contra la mesa provocando un estruendoso ruido.

✘ Feria ✘

La curiosidad la había llevado al puesto de Adivinación, ubicado en la zona sur de la feria local. Estaba un poco entusiasmada, en realidad, aunque ella no quisiera admitirlo. Ansiaba ver si aquella “bruja” era tan impresionante como rezaban los carteles de la entrada… Fue un fiasco. Lo supo desde el momento que ingresó, con el penetrante olor a incienso dándole la bienvenida; topándose de lleno con sedas oscuras y cortinas de lentejuelas. No había nada “mágico” en aquel lugar, sólo era un puesto vulgar de una gitana cualquiera. No dejó que la desilusión tiñera sus facciones cuando salió después de una lectura rápida de la palma de su mano; palabras insulsas e imprecisas que podían quedar con cualquiera le fueron dichas; corroborando, nuevamente, su teoría de que aquello era una farsa.

Una vez fuera se recargó contra un tablón aledaño a la pequeña carpa y sacó un cigarrillo, llenándose del humo y la familiaridad que le ofrecía el tabaco de manera inmediata. Sus orbes claros se posaron en una figura recortada por las luces multicolores que se dirigía a la entrada de la carpa. — No entres ahí. — Advirtió, dándole una corta calada a su cigarro. — Es una farsante… Seguro que yo puedo leer las cartas mejor que ella. — Bufó, casi divertida.  — Créeme, te estoy salvando de los 5 minutos peor gastados de tu existencia.  —