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De repente senti vontade de fumar. Já fumei durante algum tempo, depois deixei. O que eu mais gostava não era do cigarro, era do gesto. Eu me sentia mais seguro, mais adulto, quando fumava. Não sei bem por que deixei. Agora o que me falta é novamente o gesto. Um gesto qualquer para encher este momento. Um gesto ou uma palavra. Posso cantar, mas não vai adiantar nada. A voz é minha e me irrita, as palavras são de canções que já conheço, e me aborrecem. E gesto, só o de abrir um livro e ler, ou o de fechar este caderno.
Falta, falta alguma coisa que não sei o que é.
—  Caio Fernando Abreu, Limite branco.
Cheguei em casa pouco tempo depois de ter saído do café. Fui andando pela rua, olhando as pessoas ao meu redor e tentando me lembrar da última vez em que havia falado com alguém vivo.
—  Bruna Torquato - As Onze Essências
O destino, isso a que damos o nome de destino, como todas as coisas deste mundo, não conhece a linha recta. O nosso grande engano, devido ao costume que temos de tudo explicar retrospectivamente em função de um resultado final, portanto conhecido, é imaginar o destino como uma flecha apontada diretamente a um alvo que, por assim dizer, a estivesse esperando desde o princípio, sem se mover. Ora, pelo contrário, o destino hesita muitíssimo, tem dúvidas, leva tempo a decidir-se. Tanto assim que antes de converter Rimbaud em traficante de armas e marfim em Africa, o obrigou a ser poeta em Paris.
—  José Saramago, in ‘Cadernos de Lanzarote (1994)’
A Humilhação dos Dias Úteis

Nos fins de semana nos sentimos donos do mundo. Mesmo os pulhas, como dizia Nelson. Mas, nos dias de semana, somos humilhados pela realidade. O homem, pela impotência diante do chefe, do salário, da esposa já não mais satisfeita. A mulher, pela morte da beleza ao longo das horas e do envelhecimento, que é sua face final.

O cotidiano da sopa ou do Facebook, qualquer cotidiano apaga o futuro. A realidade é pequena como uma sopa para quem não consegue mastigar ou morder uma mulher. As ciências sociais nunca tocarão o coração da realidade, porque não olham para a humilhação do homem cotidiano. Uma mulher impossível de ser penetrada é a chave da realidade profunda. Pouco dinheiro, carro velho, apartamento apertado. Nada mais. 

Luíz Felipe Pondé - A Filosofia da Adúltera, Ensaios Selvagens. p. 101

Tú andas diciendo que no crees en la religión,
que la religión es una basura,
un lavado de cerebro,
y aunque no conozcas muy a fondo el tema,
te sientes especial tirando piedras,
pero no defiendo a la religión
defiendo a los hombres,
defiendo la inocencia,
defiendo la esperanza,
defiendo la fe,
defiendo las buenas obras,
yo sí creo en las religiones
porque los judíos que tuvieron esperanza
sobrevivieron al Holocausto como
Victor Frankl,
porque los budistas son compasivos
y rezan por todos,
porque los que oran a Krisna
creen en el cosmos y las estrellas,
porque uno de ellos era Gandhi
que le dio paz a un pueblo
tratando de evitar la violencia,
porque los practicantes del zen
buscan deshacerse de la razón
pues la razón misma a veces
envenena al ego y lo confunde,
creo en los musulmanes
quienes si ven un viajero en el desierto
le dan posada tres noches y cuatro días
y a final les dan de su dinero
para que continúen su viaje,
y también piensan
que la verdadera ciencia
es una constante revelación
de Dios,
yo sí creo en los cristianos
que cambian la vida de los drogadictos,
los que perdonan a los presos,
creo en los que llevan la cruz
pero no en los que crucifican,
como la madre Teresa de Calcuta,
quien a los leprosos y malformados,
abrazaba junto a su seno
porque decía que tal vez su abrazo
era la única oportunidad
de recibir amor en este mundo
que los condenaría al rechazo,
creo en mis abuelos que eran
de un pueblo indígena,
y sin importar raza, sexo o creencias
les abrían la puerta de su casa
para darles posada y comida,
creo en los mayas que tienen
el poder de hablar con la naturaleza
un día hablando con uno de ellos
mencionó que ellos podrían
comunicarse con sus ancestros
y provocar un desastre natural
que mandara a la chingada
a todos los negocios extranjeros
en la Riviera Maya
pero no lo harían
porque muchas personas
no tienen la culpa de las malas
creencias de otras y que
todo el presente era
una oportunidad para evolucionar,
creo en los nórdicos que respetan
a los espíritus del bosque
como los elfos y hacen puentes
y cierran caminos
para que no los molesten,
creo en lo científicos
que buscan prolongar
la experiencia humana
pero no creo en las farmacéuticas,
creo en los que no creen en religiones
como Borges
mas un día dijo no creer en Dios
pero que en un universo tan extraño
no se puede descartar la existencia
de un ser omnipresente,
un día dijo el sabio tibetano
que las religiones
no son malas porque tienen
como fin hacer mejores a los hombres,
otro dijo que
la mejor religión era el amor,
un día dijo San Agustín
que Dios es tan inmenso como el mar
y si se trata de llenar
un pozo de arena
como nuestra mente
no podríamos comprenderle,
creo en los sacerdotes
no en los que violan o se vinculan
con el narco
sino en los que estudian
la historia de las religiones
y llevan su conocimiento
a los pueblos en conflicto,
no me digas que la religión es mala,
los confundidos son los hombres
que en su ignorancia
son seducidos por el ego
y llevan al miedo a las poblaciones,
creando fronteras, guerras
y una lucha estúpida y absurda
de poder que gana
un demonio con corbata,
no menosprecies las creencias de otros
por unos que interpretan
las escrituras a su satisfacción,
¿Odias a los hombres o a las ideas?
—  Poemas para leer acompañado de una caguama, Quetzal Noah