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EL VIDEOJUEGO DE LA MUERTE

Según la leyenda urbana, en 1981 apareció Portland un videojuego llamado Polybius. Rápidamente se hizo muy popular, hasta llegar a producir adicción. Los relatos de los jugadores hablaban de combinaciones de luces estroboscópicas y gráficos, que contenían mensajes subliminales que instaban al suicidio o al conformismo. El juego producía afecciones neurológicas como mareos, tics nerviosos, vómitos, pérdidas de memoria, alucinaciones auditivas y ópticas, ataques epilépticos y terrores nocturnos. Ademas, los jugadores olvidaban en qué consistía el juego de forma escalonada, por lo que hoy en día es casi imposible encontrar un testimonio completo. Testigos afirmaban ver a dos hombres con trajes negros que entraban a hablar con el dueño de la sala de juegos luego del cierre y tomaban notas en virtud de los efectos que este les relataba, lo que creó la sospecha de que la máquina pertenecía al gobierno estadounidense. Pasado un mes desde la instalación de las máquinas, un niño falleció durante un ataque epiléptico provocado por el juego. Empleados de la compañía, vestidos de negro, se llevaron todas las unidades, haciéndolo desaparecer para siempre.

Primero, quiero pedirle disculpas a todos los que están leyendo esto. De verdad lo lamento. Estoy viniendo a ustedes en un momento de necesidad. Lo único que pido de ustedes es que lean la historia completa, eso es lo único que necesito. Mi nombre es Andrea, soy una madre soltera. No les digo esto con el propósito de recibir una medalla o de que me feliciten como muchas otras del círculo social al que pertenezco. Ellas sólo quieren palmaditas en la espalda y que les den reconocimiento; sólo quiero algo de tu tiempo. Veo a la maternidad como un fastidio. Es algo necesario, sí, pero es algo fastidioso también. Mi hijo se llama Jesse. Tiene once años. Jesse comenzó el quinto grado como cualquier otro niño. Él era un chico muy alegre, lleno de vida y con mucha energía. Todo eso cambió cuando conoció a Stan este martes. Stan era un estudiante que había acabado de ingresar al colegio. Se sentaba al lado de Jesse. Cuando fui a recoger a Jesse de la escuela él no paraba de decirme que Stan era su nuevo mejor amigo. No parecía actuar como él mismo. Estaba muy pálido y sudoroso. Le tomé la temperatura, pero no tenía fiebre. Le pregunté cómo le había ido en el colegio, pero lo único que decía era que Stan era su mejor amigo. “Stan es mi nuevo mejor amigo” Decía Jesse. “Lo sé, quisiera conocerlo alguna vez” Le respondía yo. “Mamá, Stan es genial. Debería presentártelo alguna vez. Es mi mejor amigo. El mejor amigo de todo el mundo entero.” Tuvimos esa misma conversación unas cien veces ese mismo día. Cuando acosté a Jesse en su cama, él me miro con lágrimas en los ojos. Puso su mano enfrente de su cara y me señaló con el dedo para que me acercara un poco. Volteé mi cabeza y él me dijo algo en la oreja que me dio un pequeño escalofrío. En ese momento no sabía porque me dio un escalofrío, pero lo hizo. “Tú me crees. ¿Verdad?” Me susurró. Me levanté de la cama para poder verlo de frente. “¿Qué si te creo qué, cariño?” “Stan,” Respondió. “Stan es mi mejor amigo.” Asentí con la cabeza y le volví a tomar la temperatura. No parecía tener fiebre, de nuevo. Me fui a mi cama, pero en realidad no pude dormir bien esa noche. El miércoles, cuando iba en camino de llevar a Jesse al colegio, se le veía muy extraño, me dijo que no quería ir a la escuela hoy. “¿Te sientes mal?” Le pregunté. “No” me contestó. Se estaba mordiendo el labio inferior de manera muy extraña. Nunca lo había visto tan nervioso. “No. Tengo que ir a clases.” Abrió la puerta del auto y se fue directo a la entrada de la escuela. Sin decirme te quiero. Ni siquiera un adiós. Nada. Caminó hacia la entrada del colegio con la cabeza baja. Presioné los frenos y di media vuelta para dirigirme al trabajo. Un niño estaba parado enfrente de mi carro. Dos segundos más y lo hubiera arrollado. El chico era pálido, con un cabello de color amarillo casi blanco y ojos de azul claro. Dio unos golpes en la parte delantera del auto como si fuera una puerta dos veces, me saludó, y subió las escaleras camino a la escuela. Cuando recogí a Jesse de la escuela ese día, se le veía más animado. Estaba solamente un poco más pálido de lo normal, pero de resto se le veía alegre. Me dijo todo lo que había hecho en la escuela. Me habló sobre dinosaurios, música, matemáticas, y luego me dijo sobre lo que hizo en el receso. “Y después de matemáticas tuvimos receso. Mamá, no creerás lo que hice hoy en el receso” “Dime” Le dije, sonriéndome a mí misma mientras conducía. Estaba pensando en las cosas que jugaba yo con mis compañeros cuando tenía su edad. Algo clásico, algo normal. “Me uní a una iglesia” Estaba un poco confundida. “¿Te uniste a una iglesia?… ¿En el receso?” Jesse asintió. “La iglesia de Stan.” Creí que era alguna cosa que se habían inventado los chicos para entretenerse. “¿Qué es la iglesia de Stan?” Le pregunté. “Es la iglesia de Stan, Mamá.” Jesse se rio como si hubiera hecho una pregunta obvia. “¿Y qué es lo que hacen ahí? Ya sabes, como miembros de esa iglesia” Le pregunté. “Muchas cosas. Hoy solamente hicimos la iniciación y escuchamos a Stan. Estaba hablando en palabras raras y divertidas, luego todos nos sentíamos cansados y nos acostamos un rato.” Estacioné el auto junto a la casa. “¿Eso fue todo?” Le pregunté. Eso sonaba raro, pero los chicos no parecían estar haciendo nada malo. “Stan nos dio volantes también” Jesse sacó un pedazo de papel arrugado de su bolsillo. Tenía tres palabras escritas en marcador negro. Iglesia de Stan. Al día siguiente, cuando fui a recoger a Jesse de la escuela, estaba convencida de que algo de verdad malo le estaba pasando a mi hijo. Estaba muy asustado y nervioso. “¿Qué te ocurre, cariño?” Pregunté, tocando su frente para sentir su temperatura. No tenía fiebre. “Jugamos al juego de las almas hoy” Dijo. Su cabeza estaba de lado. No se quedaba quieto en su asiento. Miraba a todos lados en el camino a casa. “¿El juego de las almas?” Le pregunté. Él sólo asintió con la cabeza, mirando a todos lados como si buscara algo. Una enorme cantidad de sudor corría por su cara. “¿Qué es el juego de las almas?” Pregunté. “Le dije que no quería hacerlo, pero él me dijo que dejaría de ser mi amigo si no jugaba con él.” “¿Cuándo fue eso? ¿Dónde estaban los profesores?” “Todo ocurrió en la iglesia,” contestó. Luego dijo casi susurrando, “Los adultos no pueden entrar a la iglesia.” “¿La iglesia de Stan?” Jesse asintió, con una lágrima deslizándose por su mejilla. “¿Qué es el juego de las almas, Jesse? Soy tu madre. Si tienes algún problema sólo dímelo.” “No puedo decirte, mamá. No puedo. Las reglas son malas. Son muy malas” “¿Y si le pregunto a Stan?” Pregunté “¿Él me dirá las reglas?” “¡NO!” Gritó Jesse, dándome un verdadero susto. “NO LE PREGUNTES A STAN LAS REGLAS. POR FAVOR, NO LO HAGAS, MAMÁ. POR FAVOR.” Estacioné el auto, asustada y confundida. “Promételo, mamá promételopromételopromételopromételopromételopromételoporfavor.” Jesse estaba balbuceando, estaba muy asustado. Lo agarré y comencé a sacudirlo, tratando de calmarlo. Se quedó dormido en mis brazos, así que lo llevé a su cama y lo acosté para dormirlo. Sólo necesita dormir. Me decía a mí misma. Lo único que necesita es dormir. Lo dejé en su cama y cené sola. Fui a verlo a su cuarto alrededor de las nueve antes de acostarme. Parecía estar profundamente dormido. Me desperté inmediatamente al oírlo gritando 18 minutos pasadas las 12 de la noche. Corrí hacia su cuarto, pero no estaba en su cama. Encendí la luz y Jesse salió del closet en el que se escondía, corriendo, como si algo lo persiguiera. Se abrazó a mi pierna, seguía llorando. Traté de calmarlo e intenté preguntarle qué pasaba. Nada de esto tenía sentido. Seguía gritando sobre el juego de las almas. Intenté volverlo a acostar pero no hacía caso. Finalmente, decidí llevarlo a la cama conmigo. Jesse se durmió inmediatamente. Yo me quedé acostada en mi lado de la cama mirándolo, acariciando su cabello, cuando de repente sus ojos se abrieron y me miró fijamente. “Le contaré las reglas del juego mañana después de clases, señora.” Me dijo. Luego volvió a cerrar los ojos. ¿Qué le estaba pasando a mi hijo? En la oscuridad, no podía hacer nada más que mirar el techo, moverme de lado a lado y mirar el baño. No pude dormir esa noche. ¿Sabes cuando estás apunto de dormirte pero a veces algo te despierta? A veces imaginas que te tropiezas y caes, y te obliga a despertarte. Eso me pasó por toda la noche, sólo que lo que me despertaba era una silueta que aparecía en la puerta del baño cada vez que se me cerraban los ojos. Pero cada vez que miraba atentamente no lograba ver nada. Cada vez que cerraba los ojos, la figura aparecía de nuevo, obligándome a despertar, sólo que cada vez aparecía más cerca de mí. Esto siguió pasando toda la noche, hasta que se hizo la hora de llevar a Jesse al colegio. Esta mañana Jesse se veía muy distante, como adormecido. Yo estaba igual, pero más exhausta. Pensé en preguntarle a Jesse sobre lo que ocurrió ayer. Pero temía que volviera a pasar lo mismo de ayer. Lo lleve de camino a la escuela. Él no decía nada, parecía un robot; sin vida ni emociones. Tiempo después de haberlo dejado en la escuela recibí una llamada, para que regresara a recogerlo. Había vomitado en clase. Cuando fui a recogerlo. Se le veía igual. Le pregunté varias cosas, pero sólo me rugía como respuesta. Iba a llevarlo al doctor después de que se cambiara de ropa. No dijo nada hasta que llegamos al estacionamiento. “¿Puede Stan venir hoy a casa?” me preguntó. “No te sientes bien, cariño. ¿De verdad quieres que venga hoy?” Le pregunté. Ya quería conocer a este chico, pero no parecía que Jesse quisiera tenerlo en casa. “Sí” Me respondió. “Okay, ¿Tienes el número de sus padres?” “Él ya le preguntó a sus padres, ellos dijeron que podía venir.” “Pues todavía tenemos que esperar a que salga de clases. Y aún así quiero hablar con sus padres.” “Okay.” Jesse bajó del auto y caminamos a la entrada de la casa. “¿Tienes su número?” Le pregunté, cerrando la puerta. “No” Me contestó. Le preguntaba cómo se suponía que hablaría con sus padres si no tengo su número y si no sé donde viven, pero alguien tocó la puerta. Yo estaba parada justo al lado de ella. Abrí la puerta, y parado en frente de ella estaba el chico pálido de ojos azules que casi atropello el otro día. Una chica muy parecida a él estaba a su lado. “¿Sí?” Les pregunté. “Hola Driz, ¿Está Jesse en casa?” Dijo el chico. No sé como sabía ese apodo. No me llamaban así desde la universidad, cuando mis amigas me lo habían puesto en una noche de ebriedad, era corto para Drizzy. “No” Le respondí. “Está bien” Dijo la niña que lo acompañaba. “Mi nombre es Devin, y creo que ya conoces a mi hermano Stan.” Stan sonrió y comenzó a hablar. “Las reglas del juego son muy simples. Regla uno: No pasar frente a espejos por la noche. Regla dos: No dejar ninguna puerta abierta cuando te vayas a acostar esta noche. Pregúntale a Jesse sobre la regla tres, y recuerda esto, un rechinido significa que estás haciendo algo mal, un crujido significa que estás a punto de perder. Cuando las luces se apaguen de repente, con suerte no verás la silueta oscura observándote en una esquina de la habitación. Con suerte no sentirás su respiración en tu cuello mientras caes al suelo. Y si escuchas un golpeteo. Bueno, con suerte nunca escucharás un golpeteo.” Stan se dio media vuelta y se fue con su hermana. Me les quedé viendo mientras se iban y agité mi cabeza. No iba a ser parte de su estúpido juego. Caminé a la cocina y me encontré con Jesse sentado en una silla a un lado de la mesa, llorando. “¿Qué ocurre, cariño?” Le pregunté. “Escuché un golpeteo” Me dijo entre sollozos. Mi boca estaba seca. “¿Cuándo termina el juego?” Le pregunté. “Nunca,” Me susurró. “El juego nunca termina” Mi corazón estaba latiendo muy rápidamente. “Cuál es la regla número tres, Jesse?” Su cara perdió toda expresión y trató de reunir aliento para decirme la última regla “Regla tres. Una vez que sepas todas las reglas, ya eres un jugador.” Mi corazón se detenía. “¿Qué ocurre cuando pierdes?” “Cuando sea de noche, los oirás llegar. Les gusta hacerte saber que están cerca.” “¿Quiénes?” “Stan y Devin” Dijo Jesse. “Vendrán de cualquier espejo o puerta abierta y te arrastrarán con ellos.” “¿Cómo ganas?” “Ganas si le cuentas a más personas las reglas del juego que la persona que te las contó a ti.” Como dije al principio, lo lamento. Pero gracias por ayudarme. Lo digo sinceramente. Ahora puedo disfrutar mi libertad de nuevo. Espero que disfruten su noche. Y saluden a Stan y Devin de mi parte.

NO ABRAS LA PUERTA| terror| Willy y Vegetta

Bueno, de seguro se estarán preguntado que es esto pero bueno, les explico. Como sabrán, yo soy una amante del terror y el miedo, hoy estaba viendo los videos de “Terror psicológico” de Town cuando pensé; si la idea de los “terror psicológico” es llegar al lector u oyente entonces ¿por qué no cambio un poco a los personajes de tal manera de que les llegue más, que el miedo más que, que fuese por su vida, fuese por la vida de otro, de alguien conocido, de alguien a quien se valora?  Entonces, ¿por qué no aprovecho todo el cariño que les tenemos a nuestros queridos youtubers para que mis lectores sientan más cercanía con la pobre persona que esta pasando por los inhumanos hechos que están aconteciendo en la historia?

Bueno, si quieres seguir leyendo, léelo. Esta claro que ninguno de los textos es de mi autoría así que dejare los links de; el verdadero escritor para que puedas leer la historia original, el relato de la historia original (narrado por Town) y los links de una que otra canción que este acorde a la historia.

Link historia original: http://creepypastas.com/envios-destacados-8.html

Link de la narración de Town (original): https://www.youtube.com/watch?v=OUqw_Jp8Bt0&list=UUKmlxQVs0vHtaLldRIQ8lsA

Link música: https://www.youtube.com/watch?v=FG9X1fAVBn0&feature=player_detailpage hay que ponerla 2 veces ;3

Recomendaciones que debes seguir: cierra la puerta del cuarto en el que estés, será divertido cuando quieras salir. Apaga las luces, ponte los cascos con un volumen alto, si estas solo en casa es mejor. Leer de noche porque así es más divertido.

NO ABRAS LA PUERTA| terror| Willy y Vegetta

Han pasado tres años desde aquella noche.

Yo no debí haber estado ahí, ellos lo sabían. Ese día salí muy temprano a la casa de Samuel, sus padres no estarían y tenía un nuevo videojuego de terror; pasaríamos toda la noche jugando.

Ellos lo sabían, yo no debí haber estado ahí esa noche, Samuel debió estar solo. Ellos lo habían observado por días como hacen siempre y sabían que esa noche estaría solo. Desde el momento en que lo eligieron, no había marcha atrás.

Pero tal vez quieras saber quiénes son ellos. Bueno, la verdad… aún no estoy seguro, sigo sin asimilar lo que pasó aquella noche; pero te contaré lo que hasta ahora sé, para que tengas cuidado.

Ellos se encuentran en todas partes, en ningún lugar estás exento de ser su víctima. Eligen a una persona, no sé bien cómo o en qué características se basan, pero una vez que te eligen no cambiarán de opinión: te vigilan, te estudian y estudian a todas las personas que conoces. Día tras día te observan cuidadosamente sin que tú te percates de su presencia.

Y esperan la noche en que su víctima esté sola, es en ese momento cuando todo empieza.

Aquel día llegué alrededor de las 8:00 p.m. a su casa. Sus padres habían salido desde temprano y él había preparado todo lo necesario para pasar jugando toda la noche. Al día siguiente no habría clases, así que yo regresaría a mi casa por la mañana. Pasamos un buen rato jugando, el tiempo pasó tan pronto que cuando nos dimos cuenta ya era la una de la madrugada. Nos habíamos llevado algunos sustos con el juego, así que comenzamos a hacer bromas con la situación; ahí fue cuando todo se puso raro. Empezamos a escuchar ruidos extraños afuera de la habitación, que al principio pensábamos que no era nada importante, e hicimos algunos chistes en relación a lo que jugábamos. «Deben ser los zombies», nosotros sólo reíamos. Pero nos comenzamos a poner tensos cuando el sonido se oía más claro: eran pisadas, se escuchaban pisadas por todo el pasillo de afuera.

— ¿Crees que tus padres hayan regresado? —le pregunté, a lo que él respondió que sus padres regresarían hasta el día siguiente, por la tarde. Además, el número de pasos que se escuchaban eran demasiados como para ser sólo sus padres.

De pronto, luego de oír todos esos pasos acercándose cada vez más a la puerta, hubo un profundo silencio.

— ¿Hay alguien afuera?… ¿Quién está ahí? —comenzamos a preguntar, nerviosos. Estábamos seguros de que había alguien afuera, pero esos sonidos… ¿quién podría ser? En la habitación en la que estábamos había una computadora que Samuel había encendido desde que comenzamos a jugar, era una costumbre suya. Se escuchó un sonido que provenía de ella, un sonido familiar, pero que por el miedo que teníamos en ese momento nos provocó una reacción de sobresalto a ambos. Era sólo un correo electrónico que le había llegado, pues también había dejado la ventana de su correo abierta. Ver esto nos dio algo de sosiego, y hasta reímos un poco; sin embargo, la tensión volvió a nosotros al notar que la dirección de quien lo enviaba era irreconocible, una combinación aleatoria de números y letras. Dudamos abrirlo, pero mi amigo decidió hacerlo. Quedamos completamente paralizados tras leer lo que decía el correo:

«Pase lo que pase, no abras la puerta».

Con tan sólo leer esas palabras, una sensación completamente rara invadió mi corazón. En ese momento realmente sentía pánico, pero el mensaje decía más.

«Ellos están afuera. Por favor, hagas lo que hagas, escuches lo que escuches, no abras la puerta. Intentarán convencerte de que lo hagas, tienen muchos métodos; pueden fingir ser alguien que conoces, un familiar, un amigo, y sus voces sonarán igual. Tal vez te pidan ayuda, te dirán que están lastimados, te suplicarán que abras la puerta. Pero escuches lo que escuches esta noche, no abras. Trata de ignorarlos, trata de dormir, mañana todo estará bien. Ellos jugarán con tu mente; no lo permitas. Por favor, créeme, ¡no abras la puerta!».

Cuando terminamos de leer yo no sabía qué pensar. Tal vez era una broma tonta de alguien, tal vez incluso era Samuel quien me jugaba una broma… pero él tenia esa expresión, estaba tan asustado como yo, lo pude sentir. Ahora sabíamos que había alguien ahí afuera, tras la puerta. De pronto, llegó el momento más aterrador que nos pudimos esperar; en ese instante un escalofrió recorrió todo mi cuerpo y me dejó paralizado. Una voz se escuchó, provenía de atrás de la puerta. Samuel estaba seguro y yo lo puedo corroborar: la voz era la de su madre.

—Hijo por favor ábreme, tu padre y yo tuvimos un accidente en el auto, estamos muy lastimados… por favor, abre, ayúdanos. —Al escuchar esto Samuel sólo retrocedió un paso. Aún puedo recordar esa expresión en su rostro, estaba en shock. Estoy seguro de que ninguno de los dos lo creíamos ni sabíamos qué hacer.

—Samuel por favor, abre, ¿qué esperas? Necesitamos tu ayuda… —Sin lugar a dudas, ésa era la voz de su padre. Eran las voces moribundas de sus padres tras la puerta, clamando por ayuda. Samuel y yo permanecimos sin reacción por algunos segundos, después él se volteó lentamente, y me dijo:

—Esos realmente son mis padres. Necesitan ayuda, abriré la puerta.

Se propuso dirigirse hacia la puerta, pero lo detuve.

—Recuerda el correo, lo que nos dijo que pasaría, ¿no se te hace extraño?, ¿qué tal si es verdad y ellos no son tus padres? —Él lo único que hizo fue hacer que lo soltara. «No digas tonterías, Guillermo», me dijo. «Tú los escuchaste, ésas eran las voces de mis padres. El correo debe de ser una estúpida coincidencia». Se dirigió a la puerta sin que pudiera hacer nada.

La verdad, no sé qué me hizo hacerlo, pudo ser el miedo que me invadía… pero al verlo dirigirse a la puerta, lo único que pensé fue correr hacia el armario en donde Samuel guardaba algunas de sus cosas y esconderme ahí. No sabía lo que pasaría, pero en verdad tenía miedo.

Lo que escuché a continuación aún no lo olvido, y hasta el día de hoy tengo pesadillas con ello. Él abrió la puerta, y después sólo pude escuchar sus gritos. Eran unos gritos desgarradores, llenos de dolor y terror; yo no pude hacer nada más que permanecer inmóvil, hasta que después de unas horas me quedé dormido.

Al despertar por la mañana, me extrañó ver el lugar en que me encontraba, y luego lo recordé todo. Salí del armario y en la habitación no había nadie. Noté de inmediato que ya era de día y que la puerta estaba abierta, así que decidí salir. Busqué por toda la casa esperando encontrarlo y que me dijera que todo había sido una broma, pero Samuel… no estaba. En la tarde llegaron sus padres y les conté lo sucedido, llamaron a la policía y lo buscaron por días, pero él nunca apareció. El correo que le había llegado esa noche también desapareció, y para ser honesto creo que nadie creyó nada de lo que les había contado.

Aunque… no importa que nadie me creyera, yo sé lo que pasó esa noche y sé que ellos estaban ahí afuera. También sé que no debí haber estado ahí, que no debería saber que ellos existen.

Aún no sé por qué lo hacen, creo que sólo tratan de divertirse con las personas, con su pánico… alguna especie de juego. Cada día lo analizo y trato de aprender más de ellos; sé que sólo llegan en la noche y que pueden imitar cualquier voz, que si no abres la puerta se irán y también creo que siempre recibirás ese extraño mensaje de advertencia, debe ser parte de su macabro juego.

No debí estar ahí ese día, y no debería saber que ellos existen. Sé que algún día regresaran por mí, pero pase lo que pase, no abriré la puerta.

 

El extraño objeto que nos vigila, el caballero negro.

Este “aparato”, no ha sido construido por la raza humana, ya que hasta el momento ninguna nación ha reclamado la autoría, Es uno de los grandes misterios. Su origen es totalmente desconocido y fue descubierto en 1927,  no porque lo hayan visto, sino que al estar emitiendo señales de radio, Carl Stoermer (Profesor noruego de matemáticas en la Universidad de Oslo), Leo C. Young (ingeniero de radio estadounidense) y Hoyt Taylor (Consultor principal de electrónica en el laboratorio de investigación Naval), mientras investigaban las ondas de radio, recibieron una extraña señal procedente del espacio, (años después, en 1960, el Sputnik recibió la misma señal. Se piensa que esta señal provenía de un satélite o artefacto misterioso, de origen desconocido) comenzaron a triangular las ondas y se dieron cuenta, según el cálculo, que este objeto estaba a 600 km fuera de la tierra. En esos momentos estaba orbitando la luna, luego comenzó a orbitar la tierra, pero en lugar de orbitarla por el ecuador, lo hace por los polos.

La teoría de que está desde hace tantos miles de años es debido a los estudios que realizó el Sr. Duncan Lunan, tratando de descifrar los mensajes que periódicamente emite este satélite, el astrónomo, dijo que correspondía a un mapa de las estrellas trazado desde la Tierra, los mensajes describen a nuestro planeta como estaba posicionada en ese momento, que era en la constelación de Leo. En este momento estamos posicionados en la constelación de Acuario, en la época de Cristo estábamos en la de Piscis, pues lo que nos muestra las ondas de radio que emite el satélite es la constelación de Leo, y esto fue hace 13 mil años.

El Sr. Duncan Lunan , en ese análisis, también halló un mensaje oculto que fue capaz de traducir al inglés y decía: “Nuestra casa es Épsilon Bostes, que es un sistema binario. Vivimos en el 6° planeta de 7 contando hacia fuera del sol que es el más grande de los dos. Nuestro sexto planeta tiene una luna. Nuestro cuarto planeta tiene 3 y el primero y el tercero tiene tres lunas. Nuestra sonda está orbitando en vuestra luna. Esto actualiza la posición de Arcturus que aparece en nuestros mapas”.

Ante esto se generó una gran polémica dado que algunos sostienen que esta señal está mal interpretada o tal vez proviene de una estrella, pulsar, u otro fenómeno. En los años 50, cuando había tensión entre Estados Unidos y Rusia, un grupo de astrónomos, detectó el Caballero Negro y volvió a estar en las noticias, esta vez dijeron que era un asteroide atrapado en órbita de la Tierra, lo que es imposible, porque terminan cayendo por efecto de la atracción. En esos años el hombre recién estaba mandando el primer Sputnik, que media menos de 1 metro de diámetro, los diarios de la época dijeron que ya había satélites artificiales que orbitan a la tierra, puesto que se encontraron en una trasmisión del Sputnik con el Caballero Negro que mide unos 10 metros de largo. Esto sucedió en 1957, cuando una sombra desconocida apareció en órbita polar cuando estaban con la trasmisión del Sputnik 1. Ni los Rusos tenían semejante tecnología. Recién en 1960 se pone en órbita polar el primer satélite para cartografiar la Tierra, ¿quién puso El Caballero Negro en una órbita polar y con qué propósito?

El astronauta Gordon Cooper, en 1963 fue enviado por Estados Unidos, en una misión a dar 3 vueltas a la tierra, cuando estaba allí, le pidieron que diera otra, así hasta 22 vueltas o hasta que él lograra ver el Caballero Negro, este hombre es el primero que vio con sus propios ojos al satélite artificial, y reporta que ve un objeto enorme de color verdoso que se aproxima hacia su nave, incluso , la cadena NBC, da éste informe, pero en la rueda de prensa que da el astronauta a su regreso, la NASA advierte a los periodistas que no pregunten por este hecho, pues debido a que ha dado 22 vueltas a la Tierra el astronauta Gordon Cooper estaba alucinando.

Se rumorea que Nikola Tesla interceptó esta señal en 1899 cuando construye un dispositivo de radio de alta tensión en Colorado, en los siguientes 30 años la señal fue interceptada y decodificada por diversos radioaficionados y astrónomos.

Las teorías sobre que es este aparato son muchas, desde que es una Vimana de los tiempos de los dioses Hindúes o que puede ser algo que experimentó Hitler, o que es basura espacial, aunque se descarta porque en 1927 nadie en la tierra había enviado nada al espacio, que sea un asteroide atrapado, muy poco probable, primero porque ya hubiera caído, segundo por la emisión de señales, y tercero porque estuvo orbitando la Luna y luego orbita la Tierra en un camino muy diferente al resto de los satélites. Por último, puede ser un satélite extraterrestre, para eso tenemos que creer en los extraterrestres, claro.

El mensaje que envía, es una clara prueba de que alguien nos visitó de una parte del cosmos y nos ha dejado este mensaje para que si algún día tenemos la tecnología podamos ir a visitarlos. Estas informaciones enfurecieron en su tiempo al Pentágono y siguen en ese camino ahora con la NASA, que niega las fotos, niega que haya un satélite a 600 km, diciendo que es chatarra espacial y con eso creen informar a la gente.

Hay una leyenda urbana que dice que si tomas fotos con flash a tu habitacion u otros sitios de tu casa solo a las 3 am puedes ver fantasmas. Otra dice que si sientas en medio de tu habitacion a obscuras con una radio/grabadora prendida, puedes escuchar pasos y voces del mas allá.
Pulseras negras

[Según cuenta la leyenda en algunos hospitales de Estados Unidos utilizan unas pulseras de color negro para marcar la hora a la que falleció una persona y cual fue el motivo de su muerte.]

Thomas era un joven médico que trabajaba de interno en un frío hospital de Dakota del Norte. Su vocación y sus ganas de salvar vidas eran el único motivo por el que no caía rendido de cansancio en unas interminables guardias que podían prolongarse hasta 36 horas y que le dejaban exhausto.

Aquella noche había sido especialmente dura, el servicio de urgencias no tuvo ni un respiro y Thomas había tenido que encargarse por primera vez de una paciente sin el respaldo de otro doctor. Luchó por la vida de la chica, que no debía tener más de 22 años, durante más de dos horas, pero desde que llegó se había considerado un caso perdido y en el hospital decidieron priorizar a otros pacientes que tenían más posibilidades de sobrevivir. Los daños que había sufrido la joven en ese accidente de tráfico múltiple eran tan graves, que incluso si Thomas hubiese conseguido obrar un milagro y la chica hubiese sobrevivido, las secuelas hubiesen sido tan graves que probablemente habría quedado en estado vegetativo.

Los médicos más experimentados del hospital habían acudido en la ayuda de los otros accidentados y decidieron “bautizar” a Thomas con un caso imposible para que un primer “fracaso” le hiciera comprender lo dura que es su profesión y no empezara a creérselo demasiado. Además priorizando a otros de los heridos habían conseguido salvar la vida de tres personas, en lo que había sido el peor accidente de tráfico que habían registrado las carreteras de la región en meses.

Thomas era consciente de que la chica probablemente nunca tuvo posibilidades de sobrevivir, pero aún así se sentía destrozado por dentro y tuvo que tragar saliva para contenerse las ganas de llorar cuando le puso una pulsera negra a la fallecida. La pulsera negra era un protocolo de su hospital que servía para marcar a un difunto y señalar la hora y causas de su muerte. Normalmente eran las enfermeras quienes se encargaban de rellenar los datos y ponerle la pulsera antes de mandar a un cadáver a la morgue. Pero Thomas pensó que haciéndolo él, el recuerdo de su primer “fracaso” le serviría para aprender y avanzar en la que puede llegar a ser una de las profesiones más duras. Memorizó cada una de las facciones de la chica y la cubrió con una sábana para que uno de los celadores se la llevara en una camilla por un interminable pasillo que conducía al depósito de cadáveres.

Al finalizar su turno, Thomas parecía un zombi, su cara demacrada por el cansancio y el fuerte impacto emocional de perder a su primer paciente le habían dejado destrozado. No era la primera vez que alguien se moría en una mesa de operaciones frente a él, pero esta era la primera vez que él era el doctor al mando y el “único responsable”. En su mente repasaba todos y cada uno de sus movimientos y trataba de buscar cual fue su error o si había algo más que pudiera haber hecho. Pero incluso él mismo, sabía que su proceder había sido impecable y que cuando a alguien le llega la hora es imposible luchar contra el destino.

Cabizbajo y caminando casi dormido entró en el ascensor. Se dirigía a la séptima planta donde tenía su ropa, lo único que quería era cambiarse e irse a dormir a la residencia que estaba a pocas calles del edificio del hospital. Eran las cuatro de la mañana y el hospital parecía vacío, tan absorto estaba en sus pensamientos que casi ni se dio cuenta de que había alguien dentro del ascensor cuando entró. Una mujer le saludó:

-Uff y yo que creía que tenía mala cara, ¿chico pero que te ha pasado?

Thomas se giró y vio a una mujer de unos cuarenta años que le sonreía, estaba casi tan pálida como él y aunque no tenía muchas ganas de conversar la contestó.

-Hoy ha sido un día muy duro, no se ni como estoy todavía de pie. Además he perdido a mi primer paciente – le dijo mientras ponía un gesto que denotaba que estaba a punto de echarse a llorar.

-Pues por la cara que pones estoy seguro que has hecho todo lo que podías, no seas tan duro contigo mismo.

-Muchas gracias, probablemente mañana pueda verlo de otra forma – dijo Thomas mientras se giraba a ver porque se había abierto la puerta del ascensor en una planta que ninguno de los dos había marcado.

Al mirar fuera vio la silueta de una joven en mitad del pasillo, al terminar de abrirse la puerta del ascensor comenzó a girarse lentamente hacia ellos. Thomas al ver la cara de la chica dio un salto hacia atrás y pegó la espalda a la pared del ascensor mientras señalaba a la chica que había fuera y trataba de decir algo sin conseguir articular palabra. De repente pareció recuperar el control de su cuerpo y se abalanzó hacia el panel del ascensor presionando repetidamente el botón que cerraba las puertas. La mujer que había en el interior del ascensor se quedó mirándole perpleja cuando la puerta se cerró cuando faltaba menos de un metro para que la joven que había fuera entrara en el ascensor.

-E… e… esa chica – dijo tartamudeando del susto – yo mismo la vi morir, no pude hacer nada para salvarla y le puse esa pulsera negra.

La mujer que se había mantenido pegada a la pared sonrió y mientras levantaba el brazo le preguntó:

- ¿Una pulsera cómo esta?

Thomas se giró a mirarla y vió como en su muñeca había una pulsera de color negro, idéntica a las que usan en el hospital. El joven médico se desmayó del susto y en su caída agarró fugazmente el brazo que le mostraba la mujer con la que había compartido la charla en el ascensor.

Minutos después encontraron a Thomas aún desfallecido en el suelo del ascensor. Todos atribuyeron su desmayo al cansancio. Pero él sabía que lo que había pasado era real, en su mano tenía una pulsera negra que había arrancado sin querer del brazo de la mujer que había en el ascensor mientras caía desmayado. Al revisar la pulsera pudo comprobar que la mujer había fallecido dos años antes en un accidente de tráfico muy similar al de la chica que quiso salvar.

Las Leyendas Urbanas son entretenidas e inquietantes

¿A ustedes nunca les ha pasado que vieron o creyeron haber visto algo con el rabillo del ojo? Una figura, algo negro, algo oscuro. Y cuando voltean rápidamente ya no esta.

Era un adolescente y a el le sucedía mucho que miraba cosas a través del rabillo del ojo, ¡Lo que nos sucede a todos!, pero a el le pasaba el doble, y eventualmente el triple, el cuádruple y el quíntuple. Según cuenta evitaba decírselo a sus padres porque no era la gran cosa, aunque no tenía muy buena relación con ellos, era simplemente una curiosidad, dice haberlo hablado con amigos pero ninguno de ellos había tenido la misma experiencia con tanta frecuencia. Lejos de mejorar, la situación empeoro, hasta que un día pasó lo horrible e inevitable.

Pues cuando giro la cabeza para ver la figura con el rabillo del ojo, esa cosa que siempre desaparece en este momento no había desaparecido, se había quedado ahí, sin importarle que lo vieran. Era alto, muy alto, y delgado al extremo, los huesos de las costillas se le marcaban de tal manera que era imposible, su piel era aceitosa, repulsiva a la vista, estaba completamente desnudo; no tenía genitales y sus piernas no eran más que palos, si es que a eso se le podían llamar piernas; los hombros se le marcaban tanto que era asqueroso, tenía un cuello muy delgado y largo que sostenía una gran cabeza, era horrible de ver, el chico recuerda haber pensado en ese momento que era imposible que una cabeza tan grande pudiera ser sostenida por un cuello tan frágil; la cara no tenía arrugas ni marcas, de hecho no tenía boca ni ningún rasgo facial salvo dos agujeros enormes y cavernarios muy oscuros que venían a ser sus ojos, y la figura lo veía fijamente.

Esa primera ocasión dice que hubiera sido la más horrible de su vida de no haber sido por lo que paso después, pero por ahora el dice que tiro la silla donde estaba y fue gritando, chillando y llorando al cuarto de sus padres, el recuerda haber visto como su papá abrió la puerta, como el se tiro dentro del cuarto chocando contra la cama y como el papá cerro la puerta detrás de el tapando la visión de ese monstruo horrible que lo había seguido hasta el pasillo, incluso recuerda que la puerta se cerro y que ya no lo vio más. ¿¡No lo vieron!?, ¿¡No lo vieron!?, pregunta él, el padre abre la puerta, la figura sigue ahí, pero ellos no ven nada, ni papá ni mamá ven al monstruo. Fue una noche bastante difícil pero finalmente paso, no había vuelto a ver el monstruo durante el día pero ese breve alivio que quizá pudo haberse explicado con la primera excusa que el hubiese abrazado no valió de nada cuando a la noche siguiente lo volvió a ver. Esta vez estaba en el cuarto parado frente a la puerta, y la criatura no hacía nada, simplemente se limitaba a mirarlo con la cuenca de esos ojos oscuros que parecían vacíos; nuevamente el susto, el terror, los gritos, se podrán imaginar si nadie más podía verlo que pensaban los padres, y el chillaba, lloraba, gritaba, y a pesar de que por momentos la criatura se iba, no tardaba en volver, de hecho cada vez se quedaba con el un poquito más.

Reporta que el monstruo incluso lo seguía de día, ya no solo de noche, y como siempre, solamente permanecía de pie, mirándolo incesantemente. No fue más a estudiar, dejo de hacer las actividades que siempre hacia, y pronto se convirtió en un incordio para sus padres, porque el chico no quería abandonarlos nunca, pues se sentía mejor si permanecía en compañía de otro ser humano, que estuviera con el para no quedar a solas con Cara Pálida. Pero nuevamente así como los amigos lo abandonaron los padres también lo hicieron recluyéndolo en una institución mental.

Pasaron los meses y odio creció tanto, pero tanto, después de no solamente arrojarle cosas a Cara Pálida, cosas que simplemente pasaban de largo como si fuera un espejismo, no solamente de gritarle o insultarlo, no solamente de reunir valor de ir a atacarlo el mismo, no solamente de rogarlo llorando que por favor lo dejara en paz; fue todo en vano.

Pero una noche después de que sus ojos se secaron y ya no pudo llorar más con Cara Pálida ahí, muy cerca viéndolo fijamente, este chico que tuvo el poder de ver las visiones que pasan a menudo por el rabillo del ojo, fue regalado con otra visión: Miles de personas en la oscuridad, personas que no salían de su imaginación, personas que el sabía que existían; y miles de Caras Pálidas, miles de monstruos, un poco diferentes unos de otros, tan diferentes como las personas entre si; cada uno acompañando a un ser humano. Entonces lo supo, cada uno de nosotros tiene a su propio Cara Pálida, solo que no lo podemos ver.

Y hay otra cosa más, así como cada quien tiene a su Ángel de la Guardia resulta que los Cara Pálida son los escoltas de las personas que ya están condenadas. No tienen a Ángeles de la Guardia, tienen a Caras Pálidas siguiéndolos. Muchos dicen que nunca vieron figuritas extrañas ni cosas raras pasando a través del rabillo del ojo. Quizás ellos sean los que estén salvos.

Y tú ¿Alguna vez has visto algo extraño por el rabillo del ojo?

la fuerza extraña

me contó el dueño de esa tienda de antigüedades que esos dos tienen una larga historia: ella, esposa glamorosa de un industrial acaudalado, él, un recién llegado a la ciudad para trabajar de obrero. se conocieron sólo de vista en la fábrica de telas del industrial pero quedaron prendados. una cosa llevó a la otra y cada cierto tiempo consumaban su amor en los almacenes de la fábrica. el industrial se enteró y loco de celos mandó matarlos. 

nunca más volvieron a verlos vivos pero cuentan que una mañana cualquiera encontraron en el almacén de la fábrica a dos maniquíes vestidos con las ropas de él y de ella. furioso, el industrial quiso separarlos y despojarlos de sus ropas… esa misma noche la fábrica se incendió y él perdió toda su fortuna [y luego su cordura]. a la mañana siguiente la fábrica de telas quedó reducida a cenizas. sólo quedaron en pie estos dos, unidos eternamente por una fuerza extraña. varias veces han intentado separarlos con consecuencias desastrosas. anduvieron de aquí para allá hasta que finalmente encontraron su protector. 

ahora él vela su trágica unión, de vez en cuando comparte su historia y los muestra así como son: impertérritos, seguros de sí mismos, como los son esas personas que saben que se pertenecen y que estarán así hasta el fin de los tiempos…

youtube

SOLO


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