levantarme tarde

Tengo en mi vida
un álbum de despedidas
de personas lejanas
y recuerdos borrosos.
Desde el espejo, me mira alguien
con los ojos grises,
la sonrisa gris,
la ropa gris,
y el olor gris.
A veces me pregunto cómo es posible
que tanta nostalgia quepa en una sola persona.
Por las mañanas busco una razón para levantarme.
Por las tardes la encuentro
pero en las noches la pierdo.
Y así todos los días.
Me paso respirando al son de las horas muertas.
Escucho música repetida.
La poesía me parece un banal esfuerzo
por reemplazar a la esperanza.
Paseo por la Plaza
—siempre el mismo recorrido—
mirando quién tiene los ojos por el suelo,
observando a la gente ir y venir,
pasar de largo,
tener prisa siempre,
como si alguien los estuviera esperando en algún sitio.
Deben tener mucha suerte.
Hace tiempo que los paraderos a los que llego
permanecen vacíos.
Hay gente feliz, gente triste,
parejas de la mano, familias tomándose fotos,
pero todo el mundo está solo.
Lo sé, puedo verlo.
Así estoy yo antes de abrir los ojos.
Tarde o temprano,
todo y todos te abandonan.
Entonces las avenidas se vuelven más anchas,
paseas buscando el rastro de gente fantasma.
Te das cuenta de que hay tantos otros como tú
y que lo único que los separa es el silencio, el no atreverse.
Las cosas más bonitas que llegaron a tu vida,
lo hicieron sin que las estuvieras esperando.
Y de pronto la vida te las pide de vuelta.
De un soplido.
En un abrir y cerrar de ojos.
Primero te desesperas y luchas contra la corriente.
Como aquella mujer que tiene que aguantar
la pérdida de un hijo que nunca quiso,
pero que aprendió a amar con el tiempo.
Pero después te resignas, como quien se despide
de una vida que siempre supo que era demasiado para él.
Como aquel poeta que tiene que quemar las hojas de su mejor poema
porque el destinatario se quedó vacío,
la dirección se tornó un camino errado
y toda su vida resumida en aquella carta
ya no tenía razón de ser.
¿Sabes qué es lo más triste?
Que eso era todo lo que le quedaba.
Así vas tú,
caminando y sabiendo que algo te falta.
Extrañando sin saber qué o a quién.
Y mirándote al espejo para encontrarte siempre
con aquel extraño de ojos grises,
sonrisa gris,
ropa gris,
el olor gris
y cuya vida
ha estado delante de tus ojos,
en este poema,
todo este tiempo.
—  Abstracta tangibilidad | Heber Snc Nur