leseo

 "¿Tú sabes cómo se dice amor en mapudungun?

Ayün

- ¡Cabro chico! ¡Agarra esos troncos y llévatelos al camión! - me ordenó.
No me los pude, un tronco chico pesaba al menos ochenta kilos.
- ¡Puta el hueón, te apuesto que lo único que hace éste es correrse la paja todo el día! – se burlaron los trabajadores.
Yo siempre callado, traté pero no había caso, eran demasiado pesados. Pero alguien apareció:
- Vamos… - me dijo con voz grave.
Era un loquito como de mi edad, era evidente que se trataba de un indígena, bastaba con ver sus rasgos, el hueón era bajito, imponente, morenito y medio achinadito.
- Vale loco – le agradecí.
- ……
El hombre era de pocas palabras, pero con eso me bastó para no sentirme tan solo, lo seguí para todos lados, porque a la larga era el único que había tenido un mínimo de misericordia conmigo.
- ¿Cómo te llamai? - le pregunté
- …….
- ¿De dónde erí?
- …….
- ¡Puta hueón, habla algo poo! ¿Eres mapuche verdad?
- ……….
Este cabro no quiso hablar, sin embargo, pese a su silencio noté que no lo incomodé, aun así, averigüe su nombre:
Se llamaba Aukan.

Trabajé con él todos los días, pero lo único que decía eran palabras justas para la pega: “acá” “ahí” “pásame eso” “vamos”.
Como no me hablaba, yo me ponía a cantar
- ♫ Y no me diigas - ¡pooobreeeee!, por ir viajaaaandooo aasiiiiii, no vees que estoy con-teeeento, no veeez queee estooooy feeelizz! ♫
- Es buena esa canción – me dijo.
- ¡Conchetumadre, hablaste!
- ……
- ¡Ya po hueón, si somos amigos, para el leseo! – le reclamé.
- ¡Yo no soy tu amigo! – exclamó.
- ¡Hablaste!! ¡Jajaja que weenaaa! ¡Sos un grande Aukán!
- ¿Porque hablas como argentino? – me preguntó.
- ¿Y vo porque hablai como hueón? ¡Yo - ser - Aukan – y – no – ser – tu – amigo! – (lo imité).
- ¡¿Tai chistosito culiao?! – Se molestó.
- Ya hueón, si es bromita, viste que se puede tirar la talla, era fome la pega así po loco.
De ahí en adelante nos caímos en gracia y no paramos de hablar, almorzábamos juntos, y trabajábamos juntos. Era mi partner.

- ¿Oye Aukan, alguna minita que te guste por ahí? – lo interrogué.
- ……. No quiero hablar de eso – me respondió tímido.
- ¡Yaaaaa poo…! ¡¿Te da vergüenza?!
- No me gusta hablar de eso te dije – repitió.
- Te da vergüenza, te caché, la mina no te pesca ¿Es eso?
- ….. – Agachó la cabeza
- ¡Siiiii! ¡Quizás no te las has jugado po Kan! (Era más fácil para mí llamarlo así) ¿Sabe que tú le gustai?
- ¡No, y no tiene por qué saberlo! – contestó.
- Como que no hueón ¿cómo querí que te pesque? – Le insistí.
- ¿Y que debería hacer según tú? -
- Hagamos una cosa, pa que no te de tanta plancha, yo te ayudo, dime donde vive, y la invitamos a salir entre los dos.
- ¡No! – respondió tajante.
- Ya po hueón, si querí alguna posibilidad déjame ayudarte, yo soy un as haciendo la movida – lo convencí.
Aceptó, no con tanto gusto, pero tenía que intentarlo, acordamos en juntarnos en la noche.
Llegué a su casa, el Aukan estaba bañadito, con la mejor percha que pudo, pero con rostro desganado.
- ¡Ya po Kan, arriba el ánimo, con esa cara de culo no animai a nadie! – le dije.
- … No sé si quiera ir – respondió temblando.
- Ya po hueón, vamos a en busca de ella, si yo no te voy a dejar solo con la…. ¿Cómo se llama? – le pregunté.
- Mailen – me contestó.

Así, llegamos a buscar a la Mailen:
- Hola, Mailen, seguramente no me conocí, pero si conoces al Aukan ¿verdad?
- Si - respondió tímida.
- Bueno, sabí que estamos pensando en salir un rato, en la noche, por ahí, nos gustaría que fueras con nosotros, ¿verdad Aukan?
- …. (Él movió la cabeza como ahuenao).
Ella respondió:
- ….. Sí, pero no sé, tengo que pedir permiso.
- Si quieres yo hablo con tus papás – le ofrecí.
Entendí que tenía otro tipo de costumbres, era difícil que le dieran permiso, pero me la tuve que jugar por mi amigo.
- ¡Hola señora mamá de Mailen! – la saludé con rostro simpaticón- Sabe que quería invitar a su hija a salir, pero no se preocupe, que nos venimos temprano, voy yo y un amigo, me hago cargo de cualquier cosa, la vengo a dejar a su casa a la hora que usted nos diga.
La señora aceptó, y le dio hasta las doce, como una especie de cenicienta indígena.
- ¡Ya hueón, te la tengo lista, vo tení que meterle conversa ahora, no arruguí po maricón! – le dije al Aukan.
- … Mejor que no – vaciló.
- ¡Ya po! tuve que hacer el manso hueveo ¡Si no te la jugai te cago culiao y le digo que vo andas detrás de ella! – lo amenacé.
Ahí el Aukan reaccionó de puro miedo, sabía que era capaz de acusarlo.
- Ya ¿y que se hace ahora? – me preguntó.
- Dile algo bonito, a ver ¿cómo se dice amor en mapuche?
- Ayün – contestó.
- ¡Eso po hueón! ¡Dile eso! – exclamé.
- Ya, y eso ¿funcionará?
- ¡Sí! ¡Tiene que funcionar! – respondí con firmeza.
La verdad que no tenía puta idea si funcionaría, lo que sabía es que tenía que animarlo a hacer algo.
Ella salió con nosotros y no habló nada, y para que les digo el Aukán…
- Oye Mailen, cachai que el Aukán es re bueno en la pega, es seco – le conté.
- ¡Ah… qué bueno! – contestó desanimada.
- Mailen ahora que los veo ¡…ohhhh!!! ¡Cómo no se me había ocurrido! ¡Harían súper bonita pareja! – exclamé.
El Aukan se cagó de vergüenza y la Mailen esbozó una sonrisa.
- ¿Te gustó la idea Mailen? ¡ejaleeeee! – bromeé.
Él se dio cuenta que ella le daba una chance con esa sonrisa, así que me alejé de a poco:
- Oye Aukan, sabí que se me quedó una cuestión en un negocio – inventé.
- Que cosa, ¿te acompaño? – me preguntó
- ¡No po ahuenao! – le dije con voz silenciosa.
- ¡Ahhh ya!… bueno, anda no más – corrigió.
Los dejé un buen rato solos.
Me fui a esconder, el Aukan sabía dónde estaba, y yo de lejos le daba ánimo:
- ¡Ayün! ¡Ayün! – le hacía gestos a lo lejos.
Él entendió el mensaje, y de a poco se acercó…. y se besaron. Yo celebré como si hubiese sido un gol de Chile.
Los encaminé a los dos hasta la casa de Mailen, yo siempre distante… ellos no pararon de pinchar, hasta que ella se entró.
- ¡Grande Aukan re culiaooo! ¡La hiciste hueon! ¡Sos un grande! – lo felicité.
El Aukan estaba contento, se le notaba la alegría en el rostro.
Él de pronto, sorpresivamente, sacó una botella con ron.
- ¿Querí? – me preguntó.
Como yo no había visto copete hace rato acepté feliz.

Estábamos cagados de la risa tomando, celebrando su triunfo, pero llevábamos recién dos vasos y el Aukán se transformó, empezó hacer puras huevadas, se caía a cada rato, y no se le entendía nada.
- ¡Eres jugoso hueón! parece que es cierto el dicho “más odioso que mapuche curao” – lo molesté.
- ¡Oye! ¡¿Tú eres capaz de subir ese árbol?! ¿O eres marica? - me desafió.
- ¡¿De que hueá me hablai Aukan?! ¡Ese árbol no lo subí ni vo! – le respondí.
Él quería subir una Araucaria como de nueve metros.
- ¿Te pusiste loco? ¡Cálmate po hueón! ¡¿Te querí sacar la chucha?! - le advertí.
Se fue corriendo al Pehuen y empezó a escalarlo, yo más asustado que la cresta le grité que se bajara, pero no hizo caso. Tengo que reconocer su habilidad, llevaba al menos cinco metros arriba como si nada, pero la fuerza no lo acompañó…. se fue cuesta abajo.
- ¡Aukán! ¡Hueón! – grité.
El loco cayó como saco de papas, pero estaba cagado de la risa en el suelo.
- ¡Oye hueón tai enfermo de la cabeza! – Lo reté asustado, pero luego, me tiré a carcajadas con él.
Curadito era loco, de hecho me hizo sentir sobrio, pero al menos me hizo sentir mejor.

- Oye ¿y que le dijiste a la Mailen pa pinchártela? – le pregunté al rato.

- ¡Ayün!

Pasaron tres meses y me tenía que devolver a La Ligua, había formado un lazo súper lindo con el Aukan, así que me fui a despedir de él:
- Me vengo a despedir compadre – le dije en la entrada de su casa.
- Al final nunca subiste el árbol – me contestó.
- ¡No, tai hueón!
- Cuando vuelvas algún día.
- Si, te prometo que voy a venir con mis amigos de La Ligua.

Nos dimos aquel último abrazo apretado, emocionados… pero con un final inesperado.

- ¡Tienes que irte ahora! – exclamó.
- ¿Qué te pasa? – le pregunté.
- ¡Nos quieren sacar de acá! ¡Ahí vienen! ¡Tengo que defender la casa! – respondió con miedo.
- ¿Quién te quiere sacar?
- ¡Los pacos!
- ¿Pero qué onda? ¡¿Por qué?! – Insistí.
- ¡Ándate! – me empujó.
- Puta hueón, si querí me quedo un rato – le ofrecí sin entender nada.
- ¡Tienes que irte, tú no sabes cómo son los pacos acá, no es como donde tú vives!
Recordé a un carabinero en La Ligua que una vez me tomó en la calle por andar con un vaso con copete, esa vez me retó, sin embargo decidió no llevarme a la comisaría, pero nada más.
- ¡Llegaron! ¡Tení que arrancar de acá antes que quede la embarrada!
No me alcancé a despedir bien de él, me empecé a alejar, pero no tanto, hasta que llegaron fuerzas especiales.
- ¡¿Oye tu qué haces acá?! – me preguntó uno de los uniformados.
- Vine a despedirme de mi amigo.
- ¿Así que vo soy amigo de estos? ¿Te gusta andar hueveando con estos culiaos? ¡Capaz que vo andes quemando casas con estos maleantes de mierda! – me dijo
- No se loco, no sé qué me hablai, el Aukan es re piola, porque no lo dejan tranquilo, acá la gente hace su vida normal, porque tanto color.
- ¡Camina culiao, si no querí que te reventemos con todos estos hueones! - me gritó.
No entendí su grado de violencia. Me asusté que se fueran en contra del Aukan… no me quise ir.
- ¿Sabi que ma? no me voy a ir, ustedes tiene un grave problema, están enfermos de la cabeza, acá hay pura gente piola, ¡hay hueones que de verdad se mere……!
Inesperadamente, el policía me interrumpió con un lumazo que me tiró al suelo, para posteriormente agarrarme a patadas entre dos.
- ¡¿Te gusta conchetumadre agarrarnos pal hueveo?! - me gritó.
El Aukan no aguantó y salió a defenderme.
- ¡Déjenlo! ¡Él no es de acá! ¡Déjenlo! – exclamó mi amigo.
El policía se fue directo a él y ahí fue cuando quedó la grande.
Salieron un montón de personas de la comunidad en contra de carabineros y se armó una batalla campal.
Yo no me pude levantar, me habían golpeado demasiado, en eso, vi que estaban los hermanos chicos del Aukan.
- ¡Kan, tus hermanos! – grité desde el suelo.
Uno tenía trece, el otro ocho, los cuales, recibieron una paliza brutal.
Yo sentí dolor físico, y mucha impotencia.
Un poco más allá tenían a la Mailen tomada del pelo, su mamá salió a defenderla pero se fue al piso.
A mi amigo lo tenían ensangrentado en la tierra y jamás pararon de pegarle, se veía inconsciente y yo no podía ayudarlo…… así se los llevaron a todos.
Los carabineros me dejaron tirado, los niñitos quedaron abandonados, todos llorando por sus hermanos, hermanas, padres, madres, tíos, tías. Una comunidad completa desaparecida.
Más tarde me levanté, intenté saber de él y fue imposible.

Desde aquella cita han pasado varios años, la casa del Aukan ya no está, tampoco la de Mailen.

… Lo único que aún queda intacto, es aquel árbol donde el Aukan cayó de felicidad.“


Texto de Sergio Cortés