lenguaje del cuerpo

El lenguaje hablado tiene palabras
limitadas para la añoranza, el consuelo,
la necesidad, pero el lenguaje del
cuerpo y de los ojos resulta muy
elocuente y resume en una mirada lo que
se tardaría siglos en decir. Aun así, nos
esforzamos por encontrar esas dos
palabras que suelen pronunciar los
amantes, siempre de forma particular.
Las necesitamos porque nos dan fuerza.
Sin un «Te quiero» naufragamos y nos
parece que nuestro amor es incompleto.
—  Estrategias del amor - Selina Malinky

llevaame-a-casa  asked:

Holaa, hace poco volvi a ver una publicacion tuya sobre el lenguaje corporal y te queria preguntar si tienes mas publicaciones asi kjsd es que me interesaria saber mas de ese tema y cosas asi :)

No me acuerdo si tenía otra publicación sobre comunicación no verbal pero te recomiendo estos libros por si te interesa el tema: 

-  El lenguaje corporal (Günther Rebel)

-  El lenguaje corporal en las relaciones ( David Cohen)

-  El lenguaje del cuerpo (Allan Pease)

-  La comunicación no verbal (Flora Davis)

Y los libros de Paul Ekman:

-  ¿Qué dice este gesto?

-  Cómo detectar mentiras: una guía para utilizar en el trabajo, la política y la pareja

-  Teoría de las emociones

RUBELANGEL | ONE SHOT | ZAPATILLAS ROTAS

NOTA: Yo no soy experto en teatro ni en danza, simplemente lo narré de la manera que yo creí era correcto. PD: Les pido que cuando lleguen a las partes con música lean detenidamente y se concentren en la música.

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El amor se expresa a través de cualquier medio, bien sea escrito, hablado, actuado, o de una forma más peculiar como la danza. Rubén, un talentoso actor y bailarín que aspira a llegar a lo alto de las marquesinas en Broadway con sus movimientos, algo engreído y muy superficial, ha trabajado durante mucho tiempo en ser el mejor.

Lo ha logrado, pero a un costo enorme. Ha perdido a la mayoría de las personas que son importantes para él, o que alguna vez lo fueron, solo por concentrarse. Se arraigo en su lema “Si se va, es porque no servía” y lo ha usado en cada ocasión en la cual alguna persona salía de su vida gracias a su pasión por el baile.

Lunes por la mañana, Rubén, o como se hace conocer en el mundo artístico, Rubius, despierta luego de un domingo de resaca por las fiestas a las que normalmente es invitado los viernes y sábados, fiestas de personas adineradas y poco responsables, pero esas personas eran quienes tenían las influencias que le podrían ayudar a salir del antro donde vive.

Nuestro talentoso bailarín vive en un pequeño departamento, algo cutre y poco agraciado, según él, un espacio no digno para alguien de su porte y talento. Y es que él venía de una familia adinerada, pero lo dejo todo para seguir su sueño de actuar y bailar, decepcionando a su padre y rompiéndole el corazón a su madre. Sin el apoyo de su familia, buscaba en la actuación y en la danza el vacío que el dinero no pudo llenar.

Llevaba más de cuatro años viviendo solo, yendo todos los días a la escuela de artes interpretativas donde ahora era casi alabado por los demás estudiantes, pertenecía al típico grupo de engreídos, que lo eran porque sabían que eran jodidamente buenos en lo que hacían. Se regocijaba en sus logros y a veces se daba mucha vanagloria. Pero algo le faltaba, sentía como su baile cada día se volvía más mecánico y dejaba de ser fluido como el agua en un riachuelo. Lo mismo pasaba con su forma de actuar, estaba olvidando como sentirse en el papel. ¿La razón? Alejar sistemáticamente a todas las personas de él. Rubius pasó todos estos años coleccionando enemigos y desechando personas que lo querían, sólo por convertirse en un patán arrogante, sólo por ser demasiado bueno en algo. Se había ganado la imagen de ser un rompecorazones, incluso sin haber tenido una sola pareja en todos los años que llevaba en ese lugar, y se volvía algo toca narices en algunos casos.

Se levantaba de la cama con cierta pesadez que no lo dejaba vivir, parpados pesados como lingotes no lo dejaban ver, caminó con cierta dificultad hasta el baño donde se lavó la cara con agua helada, por no decir casi congelada, una buena manera de despertar y asegurar un rostro decente para el público. Y daba la casualidad que el sábado, de esta misma semana, se estrenaría la ópera prima del director de la escuela de artes interpretativas donde él iba, una obra que mezclaba amor, odio, guerra y danza con un derroche de simpatía. La obra por supuesto era de temática homosexual. Rubius había sido elegido para el estelar, llevaba dos meses ensayando arduamente para el estreno, era una persona muy perfeccionista y meticulosa, todo debía salir perfecto y sin ningún tipo de fallo, pero a una semana del estreno seguía sin conocer a su coestrella, el director afirmaba que la mejor manera de que la obra se diera, era sin la interacción de ambos estelares. La característica más resaltante de la obra era la casi total ausencia de diálogos, el lenguaje del cuerpo transmitido mediante la danza sería la mayoría de los diálogos.

A Rubén todo eso le parecía ridículo, pero no podía rechazar la oportunidad que se le estaba dando, la obra ya había vendido todas las entradas, había un aura de furor y expectativa alrededor de ella, dependiendo de su actuación y la de su segunda mano, a quien él consideraba una sombra desconocida, definiría el futuro de sus vidas y sus carreras, no hay cabida para errores o retrasos, todo debía ser perfecto.

Con algo de zozobra se preparo un zumo de limón caliente e hizo unas cuantas lonjas de beicon en un sartén, estos eran pequeños remedios caseros que había aprendido para esos días donde la resaca no te abandona. Volvió a su cuarto a prepararse para ir a sus ensayos, pues según había escuchado, de buenas fuentes, hoy conocería a la persona que es su coestelar, para así ensayar la escena final que incluía un beso entre ambos.

A los pocos minutos salió de su departamento entusiasmado, ocultándolo claro está, por conocer a la persona con la que se besaría. Porque ese sería, por extraño que parezca, su primer beso. Esperaba fuera un chico guapo y de buen cuerpo, un modelo era lo que él pedía. Lástima que los modelos solo están en las pasarelas y no en las obras de teatro con danza.

Vistiendo unos sweatpants grises, camiseta sin mangas y sus zapatillas favoritas, salió a la calle camino a la escuela de artes, en la semana final de ensayos todo se volvía más loco y complicado para quienes se encargaban de la escenografía y detalles técnicos de toda la obra, pero para él era como si no sucediera nada. No es que no le diera importancia, pero prefería estar en un estado de serenidad que terminar cabreado por cualquier error y no concentrarse en dar lo mejor de sí.

Eran casi las 8 de la mañana, desde hace más de dos horas hay personas ensayando en el estudio de baile y Rubius decide aparecerse a esas horas, estas son las ventajas de ensayar desde hace dos meses, prácticamente conocía cada movimientos de memoria. Se había vuelto uno con el baile, la sincronía que tenía era esplendida en comparación con muchos otros, eso le había valido el estelar.

Dejo sus cosas en una esquina y comenzó a calentar, al parecer su coestrella también había decidido llegar tarde, pero no por hacerse del rogar, no. El otro chico que estaría compartiendo protagonismo con Rubius estaba sobre la hora porque venía de un pueblo cercano a la ciudad, el director de la escuela de artes se había enterado de un chico prodigo en el danza procedente de ese lugar, se traslado hasta el lugar donde vivía aquel joven y lo convenció de participar en su aclamada y esperada obra, estuvo ensayando, al igual que Rubén, dos meses antes de llegar al gran estreno. El director en persona iba todos los días a aquel pueblo, que no quedaba tan apartado de la ciudad donde se hallaba la escuela, solo para ensayar en privado con él, tal y como lo hacía con su talentoso estudiante, Rubius. En ningún momento se habían dado detalles sobre la apariencia física o calidez de los movimientos a ninguno de los dos chicos, para ambos el otro era un total extraño que hoy iban a conocer.

Al terminar sus calentamientos oyó como la puerta de entrada era abierta y detrás de ella se oían unas risas, era la del director y la de otra persona. Un chico más bajo que él, un poco ancho de cuerpo, cabello oscuro, algo de barba, gafas, alguien que sinceramente no llamaría la atención de Rubius, pensó él.

—Chicos, reúnanse. Quiero presentarles a alguien—dijo el director

Rubius pasaba totalmente de él y fingía que seguía calentando para evitar saber quién era el nuevo chico. Aunque la mayoría de los presentes si se había acercado a conocerlo, él se resignaba a no hacerlo. Seguía esperando a su coestrella.

—Rubén, ¿no vas a venir a conocer a tu coestelar? —pregunto el director

Alzo su cabeza con la mirada fija en la pared, de espaldas a todos los presentes, maldecía que su coestelar no fuera un modelo o algo parecido. Estaba verdaderamente decepcionado. Simplemente cedió ante la presión y volteó para dar su mejor sonrisa fingida y presentarse ante quien sería su compañero de ensayos por esta semana.

—Mucho gusto, me llamo Miguel, pero todos me llaman Mangel—escucho decir a aquel inocente chico que no tenía idea de con quien hablaba.

—Sí, bueno. Volveré a lo mío, infórmame cuando me necesites Roberto—contesto dirigiéndose al director.

Estaba siendo muy grosero y todos lo pensaban, juzgar a Mangel solo por su aspecto físico había sido el primer error de Rubius, este chico podía hacer movimientos a niveles impresionantes y muy precisos. Al mismo grado que Rubén. Quién se la estaba jugando al sacar conclusiones antes de tiempo.

El director le hizo señas a Mangel para que se prepara para dar una pequeña demostración de lo que podía hacer. Se coloco detrás de una consola de sonido e hizo sonar una pieza de Henry Purcell.

—— http://youtu.be/owgB7oPiMZg?t=13s ——

Mangel se puso en posición, concentrándose en la música que comenzaba a sonar, una pieza que conocía con perfección, Pina Bausch la utilizo en su obra Café Müller, la cual Mangel admiraba. Comenzó con movimientos lentos y relajados, parecía nervioso pero era la imagen que quería transmitir, era un experto en actuación, podía hacerle sentir cualquier emoción que quisiese a quien lo viese. Moviendo los brazos de lado a lado con el ritmo de la canción, elevándose en puntillas daba inicio a lo que era el verdadero deleite para espectadores. Saltos pequeños y delicados adornaban una perfecta coreografía que nada tenía que envidiar a una obra de alto nivel, esplendidos y limpios pasos daba de lado a lado en el estudio, pies tan livianos como el aire flotaban por encima del piso, giros, piruetas, más saltos delicados. Aquello era una verdadera majestuosidad.

Rubius estaba flipando a colores, no podía creer que aquel regordete chico podía ser capaz de hacer semejantes cosas, estaba ante un verdadero rival. La obra se había convertido en una guerra para ver quién era mejor que quien, algo que podría costarle la carrera entera a ambos.

La música se detuvo y el director estaba más que complacido con la primera impresión que había dado Mangel, incluso más con el rostro de Rubius, que pese a ocultarlo muy bien, estaba asombrado. Sin dudas no se equivoco a lo hora de elegir a quien sería uno de sus estelares es su adorada obra.

Dejar el orgullo a un lado era lo que Rubén tenía que hacer si quería que todo saliera como él esperaba, pero hacer eso no sería tan fácil. Se sentía dolido ante alguien que era tan, o más, bueno que él. Sin duda alguna la relación que se cierne sobre estos dos no es la mejor que puede existir.

El director pidió que todos los presentes abandonaran el recinto, a excepción de Mangel y Rubius, que por primera vez en dos meses ensayando por separado, tendrían el honor, o la desdicha, de ensayar juntos. El entusiasmo se sentía a flor de piel en Mangel, pero Rubius se mostraba especialmente afligido,  no quería sentirse un segundo enfrente de nadie, es por eso que se decidió a demostrar que podía hacer las cosas mucho mejor que Mangel, su orgullo lo traicionara, pero eso él no lo sabe.

Volvió a colocar la misma canción de hace unos minutos para que ahora ambos chicos dieran un ensayo preliminar antes de comenzar con las últimas tres escenas que eran las más importantes y donde más relevancia tenía la historia del amor que se tenían sus personajes, aunque sus intérpretes no se llevaran de la mejor manera.

—— http://youtu.be/owgB7oPiMZg?t=23s ——

Esta vez le pidió a Mangel que guiara a Rubius en la rutina que ellos practicaron con anterioridad, porque para sorpresa del chico alto su coestelar ya había practicado las escenas finales junto con el director, mientras que él seguía sin siquiera mencionarlas en los ensayos, esto sólo hizo crecer el odio de Rubén por Mangel.

Con algo de vergüenza, el chico de gafas se acerco al delgado, el segundo respondía de mala manera pero tenía que ceder si quiera conservar su protagónico. Con acidez dejo que Mangel tomará sus manos y comenzara a guiarlo en la coreografía. Tres pasos a la derecha, Rubius es empujado por Mangel, este vuelve y giran. Tres pasos más a la izquierda. Rubén es levantado de la cintura y cae al suelo rodando a un lado, se levanta y salta encima de Mangel, quien lo hace girar sobre su propio eje y salta al otro lado de la habitación. De pronto la rutina se vuelve más agresiva, Mangel persigue a Rubius y lo vuelve a levantar de la cintura y lo sostiene en el aire, lo baja y enseguida da 3 giros en dirección opuesta a él, alejándose de Mangel, quien va tras él. Tras varios intentos fallidos, logra tomar a Rubén, quien lo empuja lejos, regresa con más fuerza y giran, quedando sus rostros a milímetros el uno del otro, con sus respiraciones combinadas, con las miradas clavadas fijamente en los ojos del otro. Algo en Rubén cambió de manera repentina, con su rostro aún cerca del de Mangel decide acercarse más, pero la música se detiene y aplausos se escuchan por parte del director.

—Maravilloso, simplemente esplendido—decía con orgullo mientras Rubén se alejaba de Mangel sintiéndose de una manera muy extraña—no creo necesario otro ensayo por hoy, pero si ustedes lo desean pueden ensayar—tras una larga pausa y un silencio sepulcral el director finalizo diciendo—la parte del beso no la practicaremos hasta el día mismo de la obra, en la misma obra. Quiero que hagan eso improvisadamente, confió en ustedes chicos—dicho esto, salió por la puerta dejando solos a ambos.

Un nuevo silencio incomodo se formo en el ambiente, Mangel quería volver a ensayar de nuevo y perfeccionar aún más, si es que es posible, la escena. Por su parte, Rubius seguía sintiéndose extraño entorno a Mangel, algo en su mirada no lo dejaba en paz. Aquellos ojos marrones lo habían atrapado y llamado, le pedían que se acercase. Era la primera vez que se sentía así con alguien, ¿qué era esto? Se preguntaba a sí mismo. Le resultaba incomodo seguir ensayando.  Recogió sus cosas y sin decir una sola palabra salió del salón. El otro chico había quedado consternado, no entendía la grosera actitud de su compañero— ¿se sentirá intimidado? —se pregunto él. Reprocho su pregunta diciéndose que era imposible, el era Rubén, todos hablaban de lo magnifico que era bailando y actuando, él no haría mella en la integridad de alguien tan respetado, creía.

Se acerco a la consola de música y volvió a colocar la pieza de Henry Purcell. Comenzó desde cero repitiendo cada movimiento hasta que encontrase un balance entre sus movimientos y su actuación, para él era importante transmitir lo que el personaje sentía, se adentraba en el papel de una manera asombrosa, siendo capaz de hacer sentir dolor o alegría de maneras muy reales si era requerido, tenía un don verdaderamente increíble.

Mientras Mangel seguía ensayando, Rubius aún confundido por lo que había pasado lo espiaba a través de la puerta, se sentía ridículo haciendo esto, pero la forma en la que se movía lo hipnotizaba, aquellos movimientos que presenciaba eran magníficos, sin errores, serenos y apasionados, tal cosa no la veía desde hace mucho. Exactamente desde que comenzó en la escuela de artes, Mangel le recordaba a él cuando comenzó, lleno de alegría, pasión y amor, la primera y la última se habían atenuado en su vida. Sentía como cada día que pasaba la forma en la que hacía lo que más le apasionaba se volvía algo vacío en él, y envidiaba a Mangel por tener esa chispa que el casi tenía extinta.

Pero olvidándose de eso, recordó esos ojos marrones que lo mantuvieron cautivo durante escasos segundos, ¿qué tenía él para lograr semejante sensación? Se preguntaba, y es que la duda le estaba follando la cabeza, no podía permitirse ese tipo de sentimientos, y menos por alguien que no conocía. Entre el mar de dudas y sentimientos había terminado sentado en las bancas afuera del aula, el tiempo pasaba y pasaba y el simplemente estaba ahí, recordando a cada instante esos ojos. Aquel rostro, el olor de su respiración, todo lo confundía y hacía sentir extraño. Hubo un momento que salió de su burbuja para ver como Mangel salía del salón y se dirigía a la salida, se pregunto cuánto tiempo había pasado ensayando, o mejor dicho, cuánto tiempo había pasado él sentado en esa banca sin hacer absolutamente nada.

Se levanto sin pensar más en aquellas cosas que le follaban el cerebro, salió de la escuela y vio como Mangel se relacionaba con quienes eran sus amigos. Esa sensación de que te están cambiando por alguien más lo invadió, pensaba que era olvidado y desechado. Decidió irse a casa y relajarse, el estrés de la obra le estaba afectando. Al pasar de largo por un lado de su grupo de amigos, uno de estos lo intercepto y le dijo que irían a comer algo, este le dijo que Mangel iría e inmediatamente rechazo la propuesta alegando que no se sentía muy bien e iría a casa a descansar. Todos en el grupo se mostraron algo decepcionados, en especial Mangel, el estaba en serio entusiasmado en poder conocer a la persona con quien compartía un papel importante, en una obra aún más importante, pero esta pasaba totalmente de él y se sentía una total mierda por eso.

A fin de cuentas, los amigos de Rubius, y Mangel, se fueron a comer mientras Rubius caminaba de regreso a su casa aun con la sensación extraña acerca de Mangel, pero no era el único que estaba así. El otro chico se sentía incluso más confundido, no hallaba explicación al porque de aquel acercamiento durante el ensayo, por unos instantes pensó que Rubius lo iba a besar, y creyó que el director lo presintió y por eso detuvo la música,

— ¿Será posible que Rubius este sintiendo algo por mí? —se pregunto Mangel

El creía que a través de la danza las personas se enamoraban, pero no pensaba que le fuera a pasar a él, y menos específicamente con alguien que admiraba.

Paso el día y ambos seguían sintiéndose incómodos entorno al otro. Rubius había regresado a casa, no sin antes venírsele en encima un diluvio, llegó empapado a casa. Sin ánimos de nada, simplemente se cambio de ropa y se fue a la cama, arriesgándose a contraer un resfriado o algo peor.

Mangel por su lado, pasó una agradable tarde de lluvia en un café compartiendo con sus nuevos compañeros de obra, la mayoría interpretaban papeles secundarios y unos dos eran de respaldo en caso del incumplimiento de alguno. Entre conversaciones amenas se fue la tarde, intercambiando visiones del mundo e historias personales que fueran interesantes para romper el hielo, se sentía especialmente agraciado por la forma en la que todos lo trataban, eran tan amables. De pronto surgió el tema de la actuación de Rubius al momento de conocerlo.

—Yo pienso que fue muy patán de su parte—dijo una chica

Mangel solo escuchaba atento como aquellas personas que creía eran amigos de Rubius lo tachaban con incontables peyorativos, en algún momento paso por su cabeza que sería buena idea defenderlo, y fue lo que hizo.

—Yo creo… que solo esta triste, necesita alguien que le dé el afecto que probablemente no recibió nunca—dijo, algunos bufaron en el intento de hacerle entender que era ridículo lo que decía

—Rubén, ¿alguien falto de afecto? Ya, buen chiste Mangel—le respondió Antonio, quien  interpretaba un soldado en la obra—su infancia estuvo llena de mimos, sus padres le daban todo lo que pedía, no creo que tenga algún problema de autoestima, si perdió todo eso fue por decisión propia—agrego Antonio

—Las cosas materiales no dan alegría, solo la imitan. Sus padres le daban todo en el afán de hacerlo callar y que no molestara. Así es como lo veo, solo necesita alguien que le muestre como ser feliz verdaderamente—aludió Mangel

Todos se quedaron en silencio por su comentario. El silencio ya se hacía casi insoportable, fue gracias a una camarera que llegó con la cuenta que se esfumó. Al cabo de unos minutos todos se despidieron y partieron a sus casas.

Al día siguiente, Rubius despertó sintiéndose del asco. Nariz tapada, fiebre, espasmos. Por un instante paso por su mente que había sido una mala idea el no ducharse antes de irse a la cama. Pero esto no lo detendría, se tomo unas pastillas para fiebre, uso un espray nasal y se olvido de su pesar, sabía que esto no era una cura, pero si una forma de sentirse mejor e ir a dar la cara en los ensayos, que de faltar a alguno podría perder su papel.

Mientras tanto, Mangel se hallaba predispuesto a irse a primera hora de la mañana para así empezar con sus ensayos más temprano. Hoy ensayarían la obra en su totalidad por primera vez en el recinto donde se estrenaría, estaba excitado y ansioso por este día, sería su primera vez en un escenario.

Después de una hora, ambos llegaron al lugar casi al mismo tiempo, Rubius con una cara de una mezcla de desagrado y confusión, y Mangel aun con algo de vergüenza, no podían dejar de sentirse extraños el uno con el otro y a Rubius o le agradaba en nada sentirse así, odiaba que alguien que no conocía y que lo rivalizara tanto hiciera tales cosas con él, se sentí utilizado.

Rubius paso primero al escenario, siendo seguido por Mangel, ambos recibidos con los brazos abiertos por su simpático director, él más que nadie conocía la rivalidad que había entre estos dos, y por eso había seleccionado a ambos para estos papeles, porque entendía que los dos darían lo mejor de sí para ganarle al otro y equilibrarían sus talentos, dando como resultado una espectacular presentación.

Luego de una charla de ánimos y recordando que la escena final del beso sería omitida en este ensayo como en los otros, llamo a la pianista de la obra para que diera comienzo  a la música, todos se pusieron en su lugar y esperaron a que el piano comenzara a sonar.

—- http://youtu.be/vD_ttb4eVVg?t=40s —-

La escena era en un salón vacío, Rubius, quien en la obra se llama Ricardo, esperaba con tristeza noticias de sus padres que habían partido hace más de una semana a Londres y no había señales de ellos, era una imagen en retrospectiva de lo que era el verdadero inicio de la obra. Un señor de edad avanzada entra en escena y se acerca a él y le da las malas noticias, sus padres fueron encontrados sin vida en su carruaje, despojados de sus pertenencias. El alma del personaje que interpreta Rubius se desmorona y logra expresarlo muy bien, la escena continua.

El anciano sale de la habitación y detrás de él entra una mujer con rostro deprimido, pariente  de Ricardo, para ayudarlo a sobrellevar la triste noticia. Le informa que tiene que venirse a vivir con ella a una casa ubicada en el sur de Francia, un lugar donde estarán seguros, de los peligros de la guerra, donde podrá estar tranquilo. Accede a duras penas y concluye la escena.

La ambientación cambia y aparece de fondo un triste pueblo, con nubes grises sobre él, soldados por todas partes, forman parte del bando enemigo, pero Ricardo, Rubius, y su tía Adelaida se disfrazan para pasar desapercibidos mientras llegan a la casa de campo de la amable mujer. La ambientación vuelve a cambiar y ahora se deslumbra el interior de una casa antigua, llena de libros y repisas con objetos de colección, Adelaida se despide de Ricardo indicándole que esta es ahora su casa, que puede sentirse cómodo. Rubius comienza a examinar los libros y la puerta de la casa se abre de pronto, por ella entra Mangel, interpretando a André, hijo de un coronel de las fuerzas enemigas, amigo de su tía Adelaida, ambos comparten la misma edad, André se siente atraído por Ricardo al verlo, pero lo oculta. Rubius, que es Ricardo, se sorprende con la entrada de André. La música de orquesta comienza a sonar.

—- http://youtu.be/UdWu0k5cMtE?t=1m8s —-

Ricardo da un salto hacia atrás mientras que André se acerca preguntando quién es él.

—Soy Ricardo, sobrino de la Duquesa Adelaida—contesto Rubius fervientemente metido en el papel

André, quien es Mangel, se acerco aún más, causando que Ricardo se alejara aun más, el primero logro acercarse lo suficiente, pero fue rechazado con un empujón por parte del segundo. Mangel toma por la mano de manera agresiva a Rubius, aun dentro de sus papeles, Rubius finge retorcerse de dolor y cae al suelo, enseguida la tía Adelaida entra en escena nuevamente y los separa.

Rubius comienza a sentirse mareado, lo cual no es parte del papel, cae al suelo y se desmaya. Mangel corre a ayudarlo, pero ya es tarde, Rubius ya esta inconsciente, además está ardiendo en fiebre, necesita ser llevado al hospital. Llaman a una ambulancia y al llegar, Mangel es quien se va con él hasta el hospital, pese a los malos tratos, jamás se aparta de Rubius que sigue inconsciente en la camilla de la ambulancia.

Al llegar al hospital y ser atendido por los médicos, continúa sin despertar de su letargo, le administran un líquido transparente por la sangre y lo dejan descansando en la zona de cuidados de la sala de emergencias. Pasan las horas y sigue sin despertar, pero Mangel en ningún momento se aparta del cuerpo inerte de su compañero.

Al día siguiente Rubius despierta atontado por los medicamentos que le suministraron, cuando logra adaptar su vista y puede observar con claridad donde se encuentra, se da cuenta de que se haya postrado en una camilla, no recuerda nada después del ensayo, no recuerda inclusive haberse desmayado. Se incorpora en la camilla con algo de dolor, dándose cuenta que Mangel se hallaba durmiendo casi encima de él, al principio no reacciona de mala manera, hasta llega a parecerle un gesto muy bonito de su parte. Mangel se despierta ante el movimiento de Rubius, quien rápidamente pone su mejor cara de indiferencia, no quiere que él crea que se siente alegre por estar ahí acompañándolo, no piensa abrir su corazón a un completo desconocido. Aunque eso ni implicaba eso ultimo, pero Rubius es muy ingenuo cuando esta cegado por algo que no entiende.

—Despertaste—dice Mangel revolviéndose el cabello

—Si, ¿Qué haces tú aquí? —pregunto Rubius de una forma muy grosera, solo era un caparazón para evitar sentir algo que no quería sentir, algo que no sabía cómo afrontar.

—Te hacía compañía, pero si lo deseas me puedo ir, ¿eso quieres?

Por dentro Rubius se había sentido como un completo estúpido, seguramente paso toda la noche en compañía de un Mangel preocupado por su salud y él lo despreciaba de la peor manera que fuera posible, sabía cómo ser un verdadero cabronazo, pero esta vez entendió que se había excedido. El tiempo que le había tomado pensar eso, se había convertido en un silencio que Mangel había entendido como un “Si, quiero que te vayas” algo que por supuesto él no quería. Mientras el chico de gafas se levantaba de la incómoda silla de hospital donde está sentado, Rubius lo tomo por el brazo, en una señal casi de suplica.

—No, por favor quédate—le dijo este al chico de gafas

Era la primera vez en años que Rubius sentía la necesidad de tener a alguien cerca, alguien que se preocupara verdaderamente por él. Porque no sabía realmente lo que era sentirse así, jamás recibió afecto por parte de sus padres, solo recibía cosas y más cosas, todo lo que pedía se lo daban, fue cuando descubrió la danza y la actuación que al fin se sintió bien consigo mismo, que sentía que ese vacío interno que tenía se llenaba con algo que no fueran objetos materiales. Pero no era llenado, y de pronto aparece este chico, que le hace sentir de manera extraña, que no sale de su cabeza ¿qué clase de brujería era esa?

Mangel había obedecido a su petición volviéndose a sentar. Estaba sorprendido, no solo por la petición, sino por el rostro de este al pedir que se quedara. Era triste y desesperado, no se atrevía a decir que no.

—Gracias—dijo Rubius cuando Mangel se sentó

Volviendo a cerrar los ojos para descansar, sabiendo que al menos alguien estaba preocupado por él, era un alivio. Pero al instante recordó la obra que se estrenaría el sábado, donde él era el principal, y eso alejo cualquier posibilidad de tranquilidad futura.

De un salto salió de su cama de hospital, lo cual alarmo a Mangel, quien rápidamente lo intentaba regresar a su lugar antes de que algún doctor lo viera forcejeando en su estado, repentinamente Rubius se sintió sin fuerzas y cayó a los brazos de su acompañante, haciendo que ambos terminaran en el suelo, con sus rostros muy cercanos el uno del otro. Era la segunda vez que pasaba esta semana, y a Rubius aparte de hacerlo sentir de manera acojonante, ya estaba empezando a creer que se volvía un chiste de mal gusto que les pasara esto, pero aquellos ojos marrones, casi negros, lo estaban atrapando. Podría pasar horas observándolos si así quisiese pero sería algo un tanto extraño. En el fondo de su cabeza escucho como alguien reía levemente, no era Mangel, había alguien más en la habitación. Examino el lugar donde se hallaban y vio como detrás de una cortina se asomaba Roberto, el director de la obra.

—No pensé que ya se llevaran tan bien—dijo mientras seguía observando

Rubius se dio cuenta de la comprometedora posición en la que él y Mangel se encontraban, en un parpadeo ya se encontraba de nuevo en su cama, volviendo a causar una risa por parte de su director.

—No me llevo bien con mis coestelares, lo sabes. Sólo me sentí débil y él me atrapo, es todo—respondió Rubius de una manera casi grosera, muy diferente a la forma que le había pedido a Mangel que se quedara unos minutos atrás. Un segundo era amable, y al otro era un total idiota—a todo esto, ¿qué haces aquí? —preguntó

— ¿Acaso no puedo venir a ver como se haya mi estrella? —dijo el director fingiendo estar decepcionado e indignado. La respuesta a su pregunta fue una mirada indiferente esperando una respuesta—vale, vale. Vine a hablar con los médicos, dicen que esta tarde podrás salir pero necesitas reposo. Así que estuve analizando la posibilidad de darle tu papel a Mangel y que uno de los actores de respaldo tome el de él.

Lo que Rubius escuchaba le parecía una vil mentira, no podía creer que estuvieran reemplazándolo solo por una decaída, después de esas palabras el director salió simplemente diciendo “lo siento” creía que eso bastaba para detener a la furiosa bestia que crecía dentro del chico.

Tomó lo primero que tenía a la vista y lo lanzo contra la pared en un arranque de cólera, más de una persona en la sala donde se encontraban se alarmo e intento ver que ocurría mientras Rubius seguía tomando objetos y lanzándolos contra la pared. Su mirada se dirigió a Mangel que estaba ahí parado en una esquina, nervioso y sin saber qué hacer, un nuevo odio creció dentro de él, quería matarlo, o hacer algo peor.

— ¡Tú! —le grito a Mangel— ¡Tú eres el culpable de todo esto! —Rubius estaba siendo nublado por la ira, buscando a quien culpar de su desdicha, y no hubo nadie más aparte del pobre Mangel.

— ¡Tú planeaste todo esto para quedarte con mi papel, eres un desgraciado! —los ojos de Rubius se aguaban por el dolor que conllevaba lanzarle la culpa, y es que en el fondo sentía que Mangel era especial, que era diferente a todas las arpías que lo rodeaban, personas que solo buscaban destruirlo, incluso había empezado a quererlo, pero Rubius no podía estar más equivocado, se estaba dejando llevar por la furia y eso lograría que más de uno saliera lastimado.

— ¡Vete! No quiero volver a verte—le grito al pobre chico que seguía callado en un esquina

—Pero Rubén…

— ¡VETE! —volvió a gritar, pero esta vez con un énfasis más fuerte, Mangel había entendido que no era requerido aquí, tomo sus cosas y se fue.

Ahora Rubius se hallaba nuevamente solo y sin nadie, justo como él creía que era perfecto para él, se repetía en su cabeza una y otra vez que era lo mejor para él, que no necesitaba a nadie, que él era autosuficiente y no quería que nadie se metiera en su vida, una y otra y otra vez se repetía las mismas palabras, llorando y dolido al saber que nada de eso era cierto, que ahora más que nunca quería que alguien lo abrazara, quería que su madre viniera en su consuelo, odiaba estar tan solo en este mundo. Sin el amor de nadie, sólo y desdichado terminó durmiéndose. Duerme y olvida Rubius, duerme y olvida.

Mientras Mangel salía de aquel hospital, con el corazón en la mano por las palabras de Rubius, quería explicarle que las cosas que decía eran falsas, pero en el estado que estaba al él no le valían las palabras de nadie.

——————————flashback——————————–

¿En serio seré el coestelar de Rubén Doblas?preguntaba Mangel inocente al escuchar como su director de obra le decía el nombre de quien sería su compañero

¿Lo conoces?le pregunto el director

¿Conocerlo? Su fama lo precede, para mí será un total honor trabajar con él, jamás pensé que llegaría a conocerlo. Él es tan… tan magnífico y lindo, aunque eso último solo es a mi criterio personal

¿Te gusta?parecía que las preguntas jamás se acababan, ¿qué era esto? ¿El juego de las veinte preguntas?

Aquello había tomado por sorpresa a Mangel, y era cierto, a él le gustaba, no. Le encantaba Rubius, aunque su amor no fuera correspondido a él no le importaba, pero el simple hecho de trabajar con la persona que quería era suficiente para él. Aunque entre ellos nada fuese a pasar.

Voy a sonar como una mojabragas, pero la palabra “gustarme” es pequeñaeso que Mangel había dicho había causado que su rostro se sonrojara a tal punto que le ardía, su director entendía el sentimiento, por eso le advirtió que no debía encariñarse demasiado con Rubius, podría terminar lastimado, aunque también podría terminar de otra manera.

——————————flashback——————————–

Las palabras del director habían sido ciertas, y ahora Mangel estaba pagando caro el precio de no haber hecho caso. ¿cómo podía Rubius creer que él había hecho semejante cosa como intentar robar su papel? A él no le importaba en nada el papel en la obra, a él solo le importaba pasar unos minutos al día con la persona con la que soñaba pasar el resto de su vida, a Mangel no le importaba si tenía que dejar de bailar o actuar, mientras pudiera estar con Rubius para él era suficiente. Puede sonar alocado, pero el amor es algo extraño que nos hace capaces de cosas estúpidas, tal vez por eso muchas personas hoy día lo odian. Yo en cambio lo encuentro fascinante y quisiera muchas veces sentir esa emoción de dar todo por una persona, aún sabiendo que puedo morir en el intento, pero esto solo es mi humilde opinión como escritor. Volvamos a la historia mejor.

Mangel había decidido no ir a ensayar en esta tarde de miércoles, no lo haría mientras Rubius estuviera enojado con él, era una forma de castigo personal, y una manera de hacerle saber que jamás quiso su papel. Pero para el director esto era un calvario, que sus dos estrellas no ensayaran la obra en la semana del estreno, significaba reestructurar todo con otras personas para los papeles, claro, él tenía un plan de respaldo pero nadie tan bueno como ellos dos.

Ese mismo día por la noche, Rubius fue dado de alta del hospital. Aún sintiéndose solitario en el mundo, vago por las calles camino a su hogar, nadie lo esperaba así que ¿Por qué darse prisa? Pensaba, entro a un bar que encontró, un lugar de muy mala leche, pero eso poco le importo. Solo quería emborracharse hasta la inconsciencia. Y eso fue lo que logro, luego de una cantidad incalculable de cervezas, termino siendo echado a la calle por personas del bar.

— ¿Por qué lo hiciste Mangel? —balbuceo mientras era echado a la calle—Pensé que eras diferente—continúo—y yo que pensé que podría llegar a quererte—musito antes de parar un taxi e irse a casa.

La mañana siguiente ya era jueves, faltaban dos días para el gran estreno y la obra estaba paralizada por la ausencia de ambos estelares, el director estaba eufórico a poco de cancelar el estreno, pero eso conllevaría a una perdida monumental de dinero, algo que no se podía dar el lujo de suceder. Estaba cruzando los dedos para que alguno de los dos apareciera por la puerta. Fuera quien fuera, ya no le importaba. Sabía que Rubius evadiría el reposo, por eso estaba tan confiado.

Sonoramente las puertas del teatro se abrieron y por ellas entro quien el director esperaba, luciendo del asco como si un camión lo hubiera arrollado, Rubius hizo acto de presencia para protagonizar el papel que por derecho era suyo, ni un dolor de cabeza, ni un resfriado le impedirían destrozar el lugar, en el buen sentido claro. Veinte minutos pasaron, ensayando con un doble era lo que tocaba hacer en ausencia de Mangel, quien al parecer estaba decidido a no aparecer, pero poco duraría.

Otra vez, como si ya fuera divertido, la puerta del teatro se abrió y por ella entro Mangel, parecía muy cansando, como si no hubiese dormido. No se veía tan mal como Rubius, pero si se notaba cierta pesadez en sus movimientos. Cuando llego al centro del recinto y observo que Rubius estaba ahí, ensayando, pensó por pequeños instantes que todo había cambiado, pero no fue así. Rubius susurro algo al oído del director y fe hasta la parte de atrás, era como una forma de decir que no quería estar en el mismo sitio que Mangel, pero eso había colmado la paciencia de este quien subió al escenario y se fue siguiendo al otro chico. Observo como entraba a un camerino improvisado, por lo menos tendrían algo de privacidad mientras le tiraba en cara que era un cretino creído. Tal vez podría írsele la olla un poco a Mangel, veamos qué pasa.

— ¿Podemos hablar un momento? —dijo Mangel entrando al camerino, donde vio a Rubius tomando una botella de agua.

—No tengo absolutamente nada que hablar contigo—contesto él

— ¡Claro que sí! —grito Mangel— ¿Crees que tengo muchas ganas de hacerme con tu papel? Solo estoy aguantando toda esta mierda porque quiero estar un rato contigo, amo actuar, amo bailar, y hasta creo que te amo a ti—Mangel escupía aquellas palabras como si en verdad fuera fácil—Por eso acepte el papel, porque sabía que tu estarías actuando como protagonista, sería mi oportunidad de conocerte. Jamás pensé que fueras a ser un completo gilipolllas.

Mangel había logrado su cometido con aquellas palabras, y era dejar callado a Rubius, quien observaba con algo de vergüenza el ambiente, tratando de procesar las palabras. Hubo un momento en el que parecía que fuese a decir algo, pero lo que quería decir se ahogo en su garganta y se perdió en algún lugar del espacio.

— ¿Sabes algo? —interrumpió Mangel aquel silencio infernal que lo estaba volviendo loco—El primer día que estuve aquí, que fui con tus amigos—hizo cierto énfasis en la palabra amigos, para que se denotara que eran unos hipócritas—hablaron tantas cosas malas de ti, que eras un cretino, que eras un patán. ¡Yo te defendí! ¿Sabes por qué? —Rubius hizo un gesto de negación avergonzado—Porque sé que detrás de ese cretino arrogante con ínfulas de vanagloria, hay un chico que pide a gritos alguien que lo entienda, alguien que lo quiera.

Mangel se hallaba en un punto sin retorno, si no hacía lo que deambulaba por su mente, podrían salirle caras todas las palabras que había dicho aquí. Revolviéndose el cabello, exasperado y nervioso, como si de su boda se tratase, se acerco a Rubius que también estaba nervioso, no sólo por el acercamiento, sino también por todas las palabras y verdades que había soltado Mangel en un instante, nunca había visto a una persona explotar de esa manera. Con la respiración sobre la de Rubius, frente a frente dijo.

—Tal vez me arrepienta de esto, y te voy a decir algo. Si luego de esto no puedes seguir haciendo la obra conmigo es porque eres un tonto

Después de aquellas palabras, Mangel cerró sus ojos y se lanzó encima de los labios de Rubius, parecía casi impensable lo que estaba haciendo, pero continuo haciéndolo al ver que no había resistencia. Pasando sus manos por la cintura de aquel chico, se sentía como en el paraíso. Tras unos minutos y quedarse sin respiración se separaron, mirándose fijamente, solo Mangel podía pronunciar una palabra.

—Ahora sal y muéstrale a todos que eres el mejor actor/bailarín de este maldito teatro—con esas palabras de aliento y ese beso que había dejado anonadado a Rubius, Mangel salió del camerino para regresar al escenario. Minutos después emergió Rubius también, con el rostro iluminado como si un ángel se le hubiese aparecido.

Una vez ambos estuvieron en el mismo escenario, el director respiraba aliviado. El ensayo se dio de manera espectacular. La obra podría ser un éxito rotundo si se repetía tal cual había salido este ensayo. Y la diferencia entre este ensayo y otros muchos, fue que ese vacío que Rubius llevaba por dentro, se había llenado. Por primera vez, alguien le había dicho cuan significativo era él, no lo dijo directamente, pero él sabe entender.

El ensayo se repitió dos veces más es día, cada uno con mayor entusiasmo que el anterior, la escena final seguía siendo omitida. Pero hubo un cambio en ella. El director había decidido que para darle más dramatismo a la obra, Rubius debía morir en los brazos de Mangel, fue por eso que luego del apoteósico final, uno de los soldados dispararía a matar a Rubius.

Eso no había significado un problema para ninguno, pero no quitaba la sorpresa. Todavía quedaba tiempo así que harían un ensayo del conflicto, que es la escena del último rechazo de Ricardo hacía André mientras están escondidos en un cuartel del ejército y necesitan aliarse para salir ilesos. Una de las escenas de más tensión en la obra. Todos se pusieron en posición y que comience la música.

—- http://youtu.be/43Rm2rGys5w?t=1m11s —-

Aparecen Mangel y Rubius escondidos debajo de una mesa, mientras muchos soldados pasan de un lado a otro. Uno de los dos propone un plan arriesgado para salir, el otro acepta y comienza el escape.

Corriendo por sus vidas, saltando de soldado en soldado para no ser vistos, corren en el escenario de lado a lado como locos, el telón baja y vuelve a subir rápidamente,  están en un almacén mientras la puerta es azotada con furia, André, que es Mangel, se viste de conserje y Ricardo, que es Rubius, entra en la canasta de la basura y abren la puerta como si nada, y salen eludiendo a los guardias. El fondo cambia a un pasillo gris con focos colgando, varios guardias más pasan mirando con cautela a André disfrazado de conserje mientras arrastra a Ricardo en la basura. Logran divisar la salida y Ricardo sale del cesto y ambos corren asustados hasta la puerta, encontrando la salida, finaliza la escena. La música se detiene. Los ensayos finalizan por hoy.

Mientras Rubius va camino a casa, es interceptado por Mangel quien solo quiere acompañarlo en su caminata. Sería algo normal que después de aquel beso hubiera algo de tensión entre ellos dos, pero extrañamente, incluso al mantenerse callados durante todo el trayecto, nunca se sintieron incómodos. Una vez llegaron a casa a de Rubius tuvieron una especie de despedida algo larga, ninguno de los dos se decidía por irse completamente, pero al cabo de unos minutos ambos dijeron adiós y se fueron a descansar.

Por la cabeza de Rubius pasaban un millón de dudas, ¿Qué había hecho aquel beso con él? Porque de pronto estaba haciendo todo mucho mejor que antes, y todo por ese acto desvergonzado por parte de Mangel. Otra cosa que no dejaba de rondar por su mente era por qué él mismo había actuado con tanta naturalidad a eso, ¿acaso le gustaba Mangel? Debía admitir que su forma de actuar y danzar era fenomenal y cautivaba, pero ¿hasta qué punto eso podría eso afectar sus sentimientos por él? No lo entendía y tampoco quería discutirlo demasiado. Si por algún motivo encontraba normal las cosas que pasaban alrededor de Mangel y suyo, no los iba a cuestionar.

Mangel tampoco entendía muy bien que era lo que había sucedido hoy, ¿su beso había servido para estimular a Rubius? Parecía casi imposible, pero era la única respuesta que hallaba a lo que había pasado hoy en los ensayos.

Ya en viernes, faltaba un día para el estreno. De manera extraña el director llamo a todos sus actores diciéndoles que decidió, a partir de los maravillosos ensayos de ayer, hoy todos los actores se podían dar el día libre, solo las personas de utilería y escenario irían a trabajar para dar los últimos detalles a la obra. Esto había caído como anillo al dedo a Rubius que se encontraba especialmente agotado por el esfuerzo físico que había realizado, pese a que tenía que guardar reposo.

Mientras continuaba buscando fuerzas para levantarse de la cama y prepararse el desayuno, o al menos tomar algo para el dolor, la puerta comenzó a sonar. ¿Quién se atreve a molestar a estas horas de la mañana? Preguntó Rubius.

Dirigiéndose con mucha pereza hasta la puerta, se asomo por la mirilla y vio como Mangel estaba del otro lado con una sonrisa en la cara y una bolsa que parecía ser comida, para Rubius parecía un atrevimiento llamar a su puerta a las 6 de la mañana, pero si traía comida era bienvenido a pasar cuando quisiera. Abrió la puerta y el rostro que Mangel encontró era el de alguien que parecía haberse peleado con un batallón y luego con el peine.

—Buenos días—dijo sonriente

—Define buenos—contesto Rubius de manera agotada, Mangel reía por su comentario

Le hizo una seña para que pasara y cerró la puerta detrás de él al entrar, la duda de el porqué se hallaba aquí, con una bolsa de comida, a las 6 de la mañana, en un día libre no se esfumaba de su pensar. Pero al ver el contenido de la bolsa quedo decepcionado, solo eran los ingredientes para preparar panqueques, tendría que esperar más para desayunar.

Luego de ver lo que había en la bolsa se lanzo al sofá en un intento de decir que estaba cansando y que no haría nada, Mangel por supuesto no es tonto y entendió. Fue hasta la cocina y rápidamente encontró todo lo que necesitaba para preparar un desayuno gourmet, con panqueques claro.

Rubius termino durmiéndose en el sofá mientras que Mangel cocinaba, pero de pronto alguien estaba despertándolo. Era su visitante que le decía que ya el desayuno estaba listo, había pasado solo media hora, él aun tenía sueño pero al ver la mesa de su departamento tan bien arreglada y con una cantidad apoteósica de panqueques, todo rastro de cansancio se fue de su cuerpo. Ambos se sentaron a disfrutar ese desayuno patrocinado por Mangel.

Mientras comían, cierta duda nació en Rubius quien había recordado aquel instante en el camerino el día anterior, simplemente no podía quedarse callado.

—Mangel, ¿por qué me besaste? —eso había tomado por sorpresa a Mangel, casi ahogándose con la comida

— ¿Por qué no hacerlo? —aludió Mangel en un intento desesperado por evitar ese tema

—Estoy hablando en serio Mangel, ¿por qué lo hiciste? —Rubius siguió insistiendo

Tras darse cuenta que evadir el tema no resultaría efectivo, Mangel tendría que enfrentarse a sus actos, y por muy valiente que fue en su momento, ahora se sentía avergonzado por tal cosa, había sido un acto apresurado y desmedido de su parte.

—Ayer te lo dije—comenzó—me gustas y fue un acto estúpido de mi parte abusar de ti así, pido disculpas por mi insolencia—terminó

—No tienes nada porque disculparte, eres la primera persona que me muestra afecto en mucho tiempo, y la primera que hace algo tan estúpido, eres un tonto—dijo Rubius con cierto tono de cariño en las últimas palabras

—Espera—dijo Mangel—la primera persona que hace algo tan estúpido—repitió—o sea que… ¿soy tu primer beso? —de alguna manera Mangel había logrado adivinar algo que atormentaba tanto a Rubius, y no lo podía negar, su rostro estaba rojo cual tomate.

— ¡¿Qué?! ¡NO! —contesto Rubius en su intento fallido de negarlo, su rostro lo delataba muy bien, creía que era una vergüenza, pero para Mangel era algo tierno.

—No tienes por qué negarlo, también fue mi primer beso—dijo Mangel y continúo comiendo

Eso sí que había tomado por sorpresa a Rubius, saber que fue el primer beso para alguien y viceversa, era algo acojonante, en un buen sentido claro. Ambos terminaron de comer y lavaron los platos juntos, y decidieron que sería una buena idea pasar el resto del día viendo películas, después de todo tenían el día libre.

El día pasó lento y sin notarse, los dos chicos se dieron el maratón de películas de su vida, dieron las dos de la mañana y seguían viendo la televisión, hasta que ambos cayeron rendidos en el sofá. Al despertar ya era pasado el mediodía del sábado, el día del estreno de la obra. Rubius fue el primero en despertar, quien al ver la hora y el día salto eufórico del sofá y comenzó a correr por todo su departamento arreglándose, hace una hora debían estar en el teatro. En su ajetreo le lanza un zapato a Mangel mientras busca los suyos, al encontrarlos se da cuenta que sus únicas zapatillas de baile, que eran sus favoritas, están rotas.

—Me cago en todo—exclamo, cosa que llego a los oídos de Mangel.

— ¿Qué paso? —pregunto él

—Esto—contesto Rubius enseñándole las zapatillas—debieron romperse ayer sin que me diese cuenta, son las únicas zapatillas que tengo

—Toma las mías, yo usaré las tuyas, de todas formas en el teatro deben haber algunas de repuesto—ofreció Mangel de manera amable, Rubius le agradeció aunque le fueran a quedar un poco grandes, pero eso no importo mucho. Después de eso se fueron a toda prisa hasta el teatro.

Al llegar, juntos, todos se quedaron observándolos, no por haber llegado juntos, sino por lo tarde que estaban llegando. La obra comenzaba en unas horas y ellos quien sabe dónde.

—Al fin llegan—grito el director— ¿Dónde cojones estaban? ¿Por qué llegan juntos? ¿Qué estaban haciendo? —tantas preguntas que no obtendrían respuesta

—Larga historia, no hay tiempo—grito Rubius mientras iba corriendo hacia la parte trasera para arreglarse,  mientras llevaba a Mangel tomado por el brazo, ambos iban riendo en forma de cómplices, el director se resigno a no buscar más respuestas y siguió en lo suyo.

Para suerte de ambos, si había zapatillas de sobra y justo la talla de Rubius, así podría entregarle las suyas a Mangel. Paso el tiempo y ambos chicos se prepararon para el comienzo de la obra. El teatro se fue llenando de poco a poco hasta que no quedo ni una sola silla sin persona sentada en ella.

Poco después de llenarse el lugar la obra dio inicio con unas palabras de aliento por parte del director, y todo comenzó como debía. La escena de la mala noticia para Ricardo, la llegada a la casa de su tía Adelaida. La aparición de André, la huída del cuartel enemigo. Todo salía a la perfección, pero llego la escena final. La escena que incluía un beso que no se había ensayado, aunque eso no es del todo cierto.

—- http://youtu.be/k-WyxbwU82A?t=1m32s —-

—André, antes de que lleguen los soldados y nos maten, quiero que sepas que te amo—decía Rubius en su papel de Ricardo.

—No digas eso Ricardo, saldremos ilesos de esto—respondió Mangel en su papel de André.

Unos soldados entraron en escena empuñando sus armas y apuntando directamente a los dos amantes.

 —André, antes de morir déjame sentir que tan dulces son tus labios—pronunciaba Ricardo

Poco a poco los rostros de ambos chicos fueron acercándose el uno al otro. Sintiendo sus respiraciones como aquel día en los camerinos, tan cerca que parecía un sueño, unieron sus labios en un beso que era el de despedida para un amor que era imposible, los soldados aun apuntando en dirección a ambos dispararon, el sonido de fusiles disparando se oyó y después de eso el beso se detuvo y Ricardo comenzó a desfallecer mientras pronunciaba sus últimas palabras.

—If love’s a sweet passion, why does it torment? —dicho eso los ojos de Ricardo se cerraron y las lagrimas comenzaron a caer por el rostro de André al mismo tiempo que el telón bajaba dando como finalizada la obra.

Los aplausos no se hicieron esperar por parte de la audiencia, ovaciones de pie en su gran mayoría, el telón volvió a subir para que los actores dieran las gracias en forma de reverencias. Tres veces en total.

Todos fueron a la parte trasera, alegres por su espectacular presentación, el director agradeció a todos por su pasión y dedicación a lo que fue la mejor presentación que ha visto en todos sus años de carrera artística. Un derroche de emociones y amor, como el mismo la describió.

Mientras todos celebraban, una persona entro preguntando por Rubius, era un “caza talentos” por así decirlo. Al encontrarlo quería discutir con él la posibilidad de trabajar en una obra que esta llevándose a cabo en París y necesitan alguien tan bueno como él.

—Agradezco mucho su consideración, pero mis zapatillas rotas y yo no podemos irnos ahora que tengo algo que me aferra. ¿Verdad Mangel? —le decía al sujeto que lo requería.

Mangel no había entendido muy bien a qué se refería Rubius con eso, pero el solo se limito a asentir, el “caza talentos” se fue decepcionado, no sin antes dejarle su tarjeta por si cambiaba de parecer. Lo cual no pasaría porque ahora Rubius tenía alguien por el cual quedarse.

— ¿Qué te parece si vamos a mi casa y comemos unos cuantos panqueques y vemos películas? —le sugirió Rubius a Mangel

—Yo…

—Podemos ensayar el beso de nuevo, porque creo que la obra se volverá a presentar el próximo sábado.

—Por mi está bien—contesto Mangel mientras Rubius volvía a tomarlo por el brazo para salir del teatro.

Puede que ambos estén inseguros de lo que pueda pasar con ellos de ahora en adelante, pero de algo están seguros. Y es que puede que un bello amor florezca dentro de ambos, un amor que logrará llenar ese vacío que por mucho tiempo Rubius ha llevado consigo. Los días de soledad y tristeza al fin se han ido.

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Esto se lo dedico a un Anon que me dijo que hoy era su cumpleaños y pues quise darle el gusto ^^ también va dedicado a todas las personas que me han apoyado durante todo el tiempo que he estado aquí. animalito-de-la-luz desde el principio has estado conmigo y me has apoyado al igual que yo lo he hecho contigo, nubes-t0xicas boluda te re quiero full, eres la best en el mundo. imardel que esperaba con ansias el shot xdd y mucha gente más que me dejo para no hacer esto muy lardo, a todos mis seguidores gracias. Ustedes me hicieron creer en lo que hago y que vale la pena hacerlo. Os quiero.