legislativo

#PrayForVenezuela

Hace 2 semanas en Venezuela se presentó otro punto más que evidencia la dictadura que sufre el país. El presidente Nicolas Maduro mediante sentencia disolvió el parlamento y le quitó las competencias a la Asamblea Nacional, el ente encargado de proclamar leyes en el país, dicha asamblea fue votada en diciembre de 2015 donde la mayoría de los diputados en ejercicio pertenecen a la fiesta opositora y fueron votados por los Venezolanos, lo que es una clara violación a la constitución y derechos institucionales. Está decision es claramente un golpe de Estado. Tal decisión le otorga a Nicolás Maduro realizar cualquier acción que sea conveniente, cuando lo desee; ya que tal dictamen le arrebata las funciones que constitucionalmente le pertenecer al Poder Legislativo del país. Debido a esto la población ha salido a protestar pacíficamente en numerosas partes del país, siendo agredidos y perseguidos por la Guardia Nacional (GNB) y la policía, siendo atacados así con armas blancas, perdigones y bombas lacrimógenas vencidas (que hacen más daño que las normales), a resultado de esto han sido detenidos más de 200 personas donde su mayoría son jóvenes estudiantes, han existido más de 300 personas (incluidos bebes) afectados y heridos por perdigones y asfixia creada por las bombas y se han confirmado dos muertes (uno de ellos tenía 19 años). Si quieres ver los vídeos de la agresión sufrida por los Venezolanos a manos del gobierno entra al instagram: @/venezuelalucha.

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¿Por qué la guerra? Correspondencia entre Albert Einstein y Sigmund Freud

“El hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción.”

Carta de Einstein a Freud


Caputh, cerca de Potsdam, 30 de julio de 1932 

Estimado profesor Freud:

La propuesta de la Liga de las Naciones y de su Instituto Internacional de Cooperación Intelectual en París para que invite a alguien, elegido por mí mismo, a un franco intercambio de ideas sobre cualquier problema que yo desee escoger me brinda una muy grata oportunidad de debatir con usted una cuestión que, tal como están ahora las cosas, parece el más imperioso de todos los problemas que la civilización debe enfrentar. El problema es este: ¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra? Es bien sabido que, con el avance de la ciencia moderna, este ha pasado a ser un asunto de vida o muerte para la civilización tal cual la conocemos; sin embargo, pese al empeño que se ha puesto, todo intento de darle solución ha terminado en un lamentable fracaso.

Creo, además, que aquellos que tienen por deber abordar profesional y prácticamente el problema no hacen sino percatarse cada vez más de su impotencia para ello, y albergan ahora un intenso anhelo de conocer las opiniones de quienes, absorbidos en el quehacer científico, pueden ver los problemas del mundo con la perspectiva que la distancia ofrece. En lo que a mí atañe, el objetivo normal de mi pensamiento no me hace penetrar las oscuridades de la voluntad y el sentimiento humanos. Así pues, en la indagación que ahora se nos ha propuesto, poco puedo hacer más allá de tratar de aclarar la cuestión y, despejando las soluciones más obvias, permitir que usted ilumine el problema con la luz de su vasto saber acerca de la vida pulsional del hombre. Hay ciertos obstáculos psicológicos cuya presencia puede borrosamente vislumbrar un lego en las ciencias del alma, pero cuyas interrelaciones y vicisitudes es incapaz de imaginar; estoy seguro de que usted podrá sugerir métodos educativos, más o menos ajenos al ámbito de la política, para eliminar esos obstáculos.

Siendo inmune a las inclinaciones nacionalistas, veo personalmente una manera simple de tratar el aspecto superficial (o sea, administrativo) del problema: la creación, con el consenso internacional, de un cuerpo legislativo y judicial para dirimir cualquier conflicto que surgiere entre las naciones. Cada nación debería avenirse a respetar las órdenes emanadas de este cuerpo legislativo, someter toda disputa a su decisión, aceptar sin reserva sus dictámenes y llevar a cabo cualquier medida que el tribunal estimare necesaria para la ejecución de sus decretos. Pero aquí, de entrada, me enfrento con una dificultad; un tribunal es una institución humana que, en la medida en que el poder que posee resulta insuficiente para hacer cumplir sus veredictos, es tanto más propenso a que estos últimos sean desvirtuados por presión extrajudicial. Este es un hecho que debemos tener en cuenta; el derecho y el poder van inevitablemente de la mano, y las decisiones jurídicas se aproximan más a la justicia ideal que demanda la comunidad (en cuyo nombre e interés se pronuncian dichos veredictos) en tanto y en cuanto esta tenga un poder efectivo para exigir respeto a su ideal jurídico. Pero en la actualidad estamos lejos de poseer una organización supranacional competente para emitir veredictos de autoridad incontestable e imponer el acatamiento absoluto a la ejecución de estos. Me veo llevado, de tal modo, a mi primer axioma: el logro de seguridad internacional implica la renuncia incondicional, en una cierta medida, de todas las naciones a su libertad de acción, vale decir, a su soberanía, y está claro fuera de toda duda que ningún otro camino puede conducir a esa seguridad.

El escaso éxito que tuvieron, pese a su evidente honestidad, todos los esfuerzos realizados en la última década para alcanzar esta meta no deja lugar a dudas de que hay en juego fuertes factores psicológicos, que paralizan tales esfuerzos. No hay que andar mucho para descubrir algunos de esos factores. El afán de poder que caracteriza a la clase gobernante de todas las naciones es hostil a cualquier limitación de la soberanía nacional. Este hambre de poder político suele medrar gracias a las actividades de otro grupo guiado por aspiraciones puramente mercenarias, económicas. Pienso especialmente en ese pequeño pero resuelto grupo, activo en toda nación, compuesto de individuos que, indiferentes a las consideraciones y moderaciones sociales, ven en la guerra, en la fabricación y venta de armamentos, nada más que una ocasión para favorecer sus intereses particulares y extender su autoridad personal.

Ahora bien, reconocer este hecho obvio no es sino el primer paso hacia una apreciación del actual estado de cosas. Otra cuestión se impone de inmediato: ¿Cómo es posible que esta pequeña camarilla someta al servicio de sus ambiciones la voluntad de la mayoría, para la cual el estado de guerra representa pérdidas y sufrimientos? (Al referirme a la mayoría, no excluyo a los soldados de todo rango que han elegido la guerra como profesión en la creencia de que con su servicio defienden los más altos intereses de la raza, y de que el ataque es a menudo el mejor método de defensa.) Una respuesta evidente a esta pregunta parecería ser que la minoría, la clase dominante hoy, tiene bajo su influencia las escuelas y la prensa, y por lo general también la Iglesia. Esto les permite organizar y gobernar las emociones de las masas, y convertirlas en su instrumento.

Sin embargo, ni aun esta respuesta proporciona una solución completa. De ella surge esta otra pregunta: ¿Cómo es que estos procedimientos logran despertar en los hombres tan salvaje entusiasmo, hasta llevarlos a sacrificar su vida? Sólo hay una contestación posible: porque el hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción. En épocas normales esta pasión existe en estado latente, y únicamente emerge en circunstancias inusuales; pero es relativamente sencillo ponerla en juego y exaltarla hasta el poder de una psicosis colectiva. Aquí radica, tal vez, el quid de todo el complejo de factores que estamos considerando, un enigma que el experto en el conocimiento de las pulsiones humanas puede resolver.

Y así llegamos a nuestro último interrogante: ¿Es posible controlar la evolución mental del hombre como para ponerlo a salvo de las psicosis del odio y la destructividad? En modo alguno pienso aquí solamente en las llamadas «masas iletradas». La experiencia prueba que es más bien la llamada «intelectualidad» la más proclive a estas desastrosas sugestiones colectivas, ya que el intelectual no tiene contacto directo con la vida al desnudo, sino que se topa con esta en su forma sintética más sencilla: sobre la página impresa.

Para terminar: hasta ahora sólo me he referido a las guerras entre naciones, a lo que se conoce como conflictos internacionales. Pero sé muy bien que la pulsión agresiva opera bajo otras formas y en otras circunstancias. (Pienso en las guerras civiles, por ejemplo, que antaño se debían al fervor religioso, pero en nuestros días a factores sociales; o, también, en la persecución de las minorías raciales.) No obstante, mi insistencia en la forma más típica, cruel y extravagante de conflicto entre los hombres ha sido deliberada, pues en este caso tenemos la mejor oportunidad de descubrir la manera y los medios de tornar imposibles todos los conflictos armados.

Sé que en sus escritos podemos hallar respuestas, explícitas o tácitas, a todos los aspectos de este urgente y absorbente problema. Pero sería para todos nosotros un gran servicio que usted expusiese el problema de la paz mundial a la luz de sus descubrimientos más recientes, porque esa exposición podría muy bien marcar el camino para nuevos y fructíferos modos de acción.

Muy atentamente,

Albert Einstein


Carta de Freud a Einstein

Viena, setiembre de 1932

Estimado profesor Einstein: 

Cuando me enteré de que usted se proponía invitarme a un intercambio de ideas sobre un tema que le interesaba y que le parecía digno del interés de los demás, lo acepté de buen grado. Esperaba que escogería un problema situado en la frontera de lo cognoscible hoy, y hacia el cual cada uno de nosotros, el físico y el psicólogo, pudieran abrirse una particular vía de acceso, de suerte que se encontraran en el mismo suelo viniendo de distintos lados. Luego me sorprendió usted con el problema planteado: qué puede hacerse para defender a los hombres de los estragos de la guerra. Primero me aterré bajo la impresión de mí -a punto estuve de decir «nuestra»- incompetencia, pues me pareció una tarea práctica que es resorte de los estadistas. Pero después comprendí que usted no me planteaba ese problema como investigador de la naturaleza y físico, sino como un filántropo que respondía a las sugerencias de la Liga de las Naciones en una acción semejante a la de Fridtjof Nansen, el explorador del Polo, cuando asumió la tarea de prestar auxilio a los hambrientos y a las víctimas sin techo de la Guerra Mundial. Recapacité entonces, advirtiendo que no se me invitaba a ofrecer propuestas prácticas, sino sólo a indicar el aspecto que cobra el problema de la prevención de las guerras para un abordaje psicológico.

Pero también sobre esto lo ha dicho usted casi todo en su carta. Me ha ganado el rumbo de barlovento, por así decir, pero de buena gana navegaré siguiendo su estela y me limitaré a corroborar todo cuanto usted expresa, procurando exponerlo más ampliamente según mi mejor saber -o conjeturar-.

Comienza usted con el nexo entre derecho y poder. Es ciertamente el punto de partida correcto para nuestra indagación. ¿Estoy autorizado a sustituir la palabra «poder» por «violencia» («Gewalt»), más dura y estridente? Derecho y violencia son hoy opuestos para nosotros. Es fácil mostrar que uno se desarrolló desde la otra, y si nos remontamos a los orígenes y pesquisamos cómo ocurrió eso la primera vez, la solución nos cae sin trabajo en las manos. Pero discúlpeme sí en lo que sigue cuento, como si fueran algo nuevo, cosas que todos saben y admiten; es la trabazón argumental la que me fuerza a ello.

Pues bien; los conflictos de intereses entre los hombres se zanjan en principio mediante la violencia. Así es en todo el reino animal, del que el hombre no debiera excluirse; en su caso se suman todavía conflictos de opiniones, que alcanzan hasta el máximo grado de la abstracción y parecen requerir de otra técnica para resolverse. Pero esa es una complicación tardía. Al comienzo, en una pequeña horda de seres humanos, era la fuerza muscular la que decidía a quién pertenecía algo o de quién debía hacerse la voluntad. La fuerza muscular se vio pronto aumentada y sustituida por el uso de instrumentos: vence quien tiene las mejores armas o las emplea con más destreza. Al introducirse las armas, ya la superioridad mental empieza a ocupar el lugar de la fuerza muscular bruta; el propósito último de la lucha sigue siendo el mismo: una de las partes, por el daño que reciba o por la paralización de sus fuerzas, será constreñida a deponer su reclamo o su antagonismo. Ello se conseguirá de la manera más radical cuando la violencia elimine duraderamente al contrincante, o sea, cuando lo mate. Esto tiene la doble ventaja de impedir que reinicie otra vez su oposición y de que su destino hará que otros se arredren de seguir su ejemplo. Además, la muerte del enemigo satisface una inclinación pulsional que habremos de mencionar más adelante. Es posible que este propósito de matar se vea contrariado por la consideración de que puede utilizarse al enemigo en servicios provechosos si, amedrentado, se lo deja con vida. Entonces la violencia se contentará con someterlo en vez de matarlo. Es el comienzo del respeto por la vida del enemigo, pero el triunfador tiene que contar en lo sucesivo con el acechante afán de venganza del vencido y así resignar una parte de su propia seguridad.

He ahí, pues, el estado originario, el imperio del poder más grande, de la violencia bruta o apoyada en el intelecto. Sabemos que este régimen se modificó en el curso del desarrollo, cierto camino llevó de la violencia al derecho. ¿Pero cuál camino? Uno solo, yo creo. Pasó a través del hecho de que la mayor fortaleza de uno podía ser compensada por la unión de varios débiles. «L'union fait la force». La violencia es quebrantada por la unión, y ahora el poder de estos unidos constituye el derecho en oposición a la violencia del único. Vemos que el derecho es el poder de una comunidad. Sigue siendo una violencia pronta a dirigirse contra cualquier individuo que le haga frente; trabaja con los mismos medios, persigue los mismos fines; la diferencia sólo reside, real y efectivamente, en que ya no es la violencia de un individuo la que se impone, sino la de la comunidad. Ahora bien, para que se consume ese paso de la violencia al nuevo derecho es preciso que se cumpla una condición psicológica. La unión de los muchos tiene que ser permanente, duradera. Nada se habría conseguido si se formara sólo a fin de combatir a un hiperpoderoso y se dispersara tras su doblegamiento. El próximo que se creyera más potente aspiraría de nuevo a un imperio violento y el juego se repetiría sin término. La comunidad debe ser conservada de manera permanente, debe organizarse, promulgar ordenanzas, prevenir las sublevaciones temidas, estatuir órganos que velen por la observancia de aquellas -de las leyes- y tengan a su cargo la ejecución de los actos de violencia acordes al derecho. En la admisión de tal comunidad de intereses se establecen entre los miembros de un grupo de hombres unidos ciertas ligazones de sentimiento, ciertos sentimientos comunitarios en que estriba su genuina fortaleza.

Opino que con ello ya está dado todo lo esencial: el doblegamiento de la violencia mediante el recurso de trasferir el poder a una unidad mayor que se mantiene cohesionada por ligazones de sentimiento entre sus miembros. Todo lo demás son aplicaciones de detalle y repeticiones. Las circunstancias son simples mientras la comunidad se compone sólo de un número de individuos de igual potencia. Las leyes de esa asociación determinan entonces la medida en que el individuo debe renunciar a la libertad personal de aplicar su fuerza como violencia, a fin de que sea posible una convivencia segura. Pero semejante estado de reposo {Ruhezustand} es concebible sólo en la teoría; en la realidad, la situación se complica por el hecho de que la comunidad incluye desde el comienzo elementos de poder desigual, varones y mujeres, padres e hijos, y pronto, a consecuencia de la guerra y el sometimiento, vencedores y vencidos, que se trasforman en amos y esclavos. Entonces el derecho de la comunidad se convierte en la expresión de las desiguales relaciones de poder que imperan en su seno; las leyes son hechas por los dominadores y para ellos, y son escasos los derechos concedidos a los sometidos. A partir de allí hay en la comunidad dos fuentes de movimiento en el derecho {Rechtsunruhe}, pero también de su desarrollo. En primer lugar, los intentos de ciertos individuos entre los dominadores para elevarse por encima de todas las limitaciones vigentes, vale decir, para retrogradar del imperio del derecho al de la violencia; y en segundo lugar, los continuos empeños de los oprimidos para procurarse más poder y ver reconocidos esos cambios en la ley, vale decir, para avanzar, al contrario, de un derecho desparejo a la igualdad de derecho. Esta última corriente se vuelve particularmente sustantiva cuando en el interior de la comunidad sobrevienen en efecto desplazamientos en las relaciones de poder, como puede suceder a consecuencia de variados factores históricos. El derecho puede entonces adecuarse poco a poco a las nuevas relaciones de poder, o, lo que es más frecuente, si la clase dominante no está dispuesta a dar razón de ese cambio, se llega a la sublevación, la guerra civil, esto es, a una cancelación temporaria del derecho y a nuevas confrontaciones de violencia tras cuyo desenlace se instituye un nuevo orden de derecho. Además, hay otra fuente de cambio del derecho, que sólo se exterioriza de manera pacífica: es la modificación cultural de los miembros de la comunidad; pero pertenece a un contexto que sólo más tarde podrá tomarse en cuenta.

Vemos, pues, que aun dentro de una unidad de derecho no fue posible evitar la tramitación violenta de los conflictos de intereses. Pero las relaciones de dependencia necesaria y de recíproca comunidad que derivan de la convivencia en un mismo territorio propician una terminación rápida de tales luchas, y bajo esas condiciones aumenta de continuo la probabilidad de soluciones pacíficas. Sin embargo, un vistazo a la historia humana nos muestra una serie incesante de conflictos entre un grupo social y otro o varios, entre unidades mayores y menores, municipios, comarcas, linajes, pueblos, reinos, que casi siempre se deciden mediante la confrontación de fuerzas en la guerra. Tales guerras desembocan en el pillaje o en el sometimiento total, la conquista de una de las partes. No es posible formular un juicio unitario sobre esas guerras de conquista. Muchas, como las de los mongoles y turcos, no aportaron sino infortunio; otras, por el contrarío, contribuyeron a la trasmudación de violencia en derecho, pues produjeron unidades mayores dentro de las cuales cesaba la posibilidad de emplear la violencia y un nuevo orden de derecho zanjaba los conflictos. Así, las conquistas romanas trajeron la preciosa pax romana para los pueblos del Mediterráneo. El gusto de los reyes franceses por el engrandecimiento creó una Francia floreciente, pacíficamente unida. Por paradójico que suene, habría que confesar que la guerra no sería un medio inapropiado para establecer la anhelada paz «eterna», ya que es capaz de crear aquellas unidades mayores dentro de las cuales una poderosa violencia central vuelve imposible ulteriores guerras. Empero, no es idónea para ello, pues los resultados de la conquista no suelen ser duraderos; las unidades recién creadas vuelven a disolverse las más de las veces debido a la deficiente cohesión de la parte unida mediante la violencia. Además, la conquista sólo ha podido crear hasta hoy uniones parciales, si bien de mayor extensión, cuyos conflictos suscitaron más que nunca la resolución violenta. Así, la consecuencia de todos esos empeños guerreros sólo ha sido que la humanidad permutara numerosas guerras pequeñas e incesantes por grandes guerras, infrecuentes, pero tanto más devastadoras.

Aplicado esto a nuestro presente, se llega al mismo resultado que usted obtuvo por un camino más corto. Una prevención segura de las guerras sólo es posible si los hombres acuerdan la institución de una violencia central encargada de entender en todos los conflictos de intereses. Evidentemente, se reúnen aquí dos exigencias: que se cree una instancia superior de esa índole y que se le otorgue el poder requerido. De nada valdría una cosa sin la otra. Ahora bien, la Liga de las Naciones se concibe como esa instancia, mas la otra condición no ha sido cumplida; ella no tiene un poder propio y sólo puede recibirlo sí los miembros de la nueva unión, los diferentes Estados, se lo traspasan. Por el momento parece haber pocas perspectivas de que ello ocurra. Pero se miraría incomprensivamente la institución de la Liga de las Naciones si no se supiera que estamos ante un ensayo pocas veces aventurado en la historia de la humanidad -o nunca hecho antes en esa escala-. Es el intento de conquistar la autoridad -es decir, el influjo obligatorio-, que de ordinario descansa en la posesión del poder, mediante la invocación de determinadas actitudes ideales. Hemos averiguado que son dos cosas las que mantienen cohesionada a una comunidad: la compulsión de la violencia y las ligazones de sentimiento -técnicamente se las llama identificaciones- entre sus miembros. Ausente uno de esos factores, es posible que el otro mantenga en pie a la comunidad. Desde luego, aquellas ideas sólo alcanzan predicamento cuando expresan importantes relaciones de comunidad entre los miembros. Cabe preguntar entonces por su fuerza. La historia enseña que de hecho han ejercido su efecto. Por ejemplo, la idea panhelénica, la conciencia de ser mejores que los bárbaros vecinos, que halló expresión tan vigorosa en las anfictionías, los oráculos y las olimpíadas, tuvo fuerza bastante para morigerar las costumbres guerreras entre los griegos, pero evidentemente no fue capaz de prevenir disputas bélicas entre las partículas del pueblo griego y ni siquiera para impedir que una ciudad o una liga de ciudades se aliara con el enemigo persa en detrimento de otra ciudad rival. Tampoco el sentimiento de comunidad en el cristianismo, a pesar de que era bastante poderoso, logró evitar que pequeñas y grandes ciudades cristianas del Renacimiento se procuraran la ayuda del Sultán en sus guerras recíprocas. Y por lo demás, en nuestra época no existe una idea a la que pudiera conferirse semejante autoridad unificadora. Es harto evidente que los ideales nacionales que hoy imperan en los pueblos los esfuerzan a una acción contraria. Ciertas personas predicen que sólo el triunfo universal de la mentalidad bolchevique podrá poner fin a las guerras, pero en todo caso estamos hoy muy lejos de esa meta y quizá se lo conseguiría sólo tras unas espantosas guerras civiles. Parece, pues, que el intento de sustituir un poder objetivo por el poder de las ideas está hoy condenado al fracaso. Se yerra en la cuenta si no se considera que el derecho fue en su origen violencia bruta y todavía no puede prescindir de apoyarse en la violencia.

Ahora puedo pasar a comentar otra de sus tesis. Usted se asombra de que resulte tan fácil entusiasmar a los hombres con la guerra y, conjetura, algo debe de moverlos, una pulsión a odiar y aniquilar, que transija con ese azuzamiento. También en esto debo manifestarle mi total acuerdo. Creemos en la existencia de una pulsión de esa índole y justamente en los últimos años nos hemos empeñado en estudiar sus exteriorizaciones. ¿Me autoriza a exponerle, con este motivo, una parte de la doctrina de las pulsiones a que hemos arribado en el psicoanálisis tras muchos tanteos y vacilaciones?

Suponemos que las pulsiones del ser humano son sólo de dos clases: aquellas que quieren conservar y reunir -las llamamos eróticas, exactamente en el sentido de Eros en El banquete de Platón, o sexuales, con una conciente ampliación del concepto popular de sexualidad-, y otras que quieren destruir y matar; a estas últimas las reunimos bajo el título de pulsión de agresión o de destrucción. Como usted ve, no es sino la trasfiguración teórica de la universalmente conocida oposición entre amor y odio; esta quizá mantenga un nexo primordial con la polaridad entre atracción y repulsión, que desempeña un papel en la disciplina de usted. Ahora permítame que no introduzca demasiado rápido las valoraciones del bien y el mal. Cada una de estas pulsiones es tan indispensable como la otra; de las acciones conjugadas y contrarias de ambas surgen los fenómenos de la vida. Parece que nunca una pulsión perteneciente a una de esas clases puede actuar aislada; siempre está conectada -decimos: aleada- con cierto monto de la otra parte, que modifica su meta o en ciertas circunstancias es condición indispensable para alcanzarla. Así, la pulsión de autoconservación es sin duda de naturaleza erótica, pero justamente ella necesita disponer de la agresión si es que ha de conseguir su propósito. De igual modo, la pulsión de amor dirigida a objetos requiere un complemento de pulsión de apoderamiento si es que ha de tomar su objeto. La dificultad de aislar ambas variedades de pulsión en sus exteriorizaciones es lo que por tanto tiempo nos estorbó el discernirlas.

Si usted quiere dar conmigo otro paso le diré que las acciones humanas permiten entrever aún una complicación de otra índole. Rarísima vez la acción es obra de una única moción pulsional, que ya en sí y por sí debe estar compuesta de Eros y destrucción. En general confluyen para posibilitar la acción varios motivos edificados de esa misma manera. Ya lo sabía uno de sus colegas, un profesor Lichtenberg, quien en tiempos de nuestros clásicos enseñaba física en Gotinga; pero acaso fue más importante como psicólogo que como físico. Inventó la Rosa de los Motivos al decir: «Los móviles {Bewegungsgründe} por los que uno hace algo podrían ordenarse, pues, como los 32 rumbos de la Rosa de los Vientos, y sus nombres, formarse de modo semejante; por ejemplo, “pan-panfama” o “fama-famapan"». Entonces, cuando los hombres son exhortados a la guerra, puede que en ellos responda afirmativamente a ese llamado toda una serie ¿le motivos, nobles y vulgares, unos de los que se habla en voz alta y otros que se callan. No tenemos ocasión de desnudarlos todos. Por cierto que entre ellos se cuenta el placer de agredir y destruir; innumerables crueldades de la historia y de la vida cotidiana confirman su existencia y su intensidad. El entrelazamiento de esas aspiraciones destructivas con otras, eróticas e ideales, facilita desde luego su satisfacción. Muchas veces, cuando nos enteramos de los hechos crueles de la historia, tenemos la impresión de que los motivos ideales sólo sirvieron de pretexto a las apetencias destructivas; y otras veces, por ejemplo ante las crueldades de la Santa Inquisición, nos parece como si los motivos ideales se hubieran esforzado hacía adelante, hasta la conciencia, aportándoles los destructivos un refuerzo inconciente. Ambas cosas son posibles.

Tengo reparos en abusar de su interés, que se dirige a la prevención de las guerras, no a nuestras teorías. Pero querría demorarme todavía un instante en nuestra pulsión de destrucción, en modo alguno apreciada en toda su significatividad. Pues bien; con algún gasto de especulación hemos arribado a la concepción de que ella trabaja dentro de todo ser vivo y se afana en producir su descomposición, en reconducir la vida al estado de la materia inanimada. Merecería con toda seriedad el nombre de una pulsión de muerte, mientras que las pulsiones eróticas representan {repräsentieren} los afanes de la vida. La pulsión de muerte deviene pulsión de destrucción cuando es dirigida hacia afuera, hacia los objetos, con ayuda de órganos particulares. El ser vivo preserva su propia vida destruyendo la ajena, por así decir. Empero, una porción de la pulsión de muerte permanece activa en el interior del ser vivo, y hemos intentado deducir toda una serie de fenómenos normales y patológicos de esta interiorización de la pulsión destructiva. Y hasta hemos cometido la herejía de explicar la génesis de nuestra conciencia moral por esa vuelta de la agresión hacia adentro. Como usted habrá de advertir, en modo alguno será inocuo que ese proceso se consume en escala demasiado grande; ello es directamente nocivo, en tanto que la vuelta de esas fuerzas pulsionales hacia la destrucción en el mundo exterior aligera al ser vivo y no puede menos que ejercer un efecto benéfico sobre él. Sirva esto como disculpa biológica de todas las aspiraciones odiosas y peligrosas contra las que combatimos. Es preciso admitir que están más próximas a la naturaleza que nuestra resistencia a ellas, para la cual debemos hallar todavía una explicación. Acaso tenga usted la impresión de que nuestras teorías constituyen una suerte de mitología, y en tal caso ni siquiera una mitología alegre. Pero, ¿no desemboca toda ciencia natural en una mitología de esta índole? ¿Les va a ustedes de otro modo en la física hoy?

De lo anterior extraemos esta conclusión para nuestros fines inmediatos: no ofrece perspectiva ninguna pretender el desarraigo de las inclinaciones agresivas de los hombres. Dicen que en comarcas dichosas de la Tierra, donde la naturaleza brinda con prodigalidad al hombre todo cuanto le hace falta, existen estirpes cuya vida trascurre en la mansedumbre y desconocen la compulsión y la agresión. Difícil me resulta creerlo, me gustaría averiguar más acerca de esos dichosos. También los bolcheviques esperan hacer desaparecer la agresión entre los hombres asegurándoles la satisfacción de sus necesidades materiales y, en lo demás, estableciendo la igualdad entre los participantes de la comunidad. Yo lo considero una ilusión, Por ahora ponen el máximo cuidado en su armamento, y el odio a los extraños no es el menos intenso de los motivos con que promueven la cohesión de sus seguidores., Es claro que, como usted mismo puntualiza, no se trata de eliminar por completo la inclinación de los hombres a agredir; puede intentarse desviarla lo bastante para que no deba encontrar su expresión en la guerra.

Desde nuestra doctrina mitológica de las pulsiones hallamos fácilmente una fórmula sobre las vías indirectas para combatir la guerra. Si la aquiescencia a la guerra es un desborde de la pulsíón de destrucción, lo natural será apelar a su contraría, el Eros. Todo cuanto establezca ligazones de sentimiento entre los hombres no podrá menos que ejercer un efecto contrario a la guerra. Tales ligazones pueden ser de dos clases. En primer lugar, vínculos como los que se tienen con un objeto de amor, aunque sin metas sexuales. El psicoanálisis no tiene motivo para avergonzarse por hablar aquí de amor, pues la religión dice lo propio: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Ahora bien, es fácil demandarlo, pero difícil cumplirlo (ver nota). La otra clase de ligazón de sentimiento es la que se produce por identificación. Todo lo que establezca sustantivas relaciones de comunidad entre los hombres provocará esos sentimientos comunes, esas identificaciones. Sobre ellas descansa en buena parte el edificio de la sociedad humana.

Una queja de usted sobre el abuso de la autoridad me indica un segundo rumbo para la lucha indirecta contra la inclinación bélica. Es parte de la desigualdad innata y no eliminable entre los seres humanos que se separen en conductores y súbditos. Estos últimos constituyen la inmensa mayoría, necesitan de una autoridad que tome por ellos unas decisiones que las más de las veces acatarán incondicionalmente. En este punto habría que intervenir; debería ponerse mayor cuidado que hasta ahora en la educación de un estamento superior de hombres de pensamiento autónomo, que no puedan ser amedrentados y luchen por la verdad, sobre quienes recaería la conducción de las masas heterónomas. No hace falta demostrar que los abusos de los poderes del Estado {Staatsgewalt} y la prohibición de pensar decretada por la Iglesia no favorecen una generación así. Lo ideal sería, desde luego, una comunidad de hombres que hubieran sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón. Ninguna otra cosa sería capaz de producir una unión más perfecta y resistente entre los hombres, aun renunciando a las ligazones de sentimiento entre ellos (ver nota). Pero con muchísima probabilidad es una esperanza utópica. Las otras vías de estorbo indirecto de la guerra son por cierto más transitables, pero no prometen un éxito rápido. No se piensa de buena gana en molinos de tan lenta molienda que uno podría morirse de hambre antes de recibir la harina.

Como usted ve, no se obtiene gran cosa pidiendo consejo sobre tareas prácticas urgentes al teórico alejado de la vida social. Lo mejor es empeñarse en cada caso por enfrentar el peligro con los medios que se tienen a mano. Sin embargo, me gustaría tratar todavía un problema que usted no planteó en su carta y que me interesa particularmente: ¿Por qué nos sublevamos tanto contra la guerra, usted y yo y tantos otros? ¿Por qué no la admitimos como una de las tantas penosas calamidades de la vida? Es que ella parece acorde a la naturaleza, bien fundada biológicamente y apenas evitable en la práctica. Que no le indigne a usted mi planteo. A los fines de una indagación como esta, acaso sea lícito ponerse la máscara de una superioridad que uno no posee realmente. La respuesta sería: porque todo hombre tiene derecho a su propia vida, porque la guerra aniquila promisorias vidas humanas, pone al individuo en situaciones indignas, lo compele a matar a otros, cosa que él no quiere, destruye preciosos valores materiales, productos del trabajo humano, y tantas cosas más. También, que la guerra en su forma actual ya no da oportunidad ninguna para cumplir el viejo ideal heroico, y que debido al perfeccionamiento de los medios de destrucción una guerra futura significaría el exterminio de uno de los contendientes o de ambos. Todo eso es cierto y parece tan indiscutible que sólo cabe asombrarse de que las guerras no se hayan desestimado ya por un convenio universal entre los hombres. Sin embargo, se puede poner en entredicho algunos de estos puntos. Es discutible que la comunidad no deba tener también un derecho sobre la vida del individuo; no es posible condenar todas las clases de guerra por igual; mientras existan reinos y naciones dispuestos a la aniquilación despiadada de otros, estos tienen que estar armados para la guerra. Pero pasemos con rapidez sobre todo eso, no es la discusión a que usted me ha invitado. Apunto a algo diferente; creo que la principal razón por la cual nos sublevamos contra la guerra es que no podemos hacer otra cosa. Somos pacifistas porque nos vemos precisados a serlo por razones orgánicas. Después nos resultará fácil justificar nuestra actitud mediante argumentos.

Esto no se comprende, claro está, sin explicación. Opino lo siguiente: Desde épocas inmemoriales se desenvuelve en la humanidad el proceso del desarrollo de la cultura. (Sé que otros prefieren llamarla «civilización».) A este proceso debemos lo mejor que hemos llegado a ser y una buena parte de aquello a raíz de lo cual penamos. Sus ocasiones y comienzos son oscuros, su desenlace incierto, algunos de sus caracteres muy visibles. Acaso lleve a la extinción de la especie humana, pues perjudica la función sexual en más de una manera, y ya hoy las razas incultas y los estratos rezagados de la población se multiplican con mayor intensidad que los de elevada cultura. Quizás este proceso sea comparable con la domesticación de ciertas especies animales; es indudable que conlleva alteraciones corporales; pero el desarrollo de la cultura como un proceso orgánico de esa índole no ha pasado a ser todavía una representación familiar (ver nota). Las alteraciones psíquicas sobrevenidas con el proceso cultural son llamativas e indubitables. Consisten en un progresivo desplazamiento de las metas pulsionales y en una limitación de las mociones pulsionales. Sensaciones placenteras para nuestros ancestros se han vuelto para nosotros indiferentes o aun insoportables; el cambio de nuestros reclamos ideales éticos y estéticos reconoce fundamentos orgánicos. Entre los caracteres psicológicos de la cultura, dos parecen los más importantes: el fortalecimiento del intelecto, que empieza a gobernar a la vida pulsional, y la interiorización de la inclinación a agredir, con todas sus consecuencias ventajosas y peligrosas. Ahora bien, la guerra contradice de la manera más flagrante las actitudes psíquicas que nos impone el proceso cultural, y por eso nos vemos precisados a sublevarnos contra ella, lisa y llanamente no la soportamos más. La nuestra no es una mera repulsa intelectual y afectiva: es en nosotros, los pacifistas, una intolerancia constitucional, una idiosincrasia extrema, por así decir. Y hasta parece que los desmedros estéticos de la guerra no cuentan mucho menos para nuestra repulsa que sus crueldades.

¿Cuánto tiempo tendremos que esperar hasta que los otros también se vuelvan pacifistas? No es posible decirlo, pero acaso no sea una esperanza utópica que el influjo de esos dos factores, el de la actitud cultural y el de la justificada angustia ante los efectos de una guerra futura, haya de poner fin a las guerras en una época no lejana. Por qué caminos o rodeos, eso no podemos colegirlo. Entretanto tenemos derecho a decirnos: todo lo que promueva el desarrollo de la cultura trabaja también contra la guerra.

Saludo a usted cordialmente, y le pido me disculpe si mi exposición lo ha desilusionado.

Sigmund Freud

Spanish Vocabulary - La política

This is a list of some very useful political-minded vocabulary.

Note: I’ll do my best to make this “universal” politics, but it may be very U.S.-based.

Also Note: many of these words can be lower case like la ley means “law” but la Ley with capital (mayúscula) refers to “Law: the institution or concept of laws”. Similarly, el rey can mean “a king”, but el Rey refers to “the King” as in a specific person’s title, rather than a noun.

  • la política = politics OR policy [Note: a “policy” that’s insurance or a document is la póliza]
  • el partido = political party
  • el presidente / la presidente (or la presidenta) = president
  • el rey, el Rey = king, King
  • la reina, la Reina = queen, Queen
  • el ministro, los ministros = ministers
  • el primer ministro, El Primer Ministro = prime minister / Prime Minister
  • el ministerio = ministry
  • la realeza = royalty
  • la nobleza = nobility
  • el noble, la noble, los nobles = nobleman, noblewoman, nobles
  • la aristocracía = aristocracy
  • la oligarquía = oligarchy
  • la plebe = the masses [can be derogatory]
  • el vulgo = the masses [can be very derogatory]
  • la clase alta = the upper class
  • la clase media = the middle class [which has a stronger and somewhat more negative connotation in Europe than in the U.S.]
  • la clase baja = the lower class
  • la clase media-alta = upper-middle class
  • la clase media-baja = lower-middle class
  • la clase obrera = the working class
  • el público, el Público = the public, the Public / the People
  • el votante, la votante, los votantes = voter, voters / constituent, constituents
  • el elector, la electora, los electores = voter, voters / constituent, constituents
  • la monarquía = monarchy
  • la democracia = democracy
  • democrático/a = democratic
  • la república = republic
  • la constitución = constitution
  • la monarquía constitucional = constitutional monarchy
  • la república democrática = democratic republic

  • el reino = kingdom / realm
  • la nación, las naciones = nation, nations
  • la organización = organization
  • el mundo = world
  • mundial = worldwide
  • la ONU [la Organización de Naciones Unidas] = The UN [United Nations]
  • la OTAN [la Organización del Tratado del Atlántico Norte] = NATO [North Atlantic Trade Organization]
  • el territorio = territory
  • la unión = union
  • la reunión = meeting / union
  • la relación, las relaciones = relation, relationship
  • la diplomacia = diplomacy (or “tact”)
  • diplomático/a = diplomatic (or “tactful”)
  • el diplomático, la diplomática = diplomat
  • el departamento = department
  • el estado, el Estado = a state (like the U.S.) / a state or condition, the State
  • el secretario, la secretaria = secretary
  • Secretario/a de Estado = Secretary of State
  • la defensa, la Defensa = defense, Defense
  • Ministro/a de Defensa = Minister of Defense
  • la salud, la Salud = health, Health
  • la transportación, la Transportación = transportation, Transportation
  • la guerra, la Guerra = war, War
  • el trabajo, el Trabajo = work, Labor
  • la educación, la Educación = education (or “manners”), Education
  • el comercio, el Comercio = trade / commerce, Trade / Commerce
  • la policía = the police force
  • el policía, la policía, los policía / el poli, la poli, los polis = policeman, policewoman, police / the cops
  • la guardia = the guard (a defense force; the National Guard)
  • la Guardia Nacional = National Guard
  • el ejército = the army
  • la marina = the navy
  • la fuerza aérea = the air force
  • el guardacostas, la guardacostas, los guardacostas = Coast Guard
  • el / la soldado, los soldados = soldiers

  • la regla, las reglas = rule, the rules
  • la ley, las leyes = law, laws
  • La Ley = The Law
  • el derecho, los derechos = rights / laws
  • el Derecho = The Law
  • la libertad, la Libertad = freedom, Liberty
  • la justicia, la Justicia = justice, Justice
  • la corte = court
  • la Corte Suprema = The Supreme Court
  • el juez, la juez = judge
  • Los Jueces de la Corte Suprema = The Supreme Court Judges
  • la cámara = chamber [or “camera”; but this is politics talk]
  • bicameral = two-chamber (referring to the House and Senate)
  • la Cámara de Representantes = The House of Representatives
  • el / la representante = representative
  • el Senado = the Senate
  • el senador, la senadora = senator
  • el colegio electoral = electoral college
  • el / la colega = colleague
  • el congreso, el Congreso = congress, Congress
  • la asamblea = assembly
  • el grupo = group
  • la compañía = company
  • la fábrica = factory
  • el impuesto, los impuestos = tax, taxes
  • el gobernador, la gobernadora = governor
  • la Carta de Derechos Humanos = Bill of Rights [lit. “the bill of human rights”]
  • el proyecto de ley = a bill [lit. “a law-project”]
  • la propuesta de ley = a bill [lit. “a law-proposition”]
  • el poder ejectuvio, el Poder Ejecutivo = executive power, the Executive Branch
  • el poder legislativo, el Poder Legislativo = legislative power, the Legislative Branch
  • el poder judicial, el Poder Judicial = judging power, the Judicial Branch

  • el socio, la socia = partner, business partner, associate
  • el decano, la decana = chairperson, senior member (in school terms this is a “dean”)
  • el / la altavoz = a loudspeaker / a speaker (for someone), figurehead, someone who speaks in favor of something
  • el Presidente / la Presidente (or Presidenta) de la Cámara = the Speaker of the House of Commons [UK; presidente here means “the one who presides over things”]
  • el Presidente / la Presidente (or Presidenta) de la Cámara de Representantes = the Speaker of the House of Representatives
  • la figura insigne = the leading figure, the driving force (of something)
  • el testaferro = a front man, a figurehead with no real power 
  • el hombre de paja, la mujer de paja = a front man/woman, a figurehead with no real power [lit. “man / woman of straw”]
  • liberal = liberal
  • conservador(a) = conservative
  • el liberal, la liberal, los Liberales = liberal, Liberals
  • el conservador, la conservadora, los Conservadores = conservative, Conservatives
  • el / la vocal = person on a committee
  • el candidato, la candidata = candidate

  • el caucus = caucus
  • la designación del candidato = caucus [lit. “designation of the candidate”; or if applicalbe la candidata]
  • la reunión electoral = caucs [lit. “meeting for voting”]
  • el referéndum, el referendo = referendum
  • la consulta popular = a public referendum / public vote
  • el comité, la comisión = a committee
  • la campaña = campaign
  • la campaña de desprestigio = a smear campaign [lit. “a campaign of discredit / slander”]
  • la calumnia = slander
  • la difamación = defamation
  • el lema = slogan
  • la estrategia = strategy
  • la táctica, las tácticas = tactic, tactics
  • el escándalo = scandal
  • el delito = crime
  • el castigo = punishment
  • la prensa, la Prensa = press, the Press
  • las noticias = the news
  • la votación = a poll
  • la encuesta = survey
  • la encuesta de opinión = opinion poll
  • la independencia = independence
  • la carisma = charisma
  • carismático/a = charismatic
  • la amistad = friendship
  • amistoso/a = friendly
  • amable = kind
  • simpático/a = kind, sympathetic
  • antipático/a = mean
  • cruel = cruel
  • desagradable = unpleasant
  • grosero/a = rude
  • los modales = manners
  • tener una buena educación = to have good manners
  • ser cortés / cortesa = to be polite
  • exigente = demanding
  • afortunado/a = fortunate
  • tener suerte = to be lucky
  • desafortunado/a = unfortunate
  • fuerte = strong
  • débil = weak
  • cándido/a = candid
  • brusco/a = blunt, brusque
  • brillante = brilliant
  • inteligente = intelligent
  • tonto/a = foolish
  • tontito/a = silly
  • exitoso/a = successful
  • conmovedor(a) = inspiring, moving
  • emocionante = thrilling, exciting / touching, sentimental
  • la paz = peace
  • el libre albedrío = free will

  • jurar = to swear (an oath)
  • votar por (alguien / algo) = to vote for or in favor of (someone or something)
  • arreglar = to fix
  • reparar = to fix / to repair
  • competir = to compete
  • amañar = to rig a competition / to tamper with
  • dedicarse a = to dedicate one’s life to
  • sobrevivr = to survive
  • vivir = to live
  • preocuparse (por) = to worry (about)
  • ocupar = to occupy, to spend, to take up (space)
  • poveer = to provide, to supply
  • surtir = to provide, to supply
  • trabajar = to work
  • almacenar = to stockpile
  • satisfacer = to satisfy
  • bastar = to be enough, to be sufficient
  • hacer falta = to be lacking, to not be enough
  • enmendar = mend / to amend
  • enmendarse = to change one’s ways (for the better)
  • estar listo/a = to be ready
  • ser listo/a = to be smart
  • darse prisa = to hurry
  • dar por sentado / dar por hecho = to take for granted
  • darse las manos = to shake hands
  • estrecharse las mnos = to shake hands
  • prestar (la) atención = to pay attention
  • tener sentido = to make sense
  • tener éxito = to be successful
  • tener paciencia = to be patient
  • tener la palabra = to have the floor / to be in a position to speak [lit. “to have the word”]
  • tener la última palabra = to have the last word
  • tomar (una) decisión = to make a choice
  • elegir = to choose / to elect  [note: elegir turns to elijo in present yo; and in subjunctive it's elija, elijas, elijan etc.]
  • escoger = to choose / to elect [note: escoger turns to escojo in present yo; and in subjunctive it's escoja, escojas, escojan etc.]
  • proteger = to protect [note: proteger turns to protejo in present yo; and in subjunctive it's proteja, protejas, protejan etc.]
  • proteger a (alguien) = to protect (someone)
  • defender = to defend
  • ahorrar = to save (money, resources), to save up
  • ahorrarse = to spare oneself [the trouble of…]
  • gastar = to spend
  • malgastar = to waste
  • manejar = to manage / to manipulate / (to drive a car)
  • manipular = to manipulate
  • fraguar, forjar = to forge
  • urdir = to plot / (to weave)
  • tramar = to plot / (to weave)
  • urdir y tramar = to plot and scheme
  • mantenerse firme = to stand firm
  • arriesgar = to risk
  • arriesgarse = to put oneself at risk
  • estar en juego = to be at stake
  • guardar = to keep, to maintain
  • guardar esperanza = to not lose hope
  • guardar las espaldas = to watch one’s back
  • guardar un secreto = to keep a secret
  • guardar / salvar las apariencias = to keep up appearances / to save face
  • guardar la ley = to follow the rules / to comply with the law
  • guardarse = to watch out for, to protect oneself
  • salvar = to save
  • usar = to use
  • utilizar = to utilize
  • hacer = to make
  • tener = to have
  • dar = to give
  • decir = to sa
  • venir = to come
  • traer = to bring
  • hablar = to speak
  • contar = to tell a story / to count
  • contar con (alguien / algo) = to count on (someone / something)
  • recurrir = to turn to / to make use of 
  • ningunear = to blow someone off, to give someone the cold shoulder, to treat someone like they’re nothing
  • sonreír = to smile
  • saludar = to wave / to say hello
  • besar = to kiss
  • abrazar = to hug / to embrace
  • abrazarse = when two or more people embrace or hug each other
  • ganar = to win
  • perder = to lose
  • sondear = to gauge / to survey (public opinion etc.)
  • oponerse = to stand against something
  • equivocarse = to be wrong
  • someter = to subdue
  • superar = to overcome
  • sobresalir = to stand out
  • evitar = to avoid
  • establecer = to establish
  • solicitar = to apply for
  • construir = to build
  • destruir = to destroy
  • contribuir = to contribute
  • apoyar = to lend support
  • ayudar (a) = to help
  • abogar = to advocate
  • mejorar = to improve, to get better
  • empeorar = to worsen, to get worse
  • ejercer poder = to exercise power
  • dudar = to doubt
  • creer = to believe
  • confiar = to trust
  • decepcionar = to disappoint
  • ilusionar = to inspire
  • esperar = to hope / to expect / to wait
  • buscar = to look for
  • mandar = to send / to order
  • dirigir = to direct
  • guiar = to guide
  • comportarse = to behave oneself
  • luchar = to fight
  • discutir = to discuss / to argue
  • causar respeto = to command respect
  • imponer = to impose / to place upon
  • imponerse = to win out, to prevail
  • prometer = to promise
  • obrar = to perform / to work
  • manos a la obra = “Let’s get to work!” [lit. “hands to the work”]
  • ¡Sí se puede! = “Yes we can!” [lit. “Yes, it can be (done)”]
  • valer la pena = to be worth the trouble / to be worth it
7

La Ciudad Nocturna del Centenario

Durante el mes de Setiembre de 1910 y especialmente durante las noches del 15 y el 16 de Setiembre (durante las que se celebraron respectivamente el cumpleaños de Porfirio Díaz y la ceremonia del Grito de Dolores), la ciudad de México fue el escenario de una serie de rituales políticos a los que asistieron no solamente delegados de distintas partes del país sino también delegaciones diplomáticas internacionales de muchos otros países. Entre dichos rituales destacan la dedicación de obras que no se terminarían como el Palacio Legislativo (convertido décadas después en el Monumento a la Revolución) y de otras que sí se terminarían como el Angel de la Independencia, además de una serie de desfiles por las avenidas más importantes de la ciudad y visitas a algunas de las obras de infraestructura que el estado había implementado recientemente. Durante las noches de dicho mes la ciudad fue escenario de un espectáculo distinto al verse iluminados, a veces mediante arreglos ornamentales bastante complejos, no solamente monumentos como la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional, sino también edificios de compañías particulares y residencias privadas que se integraban de esta manera a la escenografía nocturna del régimen. La noche del 16 de Setiembre espectaculares fuegos artificiales iluminaron el lago de Chapultepec, mientras que de acuerdo a cálculos de la época, seguramente exagerados, solamente para iluminar la superficie de la Catedral se utilizaron aproximadamente cien mil luces individuales. Esta ciudad etérea quizás se aproximaba más a lo que el historiador Mauricio Tenorio ha llamado la ciudad ideal, moderna, electrificada y bajo el rígido control de las fuerzas del orden estatal imaginada por el régimen Porfirista que la ciudad iluminada por la luz del día, donde eran más visibles las múltiples manifestaciones de lo que dicho régimen entendía como su ‘atraso,’ entre ellas la presencia de migrantes indígenas a la capital, muchos de los cuales vivían en condiciones de pobreza, así como las falencias más que evidentes de su infraestructura urbana. Es así que las fotografías de esta ciudad nocturna llena de siluetas fantasmagóricas nos transportan a un espacio difícil de definir donde se entrecruzan las presencias solamente fragmentarias de algunos de los monumentos más emblemáticos de la capital y los deseos y fantasías de un régimen desde hace mucho difunto y que se encontraba ya, cuando dichas fotografías se tomaron, bastante próximo al comienzo de su final.

Iluminados de arriba hacia abajo: La Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, el edificio de la Cervecería Cuauhtémoc, el de la compañía Luz y Fuerza, una residencia particular y un arco triunfal de la Colonia Roma.

Constituições Brasileiras - conheça as 7 que o Brasil já teve

Promulgada no dia 5 de outubro de 1988, durante o governo do então presidente José Sarney, a Constituição em vigor, conhecida por “Constituição Cidadã”, é a sétima adotada no país e tem como um de seus fundamentos dar maior liberdade e direitos ao cidadão - reduzidos durante o regime militar - e manter o Estado como república presidencialista.

As Constituições anteriores são as de 1824, 1891, 1934, 1937, 1946 e 1967.  Das sete Constituições, quatro foram promulgadas por assembleias constituintes, duas foram impostas - uma por D. Pedro I e outra por Getúlio Vargas - e uma aprovada pelo Congresso por exigência do regime militar.

Na história das Constituições brasileiras, há uma alternância entre regimes fechados e mais democráticos, com a respectiva repercussão na aprovação das Cartas, ora impostas, ora aprovadas por assembleias constituintes. Abaixo, um resumo das medidas adotadas pelas Constituições do país: 

1ª - Constituição de 1824 (Brasil Império)

Apoiado pelo Partido Português, constituído por ricos comerciantes portugueses e altos funcionários públicos, D. Pedro I dissolveu a Assembleia Constituinte em 1823 e impôs seu próprio projeto, que se tornou a primeira Constituição do Brasil. Apesar de aprovada por algumas Câmaras Municipais da confiança de D. Pedro I, essa Carta, datada de 25 de março de 1824 e contendo 179 artigos, é considerada pelos historiadores como uma imposição do imperador.

Entre as principais medidas dessa Constituição, destaca-se o fortalecimento do poder pessoal do imperador, com a criação do Poder Moderador, que estava acima dos Poderes Executivo, Legislativo e Judiciário. As províncias passam a ser governadas por presidentes nomeados pelo imperador e as eleições são indiretas e censitárias. O direito ao voto era concedido somente aos homens livres e proprietários, de acordo com seu nível de renda, fixado na quantia líquida anual de cem mil réis por bens de raiz, indústria, comércio ou empregos. Para ser eleito, o cidadão também tinha que comprovar renda mínima proporcional ao cargo pretendido.

Essa foi a Constituição com duração mais longa na história do país, num total de 65 anos. 

2ª - Constituição de 1891 (Brasil República)

Após a proclamação da República, em 15 de novembro de 1889, houve mudanças significativas no sistema político e econômico do país, com a abolição do trabalho escravo, a ampliação da indústria, o deslocamento de pessoas do meio rural para centros urbanos e também o surgimento da inflação. Outra mudança foi o abandono do modelo do parlamentarismo franco-britânico, em proveito do presidencialismo norte-americano. 

O marechal Deodoro da Fonseca, proclamador da República e chefe do governo provisório, e Rui Barbosa, seu vice, nomearam uma comissão de cinco pessoas para apresentar um projeto a ser examinado pela futura Assembleia Constituinte. O projeto escolhido vigorou como Constituição Provisória da República até as conclusões da Constituinte. 

As principais inovações dessa nova Constituição, datada de 24 de fevereiro de 1891, são: instituição da forma federativa de Estado e da forma republicana de governo; estabelecimento da independência dos Poderes Executivo, Legislativo e Judiciário; criação do sufrágio com menos restrições, impedindo ainda o voto aos mendigos e analfabetos; separação entre a Igreja e o Estado, não sendo mais assegurado à religião católica o status de religião oficial; e instituição do habeas corpus (garantia concedida sempre que alguém estiver sofrendo ou ameaçado de sofrer violência ou coação em seu direito de locomoção – ir, vir, permanecer –, por ilegalidade ou abuso de poder).

3ª - Constituição de 1934 (Segunda República)

Presidido por Getúlio Vargas, o país realiza nova Assembleia Constituinte, instalada em novembro de 1933.

A Constituição, de 16 de julho de 1934, traz a marca getulista das diretrizes sociais e adota as seguintes medidas: maior poder ao governo federal; voto obrigatório e secreto a partir dos 18 anos, com direito de voto às mulheres, mas mantendo proibição do voto aos mendigos e analfabetos; criação da Justiça Eleitoral e da Justiça do Trabalho; criação de leis trabalhistas, instituindo jornada de trabalho de oito horas diárias, repouso semanal e férias remuneradas; mandado de segurança e ação popular.

Essa Constituição sofreu três emendas em dezembro de 1935, destinadas a reforçar a segurança do Estado e as atribuições do Poder Executivo, para coibir, segundo o texto, “movimento subversivo das instituições políticas e sociais”. Foi a Constituição que vigorou por menos tempo no Brasil: apenas três anos.

4ª - Constituição de 1937

Em 10 de novembro de 1937, Getúlio Vargas deu um golpe de Estado e assumiu poderes ditatoriais. Ele revogou a Constituição de 1934, dissolveu o Congresso e outorgou ao país, sem qualquer consulta prévia, a Carta Constitucional do Estado Novo, de inspiração fascista, com a supressão dos partidos políticos e concentração de poder nas mãos do chefe supremo do Executivo. Essa Carta é datada de 10 de novembro de 1937.

Entre as principais medidas adotadas, destacam-se: instituição da pena de morte; supressão da liberdade partidária e da liberdade de imprensa; anulação da independência dos Poderes Legislativo e Judiciário; restrição das prerrogativas do Congresso Nacional; permissão para suspensão da imunidade parlamentar; prisão e exílio de opositores do governo; e eleição indireta para presidente da República, com mandato de seis anos.

Com a derrota da Alemanha na Segunda Guerra Mundial, as ditaduras direitistas internacionais entraram em crise e o Brasil sofreu as consequências da derrocada do nazifascismo. Getúlio Vargas tentou, em vão, permanecer no poder, mas a grande reação popular, com apoio das Forças Armadas, resultou na entrega do poder ao então presidente do Supremo Tribunal Federal (STF), José Linhares, após a deposição de Vargas, ocorrida em 29 de outubro de 1945. 

O novo presidente constituiu outro ministério e revogou o artigo 167 da Constituição, que adotava o estado de emergência, acabando também com o Tribunal de Segurança Constitucional. Ao fim de 1945, as eleições realizadas para a Presidência da República deram vitória ao general Eurico Gaspar Dutra, empossado em 31 de outubro de 1946, que governou o país por decretos-lei, enquanto preparava-se uma nova Constituição. 

5ª - Constituição de 1946

 Essa Constituição, datada de 18 de setembro de 1946, retomou a linha democrática de 1934 e foi promulgada de forma legal, após as deliberações do Congresso recém-eleito, que assumiu as tarefas de Assembleia Nacional Constituinte.

Entre as medidas adotadas, estão o restabelecimento dos direitos individuais, o fim da censura e da pena de morte. A Carta também devolveu a independência ao Executivo, Legislativo e Judiciário e restabeleceu o equilíbrio entre esses poderes, além de dar autonomia a estados e municípios. Outra medida foi a instituição de eleição direta para presidente da República, com mandato de cinco anos. 

As demais normas estabelecidas por essa Constituição foram: incorporação da Justiça do Trabalho e do Tribunal Federal de Recursos ao Poder Judiciário; pluralidade partidária; direito de greve e livre associação sindical; e condicionamento do uso da propriedade ao bem-estar social, possibilitando a desapropriação por interesse social.

Destaca-se, entre as emendas promulgadas à Carta de 1946, o chamado ato adicional, de 2 de setembro de 1961, que instituiu o regime parlamentarista. Essa emenda foi motivada pela crise político-militar após a renúncia de Jânio Quadros, então presidente do país. Como essa emenda previa consulta popular posterior, por meio de plebiscito, realizado em janeiro de 1963, o país retomou o regime presidencialista, escolhido pela população, restaurando, portanto, os poderes tradicionais conferidos ao presidente da República.

Em 1964, o golpe militar derrubou João Goulart e conduziu o país a uma nova ditadura.

6ª - Constituição de 1967

O contexto predominante nessa época era o autoritarismo e a política da chamada segurança nacional, que visava combater inimigos internos ao regime, rotulados de subversivos. Instalado em 1964, o regime militar conservou o Congresso Nacional, mas dominava e controlava o Legislativo. Dessa forma, o Executivo encaminhou ao Congresso uma proposta de Constituição que foi aprovada pelos parlamentares e promulgada no dia 24 de janeiro de 1967. 

Mais sintética do que sua antecessora, essa Constituição manteve a Federação, com expansão da União, e adotou a eleição indireta para presidente da República, por meio de Colégio Eleitoral formado pelos integrantes do Congresso e delegados indicados pelas Assembleias Legislativas. O Judiciário também sofreu mudanças, e foram suspensas as garantias dos magistrados.

Essa Constituição foi emendada por sucessiva expedição de Atos Institucionais (AIs), que serviram de mecanismos de legitimação e legalização das ações políticas dos militares, dando a eles poderes extra-constitucionais. De 1964 a 1969, foram decretados 17 atos institucionais, regulamentados por 104 atos complementares. 

Um desses atos, o AI-5, de 13 de dezembro de 1968, foi um instrumento que deu ao regime poderes absolutos e cuja primeira consequência foi o fechamento do Congresso Nacional por quase um ano e o recesso dos mandatos de senadores, deputados e vereadores, que passaram a receber somente a parte fixa de seus subsídios.  Entre outras medidas do AI-5, destacam-se: suspensão de qualquer reunião de cunho político; censura aos meios de comunicação, estendendo-se à música, ao teatro e ao cinema; suspensão do habeas corpus para os chamados crimes políticos; decretação do estado de sítio pelo presidente da República em qualquer dos casos previstos na Constituição; e autorização para intervenção em estados e municípios. O AI-5 foi revogado em 1978.

7ª - Constituição de 1988 (Constituição Cidadã)

Em 27 de novembro de 1985, foi convocada a Assembleia Nacional Constituinte com a finalidade de elaborar novo texto constitucional para expressar a realidade social pela qual passava o país, que vivia um processo de redemocratização após o término do regime militar.

Datada de 5 de outubro de 1988, a Constituição inaugurou um novo arcabouço jurídico-institucional no país, com ampliação das liberdades civis e os direitos e garantias individuais. A nova Carta consagrou cláusulas transformadoras com o objetivo de alterar relações econômicas, políticas e sociais, concedendo direito de voto aos analfabetos e aos jovens de 16 a 17 anos. Estabeleceu também novos direitos trabalhistas, como redução da jornada semanal de 48 para 44 horas, seguro-desemprego e férias remuneradas acrescidas de um terço do salário.

Outras medidas adotadas Constituição de 88 foram: instituição de eleições majoritárias em dois turnos; direito à greve e liberdade sindical; aumento da licença-maternidade de três para quatro meses; licença-paternidade de cinco dias; criação do Superior Tribunal de Justiça (STJ) em substituição ao Tribunal Federal de Recursos; criação dos mandados de injunção, de segurança coletivo e restabelecimento do habeas corpus. Foi também criado o habeas data (instrumento que garante o direito de informações relativas à pessoa do interessado, mantidas em registros de entidades governamentais ou banco de dados particulares que tenham caráter público).

Destacam-se ainda as seguintes mudanças; reforma no sistema tributário e na repartição das receitas tributárias federais, com propósito de fortalecer estados e municípios; reformas na ordem econômica e social, com instituição de política agrícola e fundiária e regras para o sistema financeiro nacional; leis de proteção ao meio ambiente; fim da censura em rádios, TVs, teatros, jornais e demais meios de comunicação; e alterações na legislação sobre seguridade e assistência social.

Até agora, a Constituição de 1988 já recebeu 91 emendas*.

Texto: Helena Daltro Pontual / Agência Senado

Foto: Pedro França / Agência Senado

*Atualizado em 10/03/2016

“En la actualidad el triángulo representa las tres ramas del Gobierno: ejecutivo, legislativo y judicial. Las tres franjas rojas simbolizan la sangre que da vida a estos poderes. Las leyes, los gobernantes y los tribunales, hasta este momento, no han servido a los intereses del pueblo. Reemplazar con color negro (que es la ausencia de luz) crea nuevas lecturas. La nuestra es una propuesta de resistencia, no es pesimista, al contrario, habla sobre la muerte de estos poderes tal cual los conocemos, pero la esperanza sigue ahí representada en las franjas blancas que simbolizan la libertad del individuo y su capacidad para reclamar y hacer valer sus derechos”

-Artistas Solidarixs y en Resistencia

El llanto de un Mexicano

Hijo de tigre……pintito. El niño a quien hace unos años vimos llorando el asesinato de su padre, ahora se manifiesta con la misma seriedad, compromiso, humanidad y calidad política. Los invito a leer el siguiente artículo:

Me preocupa. Me preocupa que veo a un país olvidado por sus líderes, quienes se concentran en sacar adelante sus carreras y a sus partidos antes que a su gente.

Me preocupa ver un abismo de desigualdad y diferencia, permeado todo por la infame indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de honrar la confianza de su gente.

Me preocupa ver que en el Congreso imperan el caos y la desunión, que los ‘triunfos’ de mis diputados sean ver quién difama más al otro o quién silencia con más fuerza. Que exista un aura de trabajos inconclusos y que los pocos que se dedican al trabajo son sopesados por quienes se dedican al ultraje. Me preocupa ver más respeto en las tribunas de un clásico de futbol mexicano que en los escaños y curules legislativos (¿qué se puede esperar de la raza?)

Funcionarios públicos ausentes o sumisos (NISI) (Ni trabajan, pero SI cobran) y fuerzas policiales abandonadas o corrompidas es el maltrato que nos dejan nuestros gobernantes. Benditas aspiraciones de nuestros jóvenes con tanta materia prima corroída. No es sorpresa que ‘ni estudien, ni trabajen’ si el sistema educativo es cada vez menos adecuado y continúa decayendo gracias a quienes se supone deberían levantarlo. El empleo y las oportunidades son virtualmente inexistentes y nuestra economía es tratada con la lujuria de unos cuantos.

Me preocupa mi tierra, sangrando a borbollones, con sangre nacional y extranjera, de quienes depositaron su confianza en unos cuantos. Me preocupa que ‘esos cuantos’ tampoco sean eficaces porque ‘algunos muchos’ se empeñan en que fallen con tal de alzarse el cuello y alardear un ‘se los dije’.

La desigualdad de ideas nunca ha sido crimen, pero el callarlas y asesinarlas es nuestro nuevo movimiento nacional.

Miles de millones de pesos, de nuestro dinero, de nuestros impuestos, se reparten a ‘unos cuantos’ para hacer bien ‘muchos nadas’, mientras tanto, nuestros niños tienen hambre, tienen sed y tienen miedo. Miedo, no de una inseguridad que crece sin medida, sino de lo que seguramente terminarán siendo: seres olvidados y marginados por su patria y a quienes luego se les reclame de ‘holgazanes’. Se les castigará por ineficientes y por no saber aprovechar las infinitas oportunidades inexistentes que tuvieron. Nuestros niños, ¿pero qué demonios les hicimos?

Me preocupan todos y cada uno de los miembros de mi familia, más de 112 millones de ellos, que miran al futuro sin un rumbo certero, ese rumbo que nuestros predecesores se negaron rotundamente a asegurar y que ahora miran con desconcierto alegando que ‘no es su culpa’. Y la pelea continúa; y las divisiones incrementan; y las diferencias se exaltan; y nuestros niños, mientras tanto, sufren.

¿Pero qué te pasa, México? ¿En qué momento se volvió rutina suicidarte?

Me preocupa mi gente, que prefiere esconderse frente a una pantalla de televisión que detrás de un libro, o mejor aún, de un oficio. Me preocupa que la política de desarrollo colectivo nacional en estos momentos pareciera que se llama ‘resignación’, pareciera que se llama ‘derrota’ (dificil pelear contra las diversas mafias que se apoderan de los puestos publicos para saquear el pais).

Me niego rotunda y enfáticamente a quedarme dormido, a darme por vencido. Así me tachen de por vida de demente o inadaptado. Qué ilusos somos todos al pensar que México necesita héroes, si lo único que le hace falta es la atención de sus ciudadanos, o mejor quizá, unos cuantos más de estos.

Este es el movimiento de la tercera insurrección mexicana, cuyo campo de batalla se libra en nuestros propios corazones, donde las únicas armas que encontremos y utilicemos deberán ser la paz, el trabajo y la Patria: suficientes muertes ha soportado lo sagrado de este suelo, y la tierra que se tiñe de rojo con la sangre de mi sangre es testigo de mi entrega. La batalla se gana en el corazón de nuestra gente, al denunciar nuestras propias faltas al país… y a nuestra estampa.

-Luis Donaldo Colosio Riojas (Originalmente publicado en Junio 2012)

Analisti politici provetti

Come fate a dire che dal risultato del Referendum il Paese è spaccato? Il 60% contro il 40% la spaccatura ce l'avete nel cervello! 19 milioni contro 13 a casa mia si chiama schiacciante maggioranza. 

Altra cosa: se vi pongono una domanda con risposta Sì o No, è ovvio parlare di polarizzazione del risultato. Se le risposte fossero state Sì, No, Forse, Tu sorella, magari avremmo avuto una nazione quadripolarizzata.

I governi dal 1946 ad oggi sono stati blablabla, ma dal 1994 ad oggi sono stati 10 in 22 anni, ovvero uno ogni 2,2 anni di cui 3 Berlusconi (‘94, 2001, 2008) e 2 Prodi ('96 e 2006). Le maggioranze sono state invece 6. Una ogni 3,6 anni ('94, '96, 2001, 2006, 2008, 2013). Tali governi hanno prodotto un cambiamento del sistema economico - politico - sociale - legislativo senza precedenti in nessun altro Paese al Mondo!

riforma Dini delle pesioni (1995)
riforma Treu del lavoro ('97)
riforma Berlinguer dell'Università ('98)
elezione diretta Presidente Regione ('99)
riforma Moratti della scuola (2001)
legge Biagi sul lavoro (2003)
riforma Maroni delle pensioni (2005)
riforma Calderoli sistema elettorale (2005)
Prodi pensioni (2007)
scuola Gelmini (2008)
pensioni ancora con Fornero (2011)
lavoro (2012)
Jobs act (2014)
legge elettorale (2014)
poi le Turco-Napolitano e Bossi-Fini sull'immigrazione, Giovanardi sulle droghe leggere, le leggi contro inseminazione artificiale, l'ultima sulle unioni civili, i vari Lodo Alfano, lodo Schifani ecc., depenalizzazioni falso in bilancio, sblocca lavori, finanziarie varie, correzioni e via discorrendo. Dove lo vedete il Parlamento con le mani legate incapace di legiferare? 

Lo sbarramento al 5% ha poi prodotto Parlamenti con 5 partiti massimo, il sogno degli italiani dagli anni '80, senza il ricatto dei partitini. Avete lo stesso numero di partiti, in Parlamento, che in Germania e senza più frange radicali di sinistra e/o destra, al contrario della Germania che vanta Afd e Linke. Nonchè niente più scelta del candidato e tutti fedeli al partito. Che cazzo volete di più? 

Lo step successivo è la Corea del Nord o Cuba di Fidel Castro. Famo il partito unico al governo per 50 anni? Va benissimo, ma poi non rompetemi i coglioni con la democrazia dell'alternanza. Ce l'avete, come nelle grandi democrazie tipo Gran Bretagna (ahahahahah) e Stati Uniti (AHAHAHAHAHAHAHAH).

Ok, vado a prendere un caffè che poi a me che mi frega, son cazzi vostri. Alle prossime elezioni vi voto M5S, come vi ho votato prima Berlusconi e Monti. L'unico modo per salvare l'Italia è distruggerla per poi ricostruirla da capo.

“Charlatanes, mi gente en el 2012, no voten” Tales dietas -de entre $150 y $162-, se conceden a los legisladores por cumplir un horario y constituyen una doble paga a empleados que ya reciben unos $74,000 anuales en salarios por asistir a sus puestos de trabajo -que por trabajar es otra cosa-; privilegios a los que se agregan los pagos adicionales para vehículo, chofer y viajes al exterior

A política fracassou por Rui Fabiano

Em apenas um semestre de governo, já são dois os ministros demitidos por denúncias de corrupção – Antonio Palocci, da Casa Civil, e Alfredo Nascimento, dos Transportes - e muitos os casos análogos levantados.

A presidente, embora externe repúdio àquelas práticas, não é tão convincente na hora de agir.

Atenuou o tom crítico em relação às denúncias no Ministério dos Transportes, entregue à gestão do PR, e o manteve sob o domínio daquela legenda.

É refém de seus aliados, mesmo sabendo que muitos não resistiriam a um inquérito preliminar numa delegacia da esquina. No entanto, depende deles.

Para além das responsabilidades específicas do governo do PT, um fato é inquestionável: o sistema político decorrente da Constituição de 1988 fracassou. E o país colhe os frutos desse fracasso.

O presidencialismo de coalizão, além de todas as barbáries que favorece na gestão pública, é disfuncional.

As maiorias se estabelecem por processos nada transparentes (ainda que seus efeitos o sejam) e, mesmo assim, não oferecem qualquer segurança ao governante.

Nada garante ao governo fidelidade, já que um episódio como o do Ministério dos Transportes, em que um dos parceiros, ainda que tenha fornecido todos os motivos, foi contrariado, pode entornar o caldo e ensejar traições. A recomposição é penosa – e cara.

Nada justifica que o novo ministro dos Transportes seja Paulo Sérgio Passos, braço direito do ministro afastado. Saiu o seis e entrou o meia dúzia. Por mais inocente que seja, Passos simboliza a permanência do esquema afastado, o que soa como capitulação às ameaças que os demitidos fizeram questão de transmitir pela mídia.

Não foram poucas, nem subliminares. Em síntese, Dilma, como comandante do PAC no governo anterior, gerenciou o setor até as eleições, conhecendo em detalhes o seu funcionamento.

Há ainda insinuações de que dali proveio, ainda que indiretamente, parte dos recursos de sua candidatura.

Pode-se até cobrar da presidente ações mais firmes, mas está fora de seu alcance – e de quem quer que estivesse em seu lugar – promover uma faxina de fato. O sistema não o permite e levaria o governante a uma situação inadministrável.

Tudo passa pelo Congresso e, sem maioria, não há como despachar uma simples autorização de viagem ao exterior.

O que fazer? As opiniões são muitas, como se deduz das múltiplas propostas de reforma política em tramitação há anos. O diagnóstico, porém, é um só: o sistema que aí está não funciona porque é um híbrido improvisado.

Como se sabe, a Constituinte, até uma certa altura de seus trabalhos, fizera a opção pelo sistema parlamentarista de governo.

A adoção das medidas provisórias, por exemplo, é fruto daquela opção, que faz todo sentido no parlamentarismo e nenhum no presidencialismo, que afinal prevaleceu pela interferência do então presidente Sarney, que não queria virar subitamente a rainha da Inglaterra, a que reina, mas não governa.

Esse, porém, é apenas um dos subprodutos. Há outros. Os sistemas partidário e eleitoral falam por si. Há 27 partidos e, à exceção de uns quatro ou cinco, ninguém sabe exatamente o que significam, o que postulam. Sabe-se o que fazem – e o episódio do Ministério dos Transportes não é um fato isolado. É um padrão.

O resultado é o que temos: o Executivo é refém do Legislativo, que, por sua vez, vê suas funções frequentemente usurpadas não apenas por aquele Poder, mas também pelo Judiciário.

Nenhum está em condições morais de se queixar do outro, pois tudo o que cada um diz do outro, nas atuais circunstâncias, faz todo sentido.

Num sistema assim, não há perigo de melhorar.

Ruy Fabiano é jornalista

Extraído do Blog do Noblat 16/07/2011