las palabras son navajas

Me dijo que yo no era única

Me dijo que yo no era única. Lo recuerdo. Me hice la borracha de más, pero lo recuerdo. Estábamos bebiendo vino. Me gusta el vino. Él sabía que me gustaba el vino e intentaba sorprenderme con eso.

—No eres única —dijo.

No dije nada. Por alguna extraña razón, nunca reacciono al momento cuando algo me lastima. Las palabras hirientes son una navaja que me clavan y que se queda ahí. Yo me quedo sangrando sin hacer nada.

Muchos meses más tarde, esa misma persona me dijo que lo que me define para él es que soy diferente a todas las demás: que soy la excepción. Pero él había dicho que yo no era única.

Todo esto no es más que la inhabilidad natural de una persona para expresarse, lo sé. Pero es también el gran peso que yo misma le pongo a las palabras. Porque a veces no son más que naves de papel que no van a ninguna parte.