lagos de patagonia

Chilean Flamingos in Baño Nuevo, Aysén, Chile // Flamencos Chilenos en Baño Nuevo, Aysén, Chile

10

XI Región de Aysén - Chile

  1. Golfo de Corcovado
  2. Península del Taitao
  3. Archipiélago de los Chonos
  4. Archipiélago de las Guaitecas
  5. Istmo de Ofqui
  6. Golfo de Penas
  7. Bahía Tarn
  8. Archipiélago Wellington
  9. Cordillera Sarmiento
  10. R.N. Katalalixar
La insólita misión para cazar al 'monstruo' de un lago en el sur argentino

En 1922, el país estaba revolucionado con la noticia de la aparición de un plesiosaurio. La criatura se hizo tan popular que hasta le dedicaron un tango y se crearon todo tipo de productos con su figura.

Fotografía del supuesto monstruo del lago Ness, de Escocia, similar una imagen que fue publicada en referencia al lago Nahuel Huapi, en Bariloche. (International Business Times)

Mario Cippitelli – Neuquén, Argentina – @chipitelix

Clemente Onelli dejó la carta en el escritorio, se frotó los ojos y la volvió a leer. No podía creer lo que le estaban informando.

Onelli, un científico naturalista que en 1922 estaba al frente del zoológico de Buenos Aires, releyó detenidamente el párrafo donde le aseguraban que en un lago de la Patagonia, habían visto vivo a un plesiosaurio, un reptil acuático que pobló las aguas del planeta hace millones de años.

Quien le daba semejante noticia era Martín Sheefield, un cowboy norteamericano que se había radicado en la provincia sureña de Chubut, en cercanías de Epuyén, y que se ganaba la vida buscando oro, un metal que por aquella época se encontraba bien presente en la zona norte de la Patagonia argentina. El “gringo” o sheriff, como le decían, conocía a Onelli ya que había trabajado para él en la Comisión de límites Argentino Chileno a comienzos del siglo XX.

Una carta similar la había enviado al Amherst College de Masachussets, Estados Unidos, donde un científico escribió un extenso artículo dando cuenta del supuesto hallazgo y apoyando la teoría de la existencia de un monstruo. Pero, ¿era creíble el denunciante?

Sheefield era un personaje singular y algo excéntrico que –según los rumores de la época- había llegado a esos lares en busca de los bandoleros Robert Parker y Harry Longbaugh, más conocidos como Butch Cassidy y Sundance Kid, quienes venían huyendo de las autoridades norteamericanas por una seguidilla de delitos que habían cometido en Estados Unidos. Se creía que Sheefield era en realidad un cazarecompensas que los había perseguido por toda América Latina, pero que se quedó en la Patagonia, deslumbrado por la belleza del paisaje. En ese rincón del mundo se había casado con una lugareña y con la que había tenido seis hijos.

Expedición para capturar a la bestia

Fotografía de la comisión encargada de buscar al plesiosaurio en el sur argentino, publicada por la revista Caras y Caretas en 1922.

“Hace algunas noches vi huellas en un campo junto a la laguna donde tenía instalado mi campamento. Las huellas asemejaban las que deja una carreta pesada, el pasto estaba totalmente aplastado y todavía no ha vuelto a levantarse. Entonces, en el medio de la laguna vi una cabeza de un descomunal cisne, pero las curvas visibles en el agua me llevaron a decidir que su cuerpo parecía más bien el de un cocodrilo”. Onelli leyó el párrafo de la carta un centenar de veces. En el siguiente, Sheefield le pedía ayuda y material para organizar una expedición y capturar al increíble animal.

La noticia de la aparición de un plesiousario corrió rápidamente a través de la opinión pública. Las revistas y diarios de la época se hicieron eco de inmediato y en el país prácticamente no se hablaba de otra cosa. El monstruo que vivía en un lago cerca de Epuyén era la historia que todo el mundo quería escuchar, aunque las aguas rápidamente se dividieron entre quienes sostenían que había que dejarlo allí y los que querían que lo mataran para exponerlo en un museo.

¿Muerto o vivo?

Tan popular se hizo el animal que Rafael D’Agostino y Amílcar Morbidelli compusieron un tango en defensa del monstruo que se llamó “Plesiosaurio”.

“Yo soy un pobre animal buscado por los ingratos y sin conciencia. Porque soy raro y también lo soy curioso según dice la gente allí”, rezaban las primeras estrofas de la canción.

Como si fuera poco, hasta crearon una marca de cigarrillos “Plesiosaurio” y muchas fábricas comenzaron a elaborar todo tipo de productos con la forma del animal.

Mientras tanto, Onelli comenzó la campaña de convencer inversores para que aportaran dinero para la expedición. Recibió donaciones de comerciantes, empresarios y particulares hasta que finalmente juntó una buena cantidad de recursos para costear el viaje a la Patagonia.

Lanzan la cacería

La expedición finalmente partió el 22 de marzo de 1922. Onelli no pudo viajar por razones de salud, pero nombró a José Cinagui, un experimentado cazador que cada tanto viajaba a Africa para traer animales para el zoológico. Lo acompañaría Emilio Frey, conocedor de la Patagonia, Santiago Andueza, campeón de tiro, Alberto Merkle, taxidermista y los periodistas Guillermo Estrella y el doctor Vaccari, de La Nación y la Revista Caras y Caretas, respectivamente.

Lugar en el que se hospedaron los expedicionarios. (Caras y Caretas)

Dos camiones fueron los vehículos utilizados para emprender el viaje. En ellos había víveres suficientes para permanecer al menos una semana, cartuchos de dinamita, fusiles para cazar elefantes, redes, arpones y hasta una jeringa hipodérmica enorme que había sido construida para inocularle drogas al animal.

Después de una larga travesía por huellas y caminos desdibujados de la Patagonia, finalmente la expedición llegó a Bariloche donde una gran cantidad de vecinos los recibió acaloradamente. Todos querían conocer a los cazadores del monstruo. Luego de un breve descanso, los expedicionarios partieron al sur, hasta que llegaron a Laguna Negra, la zona donde vivía Sheefield y donde supuestamente se había visto al plesiosaurio.

El lugar tenía una belleza natural increíble. La laguna, de aguas verdes oscuras, estaba ubicada al lado de un cerro sobre la margen occidental del río Epuyén y no ocupaba una gran superficie, lo que fue una sorpresa para los expedicionarios. ¿Cómo un monstruo tan grande puede estar escondido en una laguna tan pequeña?, se preguntaron.

Una réplica de un plesiosaurio, el“Tuarangisaurus Cabazai”, en el Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, Argentina. (REUTERS/Enrique Marcarian)

Los aventureros montaron campamento en el lugar con la ayuda de los hijos de Sheefield, porque el “Sheriff” no se encontraba en la zona.

Primero fueron hasta la zona donde se habían encontrado las huellas, ya muy desdibujadas por el paso del tiempo y las lluvias cordilleranas. Luego comenzaron a navegar de día y de noche a la espera que saliera el monstruo. Pero el animal no aparecía.

Sospechando que podía estar escondido en alguna cueva de la laguna, hicieron detonar cuatro cartuchos de dinamita. Pero nada. Apenas unos pejerreyes aparecieron flotando en la superficie.

Hallazgo revelador

Después de recorrer la laguna se dieron cuenta que apenas si tenía un metro de profundidad y que era prácticamente imposible que allí viviera un animal del tamaño de un plesiosaurio.

Desilusionados por la ausencia del monstruo y sorprendidos por las primeras lluvias y nevadas en la montaña, el grupo amplió su recorrido por la zona hasta que finalmente decidió regresar a Buenos Aires con las manos vacías.

Aparece el monstruo “Nahuelito”

A partir de la noticia sobre la aparición del gigante animal, las denuncias de avistamientos de monstruos comenzaron a circular por toda la región. La que más captó la atención de los científicos fue la que indicaba que una bestia similar había aparecido en el lago Nahuel Huapi, un espejo de agua de gran profundidad y enorme extensión, entre los límites de lo que hoy son las provincias de Neuquén y Río Negro.

“No es un tronco de formas caprichosas. No es una ola. El Nahuelito mostró la cara. Lago Nahuel Huapi, sábado 15 de abril, a las 9 horas. No doy mis datos para evitarme futuras molestias”, dijo quien sacó esta foto.

Con el paso del tiempo, el plesiosaurio de la Laguna Negra pasó a un segundo plano y todo el mundo comenzó a hablar del otro animal, en ese entorno natural más creíble.

El tiempo se encargó de agigantar el mito y de renombrar al buscado monstruo con un apodo más amigable que lo vinculara al lago Nahuel Huapi y se convirtiera en una atracción turística de la zona.

Actualmente ya nadie se acuerda del plesiosaurio de la Laguna Negra. Hoy todos hablan de “Nahuelito”, aunque nadie aporte pruebas contundentes de su existencia. Aunque muchos aseguren que lo vieron una y otra vez y que realmente existe.