la mejor historia de amor que nunca he ver

La Carta

Querido, cuando leas esto ya estaré muy lejos.

Se muy bien que este método es uno de los más cobardes, pero siempre me han encantado las cartas y nunca tendría el valor de decirte esto cara a cara.

No me fui en la noche cuando nos quedamos dormidos en esta cama, quise ver el amanecer contigo en esta ventana donde aparece esa golondrina viéndonos cada mañana. 

Te agradezco por ser paciente conmigo, por aceptar mis demonios y esperar hasta cuando estuviera lista. Fue la mejor noche que he tenido, tus caricias y besos me drogaron. Esos susuros me atraparon mientras nuestros cuerpos se movían sincronizados, fue la primera vez que nunca imaginé.

Pero tengo miedo, me aterra perderte cuando llegue a enamorarme completamente y abra mi alma para mis monstruos ya no me atormenten. Tengo miedo a no llegar a ser lo suficientemente buena, miedo a perder la cabeza y perderme en tu rara belleza. 

Tengo lágrimas en mis ojos porque te estoy viendo y quiero seguir en tu cama abrazándote, besando tu rostro, tus párpados y tus labios como lo hago en estos momentos. Nunca fuiste de sueño ligero, duermes como un oso en invierno.

Solo quiero que me recuerdes con una sonrisa y no con lágrimas. 

Siempre tuya

….

Leyó la última palabra con desesperación, temía que fuera tarde para alcanzarla. La conocía tan bien que sabía donde encontrarla, se puso los mismos jeans que se quitó la noche anterior que pasó con ella y una camiseta. 

Al salir de su apartamento, ella estaba en su auto llorando, se le hizo un nudo en la garganta, su cabello era corto pero esa poca cabellera castaña lograba cubrir un poco su rostro. Él camino despacio hasta el auto de ella, abrió la puerta del copiloto y la chica lo miró con lágrimas en los ojos pero un poco asustada. 

-No quiero que te vayas- le dijo -Yo soy el que tengo miedo de perderte- le sostuvo el rostro mientras se acercaba lentamente, sus labios se acercaron tanto pero el le dijo unas últimas palabras -Siempre tuyo- sonrió. 

Sus labios se acercaron, ella sintió como si hubiera sido su primer beso; bueno, como debería suponerse que fuera el primer beso de toda chica. Para ambos esos eran los labios con los que querían pasar el resto de sus vidas.


Adriana Anaya