la manos

Tal vez no seas el amor de mi vida,
Ni el hombre de mis sueños,
Ni la persona con la que quiero compartir mis días.
Tal vez yo no soy para ti,
Y quizá el destino nos tiene preparado otra sorpresa que en algún tiempo llegará,
Puede ser que no estemos juntos el siguiente mes,
O tal vez mañana.
Pero hoy sí,
Ahora es nuestro momento.
En la escuela o en la familia nunca nos enseñan como amar hasta la locura,
Con dar todo lo que uno trae dentro sin esperar respuesta,
Con ser esa montaña que escalen para ver el más bello atardecer tomado de la mano.
Quiero ser la palabra hoy,
Y nunca ser la palabra tarde,
Que vivamos cada instante con la intensidad del primer amor.
Qué quizá nunca nos casemos,
Ni tengamos hijos,
O ni siquiera vivamos juntos en algún departamento pequeño donde nos sobre amor y nos falte espacio.
Tal vez ni siquiera somos nuestras almas gemelas.
Pero cómo ardes dentro,
Traes sequía a mis ojos,
E iluminas cada espacio de mi cuerpo.
Quizás nunca me veas logrando mis sueños,
Ni yo te vea convirtiéndote en el gran hombre que siempre has sido,
Pero somos nuestros.
Ahora.
Y te prometo que cada sonrisa que se asome de mi boca, tú serás el motivo.
Tú serás el ideal.
Tú serás mi hogar.
Tú serás mi amor.
Por lo menos, hasta hoy.
—  Paulina Mora
Mereces...

“A quien se muera por verte, las ganas se le transparentan y los minutos cuenta. Mereces a quien te dedica hechos, no palabras. Mereces a quien le vuelvas loco despeinada, con la cara lavada y pantalón de chandal además de con ese vestido negro preciosamente maquillada. Mereces a quién considere tu sonrisa su casa, y su hogar tu mirada. Mereces a quien te ofrece chocolate en esos días que tienes, así, sin preguntar más nada. Mereces a quien le gusta oirte cantar, aunque sea desafinada; a quien te saca a bailar sin música, en cualquier calle transitada. Mereces a quien te deja notas, en las puertas pegadas. Mereces a quien recuerda tus lunares, tan estratégicamente puestos que pudiera dibujarlos como sí un mapa de constelaciones se tratara. Mereces a quien conoce tus cicatrices, tus defectos y también manías y a pesar de tanta imperfección, le fascinas. Mereces a quien cuando a su lado caminas , orgulloso como un pavo real sus plumas vistosas hablan y te aprieta la mano, haciéndote sentir protegida. Mereces a quien te admira, por esos pequeños pasos que das en la vida. Mereces a quien celebra tus logros y te besa en la frente en tus pequeñas derrotas. Mereces a quien no te ignora, te elige en todo momento y te dedica su tiempo. Mereces a quien te ofrece su jersey en una noche fría, al que te habla mirándote, al que te seca las lágrimas con sonrisas. Mereces a quien te da besos de buenos días, caricias de buenas noches y abrazos en la cocina. Mereces a ese que te coge desprevenida, que te alza en volandas y te contagia su risa. Mereces a quien te espera, a la salida del trabajo quizás con una cerveza, pipas o gominolas de fresa, o sin nada, pero quiere darte una sorpresa. Mereces a quien completas, a quien con sólo mirarte tiemblas. Mereces a quien te come los miedos, a quien no le asusten los precipicios, pues te estará agarrando tan fuerte, que si cae, cae contigo…”.

Nunca he sido alguien que cree en sí misma, podría contar con los dedos de mis manos las veces que me sentí conforme con mi cuerpo. Todos los días le reprocho a Dios, ¿Por qué me hizo así? ¿Por qué me hizo nacer con tantos defectos?. Me pregunto, ¿Habrá alguien en algún lugar del mundo sintiéndose igual de insignificante como me siento yo?.
—  no espero que este post tenga muchas notas, yo solo necesitaba desahogarme.
¿Qué es el amor? Parte 31// fanfic wigetta

Y ahí estaban, frente a frente, con tantas cosas por decirse.

-Guille yo…-comenzó a decir Samuel, pero se dio cuenta que en realidad no tenía algo que decir.

-¿tu?

Guillermo tampoco encontraba palabras para expresar lo que sentía, era complicado para él.

-¿te gustaría entrar? Creo que es arriesgado estar parados a mitad de la calle.

Samuel asintió, quería tomar la mano de Guillermo, no lo hizo, se limitó a seguirlo en silencio, pensando cómo explicarle todo.

-¡he llegado mamá! Estaré en mi habitación, bajare más tarde a comer.

-creí que tú madre trabajaba todo el día.

-y lo hace, pero pidió la tarde libre, tenía que hacerse cargo de Karol ya que bueno…-Guillermo aguantaba las ganas de llorar y lanzarse a los brazos de Samuel-no fui al instituto, quizá lo notaste.

-me preocupe bastante a decir verdad.

Guillermo esbozo una pequeña sonrisa, cerró la puerta de la habitación y se sentó en la cama, Samuel imito aquella acción, se sentó a su lado, no tan cerca, no tan lejos, odiaba estar en esta situación, y odiaba más se el causante de aquello.

-¿podrías disculparme?

-no estoy enfadado porque no le hayas dicho a tu familia Samuel-un escalofrío paso por el cuerpo del mayor, siempre le llamaba por apodos cariñosos que ahora escuchar su nombre completo le parecía extraño- salir del closet es algo complicado y yo lo entiendo porque yo lo viví, pero realmente me enfado que me hayas hecho creer que lo sabían, que sabían que éramos pareja y sentirme como un idiota traicionado al ver que tu madre lo desconocía, y más me dolió que creyera que podrías salir con una chica mientras se supone que somos pareja.

Samuel se quedo sin palabras, no pudo evitar que una lagrima rodará por su mejilla, para su sorpresa, Guillermo la detuvo.

-eh, no llores, odio verte llorar, ¿lo sabes, no?

Samuel asintió, estaba buscando palabras para disculparse pero decidió contar la verdad, desde el principio.

-me di cuenta de mis preferencias cuando tenía nueve, algo pronto lo sé, pero todos hablaban de las niñas que les gustaban y a mí no me gustaba nadie, ese día bese a mi mejor amiga, fue un beso inocente pero no provocó nada en mi, me di cuenta que era algo raro pero en ese entonces era algo sin importancia, un día cuando fui al pueblo de mis abuelos bese a un niño, causó bastantes emociones en mi y fue cuando note que me atraía, comencé a salir con chicos para comprobarlo pero poco a poco se volvió como una manía, tenía pensando en contarle a mis padres hasta que un día en una cena familiar mi padre se puso a insultar a los “maricones”, que estaban mal de la cabeza, para un chico de catorce años fue muy duro escuchar a su padre decir eso, así que me lo calle, continúe saliendo con chicos sin que mis padres lo notarán, cuando te conocí y me di cuenta que iba en serio contigo supe que debía enfrentar mis miedos y decirles a mis padres pero como no, fui un cobarde y me lo calle, esperaba un buen momento para contarles pero siempre me ponía pretextos para que no fuera “el buen momento”, y sé que te molesto que no te haya contado esto desde un principio pero si me lo permites guille quisiera presentarte formalmente frente a mis padres.

Guillermo aguanto las ganas de lanzarse a sus brazos y besarlo, decirle que no pasaba nada y perdonarlo, no lo hizo, pues él era una de las personas más orgullosas que podrían existir, soltó un suspiro mientras buscaba las palabras apropiadas.

-¿quieres decir algo?-pregunto Samuel al preocuparse por el silencio de Guillermo, este se limitó a asentir-¿no sabes qué decir?-volvió a asentir-¿puedo darte un abrazo al menos?

Guillermo no dudó en ponerse de pie y abrazar con fuerza al mayor, este le devolvió el abrazo, ambos lo necesitaban, desde la noche anterior se habían extrañado tanto.

-¿te parece si el sábado por la mañana vas a mí casa y durante la comida les damos la noticia a mis padres?

-no quiero que lo hagas obligado Samu.

-no lo haré por qué me obligues mi niño, tenía pensado en decirles antes para que no te enterases pero bueno, ahora tengo una mayor motivación para decirles.

Guillermo dibujó una media sonrisa en tu rostro.

-lamento lo que te dije ayer, pero estaba tan enfadado que…

-no pasa nada cariño, te entiendo completamente.

Seguían fundidos en un abrazo, Samuel acariciaba la espalda del menor, fue tal la emoción del momento que Samuel comenzó a sollozar, Guillermo se separó un poco de él y vio los ojos cristalizados del mayor.

-¿pero qué pasa amor?, anda una sonrisa en ese hermoso rostro-pidió Guillermo en un susurro.

-no te haces a la idea de cuánto miedo tuve ayer.

-¿miedo? ¿De que?

-de todo guille, de que te molestaras demasiado y no quisieras ni verme, de que me mandaras directamente a la mierda, de que decidieras poner fin a nuestra relación, de que te enfadases tanto que ya no me quisieras, tenía miedo de perderte Guillermo Díaz, tenía miedo de perder al chico del que estoy perdidamente enamorado porque si te pierdo a ti, lo pierdo todo Guille, de verdad.

En ese punto, Samuel estaba derramando lágrimas, abrazo con mayor fuerza al menor y beso su mejilla, ambos se sonrojaron por aquel beso tan tímido.

-te confieso que si lo pensé-comenzó a hablar Guillermo-no podía con tanta rabia y estuve a punto de llamarte por el móvil para terminar las cosas pero no, me conozco y decidí apagarlo antes de hacer algo de lo que me iba a arrepentir, decidí descansar y todas esa movidas para despejar mi cabeza pero tu rostro no salía de mi mente, me enfade conmigo mismo por todo, cuando era de mañana aún seguía enfadado pero no quería terminar las cosas, sabía que así no iba a solucionar nada y cuando fui al gimnasio descargue toda la rabia que tenía dentro, me di cuenta que no valía la pena enfadarme así pero seguía lastimado, no sabes cuánto me alegra saber que viniste a arreglar las cosas.

-tenía que hacerlo, moriría si no me perdonabas, estoy feliz de que no me hayas terminado, hubiera estado a punto de morir si lo hacías.

-te quiero tanto como para hacer semejante cosa.

Samuel dejo de llorar, una sonrisa se plantó en su rostro y se abalanzó sobre Guillermo, atacó sus labios, no se despegó de aquellos labios rosados, que eran suyos, solo suyos.
Hacía tiempo que no se daban un beso tan profundo, con tantos sentimientos detrás.

Tocaron a la puerta, haciendo que estos jóvenes se separasen.

-veo que se han reconciliado-susurró su madre al verlos con una sonrisa en sus rostros-¿queréis bajar a comer?

Ambos asintieron, aunque Guillermo seguía con cierta “espinita”, había arreglado las cosas con Samuel.

Pasaron tres días, todos se alegraron al ver a Guillermo en el instituto, se habían angustiado por él.
Las clases fueron ligeras para todos, era viernes por la tarde y Guillermo estaba pensando en que hacer pues había hecho planes con sus amigos pero no sabía si Samuel querría hacer algo también.
Lo medito durante el transcurso a su casa mientras que Karol le contaba de lo que hizo durante su clase de artes, al llegar a casa vio un paquete en la entrada, “para Guillermo Díaz” decía la nota que tenía pegada en la parte superior de la caja.

-¿y si hay un monstruo gigante en la caja?

-Los monstruos gigantes no comen niñas pequeñas, no tienes de qué preocuparte.

-está bien, pero anda abre la caja.

Mientras Karol ponía la mesa, Guillermo abrió aquel “misterioso” paquete, desenvolvió la caja y la abrió con un cuchillo, dentro de esta había: una camisa color verde pastel, un peluche de tortuga hecha con estambre, una pulsera que decía la fecha en la que comenzaron a ser pareja, y una rosa roja, dentro había otra nota: “para el chico más apuesto del mundo, para que me perdones (aunque ya lo has hecho), para que la uses mañana, para que la abraces también (no creas que Karol no me ha contado que duermes con la tortuga del acuario), y porque quería darte un pequeño detalle, no es un ramo gigante de rosas pero esta pequeña rosa está dada con amor, disfruta tu tarde con tus amigos, te quiere con todo su corazón- Samuel”
Un rubor apareció en las mejillas de Guillermo, y una sonrisa se dibujó en su rostro.

-desde La Cocina apesta a amor hermanito.

-anda calla que cuando salgas con Andrés la que huela a amor será otra.

Karol no dijo nada e imito las mejillas de su hermano mayor.

-es solo mi amigo Guille.

-¿tu crees que no conozco esas mejillas sonrojadas pequeña? Que yo soy el mayor.

-bueno, si es mi amigo pero gusta un poco, solo un poco.

-¡que yo lo sabia!-exclamo el mayor con una sonrisa-es tan mono.

-anda calla, ¿y si hablamos del paquete que te envió Samuel?

-¿tu?, ¿como sabes que es de Samuel?

-nadie envía paquetes aquí-comenzó a decir la menor-nadie conoce la dirección realmente, y me llamó ayer por la noche preguntando nuestra dirección exacta, se supone que no podía decirte pero tú deberías fingir que no sabes, ¿vale?

El mayor soltó una risa y sirvió la comida en sus platos, la charla fue bastante divertida, como hace tiempo no lo era.

Guillermo arreglo la cocina mientras ayudaba a Karol a hacer los deberes, a veces sus padres se preocupaban pues Guillermo al tener que cuidar la casa y a su hermana él solo había “crecido” un poco más rápido, pero a este no le molestaba en lo absoluto hacer todo eso, amaba a su hermana menor con todo su ser y ella lo amaba a él, no cabía duda que relaciones como la de los hermanos Díaz son difíciles de encontrar.
Guillermo se pego una ducha y vistió con su camiseta blanca, una chaqueta negra y unos pantalones de mezclilla, antes de llevar a Karol a casa la mejor amiga de la menor, pues él saldría con sus amigos al boliche pues según Rubén vendían unas alitas de pollo exquisitas.

-¿como vas a comportarte en casa de María?

-bien, no voy a hacer desorden.

-muy bien, choca esos cinco pequeña, te veré más tarde.

Guillermo se dirigió al centro comercial que le indicaron sus amigos, mientras aparcaba recibió una llamada de Samuel.

-¿que tal la estás pasando guapo?

-aún no me encuentro con los chicos-respondió con una sonrisa en el rostro-¿y tu? ¿Como te va con Borja?

-excelente, hemos ido a por un helado.

-que guay, espero que vengan helados aquí, tengo tanta hambre.

-anda, te dejo que comas que además Luzu me echará la bronca porque dice que no puedo dejarte dos minutos solo.

-vale, te veré más tarde amor-susurró Guillermo-te quiero.

Samuel produjo el sonido de un beso antes de terminar la llamada, Guillermo salió de su auto y se dirigió al bowling, tuvo que preguntar por indicaciones una vez pues seguía sin ubicarse del todo bien en la cuidad.

-¡hombre!, ¿que tal?-exclamó Alejandro-te estábamos esperando.

-lamentó la tardanza, he llevado a Karol a casa de su amiga.

-no pasa nada tío, hemos ordenado pizza y un par de sodas, nuestra línea es la “8”.

-¿te acompaño por unas zapatillas y una bola para ti?-Guillermo asintió.

Rubén y él fueron a por las zapatillas de Guillermo y una bola del tamaño suficiente para los dedos de este.
La noche comenzó, tenían una barra y unas cuantas sillas por cada línea, comenzaron a comer pizza, sodas, patatas fritas, alitas de pollo y un par de cosas más, el peor jugando era Frank, apenas lograba tirar la mitad de los bolos, y en siete rondas llevaba una sola chuza, le seguía Alejandro que a pesar de tirar más de la mitad llevaba solo dos chuzas y un spare, Rubén y Guillermo iban empatados con cuatro chuzas y dos spare, solo fue una ocasión en la que no lograron derribar todos los bolos, y en primer lugar estaba se encontraba Miguel Ángel con seis chuzas y un spare.

-tu tío eres un suertudo-comentó Frank a Miguel-¿como puede ser que apenas y lleve una chuza?

-mi padre me traía a jugar de pequeño, digamos que es práctica.

-y mucha suerte-añadió Rubén mientras tiraba ocho bolos-¡lo ves! Que solo me han faltado dos joder-suspiro riendo-o quizá los demás somos los mal afortunados.

-yo si que soy afortunado-susurro Alejandro.

-¿tú? Pero si vas en cuarta posición.

-pero estoy pasando una increíble noche con mis mejores amigos y eso sí que vale la pena.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de todos, era verdad que se querían mucho como amigos incluso a Guillermo que no llevaba tanto tiempo con ellos, dejaron un momento los bolos para darse un abrazo grupal.

-¡propongo un brindis!-exclamó Guillermo tomando su soda de naranja-¡por la amistad!

-por la amistad-repitieron todos.

La noche continuo, con más risas, más chuzas, más cagadas, pero sobretodo con más memorias.


Mientras tanto Samuel y Luzuriaga habían asistido a una pequeña feria al sur de la cuidad, de pequeños iban cada mes con sus padres y la tradición continuaba solo que los mayores iban un día y los jóvenes otro, se subían a sus atracciones favoritas durante seis horas por solo veinticinco euros, no faltaron las vueltas en la noria, los carros que chocan, montañas rusas, los troncos de agua, entre otros muchos juegos.

-¡tío que el puesto de perritos calientes sigue ahí!

-¿no lo habían quitado hace tres meses?

-al parecer ha vuelto, anda que yo quiero uno.

Era el puesto más viejo del lugar, y su comida era exquisita, incluso aquellas personas que afirmaban estar en dieta no podían evitar comerse un perrito caliente de aquel lugar, eran una maravilla.

-¿te has dado cuenta que llevamos viniendo catorce años seguidos a este lugar?-comentó Samuel mientras se sentaban en una banca.

-si contamos las veces que nos trajeron siendo unos bebes probablemente sean más.

-tienes razón, en verdad no hay una cosa mejor que venir a este lugar.

-cuando seamos mayores y tengamos nietos podríamos traerlos y montarnos a las atracciones con ellos.

-¿tú crees que yo…

-claro, se puede adoptar tío.

-me gusta imaginarme mi futuro con guille.

-estás enamorado a morir tío, pero te entiendo, yo me imagino a mis hijos con el cabello rubio de lanita, quiero pasar la vida con ella.

-espero que cumplamos nuestras expectativas pero de algo estoy seguro, siempre seré tu amigo.

-¿mejores amigos?

-por siempre.

Ambos sonrieron y continuaron comiendo, la noche aún era joven, les restaban dos horas de atracciones y faltaban muchas por montarse, risas y gritos llenaban el día, pero sobretodo nuevas memorias.


Era sábado por la mañana, tanto Guillermo como Samuel estaban muriendo de los nervios, habían quedado de verse a las 1:15 p.m. en su casa, eran las 12:40 p.m. y ambos estaban listos, Guillermo se había vestido con la camisa que Samuel le regalo, Samuel se vistió con una camisa azul.

-¿está bien mi peinado?-pregunto Guillermo a Karol.

-es la tercera vez que me lo preguntas, se ve excelente, esa camisa te queda bien, esos pantalones son nuevos y tus zapatos están relucientes, ¡estas excepcional deja de estar tan nervioso hombre!

-no puedo evitarlo, ¿y si las cosas no van bien?

-de algo puedo estar segura, pase lo que pase Samuel te va a querer igual.

Guillermo sonrío y le dio un abrazo a la menor, lo había hecho sentir mejor.

-bueno tengo que irme, mamá llega en diez minutos, si la comida de hoy es pizza guárdame una rebanada, ¿vale?

-vale, suerte guille.

El mayor salió de la casa, condujo dirección a casa de Samuel, no tardó demasiado en llegar, todo el timbre y este le abrió, contuvo las ganas de decirle lo apuesto que se veía y se limitó a darle un rápido beso en la mejilla, el día había empezado.

reynacuevas11  asked:

De verdad no entiendes eso de "me duele la mano de tanto pensar en ti"? :v Sería curioso tener que explicarte...

No entendía :v… Me lo explicaron hace un rato, mi hermano, fue incómodo :)

A las personas que me enviaron mensajes y ask’s consoladores y preocupantes, TENGO una mala noticia que darles, estoy viva, por desgracia no me morí y eso estoy en el hospital y me re duelen las manos por escribir esto. Por ahora no voy a poder contestar los ask’s y los mensajes porque me duelen las manos y quiero ver el último capítulo de Naruto, no hay más que decir un saludo de corazón y un abrazo ahre chauu nos vimos

Demasiado joven, demasiado tonto para darme cuenta que… Debí haberte comprado flores y tomarte de la mano, debí haberte dado todas mis horas cuando tuve la oportunidad. Llevarte a cada fiesta pues todo lo que querías hacer era bailar.
Ahora mi amor está bailando; pero está bailando con otro hombre.
—  When I Was Your Man - Bruno Mars

Mi padre con un aceite de cannabis en la mano me mira y me dice: “esto se puede poner en ensaladas… hacemos una ensalada loca?”
Yo ya no entiendo nada de éste hombre.

Narra Frank.

Capitulo 19

Papá se iba mientras entraba en el internado.

Seis de la mañana y debía usar un traje que estoy seguro amaría.

Quizá para muchos esto signifique algo malo pero para mí es la máxima oportunidad.

Entré; las clases serían en breve- Solo me preguntaba donde está el cuarto que ocuparé?

Pase por el pasillo hasta que entré.

Escuché la ducha y solo pasé.

Coloqué las cosas en su sitio y entré al baño para lavarme las manos.

Algo ocurría…

Qué era ese brillo?

Qué era lo que se muestra dentro de la tina?

Narra Mangel.

Capitulo 20

Lograba ponerme el uniforme con gran dificultad a  los besos que Rubén me daba.

Cómo era posible que luego de llevarme a ostias este así con él?

-Entonces crees que debemos salir juntos o? -Su preocupación era lista.

Voltee; pase la mano sobra la suya, era claro que no podemos hacer algo así. Aunque me importa en lo mas mínimo que se entere mi padre.

-Quieres que lo hagamos? -Reí.

No pretendo ser un gilipollas. Siento que Rubius no se lo merece.

Que raro se escuchaba esto…

-Te importaría si guardamos el secreto? -Diría al verme con la mas grande preocupación.

-Si eso quieres lo haremos. -Lo besé. Salió el primero.

Espere un momento hasta ver que no haya nadie.

Narra Samuel.

Capitulo 21

Era algo extraño; sentir que Town ha partido lograba que las habilidades que poseo inunden el baño y dejen ver los recuerdos en una neblina púrpura con el vapor del baño caliente.

Algo que no debía pasar ocurriría.

-…Que es esto? -Voltee.

Aquella voz la desconocía.

Salí de prisa del baño al ver a un chico de mi edad mirando la neblina que se fusionó con la desesperación por desaparecer y hacer que él olvidase todo.

Pero no, ocurrió algo extraño al someter a aquel chico a algo que no pude solucionar.

-Detente! -Grité.

Él se quedó quieto pero no sucedería lo que quería.

-AHHGH! -Escuché que gritó al caer al piso como un si sufriese un choque de electricidad.

Acerqué mi mano a su cara, que hice!?

-E…Estás bien? -Dije preocupado al ver que no respondía.

Él no respondería.

Narra Town

Capítulo 22

Estaba en la casa de papá.

Las cosas eran diferentes con él y no recuerdo cómo es que ha accedido a que estudie lo que quiero.

Pasé por un gran jarrón purpura y entonces un brillo extraño logró que perdiera el control y escuchase una voz suave.

-Guarda el secreto… -Una risa que acompañó a aquella frase y un nombre que se he escuchado.

Sa… Samuel…

Papá me llamaba pero algo que se supone haría era obedecer. Ello no iba conmigo.

-ALVARO! ALVARO! -Era la voz de papá gritando por la escalera.

Salí, debía volver a la recamara que ocupaba en el internado.

Algo esta mal.

Narra Rubius.

Capitulo 23


Llegué a clases y en poco entró Mangel. Mordía el lápiz notando como sus labios en gestos buscan los míos.

-P…Pero que es esto? -Diría nuestro profesor de historia.

Algo que no he visto en este internado ocurría. Era una nevada con granizo.

Se escuchaba super fuerte. Los truenos eran descomunales.

La luz se fue, y los profesores empezaron a llamar a los estudiantes para que bajemos al salón principal por los inmensos trozos de hielo que caían de manera brusca contra los cristales.

-Mangel… -Lo busqué.

Necesitaba a fuerza que él estuviese cerca mío.

Él tomó mi mano para luego correr al salón principal.

Los estudiantes se asustaban mientras se daba la pesadilla por estar a salvo.

Llegamos; la escuela estaba compuesta por muchos grupos que ahora estaban disueltos. Un tipo al que no le hablo de clase de gimnasia ahora esta más asustado que Mangel y yo juntos. Alex.

Mangel le dio un espacio mientras me preocupé por Samuel.

Pero los profesores tenían un control de mierda ante esta situación.

Pasaba mi mano por la banca como tocar una melodía. 

-Tranquilo. No te deja´re solo. -Mangel de pronto se acercó delante de todos a darme un beso.

No supe como actuar. Muchos lo vieron y se quedaron sin saber que decir.

-Samuel, no sabemos donde está. -Dije a Mangel al ver como él quería salir a buscarlo.

Pero no podríamos salir del salón principal.

Narra Samuel.

Capitulo 24

Aquel chico no reaccionaba.

Escuche la tempestad que ocurría fuera del internado.

No podía estar concentrado para impedir que siga. Puse las manos encima de aquel chico.

-Samuel… -Escuché la voz de Town.

Lo abracé con fuerza al ver lo que hice.

-Lo ..sien… Yo… -Pero no podía respirar y terminar la oración.

-Tranquilo… Te ayudaré. -Fue lo que diría al besarme.

Pero no lograba que aquel chico reaccionara.

No lo lograba.

-Debes dejar que pase lo que sientes y lo que has hecho. No te quedes con ello dentro… 

Pero no entendía las palabras de Town.

Alcé mi mano al lado izquierdo del pecho de aquel chico y dejé que saliera todo lo que puedo hacer.

Un aura amarilla lo cubrió y él despertó.

Algo era extraño. 

Town tomó mi mano y las cosas empeoraron.

La puerta se escuchaba se forzaba. No podía con todo hasta que de pronto la tempestad se hizo mas profunda a tal punto que todo empezó a temblar.

Un manto púrpura recorrería el internado lo sentía, escuché los gritos de todos por lo que acontecía.


Narra Frank.

Capitulo 25

Desperté.

Una luz lograba cegarme. Era algo bello que podía manipularme.

Sentía cada trozo de graniza que caía sobre el internado. Podía escuchar y diferenciar cada vez en este lugar.

Que ocurría?

Por qué podía  sentir que aquel rostro poseía algo único que debía impedir sea destruido…

Tomé un gran respiro como si hubiese estado sin respirar por un gran lapsus.

-Por favor, te pido que no le digas a nadie. -Escuché de un tipo de mi edad.

Logré sentarme al ver su cuerpo desnudo y un hermoso brillo que caía sobre mí.

Solo pude asentir.

Un profesor entró al baño. Se sentía el internado temblar y supe que era por aquel chico de brillo púrpura.

Se tapó con una toalla.

-QUE HACEN AQUÍ! SALGAN AHORA MISMO! -Diría al ver que aquel chico tenía el rostro  o parte del mismo cubierto.

El otro tipo me tomó del hombro p mientras salía.

-No se te ocurra decirle a alguien de lo que has visto. No permitiré que nada malo le pase a Samuel. -Su advertencia no me importaba.

No podía hacer nada contra él, debía saber más de Samuel.

Escuché al profesor el nombre de quién me sacó del cuarto. Town.

Que nombre para más peculiar.

Continuará.