la casa de piedra

Lo que he aprendido de este año de rupturas

Soy una persona a la que le gusta hacer planes, en mi cabeza (imaginación) siempre tengo un sin número de retos y cosas que voy a lograr a medida que pasan los días, los meses, los años; la incertidumbre, “que te caiga del cielo”, dejar fluir y la idea del destino es algo en lo que he decidido no creer y por el contrario, presiono y me obsesiono diariamente con un sin número de cosas que pongo en una lista; como la primera vez que llegué a Europa, después de haberme leído “París era una fiesta” y de obsesionarme con Hemingway (el personaje, no el escritor) tanto, que el primer lugar que pisé del otro continente también fue Pamplona. Nunca me gustaron los toros, nunca me gustó esa ciudad y con el tiempo también me dejó de gustar Hemingway y su idea del amor.

París sí terminó siendo una fiesta, como muchas cosas que pasaron en mi vida después de decidir abandonarlo todo en Colombia, en ese avión y con esas dos maletas. Me gusta la palabra abandonar, suena necesitada, asustada y grande, siempre que la decimos estamos tan desesperados que ese sufrimiento combinado con esperanza es poesía pura. Como cuando te dije (casi sonó como súplica) que no me abandonaras, por favor, e igual lo hiciste.

Empezar desde cero donde nadie me conociera ¡qué poético sonaba! Lo cierto es que uno nunca puede huir de lo que es y tarde o temprano, un sitio puede ser la copia de otro, la misma pesadilla. De ahí en adelante todo fue un recorrido en el que anduve desnuda, con miedo, siempre hambrienta y aprendí a ser inmensamente feliz en contra de todo pronóstico, hasta cuando hacía frío y no habían brazos que me calmaran, o incluso, después de todas esas salidas de realidad por haber presionado mucho a mi cabeza, cuando pensé que tenía esquizofrenia.

De no hacer planes en el 2017 mi vida retrocedió, un amigo dice que a veces es bueno volver a los orígenes, yo no creo que el origen sea el lugar de nacimiento (bueno, siendo técnica ni siquiera nací aquí), debe ser otra cosa porque tengo esa sensación (posiblemente errónea) de siempre estar sucia, asqueada y siendo un poco menos de lo que puedo ser, vivo en una casa 5 veces más grande que los apartamentos que compartía afuera, sin embargo, estoy asfixiada todo el tiempo, como si necesitara el oxígeno de toda la ciudad para mí sola; en otros lugares, por el contrario, llegué a sentirme bien, incluso bajo condiciones que nunca pensé vivir, muchas veces sin un peso, sin con quien llorar y decepcionada también de lo mínima que a veces parezco ante el mundo.

Después de haberme perdido aprendí a ser fuerte, a confiar en extraños cuando necesité ayuda, a no morirme de hambre incluso (aunque sigo siendo terrible en la cocina), logré tanto que pude amar, aprendí a hacer carbonara, con huevo, no con crema, a hablar otros idiomas, a montar en metro y no pasarme de estación o a dejar de llorar cuando eso pasaba. Muchas veces tuve que procesar que estaba en el mundo sola, pero que me encantaba caminar por ahí y ver las caras de la otra gente, recrear historias en mi mente de dónde estaban y para dónde iban. cené en muchos restaurantes acompañada únicamente de una botella de vino, a veces de dos y jamás me sentí mejor, me senté en cafés a leer, fui a librerías a comprar literatura en idiomas que apenas balbuceaba y me tragué entera todos esos libros.

En cambio, en el 2017 he aprendido de rupturas, rompí conmigo y con todas esas metas, ideales, imaginarios que tenía en mi cabeza y entonces me sentí sola, traicionada y más perdida que nunca, como aquella vez que llegué a Venecia por un día, estaba lloviendo, pero no era de esa lluvia que apenas hace cosquillas, se estaba cayendo el cielo, me habían puesto una multa (mi almuerzo fancy en algún restaurante) no sabía dónde estaba y ya tampoco quería caminar, entonces, una vez más como cada que sale algo mal en mi vida, me puse a llorar.

Para los que no saben, regresar es más que coger un avión de solo un trayecto, es aceptar una pequeña derrota, volver a comprender un lugar que parece estar configurado de una forma más lenta y extraña que el resto del mundo, un lugar del que escapaste porque no podías más, porque se te hacía pequeño, porque querías volar más alto, que las alas te crecieran, mis alas crecieron y ya no sé donde guardarlas, si en el conformismo de sentirme derrotada o en la esperanza de volver a extenderlas en un momento que ojalá no se demore mucho. Yo ya no siento como hogar esto, probablemente no sienta como hogar nada, o ya no esté buscando un hogar.

En el 2017 también dejé mi relación, la más larga, quizás el único intento que he tenido de compaginar con otro ser humano verdaderamente y con él solté mi casa soñada hortera con leones de piedra en la entrada y las múltiples habitaciones que íbamos a tener, él iba a guardar todo lo relacionado con sus películas, yo mis escritos y mis vestidos estrafalarios que me pondría incluso para tomar el té sola en nuestro jardín, los demás cuartos los utilizaríamos para tener sexo porque la verdad no nos gustaban las visitas. Dejé de idealizar mi vida perfecta, porque tal vez (solo tal vez) no exista mayor perfección que este momento que estoy viviendo y seamos sinceros, fumo lo suficiente como para quedarme sin pulmones en dos días, entonces, es ridículo planear un futuro.

Tuve que acceder a la ayuda de mis padres para conseguir un trabajo, no logré hacerlo yo sola, la verdad tampoco lo intenté mucho, pero me dejé llevar por la comodidad y la preferencia de ellos con mi vida, volví al lugar donde había perdido a todos mis amigos, algunos por elección propia, otros porque así pasa, lloré cada día de mi regreso por alguna de estas cosas, empezar desde cero me parecía tan difícil, yo, que había arreglado mi vida, que todo lo tenía planeado, bajo control y que jamás iba a volver. Entonces entendí que uno nunca empieza desde cero porque uno siempre se tiene y yo soy un ser completo, luego, como me pasó también en Venecia, desperté al darme cuenta que estaba en un lugar maravilloso que no conocía, compré paquetes de papas para el hambre, una botella de vino y me fui a caminar feliz, ni el mal tiempo podía impedirme ver la belleza de la vida, así que continué, terminé con las medias empapadas, deseando comer algo real, cansada, pero disfruté de la mejor compañía, estar conmigo y poder decir que camino sola y no me pierdo, aunque la mitad del camino esté llorando (lloro con gran facilidad).

Entonces, a diferencia de lo que creía anteriormente (que nada estaba bien) hoy puedo decir que todo está bien, no es mi lugar ideal, pero mi vida sigue siendo buena, tengo posibilidades de alzar vuelo, lo hice una vez lo haré mil, nunca me voy a conformar en  donde no me sienta perfectamente bien, nunca me voy a conformar a algo que no quiero porque me toca, ni en el amor, ni en el sitio que elijo para vivir, ni en el trabajo, mi vida tendrá muchos tropezones, como todo lo que me está pasando ahora, pero nunca ha sido mala conmigo, accede a mis caprichos siempre (y cada vez son más estúpidos) me pone personas al lado cada tanto que ya ustedes quisieran conocer, hace que me enamore y después me desenamora, pero luego siempre me pone a alguien mucho mejor y yo también para ese entonces soy mejor y bueno…

Ahora una lista de las cosas puntales que he aprendido de cuando crees que tu vida se partió en dos, pero de verdad no:

  1. No importa cuánto insistas perdonarle, volver a empezar, intentarlo, si la relación ya estaba jodida, siempre va a estar jodida.
  2. Planear nuevos viajes de verdad ayuda a tener esperanza (por lo menos puedes abrir Tinder en un país con mejores genes).
  3. Evita las películas de amor/drama que te hacen guardar una esperanza en el fondo inexistente.
  4. NO CANGREJEEN POR SEXO.
  5. Si no se sienten bien con su cabeza, vida, etc, es bueno bajarle a la calidad de libros que se están leyendo, funciona, por lo menos, para no rayarse más.
  6. Si tienen la opción de algún contacto con la naturaleza, háganlo, si viven como yo en un roto donde LLUEVE TODOS LOS DÍAS salgan así sea por un café.
  7. Hablar con la gente ayuda, pelear cuando todos dicen que lo que tienes es falta de actitud con tu vida también.
  8. Uno nunca está empezando desde cero, uno es suficiente.
  9. Expresen sus emociones, no importa si la gente no las recibe bien, hay que dejar de creer que todo el mundo se tiene que guardar sus dolores, dramas, y putadas de la vida, uno necesita drenar.
  10. Y si la depresión les está cogiendo muy fuerte, recuerden que siempre hay una persona dispuesta a ayudarlo a uno (por plata, pero dispuesta) un psiquiatra.
  11. No se pongan a hacer dieta.
  12. Escribir, pintar, tocar algún instrumento tiene el mismo efecto que pegarle puños a una persona que odias.
  13. Lloren cuando lo necesiten, pero recuerden que uno no se puede quedar derramándose toda la vida. 
Querida Charlie,

Ha sido difícil escribir estos días, y reconozco que he perdido las ganas.
No me cabe el lápiz entre los dedos, y me pesan los ojos. No sé qué estoy haciendo, he renunciado a tantas cosas…
Me duele pensar en las cosas que he dejado detrás, y la ansiedad de lo que tengo en frente me abruma. Estoy cerca de mis sueños, y de mis miedos, no quiero alejarme de las cosas por las que he luchado, y tengo que admitir, que me duele pensar que no las merezco. No tengo habilidad para querer a la gente, no sé cómo demostrarles lo que siento, y a veces simplemente resulta insuficiente.
Tengo miedo, miedo de despertar de nuevo lejos de casa, de encontrar en mi camino las piedras de las que me deshice, me invaden las pesadillas que venció otra persona que llevaba, mi nombre, mi rostro, MI PIEL. Y de todas formas, me despierto sintiéndome lo suficientemente valiente, como para querer al que se lo merece, para intentar de nuevo las cosas que he dejado de lado.
Querida Charlie,
Tengo miedo…
Porque no sé cuándo rendirme.Y siempre encuentro excusas para seguir intentando. A veces duele.
Otras tantas, me hace reventar de risa.
Querida Charlie… He vuelto.
—  Con amor, Saturno.
Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
         Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.
         Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
         Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
         Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia.
          Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.
         Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.
         Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
          Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
         Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
          Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
         Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.
         Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.
         A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.
—  La pena de muerte, María Elena Walsh

es-muss-sein-es-muss-sein  asked:

Buenas, me podrías decir sobre algún poeta que trate de vacío existencial, y mejor si te sabes un poema :3

Alejandra Pizarnik tendía a escribir bastante sobre eso…te dejo pedacitos

He nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá…

Zona de plagas donde la dormida come lentamente
su corazón de medianoche….

Alguna vez, alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
me iré como quien se va…

Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego,
de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche,
déjate caer y doler, mi vida.