kotecruz

Me cago en San Valentín, pero con amor

N. del A.

Hola, no me llamo Sofía y este no es mi blog. Escribo sobre esta fecha desde la vereda del vecino copuchento.
Vamos a hacer un preámbulo, algo que la barra femenina de este blog de seguro apreciará.
Como les decía, no me llamo Sofía ni soy mujer. Mi nombre es Kote Cruz, estoy en mi segunda infancia con 25 años de vida
y pretendo jugar a la contraparte amistosa pero firme que suele aparecer en cualquier pasquín que se precie de tal.
Ustedes se preguntarán que estoy haciendo metido en “la boca del lobo”, “tras líneas enemigas” y “cagando fuera de tiesto”. Simple: vengo a odiosear.
Hace tiempo que vengo buscando con quienes compartir opiniones, críticas y soliloquios varios. “Sofía” fue lo suficientemente amable como para entregarme un espacio en su blog, lo cual honraré desde este momento atacando el tema que nos convoca y dejando de lado las tonteras que digo para presentarme.

San valentín… ufff. 

Tengo una relación amor/odio con la fecha… confieso que ultimamente es más odio que amor, pero es precisamente porque lo que falta es amor.
La fecha me pilla en un momento de transición en mi vida. 
Salí de una relación larga hace ya un tiempo. Pasé por todas las etapas ahueonás que pasamos los hombres: shock, lloriqueo, rabia, salir con minas que no te llenan en lo más mínimo, darse cuenta que salir con minas así es un cacho (y medio peligroso), aceptación y vuelta al mercado.
No les voy a mentir diciendo que soy un hombre hecho y derecho, un bastión de la masculinidad moderna ni ese personaje apático que dice “no estoy ni ahí con celebrar huevadas”.
Estoy malamente acostumbrado a pasar esta fecha en pareja, hace ya varios años. Esta es la primera vez que estaré jugando por el equipo de los Forever Alone. 
El catorce marcado en el calendario solía sacar lo mejor de mi repertorio y lo más refinado del arsenal. Picnics, canciones, gestos, paseos y muchos detalles son la consigna en este invento comercial que busca “sacar lo mejor de nosotros para agasajar al ser amado”. 
Una mierda! y no lo digo desde el despecho que produce estar solo, sino por lo tonto que me parece proponer a la gente eso de reservar lo mejor para fechas importantes. Nunca he creido que deba ser 14 de febrero para sorprender, regalonear y hacer reir. 
Respondo más al modelo de los que trabajan día a día por lograr mística en las relaciones. 

Eso era cuando había alguien especial para compartir todas estas maravillas de sentimientos.
Ahora que estoy solo, me queda darle de comer a las palomas. Tomaría palco y me burlaría del ejército de aweonaos que van a andar corriendo con globos en forma de corazón, tarjetas de Village con poesía googleada y cajas de bombones como las de Forrest Gump.
Sería un Grinch tratando de agarrar a piedrazos al angelito potipelado que andará revoloteando sobre las cabezas de la gente, tomaría la bandera de todos los que andamos medio amargos por no tener a “ese alguien especial” y encumbraría a chuchadas a Cupido por tener pésima puntería.

Enfrentémoslo: Cupido no sabe un carajo de tiro con arco. Siempre le atina el flechazo a alguien nada que ver!.
Cuantas veces, queridas féminas, se han encontrado pensando “la puta madre! porqué al Felipe le tenían que gustar los hombres?!”. Cuantas veces, congéneres, nos hemos visto en esta situacion de mierda: “La Natalia me encanta. Tiene onda, se ríe con mis chistes, es guapa y me calienta. POR QUE CRESTA tenía que contarme que se sigue juntando con su ex?”
Ya, tal vez estoy siendo extremo. A lo que voy es a lo siguiente: si no estamos en pareja, nos atrae alguien que no está disponible para nosotros.
Es como deporte nacional esa weá… tenemos un gen hiperexitable frente al drama, tal vez potenciado por la exposición de nuestras madres a esas cagás de teleseries venezolanas en las que todos sufren porque el hombre que ellas desean ama a otra y, para colmo, es narcotraficante. 

Cuando se juntan todos estos factores, entramos en un modo apocaliptico. Se mira una y otra vez la agenda telefónica, asi como esperando que algún numero empiece a brillar y diga “llámame”. 
Nada… la ex compañera de colegio con la cual “algo hubo” pero falta contacto como para retomar; la amiga de la amiga de la amiga que antes no importaba y que ahora se ve como un buen prospecto. Incluso una vecinita por ahí podría resultar ser un gran panorama.
Antes de caer en esta faceta, preferí encarnar la frase del soldado que arranca… y arranqué nomás. 
Me vine a la playa con mis amigos. 
Lo más cercano a un touch & go han sido las innumerables picadas de zancudos. Lo más cercano a despertar acompañado ha sido escuchar ronquidos y otros ruidos de dudoso origen en la litera. Lo más rico que me he comido ha sido una cheeseburguer casera y todos los besos que he dado desde el sábado 11 han sido a mi pipa de agua.

Esto no es una historia que pretenda revindicar el día de los enamorados. No escribiré algo esperanzador ni una historia cachonda en código Corín Tellado.
Les aviso desde ya que esta historia no concluye con una hazaña sexual desenfrenada ni con el descubrimiento del amor en algún lugar perdido del litoral central.
Pretendo hablar por aquellos que están al medio. No hablo por los zorrones que pueden entrar a un bar o una disco y salir acompañados, no hablo por los tipos timidos que se la jugaron una vez y no les resultó. Quiero representar a quienes vienen recién volviendo a jugar. Quiero saludar a los hombres y mujeres que, aunque lo traten de negar, esperan el próximo 14 de febrero tener un motivo para celebrar. 

A ellos los dejo con el siguiente mensaje: 
La felicidad se encuentra al alcance de la mano… if you know what I mean.

Lo que es yo, los dejo. Tengo una cita esta noche… se llama Betty. (pero ya es 15 de febrero, así que no cuenta)