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Quedarse aqu

La gente escuchar nuestros nombres y no pensará en nosotros. Pensará en el tiempo que dejamos atrás, en la vida, el vacio o la pobreza. Pensará en lo que tiene que pensar, porque lo que les interesa es lo que queda, no lo que se va. Porque lo que se va vuelve de nuevo en otra forma, en otro cascarón, reencarna pero no en carne: el espíritu que vive. Entonces qué queda? Te podrías preguntar, y tiene sentido, es una pregunta inteligente. Porque no oirás por ahí a las personas diciéndote, oye, quiero que dejes esto o aquello porque es lo que necesito, es lo que quiero quedarme de ti. Eso solo en el testamento. Lo que queda es lo que hicimos, lo que nuestro nombre significa es la suma de los episodios vividos, muertos y revividos en la forma de eco que queda en las paredes: el testamento que los abogados no pueden pelear ni tus parientes alegar si es que algo de valor dejaste atrás y los hará discutir y les quitará el sueño. Porque aunque no lo creas, las paredes hablan, y te quedas en ellas de cierta manera, y después de todo, de esto se trata todo esto, no? De quedarse aquí.