kabala

8

Kabala

Kabala was the wife of a king of Tanzania known as Kush. For years they were unsuccessful in conceiving a child and for this were publicly shamed. Her life was irrevocably changed when she was invited to the wedding of General Ramses and Queen Ostraca. Here the Queen gave advice on herbs which finally resulted in her finally getting pregnant. At the wedding the vampire Purgatori attacked and she was bitten. Along with her husband they escaped back to their ship where she became a vampire. For years she managed to hold her bloodlust at bay as her husband fed her cattle. Upon giving birth, her child was revealed as a mutated vampiric monster, she named him Gorge. When the people of her village realized what her husband was doing he was stoned to death and she became an outcast. In the Jungle she gave into her bloodlust and massacred her village.

Over time she realized Purgatori was the cause of all her misfortune and decided to destroy her. Four thousand years later Purgatori returned to Egypt. Allied with another vampire know as Jade they almost killed Purgatory who was saved by Rath. Defeated yet spared by Purgatori her eternal life came to an end as the dawn came.

“Only he who is really able to materialize the divinity within himself in such a way that
he will speak, out of himself, as Deity in accordance with universal laws, may be
regarded a true Qabbalist. The practicing Qabbalist therefore is a theurgist, a God
incarnate, being able to apply the universal laws in the same way as the macrocosmic
God.”

- From the Book: “(Kabbalah) - The Key To The True Qabbalah” By, Franz Bardon

youtube

EL GOLEM

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
En el Jardín. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
Y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
No tienen fin. Sabemos que hubo un día
En que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
En las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
Sombra insinúan en la vaga historia,
Aún está verde y viva la memoria
De Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
Y al fin pronunció el Nombre que es la Clave.

La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
Sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
De las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
Párpados y vio formas y colores
Que no entendió, perdidos en rumores
Y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
Aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
A la vasta criatura apodó Golem;
Estas verdades las refiere Scholem
En un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
“Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga.”
Y logró, al cabo de años, que el perverso
Barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
O en la articulación del Sacro Nombre;
A pesar de tan alta hechicería,
No aprendió a hablar el aprendiz de hombre,

Sus ojos, menos de hombre que de perro
Y harto menos de perro que de cosa,
Seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
Ya que a su paso el gato del rabino
Se escondía. (Ese gato no está en Scholem
Pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
Las devociones de su Dios copiaba
O, estúpido y sonriente, se ahuecaba
En cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
Y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
Pude engendrar este penoso hijo
Y la inacción dejé, que es la cordura?

¿Por qué di en agregar a la infinita
Serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
Madeja que en lo eterno se devana,
Di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de angustia y de luz vaga,
En su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges
(Buenos Aires, 24/08/1899 – Ginebra, 14/08/1986)