joseph breuer

Es extraño, pero en el mismo momento en que, por primera vez en mi vida, revelo mi soledad en toda su profundidad, en toda su desesperación, en ese preciso momento, ¡la soledad se esfuma! El momento en que le he dicho que nunca nadie me había tocado ha sido el momento en que por primera vez he permitido que alguien me tocara. Un momento extraordinario, como sí un enorme témpano de hielo interior se hubiera roto, de pronto, en mil pedazos.
—  El día que Nietzsche lloró, IRVIN D. YALOM