javier gracia

DETRÁS DE UN UNIFORME - Fanfic (Wigetta)

Capítulo 3: No estamos solos

    A veces duele muchísimo no poder ser parte de algo; No poder ser respetado en ningún lugar. Guillermo estaba agotado, más después de ese encuentro tan repentino y agresivo que tuvo que “enfrentar” en las duchas. Quería engañarse, pero tenía más que claro que, de lucha, no había dado nada… Una vez más había sido salvado por la suerte; por personas más competentes que él, pero no podía entender que lo verdaderamente importante no eran los músculos; la fuerza del cuerpo, sino más bien, la del interior. Esa que te lleva a seguir adelante…

-¿Dónde estoy?- Guillermo se encontraba terriblemente confundido. Todo había ocurrido tan rápido… Recordaba haber sido prácticamente arrastrado por sus compañeros de literas, mientras escuchaba la voz de Santos y Javier, hablando entre ellos de quien sabe qué cosa.
-Oye chico, no te duermas- Esa voz… Era de Samuel, la podía reconocer perfectamente. Ese tío que parecía un verdadero matón, lo había salvado, y de qué manera. Ahora sentía su propio brazo encima del cuello de él y su otro brazo, apoyado en la espalda robusta de Espinoza, su otro compañero de literas. Ellos cuatro, sin duda, se habían convertido en sus compañeros más cercanos. Sin conocerlo, sin siquiera saber de a dónde venía, porqué estaba en esa situación, lo ayudaron; sin pedir absolutamente nada a cambio.
-Vale. No me duermo- Su voz, un hilo delgado de sonido, hizo suspirar a Samuel. Se sentía comprometido de alguna manera con este chico, más al escuchar las palabras de Santos, quién había llegado prácticamente corriendo a su lado.

“-Ayúdame. Diaz. Unos tíos lo tienen. Me salvó. Son unos hijos de puta. Quieren hacerle daño. Por favor, no sé a quién más pedirle ayuda.”

    Agitado a no dar más, con su cabello rubio, húmedo y bastante desordenado… Sus ojos demostraban que hablaba en serio, y realmente no lograba sacar conclusiones. ¿Por qué Guillermo había ayudado a una persona, sin siquiera conocerla? Eso se lo podría esperar de él que, casi visto como una mala costumbre por sus padres, deseaba ayudar a quienes necesitaran ayuda. Sólo a quienes merecían esta ayuda.
-Así me gusta, fuerte como un Espartano- Era tan delgado. Podía sentirlo en esa muñeca que aferraba con todas sus fuerzas y que pertenecía a ese brazo cruzado por su cuello. Un chico ordinario, que dio más de lo que podía por otro chico ordinario, que necesitaba su ayuda. No pudo evitar mirar a Santos, quién platicaba con ese chico raro que los había seguido en cuanto escuchó el apellido “Diaz”
-Oye, tú- Lanzó al aire aquello, dejando a todos con una cara de incertidumbre bastante notoria. –El chico que habla con Santos. ¿Cómo te llamas?- Guillermo conocía a Javier, pero Samuel no había tenido la oportunidad de intercambiar palabras con este chico que, si bien los había ayudado con el tema de las duchas, no entendía todavía porqué estaba metido en todo este asunto.
-Ruiz Javier.
-Un gusto. Gracias por ayudarnos. Puedes irte si lo deseas, nosotros nos encargamos- Si bien Samuel era un chico generoso, cuando las cosas se ponían mal, no quería involucrar demasiadas personas, más aún cuando él se sentía tan parte de esto. No lo entendía todavía, pero deseaba hacerse cargo él mismo por todas las cosas que estaban ocurriendo, especialmente por el chico que ahora cargaba con ayuda de Espinoza.
-No te preocupes De Luque, me quedaré- Aquello no había sonado ni amistoso, ni calmado. Había algo en ese chico, Javier, que a Samuel le causaba disgusto, y bastante. Quizá cuando se dice que hay que seguir los instintos, es necesario hacerle caso a esta idea. Ellos se dan cuenta antes de lo que uno no puede observar a simple vista, y era algo que le estaba ocurriendo actualmente a Samuel. –Por cierto, soy Ruiz para ti- Si deseaban un momento incómodo, este era el escenario perfecto. Todo quedó en silencio, hasta el punto que las respiraciones de cada uno se hacían insoportables.
-Vale, Ruiz- Terminó por comentar Samuel, quién simplemente miró hacia adelante, caminando por ese largo pasillo que daba a la enfermería del cuartel. Al menos le tranquilizaba saber que había personal capacitado para ver la herida de su compañero de litera y, quién sabe, quizá su futuro amigo.

-Estás en clínica- Guillermo abrió los ojos de par en par. ¿Realmente lo habían llevado a la clínica?
-¿Cuándo me trajeron? ¿Dónde queda la clínica? Tengo que volver al cuartel- El enfermero, un hombre moreno, de ojos azabaches y sonrisa dulce no pudo evitar reír.
-Chico, aquí no existe la “enfermería”. Es la clínica del cuartel. Sigues aquí; anoche te trajeron unos cadetes- Guille no pudo evitar sentirse avergonzado. Era cierto que en la escuela se llamaba enfermería, y ahora se sentía el tío más tonto del mundo por haber entendido mal lo que ocurría. –No te preguntaré como es que te hiciste esa herida, después de todo no es muy difícil de deducir.
-¿Por qué lo dices?- Guille se sentía cansado. Podía ver la luz del sol atravesar la pequeña ventana que estaba frente a su camilla. Era una salita bastante pequeña, pero que tenía muchísimos artefactos; algunos que había visto, y otros que le eran por completo desconocidos.
-Mira, Diaz. La milicia es una basura… Yo soy un médico común y corriente que quiso cambiar su vida de clínicas en la ciudad, por esto. La experiencia no es mala, pero ves cosas increíbles… Cosas que jamás había visto en la ciudad, donde realmente están los hijos de puta- Guillermo lo miraba atento, recostado en aquella camilla. Recordó su herida, posando, en un gesto involuntario, su mano en ese pezón que, ahora se encontraba vendado de una manera muy prolija. No tenía idea donde se encontraba su camiseta, pero suponía que su médico la había guardado por él.
-¿Por qué te viniste para acá entonces?- Diaz miró como el ceño de aquel chico de veintitantos años, se fruncía levemente
-¿Por qué tú te viniste para acá?- Guillermo rió de manera bastante casual. Vale, eso había sido un golpe bajo.
-Quizá por los mismos motivos que tú estás acá- Los dos se miraron, un poco confundidos, quizá hasta asustados. No dijeron nada más acerca del tema, sólo volvieron a sus quehaceres. Guille posó su mirada en la ventana, aquella que no tenía ciencia alguna, mientras el tío de ojos negros rellenaba una papeleta. De seguro era el informe de Guillermo.

-2326. 40 días sin agua y sigo aquí, buscando salvación… No hay supervivientes, por el momento. La tierra ha caído en manos enemigas; aquellas razas supuestamente extintas son las que ahora nos roban nuestros suministros…
-¿Disculpa?- Guillermo se quedó de piedra. Primera vez que “se le iba la olla” con alguien presente. -¿Año 2326? ¿Qué te fumaste, Díaz?- Otro más… No esperaba otra reacción que aquella, pero era lógico, más si comenzaba a hablar incoherencias totales en frente de este tío.
-Son simples ideas- Tragó saliva, esperando que esto no fuera motivo de burla, como tantas veces ya había sido. –Me gusta escribir… Estoy preparando algo de ciencia ficción. Nunca me he ido por esos lados- Primera vez que hablaba con tanta confianza de algo como eso, pero realmente sentía que podía confiar en este chico, quién lo miraba con una ceja levantada.
-Creo que tu idea es buena, pero ¿no será muy cliché el tema de los enemigos, la tierra destruida y la extinción de la raza humana?- Guillermo se había quedado con la boca abierta. De por sí ya era extraño que este tío le respondiera con tanta naturalidad, pero que le diera consejos. Realmente no se lo esperaba.
-¿Tú crees? Puede que tengas razón… Venir aquí fue una mierda. No entiendo porqué simplemente no pude quedarme en casa, haciendo lo que me gustaba- Guillermo se estaba sincerando de manera indirecta con su médico, quién sólo lo escuchaba atento.
-Actualmente lo que pega es el tema romántico. Si quieres una novela con fama, creo que debes apuntar al lado emotivo. Las féminas te lo agradecerán- Guille no pudo evitar reír. Al parecer este chico sabía de lo que hablaba, y si bien nunca había hecho una historia con esas características, podría valerse de lo que él mismo estaba viviendo, para crear algo magnífico, que atrajese a un gran número de mujeres y hombres. Sería difícil lo último, pero no imposible.
-¿Por qué te interesas tanto?- Se removió un poco, sintiendo una fuerte punzada en el pecho.
-Porque veo que te importa. Además me gusta leer… Puede ser que tu novela me entusiasme- No bastó nada más para que a Guille le brillaran los ojitos. Sentía que por fin no estaba tan solo, y no era que desvalorizara la ayuda que le habían prestado sus amigos, pero esto… esto era lo que buscaba afuera, en la vida normal. Lástima que tuviese que encontrarlo en estas condiciones.
-Gracias tío… Aprovecharé el tiempo que tenga para avanzar un poco- El médico, con una sonrisa radiante, hizo un gesto con la cabeza, como si estuviese aprobando aquello.
-Por cierto, soy Camilo. Un gusto- Todo lo ocurrido había sido extraño pero bastante reconfortante. El silencio se hizo presente una vez más, pero esta vez no era incómodo, más bien era ese silencio de amigos, aquel que no molesta, más bien se entiende.
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-¿Cómo estará Willy?- Javier no pudo evitar descojonarse con lo de “Willy”
-Supongo que está bien Santos. Anoche se veía bastante mal, pero hicimos nuestro trabajo con el gilipollas que lo atacó- Una sonrisita socarrona se hizo presente en su rostro.
-Verdad que nos dejaron solos a mí y a Sam…
-No es necesario. Sé con quién estabas- Vicente no pudo evitar sentir que la relación entre Samuel y Javier no estaba para nada bien. Le molestaba tan sólo escuchar el nombre de De Luque.
-¿Qué cojones tienes con el chico ese? ¿Por qué te molesta tanto?- Parecía una conversación de chicas, pero cuando el tema nace, nace y hay que tocarlo. Eso hacían estos dos, luego de una ardua mañana trotando y trotando como los últimos días. La hora de colación había llegado, y era el momento en el que se podían tocar temas como este.
-No tengo absolutamente nada en contra de él. Me molesta que se tome demasiadas atribuciones… Siento que es un mentiroso de mierda- Así de simple. No se había ahorrado palabras para describir a Samuel.
-¿Cómo puedes saber eso? Creo que lo que sientes son celos.
-¡¿Por qué habría de sentir celos?! Ni que Willy fuese mío… Me molesta que interfiera y se crea el centro de atención.
-Entonces lo que sientes es envidia…
-Santos, si no dejas de tocarme los cojones, juro que yo mismo te haré mierda, y no estoy de coña- Javier frunció el ceño, suspirando con resignación. –Cuando te quedaste con ese tío y yo me fui con el tal Espinoza, nos llevamos al hijo de puta que le hizo eso a Willy al fondo de los casilleros; esos que nadie usa. Le preguntamos cómo se llamaba y simplemente lo hicimos mierda. Quedó en el piso, y no supimos más de él- La tranquilidad con la que lo contaba, estremeció a Santos, y se estremeció aún más, al ver que Samuel se acercaba por detrás de Javier.
-No hables más, que allí viene- Santos, como un chico bastante discreto, se acomodó en la silla, guiñándole un ojo a Javier, mientras sonreía de manera bastante molesta. A los segundos se dejó oír la voz del señor De Luque.
-Hora de los ejercicios, hay que volver- Samuel no lo hacía por Javier, o Ruiz, como él mismo le pidió que le dijese. Lo hacía por Santos… Quería que ese gilipollas dejara de meter a medio mundo en problemas. No podía sacarse la imagen de Guillermo, bajo el chorro de agua, sangrando como si hubiese parido por un pezón; mucho menos podía olvidar su fuerte reacción cuando intentó limpiarlo con la toalla

“-N-no me toques”

¿Qué tenía el chico ese, para ser tan arisco? No era como si le interesara demasiado la vida privada de él, pero aún así le preocupaba, más al verlo en esa cruda escena en la que era casi violado por ese imbécil del que, menos mal, se habían encargado Espinoza y el otro gilipollas.
-¿Has sabido algo de Willy?- Santos emitió la misma pregunta que le había hecho a Javier.
-Lamentablemente no. De seguro está bien… No te preocupes tanto, enano- Willy… Sonaba gracioso, pero lo tomaría como su nuevo apodo. Miró con cariño a Santos, para alejarse lentamente de su lado, caminando a paso rápido, para entrar al gimnasio en el cual se encontraba Suarez.
-¡Cadetes! Al parecer sus vaginas se están transformando en penes muy viriles. En la mañana lo hicieron bastante bien, y es por eso mismo, que ahora no trotarán- Samuel lo miró con bastante irritación. Suarez, el hijo de puta que los hacía pedazos cada mañana, estaba una vez más allí, con esa sonrisa detestable. –Espero que sus brazos de cucaracha estén preparados para subir cuerdas. Y créanme, desearán tener a sus queridas madres aquí, para que les sanen sus manitos débiles, luego de haber trepado y haber sentido lo que es en carne, las quemaduras por fricción- Cada vez que veía el dolor de sus cadetes, sus ojos brillaban, o eso podía percibir Samuel, quién tragó saliva bastante incómodo. Aquí no era necesario tener resistencia, sino una fuerza bestial en los brazos y una concentración plena. Recordaba aquellos días en la secundaria, cuando tenía que hacer estas mismas mierdas… Lo lograba a duras penas, y no dudaba que esta vez fuera igual, o peor.

      Suarez comenzó a llamar por apellidos a los cadetes. Se veía “sencilla” la tarea que debían ejecutar. Trepar la cuerda hasta tocar la campana que se encontraba al final de esta. Sonaba sencillo, pero no lo era en absoluto. Las “marcas de guerra” no comenzaron a hacerse notar entre los cadetes. Muchos caían desde varios metros, sintiendo como la carne de las manos les ardía de una manera brutal, casi insoportable, sin mencionar el dolor de la caída. Sus espaldas, chocando contra el suelo del gimnasio.
-¡Párate maldito imbécil! ¡Si te vas a caer de esa jodida cuerda, que sea varios metros arriba para que pueda escuchar tus huesos crujir!- Gritos tras gritos, aquellos que avanzaba acorde avanzaba la lista, se hacían escuchar en todo el gimnasio como una dictadura.
-¡De Luque!- Samuel se acercó a la cuerda, sujeta desde un gran mástil.
-Son como 3 o 4 metros. Si me caigo desde esa altura, una semana con dolor, quizá más- Samuel claramente no emitía palabra alguna, pero su mente sacaba cálculos dolorosos, y si no eran las manos, serían los putos músculos, incluidos los huesos.
     Samuel tomó aire, saltando y afirmándose con fuerza de la cuerda, para sentir su propio peso dirigiéndose hacia el suelo.
-Me cago en la fuerza de gravedad- pensó, trepando con bastante dificultad. No le tomó demasiado tiempo, para sentir como sus manos prácticamente echaban humo, haciendo que se soltara de manera casi involuntaria. La caída fue bastante certera, especialmente en su espalda.
-¿Qué pasó De Luque? Pensé que podías un poco más. Que jodida decepción- Le faltó escupirle en la cara para dejarlo más humillado. Simplemente se levantó, mirando sus manos levemente ensangrentadas, para sentarse un poco más lejos, donde estaban la mayoría de los cadetes, aguantando el dolor en silencio.
-¡Díaz!- Samu miró con rapidez a Santos, para plantar su mirada en Suarez quién no presentaba un rostro para nada amigable.
-¡Díaz!- Volvió a gritar, esta vez con mucha más fuerza. Un cadete que no logró reconocer, se acercó a él, quizá explicándole donde se encontraba Willy.
-Así que la princesa está descansando. Vamos a ver si descansa cuando tenga mi puño plantado en su mandíbula- Samuel tragó saliva, sintiendo que el corazón se le aceleraba más de la cuenta. Vio a Suarez alejarse de la cuerda, para dirigirse a la salida del gimnasio.
-No, mierda. ¡Santos!- Un grito fue suficiente para que este llegara corriendo, seguido por Javier quién, claramente, no se quedaría fuera de esto.

       No fueron sólo ellos quienes siguieron a Suarez. Todo el pelotón iba tras él, a paso ligero y por sobre todo, en silencio. El grupo de Willy no demoró en darse cuenta a donde se dirigía Suarez. No dudaron en adelantarse un poco más que el pelotón, para intentar estar al tanto de todo lo que ocurriría en la clínica.
-¡Donde está Díaz, coño!- Los gritos se escucharon por todos lados, y Willy no fue la excepción. Lamentablemente fue muy tarde para poder reaccionar; Suarez había irrumpido en esa pequeña salita de recuperación, donde él se encontraba acostado, sin camiseta y con un parche que le cubría casi la mitad del pecho. Camilo se sobresaltó al ver a ese hombre por estos lados.
-¡Sargento Suarez!- Nunca podía perder la educación, después de todo él era un hombre de respeto en esta área.
     Suarez ni se inmutó. Sus ojos, inyectados en sangre, se dirigieron única y exclusivamente a Guillermo, quién lo miraba con un rostro de miedo latente.
-¡Tú, hijo de puta. Vienes conmigo inmediatamente! ¡Deja de hacerte la mariquita y juega como hombre!- Los gritos sonaban multiplicados a causa del tamaño de la habitación.
-Díaz no puede hacer ningún esfuerzo físi…

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-¡Cállate! Aquí mando yo. ¿Me entendiste, Villegas?- Guillermo vio el rostro frío e inmutable de Camilo quién, con un valor increíble, no se dejó faltar el respeto.
-Soy su médico. Sabes que tengo más poder que tú en esta área. No toques a mi paciente- Camilo tenía más que claro que se la estaba jugando, pero no era justo para Guillermo vivir aquello. Aún así las injusticias existen en todos lados y, pese a las exigencias de Camilo, Suarez no hizo otra cosa que tomar por el brazo a Guillermo y arrastrarlo afuera de la clínica.
-¡No te metas conmigo Díaz, te lo advierto!- El cambio entre la camilla y la caminata fue demasiado rápida y exigente para su cuerpo y su estado anímico, en general. Una fuerte punzada le vino directamente a la raíz de la herida, haciendo el dolor cada vez más insoportable.
      Todos los cadetes iban detrás de ellos dos, siguiéndolos cuales patitos siguen a su madre. Samuel frunció el ceño, más que indignado, contando a Santos y Javier, quienes miraban sin saber que poder hacer, después de todo el poder que tenían dentro de la milicia era nulo.

      Caminaron a paso rápido, entrando al gimnasio. Guille no pudo evitar sentir bastante frío en ese lugar, después de todo se encontraba sin camiseta y con un cambio de temperaturas que de seguro le jodería la salud un poquito más.
-¡Sube esa puta cuerda, ahora!- Suarez lo empujó con rudeza, ubicándolo de frente a la cuerda que yacía tensada y con esa fastidiosa campana en el otro extremo.
-No puedo subirla. No estoy bien, y lo sabe- Guillermo había tomado un poco de confianza, aunque sea con el pretexto de “los derechos humanos”. Algo que suponía, no podía quebrantar el hijo de puta de Suarez.
-No te lo estoy preguntando, maldito imbécil. Quiero que subas esa jodida cuerda y toques la mierda de campana que hay al extremo- Todos los cadetes miraban, exceptuando Santos, quien temblaba sin control. Estaba acojonado por Willy, por ese chico que lo salvó de un destino totalmente traumático, pero no podía hacer absolutamente nada.
-Tranquilo- Sintió una voz familiar, seguida de una mano en su hombro. Samuel no estaba para nada tranquilo, pero era mejor tener a uno en paz, que a todos alterados. No podía creer que el maldito sargento obligara a Willy a subir, sabiendo de su delicado estado. Sólo esperaba que no saliera herido de esta…

      Guillermo podría haber seguido discutiendo, pero sabía que no iba a llegar a un acuerdo con ese mandril que se hacía llamar sargento. Se tocó el pecho unos segundos, palpando el parche, pidiéndole a todas las divinidades que no se desangrara haciendo esto. Era de contextura delgada, y sabía que esto le jugaría a favor. Después de todo, algo positivo tenía que buscar entre toda esta mierda.
-¡Ahora!- El último grito de Suarez, uno que bordeó el desgarro de garganta, hizo a Guille pegar un brinco en la cuerda, para comenzar a trepar sin mucha dificultad. Los problemas comenzaron cuando pasaron los primeros 10 segundos.
-Mierda- Susurró, sintiendo como las manos le ardían, sin contar con que el pecho lo tenía todo rasguñado y quemado por la fricción de la cuerda con la piel desnuda. Se estaba volviendo un martirio, uno de los más dolorosos que había tenido que vivir.
     Apretó los labios, sintiendo fuertes punzadas en el pecho a cada esfuerzo que hacía por trepar más y más alto, hasta que sintió como su propia herida, ese corte que le había hecho el maldito hijo de puta en su pezón, se abría. Sintió los puntos descocerse de una manera terrorífica, y le bastó una mirada para ver como el parche se tornaba de un fuerte color carmesí.
-No…- Sus labios comenzaron a temblar, por miedo, por dolor, por impotencia. Siguió trepando, pese al ardor que sentía en su pecho, a la herida abierta que lo tenía medio mareado y al dolor a quemadura que cada vez se hacía más insoportable en las manos.

-Ven, acompáñame- Samuel no dudo en lo que iba a hacer. Le pidió esto a Espinoza, para que lo siguiera hasta la cuerda.
-¿Qué mierda hacen aquí?- Suarez los miró de manera fulminante.
-Sargento, desde la altura que está Díaz, si se cae, es fácil una fractura. Déjenos aunque sea recibirlo. Supongo que no quiere tener problemas con los tenientes… Podrían acusarlo de muchísimas cosas- Espinoza miró a Samuel un poco acojonado, pero este sabía que era la única manera en la que podría “asustar” a Suarez. Este no dijo nada, sólo suspiró con bastante irritación, dejándolos ubicarse a la bajada de la cuerda, esperando a que la tortura para su compañero de litera, terminara pronto.

       Guillermo estaba al borde del colapso, pero ya sentía demasiado cerca esa jodida campana, como para detenerse. Con las manos húmedas, quizá por una mezcla de sudor y sangre, hizo sus últimos esfuerzos, trepando una vez más para tomar el borde de la campana y hacerla sonar estrepitosamente por todo el gimnasio. Acto seguido, se desplomó, cayendo de exactamente, 5 metros de altura, hacia el suelo. La idea de Samuel no había sido en vano, porque en cuanto vio aquello, se acomodó con Espinoza para recibir de la mejor manera a este chico que, lo tenía más que sorprendido.
-Váyanse a las duchas- Dijo Suarez, sin el mismo ánimo de antes. Les dedicó una mirada a De Luque y Espinoza, para simplemente retirarse del lugar refunfuñando miles de cosas.
-Supongo que debemos llevarlo de vuelta- Samuel suspiró, asintiendo, mientras escuchaba las voces de Santos y Javier a sus espaldas. Haberlo sacado de la clínica, sólo para hacerle más daño, no tenía lógica alguna, pero esa era la ley; las reglas las implantaba Suarez, y aunque no estuviera de acuerdo con ello, podía estar tranquilo en que, el chico que cargaba en sus brazos, había hecho un gran cambio. Uno que se notaría más adelante.
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Qué taaal???!!! Vuelvo MUY ATRASADA! (Como de costumbre :c) con el nuevo capítulo de “Detrás de un uniforme”!!!!!!
     ME CAGO EN WILLY, QUE JODIDA SUERTE TIENE!!!! :/ Pero Suarez es así, o creían que sería buena gente? PLS! ay que hacer un complot y matarlo! he dicho!!!!!! 
NUEVO PERSONAJE: Camilo Villegas (Médico de Guillermo) ^^ Se me hace más fácil ponerlo así x'DDDD
    Ay Dioh mio, que cositas se vendrán! x_____x 
 Como siempre darles las gracias por todito! y me alegra que les esté gustando el fic!!!! :D I like It! <3 Espero que lo disfruten y ya saben, cualquier cosita me comentan ^^ Un beso enorme!!!! <3

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No tengo más que decir GRACIAS. Nos vamos con la frente en alta, nos vamos con la desilusión de no habernos quedado con la copa pero con las lágrimas de orgullo que nos provoca verlos jugar y luchar por esta camiseta. Era un partido difícil, Alemania es una selección increíble. Pero no hay más que eso, jugaron un partido fantástico, y sólo faltó un poquito. GRACIAS LEONES, GRACIAS!