instruccions

Y entonces qué?
¿Terminamos?
Porque en ese caso, estos sentimientos no me sirven,
los recuerdos ocuparán mucho espacio,
las promesas quedarán acumulando polvo en un rincón.
¿Terminamos?, ¿pero cuándo fue que empezamos?
¿Qué nombre recibe al final lo nuestro?
Sólo entiendo que te has ido, el resto nunca me lo explicaste.
No me dijiste qué hay que hacer en caso de que te extrañe,
ni con qué reemplazar las palabras bonitas,
ni a quién dedicarle poemas.
O mi tiempo.
Estoy sin mapa ni instrucciones.
Ignoro adónde ir o qué movimiento debe hacerse
después de una despedida.
Después de ti ya no habrán atardeceres sin tristeza,
ni abrazos sin invierno;
ya no habrá nada que no esté relacionado con ese espacio
que sólo nosotros conocíamos.
Ojalá que esto me dure menos que otras cicatrices.
Hoy te declaras competidora directa de la nostalgia.
¿Terminamos?
Porque en ese caso,
estos sentimientos no me sirven.
Yo sólo entiendo que te has ido.
Ni siquiera sé si lo nuestro tuvo un nombre.
—  Cautiva libertad | Heber Snc Nur
Creo que viene siendo hora de perdonarse a uno mismo.
Porque aunque tal vez no hayas tomado las decisiones más acertadas, has estado viviendo de la mejor manera que has podido.
Capaz te enoje porque sabés que no ha estado siendo la mejor de todas.
Pero hay que recordar que vinimos a este mundo sin manual de instrucciones.
Siempre viene bien disculparse con uno mismo.
—  27 de febrero, Juego de palabras

Acércate lo suficiente para que la necesidad se multiplique
pero no tanto como para empezar a restarle al deseo.
El amor no solo debe de estar en los cuerpos
también en el espacio que los separa.
Que el aire que respiras te sepa ella,
de un modo tan profundo
que tengas la sensación de estar besándola
pero sin el beso.

Lo primero es quitarle la camisa
pero no con la violencia con la que se abre un regalo
suave, como si algo pudiera explotar allí dentro.
Luego le tocaría  al sujetador
y el click debe sonar como un acorde
que el sonido te recuerde al comienzo
de su canción favorita.

Intuyo que debe ser muy difícil
ignorar su espalda desnuda
pero haz un esfuerzo.

Lo siguiente es recogerle el cabello
hasta que su nuca parezca un espejo.
(Si ya lo tiene corto es un paso que te ahorras
y yo lo envidio)
Suspira cerca de su cuello,
esto no hace falta que lo memorices
en estos apartados confío ciegamente en la inercia.
Acto seguido, también por inercia,
visita su oído izquierdo
(el derecho si prefieres que te gobiernen los malos),
Ni se te ocurra soltar allí un diminutivo,
de hecho lo mejor es que no hables
solo deja que tu aliento golpee sus paredes internas
como si estuvieras amurallando su alma contigo dentro.

Asegúrate (y esto es importante)
que los vellos de sus brazos
sueñen con que vuelve el verano.
Y el verano lo traigas tú
cuando sea necesario.


Túmbala boca abajo en la cama
y aunque esté quieta,
su cuerpo debe parecerte
un tren que se marcha sin ti,
observarla como se observan las estrellas fugaces,
o los helados de coco a través de una cristalera.
Humedece la punta de tu lengua
y déjala resbalar desde el principio del cuello
hasta el final de la columna.
Que le hagas pensar en lo hermosa que puede ser la lluvia
si tú eres el culpable.
Repite el mismo acto hasta que sus piernas
se abran ligeramente dibujando sobre el colchón
un triángulo perfecto,
que parezca que está amaneciendo en el espacio que sobra
entre tu boca  y su coño.

Arráncale las bragas es necesario
que note cuánta hambre te despierta
ahora lo sutil es de cobardes.
Y lame desde el culo hasta sus labios,
con labios imagino que me entiendes
si no es así olvida lo que he escrito.
Y vuelve a empezar desde el principio
desde el cuello hasta la orilla de sus piernas
y si sube la marea grita su nombre,
aún es demasiado pronto para los naufragios.

Lo justo es que sea ella quien se gire
y abra más sus piernas todavía,
lo lógico es que acabes de rodillas
que ella sea la dueña de tu aire
y tú el capitán de sus gemidos.

También puedes jugar con su deseo,
dejar la playa húmeda y vacía,
bajar a los tobillos de repente,
lamerle por detrás de las rodillas,
morder con suavidad en los gemelos,
hacer como que subes pero bajas
girar a la derecha de su pubis
(la izquierda si prefieres que te gobierne la duda)
coger la recta amplia de su ombligo,
subir por la avenida de su vientre,
dejar en sus pezones tu saliva,
buscar en sus axilas un tesoro,
dar vueltas y vueltas
como un turista que se pierde
hasta que sean sus manos las que griten
el verdadero camino.

Es cierto que corres el riesgo de morir por asfixia
pero tampoco se me ocurre ahora mismo
una muerte más dulce.

Si aún respiras, que eso espero,
deja que sea ella la que imponga el idioma,
que su garganta te muestre cuanto amor le cabe dentro,
que sus ojos te cuenten lo que hace con la lengua
y su saliva presuma del sabor de la victoria.

Y nunca jamás digas te quiero
cuando el amor es un acto
no necesita palabras.

Ya carece de importancia la postura,
que si arriba, que si abajo, que si en pompa,
verticales imposibles o acrobacias,
que si en peso o en el suelo como perros.

Lo importante es ser injusto con el mundo,
esa amnesia que sucede con los besos,
que te olvides de la guerra en Palestina,
de las bombas en Irak, de la pobreza,
lo importante es que no exista el telediario,
que su boca te parezca el fin del mundo
y su lengua el comienzo de otra vida.

Lo importante es que no sepas de nostalgia,
ni de listas de la compra o de recibos,
que no haya más vecinos que sus tetas,
que futuro solo sea una promesa
y promesa una mentira innecesaria.

Lo esencial en el amor es que se ría
y si hablo de reír hablo de orgasmo.


Que si ahora más profundo y hasta el fondo,
que si deja de mirar como una puta,
que si cállate cabrón y no te corras,
que si no puedo aguantar si tú me miras,
que si te voy a escribir mi nombre dentro
que no se olviden de mí ni tus ovarios.

El abrazo del final  y los suspiros
el no te salgas de mi cuerpo todavía
la eternidad anclada en otro beso
el no saber si has estado follando
o acabas de volver del paraíso.

Y así toda la vida más o menos.

—  Ernesto Pérez Vallejo, instrucciones para salvar el amor.
INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.
Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
 

"Yo no elegí ser mamá, pero lo soy"

Apuesto que nunca olvidarás ese día en que temblorosa compraste una prueba de embarazo y prometiste que, si salía negativo, nunca más “lo ibas a hacer". Corriste con tus amigas o simplemente sola al primer baño que encontraste, mientras nerviosa leías las instrucciones, depositaste las últimas gotas de esperanza y de un -¡Por favor! Diositio no-.
Tenías toda una vida por delante: sueños, proyectos, viajes, pero te azotaste contra la realidad cuando un implacable “positivo” se anunciaba como un aviso abandonado y luminoso en medio de una nocturna carretera desierta. Quedaste en blanco, a los pocos segundos lloraste, puteaste contra el mundo y los hombres. Pero así y todo, nunca dejaste de percibir esa incrédula y extrañamente gratificante sensación de tener un ser dentro de ti.
-¿Qué hago? Mis papás me van a matar ¿Qué dirán de mí los demás?-.
Pensaste en pastillas abortivas, recetas caseras, abortos clandestinos, sentiste el miedo como un frío terrible, no había dinero y la verdad, no serías capaz de hacerlo. ¿Y tus sueños? Ya se habían transformado en una pesadilla de la cual no podías despertar.
Los días pasaron, tus padres se lamentaron profundamente. Lloraron. A veces te pasabas el día entero vomitando pero, mucho más, llorando; por dentro o por fuera, te pasabas los días enteros llorando.
Dejaste el alcohol, los amigos, las fiestas y hasta el cigarrillo. Te sentiste sola. Ibas a los controles y tratabas de descifrar ese lenguaje que algunos médicos ni se molestan en explicar. Ocultaste con infinitas maniobras, (chalecos, polerones), tu nueva condición de embarazada, pero no fue hasta el primer palpitar dentro de tu vientre, que asumiste que la cosa iba en serio.
Pasaban los meses y aún seguías confundida entre tus egoísmos y el cariño materno. Acariciabas tu bariguita y a veces simplemente te odiabas, esperando que algún buen hombre se dignara a concederte el asiento justamente diseñado para estos casos y que tú no serías capaz de pedir.
Te mareabas y te avergonzabas sin razón aparente. Ya todo era tan evidente, empezaste a comer por dos, nunca dejaste de sentir miedo, sin embargo, te divertiste buscando nombres, comprando ropas y cascabeles, imaginándote ese futuro nuevo.
No estabas preparada, pero así y todo llegó el momento, así que te mordiste cada una de las contracciones, aunque las lágrimas no podían dejar de aflorar producto del dolor. Apretaste almohadas y gemiste hasta que un especialista te inyectó una buena dosis de calma, ya estabas entregada.
Los médicos abrieron tus piernas y ahí tú, utilizando una fuerza que jamás habías ocupado en tu vida, pujaste hasta dar al mundo otra nueva vida. Nunca dejaste de sentir miedo, pero ahí con el pequeño ser humano entre tus pechos, te dejaste llevar por un par de ojitos color de acero. Tú no elegiste ser madre, pero lo fuiste y aún no entiendes cómo después de ese momento en que sus miradas se cruzaron, fuiste capaz de amar a alguien más que a ti misma sin siquiera conocerlo.
Hoy eres madre y sigues teniendo miedo, pero fuiste valiente y eso yo te lo agradezco.
¡Te espero con tanto amor!

NO QUIERO SER MI PROFESION… ¿Y QUE?

Soy una persona común y corriente, que con mucho esfuerzo llegó a la universidad, apoyada en una que otra beca y amargos créditos, que estudió mucho para rendir una buena PSU y poder alcanzar una meta… digo meta porque nunca tuve claro a lo que iba, me imaginaba trabajando con gente y algo que no fuera tan estático ni mirando un computador. Me demoré muchos días en escoger una carrera y temerosamente mandé mi solicitud, con un sabor a incertidumbre casi sospechoso.

Estudié, me enamoré de algunas materias y otras las odié, pero en resumen me encantó todo lo que aprendí y las habilidades que fui adquiriendo con el paso de los años, que se fueron puliendo y me permitieron completar mi carrera.

Ahora, viene lo grave: me carga trabajar mi profesión. No miento al decir que estudiarla fue muy interesante, pero llevarla a la práctica me deprimió profundamente, tanto es así, que estuve “sumergida” al menos los 4 primeros años que ejercí.

Y no, no me he cambiado de pega aún porque quería entender lo que me pasaba, un tornado de emociones que jamás sentí antes (ni siquiera en la adolescencia). Frustración, enfado, amargura, tristeza, desesperanza, y un ciclo que no terminaba nunca… Finalmente entendí que no era la profesión la que me había desilusionado, sino que mi falta de autoconocimiento hacia lo que verdaderamente quería hacer con mi vida. Responder algo tan simple como ¿Te gusta madrugar? ¿Te gusta viajar? ¿Cómo te ves a 20 años? para mí era imposible, porque jamás me lo había planteado. Es más, nunca había planteado mi vida después de egresar. Ni siquiera me imaginaba en una mala vida, simplemente nunca analicé ese tema ni me di el tiempo de conversarlo con alguien.

Pasé toda “mi etapa educativa”, desde medio menor hasta 5to año universitario aprendiendo y estudiando. Avanzando hacia la meta como los caballos de carrera, o más bien, como los perros galgos que persiguen desaforadamente a su presa para darse cuenta en la meta que era falso.

Debo decir que mi único pensamiento post-universidad era que al tener mi título lo otro se iba a ir dando solo: abarcando “lo otro” en una sola palabra, la felicidad. Y claramente no fue así.

Los días pasaron, los meses volaron, y todo seguía tal cual. Mi cabeza, mi estado de suspensión seguía exactamente igual. Estudié un par de diplomados… nada. Nada cambiaba. Hice algunos planes de recreación primero, como viajar e ir a conciertos, y luego sobre el futuro. En estos momentos estoy en trámites de adquirir una casa y ya vivo sola. Pero todos estos cambios no produjeron ningún movimiento interno.

Me imagino el limbo, ese lugar donde se espera la entrada al paraíso o al infierno debe ser así. Nada ocurre.

Todavía estoy en proceso de entender esta etapa, de la que nadie habla ni de la que existe un manual de instrucciones, pero ya he sacado algunas conclusiones sobre mí, que son un verdadero triunfo y alegría, ya que jamás lo había reflexionado: Por ejemplo, no soy una persona estática. No me imagino en esta profesión ni en ninguna otra por el resto de mi vida. Estoy casi segura que terminaré haciendo algo ultra bizarro y en nada parecido a lo que actualmente ejerzo.

Dos, actualmente estoy ávida por lecciones de vida y no de conocimiento. Sinceramente, y con mucho respeto por aquellos “especialistas de X área” de su profesión, no me interesa seguir adquiriendo técnicas y más técnicas de algo que no me hace feliz.

Tres, tengo el perfil para mi profesión que está relacionada con el servicio a la gente, pero yo no soy de irme por caminos fáciles. No me gusta eso de “tiene dedos para el piano, entonces, toque piano” ¿Por qué no intentar cosas en las que tengo escaso talento o nulo conocimiento?
Y cuarto, espero de corazón haber enfrentado con la frente en alto esta crisis y finalmente haberla cerrado.

Prontamente, cumpliré 30 años, y me siento orgullosa de declarar mi objetivo para esta nueva década: “Nuevos rumbos”. Parece sencillo, pero han sido años de reflexión sin ser influenciada por ningún tipo de agente externo, cosa imposible de lograr en la segunda década.

Viva la libertad.
*****Firma: DPS****

Voy al baño,cierro la puerta,me apoyo en la pared y bajo hasta quedar sentada hecha un ovillo en el piso. Miro un punto cualquiera y lloro. Pienso,poco,y lloro.Dejo de pensar y lloro. Respiro,tranquila,cuando me calmo me paro y me miro en el espejo. Veo mi cara,mis ojos,esta es la cara del sufrimiento.  Seco mi cara y elimino cualquier rastro de llanto. Paso las manos por mi cara,las lágrimas cayeron,ahora me cuidan,son mi escudo. Espero a que mi nariz deje de esta sonrosada. Sonrío, y cuando lo veo creíble,salgo. Sigo como si nada,tengo una cáscara ahora,ya no me lastiman los rasguños.

Crónica de alguien que aparenta