inexpresivo

El hombre que te atrae segun tu marte tu Marte

 En el horóscopo de la mujer, Marte representará al tipo de hombre que le resultará atractivo.

  • todos los puntos son respuestas de seguidoras del blog ,que hicimos el día 6/10/16


Aries

Las mujeres con el planeta Marte en esta posición funcionan bien con hombres fuertes y un tanto rudos que les gusten los riesgos, las actividades extremas, y todo tipo de situación en la que puedan lucir su osadía y pero que sean capaces de mostrase infantiles y vulnerables en la intimidad de la pareja, ya que siendo Aries el primero del zodiaco tienen su yo niño a flor de piel.


  • ” que tengan sentido del humor, que este dispuesta(o) a hacer alguna locura,  que me apoyen en todo momento y que sea sincera(o),” 
  • “ Me atraen los hombres interesantes, callados, misteriosos, dominantes, honestos, observadores, empaticos, celosos, detallistas, algo inteligentes y un poco pervertidos. ”
  • “ amo los chicos misteriosos, que tienen esa mirada fría (?, con ojos oscuros😻, me gusta la clase de “chico malo” y que tienen esa clase de humor sarcástico pero a la vez tierno ”necesitan a alguien que pueda seguirles el paso y que tengan un espíritu conquistador .


Tauro:

Harán bien en dejarse conquistar por hombres que consideran que el amor debe cocinarse a fuego lento, aquellos que no llevan prisa, que primero quieren tener todo lo necesario para sentirse seguros, aquellos que a veces hay que llevarlos al altar a la fuerza después de una apacible relación de años.

  • ” me gustan abrazables, y de personalidad: tranquilos, que me den confianza, cariñosos, sexosos y morbosos ” 

Geminis:

Las nacidas con Marte en el signo de los gemelos, harán bien en relacionarse con hombres que sepan ante todo ser sus amigos, sus compañeros de andanzas, pero que además sean discutidores, versátiles e intelectuales. Su lado negativo es que suelen ser inconstantes y frívolos.

  • ” que sean diferente a mi, que sean conservadores, y que de vez en cuando caigan en la ignorancia. Me gusta que sean románticos pero no empalagosos. ” sus intereses e iniciativas pueden ser variables.

Cancer:

Ellas buscan hogareños ,que adoren ser necesitados, pero no por ello poco apasionados. 


  • “Me gusta que sean divertidos y confiados. Aunque que sean tímidos es muy adorable, ah y tengo algo con los emos, no se es que son muy adorables.” 


Leo:

Buscan un rey en todos los aspectos, pero deberán estar dispuestas a ser su leona y dedicarse a ellos en cuerpo y alma. Marte en Leo es exigente y adora la lealtad por sobre todas las cosas, las mentiras lo matan y si descubre algo que atenta contra su reino se alejará sin dar mayores explicaciones.

  • ” cariñoso, inteligente y demostrativo.” 
  • “ sociables,inteligentes,cariñosos ” 


Virgo

 Son quizás las más difíciles de complacer del zodiaco, ya que prepararse es su especialidad y “la previa” por ellas podría durar toda la vida: las velas, la música romántica, una buena conversación y un amante dispuesto no son contundentes, siempre querrán algo más, sólo que no siempre sabrán a qué se refieren en concreto, todo un reto digno de un amor incondicional y lleno de devoción

  • ” personalidad tiernos pero pervertido ” 

Libra:

Encontrarán su media naranja en hombres que estén dispuestos a hacer del amor un compromiso y de la pareja un tema, buscan el equilibrio y armonía en sus relaciones.

  •  “ Me gusta que los chicos sean divertidos, que inviten a hacer locuras, payasadas  pero aparte de eso también me gusta que sean responsables… mitad seriedad y mitad diversión”
  • “ Lo que me atrae en un chico es que sea gracioso, que haga locuras, sea honesto, se exprese libremente y pueda hablar de cosas profundas con el. ”
  • “ me atraen los chicos que sean un poco despreocupados, divertidos, molestosos, que pueden expresar lo que sienten sin dar tanta vuelta, que sea celoso, pero no excesivamente, que sea pervertido  ”
  • “ de esos que son tímidos y que cuentan chistes ñoños, con eso me tienen loca. ”



Escorpio:

Ellas e dejan atrapar por hombres de aura misteriosa y su aparente desapego su principal atractivo. Estos hombres en la intimidad les darán una gran sorpresa, al descubrir que bajo una gruesa capa de hielo se encuentra un volcán en plena actividad. Un hombre que es un artista del  erotismo, cuya gama va de la inocencia al riesgo, sin olvidar la perversión que suele ser su especialidad.


  • ” Me gusta cuando se ponen bravos, que sean interesantes -o que no me den siempre la razón- porque me aburro muy fácil, que hablen de todo, y que sean MUY graciosos. ”
  • “Apasionado, profundo e independiente, que se deje dominar y que domine 7-7, con iniciativa y loco con una gran intuición, magnético y aventurero que no tema ir por lo desconocido , Que sea mi mejor amigo, mi amante y familia, dispuesto a persistir a pesar de todo “ 
  • “  con actitud de chico malo ( con una botella de whisky en la mano y un cigarro en la otra), inteligentes (obvio), deportistas, posesivos….Y lo peor de todo es que siempre me terminan gustando los idiotas y payasos que no valen ni dos pesos. ”

Sagitario:

Este planeta se adentra en la mente sintética, filosófica e intuitiva, por lo que las mujeres con su Marte en el signo del centauro, buscan a hombres  fogosos pero idealistas, intelectuales o directamente espirituales, ávidos de conocimiento y cuyo principal móvil sea adquirir sabiduría respecto de todo cuánto existe, incluso en el amor.

 

  • ” Realmente adoro a los que me hacen reír; pero también me atraen los que son tiernos, inteligentes y osados”
  •  “ que me hagan reír, que sea inteligente, alguien con lo que puedo hablar de todos lo temas posibles, que tenga mente sucia un poco pero que sea respetuoso ”
  • “ me gustan los chicos que  románticos, cariñosos, simpáticos, tiernos y medios tímidos y estudiosos ” 
  • “ que sean fríos e inexpresivos acerca de sus sentimientos y al conocerlos son súper divertidos, amables, sensibles, cariñosos y hogareños, ”
  • “ En que me transmiten me encanta sentir que es diferente todo con él. ”


Capricornio:

Las mujeres con este conjunción buscan a alguien que destaque del resto por sus arrestos, su espíritu emprendedor y de superación.

  • ” me atrae de un chico es que sea inteligente y que me haga sonreír además de independiente emocionalmente,ademas de cariñoso”
  • “me gustan los chicos serios raros pero con un toque de humor 7v7,que me pongan nerviosa, y que sean un desafío ”

Acuario:

Ellas no se conformarán con poco y sólo se sentirán satisfechas con hombres que sean capaces de hablarles de todos los temas, leerles a los grandes de la literatura o darles una clase magistral de historia económica del siglo XIX; porque lo que les apasiona no son los temas sino los cerebros geniales de aquellos cuyo peculiar destello sea capaz de iluminar su corazón y otras partes de su fisonomía en un orgasmo intelectual indescriptible.


  • ” me gustan los chicos principalmente que me hagan reir y se rian, que me den mi espacio,que sean cariñosos💓(no cursis👎) ”

Piscis: 

su hombre ideal lo encuentran en artistas, inspirados y místicos; aquellos que hacen del amor una experiencia religiosa, romántica sin atenuantes. Pero deben saber que ellas tienen que llevar la voz cantante, porque concretar compromisos no va con soñadores incorregibles que prefieren vivir eternamente en el reino de nunca jamás.

  • “ me atraen los chicos que son graciosos pero serios ”
  • “ me atraen los pibes que son alto desmadre, alv. si quieren quemar el colegio los ayudo y toda esa cosa. me gustan los que son flor de pelotudos no sé basta. y ojalá que tengan un humor de puta madre ”
  • “ me gustan los hombres en los que disfruten estar conmigo y que me entiendan sólo permaneciendo a mi lado en silencio. ”
  • “ que cuando me quiera ir me detengan,que estén llenos de sorpresas, que no se dejen pasar por encima ni a el ni a las personas de sus circulos. Que sonrían y que me hagan feliz:3 ”
¿Qué es el amor? Parte 27/ fanfic wigetta

Llego la mañana, tanto Samuel como Guillermo habían dormido bien pero las risas de sus amigos hicieron que el mayor despertase, Guillermo estaba a escasos centímetros de él, se veía adorable mientras dormía, Samuel decidió no despertarlo, los minutos pasaron y el menor abrió poco a poco los ojos, una sonrisa se dibujó al ver a Samuel observándolo.

-¿cuánto tiempo llevas despierto?

-unos minutos solamente, los gritos de los demás me han despertado.

-no los he escuchado la verdad, ¿por qué no me despertaste?

-te veías tan mono, tan calmado, por un segundo creí haber despertado en Japón.

-eres un tonto-dijo Guillermo dándole un golpe juguetón al mayor-ibas tan bien, tan dulce pero la cagadte-una sonrisa se había dibujado en su rostro-anda vamos con los demás.

Guillermo y Samuel salieron de la habitación, los ruidos provenían del piso de abajo, encontraron a los demás riendo en la cocina.

-¡pero buenos días par de dormilones!-exclamó Rubén.

-¿cuánto lleváis despiertos? Mis padres están dormidos macho.

-como media hora-respondió luzuriaga.

-y tus padres han salido con karol al centro por el desayuno.

-¿como has dormido guille?-preguntó Alex preocupado, había visto a su amigo el día anterior y le dolía verlo llorar de tal forma.

-al principio me costó un poco pero después dormí como tronco, ¿y ustedes que tal?

-bastante bien quitando el hecho de que Rubén habla dormido.

-macho no es mi culpa, ¿tú crees que lo controlo?

-no os quejéis, frank ronca como un oso.

-yo te lo dije tío, tengo el tabique desviado, págame la operación de nariz tú si quieres.

-créeme que anoche lo estuve considerando seriamente.

-pues yo dormí muy bien la verdad-dijo Alex sonriendo.

-¡pues claro! Os juro que Alex solamente puso su cabeza en la almohada y se durmió profundamente.

-es un don, que te puedo decir.

Pasaron el resto de la mañana bromeando y quejándose sobre las manías al dormir de sus amigos, llegaron los padres de Guillermo con churros, pan dulce, chocolate caliente, y café.

-nosotros hemos desayunado allá pero que os aproveche chicos.

Se acabaron la comida, no había duda que la comida de pueblo; hecha a mano y con cuidado, era mil veces mejor que la de ciudad.

-guille tienes que traernos más seguido tío, esto es una delicia-dijo Miguel Ángel dándole una mordida a su churro.

-yo con gusto.

-siento que es como un trozo de cielo.

-y eso que no habéis probado los panqués que preparan en navidades.

-hala pues en Navidad nos venimos a tu pueblo.

-luzu tio, faltan meses.

-no importa Samuel, yo quiero venir de nuevo.

Guillermo sonrío, le agradaba estar así con sus amigos.
La platica continuo, todos reían y gritaban excepto Guillermo, él se quedó mirando un punto fijo de la pared con un rostro inexpresivo, Alex y Samuel se percataron de esto pero decidieron no decir nada, seguro que muchas cosas pasaban por la cabeza de guille en estos momentos, pensaron ambos.
Y tenían razón, Guillermo no paraba de atormentarse con recuerdos de Alonso, ahora recordaba porque se habían ido de aquella casa, demasiadas cosas habían sucedido: innumerables besos en aquellas sillas, muchas comidas, abrazos, risas, incluso se habían besado en la encimera, tantos recuerdos tan solo en esa cocina, y muchos más en el resto de la casa, Guillermo no paraba de escuchar la risa de Alonso, y no sólo eso, lograba escuchar que le susurraba cuanto lo amaba, lo que más hacia pensar a Guillermo es que un día antes del accidente habían estado besándose en la misma silla donde estaba Samuel ahora, lo recordaba tan bien que incluso podía sentir las manos de Alonso en sus caderas.
Los demás no tardaron en darse cuenta y Frank en un gesto de preocupación intento hacer reaccionar al joven.

-Guille tío, ¿que sucede?

Fueron unos segundos los que pasaron antes de que Guillermo reaccionará, se percató de todas las miradas posadas en él y salió corriendo a su habitación.

-denle espacio-dijo Karol al entrar a la cocina-nos mudamos a Madrid porque no había momento en que guille estuviera en otro planeta y pensara en Alonso, había días que lloraba de repente y esta casa solo le hacía daño, necesitaba un cambio de aires.

La menor tomo un vaso de leche y subió a su habitación, nadie dijo nada por unos instantes, todos estaban procesando lo sucedido.

-creo que debemos esperar a que el baje de nuevo.

-si no baja en quince minutos yo subiré-dijo Samuel.

-¿no escuchaste a Karol?

-no quiero dejarlo solo, ustedes no lo vieron pero comenzó a llorar dormido, duro media hora llorando y lo intente tranquilizar, no tienen a la idea de cuánto se atormenta y no me agrada que lo pase solo.

Nadie dijo nada pero sabían que tenía razón.

Intentaron conversar un poco más bajo, la casa estaba en completo silencio hasta que un objeto estrellándose resonó en el piso de arriba, todos se miraron y Samuel subió corriendo hacia la habitación, se encontró con un chico que no reconoció, Guillermo estaba tirando las fotografías al suelo junto con adornos que había en la mesilla de noche.

-eh para guille para-exclamó Samuel mientras caminaba con cuidado hacia Guillermo, había cristales en el suelo y debía ser cuidadoso-tranquilízate cariño.

Guillermo dejo la lámpara de noche cuando miro a Samuel, estaba temblando y las lágrimas no paraban de rodar por sus mejillas.

-sal de aquí Samu, ahora vuelvo con los demás, quiero estar solo.

-pero yo no te voy a dejar solo mi niño-ahora Samuel estaba frente a frente con Guillermo-no quiero verte así amor.

Guillermo se echó a llorar a los brazos del mayor, se había hecho ligeros cortes en la mano pero poco le importaba.

-odio este lugar-comenzó a decir-hasta el más pequeño rincón me recuerda a él, no paro de escuchar su voz, siento como si estuviera aquí, como si en realidad no hubiera muerto y esta besándome pero cuando reaccionó no está y caigo en cuenta que es mi mente haciéndome una mala jugada, veo su rostro en todos lados, todo en esta puta casa me recuerda a él y no puedo seguir soportando esto Samuel, te prometo que ya no puedo.

Samuel se había quedando sin palabras, Guillermo le había soltado aquello de golpe, sabía lo duro que era para él pero no imaginaba que tanto.

-se que es horrible para ti, pero él siempre estará en tu corazón, y te cuidara desde el cielo, es bueno que no lo hayas olvidado, ¿sabes?

-¿por qué?-pregunto Guillermo con la voz temblorosa.

-él influyó tanto en tu vida que es bueno saber que continúa en tu corazón, debemos recordar el pasado pues gracias a ellos somos quienes somos ahora.

Guillermo continuo llorando, pasaron diez minutos hasta que dejó de aferrarse al cuerpo de Samuel.

-¿puedes ayudarme a recoger esto?

-claro amor.

Samuel se agachó para recoger los portarretratos y las fotografías; en cada una de ellas se veía un Guillermo alegre y en las fotografías que aparecía con Alonso se le veían con un brillo especial y se preguntó si así se miraría al estar a su lado.
Comenzó a recoger fragmentos de cristal y fue cuando notó gotas de sangre en estos, su preocupación apareció y su mirada recorrió a Guillermo hasta ver sus manos, tenia muchos cortes y estaba llenas de sangre.

-¡cariño por dios! Anda ahora terminamos de recoger esto pero tenemos que desinfectarte, ¿por qué no me lo habías dicho?

-te preocupaste demasiado por mi.

-jamás será demasiado, siempre estaré al pendiente de ti mi niño, anda dime dónde está el botiquín.

-en el baño del piso de abajo.

Samuel corrió hacia este, Alex lo detuvo antes de que subiera de nuevo, todos habían estado preocupados.

-creo que sufrió un ataque o algo, comenzó a romper cosas y se cortó las manos, ¿alguno de ustedes podría subir a terminar de recoger?

Alex asintió y Samuel fue en busca de Guillermo ya que este no estaba en la habitación, lo encontró en la habitación de invitados abrazando una almohada.

-cuando Alonso se quedaba a dormir en casa se venía aquí y durante la noche me escapaba de mi habitación para dormir juntos, esta era su almohada.

Samuel quería llorar, le mataba ver al menor así.

-anda dame la mano derecha, vamos a curarte esas heridas, ¿vale?

Guillermo asintió y le tendió la mano al mayor, por suerte no tenía cristales encajados en la mano, solo leves cortes. Samuel aplicó alcohol en un algodón y limpio las heridas, Guillermo no se inmutó si quiera, se limitaba a mirar a Samuel, cuando este término de desinfectar puso una venda para proteger los cortes y beso la palma de la mano del menor.

-ahora dame la otra mano cariño.

Guillermo así hizo, Samuel se preocupó al ver un gran trozo de cristal en la mano del menor, lo quito con delicadeza, esto si le dolió a Guillermo ya que comenzó a sollozar por el dolor, cuando Samuel lo quito completamente comenzó a desinfectar las heridas e hizo lo mismo que con la otra mano, poner una venda y besar la palma.

-¿mejor?

-si, muchas gracias Samu.

-no las des cariño, lo hago con todo gusto y porque me preocupo por ti.

Guillermo sonrío y depósito un cálido beso en los labios de Samuel.

-volvamos con los demás, estoy seguro que están preocupados.

Guillermo tomo la mano de Samuel y la sujetó con delicadeza, comenzaban a dolerle las heridas pero decidió no decir nada, no quería angustiarlos más.

-¿os parece si salimos a dar una vuelta?-sugirió Guillermo al entrar a la cocina.

Todos aceptaron, todos se cambiaron pues seguían con las pijamas, Samuel fue a la habitación de los padres de Guillermo para avisar que saldrían.

-¿es por guille cierto?

-sí, me dijo que recordaba mucho en esta casa, incluso rompió las fotografías de la pared, le cure unos cortes que se hizo.

-oh mi niño-sollozo la madre del menor-dos días después del fallecimiento de Alonso le dio un ataque igual solo que en ese caso rompió toda la vajilla de la casa, puedo saber si dejo de hacerlo cuando te vio-Samuel asintió-lo mismo hizo la primera vez pero fue con Karol, vio el rostro de ella y decidió parar para no asustarla, el psicólogo dijo que no quería involucrar a los que ama Samuel.

Samuel solo asintió, no tenía nada que decir, aún estaba procesando todo.

-pueden salir pero vuelvan a las tres, iremos a comer a la casa de la tía de guille y después volveremos a Madrid, ¿vale?

-vale, gracias.

Samuel se reunió con los demás que estaban en la acera esperándolo, caminaron por ahí, Guillermo no había soltado su mano en ningún momento.

-¡Guillermo! ¿Eres tu chino?

Una voz ronca sonó detrás, un chico alto, de cabello oscuro y piel morena estaba detrás de ellos.

-¡Diego!

Guillermo soltó la mano de Samuel para darle un abrazo al joven, Diego era un viejo amigo de Guillermo, muchas veces era el mal tercio de Alonso y suyo, lo extraño cuando se mudó a Madrid y aveces seguían mensajeandose.

-hombre, mi madre me ha dicho que viniste al pueblo, ¿pensabas irte sin saludar?

-hombre no, mira te presento a unos amigos, ellos son Frank, Alex, Rubén, Mangel, luzu, y Samuel, si se que Samuel es muy apuesto y es mi pareja actualmente.

-no tienes idea cuánto me alegro de escuchar eso, eh tío cuida a este chinito que es alguien especial.

-claro que lo haré-dijo Samuel sonriente.

-iremos a dar una vuelta por ahí, ¿quieres acompañarnos?

Diego asintió, ninguno de lo demás se opuso, Guillermo no paro de hablar con el chico, llevaba un año sin verlo y lo había extrañado, incluso Samuel sintió una pizca de celos.
Recorrieron casi todo el pueblo caminando.

-creo que debo irme, un gusto increíble verte chino, te extrañe mucho.

-lo mismo digo Diego.

El chico se despidió de los amigos de Guillermo y se marchó, volvieron a casa como si nada.

-y tú deja de golpear a Diego con tu mente señor celos.

-¿yo celoso?

-pero que va, si tenias los nudillos blancos cuando me abrazaba.

-vale, quizá estaba un poco celoso, pero solo un poco.

-pero si solo te quiero a ti tonto-susurró Samuel al detenerse a la mitad de la acera-y nadie cambiara eso celosito.

Guillermo se puso de puntillas y beso a Samuel, no le importaba las burlas que harían sus amigos, o que la gente los viera, solo le importaba Samuel, su Samuel.

-vale, creo que voy a ponerme celoso más seguido.

-es que es tonto el pobre.


Volvieron a la casa, de ahí partieron con los familiares de Guillermo, todos se alegraron de verlo y de ver que había progresado a comparación de su situación hace un año, cuando comenzó a oscurecer los padres de Guillermo decidieron que era hora de volver a Madrid, fueron a la casa por las maletas y volvieron a Madrid, casi a las nueve llegaron a la ciudad, cada uno volvió a su casa excepto Samuel que quería estar un rato más con Guillermo.

-se hará más tarde y me da miedo que vuelvas a casa solo.

-anda no pasa nada guille, pero quiero estar contigo un rato más.

Guillermo se limitó a sonreír, habían estado charlando en su habitación y el sueño comenzaba a llenar su cuerpo.

-gracias por hacerme compañía en el pueblo, no sé qué hubiera hecho si no hubieses estado ahí.

-gracias por haberme invitado y dejarme estar en tu vida.

Guillermo tomo la mandíbula de Samuel y la acerco a él, antes de besarlo le susurró.

-te quiero tanto Samuel de Luque.

El beso comenzó, comenzaron despacio y suave pero comenzó a subir de tono, era la segunda vez que sucedía, Guillermo perdía el sentido común cuando juntaba sus labios con los de Samuel, como fue en la ocasión anterior y en esta, Samuel estaba apoyado en la cabecera y Guillermo se sentó encima suya, seguían besándose pero tocaron a la puerta haciendo que se separaran asustados.

-¡guille! Mamá dice que si tú o samu tenéis hambre.

-ahora bajamos Karol.

Guillermo suspiro, estaba sonrojado, no entendía que le pasaba y porque se ponía así cuando se besaba con Samuel.

-¿todo bien cariño?

-si, es solo que, no se, nunca llegue a con Alonso y me da un poco de vergüenza esto.

Samuel sonrío, le causaba ternura lo pudoroso que era su novio, él había llegado a más demasiado apresurado pero esperaría lo que fuese para llegar a más con Guillermo.

-¿bajamos a cenar?-Samuel asintió.

Se dirigieron a la cocina y se reunieron con la familia de Guillermo.

-¿algún día iremos a comer a tu casa cariño?-preguntó Guillermo.

Samuel casi se atraganta al escuchar aquello, había olvidado su casa, o a sus padres, y sobretodo había olvidado que ellos creían que Guillermo era solo un amigo….


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Estoy fan feliz de haber vuelto a escribir, me hacía falta la verdad, ¿que les ha parecido el capítulo? Espero les haya gustado tanto como a mí, feliz inicio de semana para todos

Hipocresía...
  • Aries: Le encanta que reconozcan y aprecien sus talentos, pero le cuesta reconocer los talentos de los demás.
  • Tauro: Le gusta que la gente aprecie lo que el hace por ellos pero se olvida de apreciar lo que la gente hace por el
  • Geminis: Son locos y excéntricos pero no les gusta la gente loca y excéntrica
  • Cancer: Es muy emocional, pero no tolera a la gente que es demasiado emocional
  • Leo: Le encanta el coqueteo sin intención a nada pero odia que le coqueteen si la persona que lo hace no tiene intenciones serias con el.
  • Virgo: Quiere que la gente sea muy directa con el respecto de lo que quieren, pero actua como pasivo/agresivo todo el tiempo y espera que captes lo que quiere decir con ello.
  • Libra: Quiere que el mundo entero lo apoye cuando le pasa algo o se siente mal pero se olvida de hacerlo por los demas
  • Escorpio: Quiere analizar hasta el mas mínimo escollo de tu personalidad pero detesta a los intrusos que pretenden analizarlo.
  • Sagitario: Quiere ser respetado y escuchado, pero se olvida del resto.
  • Capricornio: Es un poco inexpresivo, pero odia que la gente sea asi con el.
  • Acuario: Quiere que estes ahi para ellos siempre, pero ellos no estan siempre para ti... desaparecen.
  • Piscis: Esta abrumado por sus emociones todo el tiempo, se concentra en si mismo y a veces no presta atención a los demás pero, detesta que no le prestes toda la atención del mundo.
Masterlist de adjetivos calificativos

Podemos describir a una persona de infinitas maneras. Y en esas descripciones es casi imprescindible el uso de adjetivos. Por ello, a continuación encontrarás una masterlist con +200 adjetivos para describir a un personaje según su aspecto físico y carácter. Los hallarás agrupados en partes del cuerpo humano (cara, ojos, boca, piernas, ropa, etc).

Sugiero usarlos a la hora de rellenar el expediente de personaje (más concretamente los apartados de descripción física y descripción psicológica) que se suele pedir en los foros de rol. También es útil para los propios roles; así como para escribir cuentos y novelas. Descubrirás que puedes sustituir “me topé con X, que parecía triste” por “me topé con el semblante alicaído de X”.

Por último, esta masterlist me ha supuesto bastante esfuerzo, así que, POR FAVOR, no me robes el mérito haciendo copia-pega en cualquier otra parte. Si consideras que este post es de utilidad para otros y deseas compartirlo o vas a utilizarlo, rebloguéalo o haz click en el botón ‘me gusta’. Gracias. 

Keep reading

Los signos callando a un pesado

Aries: Directa y llanamente le suelta: – Cállate.

Tauro: Imagínate lo hartísimo que está del parloteo del pesado que, en lugar de seguir degustando su delicioso manjar, le mete la comida al otro en la boca.

Géminis: Dice – Me aburro… (Y se va.)

Cáncer: Oh, no. Cáncer no se va. Prefiere seguir sufriendo antes de herir los sentimientos del pesado.

Leo: Se pone a hacer ruiditos quejosos (tipo cachorrito ansioso) hasta que el pesado capta, al fin, que está siendo hartizo.

Virgo: Más discreto que Leo, intercala respuestas del tipo: Oh, Ahhh…,Mmmm…, hasta que el de la hemorragia verbal se da cuenta de que la conversación no va a ninguna parte.

Libra: Muy educado, sonríe ampliamente. Pero por dentro está recitando todos los insultos que conoce contra el plasta que no se calla.

Escorpio: Cuando no puede más, le da un bofetón al pesado… y se larga de ahí.

Sagitario: Tan sincero como de costumbre, el arquero lo frena: – Me importa un carajo lo que dices. Y también desaparece como un rayo.

Capricornio: Más correcto – “Tengo cosas que hacer. Adiós.”

Acuario: Luce inexpresivo y guarda silencio, como un muro de hormigón. Espera que al pesado se le corte la diarrea de palabras.

Piscis: Ya que está saturadisimo, ruega al interlocutor que pare la tortura: – “Por favor, ya vale… -acto seguido, le entran los remordimientos- ¡Ay, disculpa! ¿Te ha sentado mal lo que te dije? ¿Necesitas un abrazo?


*Chequear sol y Marte

❛❛ Lost and insecure, you found me. ❜❜

REMUS

 No sabía qué iba a hacer cuando salió de la casa de los Black. Estuvo perdido, con un enorme aguacero cayendo sobre él y dando vueltas hasta que una idea se formó en mente, la única salida, el lugar donde sabía que sería recibido sin importar qué y seguramente el único hogar que conocía. Cuando llegó a la casa de los Potter su mirada estaba desenfocada, tenía el abrigo calado por la lluvia y el pelo chorreando, lo bueno de aquello es que parte de la sangre se había ido y él intentó limpiar torpemente la otra parte con la manga. Apenas cargaba una pequeña maleta con lo justo cuando llamó a la puerta. Esta se abrió minutos después, dentro oía risas y voces que se cortaron con su aparición. James y él acabaron haciendo las paces apenas unos días después del incidente de Snape, lo que alivió  la carga de Sirius, pasó tortuosos días aislado de los Merodeadores para los ojos curiosos de todos, días en los que se sintió el más miserable de Hogwarts pero ¿qué sabía ese Sirius pasado de ser miserable? Sintió que era realmente como su familia, y que por más que batallara no podría cambiar eso. Pero acababa de demostrar lo contrario ¿No? No estaba seguro, y en ese momento estaba muy asustado, necesitaba a James, más que nunca.

Poco después de llamar estaba dentro de la casa con los brazos de Euphemia alrededor. Apenas había podido tartamudear una respuesta por el frío a la pregunta de por qué estaba allí. El abrazo de Euphemia fue cálido, maternal y fue justo lo que había necesitado, enterró el rostro en su hombro, demasiado cansado para corresponder correctamente. Pero no dejó que esa bola de sentimientos se desmoronara, manteniendo a raya todo esto y aun con gesto inexpresivo. James acudió a él mientras la madre de este le soltó con suavidad para ir a por algo de ropa y la varita tras las palabras: “Necesitamos curarte eso”.

James no hizo más preguntas, Sirius agradeció eso, no creía ser capaz de responderlas. Aunque no hacía falta, James sabía de quién eran esos golpes. James sabía, simplemente. Los Potter le acogieron como si fuera uno de sus hijos, como siempre hacían cuando Sirius iba algunas semanas en verano con James. Le curaron las heridas aunque las marcas siguieran allí, tanto externas como internas, le ofrecieron bebidas calientes que rechazó y le prepararon una cama plegable en el cuarto de James. Sirius no recordaba la de veces que había dado las gracias por todo eso pero tanto Euphemia como Fleamont actuaban como si fuera innecesario. Todo ese despliegue de cariño le dolía más que las heridas.

Esa noche Sirius se fue a acostar con el cabello aun húmedo y una presión en el pecho que no le dejaba respirar. Pero se felicitó, había endurecido tanto su corazón que fue incapaz de llorar. Los dos días siguientes pasaron como un sueño. Un sueño gris.  James estaba preocupado, lo veía en su rostro, flotaba a su alrededor como un satélite, intentaba sacar temas de conversación y juegos en los que Sirius apenas podía concentrarse más de unos minutos. Se había convertido en un fantasma de sí mismo, ni siquiera respondía a las bromas de James, ni sonreía. Era un zombie por la casa. Euphemia había hecho todo tipo de dulces y comidas creyendo que eso animaría a Sirius, pero solo le hacía sentir más culpable. Durante una cena se esforzó en meterse en la conversación, en actuar como si le importara, en sentir algo. Lo que fuera. No esperó que todos esos sentimientos se volvieran contra él cuando Fleamont le llamó “hijo” sin darse cuenta. El comedor se quedó en silencio, un silencio tenso antes de que Sirius se disculpara y saliera corriendo hacia el baño. No sabía qué había pasado, entró en pánico y puede que tuviera un pequeño ataque que duró más de veinte minutos. Al salir todo estaba ya recogido y le habían dejado en la cocina un plato caliente de comida. Tuvo la necesidad de disculparse con el padre de James, la disculpa fue recibida con una cálida sonrisa. Eso aflojó un poco el nudo de su pecho. Pero no lo suficiente.

Esa mañana estaba sentado en la cama de James, oyéndole sin escucharle realmente hablar de algo cuando sonó el timbre, Fleamont estaba trabajando y Euphemia en la cocina horneando otro de sus miles pasteles, pero James se puso en pie como un resorte para ir a abrir. Sirius casi se sintió aliviado, así no tenía que fingir que le interesaba la conversación. Tomó una profunda bocanada de aire y se pasó las manos por el cabello. Estaba desmejorado, ojeroso por las pesadillas que le impedían dormir, con un ojo aun con rastros de un moretón que bajaba hasta su pómulo y varios cortes en la frente y la sien, sin quitar los cardenales de su torso. Llevaba la ropa de James que le quedaba algo larga y pese a las comidas exuberantes de Euphemia, se notaba mucho más demacrado por su nulo apetito. En definitiva, era casi una sombra de lo que fue hace una semana tan solo. Se sentía atrapado, como alguien que ve la vida por un agujero pero no es capaz de participar en ella. Y se había negado a pensar en su familia, sabía que abrir la herida le haría desmoronarse y hacía tanto tiempo que no se desmoronaba que le asustaba qué pudiera pasar, se había mentalizado que ser fuerte implicaba tragarse aquellos sentimientos y no mostrarlos. La gente podría usarlos en su contra, podría herirle y ahora mismo tenía pánico de salir herido. Realmente tenía miedo de muchas cosas.

Alzó la mirada cuando la puerta se abrió, esperando ver a James de nuevo pero esta vez no fue su compañero de cuarto quien entró. Sirius se quedó petrificado en la cama, con la espalda tensa y el gesto de sorpresa. La última vez que había visto a Remus fue en Hogwarts, Sirius había hecho montones de cosas para pedirle perdón y ninguna había funcionado, el prefecto no le dirigía apenas la palabra, con Remus… Era mucho más complicado todo. El nudo de su pecho se hizo tan fuerte que temió ahogarse allí mismo. No se dio cuenta en qué momento se había puesto de pie, alerta, como si el otro pudiera atacarle o algo parecido. Ahora mismo no estaba en condiciones de refugiarse en una armadura, porque la única que tenía estaba rompiéndose cada día más. — ¿Rem?¿Qué haces aquí…? — susurró, aunque sonó mucho más patético de lo que pensaba.

B-day!

                                                                                ▸ @paradeliar

Aunque su semblante se muestre inexpresivo, en el fondo, muere de nervios: debe ser una de las primeras veces que se toma el tiempo de pensar en un obsequio para alguien que considere «importante» o medianamente relevante. Pero así, intentó mantenerse firme (sudorosamente firme) en lo que llama a la puerta del más alto.    

50 Sombras Más Oscuras (Wigetta)

CAPÍTULO FINAL

Me quedo totalmente pálido, se me hiela la sangre y el miedo invade mi cuerpo.  De forma instintiva me coloco entre él y Samuel.

—¿Qué es eso? —murmura Samuel, con recelo.

Yo le ignoro. No puedo creer que Frank esté haciendo esto.

—¡Frank! Esto no tiene nada que ver contigo.

Lo fulmino con una mirada ponzoñosa, la ira ha reemplazado al miedo. ¿Cómo se atreve a hacer esto? Ahora no, hoy no. En el cumpleaños de Samuel, no. Sorprendido ante mi respuesta, él abre de par en par sus ojos cafés y parpadea.

—¿Qué es eso, Guille? —dice Samuel otra vez, ahora en un tono más amenazador.

—¿Podrías marcharte, Samuel, por favor? —le pido.

—No. Enséñamelo.

Extiende la mano, y sé que no es momento de discutirle; habla con dureza y frialdad. Le entrego el e-mail de mala gana.

—¿Qué te ha hecho él? —pregunta Frank, sin hacer caso de Samuel, y parece muy preocupado.

En mi mente aparece una sucesión de multitud de imágenes eróticas, y me ruborizo.

—Eso no es asunto tuyo, Frank.

No puedo evitar el tono de exasperación que tiene mi voz.

—¿De dónde sacaste esto? —pregunta Samuel con la cabeza ladeada e inexpresivo, pero en un tono bajo muy… amenazador.

Frank se sonroja.

—Eso es irrelevante. —Pero, al ver su mirada glacial, prosigue enseguida—: Estaba en el bolsillo de una americana, que supongo que es tuya, y que encontré detrás de la puerta del dormitorio de Guille.

La firmeza de Frank se debilita un poco ante la abrasadora mirada café de Samuel, pero aparentemente se recupera y le clava la vista furioso.

Con su traje ceñido de un rojo vino tinto, parece la hostilidad personificada. Está impresionante. Pero ¿qué demonios hacía rebuscando en mi ropa? Normalmente es al revés.

—¿Se lo has contado a alguien?

Ahora la voz de Samuel es como un guante de seda.

—¡No! Claro que no —replica Frank, ofendido.

Samuel asiente y parece relajarse. Se da la vuelta y se encamina hacia la chimenea. Frank y yo permanecemos callados mientras vemos cómo coge un encendedor de la repisa, prende fuego al e-mail, lo suelta y deja que caiga flotando lentamente en llamas sobre el suelo del hogar hasta quedar reducido a cenizas. El silencio en la habitación es opresivo.

—¿Ni siquiera a Luzu? —le pregunto a Frank.

—A nadie —afirma enfáticamente él, que por primera vez parece dolido y desconcertado—. Yo solo quería saber si estabas bien, Guille —murmura.

—Estoy bien, Frank. Más que bien. Por favor, Samuel y yo estamos estupendamente, de verdad; eso es cosa del pasado. Por favor, ignóralo.

—¿Que lo ignore? —dice—. ¿Cómo voy a ignorar esto? ¿Qué te ha hecho él? —pregunta, y sus ojos están cargados de preocupación sincera.

—Él no me ha hecho nada, Frank. En serio… estoy bien.

Él me mira, vacilante.

—¿De verdad?

Samuel me pasa un brazo por la cintura y me estrecha contra él, sin apartar los ojos de Frank.

—Guille ha aceptado ser mi hombre, Frank —dice tranquilamente.

—¡Tu hombre! —chilla Frank, y abre mucho los ojos, sin dar crédito.

—Vamos a casarnos. Vamos a anunciar nuestro compromiso esta noche —afirma él.

—¡Oh! —Frank me mira con la boca abierta. Está atónito—. ¿Te dejo solo quince días y vas a casarte? Esto muy precipitado. Así que ayer, cuando dije… —Me mira, estupefacta—. ¿Y cómo encaja este e-mail en todo esto?

—No encaja, Frank. Olvídalo… por favor. Yo le quiero y él me quiere. No arruines su fiesta y. nuestra noche. No lo hagas —susurro.

Él pestañea y de pronto sus ojos están brillantes por las lágrimas.

—No. Claro que no. ¿Tú estás bien?

Quiere que se lo asegure para quedarse tranquilo.

—Soy más feliz que en toda mi vida —murmuro.

Él se acerca y me coge la mano, haciendo caso omiso del brazo de Samuel rodeando mi cintura.

—¿De verdad estás bien? —pregunta esperanzado.

—Sí.

Le sonrío de oreja a oreja, recuperando por fin mi alegría. Frank se relaja, y su sonrisa es un reflejo de mi felicidad. Me aparto de Samuel, y él me abraza de repente.

—Oh, Guille… me quedé tan preocupado cuando leí esto. No sabía qué pensar. ¿Me lo explicarás? —musita.

—Algún día, ahora no.

—Bien. Yo no se lo contaré a nadie. Te quiero mucho, Guille, como a un hermano. Es que pensé… no sabía qué pensar, perdona. Si tú eres feliz, yo también soy feliz.

Mira directamente a Samuel y se disculpa otra vez. Él asiente, pero su mirada es glacial y su expresión permanece imperturbable. Oh, no, sigue enfadado.

—De verdad que lo siento. Tienes razón, no es asunto mío —me dice al oído.

Llaman a la puerta, Frank se sobresalta y yo me aparto de él. Victoria asoma la cabeza.

—¿Todo bien, cariño? —le pregunta a Samuel.

—Todo bien, señora De Luque —salta Frank al instante.

—Estupendamente, mamá —dice Samuel.

—Bien. —Victoria entra—. Entonces no os importará que le dé a mi hijo un abrazo de cumpleaños.

Nos sonríe a ambos. Él la estrecha con fuerza entre sus brazos y su gesto inmediatamente se suaviza.

—Feliz cumpleaños, cariño —dice ella en voz baja, y cierra los ojos fundida en ese abrazo—. Estoy tan contenta de que no te haya pasado nada.

—Estoy bien, mamá. —Samuel le sonríe.

Ella se echa hacia atrás, le examina fijamente y sonríe radiante.

—Me alegro muchísimo por ti —dice, y le acaricia la cara.

Él le devuelve una sonrisa… su entrañable sonrisa capaz de derretir el corazón más duro.

¡Ella lo sabe! ¿Cuándo se lo ha dicho Samuel?

—Bueno, chicos, si ya habéis terminado vuestro tête-à-tête, aquí hay un montón de gente que quiere comprobar que realmente estás en una pieza, y desearte feliz cumpleaños, Samuel.

—Ahora mismo voy.

Victoria nos mira con cierta ansiedad a Frank y a mí, y al parecer nuestras sonrisas la tranquilizan. Me guiña el ojo y nos abre la puerta. Samuel me tiende una mano, y yo la acepto.

—Samuel, perdóname, de verdad —dice Frank humildemente.

Frank en plan humilde… es algo digno de ver. Samuel le mira, asiente y ambos salimos detrás de Frank.

Una vez en el pasillo, miro de reojo a Samuel.

—¿Tu madre sabe lo nuestro? —pregunto con inquietud.

—Sí.

—Ah.

Y pensar que el tenaz joven Garnes podría haber arruinado nuestra velada. Me estremezco al pensar en las consecuencias que podría tener que el estilo de vida de Samuel saliera a la luz.

—Bueno, ha sido una forma interesante de empezar la noche.

Le sonrío con dulzura. Él baja la mirada hacia mí, y aparece de nuevo su mirada irónica.

Gracias a Dios.

—Tiene usted el don de quedarse corto, joven Díaz. Como siempre. —Se lleva mi mano a los labios y me besa los nudillos, y entramos al salón, donde somos recibidos con un aplauso súbito, espontáneo, ensordecedor.

Oh, Dios. ¿Cuánta gente hay aquí?

Echo un rápido vistazo a la sala: están todos los De Luque, Luzu con Samantha, el doctor Atkin y su esposa, supongo. También está el tipo del barco; un afroamericano alto y guapo —recuerdo haberle visto la primera vez que estuve en la oficina de Samuel—; Lily, esa bruja amiga de Samantha, dos mujeres a las que no conozco de nada, y… oh, no. Se me cae el alma a los pies. Esa mujer… la señora Robinson.

Aparece Gretchen con una bandeja de champán. Lleva un vestido negro escotado, el pelo recogido en un moño alto en lugar de las coletas, y al ver a Samuel sus pestañas aletean y se sonroja. El aplauso va apagándose y todas las miradas se dirigen expectantes hacia Samuel, que me aprieta la mano.

—Gracias, a todos. Creo que necesitaré una de estas.

Coge dos copas de la bandeja de Gretchen y le dedica una sonrisa fugaz. Tengo la sensación de que miss Coletitas está a punto de desmayarse o de morirse. Samuel me ofrece una copa.

Alza la suya hacia el resto de la sala, e inmediatamente todos se acercan, encabezados por la diabólica mujer de negro. ¿Es que siempre viste del mismo color?

—Samuel, estaba preocupadísima.

Carla le da un pequeño abrazo y le besa en ambas mejillas. Yo intento soltarme de su mano, pero él no me deja.

—Estoy bien, Carla —musita Samuel con frialdad.

—¿Por qué no me has llamado? —inquiere ella desesperada, buscando su mirada.

—He estado muy ocupado.

—¿No recibiste mis mensajes?

Samuel se remueve, incómodo, me rodea con un brazo y me estrecha hacia él. Sigue mirando a Carla con gesto impasible. Ella ya no puede seguir ignorándome, y me saluda con un asentimiento cortés.

—Guille, querido —dice ronroneante—. Estás muy guapo.

—Carla —respondo en el mismo tono—. Gracias.

Capto una mirada de Victoria, que frunce el ceño al vernos a los tres juntos.

—Tengo que anunciar una cosa, Carla —le dice Samuel con indiferencia.

A ella se le enturbia la mirada.

—Por supuesto.

Finge una sonrisa y da un paso atrás.

—Escuchadme todos —dice Samuel.

Espera un momento hasta que cesa el rumor de la sala, y todos vuelven a centrar sus miradas en él.

—Gracias por haber venido. Debo decir que esperaba una tranquila cena familiar, de manera que esto es una sorpresa muy agradable.

Mira fijamente a Samantha, que sonríe radiante y le saluda discretamente. Samuel mueve la cabeza con simulada exasperación y prosigue.

—A Ros y a mí… —hace un gesto hacia la mujer pelirroja que está de pie junto a una rubia menuda y vivaz—… nos fue ayer de muy poco.

Ah, es Ros, la mujer que trabaja con él. Ella sonríe y alza la copa hacia él.

—Así que me hace especialmente feliz estar aquí hoy para compartir con todos vosotros una magnífica noticia. Este magnífico hombre —baja la mirada hacia mí—, el joven Guillermo Díaz, ha aceptado ser mi esposo, y quería que todos vosotros fuerais los primeros en saberlo.

¡Se produce una reacción de asombro general, vítores ocasionales, y luego una ronda de aplausos! Dios… esto está pasando realmente de verdad. Creo que me he puesto del color del traje de Frank. Samuel me coge la barbilla, alza mi boca hasta sus labios y me da un beso fugaz.

—Pronto serás mío.

—Ya lo soy —susurro.

—Legalmente —musita, y me sonríe con aire malicioso.

Lily, que está al lado de Samantha, parece alicaída; por la expresión que pone, Gretchen parece haberse tragado algo muy desagradable y amargo. Paseo la vista con cierta ansiedad entre la multitud congregada y localizo a Carla. Tiene la boca abierta. Está atónita… horrorizada incluso y al verla tan estupefacta, no puedo evitar una intensa satisfacción. Al fin y al cabo, ¿qué demonios estás haciendo aquí?

Diego y Victoria interrumpen mis malévolos pensamientos, e inmediatamente todos los De Luque empiezan a abrazarme y a besarme, uno detrás de otro.

—Oh, Guille… estoy tan encantada de que vayas a formar parte de la familia —dice Victoria muy emocionada—. El cambio que ha dado Samuel… Ahora es… feliz. Te lo agradezco tanto.

Incómodo ante tal efusividad, yo me sonrojo, pero en el fondo estoy muy contento.

—¿Dónde está el anillo? —exclama Samantha cuando me abraza.

—Eh…

¡El anillo! Vaya. Ni siquiera había pensado en el anillo. Miro de reojo a Samuel.

—Lo escogeremos juntos —dice Samuel, fulminando a su hermana con la mirada.

—¡Ay, no me mires así, De Luque! —le reprocha ella, y luego le abraza—. Estoy muy emocionada por ti, Samuel —dice.

Ella es la única persona a la que no intimida su expresión colérica. A mí me hace temblar… bueno, solía hacerlo.

—¿Cuándo os casaréis? ¿Habéis fijado la fecha? —le pregunta radiante a Samuel.

Él niega con la cabeza, con evidente exasperación.

—No tengo ni idea, y no lo hemos decidido. Todavía tenemos que hablarlo Guille y yo —dice, irritado.

—Espero que celebréis una gran boda… aquí.

Sonríe con entusiasmo, sin hacer el menor caso del tono cáustico de su hermano.

—Lo más probable es que mañana nos escapemos a Las Vegas —le replica él, y recibe a cambio un mohín lastimero, típico de Samantha De Luque. Samuel pone los ojos en blanco y se vuelve hacia Luzu, que le da su segundo gran abrazo en solo dos días.

—Así se hace, hermano —dice palmeándole la espalda.

La reacción de toda la sala es abrumadora, y pasan unos minutos hasta que consigo reunirme de nuevo con Samuel, que se acerca ahora al doctor Atkin. Por lo visto Carla ha desaparecido y Gretchen sigue sirviendo champán con gesto arisco.

Al lado del doctor Atkin hay una joven muy atractiva, con una melena larga y oscura, casi azabache, un escote muy llamativo y unos ojos almendrados preciosos.

—Samuel —dice Atkin tendiéndole la mano, y él la estrecha encantado.

—John. Rhian.

Besa a la mujer morena en la mejilla. Es menuda y muy linda.

—Estoy encantado de que sigas entre nosotros, Samuel. Mi mujer estaría muy apenada y aburrida, sin ti.

Samuel sonríe.

—¡John! —le reprocha Rhian, ante el regocijo de Samuel.

— Rhian, este es Guillermo, mi prometido. Guille, esta es la esposa de John.

—Encantado de conocer a la persona que finalmente ha conquistado el corazón de Samuel —dice Rhian con amabilidad.

—Gracias —musito yo, nuevamente apurado.

—Esta sí que ha sido una buena bolea, Samuel —comenta el doctor Atkin meneando la cabeza, como si no diera crédito. Samuel frunce el ceño.

—Tú y tus metáforas de críquet, John. — Rhian pone los ojos en blanco—. Felicidades a los dos, y feliz cumpleaños, Samuel. Qué regalo tan maravilloso —me dice con una gran sonrisa.

No tenía ni idea de que el doctor Atkin fuera a estar aquí, ni tampoco Carla. Me ha cogido desprevenido, y me devano los sesos pensando si tengo algo que preguntarle al doctor, aunque no creo que una fiesta de cumpleaños sea el lugar adecuado para una consulta psiquiátrica.

Charlamos durante unos minutos. Rhian es un ama de casa con dos hijos pequeños. Deduzco que ella es la razón de que el doctor Atkin ejerza en USA.

—Él está bien, Samuel, responde bien al tratamiento. Dentro de un par de semanas lo incorporaremos a un programa para pacientes externos.

El doctor Atkin y Samuel están hablando en voz baja, pero no puedo evitar escucharles y desatender a Rhian con cierta descortesía.

—Y ahora mismo vivo entre fiestas infantiles y pañales…

—Eso debe de robarte mucho tiempo.

Me sonrojo y me concentro nuevamente en Rhian, que ríe con amabilidad. Sé que Samuel y Atkin están hablando de Michael.

—Pídele una cosa de mi parte —murmura Samuel.

—¿Y tú a qué te dedicas, Guillermo?

—Guille, por favor. Trabajo en una editorial.

Samuel y el doctor Atkin bajan más la voz; es muy frustrante. Pero se callan en cuanto se les acercan las dos mujeres a las que no conocía de antes: Ros y Gwen, la vivaz rubita a la que Samuel presenta como la compañera de Ros.

Esta es encantadora, y no tardo en descubrir que vive prácticamente enfrente del Escala. Se dedica a elogiar la destreza de Samuel como piloto. Era la primera vez que volaba en el Charlie Tango, y dice que no dudaría en volver a hacerlo. Es una de las pocas personas que he conocido que no está fascinada por él… bueno, el motivo es obvio.

Gwen es risueña y tiene un sentido del humor irónico, y Samuel parece extraordinariamente cómodo con ambas. Las conoce bien. No hablan de trabajo, pero me doy cuenta de que Ros es una mujer inteligente que no tiene problemas para seguirle el ritmo. También posee una fantástica risa ronca de fumadora empedernida.

Victoria interrumpe nuestra placentera conversación para informar a todo el mundo de que en la cocina de los De Luque están sirviendo el bufet en que consistirá la cena. Los invitados empiezan a dirigirse hacia la parte de atrás de la casa.

Samantha me para en el pasillo. Con su vestido de encaje rosa pálido y sus altísimos tacones, se planta frente a mí como un fantástico árbol navideño. Sostiene dos copas de cóctel.

—Guille —sisea con complicidad.

Yo miro de reojo a Samuel, que me deja como diciendo «Que tengas suerte, yo no puedo con ella», y entramos juntos en el salón.

—Toma —dice con aire travieso—. Es un martini de limón, especialidad de mi padre…  mucho más bueno que el champán.

Me ofrece una copa y me observa con ansiedad mientras doy un sorbo para probarlo.

—Mmm… delicioso. Aunque un poco fuerte.

¿Qué pretende? ¿Intenta emborracharme?

—Guille, necesito un consejo. Y no se lo puedo pedir a Lily: ella es muy crítica con todo —Samantha pone los ojos en blanco y luego me sonríe—. Tiene muchos celos de ti. Creo que esperaba que un día Samuel y ella acabaran juntos, no entiende que mi hermano prefiere hombres.

Samantha se echa a reír ante lo dicho, y yo tiemblo por dentro. Eso es algo con lo que tendré que lidiar durante mucho tiempo: que otras personas deseen a mi hombre. Aparto esa idea inoportuna de mi mente, y me evado centrándome en el tema que ahora nos ocupa. Bebo otro sorbo del martini.

—Intentaré ayudarte. Adelante.

—Ya sabes que Rubén y yo nos conocimos hace poco, gracias a ti.

Me sonríe radiante.

—Sí.

¿Adónde demonios quiere ir a parar?

—Guille… él no quiere salir conmigo —confiesa con un mohín.

—Oh.

Parpadeo extrañado, y pienso: A lo mejor él no está tan encaprichado contigo.

—Mira, no es exactamente así. Él no quiere salir conmigo porque su hermano está saliendo con mi hermano. ¿Sabes?, Rubén considera que todo esto es un poco… incestuoso. Pero yo sé que le gusto. ¿Qué puedo hacer?

—Ah, ya entiendo —musito, intentando ganar algo de tiempo. ¿Qué puedo decir?—. ¿No podéis plantearos ser amigos y daros un poco de tiempo? Quiero decir que acabas de conocerle.

Ella arquea una ceja.

—Mira, ya sé que yo acabo de conocer a Samuel, pero… —Frunzo el ceño sin saber qué decir—. Samantha, esto tenéis que solucionarlo Rubén y tú, juntos. Yo lo intentaría por la vía de la amistad.

Samantha esboza una amplia sonrisa.

—Esa mirada la has aprendido de Samuel.

Me ruborizo.

—Si quieres un consejo, pregúntale a Frank. Él debe de saber algo más sobre los sentimientos de su hermano.

—¿Tú crees?

—Sí —digo con una sonrisa alentadora.

—Fantástico. Gracias, Guille.

Me da otro abrazo y sale corriendo hacia la puerta con aire excitado —e impresionante, dados los tacones que lleva—, sin duda para ir a incordiar a Frank. Bebo otro sorbo de martini, y me dispongo a seguirla, cuando me paro en seco.

Carla entra en la sala con paso muy decidido y expresión tensa y colérica. Cierra la puerta con cuidado y me dirige una mirada amenazadora.

Oh, no.

—Guille —dice con una sonrisa desdeñosa.

Ligeramente mareada después de dos copas de champán y del cóctel letal que llevo en la mano, hago acopio de toda la serenidad de que dispongo. Tengo la sensación de que la sangre ha dejado de circular por mis venas, pero recurro tanto a mi subconsciente como a el dios que llevo dentro para aparentar tanta tranquilidad e indiferencia como puedo.

—Carla —digo con un hilo de voz, firme pese a la sequedad de mi boca.

¿Por qué me trastorna tanto esta mujer? ¿Y ahora qué quiere?

—Te daría mis felicitaciones más sinceras, pero me parece que no sería apropiado.

Y clava en mí sus penetrantes ojos azules, fríos y llenos de odio.

—Yo no necesito ni deseo tus felicitaciones, Carla. Me sorprende y me decepciona que estés aquí.

Ella arquea una ceja. Creo que parece impresionada.

—No había pensado en ti como en una adversario digno, Guillermo. Pero siempre me sorprendes.

—Yo no he pensado en ti en absoluto —miento fríamente. Samuel estaría orgulloso—. Y ahora, si me disculpas, tengo cosas mucho mejores que hacer en lugar de perder el tiempo contigo.

—No tan deprisa, niñito —sisea, y se apoya en la puerta para bloquearme el paso—. ¿Qué demonios te crees que haces aceptando casarte con Samuel? Si has pensado durante un minuto siquiera que puedes hacerle feliz, estás muy equivocado.

—Lo que yo haya consentido hacer o no con Samuel no es problema tuyo.

Sonrío dulcemente con sarcasmo. Ella me ignora.

—Él tiene necesidades… necesidades que tú no puedes satisfacer en lo más mínimo—replica con arrogancia.

—¿Qué sabes tú de sus necesidades? —replico. Una sensación de indignación arde en mis entrañas y una descarga de adrenalina recorre mi cuerpo. ¿Cómo se atreve esta bruja asquerosa a sermonearme?—. No eres más que una pederasta enfermiza, y si de mí dependiera te arrojaría al séptimo círculo del infierno y me marcharía tranquilamente. Ahora apártate… ¿o voy a tener que obligarte?

—Estás cometiendo un grave error en este asunto. —Agita frente a mí un largo y esbelto dedo con una manicura perfecta—. ¿Cómo te atreves a juzgar nuestro estilo de vida? Tú no sabes nada, y no tienes ni idea de dónde te estás metiendo. Y si crees que él será feliz con un insulso caza-fortunas como tú…

¡Ya basta! Le tiro a la cara el resto del martini de limón, dejándola empapada.

—¡No te atrevas a decirme tú dónde me estoy metiendo! —le grito—. ¿Cuándo aprenderás que eso no es asunto tuyo?

Me mira horrorizada con la boca abierta y se limpia la bebida pegajosa de la cara. Creo que está a punto de abalanzarse sobre mí, pero de pronto se queda paralizada cuando se abre la puerta.

Samuel aparece en el umbral. Tarda una fracción de segundo en hacerse cargo de la situación: yo, pálido y tembloroso; ella, empapada y lívida. Su hermoso rostro se ensombrece, crispado por la rabia, y se coloca entre ambos.

—¿Qué coño estás haciendo, Carla? —dice en un tono glacial y amenazador.

Ella levanta la vista hacia él y parpadea.

—Él no es bueno para ti, Samuel —susurra.

—¿Qué? —grita él, y ambos nos sobresaltamos.

No le veo la cara, pero todo su cuerpo está tenso e irradia animosidad.

—¿Tú cómo coño sabes lo que es bueno para mí?

—Tú tienes necesidades, Samuel —dice ella en un tono más suave.

—Ya te lo he dicho: esto no es asunto tuyo, joder —ruge.

Oh, no… El furioso Samuel ha asomado su no tan espantoso rostro. Va a oírle todo el mundo.

—¿De qué va esto? —Samuel se queda callado un momento, fulminándola con la mirada—. ¿Piensas que eres tú? ¿Tú? ¿Crees que tú eres la persona adecuada para mí? —dice en un tono más bajo, pero impregnado de desdén, y de pronto siento deseos de marcharme de aquí.

No quiero presenciar este enfrentamiento íntimo. Pero estoy paralizado: mis extremidades se niegan a moverse.

Carla traga saliva y parece como si se obligara a erguirse. Su postura cambia de forma sutil y se convierte en autoritaria. Da un paso hacia él.

—Yo fui lo mejor que te pasó en la vida —masculla con arrogancia—. Mírate ahora. Uno de los empresarios más ricos y triunfadores de Estados Unidos, equilibrado, emprendedor… Tú no necesitas nada. Eres el amo de tu mundo.

Él retrocede como si le hubieran golpeado, y la mira atónito y enfurecido.

—Aquello te encantaba, Samuel, no intentes engañarte a ti mismo. Tenías una tendencia autodestructiva de la cual te salvé yo, te salvé de acabar en la cárcel. Créeme, nene, hubieras acabado allí. Yo te enseñé todo lo que sabes, todo lo que necesitas.

Samuel se pone pálido, mirándola horrorizado, y cuando habla lo hace con voz queda y escéptica.

—Tú me enseñaste a follar, Carla. Pero eso es algo vacío, como tú. No me extraña que Linc te dejara.

Yo siento cómo la bilis me sube por la garganta. No debería estar aquí. Pero estoy petrificado, morbosamente fascinado, mientras ellos se destrozan el uno al otro.

—Tú nunca me abrazaste —susurra Samuel—. No me dijiste que me querías, ni una sola vez.

Ella entorna los ojos.

—El amor es para los idiotas, Samuel.

—Fuera de mi casa.

La voz furiosa e implacable de Victoria nos sobresalta a todos. Los tres volvemos rápidamente la cabeza hacia ella, de pie en el umbral de la sala. Está mirando fijamente a Carla, que palidece bajo su bronceado de Saint-Tropez.

El tiempo se detiene mientras todos contenemos la respiración. Victoria irrumpe muy decidida en la habitación, sin apartar su ardiente y colérica mirada de Carla, hasta plantarse frente a ella.

Carla abre los ojos, alarmada, y Victoria le propina un fuerte bofetón en la cara, cuyo impacto resuena en las paredes del comedor.

—¡Quita tus asquerosas zarpas de mi hijo, puta, y sal de mi casa… ahora! —masculla con los dientes apretados.

Carla se toca la mejilla enrojecida, y parpadea horrorizada y atónita mirando a Victoria. Luego abandona corriendo la sala, sin molestarse siquiera en cerrar la puerta.

Victoria se vuelve despacio hacia Samuel, y un tenso silencio cae como un manto de espesa niebla sobre la habitación mientras madre e hijo se miran fijamente. Al cabo de un momento, Victoria dice:

—Guille, antes de entregarte a mi hijo, ¿te importaría dejarme unos minutos a solas con él? —articula en voz baja y ronca, pero llena de fuerza.

—Por supuesto —susurro, y me apresuro a salir observando de reojo por encima del hombro.

Pero ninguno de los dos se vuelve hacia mí cuando abandono la sala. Siguen mirándose fijamente, comunicándose sin palabras de un modo atronador.

Llego al pasillo y me siento perdido un momento. Mi corazón retumba y la sangre hierve en mis venas… Me siento aterrado y débil. Dios santo, eso es algo realmente grave, y ahora Victoria lo sabe. No me imagino qué le dirá a Samuel, y aunque sé que no está bien, me apoyo en la puerta para intentar oírles.

—¿Cuánto duró, Samuel?

Victoria habla en voz baja. Apenas la oigo.

No oigo lo que responde él.

—¿Cuántos años tenías? —Ahora el tono es más insistente—. Dime. ¿Cuántos años tenías cuando empezó todo esto?

Tampoco ahora oigo a Samuel.

—¿Va todo bien, Guille? —me interrumpe Ros.

—Sí. Bien. Gracias, yo…

Ros sonríe.

—Yo estoy buscando mi bolso. Necesito un cigarrillo.

Y, por un instante, contemplo la posibilidad de ir a fumar con ella.

—Yo voy al baño.

Necesito aclararme la mente y las ideas, procesar lo que acabo de presenciar y oír. Creo que el piso de arriba es el sitio donde es más probable que pueda estar solo. Veo que Ros entra en la salita, y entonces subo las escaleras de dos en dos hasta el segundo piso, y luego hasta el tercero.

Es el único sitio donde quiero estar.

Abro la puerta del dormitorio de infancia de Samuel, entro y cierro tragando saliva. Me acerco a su cama y me dejo caer, tumbado mirando el blanco techo.

Santo cielo. Este debe ser, sin ninguna duda, uno de los enfrentamientos más terribles de los que he sido testigo, y ahora estoy aturdido. Mi prometido y su ex amante… algo que ningún futuro esposo debería presenciar. Eso está claro, pero en parte me alegra que ella haya mostrado su auténtico yo, y de haber sido testigo de ello.

Mis pensamientos se dirigen hacia Victoria. Pobre mujer, tener que escuchar todo eso de su hijo. Me abrazo a una de las almohadas de Samuel. Ella ha oído que Samuel y Carla tuvieron una aventura… pero no la naturaleza de la misma. Gracias a Dios. Suelto un gemido.

¿Qué estoy haciendo? Quizá esa bruja diabólica tuviera parte de razón.

No, me niego a creer eso. Ella es tan fría y cruel. Sacudo la cabeza. Se equivoca. Yo soy bueno para Samuel. Yo soy lo que necesita. Y, en un momento de extraordinaria clarividencia, no me planteo «cómo» ha vivido él su vida hasta hace poco… sino «por qué». Sus motivos para hacer lo que les ha hecho a innumerables chicos… ni siquiera quiero saber cuántos. El cómo no es el problema. Todos eran adultos. Todos fueron —¿Cómo lo expresó el doctor Atkin?— relaciones seguras y consentidas de mutuo acuerdo. Es el porqué. El porqué es lo que está mal.

El porqué surge de la profunda oscuridad de sus orígenes. Cierro los ojos y me los cubro con el brazo. Pero ahora él ha superado eso, lo ha dejado atrás y ambos hemos salido a la luz. Yo estoy deslumbrado con él, y él conmigo. Podemos guiarnos mutuamente. Y en ese momento se me ocurre una idea. ¡Maldita sea! Una idea insidiosa y persistente, y estoy justo en el sitio donde puedo enterrar para siempre ese fantasma. Me siento en la cama. Sí, debo hacerlo.

Me pongo de pie tambaleante, me quito los zapatos, y observo el panel de corcho de encima del escritorio. Todas las fotos de Samuel de niño siguen ahí; y, al pensar en el espectáculo que acabo de presenciar entre él y la señora Robinson, me conmueven más que nunca. Y ahí en una esquina está esa pequeña foto en blanco y negro: la de su madre, la puta adicta al crack.

Enciendo la lámpara de la mesilla y enfoco la luz hacia esa fotografía. Ni siquiera sé cómo se llamaba. Se parece mucho a él, pero más joven y más triste, y lo único que siento al ver su afligida expresión es lástima. Intento encontrar similitudes entre su cara y la mía. Observo la foto con los ojos entornados y me acerco mucho, muchísimo, pero no veo ninguna. Excepto el pelo quizá, aunque creo que ella lo tenía más claro. No me parezco a ella en absoluto. Y es un alivio.

Mi subconsciente chasquea la lengua y me mira por encima de sus gafas de media luna con los brazos cruzados. ¿Por qué te torturas a ti mismo? Ya has dicho que sí. Ya has decidido tu destino. Yo le respondo frunciendo los labios: Sí, lo he hecho, y estoy encantado. Quiero pasar el resto de mi vida tumbado en esta cama con Samuel. El dios que llevo dentro, sentado en posición de loto, sonríe sereno. Sí, he tomado la decisión adecuada.

Tengo que ir a buscar a Samuel; estará preocupado. No tengo ni idea de cuánto rato he estado en esta habitación; creerá que he huido. Al pensar en su reacción exagerada, pongo los ojos en blanco. Espero que Victoria y él hayan terminado de hablar. Me estremezco al pensar qué más debe de haberle dicho ella.

Me encuentro a Samuel subiendo las escaleras del segundo piso, buscándome. Su rostro refleja tensión y cansancio; no es el Samuel feliz y despreocupado con el que llegué. Me quedo en el rellano y él se para en el último escalón, de manera que quedamos al mismo nivel.

—Hola —dice con cautela.

—Hola —contesto en idéntico tono.

—Estaba preocupado…

—Lo sé —le interrumpo—. Perdona… no era capaz de sumarme a la fiesta. Necesitaba apartarme, ¿sabes? Para pensar.

Alargo la mano y le acaricio la cara. Él cierra los ojos y la apoya contra mi palma.

—¿Y se te ocurrió hacerlo en mi dormitorio?

—Sí.

Me coge la mano, me atrae hacia él y yo me dejo caer en sus brazos, mi lugar preferido en todo el mundo. Huele a ropa limpia, a gel de baño y a Samuel, el aroma más tranquilizador y excitante que existe. Él inspira, pegado a mi cabello.

—Lamento que hayas tenido que pasar por todo eso.

—No es culpa tuya, Samuel. ¿Por qué ha venido ella?

Baja la vista hacia mí y sus labios se curvan en un gesto de disculpa.

—Es amiga de la familia.

Yo intento mantenerme impasible.

—Ya no. ¿Cómo está tu madre?

—Ahora mismo está bastante enfadada conmigo. Sinceramente, estoy encantado de que tú estés aquí y de que esto sea una fiesta. De no ser así, puede que me hubiera matado.

—¿Tan enojada está?

Él asiente muy serio, y me doy cuenta de que está desconcertado por la reacción de ella.

—¿Y la culpas por eso? —digo en tono suave y cariñoso.

Él me abraza fuerte y parece indeciso, como si tratara de ordenar sus pensamientos.

Finalmente responde:

—No.

¡Wow! Menudo avance.

—¿Nos sentamos? —pregunto.

—Claro. ¿Aquí?

Asiento y nos acomodamos en lo alto de la escalera.

—¿Y tú qué sientes? —pregunto ansioso, apretándole la mano y observando su cara triste y seria.

Él suspira.

—Me siento liberado.

Se encoge de hombros, y luego sonríe radiante, con una sonrisa gloriosa y despreocupada al más puro estilo Samuel, y el cansancio y la tensión presentes hace un momento se desvanecen.

—¿De verdad?

Yo le devuelvo la sonrisa. Wow, bajaría a los infiernos por esa sonrisa.

—Nuestra relación de negocios ha terminado.

Le miro con el ceño fruncido.

—¿Vas a cerrar la cadena de salones de belleza?

Suelta un pequeño resoplido.

—No soy tan vengativo, Guillermo —me reprende—. No, le regalaré el negocio. Se lo debo.

El lunes hablaré con mi abogado.

Yo arqueo una ceja.

—¿Se acabó la señora Robinson?

Adopta una expresión irónica y menea la cabeza.

—Para siempre.

Yo sonrío radiante.

—Siento que hayas perdido una amiga.

Se encoge de hombros y luego esboza un amago de sonrisa.

—¿De verdad lo sientes?

—No —confieso, ruborizado.

—Ven. —Se levanta y me ofrece una mano—. Unámonos a esa fiesta en nuestro honor. Incluso puede que me emborrache.

—¿Tú te emborrachas? —le pregunto, y le doy la mano.

—No, desde mis tiempos de adolescente salvaje.

Bajamos la escalera.

—¿Has comido? —pregunta.

Oh, Dios.

—No.

—Pues deberías. A juzgar por el olor y el aspecto que tenía Carla, lo que le tiraste era uno de esos combinados mortales de mi padre.

Me observa e intenta sin éxito disimular su gesto risueño.

—Samuel, yo…

Levanta una mano.

—No discutamos, Guillermo. Si vas a beber, y a tirarles copas encima a mis ex, antes tienes que comer. Es la norma número uno. Creo que ya tuvimos esta conversación después de la primera noche que pasamos juntos.

Oh, sí. El Heathman.

Cuando llegamos al pasillo, se detiene y me acaricia la cara, deslizando los dedos por mi mandíbula.

—Estuve despierto durante horas, contemplando cómo dormías —murmura—. Puede que ya te amara entonces.

Oh.

Se inclina y me besa con dulzura, y yo me derrito por dentro, y toda la tensión de la última hora se disipa lánguidamente de mi cuerpo.

—Come —susurra.

—Vale —accedo, porque en este momento haría cualquier cosa por él.

Me da la mano y me conduce hacia la cocina, donde la fiesta está en pleno auge.

* * *

—Buenas noches, John, Rhian.

—Felicidades otra vez, Guille. Seréis muy felices juntos.

El doctor Atkin nos sonríe con afecto cuando, cogidos del brazo, nos despedimos de él y de Rhian en el vestíbulo.

—Buenas noches.

Samuel cierra la puerta, sacude la cabeza, y me mira de repente con unos ojos brillantes por la emoción.

¿Qué se propone?

—Solo queda la familia. Me parece que mi madre ha bebido demasiado.

Victoria está cantando con una consola de karaoke en la sala familiar. Frank y Samantha no paran de animarla.

—¿Y la culpas por ello?

Le sonrío con complicidad, intentando mantener el buen ambiente entre ambos. Con éxito.

—¿Se está riendo de mí, joven Díaz?

—Así es.

—Un día memorable.

—Samuel, últimamente todos los días que paso contigo son memorables —digo en tono mordaz.

—Buena puntualización,  joven Díaz. Ven, quiero enseñarte una cosa.

Me da la mano y me conduce a través de la casa hasta la cocina, donde Diego,  Rubén y Luzu hablan de los Mariners, beben los últimos cócteles y comen los restos del festín.

—¿Vais a dar un paseo? —insinúa Luzu burlón cuando cruzamos las puertas acristaladas.

Diego le pone mala cara a Luzu, moviendo la cabeza con un mudo reproche.

Mientras subimos los escalones hasta el jardín, me quito los zapatos. La media luna brilla resplandeciente sobre la bahía. Reluce intensamente, proyectando infinitas sombras y matices de gris a nuestro alrededor, mientras las luces de Seattle centellean a lo lejos. La casita del embarcadero está iluminada, como un faro que refulge suavemente bajo el frío halo de la noche.

—Samuel, mañana me gustaría ir a la iglesia.

—¿Ah?

—Recé para que volvieras a casa con vida, y así ha sido. Es lo mínimo que puedo hacer.

—De acuerdo.

Deambulamos de la mano durante un rato, envueltos en un silencio relajante. Y entonces se me ocurre preguntarle:

—¿Dónde vas a poner las fotos que me hizo Alex?

—Pensé que podríamos colgarlas en la casa nueva.

—¿La has comprado?

Se detiene para mirarme fijamente, y dice en un tono lleno de preocupación:

—Sí, creí que te gustaba.

—Me gusta. ¿Cuándo la has comprado?

—Ayer por la mañana. Ahora tenemos que decidir qué hacer con ella —murmura aliviado.

—No la eches abajo. Por favor. Es una casa preciosa. Solo necesita que la cuiden con amor y cariño.

Samuel me mira y sonríe.

—De acuerdo. Hablaré con Luzu. Él conoce a una arquitecta muy buena que me hizo unas obras en Aspen. Él puede encargarse de la reforma.

De pronto me quedo sin aliento, recordando la última vez que cruzamos el jardín bajo la luz de la luna en dirección a la casita del embarcadero. Oh, quizá sea allí a donde vamos ahora.

Sonrío.

—¿Qué pasa?

—Me estaba acordando de la última vez que me llevaste a la casita del embarcadero.

A Samuel se le escapa la risa.

—Oh, aquello fue muy divertido. De hecho…

Y de repente se me carga al hombro, y yo chillo, aunque no creo que vayamos demasiado lejos.

—Estabas muy enfadado, si no recuerdo mal —digo jadeante.

—Guillermo, yo siempre estoy muy enfadado.

—No, no es verdad.

Él me da un cachete en el trasero y se detiene frente a la puerta de madera. Me baja deslizándome por su cuerpo hasta dejarme en el suelo, y me coge la cabeza entre las manos.

—No, ya no.

Se inclina y me besa con fuerza. Cuando se aparta, me falta el aire y el deseo domina mi cuerpo.

Baja los ojos hacia mí, y el resplandor luminoso que sale de la casita del embarcadero me permite ver que está ansioso. Mi hombre ansioso, no un caballero blanco ni oscuro, sino un hombre: un hombre hermoso y ya no tan destrozado al que amo. Levanto la mano y le acaricio la cara. Deslizo los dedos sobre sus patillas y por la mandíbula hasta el mentón, y dejo que mi dedo índice le acaricie los labios. Él se relaja.

—Tengo que enseñarte una cosa aquí dentro —murmura, y abre la puerta.

La cruda luz de los fluorescentes ilumina la impresionante lancha motora, que se mece suavemente en las aguas oscuras del muelle. A su lado se ve un pequeño bote de remos.

—Ven.

Samuel toma mi mano y me conduce por los escalones de madera. Al llegar arriba, abre la puerta y se aparta para dejarme entrar.

Me quedo con la boca abierta. La buhardilla está irreconocible. La habitación está llena de flores… hay flores por todas partes. Alguien ha creado un maravilloso emparrado de preciosas flores silvestres, entremezcladas con centelleantes luces navideñas y farolillos que inundan la habitación de un fulgor pálido y tenue.

Vuelvo la cara para mirarle, y él me está observando con una expresión inescrutable. Se encoge de hombros.

—Querías flores y corazones —murmura.

Apenas puedo creer lo que estoy viendo.

—Mi corazón ya lo tienes. —Y hace un gesto abarcando la habitación.

—Y aquí están las flores —susurro, terminando la frase por él—. Samuel, es precioso.

No se me ocurre qué más decir. Tengo un nudo en la garganta y las lágrimas inundan mis ojos.

Tirando suavemente de mi mano me hace entrar y, antes de que pueda darme cuenta, le tengo frente a mí con una rodilla hincada en el suelo. ¡Dios santo… esto sí que no me lo esperaba! Me quedo sin respiración.

Él saca un anillo del bolsillo interior de la chaqueta y levanta sus ojos cafés hacia mí, brillantes, sinceros y cargados de emoción.

—Guillermo Díaz. Te quiero. Quiero amarte, honrarte y protegerte durante el resto de mi vida. Sé mío. Para siempre. Comparte tu vida conmigo. Cásate conmigo.

Le miro parpadeando, y las lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas. Mi Cincuenta, mi hombre. Le quiero tanto. Me invade una inmensa oleada de emoción, y lo único que soy capaz de decir es:

—Sí.

Él sonríe, aliviado, y desliza lentamente el anillo en mi dedo. Es un precioso anillo con un diamante ovalado incrustrado sobre un aro de platino. Wow, es grande… Grande, pero simple, deslumbrante en su simplicidad.

—Oh, Samuel —sollozo, abrumado de pronto por tanta felicidad.

Me arrodillo a su lado, hundo las manos en su cabello y le beso. Le beso con todo mi corazón y mi alma. Beso a este hombre hermoso que me quiere tanto como yo le quiero a él; y él me envuelve en sus brazos, y pone las manos sobre mi pelo y la boca sobre mis labios. Y en el fondo de mi ser sé que siempre seré suyo, y que él siempre será mío. Juntos hemos llegado muy lejos, y tenemos que llegar aún más lejos, pero estamos hechos el uno para el otro. Estamos predestinados.

* * *

Da una calada y la punta del cigarrillo brilla en la oscuridad. Expulsa una gran bocanada de humo, que termina en dos anillos que se disipan ante él, pálidos y espectrales bajo la luz de la luna. Se remueve en el asiento, aburrido, y bebe un pequeño sorbo de bourbon barato de una botella envuelta en un papel marrón arrugado, que luego vuelve a colocarse entre los muslos.

Es increíble que aún le siga la pista. Tuerce la boca en una mueca sardónica. Lo del helicóptero ha sido una acción temeraria y precipitada. Una de las cosas más excitantes que ha hecho en toda su vida. Pero ha sido en vano. Pone los ojos en blanco con expresión irónica.

¿Quién habría pensado que ese hijo de puta sabría pilotar tan bien, el muy cabrón?

Suelta un gruñido.

Le han infravalorado. Si De Luque creyó por un momento que se retiraría gimoteante y con el rabo entre las piernas, es que ese capullo no se entera de nada.

Le ha pasado lo mismo durante toda la vida. La gente le ha infravalorado constantemente: no es más que un hombre que lee libros. ¡Y una mierda! Es un hombre que lee libros, y que además tiene una memoria fotográfica. Ah, las cosas de las que se ha enterado, las cosas que sabe. Gruñe otra vez. Sí, sobre ti, De Luque. Las cosas que sé sobre ti.

No está mal para ser un chico de los bajos fondos de Detroit. No está mal para ser un chico que obtuvo una beca para Princeton. No está mal para ser un chico que se deslomó trabajando durante la universidad y al final consiguió entrar en el mundo editorial.

Y ahora todo eso se ha jodido, se ha ido al garete por culpa de De Luque y su putito. Frunce el ceño mientras observa la casa, como si representara todo lo que él desprecia. Pero no ha pasado nada. El único acontecimiento destacable ha sido esa mujer de la melenita pelirroja corta que ha bajado por el sendero hecha un mar de lágrimas, se ha subido al CLK blanco y se ha marchado.

Suelta una risita amarga y hace una mueca de dolor. Joder, las costillas. Todavía le duelen por culpa de las patadas que le dio el esbirro de De Luque.

Revive la escena en su mente. «Si vuelves a tocar al joven Díaz, te mato.»

Ese hijo de perra también recibirá lo suyo. Sí, no sabe lo que le espera. Se reclina otra vez en el asiento. Parece que la noche va a ser larga. Se quedará, vigilando y esperando. Da otra calada al Marlboro. Ya llegará su oportunidad. Llegará muy pronto.

 -FIN-

Signos zodiacales según personas que conozco.

Aries: disciplinada, seria y asocial, incluso odiosa. Cinéfila, dramática, muy definida y buena para preguntar cosas sobre arte o moda. Dedicada a las personas que quiere y hace omiso al bienestar de los demás.

Tauro: ama la comida, la atención, y expresa sus inseguridades de la manera inadecuada. Conflictiva, molesta, y cínica. Sus actos buenos se opacan con los actos malos o molestos.

Géminis: inteligente, rápida y sarcástica. Cuando quiere a alguien, se dedica y quiere con todo su corazón. Pero también funciona a la inversa.

Cáncer: sensible, necesitado de atención, e infantil. Probablemente sea el mejor amigo que puede tener alguien, escucha a la perfección y siempre trata de ayudar. Muy leal.

Leo: El Rey y El Líder. Vanidoso, egocéntrico, a veces inseguro pero genial, lleno de amor para las personas que ama y muy entregado y leal.

Virgo: definido y maduro. Trabajador, con una vista generalizada del mundo igual que su inteligencia. Aunque se porte como un niño, tiene decisiones de adulto.

Libra: odia el conflicto. Y es ñeh.

Escorpión: es apasionado, aunque inexpresivo. Vive sus gustos sólo y sin necesidad de nadie. Es inteligente, independiente, y muy buen amigo.

Sagitario: divertido, arriesgado. Y pues, ñeh.

Capricornio: demasiado peso para la tierra, puede llegar a ser molesto. Psicorrígido, pacífico, y poco disciplinado. El que conozco es un hippie con TOC.

Acuario: generoso, ayuda a toda clase de persona. Tiene buen sentido del humor y muchas ganas de trabajar y producir todo el tiempo. Constante y apasionado.

Piscis: leal, y buen amigo. Es independiente pero inseguro. Tiende a ser un poco tonto emocionalmente aunque cognitivamente es bastante listo. Es inútil pero el mundo lo necesita, quien sabe para qué.

Shuu: -Tan solo estiró su mano para tomarla, impidiendo que se fuera.- ¿Y se supone que puedes irte así como así? -Su rostro estaba inexpresivo, como siempre.- Tu y yo sabemos que te gusta estar conmigo y las cosas que te hago, mujer obscena… -Y la jaló, dispuesto a beber de su cuello por enésima vez.-

Reiji: ¿Y crees que estás en posición para darme la espalda e irte? -El pelinegro parecía molesto con esa actitud hacia él, por lo que soltó un bufido de exasperación y se acomodó los anteojos.- Te pido vuelvas a tu asiento y no te retires hasta que yo te lo ordene…. humana.

Ayato: -Soltó un gruñido apenas recibió el golpe en su mano y se apresuró a tomarla por ambas muñecas, fulminandola con sus ojos verdes y apegándola a su cuerpo.- ¿Acaso has golpeado a Ore-sama, Chichinashi? -Al ver que estaba llorando gradualmente y por reacción comenzó a soltar sus manos.- …. Tch.

Kanato: ¡OYE! -La detuvo de inmediato, sosteniendola por la muñeca con una fuerza que si incluso presionaba más en su agarre podría romperle la mueca.- ¿¡CÓMO TE ATREVES A PEGARME!? ¡NO TE LO PERDONARÉ NUNCA! ¿¡ME HAZ OIDO!?

Raito: ¿Pero de qué hablas, Bitch-chaaaan~? -Preguntó mientras se pasaba una mano por el cabello que le salía de la fedora y se acercó a paso calmado hasta acorralarla contra la pared más cercana.- Yo soy muy bueno contigo~, huh.

Subaru: -El ver que la chica lloraba lo impactó de sobre manera y en seguida relajó su postura.- Oi…. -La llamó, hasta acercarse a ella y detenerla con un suave agarro en su antebrazo.- Lo siento, yo…. no quería…. 

Ruki: Detente ahí, Kachiku. -Bufó, colocando su libro en el estante mientras la miraba a los ojos y se puso de pie, acercandose a ella a paso relajado, aunque con cada paso que daba desbordaba su actitud dominante e intimidante.- ¿Cómo es que te atreviste a golpear a tu amo? ¿Es que acaso no haz entendido lo que soy para ti?

Kou: -Gruñó de inmediato apenas fue golpeado por la chica y no pasaron ni dos segundos cuando el idol ya se había puesto de pie y la había tomado con mucha brusquedad hasta estamparla contra la pared más cercana, enfurecido.- ¿Incluso luego de que te trato tan bien te portas así conmigo? ¿¡Cómo puedes ser tan malagradecida conmigo!?

Yuma: ¡Oi, Mesubuta! -Se quejó y se apresuró a tomarla por la muñeca para apegarla a él, soltando un ligero gruñidito.- ¿Por qué te pones así conmigo, tu? ¿No crees que estás exagerando?

Azusa: ¿…. Eve? -Preguntó al verla marcharse de esa manera mientras se observaba la mano con mucha curiosidad, notando como comenzaba a formarse un moretón rosado por el golpecito que ella acababa de darle y soltó un suspirito de gusto.- Ne, Eve…. -La llamó, pero al darse cuenta de que ella lloraba toda la emoción de antes por el golpe se esfumó. Se acercó, sin saber si siquiera debía tocarla, asustado a herirla de alguna forma no placentera.- …. Eve…. ¿te hice sentir mal…?

Carla: Kisama… -Gruñó enfurecido por la gran falta de respeto que ella acababa de cometer contra el mayor de los Tsukinami y no dudó ni un solo segundo en chasquear los dedos y aparecer frente a ella, tomándola con mucha fuerza por los hombros para inmovilizarla.- ¿¡Es que acaso quieres que me enfurezca contigo!? ¿¡Eso quieres!?

Shin: -El rugido que soltó de disgusto fue casi animal, y en seguida la inmovilizó tomandola de la muñeca y dio un giro que la obligó a sentarse en el sofá que estaba más cercano.- ¡JAMÁS VUELVAS A HACERME ESO!

Willy. {Drabble Wigetta}

Limpiar no era tan malo, era muy malo en realidad.

Ayudar con los quehaceres del hogar no era una tarea demasiado divertida. Una mierda aburrida.

Sin mencionar el hecho de que mi compañero de piso solía desaparecer a la hora de limpiar dejandome con todo a mi solo. Pero no podía quejarme, después de todo esto es lo que quería, vivir solo con Willy ¿No es así?

Repase con la mirada cada centímetro de la casa soltando un suspiro por lo alto liberando mis pulmones del cansancio y al mismo tiempo hinchando mi pecho de orgullo al ver que todo se encontraba en un perfecto y simétrico orden sin una sola pizca de suciedad por ningún lado. Podría jurar que si mi madre viese esto ahora mismo mínimo un altar me hacía, aunque puestos a ser realistas solo recibiría un abrazo.

Si lo pensaba detenidamente probablemente el único que me daría un beso en la frente por algo tan insignificante como limpiar sería Willy.

Willy

¿Dónde está Willy?

En su habitación no estaba, de ser así le habría oído. Tampoco se encontraba en mi habitación, no le agrada descansar allí, sabe que si grabo le despertaría con mis gritos.

Me encaminé hasta la entrada esperando tener señales de él por alguna parte, y así fue. Él se encontraba de cuclillas dandome la espalda, me pregunté mentalmente qué demonios hacía, hasta hice el inútil intento de pasar mi cabeza por encima de la suya como si fuera un autentico intruso intentando ver los secretos de alguien más, pero enseguida volví a mi posición inicial, no quería arriesgarme a ver ‘lo que sea que esté haciendo’ sin su permiso y hacerle enfadar.

Vagos recuerdos vinieron a mi mente de la última vez que le espié haciendo algo extraño, que al final resultó ser una tarjeta de aniversario hecha a mano por si mismo, arruiné su sorpresa por mi estúpida curiosidad y tuve que disculparme con una cena debido a que hizo un berrinche durante tres día seguidos por ello.

Llame su atención tocando sus hombros logrando que se sobresaltase dando un brinco envolviendo entre sus brazos un pequeño bulto.

Enseguida la sangre se me congeló y un ligero escalofrío recorrió mi columna vertebral. ¿Qué llevaba allí?

“Acaso es un-”

“Gato”

“¿Bebé?”

Dijimos al unisono quedando perplejos cada uno por su parte, y ¡Uff! ¿Un gato?

“¿Un gato? Qué dices”

“¿Un bebé? ¿De dónde voy a sacar un bebé?” preguntó comenzando a doblarse en carcajadas mientras que sus pequeños ojos avisaban la llegada de un par de lágrimas.

“¡No lo sé! Te vi allí con un bulto en brazos macho y lo primero que pensé fue en como le explicaría a la policía que mi novio se robó un niño para adoptarlo” expliqué entre risas oyendo lo absurdo y descabellado que sonaba eso.

“Pues no, aún no quiero niños” dice divertido comenzando a acunar al pequeño felino en sus brazos.

“Pero sí quiero un gato. Lo encontré mientras limpiabas. Bueno, no. Él me encontró a mi.” hizo una breve pausa y observó por un momento mi mirada, la cual se sostenía sobre la pequeña bola de pelos, sabía que intentaba leer mis pensamientos y sacar aquella aprobación que estaba buscando desde que empezó a hablar, sin embargo me mantuve inexpresivo dandole lugar a que lo siga intentando.

“Pensé que sería lindo tener un integrante más, ya sabes, tú yo y.. Bueno, podemos pensar luego en un nombre para él, ¿Qué te parece?”

“¿Un integrante más dices?” fue todo lo que agregué arrebatando el animal de sus brazos con delicadeza para verlo más de cerca.

Y sí, el gato era adorable. Peludo y menudo, manso y aparentemente de unos cuatro meses aproximadamente. Se dejaba acariciar por cualquiera, daban ganas de protegerlo de todo, en cierto modo se parecía a Willy.

El animal ronroneaba bajo el tacto de mi mano que parecía ser tres veces más grande que su pequeña cabeza, intenté reprimir una sonrisa haciendo una mueca. No quería ilusionar a Willy, no podíamos tener animales en casa sería muy tedioso debido a que viajamos todo el tiempo. Pero ahí estaba él, con una sonrisa de oreja a oreja y pensé que podría iluminar al universo entero con la intensidad que tenía la misma.

Estuve a punto de ceder pero luego observé al pequeño animal y no pude, me sentí cruel, no quería dejarlo en la calle pero tampoco quería someterlo a una vida donde se la pasaría triste y solo por falta de nuestra presencia en casa. Así que finalmente dejé de acariciar al felino y negué con la cabeza haciendo que Willy torciera su sonrisa en una curva hacía abajo. Podía ver como el brillo en su mirada descendía hasta llegar a la desilusión e inevitablemente mis ojos ardieron y mi pecho también.

No quería ser el malo de la película.

“Lo siento Willy, pero sabes que no tenemos tiempo para cuidar de una mascota”

“Ya. Lo siento, es solo que.. ¡Merece un buen hogar, no es justo!” exclamó logrando exaltar al animalito y enseguida sus ojos se aguaron, no sabía si se debía a que asustó al minino o por el hecho de que podía conservarlo.

Un poco de ambas seguramente.

“Venga no seas tonto, le buscaremos un lindo hogar donde será muy feliz, no lo abandonaremos chiqui” le consolé tomando de su nuca con una mano mientras que con la otra sostenía al animalito, no supe como ni cuando pero pronto nos aferramos en un abrazo donde el minino quedó en medio de los dos. Y por un momento o dos realmente lo sentí como una familia, una pequeña y linda familia.

“Pues con la tontería te estoy cogiendo cariño y todo, mira lo que haces” le reclamé al pequeño animal que me observaba sin entender nada y una risa quebradiza se hizo escuchar por parte de Willy quien permanecía hundiendo su cara en mi cuello.

“Promete que lo dejarás con alguien que sea buena gente” le escucho decir e inevitablemente sonrío porque él se encuentra aferrado a mi camisa de la misma forma que el felino.

“Prometo que Willy tendrá un dueño casi tan bueno como yo”

“¿Willy? ¿Le llamaste Willy?” pregunta entre risas y estoy seguro de que eso le hizo feliz.

“Sí, Willy definitivamente es un buen nombre para un gatito.” afirmo acariciando su cabello y este sonríe amplio y brillante mientras se acerca más y picotea mis labios con ternura.

Y estoy seguro de que no necesitaré un gato nunca teniendo a Willy conmigo.

Semana Jainico: Día 2

M-preg ಥ⌣ಥ

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- Conchetumareh…- murmuró impactado. El menor lo miraba desde la puerta del baño, sin habla- Jaime…- lo llamó apenas

- ¿Ah?- respondió esperando el resultado, acercándose a su lado.

- ¡¡Jaime!!- repitió un poco más desesperado, tironeándolo de la manga de su polerón.

- ¿¡Qué, weón!?- le preguntó hastiado de tanto suspenso.

- Salió positivo- pronunció al fin, sin creérselo.

- No me weí- exclamó incrédulo, quitándole la prueba de embarazo de la mano.

- ¡TE LO JURO! ¿¡Qué dice la caja!? ¡Dos rayas positivo!- le espetó alterado, alzando la cajita con instrucciones.

- ¿Se habrá equivocado la weá?- preguntó sin esperar realmente una respuesta, aún sin creer lo que sucedía.

- Me están conchetumadriando, ¿cierto?- pensaba en voz alta el moreno, aún en shock- ¿¡Dónde están las cámaras ocultas!?

- Ya po, Nico, córtala. Esto es en serio.- lo retó el barbón aún pensando como todo esto era posible. Una pura vez que no usan condón y queda la cagá.

- Yo también estoy en serio, estoy en serio pal hoyo, conchetumare…- gruñía asustado, desordenándose el cabello, sentado al borde de la tina, mientras el de rulos googleaba qué mierda podía estar pasando. Estaba tomando el control de la situación, mucho mejor de lo que cualquiera (y el mismo) habría pensado.

- Tai’ en serio, embarazao’- le contestó de vuelta. Bueno tal vez no la estaba controlando taaan bien. Por lo menos su colon estaba intacto.

- …- Nicolás no contestó. Se quedó mirando inexpresivo, la alfobra del baño.

- …- el Jaime lo observó en silencio, compadeciéndolo. Igual cuático saber que vai a ser papá. ‘Conchetumare, entonces yo también soy papá’, reparó algo tarde el de barba rojiza.

- ¿D-de verdad creí que…?- se atrevió a preguntar alzando su rostro, al borde del llanto. Su pololo le devolvió la mirada, dejando de revisar foros en internet sobre el tema, en un intento por conseguir información para calmarse a sí mísmo y al Holy.

- Bueno, es eso o cáncer al testículo…- le contestó.

- ¡¡NO ME ESTAI AYUDANDO, MONO QLO!!- le gritó el pelinegro aún más alterado. Entre embarazo y castrado, ninguna le ayudaba mucho.

- ¡¡PUTA, WEÓN, HAGO LO QUE PUEDO!!- le gritó de vuelta el inexperto futuro padre.

Y adiós colon.

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Ahahsjshskssj alguna vez leí que si a un hombre le salía positivo el test de embarazo, era porque tenía cancer testicular. Por eso no puedo ni leer ni escribir M-preg’s con seriedad xD

Ojalá les haya gustado, cortito pero empeñoso ahshsjs (͡° ͜ʖ ͡°) y hasta mañana ;)

50 Sombras Más Oscuras (Wigetta)

Capítulo 13

Dios santo…

Está ahí, mirándome con semblante inexpresivo e inquietante, y con una pistola en la mano. Mi subconsciente es víctima de un desmayo letal, del que no creo que despierte ni aspirando sales.

Parpadeo repetidamente mirando a Michael, mientras mi mente no para de dar vueltas frenéticamente. ¿Cómo ha entrado? ¿Dónde está Rubén? ¡Por Dios…! ¿Dónde está Rubén?

El miedo creciente y helador que atenaza mi corazón se convierte en terror, y se me erizan todos y cada uno de los folículos del cuero cabelludo. ¿Y si le ha hecho daño? Mi respiración empieza a acelerarse y la adrenalina y un pánico paralizante invaden todo mi cuerpo. Mantén la calma, mantén la calma… repito mentalmente como un mantra una y otra vez.

Él ladea la cabeza y me mira como si fuera un fenómeno de barraca de feria. Pero aquí el fenómeno no soy yo.

Siento que he tardado un millón de años en procesar todo esto, cuando en realidad ha transcurrido apenas una fracción de segundo. El semblante de Michael sigue totalmente inexpresivo, y su aspecto tan desaliñado y enfermizo como siempre. Sigue llevando esa gabardina mugrienta, y parece necesitar desesperadamente una ducha.

Tiene el pelo grasiento y lacio pegado a la cabeza, y sus ojos castaños se ven apagados, turbios y vagamente confusos.

Pese a tener la boca absolutamente seca, intento hablar.

—Hola… ¿Michael, verdad? —alcanzo a decir.

Él sonríe, pero no es una sonrisa auténtica; sus labios se curvan de un modo desagradable.

—Él habla —susurra, y su voz es un sonido fantasmagórico, suave y ronco a la vez.

—Sí, hablo —le digo con dulzura, como si me dirigiera a una niño—. ¿Estás solo aquí? ¿Dónde está Rubén?

Cuando pienso que puede haber sufrido algún daño, se me desboca el corazón.

A él se le demuda la cara de tal modo que creo que está a punto de echarse a llorar… parece tan desvalido.

—Solo —susurra—. Solo.

Y la profundidad de la tristeza que contiene esa única palabra me desgarra el alma. ¿Qué quiere decir? ¿Yo estoy solo? ¿Está él solo? ¿Está solo porque le ha hecho daño a Rubén? Oh… no… tengo que combatir el llanto inminente y el miedo asfixiante que me oprimen la garganta.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Puedo ayudarte?

Pese al sofocante ahogo que siento, mis palabras logran conformar un discurso atento, sereno y amable. Él frunce el ceño como si mis preguntas lo aturdieran por completo. Pero no emprende ninguna acción violenta contra mí. Sigue sosteniendo la pistola con gesto relajado. Yo no hago caso de la opresión que siento en el cerebro e intento otra táctica.

—¿Te apetece un poco de té?

¿Por qué le estoy preguntando si quiere té? Esa es la respuesta de mi padre ante cualquier situación de crisis emocional, y me surge ahora en un momento totalmente inapropiado. Dios… le daría un ataque si me viera ahora mismo. Él ya habría echado mano de su preparación militar y a estas alturas ya lo habría desarmado. De hecho, no me está apuntando con la pistola. A lo mejor puedo acercarme. Michael mueve lentamente la cabeza de un lado a otro, como si destensara el cuello.

Inspiro una preciada bocanada de aire para tratar de calmar el pánico que me dificulta la respiración, y me acerco hasta la encimera de la isla de la cocina. Él tuerce el gesto, como si no entendiera del todo qué estoy haciendo, y se desplaza un poco para seguir plantado frente a mí. Cojo el hervidor con una mano temblorosa y lo lleno bajo el grifo. Conforme me voy moviendo, mi respiración se va normalizando. Sí, si quisiera matarme, seguramente ya me habría disparado. Me mira perplejo, con una curiosidad ausente. Mientras enciendo el interruptor de la tetera, no puedo dejar de pensar en Rubén. ¿Estará herido? ¿Atado?

—¿Hay alguien más en el apartamento? —pregunto con cautela.

Inclina la cabeza hacia un lado y, con la mano derecha —la que no sostiene el revólver—, frota la palma contra sus pantalones. Resulta evidente que es algo que hace cuando está nervioso, y al fijarme en ese detalle, me impresiona nuevamente cuánto se parece a mí. Mi ansiedad está llegando a un nivel que casi me resulta insoportable, y espero su respuesta con la respiración contenida.

—Solo. Completamente solo —murmura.

Eso me tranquiliza. Quizá Rubén no esté aquí. Esa sensación de alivio me da fuerzas.

—¿Estás seguro de que no quieres té ni café?

—No tengo sed —contesta en voz baja, y da un paso cauteloso hacia mí.

Mi sensación de fortaleza se evapora. ¡Dios…! Empiezo a jadear otra vez de miedo, sintiendo cómo circula de nuevo, denso y tempestuoso, por mis venas. A pesar de eso, y haciendo acopio de todo mi valor, me doy la vuelta y saco un par de tazas del armario.

—¿Qué tienes tú que yo no tenga? —pregunta, y su voz tiene la entonación cantarina de un niño pequeño.

—¿A qué te refieres, Michael? —pregunto con toda la amabilidad de la que soy capaz.

—El Amo, el señor De Luque, permite que le llames por su nombre.

—Yo no soy su sumiso, Michael. Eh… el Amo entiende que yo soy incapaz e inadecuado para cumplir ese papel.

Él inclina la cabeza hacia el otro lado. Es un gesto de lo más inquietante y antinatural.

—Ina…de…cuado. —Experimenta la palabra, la dice en voz alta, tratando de saber qué sensación le produce en la lengua—. Pero el Amo es feliz. Yo le he visto. Ríe y sonríe. Esas reacciones son raras… muy raras en él.

Oh.

—Tú te pareces a mí. —Michael cambia de actitud, cogiéndome por sorpresa, y creo que por primera vez fija realmente sus ojos en mí—. Al Amo le gustan obedientes y que se parezcan a ti y a mí. Los demás, todos lo mismo… todos lo mismo… y sin embargo tú duermes en su cama. Yo te vi.

¡Oh, no! Él estaba en la habitación. No eran imaginaciones mías.

—¿Tú me viste en su cama? —susurro.

—Yo nunca dormí en la cama del Amo —murmura.

Es como un espectro etéreo, perdido. Como una persona a medias. Parece tan leve y frágil, y a pesar de llevar un arma, de pronto siento una abrumadora compasión por él. Ahora sujeta la pistola con las dos manos, y yo abro tanto los ojos que amenazan con salírseme de las órbitas.

—¿Por qué al Amo le gustamos así? Eso me hace pensar que… que… el Amo es oscuro… el Amo es un hombre oscuro, pero yo le quiero.

No, no lo es, grito en mi fuero interno. Él no es oscuro. Él es un hombre bueno, y no está sumido en la oscuridad. Está conmigo, a plena luz. Y ahora él está aquí, intentando arrastrarle de vuelta a las sombras con la retorcida idea de que le quiere.

—Michael, ¿quieres darme la pistola? —pregunto con suavidad.

Sus manos la aferran con más fuerza, y se lleva la pistola al pecho.

—Esto es mío. Es lo único que me queda. —Acaricia el arma con delicadeza—. Así podrá reunirse con su amor.

¡Santo Dios! ¿Qué amor… Samuel? Siento como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago. Sé que él aparecerá en cualquier momento para averiguar por qué estoy tardando tanto. ¿Tiene la intención de dispararle? La idea es tan terrorífica que se me forma un enorme nudo en la garganta. Se hincha y me duele, y casi me ahoga, al igual que el miedo que se acumula y me oprime el estómago.

Justo en ese momento, la puerta se abre de golpe y Samuel aparece en el umbral, seguido de Higgs.

Los ojos de Samuel se fijan en mí durante un par de segundos, me observan de la cabeza a los pies, y detecto un centelleo de alivio en su mirada. Pero ese alivio desaparece en cuanto clava la vista en Michael y se queda inmóvil, centrado en él, sin vacilar lo más mínimo. Lo observa con una intensidad que yo no había visto nunca, con ojos salvajes, enormes, airados y asustados.

Oh, no… oh, no.

Michael abre mucho los ojos y por un momento parece que recobra la cordura.

Parpadea varias veces y sujeta el arma con más fuerza.

Contengo el aliento, y mi corazón empieza a palpitar con tanta fuerza que oigo la sangre bombeando en mis oídos. ¡No, no, no!

Mi mundo se sostiene precariamente en manos de este pobre chico destrozado. ¿Disparará? ¿A los dos? ¿Solo a Samuel? Es una idea atroz.

Pero después de una eternidad, durante la cual el tiempo queda en suspenso a nuestro alrededor, él agacha un poco la cabeza y alza la mirada hacia él a través de sus largas pestañas con expresión contrita.

Samuel levanta la mano para indicarle a Higgs que no se mueva. El rostro lívido de este revela su furia. Nunca le había visto así, pero se mantiene inmóvil mientras Samuel y Michael se miran el uno al otro.

Me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración. ¿Qué harán? Pero se limitan a seguir mirándose. Samuel tiene una expresión cruda, cargada de una emoción que desconozco. Puede ser lástima, miedo, afecto… ¿o es amor? ¡No, por favor… amor, no!

Él lo fulmina con la mirada, y con una lentitud agónica, la atmósfera del apartamento cambia. La tensión ha aumentado de tal manera que percibo su conexión, la electricidad que hay entre ambos.

¡No! De repente siento que yo soy el intruso, el que interfiere entre ellos, que siguen mirándose fijamente. Yo soy un advenedizo, un voyeur que espía una escena íntima y prohibida detrás de unas cortinas corridas.

El brillo que arde en la mirada de Samuel se intensifica y su porte cambia sutilmente. Parece más alto, y sus rasgos como más angulosos, más frío, más distante.

Reconozco esa pose. Le he visto así antes… en su cuarto de juegos.

De nuevo se me eriza todo el vello. Este es el Samuel dominante, y parece muy a gusto en su papel. No sé si es algo innato o aprendido, pero, con el corazón encogido y el estómago revuelto, veo cómo responde Michael. Separa los labios, se le acelera la respiración y, por primera vez, el rubor tiñe sus mejillas. ¡No! Es angustioso presenciar esa visión fugaz del pasado de Samuel.

Finalmente, él articula una palabra en silencio. No sé cuál es, pero tiene un efecto inmediato en Michael. Él cae de rodillas al suelo, con la cabeza gacha, y sus manos sueltan la pistola, que golpea con un ruido sordo el suelo de madera. Dios santo…Samuel se acerca tranquilamente a donde ha caído el arma, se inclina con agilidad para recogerla, y luego se la mete en el bolsillo de la americana. Mira una vez más a Michael, que sigue dócilmente arrodillado junto a la encimera de la isla.

—Guillermo, ve con Higgins —ordena.

Higgs cruza el umbral y se me queda mirando.

—Rubén —susurro.

—Abajo —contesta expeditivo, sin apartar los ojos de Michael.

Abajo. No aquí. Rubén está bien. Un fuerte estremecimiento de alivio me recorre todo el cuerpo, y por un momento creo que voy a desmayarme.

—Guillermo…

En la voz de Samuel hay un deje de advertencia.

Le miro, y de pronto soy incapaz de moverme. No quiero dejarle… dejarle con él. Se coloca al lado de Michael, que permanece arrodillado a sus pies. Se cierne sobre él, lo protege. Está tan quieto… es antinatural. No puedo dejar de mirarles a los dos… juntos…

—Por el amor de Dios, Guillermo, ¿por una vez en tu vida puedes hacer lo que te dicen y marcharte?

Con una voz fría como un témpano de hielo, Samuel me fulmina con la mirada y frunce el ceño. Tras la calma deliberada con que pronuncia esas palabras, se oculta una furia palpable.

¿Furioso conmigo? Dios, no. ¡Por favor… no! Me siento como si me hubiera dado un bofetón. ¿Por qué quiere quedarse con ese?

—Higgins. Lleva al señor Díaz abajo. Ahora.

Higgs asiente y yo miro a Samuel.

—¿Por qué? —susurro.

—Vete. Vuelve al apartamento. —La frialdad de sus ojos me fulmina—. Necesito estar a solas con Michael —dice en tono apremiante.

Creo que intenta transmitir una especie de mensaje, pero estoy tan alterado por todo lo sucedido que no estoy segura. Observo a Michael y veo aparecer una levísima sonrisa en sus labios, pero aparte de eso sigue totalmente impasible. Un sumiso total.

¡Santo Dios! Se me hiela el corazón.

Esto es lo que él necesita. Esto es lo que le gusta. ¡No…! Siento unas terribles ganas de llorar.

—Señor Díaz. Guille…

Higgs me tiende la mano, suplicándome que vaya con él. Yo estoy inmovilizado por el terrorífico espectáculo que tengo ante mí. Esto confirma mis peores temores y acrecienta todas mis inseguridades. Samuel y Michael juntos… el Amo y su sumiso.

—Higgins —insiste Samuel, y Higgs se inclina y me coge en volandas.

Lo último que veo es a Samuel acariciándole la cabeza a Michael con ternura, mientras le dice algo en voz baja.

¡No!

Mientras Higgss me lleva escaleras abajo, yaciendo inerte en sus brazos, intento asimilar lo que ha pasado en los últimos diez minutos… ¿O han sido más? ¿O menos? He perdido la noción del tiempo.

Samuel y Michael, Michael y Samuel… ¿juntos? ¿Qué está haciendo con él ahora?

—¡Joder, Willy! ¿Qué coño está pasando?

Me siento aliviado al ver a Rubén, caminando nerviosamente arriba y abajo por el vestíbulo, todavía cargado con su enorme bolsa. ¡Oh, gracias a Dios que está bien! Cuando Taylor me deja en el suelo, prácticamente me abalanzo sobre él, rodeándole el cuello con los brazos.

—Rubén. ¡Oh, gracias a Dios!

Le abrazo muy fuerte. Estaba tan preocupado que, por un momento, obtengo cierto respiro del pánico creciente que siento respecto a lo que está ocurriendo arriba en mi apartamento.

—¿Qué coño está pasando, Guille? ¿Quién es este tío?

—Oh, perdona, Rubén. Este es Higgins. Trabaja para Samuel. Higgins, este es Rubén, el hermano de mi compañero de piso.

Se saludan con un leve movimiento de cabeza.

—Guille, ¿qué está pasando ahí arriba? Estaba buscando las llaves del apartamento cuando esos tíos aparecieron de la nada y me las quitaron. Uno de ellos era Samuel…

Rubén se queda sin palabras.

—Llegaste tarde… Gracias a Dios.

—Sí. Me encontré con un amigo de Pullman… y nos tomamos una copa rápida. ¿Qué está pasando ahí arriba?

—Hay un chico, una ex de Samuel. En nuestro apartamento. Se ha vuelto loco, y Samuel está…

Se me quiebra la voz, y se me llenan los ojos de lágrimas.

—Eh… —susurra Rubén y me abraza con fuerza—. ¿Alguien ha llamado a la policía?

—No, no se trata de eso.

Sollozo pegado a su pecho y, en cuanto empiezo, ya no puedo parar de llorar, las lágrimas liberando toda la tensión de este último episodio. Rubén me abraza más fuerte, pero noto que está desconcertado.

—Venga, Guille, vamos a tomar una copa.

Me da unas palmaditas en la espalda con cierta incomodidad. De repente, yo también me siento incómodo, y avergonzado, y lo que realmente quiero es estar solo.

Pero asiento y acepto su oferta. Quiero alejarme de aquí, alejarme de lo que sea que esté pasando arriba.

Me vuelvo hacia Higgs.

—¿Habíais registrado el apartamento? —le pregunto lloroso, limpiándome la nariz con el dorso de la mano.

—A primera hora de la tarde. —Se encoge de hombros a modo de disculpa y me ofrece un pañuelo. Parece destrozado—. Lo siento, Guille —murmura.

Frunzo el ceño. Pobre… se le ve que se siente muy culpable. No quiero hacer que se sienta aún peor.

—Al parecer tiene una extraordinaria capacidad para eludirnos —añade, y vuelve a torcer el gesto.

—Rubén y yo nos vamos a tomar una copa rápida y después volveremos al Escala.

Me seco los ojos.

Él se apoya en un pie y luego en otro, visiblemente nervioso.

—El señor De Luque quería que volviera directamente al apartamento —dice en voz baja.

—Bueno, pero ahora ya sabemos dónde está Michael. —No puedo evitar que mi voz revele un deje de amargura—. Así que ya no necesitamos tantas medidas de seguridad. Dile a Samuel que nos veremos luego.

Abre la boca para hablar, pero vuelve a cerrarla prudentemente.

—¿Quieres dejarle la bolsa? —le pregunto a Rubén.

—No. Me la llevo, gracias.

Rubén se despide de Higgs con un movimiento de cabeza y después me acompaña fuera. Y entonces me acuerdo, demasiado tarde, de que me he dejado la billetera en el asiento de atrás del Audi. No llevo nada encima.

—Mi billetera…

—No te preocupes —murmura Rubén, su rostro expresando una gran preocupación—. No pasa nada, pago yo.

* * *

Escogemos un bar situado en la acera de enfrente y nos sentamos en unos taburetes de madera junto a la ventana. Quiero ver lo que pasa: quién entra y, sobre todo, quién sale. Rubén me pasa una botella de cerveza.

—¿Problemas con un ex? —pregunta en tono afable.

—Es un poco más complicado que eso —musito, adoptando repentinamente una actitud más reservada.

No puedo hablar de esto: he firmado un acuerdo de confidencialidad. Y, por primera vez, lo lamento realmente. Además, Samuel no ha dicho nada de rescindirlo.

—Tengo tiempo —dice Rubén muy atento, y toma un buen trago de cerveza.

—Es un ex de Samuel, de hace varios años. Abandonó a su marido por otro tipo. Y al cabo de un par de semanas o así, ese tipo murió en un accidente de coche. Y ahora ha vuelto para perseguir a Samuel.

Me encojo de hombros. Ya está, no he revelado demasiado.

—¿Perseguir a Samuel?

—Tenía una pistola.

—¡Hostia!

—De hecho no amenazó a nadie con ella. Creo que pretendía dispararse a sí mismo. Pero por eso yo estaba tan preocupada por ti. No sabía si estabas en el apartamento.

—Ya. Por lo que dices, ese hombre no está bien.

—No, no está bien.

—¿Y ahora qué está haciendo Samuel con él?

Palidezco de golpe y noto que la bilis me sube a la garganta.

—No lo sé —susurro.

Rubén abre los ojos como platos… por fin lo ha entendido.

Esto es lo que me angustia. ¿Qué diablos están haciendo? Hablar, espero. Solo hablar. Pero lo único que visualizo mentalmente es su mano, acariciando tiernamente el pelo de él.

Michael está trastornado y él se preocupa; eso es todo, intento racionalizar. Pero, en el fondo de mi mente, mi subconsciente mueve la cabeza con tristeza.

Es más que eso. Michael era capaz de satisfacer sus necesidades de una forma que yo no puedo. La idea resulta terriblemente deprimente.

Intento centrarme en todo lo que hemos hecho estos últimos días: en su declaración de amor, sus divertidos coqueteos, su alegría. Pero las palabras de Carla vuelven para burlarse de mí. Es verdad lo que dicen sobre los fisgones.

«¿No echas de menos… tu cuarto de juegos?»

Me termino la cerveza en un tiempo récord, y Rubén me pasa otra. No soy muy buena compañía esta noche, pero aun así él se queda conmigo charlando e intentando levantarme el ánimo, y me habla de Barbados y de las payasadas de Frank y Luzu, lo cual es una maravillosa distracción. Pero solo es eso… una distracción.

Mi mente, mi corazón, mi alma siguen todavía en ese apartamento con mi Cincuenta Sombras y el hombre que había sido su sumiso. Una mujer que cree que todavía le ama. Una mujer que se parece a mí.

Mientras nos bebemos la tercera cerveza, un enorme vehículo con los vidrios ahumados aparca junto al Audi delante del edificio. Reconozco al doctor Atkin, que baja acompañado de una mujer vestida con una especie de bata azul claro.

Atisbo a Higgs, que les hace entrar por la puerta principal.

—¿Quién es ese? —pregunta Rubén.

—Es el doctor Atkin. Samuel le conoce.—¿Qué tipo de doctor es?

—Psiquiatra.

—Ah.

Ambos seguimos observando y, al cabo de unos minutos, vuelven a salir.

Samuel lleva a Michael, que va envuelto en una manta. ¿Qué? Veo con horror cómo suben al vehículo y se alejan a toda velocidad.

Rubén me mira con expresión compasiva, y yo me siento desolado, totalmente desolado.

—¿Puedo tomar algo más fuerte? —le pregunto a Rubén, sin voz apenas.

—Claro. ¿Qué te apetece?

—Un brandy. Por favor.

Rubén asiente y se acerca a la barra. Yo miro por la ventana hacia la puerta principal. Al cabo de un momento, Higgs  sale, se sube al Audi y se dirige hacia el Escala… ¿siguiendo a Samuel? No lo sé.

Rubén me planta delante una gran copa de brandy.

—Venga, Díaz. Vamos a emborracharnos.

Me parece la mejor proposición que me han hecho últimamente. Brindamos, bebo un trago del líquido ardiente y ambarino, y agradezco esa intensa sensación de calor que me evade del espantoso dolor que brota en mi corazón.

* * *

Es tarde y me siento bastante aturdido. Rubén y yo no tenemos llaves para entrar en mi apartamento. Él insiste en acompañarme caminando hasta el Escala, aunque él no se quedará. Ha telefoneado al amigo al que se encontró antes y con el que se tomó una copa, y han quedado que dormirá en su casa.

—Así que es aquí donde vive el magnate.

Rubén silba, impresionado.

Asiento.

—¿Seguro que no quieres que me quede contigo? —pregunta.

—No, tengo que enfrentarme a esto… o simplemente acostarme.

—¿Nos vemos mañana?

—Sí. Gracias, Rubén.

Le doy un abrazo.

—Todo saldrá bien, Díaz —me susurra al oído.

Me suelta y me observa mientras yo me dispongo a entrar en el edificio.

—Hasta luego —grita.

Yo le dedico una media sonrisa y le hago un gesto de despedida, y después pulso el botón para llamar al ascensor.

Salgo del ascensor y entro al piso de Samuel. Higgs no me está esperando, lo cual es inusual. Abro la doble puerta y voy hacia el salón. Samuel está al teléfono, caminando nervioso junto al piano.—Ya está aquí —espeta. Se da la vuelta para mirarme y cuelga el teléfono —. ¿Dónde coño estabas? —gruñe, pero no se acerca.

¿Está enfadado conmigo? ¿Él es el que acaba de pasar Dios sabe cuánto tiempo con su ex novio lunático, y está enfadado conmigo?

—¿Has estado bebiendo? —pregunta, consternado.

—Un poco.

No creía que fuera tan obvio.

Gime y se pasa la mano por el pelo.

—Te dije que volvieras aquí —dice en voz baja, amenazante—. Son las diez y cuarto. Estaba preocupado por ti.

—Fui a tomar una copa, o tres, con Rubén, mientras tú atendías a tu ex —le digo entre dientes—. No sabía cuánto tiempo ibas a estar… con él.

Entorna los ojos y da unos cuantos pasos hacia mí, pero se detiene.

—¿Por qué lo dices en ese tono?

Me encojo de hombros y me miro los dedos.

—Guille, ¿qué pasa?

Y por primera vez detecto en su voz algo distinto a la ira. ¿Qué es?

¿Miedo?

Trago saliva, intentando decidir qué decir.

—¿Dónde está Michael?

Alzo la mirada hacia él.

—En un hospital psiquiátrico de Fremont —dice con expresión escrutadora —. Guille, ¿qué pasa? —Se acerca hasta situarse justo delante de mí—. ¿Cuál es el problema? —musita.

Niego con la cabeza.

—Yo no soy bueno para ti.

—¿Qué? —murmura, y abre los ojos, alarmado—. ¿Por qué piensas eso? ¿Cómo puedes pensar eso?

—Yo no puedo ser todo lo que tú necesitas.

—Tú eres todo lo que necesito.

—Solo verte con él… —se me quiebra la voz.

—¿Por qué me haces esto? Esto no tiene que ver contigo, Guille. Sino con él. —Inspira profundamente, y vuelve a pasarse la mano por el pelo—. Ahora mismo es un chico muy enfermo.

—Pero yo lo sentí… lo que teníais juntos.

—¿Qué? No.

Intenta tocarme y yo retrocedo instintivamente. Deja caer la mano y se me queda mirando. Se le ve atenazado por el pánico.

—¿Vas a marcharte? —murmura con los ojos muy abiertos por el miedo.

Yo no digo nada mientras intento reordenar el caos de mi mente.

—No puedes hacerlo —suplica.

—Samuel… yo…

Lucho por aclarar mis ideas. ¿Qué intento decir? Necesito tiempo, tiempo para asimilar todo esto. Dame tiempo.

—¡No, no! —dice él.

—Yo…

Mira con desenfreno alrededor de la estancia buscando… ¿qué? ¿Una inspiración? ¿Una intervención divina? No lo sé.

—No puedes irte, Chiqui. ¡Yo te quiero!

—Yo también te quiero, Samuel, es solo que…

—¡No, no! —dice desesperado, y se lleva las manos a la cabeza.

—Samuel…

—No —susurra, y en sus ojos muy abiertos brilla el pánico.

De repente cae de rodillas ante mí, con la cabeza gacha, y las manos extendidas sobre los muslos. Inspira profundamente y se queda muy quieto.

¿Qué?

—Samuel, ¿qué estás haciendo?

Él sigue mirando al suelo, no a mí.

—¡Samuel! ¿Qué estás haciendo? —repito con voz estridente. Él no se mueve—. ¡Samuel, mírame! —ordeno aterrado.

Él levanta la cabeza sin dudarlo, y me mira pasivamente con sus fríos ojos marrones: parece casi sereno… expectante.

Dios santo… Samuel. El sumiso.

If They Only Knew | Capítulo 1

Sinopsis

Dificultad para respirar. Pechos agitados de arriba hacia abajo. Las piernas y los dedos entrelazados. Sábanas revueltas. El olor del romance y el hambre en el aire. Ojos cerrados. Sonrisas anchas. ¿Por qué eran estos momentos tan fugaces? Todo estaba prohibido sobre esta relación, pero en este momento, nada las detuvo. Ellas apreciaban estos momentos entre ellas porque eran pocos y rápidos.

Para una de ellas, mañana era otro día de coquetear con los chicos en el pasillo, invitaciones a fiestas y notas perfectas. La vista desde la cima de la jerarquía social era realmente agradable, pero la presión que viene con ella a veces es demasiado para manejarla. La presión para que ella sea inteligente, la presión para que ella sea hermosa, la presión para que sea mejor que su hermana mayor en todo, la presión para que ella sea recta pesaba sobre ella como un ladrillo de 100 libras. Estas presiones se filtraron en diferentes aspectos de su vida y se transformaron en demonios que se escondieron como sus secretos mejor guardados. Las únicas veces que se sentía segura eran durante los 10, 15 ó 5 minutos que ella apreciaba con la chica a su lado.

Para la segunda chica, mañana era otro día de tormento. Padres peleando, burlas en la escuela y tener una vida social casi inexistente. Tomó a la creencia de que nada podría ser mejor para ella y que nada cambiaría. Ella miró a los ojos verdes penetrantes al frente de ella y se dio cuenta de que ella era la única persona en la que podía buscar consuelo. Pero sólo para estos próximos cinco minutos. Porque una vez que salieran de la habitación, su amor abierto y afecto por la otra, son sofocados. Besos apasionados se convierten en labios fruncidos. Miradas profundas, se convierten en miradas vacías rápidas. Las caras sonrientes que mostraban toda la felicidad del mundo se convierten en indiferentes rostros inexpresivos. Y todo el amor que sentían una por la otra se esconde lejos, a la espera de ser liberado en otra noche. Y en esta noche, por unos breves, pero momentos increíbles, ambas niñas podrían ser ellas mismas. Ambas niñas podían amar de nuevo.

En el siguiente capítulo será el comienzo de la historia, espero la sinopsis los convenza y lo lean

anonymous asked:

Willy paciente+Vege doctor+clínica especializada en trastornos alimenticios

Cómo quisiera que su mirada se apartara de la ventana y brillara, con aquella expresión de felicidad, que deberían tener todos los chicos de su edad. Pero sólo encuentro un rostro inexpresivo, algunos suspiros llenos de cansancio y el plato de comida lleno, al igual que todos los últimos días. Lo levanto despacio haciendo el suficiente ruido para que sus ojos se fijen en los míos y no puedo evitar sonreìrle, cuando rueda los ojos ante mi presencia.
-Buenos días Willy- saludo sentándome en la silla que se ubica a su lado y cruzando los brazos, para comenzar el discurso.
-¿Sigues sin querer hablar?- continúo tratando de mantener la paciencia- Así no podré hacer nada para ayudarte tío.
Sigo sin recibir respuesta. Sólo un suspiro más lleno de fastidio, un cuerpo que me da la espalda y termina cubriendo su cuerpo con la sábana.
-De acuerdo, regreso cuando quieras hablar- expreso levantándome y dirigiéndome a la puerta para observar al próximo paciente- Si sigues sin comer, me tocará ponerte nutrición intravenosa y supongo que no quieres eso- advierto saliendo del cuarto y escuchando el sonido de los cubiertos, que me logran sacar una sonrisa. Sin embargo no alcanzo a celebrar mucho, cuando escucho unos platos romperse sobre la puerta y un grito lleno de furia, pidiendo que desaparezca.
Supongo que no sería tan fácil.


N/A: Como me gusta dejaros con la intriga. QUE NO ME PODÉIS PEDIR MUCHO EN TAN POCAS LETRAS POR FAVOH AHR. 

¿Cómo saber si le gusto a un/una..?

Aries: irá sin rodeos, lo hará directamente y de hecho, es el más obvio del zodiaco, dirá lo que siente por ti y será tan obvio que si no te das cuenta a los cinco minutos, tienes un problema visual.

Tauro: te insistirá eternamente para que salgan a comer, ir al cine, etc. Son tercos y persistentes, así que no se cansarán hasta hacerte caer. Lo mejor es que si ven oportunidad alguna, pierden el interés.

Géminis: al ser cambiante, no te sorprendas si te busca y te hace sentir bien y cinco minutos después simplemente ni te mira. Ellos se esforzarán por complacerte, te darán detallitos y cosas hechas por ellos mismos, te darán gusto en lo que quieras, recuerda que es un signo muy coqueto y sabe cómo hacerte caer.

Cáncer: rompe todo el estereotipo sobre su signo, cuando le gusta una persona, simplemente cierra su esqueleto de cangrejo y no hará nada más, sus cambios repentinos de emociones te harán dudar y ver qué pasa, tienes que hablarle tú, buscarle tú y preguntarle tú.

Leo: el rey del zodiaco, se exibirá de formas únicas, te cantará una canción en medio de la calle, o te dirá cosas tan exageradas que te harían reír. Para Leo, es importante que sus amigos lo sepan y le ayuden, así que no dudes cuando te presente a sus amigos y ellos también le ayuden.

Virgo: son muy serviciales, te ayudará con todo lo que necesites sin esperar que le recompenses, lo mejor es que ellos siempre hacen eso. Al ser un signo que no es superficial, concéntrate en los detalles que hace y dice, son muy analíticos y saben cómo hacerle para que te des cuenta de eso.

Libra: te hará sentir muy a gusto, su calidez te hará sentir en casa y siempre estará atento, diciendo todas las cosas que te hacen una persona diferente al resto y será sincero, te incorporará a su vida pero aguas, si le presionas o dices algo fuera de contexto, toda esa dulzura terminará congelándose, para siempre.

Escorpio: te hará dudar bastante y lo hace por precaución, un día te hará pensar que le gustas con locura y al siguiente que te odia y eso lo hace por protección, para saber si debería seguir adelante o echarlo todo a la basura. Si pasaste esa prueba, será igual que Cáncer y Piscis, te escuchará y desconectará el mundo exterior sólo para ti.

Sagitario: son impulsivos, si les gustas te dirán sin pensarlo, tomando riesgos, ellos son siempre positivos así que un “no” no les haría mucho. Si le gustas a Sagitario, te coqueteará intensamente o no demostrarán ningún sentimiento alguno. Siempre serán rápidos y juguetones, sin perder lo romántico.

Capricornio: te estudiará de pies a cabeza, toda tu vida y cómo eres para saber si vales la pena o no. Al ser un signo muy ambicioso, sabe que si no tiene oportunidad (al igual que Tauro) insistirá y sacará sus armas, las cuales siempre son ser agradable, te habla y cambia su forma de verse para que te llame la atención, sabe cómo moverse y por dónde ir, lento, pero sabe por dónde.

Acuario: si le gustas, al contrario que todos los signos del zodiaco, simplemente se hará inexpresivo contigo, serán fríos y poco cálidos. Es muy usual que Acuario se fije en gente de su círculo, por eso se torna frío. Su arma es la friendzone, pero sabe cómo escapar de ahí sin problema alguno.

Piscis: este signo se enamora diariamente de todo, es tan emocional y tierno que te lo dirá y demostrará, es tan dulce que ningún ser humano se resistiría a su amor.

Sensaciones Pasadas || 3 Capítulo (Fic Wigetta)

-Narra Willy-

Abracé con más fuerza el cojín, que de no haber sido un objeto inanimado ya estaría muerto por asfixia. Tenía la mejilla aplanada contra el brazo del sofá y miraba la pantalla del televisor con desinterés, pues tenía el volumen apagado. Lancé un profundo suspiro lleno de resignación. Repetía esta acción constantemente desde hacía horas, como si fuera un nuevo lenguaje para comunicarse mediante exhalaciones. Eli ocupaba el otro sofá del salón, estaba sentada con las piernas estiradas sobre el regazo de Sebas. Su coleta cobriza se agitó en el aire cuando negó con la cabeza, señal de reproche.-Vamos Willy, anímate.-Me pidió la joven con cansancio, por segunda vez consecutiva desde que acababa de llegar del trabajo. Aún vestía su uniforme de camarera, con la excusa de necesitar descanso todavía no se había cambiado, llevaba aproximadamente unos veinte minutos tumbada en el sofá intentando comprender mi situación. Quise responderla, pero notaba como si tuviera los labios adheridos con pegamento el uno al otro y hablar se tratara de un esfuerzo sobrehumano. Un simple e inexpresivo gruñido emergió de mi garganta como contestación. La imagen del televisor cambió, de lo que parecía una serie policíaca a la apasionante teletienda. Notaba los ojos ámbar de mi compañera de piso inspeccionándome con preocupación. Sebas ahogó un suspiro y continuó apretando el mando a distancia, como si el hecho de aplastar más fuerte el botón fuera capaz de conseguir que la televisión española emitiera mejores.programas.-Ni lo intentes, lleva así todo el día.-La informó sobre mi persistente estado anímico como si yo no estuviera presente. Bufé pesaroso, descartando objetar que técnicamente no llevaba así todo el día, porque algunas horas había estado trabajando. Pero sería absurdo, mi felicidad no aumentaba durante el horario laboral. Hasta Mónica había intentado sonsacarme la razón de mi disgusto, sin duda era mucho más cómodo estar triste en casa que en el trabajo.-¿Qué le pasa?.-Preguntó Elisa a Sebas, dedicándole una mirada acusadora. Sus ojos claros le inculpaban, parecían gritarle “Has sido tú, le has hecho enfadar”. Pero Sebas no percibió la denunciante mirada que le estaban destinando, no solía fijarse demasiado en su entorno, ni prestaba atención a nada que no le incumbiera personalmente.-Vegetta no le deja ser su Bulma.-Explicó, ladeando una detestable sonrisa. Pensé en tirarle el cojín a la cara, pero sabía que de hacerlo no me lo devolvería para que siguiera abrazándolo.-Cállate Sebas.-Ordené desganado, fijándome en el rostro surcado de pecas de Eli. Ella rodó los ojos con agotamiento, conocía perfectamente el humor de nuestro amigo, así que ignoró por completo su chiste y se dirigió a mí.-¿Qué ha pasado con él?.-Me interrogó, haciéndome sentir en parte aliviado. Con Sebas no podía hablar bien del tema, apenas me hacía preguntas y no escuchaba mis respuestas. Yo no destacaba por ser especialmente charlatán, ni me había gustado nunca revelar mis sentimientos, pero todo el mundo de vez en cuando necesita desahogarse y por lo tanto sentirse escuchado. De lo contrario, los problemas se acumulan en nuestro interior, haciendo crecer la angustia y envenenándonos el alma. Ella era la única persona a la que confiaba todo. Recordaba que al principio se había mostrado tan receptiva porque temía que la actitud inapropiada de su amigo pudiera hacerme huir del piso, y les había costado mucho encontrar un compañero. Pero con el tiempo había pasado a escucharme por amistad, Eli era una gran oyente. Yo también atendía sus problemas, porque sabía por experiencia propia que en algunas ocasiones hay amigos que confiaban secretos en nosotros y luego nunca parecían dispuestos a escuchar los nuestros. La empatía entre amigos debía ser siempre recíproca.-Discutimos, estaba enfadado así que le dije cosas crueles.-Sentencié, recordando con tristeza como había reconocido el dolor en sus grandes ojos, dolor ocasionado por mis duras palabras. Era sin duda el aspecto que más odiaba de mi personalidad. Me enfurecía fácilmente, y cuando lo hacía no podía evitar ser hiriente, me parecía inevitable frenar el malhumor y me volvía cortante. Cuando el enfado se desvanecía, dejaba paso a un descomunal sentimiento de culpa. Pero los reproches y la rabia se habían amontonado durante cuatro años en mi interior, los notaba como un ardiente fuego en el cuerpo, quemándome los órganos internos, deseosos por salir y hacer arder todo cuanto tuviera vida. En cuanto se les brindó la ocasión salieron disparados, propulsados por una gran desilusión.-Anoche llegó a casa hecho una fiera. Lo cual es bueno para mí, ya sabes.-Añadió el chico, alzando las anchas cejas de manera sugerente. No mentía, llegué furioso y odiando fervientemente al mayor, había rememorado nuestra discusión mil veces en mi mente, con la falta de objetividad de quien acaba de ser víctima de una ofensa.-Y ahora te sientes mal..-Afirmó la pelirroja, ignorando nuevamente el inapropiado comentario de Sebas.-Claro.-Respondí al instante. Mi compañero de piso se había dado por vencido, dejó caer el mando sobre el sofá y se echó hacia atrás, mientras que tocaba sin interés alguno las huesudas rodillas de Eli.-Lo superarás Willy, él no es ni el protagonista. Algún día encontrarás un Goku.-Su incapacidad para tomarse las cosas con seriedad, me despojó de toda paciencia. Inspiré hondamente para calmarme, pero el aire frío no me ayudó. Su mirada triunfante era lo peor, satisfecho de sus propias tonterías.-Me cago en todo, Sebastian. Un chiste más sobre Dragon Ball, y pillas. No le hacen gracia a nadie.-Le amenacé, levantando la cabeza del reposa brazos para mirarle de manera directa. Aún envolvía el cojín entre los brazos, ahora rodeándolo contra mi cuerpo con cierta violencia.-¿Porqué no te disculpas?.-Cuestionó Eli, mientras que se deshacía del recogido para soltarse el pelo, cayendo este sobre sus hombros como una cascada de ondas anaranjadas.-No puedo, ya lo he pensado. Soy demasiado orgulloso, además seguro que está muy enfadado.-Dije con un deje de tristeza. Realmente quería disculparme, pero recordaba aquellas últimas palabras y me llenaba de indignación. A menudo el orgullo me impedía rectificar mis errores, temiendo sentirme humillado por el otro. Le pediría perdón si fuera capaz de soportar un “no” por respuesta. Si tuviera altas probabilidades de alcanzar absolución.

En aquel momento golpearon la puerta. Eli apartó las piernas del regazo de Sebas, como ordenando indirectamente que fuera él quien se levantara, Habitualmente, la mayoría de visitas eran para él, así que era lo más justo. Se levantó y caminó hasta la puerta, abriéndola sin molestarse en ojear antes por la mirilla, como yo acostumbraba a hacer.-¿Está Willy?.-Casi pego un bote en el sofá al escuchar su característica voz. Me levanté, con una aterciopelada manta azul colgándome de los hombros para abrigarme.-Sí, está dentro. Pasa.-Escuché que le contestaba, y en cuestión de segundos ambos estuvieron en el salón. Tuve que agradecer internamente que Sebas no hubiera dicho nada inapropiado al recién llegado, no me apetecía empeorar nuestra intrincada situación.-Buenas.-Saludó en general, ojeando a mis dos compañeros y deteniendo sus ojos sobre los míos. Se frotaba la barba incipiente mientras me miraba, el gesto desveló que se sentía incómodo. Eran movimientos propios de él, frotarse la barba o sobarse la nuca cuando estaba nervioso.-Vegetta..-Pronuncié, acortando un paso hacia él. Era extraño que estuviera en mi casa, mi antigua vida parecía desentonar con la actual. Pero era infinitamente más bonita. Tanto Eli como Sebas, miraron impresionados al recién llegado tras haber pronunciado su nombre, como si hubieran esperado que fuera cualquiera persona menos él. Intercambiaron miradas de asombro, después de tanto tiempo hablando sobre él, ahora lo veían. Sus orbes marrones se movieron inquietas, inspeccionando la vivienda.-¿Cómo has sabido dónde..?.-Empecé a preguntar, estirando un brazo a cada lado. Él sacudió la cabeza, observó a mis compañeros con afabilidad.-¿Podemos hablar en privado?.-Cuestionó, en un tono más tímido que brusco. Como si acabaran de reparar en su descarada indiscreción, mis compañeros de piso se dieron la vuelta y fingieron no habernos estado mirando como si fuéramos fluorescentes durante todo el tiempo. Eran pésimos actores.-Sí, claro.-Contesté al instante.-Gracias.-Dejé la manta sobre el sofá y caminé hasta mi habitación, seguido del mayor. 

Era una habitación pequeña, con paredes pintadas de verde pastel y una ventana oculta por cortinas azules. La decoraban los mismos peluches que había tenido en nuestra casa común, escasos cuadros y estanterías repletas de vídeojuegos. Lo más ordenado del lugar era el negro escritorio, donde relucía un carísimo ordenador. Tanto el armario como la cama tenían la misma madera oscura que el escritorio. En la mesita de noche, había una lámpara y una foto familiar. Me senté sobre las sábanas azules, esperando que dijera algo. Estaba notoriamente nervioso, no decía nada y caminaba de un lado al otro. Cuando se animó a hablar, fue con rapidez, como si hubiera estado ordenando sus pensamientos durante mucho tiempo y quisiera expresarlos antes de que se le olvidasen.-Sé que no debería estar aquí, pero las últimas veinticuatro horas no he pensado en nada que no seas tú.-Masculló sin mirarme, levantando una tortuga de peluche por la cabeza.-No podía quedarme en casa un segundo más. Quería pedirte disculpas, no pienso lo que te dije..-Terminó de decir. Dejó el peluche tranquilo y caminó hasta la cama, mirándome avergonzado. Yo estaba francamente sorprendido, no esperaba que me pidiera disculpas. Fue un alivio saber que no pensaba aquello que dijo, aunque seguía repitiéndose en mi mente.-No tienes que hacerlo. Empecé yo, fui cruel contigo. No es cierto que no te haya perdonado. Sé que estabas hecho polvo, que lo necesitabas.-Tenía las manos sobre el regazo y no podía evitar frotar una con la otra. Había temido que después de lo de anoche, él no quisiera volver a verme, y ahora se había presentado voluntariamente en casa para pedirme perdón. Me arrepentía de haberle juzgado tan mal.-¿Puedo preguntar qué te pasó? Es que estábamos pasándolo bien y madre mía.. de golpe te pusiste así.-El colchón se hundió bajo su peso cuando también se sentó. Me miraba interrogante, con sus ojos almendrados repletos de angustia. De poder hablar su expresión, sin duda estaría preguntando: ¿Qué hice mal?. Tragué saliva, preparándome para sincerarme. Sabía bien el motivo de mis acciones durante la pasada noche, sabía exactamente qué había accionado el interruptor de mi enojo. Causa y efecto. Pero ser conocedor de la verdad, no facilita tener que decirla. Intenté ordenar mi explicación mentalmente, pero desistí, decidiéndome por una improvisación.-Verás.. es que habíamos ido a cenar y estábamos divirtiéndonos, como en los viejos tiempos. Supongo que no había asimilado el hecho de que tienes pareja, estaba al tanto.. pero lejos de asumir que lo nuestro era imposible.-Era difícil desvelar mis sentimientos más íntimos, los profundos deseos de mi corazón y sobretodo era vergonzoso. Pero después de lo sucedido se lo debía, y me lo debía a mí mismo, para compensar mi comportamiento abusivo.-Cuando me paré en el portal y te miré, pensaba que ibas a besarme. Realmente pensaba que ibas a besarme, lo habría jurado. Solamente estaba esperándolo, te habría correspondido al instante. Si hubieras tardado te habría besado yo a ti, pero te llamaron por teléfono. Y se lo cogiste, escuché como la decías te quiero.. y me sentí tan tonto. Me odié por estar esperando algo que había sido imaginación mía, lo había esperado durante toda la noche.-Suspiré, notaba ardiéndome las mejillas mientras que posaba los ojos sobre mis manos, los largos dedos diestros frotándome el dorso izquierdo. Descubrí de soslayo que me miraba atentamente, parecía haberse conmovido de una forma que me hizo sentir pequeño y frágil.-Y no me gusta sentirme ridículo o humillado, así que me enfadé. La rabia habló por mí, no sentía nada de lo que te dije. Lo siento.-Aunque fueran sinceras, me costó horrores pronunciar esas dos últimas palabras. Fue como arrancar una tirita de cuajo, mejor hacerlo rápido. Notaba el rostro tan caliente que se me habrían sonrosado hasta las orejas.-Está bien.. no te preocupes. Creo que hice mal en intentar ignorar nuestro pasado, que era necesario que habláramos de él.-Empleó un tono conciliador. Noté un nudo oprimiéndome el pecho, tenerle tan cerca era más de lo que mi corazón podía soportar. Quisiera ser capaz de olvidarle, que mi cuerpo dejara de reaccionar como si estuviera estropeado cada vez que él estaba cerca, y cada vez que él estaba lejos.-¿Quieres hablarlo ahora?.-Pregunté, puesto que la noche anterior no habíamos tratado el tema como era debido. La rabia hablaba por nosotros.-.-Respondió, y colocó su mano sobre las mías. Me dio un vuelco el corazón y noté un cosquilleo recorriendo la piel tocada. Nos miramos y me mordí el labio inferior con fuerza, obligándome a callar.-Siento haberte dejado, ojalá hubiera sido más fuerte. Lo que la gente dice sobre mí siempre me ha afectado más de lo que me gustaría. Sé que no es importante, defiendo que siempre debes ser tú mismo, pero.. fue muy difícil.-Inspiré aire, tratando de relajarme. Sus manos eran un peso muerto sobre las mías, pero como siempre, tenía las palmas cálidas. No dijo nada que no supiera ya, para él siempre había sido difícil aguantar las críticas. Yo había conseguido insensibilizarme con el tiempo, de modo que únicamente me herían las críticas provenientes de personas a las que apreciaba.-Lo sé, al principio también lo era para mí.-Le recordé, aunque no terminaba de entender si hablábamos sobre las críticas hacia nosotros mediante los vídeos o las críticas en general hacia las relaciones homosexuales.-Si te sirve de consuelo no hay día en que no me arrepienta..-Empezó a decir. Fue como un puñetazo en la boca del estómago, saber que se arrepintió de haberse marchado, que todavía lo hacía. Una angustiosa sensación se extendió de mi estómago hasta la garganta, tuve que interrumpirle antes de que dijera más cosas que me hicieran darme cuenta de lo desafortunados que éramos.-No me sirve de consuelo en absoluto.-Aclaré. Él trazó una pequeña sonrisa conformista, asintió con la cabeza y retiró sus manos de las mías.-Está bien, tienes razón. ¿Quieres decirme algo?.-Cuestionó, encogiéndose de hombros. No quise desaprovechar la oportunidad, durante estos cuatro años no había dejado de reprocharme el no haber vuelto con él a España. Me engañaba pensando que él no me lo hubiera permitido, pero lo cierto era que bajo ese momento de presión, no había concebido dicha posibilidad. Podría haberlo hecho, haber seguido en Youtube pero desde otro país.-Debería haberme ido contigo ¿Me habrías dejado irme contigo?.-Esperaba haberme hecho entender. Quizá me hubiera retenido por algún motivo, de la misma manera en que me había hecho prometer que no me entrometería en su decisión. Lo cierto era que estaba agradecido, Youtube me había seguido dando buenos momentos, aunque después de su marcha nada fuera lo mismo.-Sí, pero habría sido peor. Realmente creo que nuestra relación no hubiera sobrevivido en esa época, estaba intratable, tenía a mis padres en un sin vivir.-Suspiré. Recordaba haber pensado lo mismo, que nuestra relación no hubiera podido superar un período tan difícil. Quizá de haber llevado juntos muchos años.. pero acabábamos de empezar a superar nuestras inseguridades como pareja y todavía estábamos conociéndonos como amantes. Decidí no hablar más sobre nuestro pasado, puede que quedaran preguntas y recuerdos en el aire, pero mi mayor duda se había resuelto. No quería seguir sufriendo, imaginando como hubieran sido las cosas de haber funcionado. Este era el presente, nuestra única realidad, en la que no estábamos juntos.-Me alegra que lo hayas superado.-Susurré sinceramente, refiriéndome a su época depresiva. Hubo momentos en los que no encontré más que desesperación en sus profundos ojos, hubo momentos en los que pensé que jamás superaría el golpe. Me aliviaba haberme equivocado.-Gracias. Ahora te haré una pregunta, y necesito que me respondas con sinceridad. ¿Seguiremos en contacto? Creo que es una pena que después de habernos vuelto a encontrar, nos separemos. Me gustaría mucho que volviéramos a ser amigos, pero si es difícil para ti, lo entenderé. Te juro que no volveré a molestarte si no quieres.. ¿Quieres?.-Trató de explicarse perfectamente, y se apresuró en el momento de decirme que me entendería de ser difícil para mí, como si temiera parecer egoísta. Arrugas de preocupación surcaban su frente, mientras que aguardaba por una respuesta.-Claro que quiero, me encantaría.-Declaré. No podía prescindir de él, prefería sufrir siendo meramente su amigo que no volver a verle. Además no pensaba ser dramático, intentaría deshacerme de mis sentimientos hacia él, quería que ambos fuéramos felices con nuestras nuevas vidas, pero que siguiéramos siendo buenos amigos.-Uff..menos mal. Sería muy difícil mantenerme alejado, y menos ahora que sé donde vives.-Noté que estaba mirándome la oreja, unos segundos después me acarició el lóbulo con los dedos pulgar e índice. No dije nada al respecto porque únicamente me estaba curioseando el pendiente.-¿Cómo lo has sabido?.-Pregunté intrigado, intentando no embaucarme por el movimiento de sus dedos, los cuales retiró rápidamente.-Me puse en contacto con una compañera de trabajo tuya.-Fruncí el ceño, extrañado. Su teoría era poco lógica, dudaba que fueran a darle mi dirección a un completo desconocido, por mucho que se tratara de un cliente. Pero decidí no ahondar en el tema, puesto que ya no me interesaba. Él estaba aquí, conmigo.-¿Tienes planes? Porque podrías quedarte a tomar algo y jugar, tengo consolas en el salón.-Propuse, algo tímido. Desconocía si el hecho de estar formando una familia le quitaría demasiado tiempo, o le habría hecho perder el interés hacia según que cosas. Él se levantó del colchón, estiró los brazos para desperezarse, como si se hubiera relajado excesivamente al estar sentado.-Me parece genial.-Contestó finalmente, sonriéndome con alegría.

Volvimos al salón y nos sentamos en el mismo sofá donde antes había estado lamentándome como un niño abandonado. Ocupamos justo el centro, aunque hubiera espacio de sobra a los lados, de modo que nuestros brazos se rozaban. Preparé todo y le tendí uno de los mandos, sujetando el otro.-Es de carreras, no son de mis preferidos pero está bien.-Expliqué, puesto que era el último al que habíamos jugado en casa. Se encendió la pantalla de inicio, elegí el menú de dos jugadores y empezaron a cambiar las imágenes.-Buah… este es mi terreno, soy el conductor ¿Te acuerdas?.-Dijo con cierta añoranza, aunque esbozando una jovial risotada. También me reí, por primera vez en todo el día. Él era el único capaz de hacerme sentir desdichado y feliz al mismo tiempo.-Te pegó fuerte con la tontería esa.-Afirmé, tratando de reunir fuerzas suficientes para evitarme recordar esa época. No era conveniente, ya había acordado conmigo mismo que debía dejar atrás nuestro pasado.-Quedará demostrado cuando te gane.-Sus perlados dientes trazaron una sonrisa pícara, las venas de sus manos se macaron bajo la piel cuando apretó el mando con fuerza. Vegetta, todo en él era una mezcla de suavidad y salvajismo, delicadeza y brutalidad. Adjetivos contradictorios formaban al mayor, haciéndole poseedor de una extraña personalidad, cargada de matices que contrastaban entre ellos. Parecía que sus características desiguales estuvieran en guerra constante dentro de su mente.-Ya quisieras, ni has jugado antes.-Le recordé, buscando bajarle los humos. Era bastante arrogante en cuanto a juegos, y cabía mencionar que la mayoría de veces en las que nos habíamos enfrentado, yo resultaba vencedor.-¿Nos apostamos algo? Pero.. pero primero una de prueba, que si pierdo es por eso, porque no he jugado antes.-Alcé las cejas y accioné el juego. Se hizo la cuenta atrás y ambos empezamos a pulsar los botones necesarios para arrancar.-Ya estás poniendo excusas.-Murmuré, haciendo girar el vehículo y girando inconscientemente el mando, aunque no fuera necesario. Estábamos cruzando la primera meta, cuando Sebas irrumpió en el salón. Habiendo otro sofá libre, decidió que era oportuno intentar sentarse entre nosotros, consiguiendo que nos separáramos. Bufé con pesadez, mientras que Vegetta apenas prestó atención a nada porque estaba metido en el terreno juego.-El maleducado de Willy no nos ha presentado, soy Sebas.-Dijo en voz alta, para llamar la atención del mayor, que estaba apretando tan fuerte los botones que me hizo preocuparme por el bienestar del mando.-Encantado, soy..-Empezó a decir, mientras que alternaba sus mirada del muchacho de ojos verdes a la pantalla del televisor.-El famoso Vegetta.-Le interrumpió este de manera risueña, mientras que pasaba la mano por su cabeza rapada. El pelo le estaba comenzando a crecer, ya podía adivinarse fácilmente que era castaño claro y tenía una textura agradable al tacto. Solamente Sebas accedería a raparse por una estúpida apuesta con sus amigos.-¿Famoso?.-Preguntó Samuel, antes de mirarme de manera acusadora, con los ojos brillando. Me ruboricé, encogiéndome en el asiento y aferrándome con fuerza al mando.-Está exagerando, solo le he comentado alguna cosa de ti.. así por encimilla.-Mentí, aunque técnicamente no había hablado tanto a Sebas sobre él. Se lo había dicho a Eli, Sebas únicamente era un espectador durante nuestras conversaciones y se inmiscuía en ellas para hacer un chiste o formular preguntas picantes.-No me habías dicho que estaba tan fuerte.-Apreté con fuerza los dedos cuando Sebas se tomó la libertad de tocar uno de sus musculosos brazos. Una punzada de celos me ensombreció el rostro, le tocaba con más atrevimiento siendo un simple desconocido del que yo era capaz de mostrar aún habiendo sido novios. El mayor hizo una mueca de incomodidad, pero no se apartó-¿Sólo gimnasio o practicas algún deporte?.-Le preguntó, insistente. ¿Qué leches estaba haciendo? Debería encerrarse en su habitación y dejarme solo con Vegetta. Le conocía, estaba entrometiéndose entre ambos por puro aburrimiento, buscaba diversión en nuestra desgracia.-Sólo gimnasio.-Respondió el mayor, ladeando una pequeña sonrisa orgullosa. Empezaba a distraerse del juego, aunque seguía pulsando el botón que ejercía como acelerador.-Sebas..-Le nombré, sin evitar un tono de evidente disgusto. Esperaba que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, y se detuviera.-Tranquilo, no te pongas celoso.-Intervino el aludido, despeinándome los cabellos. Me plantó un sonoro beso en la mejilla. No comprendía bien sus intenciones, si quería ponerme celoso a mí, o si quería ponerle celoso a él. Vegetta carraspeó, advertí por la posición de sus hombros que estaba poniéndose tenso. Seguimos jugando durante unos minutos, hombro con hombro junto a mi compañero de piso, que apenas prestaba atención a la pantalla.-Chaval, me has empujado, eso no se vale.-Se quejó Vegetta, cuando hice que mi vehículo golpeara al suyo. Noté mis pómulos subir cuando exclamé una divertida risa al haberle fastidiado, y con esto conseguido adelantarle.-Te aguantas.-Espeté. Estaba sentado hacia adelante para poder verle mejor cuando volteaba el rostro en torno a la derecha.-Vegetta, vas a ser padre ¿Verdad?.-Cuestionó Sebas. Corrientes de hielo me recorrieron las venas ante su indiscreción, temiendo que Vegetta pudiera tomárselo mal y disgustarse conmigo. Inconscientemente, estaba exponiéndome, estaba demostrándole al mayor que yo le hablaba sobre él. Me hacía sentir vulnerable y ultrajado, de no haber sido descarado, le hubiera echado del salón a patadas. Apreciaba a Sebas como amigo, pero su personalidad atrevida y egoísta era difícil de soportar.-Sí ¿Por?.-Afirmó, sin parecer en absoluto molesto por la pregunta o confuso porque un desconocido fuera conocedor de dicha información.-Tengo curiosidad ¿Cómo se le llama a un futuro príncipe Sayayin?.-No supe si debía respirar aliviado o estrangularle. Que me hubiera puesto tan nervioso, cuando únicamente buscaba el mínimo pretexto para hacer otro chiste malo sobre el anime.-Probablemente le llame Trunks.-Respondió Vegetta con diversión. Como si no hubiera esperado su respuesta, Sebas dejó escapar una gutural carcajada.-Ostras Julián.. y ahora el otro le sigue los chistes.-Mascullé huraño, con la sombra de una sonrisa orgullosa en la comisura de los labios. Casi había olvidado que, aunque generalmente fuera solitario, Vegetta tenía don de gentes.-Me caes bien.-Anunció el rapado. Pude volver a concentrarme en la pantalla y llegué a la última meta en cuestión de segundos. Dejé caer el mando sobre el sofá y alcé los brazos, sintiéndome victorioso.-Bueno, bueno… ¿Y esa apuesta?.-Pregunté burlón, juntando ambas manos para hacerme crujir los dedos, los cuales notaba agarrotados.-Hemos dicho que la primera de prueba.-Me recordó, picado por haber perdido. Entre nosotros, mi compañero de piso nos miraba con jocosa curiosidad.-Si hubieras ganado no dirías lo mismo.-Repuse, puesto que le conocía perfectamente. Se le escapó una sonrisa traviesa, fue lo que indició que había dado en el clavo.-No, pero vale. No hemos llegado a decir que apostábamos..-Tenía razón. Estaba apunto de pensar algo gracioso, pero entonces Eli salió de su habitación. Su cabello cobrizo estaba húmedo, dejó un rastro de gotas en el suelo mientras se aproximaba hacia nosotros.

Nunca había pensado en ella como una chica guapa, pero cuando Vegetta se quedó mirándola fijamente sentí una punzada de celos absurdos e infundados.-Hola chicos ¿Queréis que os traiga algo de beber? .-Cuestionó la joven con simpatía, haciendo un gesto con la cabeza en dirección a nuestra cocina.-.-Afirmé, girándome hacia Vegetta para examinar su reacción. Entonces Sebas se levantó del sofá, dirigiéndose hacia ella.-Podríamos jugar a algo más entretenido, en lo que podamos participar todos. Al yo nunca, por ejemplo.-Propuso con animación, consiguiendo que la pelirroja hiciera una burlesca mueca.-¿Yo nunca?.-Repitió Vegetta en tono interrogante, buscando una definición. No dejaba de parecerme chocante verlo a él comunicándose con mis dos compañeros de piso. Era insólito, algo que pensaba que jamás sucedería. No había concebido que pudieran llevarse bien, pero en el ambiente había una simpatía recíproca entre ellos que me ponía nervioso ¿Porqué? Debería alegrarme que pasado y presente estuvieran en paz y armonía.-Sí, yo digo algo que nunca he hecho y si alguno sí que lo ha hecho debe beber alcohol. Y así la gente acaba pedo.-Explicó con despreocupación, mientras que gesticulaba con las manos. El mayor inspiró aire y sacudió la cabeza, hizo un ademán con la mano como si la propuesta estuviera en el aire y pretendiera hacerla desaparecer con los dedos.-Oh no, no. No voy a beber alcohol, además mañana trabajo y he venido en coche.-Declaró, en un tono tajante. Sabía que cuando Vegetta tomaba una decisión era casi imposible instarle a cambiarla, así que esperaba que no hubiera insistencias. Demasiadas veces en el pasado había intentado convencerlo de que hiciera cosas, cosas que a mí me hacían ilusión, pero él declinaba amablemente. Su compañía siempre se hacía de rogar.-Yo tampoco.-Secundé, puesto que tampoco me hacía gracia beber alcohol. Era un acontecimiento que sucedía con poca frecuencia en mi vida.-Hay licor de manzana en la cocina, no tiene casi nada de alcohol.-Murmuró Eli, entrando en la cocina. Vegetta se levantó, ladeando una sonrisa.-Genial.-Dijo, cuando la joven salió de la cocina con una botella verde y cuatro pequeños vasos para chupitos. Corrió a ayudarla, aunque ella estuviera desenvolviéndose bien sola.-Que aburrimiento..-Carraspeó Sebas, casi inaudible. Me levanté también, y le pellizqué el brazo como advertencia.-Pórtate bien.-Ordené en un susurro, mientras que se frotaba la zona dolorida y me sonreía divertido. Sirvieron cuatro chupitos sobre la mesa, dos frente a dos, y la botella en mitad de ambos. Decidimos que era más cómodo sentarnos en el suelo, de modo que estuviéramos unos frente a otros. Vegetta se sentó a mi lado, agradecí que tuviéramos la oscura alfombra bajo nosotros y hubiéramos cogido algunos cojines de los sofás para acomodarnos mejor. Los cuatro nos miramos en silencio, decidí alzar la voz y empezar con el juego.-A ver.. empiezo. Yo nunca me he hecho un tatuaje.-Dije, puesto que no se me ocurrió ninguna otra cosa. En principio el juego parecía sencillo, pero era complicado pensar una acción que nunca hubiera hecho y no fuera improbable de hacer. Mis dos compañeros de piso bebieron, puesto que estaban tatuados.-Yo nunca .. me he tirado en paracaídas.-Exclamó Vegetta , mientras Eli volvía a servir los vasos vacíos con la destreza de alguien que trabaja para ello. Nadie bebió, se notaba que también le había costado encontrar algo que no fuera difícil de hacer.-Yo nunca… he ido a..-Empezó a decir la pelirroja, que alargaba la frase más de lo necesario porque no sabía que decir. Sebas hizo un ademán con las manos, haciéndola callar.-Parad, dios mío, estoy quedándome dormido. Menudas preguntas, ponedle más emoción.-Se quejó, consiguiendo que los ojos ámbar de nuestra compañera le dirigieran una fulminante mirada por interrumpirla.-Hazlas tú, genio. No es tan fácil pensarlas.-Repuso con violencia, cruzándose de brazos. Me fijé en el mayor de soslayo, esperando que la primera disputa entre mis compañeros no le hubiera espantado. Él pestañeó varias veces, en absoluto alterado.-Encantado.-Sebas se frotó las manos, como si fuera un villano de película Disney. Me miró fijamente, entonces supe que estaba apunto de disgustarme.-Yo nunca me he acostado con Vegetta.-Se me volcó el corazón ante su falta de tacto. Puede que yo estuviera acostumbrado a esa explosiva personalidad, pero Vegetta no lo estaba, y él lo sabía perfectamente. Los desenfrenados latidos me golpeaban el pecho, clavé las pupilas sobre la mesa para no mirar a mi derecha. El silencio se estableció en el salón, se me hizo eterno. Me sentía expuesto, era peor que desnudarse delante de cien personas. No sentía sufrimiento, mas bien era vergüenza y un resquicio de enojo.-Ala..-La expresión del mayor me hizo desviar la mirada hacia él. No parecía enfadado, aunque sus mejillas cobraron color, el inapropiado comentario le había causado diversión.-Sebastián…-Empecé a reprenderle, cerrando la mano en un puño. Entonces noté un suave golpe en el hombro, Vegetta llamándome la atención.-¿Qué esperas Willy? Bebe.-Me pidió, escrutándome con sus grandes ojos castaños y una gran sonrisa traviesa. Se me relajó el cuerpo, aunque notaba la sangre ardiendo bajo mi piel.-Eso no se vale.-Declaré indignado, antes de tomar el pequeño vaso y terminarlo de un trago. El licor de manzana tenía un sabor ácido y dulzón.-Yo nunca he tomado drogas.-Anunció Vegetta. Mis dos compañeros de piso intercambiaron una mirada cómplice, y justo después se bebieron ambos vasos. Se rellenaron los recipientes vacíos y alcé el dedo índice para que me prestaran atención. Pensé en la forma de avergonzar a alguien, como se había hecho conmigo, y recordé una anécdota que siempre usábamos contra la pelirroja.-Yo nunca he bailado por dinero.-La miré con diversión, ella puso cara de sorpresa y contuvo una sonrisa.-Con que esas tenemos..-Murmuró cómica, llevándose el vaso a los labios y bebiéndose su contenido. Sebas exclamó una sonora y cómica carcajada, llevándose las manos al estómago.-Has invocado a la bestia.-Me advirtió. Pensé en las noches en que nos dedicamos a fastidiarnos mutuamente, siempre sin malas intenciones, y recordé porqué me caían bien pese a ser tan distintos y tener personalidades tan complicadas de tratar. Eran personas con un pasado difícil, y aún así se tomaban la vida con humor y nunca juzgaban al prójimo.-Yo nunca me he besado con alguien que esté aquí.-Comentó la joven, tras pensarlo unos segundos. Tardé en comprender lo incómoda que era semejante afirmación, y cuando lo hice no pude evitar reprenderla.-¡Eli!.-Dije, consiguiendo que ella se riera. Me sonrojé cuando todos bebimos menos ella. No es que dudara que Vegetta ya sospechaba sobre lo de Sebas, pues yo le había contado que tenía algo con mi compañero de piso durante la cena, pero esperaba que lo hubiera olvidado. Me tensé, pero tras un breve silencio, Vegetta sonrió juguetón.-Salseito..-Musitó jocoso. Algo se me quebró dentro. Habría esperado cualquier cosa menos divertirle. Celos, enojo, incomodidad.. cualquier cosa menos demostrarme que no le importaba que yo tuviera relaciones con otra persona. Sabía que era absurdo esperar eso de él, que tenía pareja y me había repetido mil veces que únicamente quería que volviéramos a ser amigos.-¿Quién diría que te gusta el salseo? Te imaginaba más serio.-Le preguntó Sebas, contemplándolo con cierta fascinación. El mayor se rió incrédulo, señalándose el pecho.-¿Serio yo? Se nota que no me conoces..-Me levanté del suelo, sin poder seguir soportando  su actitud desinteresada y alegre. Sabía que carecía de razones para molestarme, pero me era inevitable contener el cúmulo de sentimientos negativos que empezaba a amontonarse en mi corazón. Que se tomara las cosas con tanta ligereza, me hacía sentir que había sido un paso insignificante en su vida, que todo lo que habíamos hablado en mi habitación, era en vano.-¿Qué pasa?.-Me preguntó, mientras que volvían a servir otra ronda.-Paso de seguir jugando.-Dije, no con violencia, sino intentando simular normalidad. Me giré y fui hasta mi cuarto, intentando poner en orden mis extraños pensamientos.

Justo cuando pensaba cerrar la puerta de mi habitación, Vegetta cruzó el umbral con gesto de preocupación. Intenté no aparentar molestia, apreté los labios con fuerza para sellarlos.-Hey.. ¿Qué ocurre?.-Preguntó calmado. No sabía como explicarle mis sentimientos, menos cuando era perfectamente consciente de que no tenía razón.-Nada, me aburría el juego.-Mentí, pero en ningún momento se molestó en fingirse convencido. En su lugar insistió, y mis palabras fueron arrastradas por el viento.-¿Te has enfadado con alguno de nosotros?.-Entrecerré los ojos. Suponía que ninguno de mis compañeros debían pensar eso, los creía capaces de intuir el verdadero motivo de mi huida.-No es eso.-Él alzó las anchas cejas.-¿Eeentonces?.-Preguntó de manera melodiosa, sabía que me hablaba de tal forma porque temía empeorar mi disgusto. Me giré y caminé hasta la ventana cerrada.-Es una tontería.-Afirmé, esperando que pudiéramos dejar el tema aparcado. Entonces noté su pecho golpeándome la espalda, su cuerpo deteniéndose justo detrás de mío.-Dime..-Me pidió dulcemente, consiguiendo provocarme escalofríos.-Te ha hecho gracia.-Confesé finalmente, recordando su sonrisa jocosa cuando los tres habíamos bebido. Él exhaló con pesadez, el suspiro me rozó la nuca y erizó el vello.-¿Piensas que me divierte que te acuestes con él?.-Preguntó, consiguiendo que me girase sorprendido y nuestros torsos chocaran por la cercanía. No esperaba que él me entendiera tan rápidamente, con el único y pobre dato informativo que le había dado. Estaba claro que lo había supuesto, que solamente había estado esperando a que yo se lo dijera para hablar sobre el tema.-No he dicho eso.-Exclamé, ligeramente avergonzado. Él no habría podido expresar mejor el motivo de mi enojo, me molestaba que no se hubiera puesto celoso, y al mismo tiempo sabía que sería ilógico esperar esa reacción por su parte.-Pero te conozco. Crees que no me importa.-Su afirmación me hizo rabiar. En algunas ocasiones me conocía tanto, y en cambio otras se equivocaba cuando más evidentes eran mis sentimientos. O eso, o simplemente se hacía el tonto. Como siempre, Vegetta contradiciéndose.-Tú me has hecho pensar eso.-Le acusé, con cierto reproche que hizo parecer la conversación una de nuestras antiguas discusiones como pareja.-Se llama disimular.-Dichas palabras me revolvieron el estómago. ¿Disimular? Si había tenido que hacerlo, eso significaba que realmente se había molestado. ¿Y porqué le iba a molestar verme con otro? Quizá la noche anterior no habían sido imaginaciones mías, quizá él todavía albergaba sentimientos hacia mí.-Vegetta no te estoy pidiendo que me digas que estás celoso, sería absurdo.-Murmuré, para que dejara de justificarse, como si me debiera unas disculpas. Lo cierto es que no lo hacía, no había hecho nada malo, no de manera intencionada. Simplemente no sabía como exteriorizar mis sentimientos. Sí deseaba volver a ser un buen amigo suyo, pero si existían mínimas posibilidades de ser algo más, también quería que lo fuéramos. No podía conformarme con la mitad de él, no después de haber existido un tiempo en que lo tenía todo, después de saber lo que eso me hacía sentir.-Pero te molesta creer que no lo estoy, así que te hago ver que estás equivocado. Me muero de celos. Pero es injusto, sería injusto que lo demostrara teniendo pareja, no tengo derecho a reclamarte nada, así que no lo hago.-Noté flaquearme las piernas ante su confesión, y apoyé las palmas sobre sus hombros, aferrándome a la tela de su camisa vaquera.-Pero.. si estás celoso..-Comencé a expresar, pensando en nuestro acuerdo de seguir siendo amigos.-Intento alegrarme por ti, quiero que seas feliz. Pensaba que te gustaría que me lleve bien con tus amigos..-Ignoró mi inteligible balbuceo. Por la manera en que hablaba sobre el tema, se adivinaba fácilmente que no estaba dispuesto a dejar a su pareja, que había asimilado que debía aceptar mi vida sentimental de la misma manera en que se suponía que yo aceptaba la suya.-Es un detalle que lo intentes, gracias. Ha sido un arranque infantil, ni estoy enfadado con nadie.-Añadí, intentando sonar maduro, intentando recordarme que pronto él formaría una familia, que no era el tipo de persona que dejaría a su novia estando embarazada.-Si te hace daño llámame, vendré aquí y le..-Musitó amenazante, mientras que me acariciaba con suavidad los dedos, todavía aferrados en su hombro.-No será necesario.-Le interrumpí risueño, su aliento olía a manzana, sus labios sabrían dulces.-Tengo que irme, se está haciendo tarde. Me ha encantado verte.. aún te debo una apuesta.-Se separó, haciéndome pensar que se había turbado por algún motivo. Me tenía roto de confusión. Me decía que estaba celoso, pero me hablaba como si ya no sintiera nada. Me proponía que fuéramos solamente amigos, pero me acariciaba como algo más que eso. Decidí no preguntar, porque sospechaba que estaba todavía más confuso que yo.-Ya se me ha ocurrido algo.-Dije repentinamente, él se había alejado unos centímetros. Quisiera saber que estaría pasando por su mente.-Chaval.. miedo me das.-Distinguía el salón a través de la puerta entreabierta, preguntándome si ellos nos habrían estado observando.-Prometí a Sebas que mañana le llevaría a un sitio, al que no me gusta ir, pero tengo que recogerlo también. Podrías hacerme compañía.-Propuse, esperando convertir un plan tedioso en algo interesante. Sus comisuras se ensancharon, trazando una luminosa sonrisa que le hizo lucir radiante.-Tu compañía… es como si hubiera ganado yo.-Exclamó, halago tan inesperado que me hizo enrojecer. ¿Cómo esperaba que únicamente le viera como un amigo? ¡No podía mientras me dijera cosas así! Mientras siguiera siendo tan encantador y especial, tan.. Vegetta. Intenté recordarme por milésima vez que iba a formar una familia, era el único modo de que no me hiciera ilusiones vanas.-Tonto.-Le acompañé hasta la puerta, dónde se despidió calurosamente de mis compañeros de piso.-Llámame mañana, os recogeré yo.-Me dijo, justo antes de marcharse, dejándome incompleto, como siempre que no estaba presente.

Mi estado de ánimo era completamente opuesto al anterior a su llegada. Se había marchado tras pedirme disculpas, iniciar una amistad, presentarse en mi hogar, llevarse bien con mis amigos, ponerse celoso y adularme. Casi me costaba creer que hasta hace poco pensaba que no querría volver a verme, y ahora habíamos quedado en vernos al día siguiente. Mi cara irradiaba felicidad, no podía dejar de sonreír cada vez que recordaba sus cálidas palabras.-Caray, no me habías dicho que tu ex estaba tan bueno. En realidad sí que me lo habías dicho, pero pensaba que exagerabas. Ya sabes , el amor es ciego.-Arqueé una ceja ante las palabras de Sebas, que había corrido hacia mí en cuanto la puerta de entrada se había cerrado.-No te fijes en él.-Espeté, consiguiendo que su rostro se contrajera formando una mueca. No me importaba cuanto ligase el moreno, siempre y cuando no intentara hacerlo con mi ex.-Uh.. tranquilito, que posesivo eres con tu Vege. Además, sabes que yo nunca te haría eso ¿Por quién me tomas?.-Preguntó, llevándose teatralmente la mano al pecho para aumentar el dramatismo. Eli, que estaba escuchando nuestra conversación, se apresuró a intervenir.-Por un idiota.-Exclamó, sacando la lengua. Yo me reí, porque burlarse de él siempre era divertido, y porque estaba estúpidamente feliz.-Que graciosos sois.-Contestó, siendo obviamente irónico. La pelirroja lo ignoró, puso sus ojos sobre los míos.-Willy, ese hombre está loco por ti.-Afirmó repentinamente, como si nunca antes hubiera estado más segura de nada. Cabía mencionar que solía fiarme bastante de las opiniones de la chica, aunque estuviera un poco loca, tenía experiencia.-¿Vegetta? No lo sé.. dice que quiere que seamos amigos, así que lo intentaré, porque también quiero serlo.-Expliqué, aunque suponía por el tiempo que habíamos estado jugando juntos, que ella ya habría llegado a semejante conclusión.-¿Has visto cómo te miraba? Te mira con tanta intensidad que hace sentir invisible a cualquiera que esté presente.-Me mordí el labio inferior, conmovido por su metáfora. Recordaba que en el pasado me había dado cuenta de que me miraba con amor, de una manera que me hacía sentir querido y visible por primera vez.-No seas cursi, le mira como si quisiera empotrarle contra una pared.-Suspiré ante la estupidez del chico y me giré, negando con la cabeza, sin poder evitar sonreír abiertamente.-No, no pienso seguir escuchándoos. Vais a ilusionarme más y no quiero.-Declaré, cubriéndome los oídos y caminando hasta mi habitación. Sin dejar de pensar en su sonrisa, en que me había dicho que estaba muerto de celos, en sus brazos rodeándome entre las sábanas cuando vivíamos juntos.-Que tonto es..-Escuché que susurraba Eli mientras que me alejaba. “Solo amigos” Me obligué a mentalizarme, recordando las risas que nos habíamos echado juntos y lo mucho que valía la pena conservarlas.-El amor.-Le contestó Sebas, antes de que me encerrara en mi cuarto, dejando así de escuchar sus voces. “¿Solo amigos?” Suspiré, recostándome contra la puerta. Solo amigos.

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Hola, espero que os haya gustado el episodio, si es así dejadme vuestra opinión <3 Laik, reblog, favoritos, subscribios, violad un pato.

SHT, ANTES DE QUE DIGÁIS: QUE MALA ERES CON GUILI PORQUE ZEVAZ SE FIJA EN BEJETA, Sebas se fija en todos, es un promiscuo y ya, y nadie ha dicho que él y willy sientan algo el uno por el otro (?)

Pd: NO OS PODRÉIS QUEJAR EH, NO PASA NADA TRISTE EN ESTE CAPÍTULO. :DD

Pd2: Ni nada interesante, lo sé, es un poco de transición.

Pd3: A pasar la barca me dijo el barquero..