inexpresivo

vine

Cuando te haces unas fotos con ese amigo que es menos expresivo que una patata cruda

Guía práctica para amar a Escorpio

Pocos signos aman con la pasión y la profunda entrega de escorpio. Al menos, algo tenemos claro de este signo que es tan difícil de conocer. 

Si tú tienes interés en cómo llamar su atención, en cómo llegar a su corazón o en cómo conservar su amor, entre otras cuestiones, empezamos:

1. ¿Qué quiere escorpio?

Todo. Escorpio quiere una entrega sin medida. Quiere vivir una historia de amor marcada por la pasión y el deseo. De otro modo, sólo sería un simple entretenimiento.

Y, para que escorpio también pueda entregarse, ha de sentir una confianza total hacia su pareja.

Dado este panorama, se entiende porqué escorpio no tolera la traición en el amor y que le cueste perdonar cuando se siente muy herido.

2. ¿Cómo demuestra su amor?

Con intensidad. Escorpio es muy reservado y casi inexpresivo en algunas situaciones. Generalmente, para evitar que alguien utilice sus sentimientos para dañarle o manipularle.

Pero, cuando está seguro de tu amor, la cosa cambia. Escorpio hace visible todo ese caudal de pasión que siente por ti y te lo demuestra para que te enteres de sobra…

Una manera conocida y recurrente de demostrarlo es haciendo el amor a destajo. Probablemente ya sabes que para escorpio es fundamental este tipo de “comunicación”.

3. ¿Eres compatible con escorpio?

Al ser un signo tan emocional, se entiende bien con sus compañeros de agua, cáncer y piscis, que para eso hablan el mismo idioma.

De los signos de tierra, se lleva divinamente con virgo y capricornio. También con tauro, si es que ambos aprenden a ceder en sus momentos de cabezonería.

Con los signos de fuego quizás tenga eso: un desfogue espectacular, que viene muy bien de tanto en tanto. Llegar a algo serio es más complicado.

4. ¿Cómo llegar al corazón de escorpio?

Con valor. Necesitas valor, porque a escorpio no le van las medias tintas. Para que te abra su corazón has de mostrar coraje, pasión, ardor, entrega… y sólo así te corresponderá. ¡Ojo! Que te devolverá el doble de lo que tú has invertido en la relación.

Seguramente, esta experiencia tan arrebatadora (incluyendo posesividad y control en el lote) no la desean vivir personas más “tibias”. Da igual. A escorpio tampoco le gustan este tipo de personas.

5. ¿Qué enciende a escorpio?

Cualquier cosa. Lo sexual es tan importante para este signo que cuesta muy poco que entre en situación. Por esto no te preocupes, porque además escorpio se adapta a tu estilo.

6. El secreto mejor guardado de escorpio.

¿Secreto? Para escorpio todo es un secreto. Él/Ella son un enigma con piernas. Tardarás en conocer los detalles de su vida y su biografía.

Pero esto es muy bueno. Porque, cuando empiece a hablarte de todo eso, ya sabrás que es porque te está empezando a querer.

7. Lo que habrás de evitar a toda costa.

La guerra sucia. Discusiones hay en todas las parejas, pero lo que no es recomendable es que le des golpes bajos a tu escorpio. Nada de insultos, ni amenazas, ni chantajes. Porque, como escorpio se lo proponga, serás tú quien se arrepienta hasta de haber nacido.

Trata de enfocarte en cómo arreglar los conflictos que surjan, en lugar de armar la marimorena. Haya paz.

8. ¿Cómo comunicarte con escorpio?

Con honestidad. Escorpio es muy bueno para hacer que la gente haga lo que le sale del peine y, sin embargo, detesta que intenten manipularle. Tan sólo “se deja” manipular cuando le conviene.

Si quieres algo, díselo a las claras.

9. ¿Cómo conectar profundamente con escorpio?

Prestando atención. Escorpio es un signo muy espiritual y cualquier momento es bueno para profundizar en la conexión que existe entre vuestras respectivas almas.

En la cama, en el baño o en la parada del autobús. Escorpio siempre está listo para esta experiencia mística. Siente el poder de su conexión… (espiritual).

10. ¿Cómo perdurar al lado de escorpio?

Conservando la pasión. Escorpio es fiel, muy constante en sus relaciones. Pero también necesita que se mantenga constantemente el fuego encendido.

Escorpio estará contigo para los restos si alimentas ese fuego y si estás dispuesto a seguir compartiendo experiencias de intensa entrega.

Pablo.-

mrs--hood  asked:

¿me describes? solar escorpio, luna acuario y ascendente aries. Lindo blog.

Claro que si mi apasionada/o Escorpio! Intensos es una de las palabras que define a los escorpiones y en mi opinión creo que es la mas acertada, signos como escorpio son del todo sinceros, misteriosos, algo manipuladores, totalmente fieles a los que aman, celosos, sobre protectores, no son del todo sociables, muy agradables. Las lunas en Acuario tienen algo poco común y es el tener sus sentimientos y emociones bajo control (si de por si ya escorpio las tiene muy bien controladas) parecen casi inexpresivos, muy independiente, creativa, MUY inteligente te gustan los retos, con potencial de líder entre un sin fin de cosas. Tu ascendente en Aries derrocha entusiasmo, te gusta dar lo mejor de ti misma, ambiciosa, exigente y muy carismática.💕 

De nada y gracias por lo del lindo blog❤️ (por cierto amo el hood en tu nombre)

Quisiera nunca...

Quisiera nunca haber chocado contigo. Quisiera nunca me hayas sonreído, para caer perdidamente enamorada de ti. Quisiera nunca haberte mirado a los ojos e imaginarme ver el brillo que veía en los míos. Quisiera nunca a verme fijado en cada lunar de tu rostro antes de besarte. Quisiera nunca a ver reído tanto de tus chistes malos. Quisiera nunca a ver escuchado tus suspiros mientras me mirabas cuando yo me hacía la dormida. Quisiera nunca a ver visto mientras sonreías con ojos enamorados cuando yo reía a carcajadas. Quisiera nunca a verme sentido yo misma al estar contigo. Quisiera nunca a verte creído cuando me decías que nunca me lastimarías. Quisiera nunca a verte perdonado siempre con un simple “lo siento, mi amor”. Quisiera nunca haber sentido golpes en el corazón cuando me decías que ya no era nada para ti. Quisiera nunca ver visto tus ojos, que antes “brillaban” por mi, inexpresivos. Quisiera nunca me hayan dolido tanto las mentiras que luego me entere. Quisiera nunca a ver creído en tus palabras. Quisiera nunca a ver pensado que eras mi Augustus Waters. Quisiera nunca a verme ilusionado. Quisiera que nunca me hayas roto el corazón en mil pedacitos. Quisiera nunca a verte conocido.

Originally posted by la-chica-echa-pedazos

heroicsoul  asked:

El día de San Valentín sucedió un milagro, una carta de parte de Ivlis llegó para Satanick a hora temprana ¿Podría ser...? ¿¡una carta de amor...!? El contenido era uno solo: un papel con un mensaje escrito en grandes letras; "POR FAVOR MUERE". Eso era todo. Mejor suerte a la próxima.

¡Era San Valentín al fin! Ansioso estabas de ir a visitarle. Con mucha inquietud caminabas de un lado a otro por la habitación mientras una docena de trajes yacían tendidos sobre tu enorme cama, esperando a que tomaras la decisión de elegir alguno de ellos.

El toquido de la puerta te distrajo de aquel proceso. ¿Quién sería? Te preguntabas. La respuesta surgió apenas te acercaste con una sonrisa para atender a quien llamaba a esa hora tan temprana.

– ¡Oh! Envi, ¿Qué sucede? –El inexpresivo subordinado tendió para ti una carta, y apenas le agradeciste, cerraste la puerta en su cara y de inmediato removiste la hoja del sobre en cuanto supiste que era de Ivlis.

¡¿Qué significaba eso?!
Sudaste. Probablemente solo era un mensaje subliminal de que te amaba tanto como tú a él. Debía ser eso, sí, querías creerlo. O de otro modo no se habría tomado la molestia de enviarte algo en un 14 de Febrero.

@heroicsoul

Shuu: -Tan solo estiró su mano para tomarla, impidiendo que se fuera.- ¿Y se supone que puedes irte así como así? -Su rostro estaba inexpresivo, como siempre.- Tu y yo sabemos que te gusta estar conmigo y las cosas que te hago, mujer obscena… -Y la jaló, dispuesto a beber de su cuello por enésima vez.-

Reiji: ¿Y crees que estás en posición para darme la espalda e irte? -El pelinegro parecía molesto con esa actitud hacia él, por lo que soltó un bufido de exasperación y se acomodó los anteojos.- Te pido vuelvas a tu asiento y no te retires hasta que yo te lo ordene…. humana.

Ayato: -Soltó un gruñido apenas recibió el golpe en su mano y se apresuró a tomarla por ambas muñecas, fulminandola con sus ojos verdes y apegándola a su cuerpo.- ¿Acaso has golpeado a Ore-sama, Chichinashi? -Al ver que estaba llorando gradualmente y por reacción comenzó a soltar sus manos.- …. Tch.

Kanato: ¡OYE! -La detuvo de inmediato, sosteniendola por la muñeca con una fuerza que si incluso presionaba más en su agarre podría romperle la mueca.- ¿¡CÓMO TE ATREVES A PEGARME!? ¡NO TE LO PERDONARÉ NUNCA! ¿¡ME HAZ OIDO!?

Raito: ¿Pero de qué hablas, Bitch-chaaaan~? -Preguntó mientras se pasaba una mano por el cabello que le salía de la fedora y se acercó a paso calmado hasta acorralarla contra la pared más cercana.- Yo soy muy bueno contigo~, huh.

Subaru: -El ver que la chica lloraba lo impactó de sobre manera y en seguida relajó su postura.- Oi…. -La llamó, hasta acercarse a ella y detenerla con un suave agarro en su antebrazo.- Lo siento, yo…. no quería…. 

Ruki: Detente ahí, Kachiku. -Bufó, colocando su libro en el estante mientras la miraba a los ojos y se puso de pie, acercandose a ella a paso relajado, aunque con cada paso que daba desbordaba su actitud dominante e intimidante.- ¿Cómo es que te atreviste a golpear a tu amo? ¿Es que acaso no haz entendido lo que soy para ti?

Kou: -Gruñó de inmediato apenas fue golpeado por la chica y no pasaron ni dos segundos cuando el idol ya se había puesto de pie y la había tomado con mucha brusquedad hasta estamparla contra la pared más cercana, enfurecido.- ¿Incluso luego de que te trato tan bien te portas así conmigo? ¿¡Cómo puedes ser tan malagradecida conmigo!?

Yuma: ¡Oi, Mesubuta! -Se quejó y se apresuró a tomarla por la muñeca para apegarla a él, soltando un ligero gruñidito.- ¿Por qué te pones así conmigo, tu? ¿No crees que estás exagerando?

Azusa: ¿…. Eve? -Preguntó al verla marcharse de esa manera mientras se observaba la mano con mucha curiosidad, notando como comenzaba a formarse un moretón rosado por el golpecito que ella acababa de darle y soltó un suspirito de gusto.- Ne, Eve…. -La llamó, pero al darse cuenta de que ella lloraba toda la emoción de antes por el golpe se esfumó. Se acercó, sin saber si siquiera debía tocarla, asustado a herirla de alguna forma no placentera.- …. Eve…. ¿te hice sentir mal…?

Carla: Kisama… -Gruñó enfurecido por la gran falta de respeto que ella acababa de cometer contra el mayor de los Tsukinami y no dudó ni un solo segundo en chasquear los dedos y aparecer frente a ella, tomándola con mucha fuerza por los hombros para inmovilizarla.- ¿¡Es que acaso quieres que me enfurezca contigo!? ¿¡Eso quieres!?

Shin: -El rugido que soltó de disgusto fue casi animal, y en seguida la inmovilizó tomandola de la muñeca y dio un giro que la obligó a sentarse en el sofá que estaba más cercano.- ¡JAMÁS VUELVAS A HACERME ESO!

50 Sombras Más Oscuras (Wigetta)

Capítulo 13

Dios santo…

Está ahí, mirándome con semblante inexpresivo e inquietante, y con una pistola en la mano. Mi subconsciente es víctima de un desmayo letal, del que no creo que despierte ni aspirando sales.

Parpadeo repetidamente mirando a Michael, mientras mi mente no para de dar vueltas frenéticamente. ¿Cómo ha entrado? ¿Dónde está Rubén? ¡Por Dios…! ¿Dónde está Rubén?

El miedo creciente y helador que atenaza mi corazón se convierte en terror, y se me erizan todos y cada uno de los folículos del cuero cabelludo. ¿Y si le ha hecho daño? Mi respiración empieza a acelerarse y la adrenalina y un pánico paralizante invaden todo mi cuerpo. Mantén la calma, mantén la calma… repito mentalmente como un mantra una y otra vez.

Él ladea la cabeza y me mira como si fuera un fenómeno de barraca de feria. Pero aquí el fenómeno no soy yo.

Siento que he tardado un millón de años en procesar todo esto, cuando en realidad ha transcurrido apenas una fracción de segundo. El semblante de Michael sigue totalmente inexpresivo, y su aspecto tan desaliñado y enfermizo como siempre. Sigue llevando esa gabardina mugrienta, y parece necesitar desesperadamente una ducha.

Tiene el pelo grasiento y lacio pegado a la cabeza, y sus ojos castaños se ven apagados, turbios y vagamente confusos.

Pese a tener la boca absolutamente seca, intento hablar.

—Hola… ¿Michael, verdad? —alcanzo a decir.

Él sonríe, pero no es una sonrisa auténtica; sus labios se curvan de un modo desagradable.

—Él habla —susurra, y su voz es un sonido fantasmagórico, suave y ronco a la vez.

—Sí, hablo —le digo con dulzura, como si me dirigiera a una niño—. ¿Estás solo aquí? ¿Dónde está Rubén?

Cuando pienso que puede haber sufrido algún daño, se me desboca el corazón.

A él se le demuda la cara de tal modo que creo que está a punto de echarse a llorar… parece tan desvalido.

—Solo —susurra—. Solo.

Y la profundidad de la tristeza que contiene esa única palabra me desgarra el alma. ¿Qué quiere decir? ¿Yo estoy solo? ¿Está él solo? ¿Está solo porque le ha hecho daño a Rubén? Oh… no… tengo que combatir el llanto inminente y el miedo asfixiante que me oprimen la garganta.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Puedo ayudarte?

Pese al sofocante ahogo que siento, mis palabras logran conformar un discurso atento, sereno y amable. Él frunce el ceño como si mis preguntas lo aturdieran por completo. Pero no emprende ninguna acción violenta contra mí. Sigue sosteniendo la pistola con gesto relajado. Yo no hago caso de la opresión que siento en el cerebro e intento otra táctica.

—¿Te apetece un poco de té?

¿Por qué le estoy preguntando si quiere té? Esa es la respuesta de mi padre ante cualquier situación de crisis emocional, y me surge ahora en un momento totalmente inapropiado. Dios… le daría un ataque si me viera ahora mismo. Él ya habría echado mano de su preparación militar y a estas alturas ya lo habría desarmado. De hecho, no me está apuntando con la pistola. A lo mejor puedo acercarme. Michael mueve lentamente la cabeza de un lado a otro, como si destensara el cuello.

Inspiro una preciada bocanada de aire para tratar de calmar el pánico que me dificulta la respiración, y me acerco hasta la encimera de la isla de la cocina. Él tuerce el gesto, como si no entendiera del todo qué estoy haciendo, y se desplaza un poco para seguir plantado frente a mí. Cojo el hervidor con una mano temblorosa y lo lleno bajo el grifo. Conforme me voy moviendo, mi respiración se va normalizando. Sí, si quisiera matarme, seguramente ya me habría disparado. Me mira perplejo, con una curiosidad ausente. Mientras enciendo el interruptor de la tetera, no puedo dejar de pensar en Rubén. ¿Estará herido? ¿Atado?

—¿Hay alguien más en el apartamento? —pregunto con cautela.

Inclina la cabeza hacia un lado y, con la mano derecha —la que no sostiene el revólver—, frota la palma contra sus pantalones. Resulta evidente que es algo que hace cuando está nervioso, y al fijarme en ese detalle, me impresiona nuevamente cuánto se parece a mí. Mi ansiedad está llegando a un nivel que casi me resulta insoportable, y espero su respuesta con la respiración contenida.

—Solo. Completamente solo —murmura.

Eso me tranquiliza. Quizá Rubén no esté aquí. Esa sensación de alivio me da fuerzas.

—¿Estás seguro de que no quieres té ni café?

—No tengo sed —contesta en voz baja, y da un paso cauteloso hacia mí.

Mi sensación de fortaleza se evapora. ¡Dios…! Empiezo a jadear otra vez de miedo, sintiendo cómo circula de nuevo, denso y tempestuoso, por mis venas. A pesar de eso, y haciendo acopio de todo mi valor, me doy la vuelta y saco un par de tazas del armario.

—¿Qué tienes tú que yo no tenga? —pregunta, y su voz tiene la entonación cantarina de un niño pequeño.

—¿A qué te refieres, Michael? —pregunto con toda la amabilidad de la que soy capaz.

—El Amo, el señor De Luque, permite que le llames por su nombre.

—Yo no soy su sumiso, Michael. Eh… el Amo entiende que yo soy incapaz e inadecuado para cumplir ese papel.

Él inclina la cabeza hacia el otro lado. Es un gesto de lo más inquietante y antinatural.

—Ina…de…cuado. —Experimenta la palabra, la dice en voz alta, tratando de saber qué sensación le produce en la lengua—. Pero el Amo es feliz. Yo le he visto. Ríe y sonríe. Esas reacciones son raras… muy raras en él.

Oh.

—Tú te pareces a mí. —Michael cambia de actitud, cogiéndome por sorpresa, y creo que por primera vez fija realmente sus ojos en mí—. Al Amo le gustan obedientes y que se parezcan a ti y a mí. Los demás, todos lo mismo… todos lo mismo… y sin embargo tú duermes en su cama. Yo te vi.

¡Oh, no! Él estaba en la habitación. No eran imaginaciones mías.

—¿Tú me viste en su cama? —susurro.

—Yo nunca dormí en la cama del Amo —murmura.

Es como un espectro etéreo, perdido. Como una persona a medias. Parece tan leve y frágil, y a pesar de llevar un arma, de pronto siento una abrumadora compasión por él. Ahora sujeta la pistola con las dos manos, y yo abro tanto los ojos que amenazan con salírseme de las órbitas.

—¿Por qué al Amo le gustamos así? Eso me hace pensar que… que… el Amo es oscuro… el Amo es un hombre oscuro, pero yo le quiero.

No, no lo es, grito en mi fuero interno. Él no es oscuro. Él es un hombre bueno, y no está sumido en la oscuridad. Está conmigo, a plena luz. Y ahora él está aquí, intentando arrastrarle de vuelta a las sombras con la retorcida idea de que le quiere.

—Michael, ¿quieres darme la pistola? —pregunto con suavidad.

Sus manos la aferran con más fuerza, y se lleva la pistola al pecho.

—Esto es mío. Es lo único que me queda. —Acaricia el arma con delicadeza—. Así podrá reunirse con su amor.

¡Santo Dios! ¿Qué amor… Samuel? Siento como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago. Sé que él aparecerá en cualquier momento para averiguar por qué estoy tardando tanto. ¿Tiene la intención de dispararle? La idea es tan terrorífica que se me forma un enorme nudo en la garganta. Se hincha y me duele, y casi me ahoga, al igual que el miedo que se acumula y me oprime el estómago.

Justo en ese momento, la puerta se abre de golpe y Samuel aparece en el umbral, seguido de Higgs.

Los ojos de Samuel se fijan en mí durante un par de segundos, me observan de la cabeza a los pies, y detecto un centelleo de alivio en su mirada. Pero ese alivio desaparece en cuanto clava la vista en Michael y se queda inmóvil, centrado en él, sin vacilar lo más mínimo. Lo observa con una intensidad que yo no había visto nunca, con ojos salvajes, enormes, airados y asustados.

Oh, no… oh, no.

Michael abre mucho los ojos y por un momento parece que recobra la cordura.

Parpadea varias veces y sujeta el arma con más fuerza.

Contengo el aliento, y mi corazón empieza a palpitar con tanta fuerza que oigo la sangre bombeando en mis oídos. ¡No, no, no!

Mi mundo se sostiene precariamente en manos de este pobre chico destrozado. ¿Disparará? ¿A los dos? ¿Solo a Samuel? Es una idea atroz.

Pero después de una eternidad, durante la cual el tiempo queda en suspenso a nuestro alrededor, él agacha un poco la cabeza y alza la mirada hacia él a través de sus largas pestañas con expresión contrita.

Samuel levanta la mano para indicarle a Higgs que no se mueva. El rostro lívido de este revela su furia. Nunca le había visto así, pero se mantiene inmóvil mientras Samuel y Michael se miran el uno al otro.

Me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración. ¿Qué harán? Pero se limitan a seguir mirándose. Samuel tiene una expresión cruda, cargada de una emoción que desconozco. Puede ser lástima, miedo, afecto… ¿o es amor? ¡No, por favor… amor, no!

Él lo fulmina con la mirada, y con una lentitud agónica, la atmósfera del apartamento cambia. La tensión ha aumentado de tal manera que percibo su conexión, la electricidad que hay entre ambos.

¡No! De repente siento que yo soy el intruso, el que interfiere entre ellos, que siguen mirándose fijamente. Yo soy un advenedizo, un voyeur que espía una escena íntima y prohibida detrás de unas cortinas corridas.

El brillo que arde en la mirada de Samuel se intensifica y su porte cambia sutilmente. Parece más alto, y sus rasgos como más angulosos, más frío, más distante.

Reconozco esa pose. Le he visto así antes… en su cuarto de juegos.

De nuevo se me eriza todo el vello. Este es el Samuel dominante, y parece muy a gusto en su papel. No sé si es algo innato o aprendido, pero, con el corazón encogido y el estómago revuelto, veo cómo responde Michael. Separa los labios, se le acelera la respiración y, por primera vez, el rubor tiñe sus mejillas. ¡No! Es angustioso presenciar esa visión fugaz del pasado de Samuel.

Finalmente, él articula una palabra en silencio. No sé cuál es, pero tiene un efecto inmediato en Michael. Él cae de rodillas al suelo, con la cabeza gacha, y sus manos sueltan la pistola, que golpea con un ruido sordo el suelo de madera. Dios santo…Samuel se acerca tranquilamente a donde ha caído el arma, se inclina con agilidad para recogerla, y luego se la mete en el bolsillo de la americana. Mira una vez más a Michael, que sigue dócilmente arrodillado junto a la encimera de la isla.

—Guillermo, ve con Higgins —ordena.

Higgs cruza el umbral y se me queda mirando.

—Rubén —susurro.

—Abajo —contesta expeditivo, sin apartar los ojos de Michael.

Abajo. No aquí. Rubén está bien. Un fuerte estremecimiento de alivio me recorre todo el cuerpo, y por un momento creo que voy a desmayarme.

—Guillermo…

En la voz de Samuel hay un deje de advertencia.

Le miro, y de pronto soy incapaz de moverme. No quiero dejarle… dejarle con él. Se coloca al lado de Michael, que permanece arrodillado a sus pies. Se cierne sobre él, lo protege. Está tan quieto… es antinatural. No puedo dejar de mirarles a los dos… juntos…

—Por el amor de Dios, Guillermo, ¿por una vez en tu vida puedes hacer lo que te dicen y marcharte?

Con una voz fría como un témpano de hielo, Samuel me fulmina con la mirada y frunce el ceño. Tras la calma deliberada con que pronuncia esas palabras, se oculta una furia palpable.

¿Furioso conmigo? Dios, no. ¡Por favor… no! Me siento como si me hubiera dado un bofetón. ¿Por qué quiere quedarse con ese?

—Higgins. Lleva al señor Díaz abajo. Ahora.

Higgs asiente y yo miro a Samuel.

—¿Por qué? —susurro.

—Vete. Vuelve al apartamento. —La frialdad de sus ojos me fulmina—. Necesito estar a solas con Michael —dice en tono apremiante.

Creo que intenta transmitir una especie de mensaje, pero estoy tan alterado por todo lo sucedido que no estoy segura. Observo a Michael y veo aparecer una levísima sonrisa en sus labios, pero aparte de eso sigue totalmente impasible. Un sumiso total.

¡Santo Dios! Se me hiela el corazón.

Esto es lo que él necesita. Esto es lo que le gusta. ¡No…! Siento unas terribles ganas de llorar.

—Señor Díaz. Guille…

Higgs me tiende la mano, suplicándome que vaya con él. Yo estoy inmovilizado por el terrorífico espectáculo que tengo ante mí. Esto confirma mis peores temores y acrecienta todas mis inseguridades. Samuel y Michael juntos… el Amo y su sumiso.

—Higgins —insiste Samuel, y Higgs se inclina y me coge en volandas.

Lo último que veo es a Samuel acariciándole la cabeza a Michael con ternura, mientras le dice algo en voz baja.

¡No!

Mientras Higgss me lleva escaleras abajo, yaciendo inerte en sus brazos, intento asimilar lo que ha pasado en los últimos diez minutos… ¿O han sido más? ¿O menos? He perdido la noción del tiempo.

Samuel y Michael, Michael y Samuel… ¿juntos? ¿Qué está haciendo con él ahora?

—¡Joder, Willy! ¿Qué coño está pasando?

Me siento aliviado al ver a Rubén, caminando nerviosamente arriba y abajo por el vestíbulo, todavía cargado con su enorme bolsa. ¡Oh, gracias a Dios que está bien! Cuando Taylor me deja en el suelo, prácticamente me abalanzo sobre él, rodeándole el cuello con los brazos.

—Rubén. ¡Oh, gracias a Dios!

Le abrazo muy fuerte. Estaba tan preocupado que, por un momento, obtengo cierto respiro del pánico creciente que siento respecto a lo que está ocurriendo arriba en mi apartamento.

—¿Qué coño está pasando, Guille? ¿Quién es este tío?

—Oh, perdona, Rubén. Este es Higgins. Trabaja para Samuel. Higgins, este es Rubén, el hermano de mi compañero de piso.

Se saludan con un leve movimiento de cabeza.

—Guille, ¿qué está pasando ahí arriba? Estaba buscando las llaves del apartamento cuando esos tíos aparecieron de la nada y me las quitaron. Uno de ellos era Samuel…

Rubén se queda sin palabras.

—Llegaste tarde… Gracias a Dios.

—Sí. Me encontré con un amigo de Pullman… y nos tomamos una copa rápida. ¿Qué está pasando ahí arriba?

—Hay un chico, una ex de Samuel. En nuestro apartamento. Se ha vuelto loco, y Samuel está…

Se me quiebra la voz, y se me llenan los ojos de lágrimas.

—Eh… —susurra Rubén y me abraza con fuerza—. ¿Alguien ha llamado a la policía?

—No, no se trata de eso.

Sollozo pegado a su pecho y, en cuanto empiezo, ya no puedo parar de llorar, las lágrimas liberando toda la tensión de este último episodio. Rubén me abraza más fuerte, pero noto que está desconcertado.

—Venga, Guille, vamos a tomar una copa.

Me da unas palmaditas en la espalda con cierta incomodidad. De repente, yo también me siento incómodo, y avergonzado, y lo que realmente quiero es estar solo.

Pero asiento y acepto su oferta. Quiero alejarme de aquí, alejarme de lo que sea que esté pasando arriba.

Me vuelvo hacia Higgs.

—¿Habíais registrado el apartamento? —le pregunto lloroso, limpiándome la nariz con el dorso de la mano.

—A primera hora de la tarde. —Se encoge de hombros a modo de disculpa y me ofrece un pañuelo. Parece destrozado—. Lo siento, Guille —murmura.

Frunzo el ceño. Pobre… se le ve que se siente muy culpable. No quiero hacer que se sienta aún peor.

—Al parecer tiene una extraordinaria capacidad para eludirnos —añade, y vuelve a torcer el gesto.

—Rubén y yo nos vamos a tomar una copa rápida y después volveremos al Escala.

Me seco los ojos.

Él se apoya en un pie y luego en otro, visiblemente nervioso.

—El señor De Luque quería que volviera directamente al apartamento —dice en voz baja.

—Bueno, pero ahora ya sabemos dónde está Michael. —No puedo evitar que mi voz revele un deje de amargura—. Así que ya no necesitamos tantas medidas de seguridad. Dile a Samuel que nos veremos luego.

Abre la boca para hablar, pero vuelve a cerrarla prudentemente.

—¿Quieres dejarle la bolsa? —le pregunto a Rubén.

—No. Me la llevo, gracias.

Rubén se despide de Higgs con un movimiento de cabeza y después me acompaña fuera. Y entonces me acuerdo, demasiado tarde, de que me he dejado la billetera en el asiento de atrás del Audi. No llevo nada encima.

—Mi billetera…

—No te preocupes —murmura Rubén, su rostro expresando una gran preocupación—. No pasa nada, pago yo.

* * *

Escogemos un bar situado en la acera de enfrente y nos sentamos en unos taburetes de madera junto a la ventana. Quiero ver lo que pasa: quién entra y, sobre todo, quién sale. Rubén me pasa una botella de cerveza.

—¿Problemas con un ex? —pregunta en tono afable.

—Es un poco más complicado que eso —musito, adoptando repentinamente una actitud más reservada.

No puedo hablar de esto: he firmado un acuerdo de confidencialidad. Y, por primera vez, lo lamento realmente. Además, Samuel no ha dicho nada de rescindirlo.

—Tengo tiempo —dice Rubén muy atento, y toma un buen trago de cerveza.

—Es un ex de Samuel, de hace varios años. Abandonó a su marido por otro tipo. Y al cabo de un par de semanas o así, ese tipo murió en un accidente de coche. Y ahora ha vuelto para perseguir a Samuel.

Me encojo de hombros. Ya está, no he revelado demasiado.

—¿Perseguir a Samuel?

—Tenía una pistola.

—¡Hostia!

—De hecho no amenazó a nadie con ella. Creo que pretendía dispararse a sí mismo. Pero por eso yo estaba tan preocupada por ti. No sabía si estabas en el apartamento.

—Ya. Por lo que dices, ese hombre no está bien.

—No, no está bien.

—¿Y ahora qué está haciendo Samuel con él?

Palidezco de golpe y noto que la bilis me sube a la garganta.

—No lo sé —susurro.

Rubén abre los ojos como platos… por fin lo ha entendido.

Esto es lo que me angustia. ¿Qué diablos están haciendo? Hablar, espero. Solo hablar. Pero lo único que visualizo mentalmente es su mano, acariciando tiernamente el pelo de él.

Michael está trastornado y él se preocupa; eso es todo, intento racionalizar. Pero, en el fondo de mi mente, mi subconsciente mueve la cabeza con tristeza.

Es más que eso. Michael era capaz de satisfacer sus necesidades de una forma que yo no puedo. La idea resulta terriblemente deprimente.

Intento centrarme en todo lo que hemos hecho estos últimos días: en su declaración de amor, sus divertidos coqueteos, su alegría. Pero las palabras de Carla vuelven para burlarse de mí. Es verdad lo que dicen sobre los fisgones.

«¿No echas de menos… tu cuarto de juegos?»

Me termino la cerveza en un tiempo récord, y Rubén me pasa otra. No soy muy buena compañía esta noche, pero aun así él se queda conmigo charlando e intentando levantarme el ánimo, y me habla de Barbados y de las payasadas de Frank y Luzu, lo cual es una maravillosa distracción. Pero solo es eso… una distracción.

Mi mente, mi corazón, mi alma siguen todavía en ese apartamento con mi Cincuenta Sombras y el hombre que había sido su sumiso. Una mujer que cree que todavía le ama. Una mujer que se parece a mí.

Mientras nos bebemos la tercera cerveza, un enorme vehículo con los vidrios ahumados aparca junto al Audi delante del edificio. Reconozco al doctor Atkin, que baja acompañado de una mujer vestida con una especie de bata azul claro.

Atisbo a Higgs, que les hace entrar por la puerta principal.

—¿Quién es ese? —pregunta Rubén.

—Es el doctor Atkin. Samuel le conoce.—¿Qué tipo de doctor es?

—Psiquiatra.

—Ah.

Ambos seguimos observando y, al cabo de unos minutos, vuelven a salir.

Samuel lleva a Michael, que va envuelto en una manta. ¿Qué? Veo con horror cómo suben al vehículo y se alejan a toda velocidad.

Rubén me mira con expresión compasiva, y yo me siento desolado, totalmente desolado.

—¿Puedo tomar algo más fuerte? —le pregunto a Rubén, sin voz apenas.

—Claro. ¿Qué te apetece?

—Un brandy. Por favor.

Rubén asiente y se acerca a la barra. Yo miro por la ventana hacia la puerta principal. Al cabo de un momento, Higgs  sale, se sube al Audi y se dirige hacia el Escala… ¿siguiendo a Samuel? No lo sé.

Rubén me planta delante una gran copa de brandy.

—Venga, Díaz. Vamos a emborracharnos.

Me parece la mejor proposición que me han hecho últimamente. Brindamos, bebo un trago del líquido ardiente y ambarino, y agradezco esa intensa sensación de calor que me evade del espantoso dolor que brota en mi corazón.

* * *

Es tarde y me siento bastante aturdido. Rubén y yo no tenemos llaves para entrar en mi apartamento. Él insiste en acompañarme caminando hasta el Escala, aunque él no se quedará. Ha telefoneado al amigo al que se encontró antes y con el que se tomó una copa, y han quedado que dormirá en su casa.

—Así que es aquí donde vive el magnate.

Rubén silba, impresionado.

Asiento.

—¿Seguro que no quieres que me quede contigo? —pregunta.

—No, tengo que enfrentarme a esto… o simplemente acostarme.

—¿Nos vemos mañana?

—Sí. Gracias, Rubén.

Le doy un abrazo.

—Todo saldrá bien, Díaz —me susurra al oído.

Me suelta y me observa mientras yo me dispongo a entrar en el edificio.

—Hasta luego —grita.

Yo le dedico una media sonrisa y le hago un gesto de despedida, y después pulso el botón para llamar al ascensor.

Salgo del ascensor y entro al piso de Samuel. Higgs no me está esperando, lo cual es inusual. Abro la doble puerta y voy hacia el salón. Samuel está al teléfono, caminando nervioso junto al piano.—Ya está aquí —espeta. Se da la vuelta para mirarme y cuelga el teléfono —. ¿Dónde coño estabas? —gruñe, pero no se acerca.

¿Está enfadado conmigo? ¿Él es el que acaba de pasar Dios sabe cuánto tiempo con su ex novio lunático, y está enfadado conmigo?

—¿Has estado bebiendo? —pregunta, consternado.

—Un poco.

No creía que fuera tan obvio.

Gime y se pasa la mano por el pelo.

—Te dije que volvieras aquí —dice en voz baja, amenazante—. Son las diez y cuarto. Estaba preocupado por ti.

—Fui a tomar una copa, o tres, con Rubén, mientras tú atendías a tu ex —le digo entre dientes—. No sabía cuánto tiempo ibas a estar… con él.

Entorna los ojos y da unos cuantos pasos hacia mí, pero se detiene.

—¿Por qué lo dices en ese tono?

Me encojo de hombros y me miro los dedos.

—Guille, ¿qué pasa?

Y por primera vez detecto en su voz algo distinto a la ira. ¿Qué es?

¿Miedo?

Trago saliva, intentando decidir qué decir.

—¿Dónde está Michael?

Alzo la mirada hacia él.

—En un hospital psiquiátrico de Fremont —dice con expresión escrutadora —. Guille, ¿qué pasa? —Se acerca hasta situarse justo delante de mí—. ¿Cuál es el problema? —musita.

Niego con la cabeza.

—Yo no soy bueno para ti.

—¿Qué? —murmura, y abre los ojos, alarmado—. ¿Por qué piensas eso? ¿Cómo puedes pensar eso?

—Yo no puedo ser todo lo que tú necesitas.

—Tú eres todo lo que necesito.

—Solo verte con él… —se me quiebra la voz.

—¿Por qué me haces esto? Esto no tiene que ver contigo, Guille. Sino con él. —Inspira profundamente, y vuelve a pasarse la mano por el pelo—. Ahora mismo es un chico muy enfermo.

—Pero yo lo sentí… lo que teníais juntos.

—¿Qué? No.

Intenta tocarme y yo retrocedo instintivamente. Deja caer la mano y se me queda mirando. Se le ve atenazado por el pánico.

—¿Vas a marcharte? —murmura con los ojos muy abiertos por el miedo.

Yo no digo nada mientras intento reordenar el caos de mi mente.

—No puedes hacerlo —suplica.

—Samuel… yo…

Lucho por aclarar mis ideas. ¿Qué intento decir? Necesito tiempo, tiempo para asimilar todo esto. Dame tiempo.

—¡No, no! —dice él.

—Yo…

Mira con desenfreno alrededor de la estancia buscando… ¿qué? ¿Una inspiración? ¿Una intervención divina? No lo sé.

—No puedes irte, Chiqui. ¡Yo te quiero!

—Yo también te quiero, Samuel, es solo que…

—¡No, no! —dice desesperado, y se lleva las manos a la cabeza.

—Samuel…

—No —susurra, y en sus ojos muy abiertos brilla el pánico.

De repente cae de rodillas ante mí, con la cabeza gacha, y las manos extendidas sobre los muslos. Inspira profundamente y se queda muy quieto.

¿Qué?

—Samuel, ¿qué estás haciendo?

Él sigue mirando al suelo, no a mí.

—¡Samuel! ¿Qué estás haciendo? —repito con voz estridente. Él no se mueve—. ¡Samuel, mírame! —ordeno aterrado.

Él levanta la cabeza sin dudarlo, y me mira pasivamente con sus fríos ojos marrones: parece casi sereno… expectante.

Dios santo… Samuel. El sumiso.

Os voy a dejar un super consejito del día (?) xD Nunca os guardéis lo que sentís por una persona (no hablando necesariamente de un sentimiento romántico) Ya seáis inexpresivos o tímidos intentad demostrar vuestro amor de vez en cuando a las personas que queréis, aunque cueste. Llegará un día en que esa persona ya no esté y os arrepentiréis de todo lo que no le habéis dicho, pero ya será tarde y las palabras que os habéis guardado pierden la oportunidad de salir, así que se quedan ahí destrozándote por dentro. Aunque suene cursi, nunca es un mal momento para decirle te quiero a alguien de tu familia o a tus amigos ^^ *se va vomitando arcoiris*
Carta de una alma fría

Para que decir que aparte de tomar siempre lo positivo de esto que encuentro yo que es casi una enfermedad. El hecho de ser frío involucra muchos altos y bajos. ¿Por donde comenzaré?, la parte donde perdí parejas importantes, o la ventaja que logre obtener al aprender más que seguir siendo frío, aprender a tomar control de estos miles escudos que uno contiene, y lo irónico es que uno no nace siendo frío, si no que las mismas “trancas de situaciones traumatizantes” son las que te convierten en una mierda inexpresiva, después de adoptar múltiples personalidades que hunden tu yo interno, sabes ya como no sentirte tan mal, a base de estar así, emocionalmente te vuelves increíblemente fuerte. Y desde este punto, si este punto. Ya haces las cosas distintas, te sientes diferente quizás hasta un poco egoísta contigo mismo, pero llegando ya las ventajas son estas mismas trancas que te enseñaron a ser frío, por así decirlo. Simplemente tu eres capaz de tomar decisiones difíciles. Esa es la virtud de el hecho “ser frío”.