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La crisis de refugiados que destruyó al Imperio Romano

Hace aproximadamente 1600 años, el continente europeo atravesaba una seria crisis de refugiados. Justo como sucede en la actualidad, un pueblo empleaba la ruta de los Balcanes para huir de las atrocidades en busca de una nueva vida en tierras extranjeras. En el año 367, no eran los sirios los que se trasladaban en masa, sino los godos, pueblo que los romanos consideraban profundamente bárbaros.

Migraron hacia el sur y solicitaron la protección del imperio más poderoso de Occidente. De origen germano, este pueblo habitaba el este de Europa y se subdividía en los ostrogodos y visigodos.

Ese año, el historiador y militar romano Amiano Marcelino apuntó que los godos estaban siendo desterrados por una “raza salvaje sin comparación que descendía en turbas de las montañas, como si brotaran de un rincón oculto en la tierra, destruyendo todo lo que se atravesaba en su camino”. Se trataba de los hunos, pueblo nómada que se desplegó a Europa Central en busca de tierras y pastizales. A medida que avanzaban, expandían sus dominios a través de alianzas y conquistas.

La travesía de los godos

Los godos se atravesaron en el camino de los hunos y migraron a Tracia, una región que actualmente pertenece a los territorios de Bulgaria, Grecia y Turquía y que en aquella época era una provincia romana. Si lograban establecerse, estarían en una tierra fértil, al otro lado del río Danubio y más protegidos de la furia de los hunos. Pero faltaba que Roma estuviera de acuerdo. Tracia formaba parte de una porción Oriental del imperio, gobernada por Valente. Así fue que Fritigerno, el líder de los godos, propuso que su pueblo fuera recibido como súbdito de Roma, ofreciendo una ocupación tranquila y, a cambio, tropas auxiliares en caso de que el ejército Imperial requiriera de fuerza extra. Era una propuesta excelente para ambas partes. Tracia era una tierra muy poco habitada, necesitaba de manos trabajadoras y algunos miles de hombres para eventuales batallas, por lo que era una oferta inmejorable. Además, como una muestra de su buena fe Fritigerno se convirtió al cristianismo, religión que hacía décadas había dejado las catacumbas para convertirse en la religión preferida de los emperadores. Es decir, Valente no podría rechazar tal propuesta.

De hecho, el emperador aceptó y los refugiados pudieron establecerse en el territorio. Con esto, los godos se encaminaban a ser uno de los muchos pueblos asimilados por el Imperio Romano. Los extranjeros se convirtieron en ciudadanos y sus descendientes tendrían la posibilidad de conseguir cargos en la administración pública o en el ejército. Era una receta a largo plazo que protegía a Roma: haz que los otros sean romanos. De hecho, el Imperio era relativamente diverso para esa época. A través de su historia tuvo emperadores que nacieron en provincias distantes de la capital, incluso de la Península Italiana. Hombres que provenían de regiones que actualmente corresponden a España, Croacia, Francia, Hungría, Bulgaria, Serbia e incluso de Turquía, Marruecos, Libia y Siria se convertían en emperadores. Evidentemente, asimilar multitudes y permitir el ascenso social era una medida mucho más inteligente que, por ejemplo, construir un muro.

Todo funcionaba en perfecta paz hasta que los militares corruptos, encargados de administrar las provisiones que eran enviadas a los inmigrantes con la finalidad de ayudarlos a instalarse en sus nuevas tierras, empezaron a llenarse los bolsos. Los godos empezaron a pasar hambre, y sólo les quedaba adquirir carne de perro de los militares.

La rebelión de los godos contra Roma

Hambrientos y con un profundo sentimiento de traición, los godos empezaron a rebelarse. En el año 378 sitiaron Andrinópolis, actual Turquía. Se trataba de una ciudad ancestral, citada en la mitología griega de Orestia y rebautizada en homenaje al emperador Adriano. El propio Valente decidió marchar para enfrentar a los bárbaros. Subestimó las fuerzas ostrogodas y visigodas y no esperó los refuerzos de Occidente. Con apenas 40 mil hombres disponibles para la batalla, cayó frente a los 100 mil bajo el mando de Fritigerno.

Fue una masacre, un episodio que San Ambrosio, que vivió en esa época, describió como “el fin de la humanidad, el fin del mundo”. Los romanos fueron traicionados. Valente no sólo murió en batalla, sino que su cuerpo jamás fue recuperado. El emperador se convirtió en una carcasa indigente abandonada en Tracia, junto a miles de otros cuerpos de militares anónimos que, de un día a otro, se convirtieron en recuerdos y alimento para buitres.

El fin del Imperio

Valente fue sucedido por Teodosio, que hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio de una vez por todas. Este personaje también entendió la clara superioridad de los godos sobre las debilitadas legiones romanas en los campos de batalla y empezó a reclutarlos para las fuerzas imperiales. Esto calmó los ánimos durante algún tiempo. Cuando murió, en 395, el Imperio quedó oficialmente dividido en Occidente y en Oriente. La porción oeste estaba cada vez más frágil, y los godos arribaron a Italia en 402. Otros bárbaros también se aprovecharon de la situación. Los vándalos destrozaron la Galia, y los propios godos arribaron a Roma en 409.

Fue entonces que el pueblo que había expulsado a los godos décadas antes obtuvo un rey inolvidable. Atila el huno simbolizó el fin de Roma, pese a que jamás conquistó la capital. Esa hazaña la logró Genserico, rey de los vándalos, en 455. Por eso, la batalla de Andrinópolis se considera el inicio del fin del imperio más poderoso de la antigüedad. Lo mejor hubiera sido tratar con dignidad a los refugiados, o jamás recibirlos desde un inicio.

@Neoprusiano
Julio César
Julius Caesar
Militar y político romano (100 a. C. - 44 a. C.)
Roman military and politician (100 BC - 44 BC)

Español: Cayo Julio César
Latina: Gaius Iulius Caesar
Deutsch: Gaius Julius Cäsar
English: Gaius Julius Caesar
Français: Caius Jules César

Nicolas Coustou (1658-1733), 1696.