Evangelio & Millennials

Evangelio & millennials parecieran dos ideas inmiscibles… Sí, Dios no cambia, pero las generaciones y la manera de entender el mundo sí lo hacen; y entonces, ¿qué hacemos con los jóvenes?

Adjetivos para los jóvenes modernos hay miles: que son unos vagos, unos “niños malcriados”, que no se bancan la presión… todo lo que se escribió y lo que se dice hasta el momento de los millennials es, en su mayoría, negativo. Incluso lo que dice la Iglesia.

Pero vayamos un poco más atrás. ¿Qué son los millennials? Hay miles de definiciones, pero a grandes rasgos, un millennial es todo joven que haya nacido desde 1985 hasta la actualidad.

Los sociólogos acuerdan en que, exceptuando a la primera generación de millennials (es decir, aquellos que nacieron entre 1985 y 1993), los jóvenes modernos suelen ser unos “niños mimados.” Algo de razón tienen: los datos muestran que gran parte de los millennials componen a la generación “ni-ni-ni” (ni trabajan, ni estudian, ni les interesa). Esto se debe a muchos factores, pero entre ellos los más importantes son:

·      Paternidad/maternidad adolescente (muchos se convierten en padres en su adolescencia y eso les dificulta la inserción laboral);

·      Falta de interés en la escuela: suelen razonar, “¿Para qué necesito memorizar esto si puedo encontrarlo en Google?” (y, siendo honestos, este planteo tiene mucha lógica… pero el modelo educativo es tema para otro artículo).

·      Quienes estudian, no le ven la importancia al título universitario que le daba la generación de sus padres. Muchos suelen empezar y abandonar varias carreras porque “no hay nada que les llame demasiado la atención” o porque “les gustan demasiadas cosas y quieren aprenderlo todo.”

·      Abandonan rápidamente el trabajo: “No me gusta”, “Estoy para más” y “Quiero hacer algo diferente” suelen ser los motivos más frecuentes de los jóvenes. No están acostumbrados a lidiar con la frustración y por eso suelen abandonar cuando el trabajo se torna aburrido.

·      “Mi mamá me mima”: Si a todo lo anterior le sumamos la idea de que los padres mantienen a sus hijos y los dejan vivir con ellos hasta que éstos lo decidan, entonces se forma un combo un tanto peligroso: adultos-niños, sin capacidad de tolerar el fracaso o la frustración, con ansias de cambiar el mundo desde la computadora de su cuarto.

Los millennials son –somos– la generación de la tecnología: todo tiene que ser transmitido en vivo, subido a internet, o tener cierto número de “likes” para ser popular. Las redes sociales le permiten a todos tener la oportunidad de ser virales.

 

Por otro lado, y como ya se mencionó anteriormente, los millennials suelen ser llamados la generación “Peter Pan” porque cada vez se inician en el trabajo más tarde, se van de las casas de sus padres pasados los 30 (o nunca, si se convirtieron en padres de adolescentes); y quienes no tienen hijos ni parejas estables, posponen compromisos como el matrimonio y la paternidad/maternidad durante mucho tiempo o directamente nunca lo hacen. Lo que para nuestros padres era sumamente importante, para nosotros, los millennials, ya no lo es tanto o preferimos dejarlo para más adelante: casarnos, tener hijos, comprarnos una casa… el joven moderno vive el aquí y el ahora, y no les interesa todo aquello que lleva tiempo o los aferra demasiado tiempo a un lugar.

Muchos sociólogos definen a los millennials como “una generación depresiva y con baja autoestima.”: viven con “depresión blanca” (es decir, se sienten tristes sin razón o motivo aparente) y se sienten frustrados cuando se comparan con los cánones modernos de belleza.

Respecto a la política, más de la mitad de los jóvenes modernos no se identifican con ninguna bandera política, pero a la mayoría les interesa la política y tienen una opinión formada. Suelen decir: “No soy de izquierda ni de derecha, pero yo opino esto…”

Para los millennials, todo es relativo, hasta la identidad de género: hoy en día ya no se reconocen 2 géneros, sino 31. Hoy en día, la bandera pareciera ser “todo está bien, no hay bueno ni malo, todo es relativo. Si te levantás sintiéndote hombre teniendo genitales femeninos, está bien, mientras no molestes a nadie…” Todo puede ser cuestionado, y cualquier cosa que sea un poco “anticuada” (como hablar a favor de la existencia de solo dos géneros, o a favor de la familia, o de la iglesia…) será tildada de retrógrada. Si vivís en Argentina y creés que solo hay hombre y mujer, y nada más, probablemente te tilden de facho o gorila.

Y en el medio de todo esto, estamos nosotros, los jóvenes que creemos en Jesús. Si somos seres pensantes, como lo somos, entonces vale la pena meditar en qué diría Jesús de los millennials. Si para ellos todo es relativo, ¿cómo podemos mostrarle lo que para nosotros es una verdad absoluta?

Obviamente, no hay versículos bíblicos que hablen de la generación de jóvenes modernos, pero sí hay algunos factores comunes en los millennials que son muy positivos, entre ellos:

·      Las ganas de dejar su huella para un bien mayor. Los jóvenes de hoy nos planteamos cosas que la generación anterior no hacía. No queremos  venir al mundo “pa’ morirnos nada más”, sino que quieren dejar una huella. Es paradójico que en el mundo de lo efímero, en donde todo pasa tan rápido, los millennials anhelen ser recordados.

Los jóvenes modernos creen que vinieron al mundo con una misión –y hablo de jóvenes no cristianos–, y la mayoría la quiere cumplir… aunque no sabe cómo. Esto es algo muy positivo y que creo que, si somos astutos, podríamos usar como una gran herramienta evangelística. Esta generación tiene una pasión por el altruismo que antes solo unos pocos tenían.

En el mundo de lo efímero, en donde todo pasa, los millennials buscan una roca firme donde pararse y desde ahí luchar por su altruismo natural. Lamentablemente, la mayoría de los jóvenes prefiere seguir a cualquier loco que diga dos o tres pavadas pero que sepa a dónde va, que seguir a un líder cristiano que un día quiera ganar al mundo para Cristo y al otro no quiera salir de la cama.  

Los millennials tienen esa “llama sagrada” de traer cambios al mundo que ninguna generación anterior tuvo; y los cristianos, en vez de criticarlos, deberíamos saber aprovecharlo. Si lo hacemos, esta generación tiene el potencial de ganar más almas para Cristo que ninguna otra en ningún otro momento histórico, y esto se debe a que los millennials tienen mayor acceso a la tecnología, mayor conocimiento y mayor pasión que cualquier otra.

 

·      Otro aspecto de los millennials, es su rebeldía: hoy hablar a favor de la familia y de la Iglesia es rupturista, y por lo tanto, rebelde. Los cristianos somos rebeldes con causa y por eso tenemos el potencial de ser una nueva voz que tiene que levantarse. Ya no es rebelde el tatuado o lo que hasta hace unos años era considerado “tabú”, hoy el rebelde es el que habla a favor de la fidelidad, de la pureza, de la virginidad, de la familia…

 

Hay muchos jóvenes, sin Cristo, que ya tienen incorporados muchos de los valores que predicamos. Lo malo es que no tienen líderes con quienes identificarse porque hemos preferido hacer mejores campamentos, mejores retiros, mejores cultos… pero no estamos hablando de temas actuales. No podemos ser personas que no miran la actualidad.

Es por eso que tenemos que levantar una voz diferente; debemos ser aquellos que, cuando todos hablen en contra de la familia, de Dios y del amor, se escuche. No para atacar ni para buscar conflicto, pero sí para mostrar que estamos acá y que Dios no está muerto.

 

La Biblia dice que el motor de los jóvenes, es el Señor:

Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

(Isaías 40:30-31).

Los jóvenes cristianos somos millennials, pero a diferencia de los jóvenes sin Cristo, tenemos nuevas fuerzas todos los días. Corremos, pero a diferencia de los jóvenes sin Dios, no nos cansamos. Caminamos, y no nos fatigamos. Esta generación necesita de jóvenes cristianos que vivan a contrapelo, a contracorriente.

 

·      Otro aspecto a favor de los millennials, es su capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso, y no “caretearla”: Si nos mostramos como personas sin errores, no nos van a seguir. Es por eso que tenemos que volvernos cada día más transparentes. La gente no va a cambiar la imagen mental que tiene de la Iglesia a menos que nosotros, la Iglesia, comencemos a actuar como “normales” UN AMBIENTE DE FAMILIA SOLO PUEDE CREARSE CUANDO LAS PERSONAS SE MUESTRAN VULNERABLES; y los jóvenes anhelan una familia. Los líderes estamos para ser madres y padres de jóvenes que vienen de familias disfuncionales, pero eso se va a crear solamente cuando conecten con nosotros.

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

(1 Timoteo 4:12-16).

Timoteo era joven como vos y como yo. Si tuviese la edad que tenía, pero en la actualidad, Timoteo sería un millennial.

Estamos para ser ejemplo. Esta palabra “ejemplo” habla de molde o de prototipo. La Iglesia tiene que cambiar su formato porque la generación que viene es diferente. La mayoría de los jóvenes de tu trabajo, de tu escuela, del club o de donde sea, no va a leer jamás el evangelio de Lucas, de Juan, de Mateo o de Marcos… pero sí va a leer el Evangelio de tu vida. Van a ver un ejemplo de Jesús en vos; y eso va a ser que puedas ser, a nivel local, un líder para los jóvenes que quieren marcar la diferencia. Los millennials necesitan alguien que les muestre la verdad, lo firme, lo que no cambia; y ese alguien podés ser vos.

¿El Evangelio y los millennials son dos conceptos inmiscibles? Para nada. Simplemente debemos cambiar la manera en que vemos a los jóvenes y mirarlos como lo haría Jesús. 

Para los solteros

Un día vas a encontrar a esa persona indicada, la persona que Dios tiene para ti. Un día vas a poder mirar a los ojos de esa persona por la cual haz orado y anhelado tanto. Todo este tiempo de espera parecerá nada cuando por fin puedas sujetar la mano de esa persona tan especial. Un día estarás frente esa persona diciendo un “Sí, aceptó”.

Mientras tanto no dudes de Dios, no te des por vencido, no te conformes con lo más fácil y no pongas excusas para dar tu corazón al primer postor.

Dios ya escribió tu historia de amor, la pregunta es ¿aceptas tu papel en la historia? Espera y se fiel a Él.