idolatrados

Románticos - One Shot Wigetta #FanficChallenge2015

–Señor De Luque, ha llegado esto para usted– una doncella de no más veintidós años le entrego al caballero una carta en una bandeja y este al tomarla agradeció sonriendo provocando un ligero sonrojo en ella. El caballero era guapo, alto, de cuerpo musculoso, una barba perfectamente cortada y densa. Las facciones de su rostro eran una mezcla entre un príncipe y algún leñador de la montaña, un hombre que hipnotizaba a cualquier doncella o princesa.

La carta era una invitación al castillo de sus padres, donde por lo visto habría un baile de invierno dedicado a su aniversario número cincuenta. Desde joven él prefirió vivir alejado de ellos pero sin salvarse de molestos bailes como estos ya que su madre siempre le obligaba a asistir esperándole ya con una hermosa princesa la cuál quería que fuera su esposa. Y cada vez que llegaba terminaba rechazándolas, él no quería casarse a la fuerza y mucho menos con alguien a quien no amaba. Eso su familia no lo entendía, ni lo harían en algún futuro puesto que él es hijo único y todo ese reino recaerá en él en unos años. Simplemente no puede darse el lujo de no casarse o de quedarse soltero.

Eso sería imperdonable.

Luego de recibir dicha carta se preparo a empacar para salir camino a su hogar, a enfrentase al futuro… A lo inevitable. No podía negar que no le gustaba ser adorado e idolatrado por tantas, ha intentado ya más de diez veces tratar de enamorarse, de conocer a las princesas a fondo para así poder amarlas. Sin éxito. Era consciente de que el amor no se forzaba, solo que le parecía ya demasiado tiempo sin sentir eso que dicen estar enamorado. Eso que te lastima, te duele, te destroza haciéndote sufrir para luego convertirse en una alegría, un refugio, un anhelo… Lo que te da razones para vivir.

Fue bastante bien recibido en el castillo, luego de un largo viaje de nueve horas y fue atendido como se debía. Antes de saludar a sus padres decidió que lo mejor seria ir a su habitación para instalarse, por más que fuera sólo un fin de semana.

–¡Samuel! ¡Hijo mio!– exclamo su madre acercándose a abrazarlo y besarlo en ambas mejillas, el amor por su hijo único era inmenso

–¡Madre!– respondió al abrazo y los besos, evitando aquellos detalles si que les extrañaba demasiado

–Sentémonos, quiero que me digas como te ha ido– camino junto con ella y se adentraron en una pequeña terraza que dejaba una vista a uno de los jardines traseros –¿como has estado?– cuestiono mirándolo, a pesar de que él ya tenía la idea de a que tema llegarían

–Bien, hacia mucho que no me sentía tan pleno– mintió un poco para hacer que se sintiera bien, y porque principalmente no quería que insistiera en que regresara a vivir con ellos, como cualquier príncipe debería hacerlo

–¿Alguna princesa?– dijo sin más rodeos, no cabe duda que conforme los años su madre se desesperaba más

–No madre, no aún– respondió bajando la mirada un momento, le dolía tener que responder así

–Entonces espero que mañana en el baile lo intentes, y esta vez si lo consigas, tu padre esta más ansioso que yo– continuo con la mirada baja, sabía que les decepcionaba pero aún tenía la firme convicción de que tenía que enamorarse y no dejar que fuese arreglado –como favor adicional me gustaría que convivieras con un príncipe hijo de una amiga mía, es un tanto joven y serían buenos amigos– al menos aquél favor sonaba más sencillo que tener que estar buscando pareja –su madre es igual de insistente que yo, no es hijo único pero si el mayor y sigue soltero– su madre se rió un poco con esto último –debe ser alguna enfermedad– bromeo para animarlo un momento, al final ella siempre querrá lo mejor para él

–¿Donde lo puedo encontrar?– pregunto refiriéndose al príncipe que debía conocer

–Me han dicho que estaba paseando en el jardín de la orquesta, puedes ir a buscarle– y así fue como hizo, prefería estar con alguien nuevo a quedarse conversando con su madre o encerrado en el castillo, además que los jardines son su lugar favorito

Y allí lo encontró, caminando y dando vueltas dentro del pequeño kiosco que estaba en el centro. Era más o menos de su misma estatura, de tez más blanca que la suya, cabello negro, ojos ligeramente rasgados y bastante bien parecido. Vaya, era el tipo de príncipe ideal.

–Samuel De Luque– dijo al momento de verlo de frente presentándose y estiro la mano, este lo miro de pies a cabeza deteniéndose en su rostro y examinándolo a la vez que estrechaban sus manos

–Guillermo Díaz– respondió esperando a que dijera algo, sin siquiera separar los ojos de su rostro, Guillermo ya sabía quien era Samuel, él llego un día antes y se enfrento a toda la historia contada por su madre, en cierta manera tenía ya ganas de conocerlo

–Al parecer nuestras madres son amigas, me han enviado a ser su guía– él tampoco podía despegar los ojos de Guillermo, por más que sintiera un ligero sonrojo de su parte, que seguramente era por calor, no podría ser por algo más

–Creo que me estoy guiando bien, pero agradezco la compañía– se giro dejando de verlo y salió de aquel kiosco dirigiéndole a la salida –¿le importaría mostrarme otro jardín?

–No, vamos– camino frente de él aún sintiéndose un poco incomodo junto a él, ¿que tenía de especial como para hacerlo sentir así?, es solo un príncipe y ha convivido con montones de ellos

–Si no le molesta, ¿puedo hacerle un par de preguntas?– rompió Guillermo con el silencio que les envolvió apenas llegaron al siguiente jardín

–Adelante– le parecía extraño que se hablaran tan formalmente como si nada, algo sucedía que continuaba volviendo todo extraño

–¿Por qué no ha contraído matrimonio?– la pregunta dejo congelado a Samuel, lo tomo de imprevisto, aquella pregunta nadie se atrevía a hacerla más que su madre y este príncipe con unos minutos de conocerlo tuvo el valor –disculpe si le molesta, es solo curiosidad

–No, no he encontrado a la mujer ideal– sus primeras palabras sonaron débiles, y la respuesta fue demasiado romántica, quería retractarse –tengo entendido que usted tampoco esta comprometido

–No, soy una persona en exceso romántica… al igual que usted, quiero creer, además ya sabe como son los matrimonios arreglado– ¿por qué sus palabras lo ponían así? aquella conversación se estaba rodeando de una atmósfera extraña –me gusta pensar que soy un alma libre, ¿usted se considera libre?– sus preguntas no eran normales, Samuel esperaba una conversación simple como todas aquellas que ha tenido con príncipes y esto era todo lo contrario

–Por supuesto que soy libre– respondió dándole la espalda y mirando otra parte del jardín al que se adentraron, uno de los pequeños donde solo eran cuatro paredes y estaba lleno de arboles con flores colgantes, aquél era uno de sus favoritos

–Me agrada escuchar eso… ¿entonces usted es libre de enamorarse?– Guillermo se encontraba frente a él mirando a las flores colgantes, solo que aquél ramaje les separaba, Samuel lo miro prestando atención en sus ojos tan atentos a las flores, en su ligera sonrisa que no quitaba de su rostro, que lo iluminaba

–Si… si– respondió alejando la mirada una vez que Guillermo se dio cuenta de la atención que recibía


–Me alegra, me gustan los hombres libres de pensamiento y corazón– la confusión de Samuel acababa de aumentar a su máximo nivel, no entendía a que se refería y no quería preguntar, por suerte no lo estaba mirando, su rostro debía estar de todos los colores posibles, ¿a donde pensaba llegar aquél príncipe? –espero no incomodarlo, es solo que usted ha dicho ser libre ¿no?– Guillermo se coloco frente a él en cuanto llegaron a la fuente del centro, Samuel no hizo más que asentir, no entendía claramente lo que pasaba –deberíamos irnos, esta anocheciendo

–Por aquí– indico Samuel al momento de salir del pequeño jardín

Caminaron juntos por todo el camino de regreso, ambos mirándose de reojo, para Samuel todo era extraño y solo quería regresar al castillo para olvidarse, mientras su compañero solo sonreía y se sentía contento, Guillermo sentía que al fin lo había encontrado. Al llegar a una de las entradas traseras del castillo era ya de noche, se despidieron solo con palabras, Samuel de inmediato se apresuro a irse, hasta que sintió una mano en su brazo, y él lo estaba tocando.

–Si no te molesta, me encantaría que nos viéramos mañana– Samuel no hizo más que asentir y continuar su camino, liberándose de aquél agarre.

Una vez en su habitación se sentó para tratar de tranquilizarse, solo para entender todo lo que había sucedido. Las palabras, su mirada, sus roces. Cada momento fue diferente, jamás había sentido eso, y le agobiaba no saber que era. Aquél príncipe tenía algo extraño, sus preguntas fueron directas y parecía que no le costaba decir todo eso.

Libre de pensamiento y corazón.

……………..

Era la hora del baile y no podía evitar más tener salir. Todo el día había pasado de su habitación al comedor de la cocina sin hacer más, por estar evitando encontrarse al príncipe. No sabía porque lo hacia, solo no quería sentir todo eso de nuevo ni mucho menos responder a sus preguntas extrañas. Y ahora tenía que salir.

Se vistió con un traje en su mayoría color negro ya que era con el que se veía más apuesto, además le prometió a su madre conversar con varias princesas y no la defraudaría. Así es como encontraría el amor, así debería enamorarse de una vez.

Luego de tres princesas estaba ya agobiado, no eran interesantes por más que intentaba entablar una conversación, ellas solo buscaban casarse sin más. Se levanto y camino hacia la cocina donde ninguna de ellas lo seguiría, estaba ya cansado de bailar y no lograr nada. Tomo una copa mientras los del servicio le miraban extrañados pero aún así continuaban con su trabajo. Pero no podía desaparecer, no debía hacerlo.

// When the love falls - Yiruma: https://www.youtube.com/watch?v=bBGHZrCxrGQ //

Miro un par de veces si nadie lo veía y salio del castillo, se fue caminando en medio de la noche siguiendo el sendero de los jardines, miro hacia atrás y nadie estaba. Mucho mejor para él, ya no soportaba estar rodeado de tantas personas. No quería pensarlo así pero tal vez y eso de enamorarse no era para todos y tal vez él era uno de ellos. Si tenía que elegir alguna princesa, al menos sería una que le agradara, no la que quiera su madre.

–Señor De Luque– escucho detrás suyo imaginando que sería algún empleado y querían que regresara al baile pero no, era el príncipe Guillermo –¿me permite acompañarlo?– señalo el camino y caminaron sin decir una sola palabra, cada quien a su ritmo pero con una distancia media que se sentía lejana.

Llegaron al jardín de los arboles altos, donde básicamente era más un pequeño bosque, era el último de los terrenos donde se ofrecían bailes, sin darse cuenta terminaron lo más alejados del castillo. Samuel se detuvo y camino hacia el lado derecho, claramente alejándose de él. No era que no le agradara pero esas sensaciones que nacen junto a él no eran conocidas y por ende no quería averiguar que era.

–¿Lo he molestado de alguna manera? Si es así discúlpeme, no ha sido mi intención– de inmediato se dio la vuelta para mirarlo a la cara, no lo ha molestado, no tiene porque pensar eso, bueno si, lo evito pero no era esa su idea

–No, no, soy yo disculpa– explico mirándolo a los ojos hasta que su mirada bajo a sus labios y se dio la vuelta de nuevo, comenzó a dar pasos perdiéndose en el pequeño bosque, todas esas sensaciones regresaron y con más intensidad, sentía que su estomago daría una vuelta o que su pecho explotaría, no se sentía bien

–¿Me permite decirle algo?– de nuevo con las preguntas, Samuel bajo los hombros y asintió, seguramente no habría forma de detenerle, solo que Guillermo se coloco frente a él mirándolo fijamente a los ojos –tengo que confesar esto… le quiero, no sé que hizo pero no puedo dejar de pensar en usted, me ha hipnotizado y con su permiso me gustaría tomar su mano– Samuel se quedo boquiabierto y sin moverse, no sabía ni que decir, ni que pensar, mucho menos que sentir. Guillermo tomo la mano de Samuel de forma cuidadosa para no asustarle, aquél toque les provoco escalofrió a ambos, como si una corriente eléctrica pasara entre ellos, entrelazo los dedos con los suyos sin siquiera quitar la mirada de él, miro a sus labios entreabiertos que respiraban rápidamente y se acerco. Samuel dio medio paso atrás alejándose pero sin soltar su mano, bajo la mirada llenándose de ideas sin sentido, pensando en que este era el momento, que todo lo que le hacia sentir Guillermo eran esos síntomas, eso que tanto ha anhelado y deseado. Se giro a mirarlo una vez más, Guillermo no lo soltaba y mucho menos dejaba de mirarlo, estaba sonrojado y con una clara expresión de desconsuelo, porque temía ser rechazado, porque esto estaba mal. Porque ambos eran hombres. Y príncipes herederos de reinos inmensos, y que en el fondo solo eran un par de jóvenes románticos que buscaban enamorarse de quien valiera la pena… a pesar de que no fuera una princesa.

–Gracias…– dijo Samuel antes de acercarse ese medio paso que faltaba para pegar sus cuerpos, Guillermo lo miro sonriendo para luego acercar su rostro lentamente, Samuel no aguanto más y fue quien pego sus labios dejando que hicieran un contacto suave para luego besarse al mismo ritmo. Los brazos de Guillermo abrazaron por encima de los hombros a Samuel debido a la altura mientras los de este cubrían su cintura.

El abrazo, el beso, el momento, la pareja perfecta… sin embargo la época equivocada.

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Aquí mi participación para el #FanficChallenge2015 espero sea de su agrado, no sé como vaya a ir esto pero agradecería un montón que dieran corazón y reblog ^^

Y por favor escuchen la canción ♥