ideasviajando

Te dejé ir.

Y no es que te tenía preso,

ni que te quiera menos.

Es que comprendí que hay personas

que es mejor quererlas de lejos,

que es mejor abrazarlas a distancia.

Dejar ir es amarte desde donde estoy

porque juntos no podemos estar,

porque si te detengo, me perdería;

y si te quedas, entonces te perderías tú.

Te dejé ir.

No por cobardía, sino porque entendí

que este amor necesita un espacio

para que se expanda,

para que luego,

si la suerte está a nuestro favor,

nos volvamos a encontrar

y esta vez sí nos podamos amar,

sin temor a perder,

en el mismo lugar.

Mariani Sierra Villanueva.

Yo me enamoré de sus abismos y de las curvas que daban vértigo.
De su cara triste y las lágrimas que le marcaban la piel.
También me enamoré de sus manos agrietadas por el pasado que apretaba
y el desorden con el que llegó a mi vida.
Amé su sinceridad y lo rota que tenía la voz de decir te quiero.
Me enamoré de sus pasos errados y de todos los fracasos que hoy le adornan las sienes.
De sus líneas en su frente por sus preocupaciones,
de sus manos temblorosas y sus nervios.
Tuve que conocerlo hecho pedazos,
rasgado por el tiempo,
cansado de intentarlo.
Tuve que coincidir en medio de sus tormentas
abrazarlo aún cuando los pedazos de su corazón roto lastimaban,
tomar su mano aún cuando no sabía ni a dónde íbamos.
Yo me enamoré de su peor versión y de sus desesperado aleteo contra el viento.
Del pasado que traía en los pies,
de las esperanzas vacías a las que se aferraba para sentir que todo iba bien.
Me enamoré de sus tonos grises y de su rostro apagado.
Amé sus suspiros de derrota y sus intentos fallidos.
Me enamoré de todos sus volcanes en erupción y callejones sin salida.
Y ahora que lo veo siendo otro, el amor me sabe mejor,
porque pude reconocerlo entre tanta ceguera,
porque no tuve miedo de todo eso que hoy me hizo amarlo más.
—  Mariani SIerra / Ideas Viajando

Entonces me aferré al amor,

lo usé de salvavidas,

de amuleto,

de escalón.

Me aferré con la esperanza

de que el cielo no se acabara,

apreté los ojos con fuerza

para que no se escapara de mis adentros.

Y un silencio adornó mis labios

para no dejar morir el «te quiero».

Abracé al amor con fuerza,

con mis manos lo enredaba entre mis dedos.

con mi respiración intentaba adentrarlo,

tal vez memorizarlo.

Me aferré el amor cuando a mi alrededor

se desataban los odios,

me aferré a su majestuosidad

cuando todo era simple,

a su infinidad

cuando todo era efímero y pasajero.

A su todo, cuando de repente la nada

se adueñó de cada espacio.

Entonces me aferré al amor,

porque era lo único

que me mantenía con vida.

Mariani Sierra Villanueva.