i tried therefore no one should criticize me

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Game Of Survival - introducing Jessica Lahey

After the death of her father, Jess refuses to leave her brother’s side even if she doesn’t entirely agree with his decision to become something out of a Young Adult novel. And when her best friend gets involved, trading epilepsy and medical side-effects for glowing eyes and claws, Jess knows the Hale Pack is where she needs to be.
Hunting down a lizard-person and trying to be the voice of reason to a group of teenagers drunk on power isn’t exactly easy, but Jess is doing her damnedest to keep her Pack alive. Especially with a hunter family essentially taking over the school and Scott McCall trying to play hero with his high school Justice League watching their every move.
After all, Jess Lahey is a survivor.

@duuvals, @missjanuarylily, @dubonet, @eleanoraargent

anonymous asked:

writing request: maybe some pale kankat? (karkat and kanaya) kanaya making karkat wear clothes she makes or something omfg

“Kanaya, this is torture. Just give me back my god damn clothes,” Karkat whined as his head was pulled through the hole of a sweater.
“I worked very hard on this outfit, the least you could do is try it on for me,” Kanaya said as she finished pulling the sweater over the shorter male. Karkat looked down, rather impressed with how well it fit him and how warm it was, but doing his best to hide it.
“Alright, can I change now?” Karkat asked, doing his best to look as if the sweater was a burden, although he was actually really happy with it. He could have done without having his sign embroidered largely on the front of it and with out the red accents all over the sweater, but other than that, it was pretty great.
“I suppose so,” the jade blood said with a sigh, turning away, “I’ll avert my eyes so that you may disrobe.” Karkat pulled the sweater off of his body, turning it inside out as he did, revealing a small embroidery on back where a tag would be. Karkat bit his lip a bit to try and hide his smile as he looked at the grey cancer sign followed by a pale pink diamond and a jade version of Kanaya’s sign. Try as he may, Karkat couldn’t fight the grin as he dropped the sweater and went over to Kanaya, hugging her from behind. Kanaya jumped at first at the sudden touch, but after a few seconds, she turned around and embraced the other troll.

abstractmeow  asked:

Martín being sick ! ovo

Manuel llegó a casa con una bolsa blanca colgada de su muñeca, la cara de pocos amigos y un Martín con cara verde en la cama. El minúsculo departamento donde Martín vivía, olía a remedios y a té con miel que le preparó antes de irse al trabajo. Y Manuel todavía estaba un poco, algo, bastante enojado con Martín. —Te dije que no me enviaras mensajes de texto mientras estoy en la pega, Martín. Martín gimió y se escondió entre las sábanas. Manuel soltó un suspiro resignado, dejando la bolsa de los remedios al lado de la mesa de noche de Martín. —¿Saliste de la cama? —preguntó Manuel, deshaciéndose de la ropa de trabajo que tenía encima. Primero el saco, colgándolo en el armario; la corbata la dejó sobre la perilla del armario. —Manuel, me estoy muriendo —dijo Martín, con la voz ahogada entre las sábanas—. No tengo ganas de salir cuando me estoy muriendo  —¿Ni siquiera para comer? —Manuel lo miró y puso los ojos en blanco—. Dios, eres terrible, Martín. —¡Vos sos el terrible! —gritó Martín, sentándose con violencia en la cama—. ¡Yo acá muriéndose y vos…! —No te estás muriendo, oye, solo tienes un resfriado —aclaró Manuel arremangándose la camisa—. Ya, ya, te voy a hacer un té y te tomarás los remedios, ¿vale? Martín se cruzó de brazos, como un niño pequeño que acabó de perder. Manuel volvió a poner los ojos en blanco y se fue a la cocina para poner la tetera en el fuego. Revisó el celular mientras esperaba, releyendo los mensajes agonizantes de Martín y pidiéndole si podía hacerle la comida hoy, especificando que no fuera sopa porque no hay nada más denigrante y deprimente que un enfermo tomando sopa. Cuando volvió a la habitación, Martín estaba descansando su espalda contra la pared de la habitación y tenía los ojos cerrados. Ahí Manuel se dio cuenta del tono rojo en la punta de su nariz y las sombras debajo de sus ojos. Un sentimiento de culpa lo golpeó un poco y dejó la taza de té despacio en la mesa de noche. Martín abrió los ojos y le sonrió ligerito. —Gracias. Manuel acarició su cabello, apenas pasando las puntas de sus dedos, y después su mejilla para terminar inclinándose y dejándole un beso en la sien. Martín seguía sonriendo cuando su mano descansó sobre la rodilla de Manuel. —¿Y tú no estabas enfermo? —se rió Manuel, entrecerrando los ojos. —Internet dice que no hay nada como esto para curarte un resfriado —contestó Martín, acomodándose mejor en la cama y recibiendo el peso de Manuel sobre su regazo. —Y si lo dice internet debe ser cierto, ¿no, Martín? —Por supuesto.