hundiste

Comenzaste a matarme de la manera mas sutil y aun la más dolorosa que conozco, me amabas... O al menos eso crei, cada palabra, cada acción me torturaba despiadadamente, me hundiste y me dejaste alli en lo mas oscuro de mi alma, liberaste mis demonios y ahora... Ahora solo he salido para apuñalarte con todas tus promesas, ¡quiero que sufras!, Mucho más de lo que yo sufri por ti, quiero esta noche ahorcarte y sacar tu corazón, pues es la unica forma de que me pertenezca, quiero beber tu sangre mientras miro tu agonia... ¿Ya me amas? - Te repetire una y otra vez, hasta que tu sufrimiento satisfaga mi dolor. Luego voy a esbozar una sonrisa mientras escupo tu maldito rostro. Me marchare y juro que antes de que mueras lo ultimo que veras seran nuestros recuerdos...

Me hundiste y me ahogué. Fue peor que cuando tenía cuatro años y estaba ahogándome en mi primera clase de natación, ¿sabes por qué fue peor que eso? Porque la única secuela que me dejó esa experiencia fue una palidez enfermiza de tres días, no me dejó ningún trauma; en cambio, tú me dejaste un trauma en el corazón. Estoy tratando de salir. Fue hermoso. Todo lo que haces es hermoso.
Siempre que te veía te decía que eras «muy agradable», pero realmente esa era mi manera cobarde de decirte que eres «arte» en mi cabeza. Eres arte porque me inspiras. Me ahogaste en un río de plata, me acuchillaste con una navaja de oro. Fue hermoso.
Detrás de el teléfono siempre lloraba cuando te escribía y tú contestabas «Va 😊», lloraba y después te dibujaba, tomando fuerzas para después volver a quererte. Nunca pude dejar de admirarte, incluso cuando discutíamos sobre mis impulsos vegetativos y mis obsesiones por defender a Porfirio Díaz; quería golpearte y después besarte. Fue hermoso.
Todavía sonrío y me avergüenzo de la vez que (según creí) marcaste a las 2 a.m en lunes y contesté como una loca y lo único que escuchaba eran tus ronquidos, me sentí decepcionada pero después fui muy feliz cuando me mandaste un mensaje 15 minutos después pidiendo perdón, se había marcado por descuido. Nunca te lo dije pero me quedé escuchando cerca de 3 minutos, no quería colgar. Fue hermoso.
Fuiste, eres y serás toda la vida hermoso. Llegaste a hacerme mi mundo mejor. Sé que un día te disculparás, pero hoy, me despido deseándote que nunca dejes de ser arte.

Ayer decías que me amabas y que era todo en tu vida y ahora estas con otra diciendole lo mismo, como haces para que se te vaya el amor así de golpe? Te juro que a mi no me sale, lo único que me sale es llorar y odiarme a mi misma por que no estar conmigo la elegiste a ella, todos eligen el camino fácil y vos no sos la excepción. Se que tengo millones de defectos, tengo problemas de alimentación, me autoleciono pero puede parar un poco por vos, y vos que hiciste? Me hundiste de vuelta en todo esto. Te necesito porque te amo, al menos quiero que seas mi amigo o algo así no quiero dejar de hablarte, sos el amor de mi vida y a vos ni si quiera te importa. Siempre te ayude en todo y vos solo estabas cuando podías, deje todo por vos y vos no podías dejar ni una joda. Yo quede como la que dio todo por vos y vos no diste ni un peso, porque fue exactamente así. Realmente me estoy matando con todo esto, es solo odiarme a mi misma, yo tengo la culpa de que no me ames y que elijas a ella, es porque no te meresco, soy una mierda por eso no me elejiste a mi. Haría lo que fuera porque estés devuelta conmigo amándome pero es algo que yo no puedo obligarte. Simplemente quiero decirte que te amo y a pesar de todo lo que me hiciste no me da vergüenza decírtelo y te juro que si querés volver a buscarme aca voy a estar siempre a pesar de que pasen 5, 10, o 20 años acá voy a estar esperándote.
Último soneto.

¿Escuchas? La melodía está disminuyendo, al igual que aquellos cálidos besos que compartimos alguna vez, aquellos abrazos en donde apretujaban de nuestros cuerpos uno contra el otro, aquellas miradas y muecas que solíamos hacernos entre sí. Todo se está desvaneciendo…

¿Está todo bien? No, claramente no lo está. Lo supe al momento de sentir como aquella daga cruzaba de mi corazón, a sangre fría. Mis ojos estaban plasmados en el asfalto, podía notar como mis lágrimas bajaban a través de mis mejillas y es porque me negaba a creer lo que quizás, ese mismo día había pasado por mi mente. Alcé de mi vista, atónita, sin lograr entender lo que estaba ocurriendo. 

Eras tú. 

Eras tú, quién mantenía su vista fija en mí, con un lastimoso tono sobre tu rostro murmurando una y otra vez “Lo siento”, hundiste la daga una vez más sobre mi pecho, susurrando “Pero no puedo estar contigo”. 
Robaste mi aliento por última vez, no podía comprender como es que a pesar de tal asqueroso acto, aún te veías tan radiante y lúcido, como siempre. A lo lejos podía observar de aquel pequeño quien logró sacar mi lado más meloso, cariñoso e incluso hostigante, quien me robó el sueño por varios días, quien me había enseñado a querer y confiar nuevamente, a quien le entregué todos mis colores y sin decir más, se los llevó, escapándose de mi lado. 
Mas no quedé sola, una viva imagen de él seguía frente mío, pero este no llevaba aquella luz que tanto me llamaba la atención, era otra persona totalmente distinta.

Quitaste de la hoja y dejaste que cayera sobre tus brazos una última vez, quise creer que no deseabas dejarme ir, pero como siempre, eran sólo tonteras mías, ideas estúpidas que solamente ocurre en los libros de amor.

Todo había acabado.





Lo siento si no fui lo suficientemente buena para que te quedaras a mi lado, lo siento mucho…por no ser lo que quizás esperabas.


De verdad sería capaz de esperarte, Cristian, de verdad.



Me hundiste. Me enseñaste una y otra vez que nada de lo que hiciera era suficiente…
—  LBM
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Al final me dejaste aquí, sola, esperando a que regresaras, a que ocurriera algo que inesperadamente me sacara de la asquerosa soledad en la que me hundiste. Por primer vez tuve lo que más anhelaba, me hiciste creer que las cosas son ciertas, que aquellas historias en las que se vive feliz por siempre son factibles. Hicimos cosas tan poco usuales, cosas que sólo el amor nos podía llevar a realizar. Ahora, tanto tiempo después, cuando las cosas carecen de sentido y razón, he llegado a la triste conclusión de que eso que logró destruirme tan a fondo no fue otra cosa que el amor. Ahora que ya no estás, aún cuando haga intentos desesperados y sutiles para que vuelvas, sé que eso fue, no encuentro otra palabra menos idiota para definirlo… definir, eso suena aún más ridículo. Te estoy definiendo, nos estoy definiendo. He recordado que tú, pequeña parte de mi alama nos definiste, o me definiste mucho antes, lo hiciste en el momento justo. Entonces yo cabía en una espiga de trigo y tú me amabas, eso no lo supe ver, tu voz se quebraba al hablarme de amor, y yo sonreía sin saber reaccionar, ¡qué más da ahora! sé que jamás volverás. Es tan triste haberte dejado ir, es más triste saber que sigues en el mismo lugar y que mi cobardía es absoluta respecto a ti. Me llenaste de valor y me atreví, tu partida supuso la pérdida de mil cosas, me perdí, y al parecer por mucho que me mienta nunca lograré cerrar aquella herida que tu cariño abrió en cuatro tiempos.

Y eso nos duró, ni más ni menos. Aprendía a vivir con la sangre que brota de los rasguños.