Un día, así tengas 14, 28 o 65, tropezarás con alguien que empezará un fuego en ti, como una pasión que no tiene fin. Sin embargo, la verdad más triste y horrible que descubrirás es que no siempre es con ese alguien con quien pasemos nuestra vida.
Sí, tengo la suerte de tener una casa, de poder ir a la escuela, de tener una mamá y un papá, de poder comer cada vez que tengo hambre, y hasta tengo algunos amigos. Pero no saben lo horrible que es querer que te den de la mano y te digan que te quieren, querer dormir abrazada, sentir que alguien te ama con todo su corazón, y que no haya nadie ahí.