horcajada

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Disfrutando las olas (Parte 2 de 2)

[Parte 1]

Muchos flotaban durante un rato sentados a horcajadas en sus tablas, simplemente mirando el horizonte meditabundos, para luego pasado ese embelesamiento, volver a intentar subirse a una ola.

A juzgar por lo que ví no es muy fácil coger bien una ola: a esta no llego braceando, esa me la como de frente, no me da tiempo a subirme a la tabla… Y así entre intentos fallidos y caídas, lograban surfear unos segundos y hacer un par de movimientos sobre la tabla hasta que la ola perdía altura o rompía y el surfista caía de nuevo al agua con más o menos gracia.

Eran unos segundos, pero ¡madre mía qué satisfacción se veía en la cara del que lo lograba!, solo por esos segundos parecía que ya merecía la pena acercarse ese día a la playa con la tabla.

Al final, los que iban saliendo del mar, dejaban la playa, tabla bajo el brazo, cansados, empapados, pero orgullosos… o al menos, eso es lo que se veía en sus caras.

Hola” le susurro.
“Hola, tú” dice, juguetona y tímida. Su respuesta es una delicia, me inclino y planto un tierno beso en sus labios.
“Bien hecho, tú” mi voz está llena de orgullo.
Ella lo hizo. Lo tomó. Lo tomó todo.
“Date la vuelta.”
Sus ojos se abren, alarmados.
“Solo voy a frotar tus hombros.”
“Oh, está bien.”
Ella se da la vuelta y se recuesta en la cama con los ojos cerrados. Me siento a horcajadas sobre ella y masajeo sus hombros.
Un gemido de placer resuena profundamente en su garganta.
“¿Qué era esa música?” pregunta.
“Se llama Spem in Alium, un motete de cuarenta partes de Thomas Tallis.”
“Fue… abrumador.”
“Siempre he querido follar con ella.”
“¿No será otra primera vez, señor Grey?
Sonrío. “Lo es, señorita Steele.”
“Bueno, es la primera vez que he follado con ella también” dice, su voz delatando su fatiga.
“Tú y yo nos estamos dando muchas primeras veces.”
“¿Qué te dije en mi sueño, Chris… er, Señor?”
No esto otra vez. Sácala de su miseria, Grey.
“Dijiste un montón de cosas, Anastasia. Hablaste de jaulas y fresas. Que querías más, y que me extrañabas.”
“¿Eso es todo?” suena aliviada.
¿Por qué ella iba a estar aliviada?
Me tiendo a su lado para poder ver su rostro.
“Qué pensaste que habías dicho?”
Sus ojos se abren por un breve momento y los cierra de nuevo rápidamente.
“Que pensaba que eras feo, presumido y que eras imposible en la cama” un ojo azul se asoma y me mira con recelo.
Oh… está mintiendo.
“Bueno, naturalmente soy todas esas cosas, y ahora me tienes intrigado. ¿Qué me estas escondiendo, señorita Steele?”
“No estoy escondiendo nada.”
“Anastasia, eres una mentirosa sin esperanzas.”
“Pensé que me ibas a hacer reír después del sexo, esto no lo está haciendo.”
Su respuesta es inesperada, y le doy una sonrisa reacia. “No puedo hacer bromas” confieso.
“¡Señor Grey! ¿Algo que no puede hacer?” ella me recompensa con una amplia sonrisa contagiosa.
“No, soy un bromista sin esperanzas” digo, como si fuera una insignia de honor.
Ella se ríe. “Soy una bromista sin esperanzas también.”
“Ese es un sonido hermoso” susurro y la beso. Pero todavía quiero saber por qué ella está aliviada. “Y estas escondiendo algo, Anastasia. Puede que tenga que torturarte para que me lo digas.”
“¡Ja!” el espacio entre nosotros se llena con su risa. “Creo que ya me has torturado demasiado.”
Su respuesta borra la sonrisa de mi rostro, y su expresión se suaviza inmediatamente. “Tal vez voy a dejar que me tortures así de nuevo” dice tímidamente.
El alivio me recorre. “Me gustaría mucho eso, señorita Steele.”
“Estamos para complacer, señor Grey.”
“¿Estás bien?” pregunto ansioso.
“Más que bien” ella me da una tímida sonrisa.
“Eres increíble” y beso su frente.
—  GREY ‘Fifty Shades of Grey as Told by Christian’