historia de venezuela

Venezuela, 30 de julio de 2017

Hoy, treinta de julio del año 2017, se cometió el fraude más grande de la historia de Venezuela. El consejo nacional electoral dice que participaron más de ocho millones de personas en unas elecciones ilegales, cuando en realidad no llegaban ni a dos millones; sumando diecisiete asesinatos a manos del régimen (solo el día de hoy), todo el país siente rabia, impotencia e indignación. Entiendo que muchos se sientan desesperanzados y sin ánimos de seguir, pero esto es apenas el comienzo; el comienzo del inminente final de una dictadura que arruinó el país que alguna vez fue el más rico de latinoamérica.

En diciembre del año 1957, el dictador M. Pérez Jiménez convoco a un plebiscito fraudulento obteniendo la mayor cantidad de votos a su favor (según su gobierno), lo que le permitiría gobernar otro período presidencial… Un mes después, cayó la dictadura.

No, no perdimos el país. Ellos lo tienen secuestrado desde hace dieciocho años, y ya es momento de que nos lo devuelvan. No podemos permitir que todos los asesinatos sean en vano. No podemos compararnos con Cuba o Corea del Norte; ellos no actuaron cuando debieron, pero nosotros aún estamos a tiempo.

¿La oposición? No hace nada. Convoca marchas que solo traen más muertes y sufrimiento. Ya basta de solo marchas pacíficas. Es tiempo de actuar y ejercer acciones contundentes, y si de matar se trata, pues que se haga. Quizás sea un pensamiento radical, pero hay que decidir: ellos o nosotros. Han muerto más de cien personas en un lapso de tres meses, y todas a manos del gobierno (ya sea de forma directa o no).

Es tiempo de dejar el miedo. Ya nos quitaron todo; ya no queda nada que perder. No se puede perdonar a quienes asesinan con tal de tener algo de poder.

Como dije antes, es posible que a partir de mañana no haya internet, así que quiero dejar esto en claro: Venezuela no puede rendirse. Debemos recuperar nuestro país, por nosotros mismos.

Ellos cavaron su tumba; nosotros nos encargamos de enterrarlos.

#ResitenciaVzla

Miranda en La Carraca. Arturo Michelena (1896) Colección Galería de Arte Nacional, Caracas

Tal día como hoy, en 1816, murió en La Carraca (Cádiz) Francisco de Miranda, el primer “criollo universal”. Miranda participó no sólo en la lucha por la Independencia de Venezuela, sino en la Independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa. 

Miranda en La Carraca, de Arturo Michelena, es la imagen más emblemática de este personaje. Esta obra fue presentada por primera vez en el Teatro Municipal de Caracas, durante la conmemoración del octogésimo aniversario de la muerte de Miranda, en 1896. Para su realización, Michelena utilizó a Eduardo Blanco, autor de Venezuela heroica, como modelo. 

Fuerza Venezuela

“A un lado de la calle como estábamos vimos tanta, tanta, tanta gente pasando. Eran ríos. Gritaban que siguiéramos adelante, que éramos más, que somos mayoría y te juro que era Venezuela entera la que gritaba que ya no había miedo. Negros, catires, morenos, indígenas, misses, actores y actrices, viejos, jóvenes casi niños, señoras de Cafetal y otras de Horno de Cal, tipos con tatuajes, sin tatuajes, con dientes, sin dientes, con bastón o cojeando, todos estábamos sobre el asfalto caliente con un mismo sentido, con un mismo latir, con un mismo sentimiento y te juro también que en ninguno de esos corazones palpitaba el miedo. Yo hoy sentí que con cada paso que daba le estaba pisando la cara al gobierno y vaya que era una pisada fuerte porque no era solo mía sino la de todos que hoy fuimos uno. Hoy sé como sé que me llamo Andrea que somos mayoría y sé también que los venezolanos somos luchadores, arrechos, guerreros, con bolas, hermanos, hijos todos de eso por lo que estamos peleando a muerte y es que así se siente, como una lucha encarnizada por recuperar algo que nos quitaron y que nos hace una falta grandísima.

Y ahí fue que casi pasó el llanto bíblico.

Estábamos del lado izquierdo de la autopista sentido Oeste cuando se oyeron un par de detonaciones más y de repente la calle se abrió en dos para dejar a pasar a decenas de chamos que iban con sus máscaras improvisadas y el rostro cubierto, de frente a los guardias del diablo, con piedras en la mano y con una mirada que podía congelar al mundo si les daba la gana. Y les aplaudimos y los vitoreamos y los animamos y todo el mundo estaba con los chamos. Éramos un gentío que veía en ellos a sus hermanos, a sus primos, a los hijos que no hemos tenido marchando directo a los demonios en nombre de todos y por todos, por ti, por mí, por Bassil, por Robert, por Mónica, por su futuro, por el de Venezuela. “¿Te vas a poner a llorar?”, me pregunta Miguel abrazándome y le contesto que no moviendo la nariz para desanidar el llanto que me provocó darme cuenta de lo que te voy a contar:

Creo que llegamos al llegadero y colectivamente decidimos que las letras de nuestro himno son algo más que lo que suena a la medianoche. Creo que nos dimos cuenta de qué significa ser el tipo de venezolano que el país necesita ahorita y déjame decirte que esa realización es una para romper en llanto, darte cuenta de cuál es tu lugar en el universo y entender que lo compartes con un montón de gente buena, trabajadora, alegre y resuelta como lo eran los que pisaron la calle hoy.

Estoy orgullosa de ser de acá, de estar viviendo todo esto y de saber que estoy haciendo el país de la mano de millones de personas que son mías. Es un orgullo tan fuerte y real que incluso ahorita cuando termino de escribir esto, se me mete en el ojo y sale en forma de agua salada; discúlpame la cursilería, no suelo ser así pero es que hoy no fue un día como cualquier otro.

Aquí estamos y aquí seguiremos, sin miedo y con la mirada alta fija en la libertad que pronto llega. Y es tan bonita.”

Tomado del muro de una amiga venezolana …

Fuerza Venezuela !!!!

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Consiguieron un barco llamado “Venezuela” en Catacumbo, al sur del Lago de Maracaibo, que pudo haber pertenecido a la flota libertadora de Simón Bolívar, que se sacó a los españoles de encima.

Antes de que los adeptos al gobierno y afines vengan a politizar esta vaina (a menos que sea un peñero abandonado por ahí), me parece algo muy depinga.