hechizar

Ojos azules hay bellos,
hay ojos pardos que hechizan
y ojos negros que electrizan
con sus vívidos destellos.
Pero, fijándose en ellos,
se encuentra que, en conclusión,
los mejores ojos son,
por más que todos se alaben,
los que expresar mejor saben
lo que siente el corazón.
—  — Los mejores ojos - César Conto.
Tus besos, cual embrujo y hechizo, me han capturado sin previo aviso y sin ninguna explicación. Me han llevado a tocar las estrellas con mis propias manos y me han sumergido en un mar de sentimientos. Porque tus besos son esa combinación perfecta entre labios, pasión, ternura y gloria.
—  jorgema
Los signos como seres mitológicos.

Aries

‘Un orco es un ser que, a menudo, se deja llevar por el odio y prefiere guerrear a usar una buena táctica’.

Tauro

‘Los ginoesfinges no son tan fuertes como las androesfinges pero son más inteligentes y sabias’.

‘Suelen ayudar a los viajeros a cambio de acertijos u otra información que consideren interesante’.

‘Son amantes de los tesoros’.

Géminis

‘Las arpías pueden entonar, con bastante gracia, un canto mágico capaz de hechizar a quien lo escuche’.

‘Se deleitan molestando a otros seres y animales, sin embargo, son bastante cobardes, sobre todo si se encuentran solas’.

Cáncer

‘Las mujeres cisne pertenecen a una hermandad especial de guardabosques, y se dedican a la protección de los bosques y de la vida salvaje’.

‘Su personalidad está muy influida por su forma cisne, por lo que son amantes del silencio y amigables con las criaturas de los bosques’.

Leo

‘Las sirenas son muy coquetas y les encanta adornarse el pelo con corales y conchas. Suelen salir a la superficie y tumbarse sobre rocas a entonar sus cantos’.

Virgo

‘Los drider son seres agresivos, rápidos y fuertes’.

‘Puesto que no son seres especialmente sociables, es habitual verlos solos’. 

Libra

‘La ninfa es un ser muy inteligente, de mente rápida e ingeniosa’.

‘Estos encantadores seres no son agresivos’.   

Escorpio

‘Simboliza para las distintas culturas prácticamente lo mismo; la inmortalidad y la resurrección’. 

‘El fénix arde y una vez que se ha convertido en cenizas renace de entre éstas un fénix joven y nuevo’.

Sagitario

‘Los centauros habitan en equilibrio con la naturaleza, así que sólo cazan lo que necesitan para vivir y, si talan un árbol, plantan otro’.

‘Son muy sociables con otras especies del bosque’.

Capricornio

‘Una dríada tiene absoluto control sobre el árbol al que está ligada’.

‘Las dríadas hablan varias lenguas y su gran inteligencia les permite comunicarse con casi todos los seres del bosque’.  

‘No son nada agresivas y,  sólo si son atacadas, hechizan a sus asaltantes para defenderse’.

Acuario

‘El unicornio es un animal mágico de carácter noble, puro y muy espiritual’.

‘Es un ser independiente y solitario que permite pocos contactos’.

Piscis

‘Los elfos acuáticos coexisten en perfecta armonía con el resto de especies marinas’.

‘Fuera del agua pueden aguantar unas pocas horas antes de empezar a debilitarse’.


Para: delirios-de-una-mente-perdida 

¡Gracias por la idea! Espero que te guste.

-Yaniiss.

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Maldito cupido.

Buscando las agonías de mi vida al despertar, improvisando el como concentrarme sin tu nombre exhalar, mi voz se hacia tenue y comenzaba a tartamudear, y de un solo flechazo hizo que mi corazón de muerte se echara andar.
¡Oh maldito cupido!, los mortales no tienen por que probar tu exquisito néctar.
¡Oh cupido!, quita el vendaje de tus ojos y escudriña al disparar.
¡Oh niño!, tus travesuras causan mucho dolor, no somos juguetes que se puedan coleccionar.
¡Oh cupido!, has que despierte de mi utopia y con tu aljaba ve a otro hechizar.
¡Oh venus!, enseña a tu hijo lo que es amor, antes de que lo reparta en cualquier rincón de cada lugar.
¡Me vengaré! ya veras, por cambiar el color de mi corazón, pero algún día será por que bajo tu maleficio solo pienso en desvivirme por alcanzar mi amor.

Originally posted by mariaslittlestuff

Todos te desean pero ninguno te ama.
Nadie puede quererte, serpiente,
porque no tienes amor,
porque estás seca como la paja seca
y no das fruto.
Tienes el alma como la piel de los viejos.
Resígnate. No puedes hacer más
sino encender las manos de los hombres
y seducirlos con las promesas de tu cuerpo.
Alégrate. En esa profesión del deseo
nadie como tú para simular inocencia
y para hechizar con tus ojos inmensos.
—  Jaime Sabines
ONE SHOT WIGETTA ǀ AMORES CELESTIALES

Guillermo (Peón)
Semidiós cuya función es la de médico de los dioses.
Samuel (Apolo)
Dios del arco, la belleza, la perfección, la armonía del equilibrio y de la razón.

*****

Guillermo, aburrido de su vida, vida que no podía tener dicha etiqueta, todos los días curando pequeñas heridas de todos los dioses, porque una frase era recordada toda su existencia “Somos dioses, perfectos, tenemos que lucir impecables”

Guillermo sabía que día tras día viviría los mismo de siempre, un dios apareciendo con una flecha en alguna parte de su cuerpo y el teniendo la obligación de curar dicha herida, tedioso, simplemente tedioso.

Guillermo era conocido por todos los dioses por ser gran médico y dejar sus pieles y vidas inmortales impecables, todos los dioses excepto uno, Apolo, dios del arco, dios sumamente perfecto, perfecto en su persona, perfecto en la manera de luchar, perfecto en ser perfecto.

Era un día tranquilo cuando Apolo cruzó aquel arco blanco, en brazos yacía su hermana, Artemisa, diosa del arco, perfecta igual que él, Guillermo quedo un petrificado al ver a aquellos dos seres perfectos entrar por aquel arco, Artemisa estaba inconsciente, Guillermo por fin se dignó a reaccionar — ¿Qué sucedió? — preguntó Guillermo al momento en que Apolo colocaba a su hermana en aquella mesa de mármol, Apolo no respondió, solo miro a los ojos de Guillermo, Guillermo se sentía tan pequeño a lado de aquel perfecto ser, Guillermo no pudo sostener la mirada, solo se limitó a mirar el cuerpo de aquella diosa, aun debajo de aquella túnica blanca pudo notar una luz salir de ella, descubrió un poco observando la piel blanca Artemisa, pudo notar que se trataba de una herida causada por alguno de los rayos de Zeus, Guillermo hizo todo lo que se necesitaba para curar aquella herida, no era nada nuevo recibir heridas de los rayos del padre, o habían sido lanzados accidentalmente o Hércules había estado jugando con ellos, o  simplemente habían rozado accidentalmente uno.

Guillermo se acercó a Apolo quien atento observaba el tranquilo olimpo, intento tocar su hombro para llamar su atención arrepintiéndose antes de tocarle, sintiendo una fuerza demasiado extraña emanar de él — Artemisa esta perfecta — menciono Guillermo con una voz entrecortada, Apolo no se dignó a mirar, era arrogante, Guillermo estaba a punto de retirarse cuando la voz de Apolo le hizo girarse.

Ella siempre ha sido perfecta — la voz de Apolo era delgada, nada parecida a lo que Guillermo imaginó por tanto tiempo.

—Así es — se limitó Guillermo a responder, le intrigaba el conocer bien a Apolo, era lo suficientemente atractivo como para no sentir curiosidad — Estoy aquí para lo que necesites — comentó Guillermo retirándose hacia el otro extremo de la habitación — mi nombre es Gui… — Guillermo se giró parando por el observar a Apolo frente a sus narices.

— Guillermo — completó Apolo dedicándole una leve sonrisa — el dulce médico — le dedico observándole de pies a cabeza, el sonrojo se apodero rápidamente de las mejillas de Guillermo — Eh escuchado hablar de ti pero no había tenido el placer de verte — Apolo no le quitaba la mirada a Guillermo haciendo que Guillermo solo agachara su cabeza, Apolo tomo el tirante blanco del ropaje que llevaba puesto Guillermo, lo coloco bien sobre su hombro, Guillermo se estremeció al sentir el contacto de la mano de Apolo con su hombro, Apolo sonrió y sin soltar su hombro se acercó a su oído — creo que me estaba perdiendo de mucho — Guillermo no supo que responder, y esa fue la mejor respuesta, Apolo se retiró saliendo por aquel arco blanco, Guillermo no pensó, solo le siguió, y es que eso era lo que causaba Apolo, el hechizar a cualquier criatura y hacerle que se enamoraran como unos locos, Guillermo por primera vez abandono su lugar de médico.

Al par de minutos por fin pudo encontrar a Apolo, tras los arbustos le observo, estaba tirando flechas a un pequeño aro, Guillermo se acercó lentamente por detrás del arquero, Apolo tenía su torso desnudo, haciendo que Guillermo se agasajara con su amplia espalda, cuando quedaban solo unos centímetros de separación Apolo se giró ágilmente tomando a Guillermo de sorpresa y abrazándole por detrás — Yo soy Samuel — le susurró al oído, Guillermo no respondió, solo se limitó a girarse y encontrarse con el perfecto rostro de Apolo, Samuel sonrió quitándole del hombro el broche que sujetaba su ropaje haciendo que la tela blanca cayera, dejando el torso de Guillermo descubierto, Samuel admiro por un momento haciendo que Guillermo desviara la mirada de los ojos del arquero, de inmediato Samuel comenzó a quitar aquel faldón que cubría la parte intima de Guillermo, haciendo que por fin frente a él quedara Guillermo completamente desnudo, una risa maliciosa se pintó en los labios del arquero, Guillermo no dejaba de mirar la perfección de su compañero quien lentamente terminaba de desnudarse quedando igualitario a Guillermo, Guillermo reacciono observando lo que estaba pasando, su rostro se pinto color rojizo cubriéndose por inercia su rojos con el antebrazo, Samuel tomo dulcemente su brazo con ambas manos bajándolo y descubriendo su rostro topándose con los ojos cerrados del pelinegro, Samuel se acercó quedando a tan solo unos centímetros de distancia, aun tomando su mano acerco su cintura a él haciendo que ambos miembros chocaran logrando que Guillermo abriera los ojos topándose con el rostro del arquero, Samuel sonrió un poco para seguido acercarse a los labios de Guillermo y plantarle un beso lentamente, probando así por primera vez sus labios, Samuel abrió los ojos, gesto contrario a Guillermo, Samuel torno su expresión a una de sorpresa, sus labios eran algo diferente, se podía decir incluso que era  lo más dulce que había probado jamás, le gustaba lo que estaba sintiendo y probando, se notó por la forma lenta y adorable en la que cerro sus ojos para continuar con el espectáculo que Guillermo le estaba brindando.

******

Guillermo despertó, estaba  tirado en el césped frente aquel tiro al blanco, estaba vestido, se levantó sintiendo una leve presión en su vientre, desorientado se sentó sintiendo algo debajo de su mano, observo, era una flecha, un flecha dorada con un lazo morado, un leve sonrisa se pintó en sus labios, Guillermo se levantó oprimiendo su vientre, y sin entender muy bien aquello que sentía se retiró del jardín del ahora el hombre que ocupaba su mente, y es que lo que Guillermo sentía era dolor, por primera vez un dios sentía dolor, lamentablemente es normalmente son las secuelas de lo que dejo una noche de pasión.

*****

Los días pasaron, seguían siendo igual para Guillermo, todos los días curando pequeñas heridas a dioses y semidioses que soñaban con la perfección, todos los días solían ser iguales a exceptuar por un pequeño cambio, todas las noches esperaba que por el aquel arco blanco entrara Samuel y se lo llevara lejos de nuevo, se lo llevara de nuevo a aquel jardín, para Guillermo la vida había cambiado, ahora vivía por algo, ahora aquella flecha dorada se había convertido en lo más preciado para él, Guillermo usaba en su mano aquel lazo morado.

Guillermo estaba perdido observando aquella flecha dorada cuando de pronto su tranquilidad se vio interrumpida, por aquel arco había entrado uno de esos dioses guapos.

— ¡Peón! — Le sonrío, Guillermo solo asintió intentando sonreír, Dioniso, dios del vino entro sentándose en la camilla de mármol que tenía Guillermo en medio de toda la sala — Me eh cortado con un puñal — comentó Dioniso mostrándole su brazo — arréglalo — le ordeno a Guillermo — Quiero estar perfecto —  agregó, Guillermo sonrió — ¿Qué pasa Peón?, ¿no crees que soy perfecto?

No — respondió Guillermo seguro mientras trabaja con la pequeña herida del dios — yo he probado la perfección hace un par de días — comentó recordando el momento en que se entregó a Samuel, Guillermo había cambiado desde entonces, estaba más confiado, más fuerte, como si la seguridad de Samuel se la hubiese transmitido, entonces Guillermo miro fijamente a Dioniso — y tu estas muy por debajo — Dioniso rio incrédulo por las palabras de Guillermo.

¿Quién hizo el favor de fijarse en ti? — preguntó riendo de la situación, Guillermo sonrió mirándole con orgullo, se retiró de su lado y fue hacia su mesa donde resguardaba en un cajón aquella  flecha dorada, seguido la saco mostrándosela a Dioniso.

Apolo — dijo orgulloso, Dioniso se levantó de la camilla caminando hacía Guillermo, quien guardo de inmediato al flecha.

Nunca nadie ha logrado tener una flecha de Apolo, es tan perfecto con el arco que todas sus flechas las clavadas en el punto que él quiere — Guillermo no parecía sorprendido, él había visto la flecha como un regalo, porque eso era, la expresión de Dioniso expresaba todo lo que necesitaba expresar, era casi imposible que alguien conservara una flecha de Apolo sin embargo; Guillermo lo hizo.

******

Samuel acariciaba lentamente sus labios con una flecha, cerrando los ojos y recordando como el pelinegro se veía tan bien debajo de él, aun podía sentir su cuerpo rozar con el suyo, sus labios morder los contrarios, aun podía escuchar sus gemidos por toda la habitación, pero no era así, era solo una imaginación, Samuel abrió los ojos percatándose de cómo estaba solo, aun así recorrió cada parte de su cuerpo con aquella flecha imaginando que eran las yemas de su Guillermo.

Samuel visitó su jardín observando fijamente aquel el lugar en donde Guillermo se entregó a él, Samuel estaba furioso, el pequeño le había hecho sentir algo que jamás en su vida había experimentado, Samuel no era de los que se enamorar, él no, no Apolo. Y es que para Samuel sonaba tonto, Apolo uno de los grandes, hijo del majestuoso Zeus, Hermano del poderoso Hércules, enamorado del médico, de Peón, pero es que para Samuel era mucho más que eso, para Samuel en aquella noche se había convertido en más que eso, en más que un médico, se había convertido en su Guillermo.

Samuel continuaba sentado en el pasto recordando toda aquella noche, sintiendo con la yema de sus dedos aquellos labios que Guillermo había marcado para siempre, uno de los hermanos de Apolo cruzó su puerta haciendo el suficiente ruido provocando que Samuel cargara el arco y apuntara justo a su corazón.

¡Quieto! — Gritó aquel dios quien inquietaba la paz de Samuel — No quiero visitar hoy a Peón — menciono Hermes, Samuel guardó el arco rodando los ojos por aquel comentario fuera de lugar mencionado por su hermano Hermes — Nuestro Padre quiere verte — hacía ya un par de tiempo que Samuel no visitaba a Zeus, y el olimpo era demasiado grande para encontrarse accidentalmente, además, de que su padre era demasiado arrogante como para bajar de su trono.

Samuel subió junto con Hermes todas esas escaleras blancas hasta que por sus ojos se posó la imagen de su padre sentado mientras que su hermano Hércules disfrutaba de las vistas.

Padre, Apolo está aquí — su hermano Hércules y Zeus se giraron para mirarle por un momento, su padre se acercó y le brindo un gran abrazo.

Apolo, hijo mío, cuanto tiempo — le dijo su padre mirándole sonriente, Samuel solo se dignó a dedicar una sonrisa falsa — te eh visto un poco, distraído últimamente — Samuel le miro confundido — el que no te visite, no significa que te quite el ojo de encima, ¿cuéntame cómo esta Artemisa? — Samuel entre abrió su boca en acto de sorpresa, sabía que su padre no le hablaba de la salud de su hermana, sabía que se refería a aquella noche en la que se enamoró de Guillermo, Samuel no respondió y su padre se limitó a sonreír, mismo acto que iba acompañado de un leve empujón para llevar a Samuel hasta aquel ventanal sin cristal, lugar donde se podía ver cada rincón del olimpo, el corazón de Samuel latió fuertemente cuando pudo observar que su padre lo había traído justamente al lugar en que perfectamente se podía ver el hogar de Guillermo, quien justo ahora sostenía en sus manos aquella flecha, un suspiro inesperado se escapó de los labios de Samuel — Hércules a esta perfeccionando su lanzamiento de rayos — Samuel dejo caer sus hombros sintiéndose indefenso, sabía lo que aquello significaba, Hércules se paró a la izquierda de Samuel, Samuel se giró observando como apuntaba un rayo justo al corazón de Guillermo, Zeus tomo la muñeca de Samuel haciendo imposible el movimiento — sería tan fácil matarle desde aquí — Samuel clavó la mirada en Guillermo quien continuaba mirando aquella flecha sin enterarse de lo que pasaba desde el otro lado del olimpo, una lagrima cayó por la mejilla de Samuel — Apolo, te quiero lejos de él, obedece, o tu castigo será para ti y para él, un destierro más no marcaría la diferencia —  su padre soltó su muñeca encaminándose a su trono, Hércules lanzó aquel rayo sonriente, a lo cual fue desviado de su objetivo (Guillermo) repentinamente al chocar contra una de las flechas de Samuel, Hércules se giró topándose con la imagen de su hermano con el arco en mano recién disparado.

No te atrevas siquiera a mirarlo — comentó Samuel quien cargaba su arco apuntando al corazón de su hermano — mejoraste el tiro, pero no eres perfecto Hércules río — nunca perfecto — Samuel bajo la flecha — no como yo — la sonrisa se borró del rostro de Hércules.

*****

Samuel bajo del lugar de reposo de su padre encaminándose al hogar de Guillermo, las lágrimas corrían por las mejillas de Samuel haciéndole verse demasiado indefenso, se detuvo justo antes de pisar aquel sendero que llevaba al arco blanco que daba entrada al lugar de curaciones de Guillermo.

Samuel se detuvo al observar que Guillermo estaba a punto de salir, se escondió detrás de un arbusto Guillermo salió, Samuel no pudo dejar de notar que Guillermo usaba aquel lazo morado que había amarrado a la flecha.

Sin pensarlo, Samuel espero a que Guillermo se retirara del lugar perdiéndose entre la niebla fue entonces cuando Samuel entró al lugar íntimo de Guillermo, paso por aquel arco adentrándose en el lugar de curación, en seguida observo otro arco al fondo, lo traspaso encontrándose con una cama redonda, las sabanas eran blancas, Samuel se recostó sobre ella, resaltaba demasiado, su ropaje morado hacia demasiado contraste sobre aquella tela pura, de inmediato observo un brazalete cobre un pequeño mueble de mármol, Samuel lo tomó, era un brazalete de oro compuesto por la figura de so plumas doradas, Samuel miro el suyo, el de él eran dos flechas encontradas, también doradas, lo aparto de su muñeca para así ponerse el de Guillermo y dejar el suyo en lugar del contrario, Samuel salió de aquella habitación acomodándose de la mejor manera el brazalete, Samuel levanto la mirada topándose con la imagen de Guillermo parado frente a él obstruyendo el paso a la salida por aquel arco blanco, Samuel aun sostenía su muñeca acomodando el brazalete, Guillermo lo noto, Samuel regreso rápidamente a la habitación sacando de ella el brazalete de las dos flechas, con el en mano se acercó a Guillermo, cuando estuvo frente a él solo se limitó a sonreír, tomo su mano y coloco en la muñeca aquel brazalete de las flechas, Guillermo lo miro, sonrió, ambos tenían algo especial, había una cierta fuerza que les hacía sentirse en paz el uno con el otro, Guillermo miro los ojos de Samuel, ninguno de los dos decía nada, no era necesario, Guillermo seguro de sí mismo se acercó a Samuel, tomo sus manos y las coloco sobre su cintura así como el colocaba su manos sobre los hombros de Samuel, Guillermo buscó un beso de Samuel, ambos unieron sus labios en un cálido beso, Samuel disfrutaba de sentir la cintura del pelinegro, así como Guillermo gozaba el sentir la espalda de su alfa, era la perdición de cada uno, la cintura de Guillermo era perfecta para abrazarse de ella, perfecta para Samuel y la espalda de Samuel era precisa para aferrarse, aferrarse y no caer, ambos se separaron muy a su pesar, sonrieron al verse abrazados, pareciera que fueron hechos el uno para el otro, encajaban a la perfección.

Hermes traspaso aquel arco blanco, en busca de Guillermo — ¡Peón! — Gritó en busca de respuestas, no las encontró, continuó avanzando hasta entrar en aquella habitación encontrando una imagen de Guillermo y Samuel desnudos, Guillermo reposando sobre el pecho de su amado, Hermes se limitó a suspirar — por decreto de Zeus padre de dioses y hombres, Peón; semidiós, medico de dioses, quedas destituido de tus labores así como desterrado del olimpo por pervertir a uno de sus hijos — ni Samuel ni Guillermo mostraron interés alguno en lo que Hermes decía.

Hasta que por fin Samuel se dignó a hablar — Hermes… — se giró para verle a los ojos —…lárgate — pronuncio tranquilamente sin dejar de acariciar la cabellera negra de su enamorado, Hermes salió de aquel lugar.

Samuel y Guillermo se vistieron, Guillermo con su simple ropaje blanco, mientras que Samuel portaba su poderosa armadura dorada con morada, Guillermo y Samuel caminaron hacia el portón, sabían que si traspasaban ese portón su inmortalidad desaparecería, hace millones de años que el portón no se abría, hoy estaba abierto para Guillermo, justo antes de salir del olimpo Samuel se giró clavando su mirada en aquel ventanal de donde le habían amenazado cargo rápidamente su arco apuntando a cualquier lugar del ventanal, de inmediato Guillermo se colocó frente a él colocando un mensaje en la flecha, Samuel se giró con Guillermo, quien le brindo un cálido beso, mismo tiempo en que Samuel lanzó la flecha.

******

Una flecha dorada entró por el ventanal clavándose en la pared llamando la atención de Zeus, él se acercó a ella observando que tenía un lazo morado quien sostenía un par de brazaletes, Zeus tomo ambos reconociéndolos, uno era de plumas doradas y otro de flechas, Zeus sabía perfectamente a quien pertenecía cada uno, pudo notar que había una nota también, sonrió al leerla para así mirar por su ventanal, pudo observar como lentamente se cerraba aquel portón así observando entre las varillas dos siluetas una blanca y una morada, Zeus molesto tiro aquella nota, así cayendo en el jardín abajo, nota la cual contenía una escritura en griego “με αγάπη, Γουλιέλμος και ο Σαμουήλ” frase la cual Zeus ahora no podía cambiar, porque ahora ellos se amaban, ahora ellos eran uno solo.