halaken

Y acá es donde acaba el individualismo
Ese fútil sentido de la propiedad
del “vos sos mía” y el “vos sos mío y de nadie más”
se deshace en medio de la verdad, cuando dos seres humanos se reflejan, se adhieren y se aceptan mutuamente como una parte del uno y como una forma agradable y armoniosa del otro.
Cuando eso sucede, se queda la esencia de todo: la satisfacción de haber hecho de un punto en común un pasaje a construir la igualdad, la comunidad de dos en perfecta sincronía, que no se pierde mientras los ojos se encuentren en medio de un silencio, una frase perdida o un cariño fugaz.
Para qué hablar de los besos… Para qué. Perfectos en sí mismos, no necesitan de ojos abiertos.