gualeguaychu

“El Pogo Subterráneo”, el show récord de la historia del rock nacional

                

“Damas y caballeros, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado”; como al comienzo de cada misa, cual padre nuestro se rezara, luego de una breve introducción digna casi de una orquesta cinematográfica, la ponderosa e inconfundible voz del Indio Solari retumba por los más de 10 puestos de sonido ubicados estratégicamente a lo largo del hipódromo entrerriano. Las luces bajan, los músicos entran en escena… “cada vez somos más”, proclama ese semidiós que fue capaz de reunir allí a esos 170.000 locos que llegaron desde todos los puntos del país y alrededores. La guitarra de Gaspar Benegas comienza a desgarrar la fría noche gualeguaychense con las primeras notas de Nike Es La Cultura, y lo que para muchos habían sido meses de ahorro, de planificación, de espera, de impaciencia, de incertidumbre, de juntar como sea hasta la última moneda para poder ser parte de la historia en vivo del rock nacional, llegaban a su momento soñado.

¿Y quién iba a ir a decirles algo ahí justamente a esas bombas pequeñitas? De que el barro esto, que la voz del Indio aquello, que la caminata lo otro. Al hincha (bien llamado “hincha”, porque su devoción excede los límites de la música) de Patricio Rey no le interesan esas cosas; así como no le interesó caminar 10 kilómetros a la salida en la oscuridad de una ruta en Junín, ni le interesó la intensa aguanieve helada en Mendoza, así como no le importaron nunca los obstáculos, tampoco nada le iba a arruinar ahora la fiesta que en esta vez congregaba a todos en la ciudad de los carnavales.

Quien al mejor estilo de Jorge Boimvaser (periodista, autor del libro “A Brillar Mi Amor”) se pone a buscarle en su explicación tintes mitológicos o relaciones con lo religioso a lo que se vive en cada show de Carlos Solari, está totalmente en sus cabales, porque este fenómeno que se repite generalmente cada largo tiempo es una de las pocas muestras de semejante masividad y fidelidad que se viven aún en la Argentina, que sobrepasan ampliamente lo que es el rock nacional, y que a esta altura sólo podría compararse con una suerte de peregrinación a Luján, o cualquier culto religioso. La evolución de la imagen de quien una vez fuera un estampador de telas en La Plata a la de ser hoy la estampa de todo un movimiento en la Argentina es pura y exclusivamente gracias al monstruo llamado Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. Luego de la separación de la banda en el 2001, el Indio fue principalmente quien logró heredar a esa multitud que había quedado perdida; y también a sus hijos, y a los amigos de sus hijos, y acoger además de a todos ellos a todos los nuevos feligreses que quisieron unirse a la movida y que una vez que probaron del néctar del rocanrol del país, no pudieron dejar de beberlo. Ese cóctel que no se mezcla solo, y que surge de la unión entre la música y la gente. Los que se identifican con ella, los que la disfrutan, y que entre ellos en su inmensidad se unen fraternalmente para cada gran fiesta, sin distinción de edades, de sexos, de clases sociales, de nacionalidades. Sin caretas ni documentos.

Todos a los botes!

La madrugada del sábado 12 de abril recibe a la mayoría de los ricoteros terminando de preparar sus mochilas, sus banderas, sus provisiones (el buen fernet y la santa coca), cerciorándose de que nada falte para emprender el emocionante viaje; a otros, los de tierras más lejanas, los agarra seguro ya en plena ruta disfrutando de una de esas previas únicas que se arrancaron largo rato antes y que no terminarán hasta que las luces del hipódromo en la noche no se apaguen; los más dichosos habrán de conciliar el sueño por unas horitas más. Lo cierto es que a estas horas ya nadie queda exento al recital, ni mucho menos los anfitriones, que si bien los que concurran a la función son bendecidos con más horas de descanso que el resto de los asistentes, la ciudad no duerme preparándose para recibir al Indio y su cofradía. Todas las tiendas y locales se disfrazan por un fin de semana y se adaptan a la fiesta del pueblo. De ahí es que luego se puedan observar cosas tan peculiares como una agencia de lotería que vende remeras, un taller electromecánico que expende choripanes, o un salón de boutique y belleza que promociona con carteles enormes la venta de “porrón” y fernet de litro. La mesa está servida.

Yo ya sé que la ruta no es buena, (me contás y me pongo inquieto!)

Sin duda alguna la logística del evento fue un detalle en el que la pifiaron los organizadores, tanto por parte de la municipalidad como lo perteneciente al mando de Solari. Por empezar, el prohibir el tránsito a dos de los tres accesos a la ciudad no fue una idea muy brillante que digamos. Si encima tenemos en cuenta el hecho de que ese único camino que quedó habilitado al tránsito de los 1700 colectivos, las 4000 combis, y la incontable cantidad de autos que viajaron haya sido la Autopista 14, se acrecienta bastante el pensamiento de que efectivamente no fue una gran idea. Uno quizás puede pensar que el hecho de hacer pasar semejante convoy de vehículos por tan estrecho camino haya sido ideado para que Tránsito pudiera tener un mejor control sobre ellos, pero la respuesta es que las medidas de seguridad fueron prácticamente nulas (sólo un par de efectivos con silbatos a la entrada que nomás parecían darte la bienvenida al carnaval). Lo peor de todo es que en el desconocimiento de la ruta y la ansiedad de los viajantes de un momento a otro se terminó por colapsar dicha autopista, transformándose por la fuerza de doble mano a una sola (por la cual pasaban 2 filas de autos por la calzada y otras 2 por cada costado). Pero claro, al no ser tenido en cuenta previamente, en algún momento era obvio también que algún vehículo iba atener que partir desde Gualeguaychú en el sentido contrario, por la única vía de salida que era la autopista. El resultado fue un total caos que demoró unas 6 horas a todos los vehículos, hasta que pudieron re organizarse uno por uno. No da para imaginarse la bronca del pobre tipo que se dirigía a visitar a sus suegros a Colón, o del que debía entregar un pedido en Zárate, y se topó con semejante despelote.

Las desinteligencias no se encontraban sin embargo sólo sobre ruedas. Una vez en la ciudad, las autoridades dispusieron que toda la gente que quisiera entrar al hipódromo debiera dirigirse por un camino trazado principalmente sobre las avenidas Del Valle y Rocámora, como bordeando a la distancia al lugar. ¿El resultado?, un ingreso de más de 30 cuadras, que sí o sí debían ser caminadas, y en las cuales cabe destacar no hubo ni un solo control policial que justifique este desvío. Para los que no se guiaron mucho por las calles, al salir del recital se terminaron dando cuenta que de no ser por esos vallados que cortaban varias calles, tranquilamente cada uno se podría haber ahorrado al menos unas 20 cuadras de caminata. Pero bueno, al fin y al cabo caminar hace bien a la salud, ¿no?. Las interminables calles se llenaron de ricoteros que, lejos de flaquear ante la odisea, con alegría atizaban la celebración y acrecentaban la impaciencia de que dé comienzo la función. La fiesta no se mancha.

El barro se hace cruel, nos viene a sepultar

Va llegando a su fin la caminata, se ven las tribunas del corsódromo y se dividen las puertas. Sector A dobla a la izquierda, sector B a la derecha, y a darle dos cuadras más. “Ya estamos”, reproducía cada guerrero llenándose de emoción. Una vez que se lograron pasar los controles, sin ningún disturbio, la cuasi unánime primera sensación de cada uno de ellos al cruzar la última línea de entrada y ver el hipódromo era esbozar un simple pero significativo: “Nah! No te puedo creer!”.

Si de por sí ya es algo imponente el sentirse adentro, ver el enorme escenario y el extraordinario despliegue de las instalaciones para el recital, el barro fresco y los charcos de agua que se veían desparramados por la totalidad del predio tomaban inevitablemente el protagonismo y se hacían merecedores de un nuevo adjetivo. ¡Si incluso en el mapa de las salidas de emergencia un sector (que llegó al extremo de tener que ser vallado) se indicaba como “laguna”!. Lejos de dar la media vuelta, esquivando las partes blandas de esa suerte de arena movediza que las tormentas de días previos habían formado, cada individuo enfilaba al frente y se iba acomodando en la inmensidad del lugar.

Faltando dos horas para el comienzo, el hipódromo ya explotaba. Ya no existía eso de tener simbólicamente uno su lugarcito en un pedazo de tierra. Ya no había personas. Todo se había vuelto una gran masa de gente que por impulso o unión se movían uniformemente al mismo tiempo. Complicada se volvía la cuestión si uno se había ubicado a una cuadra de distancia del escenario, creyendo que ahí la gente no se iba a mover. Cuando comenzaron a sonar los primeros cantitos como “El que no salta es un inglés”, esos eran los mejores indicios de que quedarse quieto no iba a ser una opción aquí.

Vas a invitar a los notables y a las celebridades underground; van a sonar aplausos para todos hoy

Llegó el momento que todos los mortales esperaban y Gualeguaychú se pone a temblar junto con cada una de las 170.000 criaturas que movían el piso del recinto a cada nota que transmitían esos seres con maravillosos instrumentos. A la apertura antes mencionada la siguieron Chau Mohicano y A Los Pájaros Que Cantan Sobre Las Selvas De Internet, dos de las grandes piezas del más reciente disco. Cuando parecía que los temas movidos iban a cesar para dar un break, Los Fundamentalistas se clavaron tres temas de Los Redondos al hilo; Fusilados por la Cruz Roja, Me Matan Limón!, y el estreno en vivo en la etapa del Indio solista de uno de los hits de la primera placa redonda “Gulp!”, Unos Peligros Pocos Sensatos. La felicidad de la gente desbordaba, y ya nadie se acordaba de que sus pies estaban 500 centímetros bajo tierra.

Los temas se sucedían y además de presentarse algunas rolas de Pajaritos, Bravos Muchachitos (como Había Una Vez, A la luz de la Luna, Beemedobleve) se aparecían canciones de El Perfume de la Tempestad (Black Russian, Todos a los Botes!, Vino Mariani), Porco Rex (Martinis y Tafiroles, Y mientras tanto el sol se muere, Sopa de Lágrimas), y hitazos de Patricio Rey (Caña Seca y Un Membrillo, El Infierno Está Encantador).

El pelado hace una pausa, y rememorando una promesa que había realizado meses atrás en Mendoza le concede a Déborah Dixon la exclusividad del micrófono en Blues de la Libertad. La negra simplemente la descoció, haciendo valer en esos cinco minutos y medio cada una de las virtudes de su privilegiada voz blusera. Una corista digna de Ray Charles o de cualquier músico en los alrededores del globo.

El rendimiento de los invitados en la velada comenzaba a dar un buen sabor de boca, y mientras cada uno recomponía las sensaciones de sus tímpanos luego de la performance de Dixon, la voz de Solari se volvió a hacer escuchar, esta vez para anunciar a “tres queridísimos amigos de todos”; y aparecieron ellos… Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli y Walter Sidotti, los tres ex Redonditos de Ricota, que sin mediar más se pusieron a tocar La Pajarita Pechiblanca. Los niveles de epicidad estaban por las nubes.

Sin dudas el epicentro de la velada estuvo concentrado allí y en la espectacular versión de Ya Nadie Va A Escuchar Tu Remera, en la cual alguna estadística indicará que 1600 zapatillas por fin cedieron y fueron succionadas por la tierra, pero donde ni uno solo de todos los presentes dejaron de moverse, saltar, cantar y bailar. La sucesión a esto fue la sorpresiva inclusión de un tema inédito de Los Redondos a la lista de temas, varias generaciones escucharon por primera vez Nene Nena. Vea uno la calidad que tenía esta banda, que hasta se podía dar el lujo de dejar temas como éste afuera de un vinilo.

Mi Caramel Machiato, Pedía Siempre Temas En La Radio, To Beef Or Not To Beef (con su ya clásico mensaje de que acá ya no se vive tan mal, dirigido a todos los que se fueron del país cuando las papas quemaban), Porque Será Que No Me Quiere Dios; los Redonditos ya se habían bajado del escenario y el Indio se despachaba con sus melodías más líricas. Para algún desprevenido, ésta sólo es la calma que antecede al huracán. Esta vez, y a diferencia de como había sido en cada uno de los 14 recitales dados hasta la fecha, sin excepción, no sonaron los clásicos Juguetes Perdidos y Pabellón Séptimo, ausencias importantes que se sumaban a la de un ya habitué Flight 956. ¿Cómo se compensó esto? Simple, volvieron los tres mosqueteros a sus posiciones y reventaron la noche con Todo Un Palo y Ji ji ji, el pogo más grande del cosmos, en su versión más multitudinaria en la historia.

Muchos escombros y el agua al cuello, y “el zumba” insiste en que todo es pan comido.

Se terminó el show. Fuegos artificiales acompañan los últimos acordes de uno de los más grandes éxitos del rock argentino y cada uno de los presentes lentamente va volviendo a la tierra y a recordar que tenía un cuerpo. Una nueva misa se había completado, y nada le podría quitar ya nunca más la satisfacción de los rostros a cada uno de los grandes y pequeños que vivieron la fiesta del evento musical pago más multitudinario en la historia en el país. A modo de destacar, y a diferencia del prejuicio y la discriminación de la prensa pública que hay para con los ricoteros, hay que decir que la fiesta se vivió completamente en paz, que no se generaron disturbios dentro ni fuera de las instalaciones, que no hubo problemas con las fuerzas policiales, que no hubo daños a la vivienda de ningún habitante de la ciudad, y que si bien las inmediaciones quedaron un poquito sucias una vez que se fue la gente, un operativo de la municipalidad logró limpiar todo con eficiente rapidez. Poco, muy poco, tendrán para sacar aquellos que quieren rascar un poquito de fama a costas de polémicas, mentiras y calumnias defenestrando al Indio y sus shows. Por ahí algunos salieron a decir que Solari se rehusaba a pagar la tasa de impuestos que deben abonar todos los músicos que den un espectáculo allí. Pobre de ellos que no saben (o no quisieron saber) que a Gualeguaychú le entraron a fin de cuentas unos 100 millones de pesos limpios, y que por tal motivo fue que decidieron pasar por alto ese impuesto absurdo (cosa que tiene un precedente con Joan Manuel Serrat en 1993).

Por las calles de la ciudad entrerriana hoy todo está tranquilo, el viento sopla con fuerza desde Uruguay, el sol sale brillante y reina la calma; pero la inmensa ola que no dejó rincón sin sacudir en la noche del 12 de abril de 2014, es una marca que quedará para siempre en la historia. El polvo y la tierra se van de las zapatillas en menos de una o dos semanas, pero verlo a él, pero esas guitarras, pero formar parte de algo tan grande y único, va a quedar para siempre marcado a fuego como un tatuaje en la memoria de cada presente. Si la lluvia en el recital de Charly Garcia en Velez le mereció el mote honorífico de ser “El concierto subacuático”, sin dudas que éste fue el recital de “El pogo subterráneo”.

Por Santiago Fraga

Crédito de foto a quien corresponda

INVIERNO T O U R !

Domingo 14 de Julio / 23hs

En “Alfonsina Rockbar" (25 de Mayo 186) / Gualeguaychu , Entre Rios , Argentina

Anticipadas $40 en “Disqueria Musical Uno" (Magnasco 27 , Galeria Magnasco , Urquiza & Luis N. Palma)

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Domingo 21 de Julio / 19hs

En “Niceto Club” (Niceto Vega 5510) / Capital Federal , Argentina

Anticipadas $25 por “Ticketek

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Martes 23 de Julio / 20hs

En “Hansen" (Urdinarrain 59) / Concordia , Entre Rios , Argentina

Anticipadas en “Panaderia El Principito" (A. Del Valle 86 o Coldaroli 148)

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Miercoles 24 de Julio / 19hs

En “Richards Music Pub" (Av. Choferes Del Chaco 733 , c/ Dr. Toribio Pacheco) / Asuncion , Paraguay

Junto a Atenna

Entradas limitadas 20.000gs

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Jueves 25 de Julio / 22hs

En “La Bionda Pub" (Av. Mitre 2470) / Posadas , Misiones , Argentina

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Sabado 27 de Julio / 22hs

En “Frank Zappa Club" (Rocamora 147) / Concepcion Del Uruguay , Entre Rios , Argentina