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30 de Película - Día 16: Tu actor favorito

Al Pacino: El Padrino

Sí, soy un cliché andante. Pero es que la versatilidad de este hombre nos ha dejado varias de las más memorables interpretaciones y personajes de la historia del cine de Hollywood. 

Pacino tiene una facilidad para hacer que nos encariñemos con personajes de moral bastante cuestionable, hasta el punto que comenzamos a estar del lado del malo muchas veces. 

En perfume de mujer, nos hace creer que es un experto bailando tango, y resulta que el señor no es que no baila tango, sino que no baila. Punto.

En un post anterior, coloqué una escena donde nos convence sin lugar a dudas que es Lucifer en persona.

Y es que no me sorprendería que de verdad lo fuera. 

Esta que les dejo, es la última escena de El Padrino. Creo que la frialdad con la que maneja la situación es (ayudada por supuesto por la genialidad de Coppola) simplemente perfecta. 

A 11 del 11

11 de abril. 11 años han pasado ya.

Mucho se ha dicho y escrito sobre esos días. Muchas teorías de lo que realmente pasó. Yo solo les voy a hablar de lo que yo viví durante esos días, porque es lo único de lo que puedo hablar con absoluta propiedad.

Yo, como muchos ese día, me levanté con la única pregunta que me podía hacer ¿a qué hora me voy a la concentración? Tenía que ponerme de acuerdo con un primo a quien había contagiado con entusiasmo, ponerme mi capa/bandera y mi sombrero tricolor. El mar de gente que se sumaba día a día, era simplemente impresionante y esperanzador.

Salimos tarde. Por la radio escuchamos cómo la cosa se había convertido de concentración a marcha y dijimos, bueno, vamos a darle igual. En eso, nos llama mi abuelo para que lo fuéramos a auxiliar puesto que su carro, el más fiel que conozco, se había accidentado. Con impotencia nos devolvimos, y estuvimos como una hora auxiliándolo hasta que por fin prendió. Perfecto, ahora sí vamos porque si antes íbamos tarde, ahora cuando lleguemos ya no va a haber gente.

En eso recibimos una llamada de mi tía, que a gritos nos preguntaba desesperadamente en dónde estábamos. No entendíamos qué pasaba, habíamos apagado la radio porque el tipo se encadenó. Nos pidió encarecidamente que nos fueramos a la casa. No entendí la explicación de lo que pasaba sino hasta que llegué y vi lo que las emisoras valientemente mostraban en pantalla dividida: por un lado un presidente con una de las caras de tabla más grandes que he visto hablando de lo normal y tranquila que estaba la situación, y por otro una batalla campal  entre unos venezolanos que no estaban de acuerdo con las abritrariedades y otros que disparaban contra los que no querían a su presidente.

Mi indignación e impotencia era tal, que los gritos de “asesinos”  y quién sabe qué otra cosa grité en ese momento no eran suficientes, llamé a una amiga que sabía que estaba en la marcha, desesperado por quienes no sabía si habían ido o no. De tanto apretar los dientes, me astillé uno.

Pasaron las horas y comenzaron a salir las imágenes de la gente que murió bajo el fuego de los francotiradores, los que disparaban desde llaguno, que luego dirían que ellos solo le disparaban “a una pared” en su defensa.

Nada de esto me lo contaron. Yo lo vi.

Yo lo viví.

Recuerdo también cómo en el Ministerio del Ambiente encontraron una caja llena de pistolas que dudo fuesen para defender a la flora silvestre. Las armas largas encontradas en la casa de Lina Ron.

Tanta muerte, tanta violencia, tanta rabia. 

Ya a la noche, sale Lucas Rincón diciendo aquel famoso “Se le solicitó” y que en efecto renunció. Un poco de calma. pero muy poco duró: comenzó la cacería de brujas de personeros del oficialismo, quienes, no es por nada, se escondieron y no dieron la cara. Mi impotencia se transformó entonces en hambre, en venganza, en revancha. Rogaba que encontraran a alguien cerca de mi casa para poder descargar todo lo que tenía por dentro.

A la mañana siguiente hablé con familiares chavistas y les preguntaba que si eso era lo que ellos querían, que nos mataran a quienes no éramos del proceso. Les reclamé tanto.

La rabia no se iba, el odio no se iba. 

Luego vino la situación con Carmona y todo resultaba tan irreal: claro, dos días sin dormir, full emocionalidad y además las cosas que pasaron ya estaba cobrando su precio. 

Vuelve el hombre. Todo queda igual. Todo queda de igual a peor. Y volvió la impotencia. Volvió la tristeza.

Hoy, mi recuerdo de esos días es un recuerdo muy triste, Obviamente por lo que pasó, pero también por todo lo que los hechos me hicieron sentir. Nunca en mi vida la rabia, el odio y las ganas de venganza habían tomado tanto el control de mi persona. La irracionalidad de esos momentos es algo que definitivamente no quiero volver a sentir.

Con unos años más a cuestas y con muchas más experiencias encima, entendí que esa persona que está del otro lado de la acera, no es mi enemigo. Entendí también que, a pesar de no ser más fácil, el tener puntos de encuentro con mi contrario trae beneficios infinitos para mí, para él y para los que nos rodean. 

Entendí también que los efectos del diálogo, son más largos que los de la amenaza.

Hoy soy una mejor persona gracias a que entendí que nada vale vivir con odio por tu vecino. Miro atrás y a pesar de no olvidar (porque nunca lo voy a hacer) esos días, los veo como aprendizaje sobre las consecuencias de querer imponer una opinión, tanto de un lado como del otro. 

Once años después del once, estoy claro sobre el camino que hay que tomar. Hoy decido dejar el pasado donde está, para así no poder tener las manos ocupadas para sembrar el futuro y recibir lo que juntos, mi hermano de otra acera y yo cosechemos en esta Tierra de Gracia.

¿Me acompañas?

Hoy día del Médico, tuve en la mente esta historia que comparto con ustedes.

Eran los tiempos de Pérez Jiménez, en una época donde tenías que andar siempre callado, sin hablar muy alto porque podían pensar que andabas en algo y simplemente, de un día para otro, desaparecer. En esa época, en un pueblito perdido como muchos en el interior del país, levantaron de madrugada al único médico de la zona para que atendiera una urgencia. 

Al llegar, se asombró con el cuadro clínico con el que se encontró: un joven con la cara desfigurada por los golpes que había recibido. 
Nadie vio quién fue, pero tanto el médico como quienes lo llevaron hasta la medicatura del pueblo se imaginaron inmediatamente quién habría podido ser. Al curar en la medida de lo posible las heridas del enfermo, volvió a casa a tratar de dormir las pocas horas que quedaban de la madrugada.

Más tarde en la mañana, en la consulta habitual, entró sin respetar el orden de llegada el jefe de la Seguridad Nacional de esa sección del Estado. Se aquejaba de un fuerte dolor que tenía en la mano derecha. Decía que se había caído y su mano no había podido soportar todo el peso de su cuerpo. El médico revisó la mano y comprobó que dos de sus dedos estaban fracturados, pero la historia que cómo había pasado, no concordaba con el tipo de lesión. Entonces apretó fuertemente la zona de la lesión, a lo que el oficial del cuerpo de seguridad reaccionó con un gesto de dolor. 
El médico entonces dijo:

-¿Le duele? Pues le aseguro que más le duele la cara al pobre hombre a quien desfiguraron anoche. 

Sin decir una sola palabra, el hombre del régimen se retiró de la consulta con su comitiva.
Como era de esperarse, la noticia se regó en todo el pueblo. 

Días después, el médico caminaba tranquilo por la plaza, cuando de repente es interceptado por dos comisiones del Cuerpo represivo de la dictadura con el objetivo de llevárselo. En ese momento, la gente que estaba acostumbrada a mirar al otro lado cuando este tipo de incidentes se presentaban, comenzó a rodear al, colocándose entre él y la comisión. 

Aquellos de quienes no se esperaba nada, se armaron de valentía y evitaron que se llevaran a quien con un simple gesto de dignidad, no se había quedado callado ante la injusticia del que se siente invencible. 

Ese médico, que defendió de la muerte a quien no podía, inspiró a todo un pueblo a mirar a los ojos y sin miedo a la represión. 

¿Cuál era ese pueblo? Dabajuro, Estado Falcón.

Ese médico, el Doctor Víctor Manuel López García. Mi abuelo. 

Así como él, muchos médicos forman la primera línea de batalla en los hospitales, ambulatorios y medicaturas rurales y defienden, no solo de la muerte, al que no puede hacerlo por sí mismo con las uñas de ser necesario. 

Para ustedes, entonces, va hoy y siempre mi respeto. 

Feliz Día del Médico.

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RETO DE LOS 30 DÍAS - DÍA 25: Una canción que te haga reir

  • La bella y graciosa moza marchóse a lavar la ropa, la mojo en el arroyuelo y cantando la lavó. La frotó sobre una piedra, la colgó de un abedul

        Les Luthiers

Genialidad.

Pura genialidad.

Cuando yo sea grande, quiero ser como ellos.

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RETO DE LOS 30 DÍAS - DÍA 18: una canción que desearías escuchar en la radio

  • Bajate de esa nube

        Caibo

Demás está decir de lo urticante que puede ser aquello de “apoya al talento nacional”. Es incontable la lista de grupitos que se agarran de una revisión a los clásicos de la música venezolana para así poder sonar en la radio con su nueva e inmovadora versión de Caballo Viejo.

Sin embargo, hay gente que sí hace la tarea: músicos de verdad que se sumergen en los diferentes géneros que nuestro vasto catálogo tiene. Cuando salen, nos presentan algo de verdad innovador, o por lo menos, que gusta y es agradable al oído, al alma y a los pies.

Este es el caso de los chamos de Caibo. Su música transpira tambor, actitud, identidad propia y muy por sobre todo, ganas de hacer las cosas bien y como debe ser.

Esperemos que las radios caraqueñas apoyen al verdadero talento nacional y que hagan trabajar en serio a los flojos que andan viajando gratis en la góndola del uno por uno. 

Al pirómano desconocido.

Estimado pirómano:

No te voy a preguntar cómo te va porque se que debes estar contentísimo con las llamas que consumieron al autobús de la Upel. Me imagino que debes estar en pleno frenesí con tus compañeros, visitando páginas de los medios de comunicación (sí, esos que tanto criticas por mostrar solo una parte de la información) para recopilar material para el archivo fotográfico de tu nueva hazaña.

Como la vez anterior, te vuelves a lucir.

Pero sí hay algo que quisiera saber: cuéntame ¿Cómo es que la mancha de humo que hoy “adorna” las paredes del Rectorado, refleja los valores más altos de la revolución?¿Cómo entra en el imaginario del Patrimonio Cultural de la nación y del mundo, esas llamas que me imagino que representan el candor del espíritu de un movimiento que muchas veces se ha autodenominado “la revolución del amor”?

 De verdad necesito que me ayudes. Tal vez tengas razón y mi mente obtusa y disociada no me permite ver más allá del deterioro que, por lo menos a simple vista y a muy corto plazo, se ve que le causaron a la obra de Villanueva. O será que como vengo de una universidad privada y soy hijito de papi y mami, no veo la intención detrás de la acción: no veo el talante no violento de esta revolución. De verdad que no lo veo.

Se que te vas a sentir ofendido por mis preguntas, y desde ya me disculpo, sé que es mi culpa todo esto. Al no estar con el proceso que el gobierno que no quiero terminar de aceptar, soy un irrespetuoso que no merezco ser tomado en cuenta, y al alzar mi voz inconforme lo único que hago es provocarte a que me des unos coñazos como los que le dieron a los diputados, que bien merecidos se los tenían. 

Pero es que no entiendo. No logro entender.

Mañana tal vez entienda tu misión, pero hoy, no puedo entender cómo es que los tiros a una concentración pacífica tienen siempre la razón. Tal vez sea verdad que la paz solo se puede lograr a través de la guerra. 

Mañana tal vez entienda cómo con tu cara muy lavada lleves a tu hijo a la universidad, esa misma que hoy quemaste, y le vas a contar que esta, tu Alma Mater, te formó como hombre de bien, y de cómo te razgarías las vestiduras si alguien atreviese a ponerle un dedo encima.

Espero que le cuentes también de los muertos diarios, la luz que viene y va, el agua que no termina de llegar, el papel, el aceite, la H1N1 y tu piromanía.

Espero que le cuentes que nada de eso importaba, que a pesar de todo eso, un día como hoy quemabas, celebrabas y gritabas:

 

¡Tenemos PATRIA!

30 DÍAS, 30 FOTOS - DÍA 22: árboles —-

Me disculpo de antemano por haber dejado olvidado este conteo. Entre la tesis y las remodelaciones de la casa no he tenido chance ni de tomar fotos para el conteo, ni para realmente sentarme a pensar sobre qué tipo de fotos son las que quiero para los días que faltan.

Pero bueno, espero terminar las que faltan antes de q el año termine.

Parques como el de La Llovizna te ofrecen una abanico de posibilidades para esta foto. Lamentablemente en el momento que fui, fue con tanta premura, que las otras fotos que pensaba que habían salido bien, cuando las vi en la pantalla de la compu no habían quedado como yo pensaba. 

Eso no quiere decir que este árbol no mereciese ser el protagonista de este día: él posó pacientemente mientras que yo buscaba su mejor ángulo, extendiendo todo su verdor para que ustedes lo vieran. 

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30 de Película - Día 17: una que me hubiese gustado vivir

Harry Potter y la piedra filosofal

Ser miembro de una sociedad secreta en la que aprendes magia y detrás de cada esquina hay una aventura distinta. 

Quitando a ya saben quien ¿A quién no le gustaría ser uno de los niños de Howgarts?