grande voce

Neptuno en los signos

Neptuno en Aries
Frecuentes disturbios, rupturas en lo emocional.

Neptuno en Tauro
Delicadeza y refinamiento, sensible hacia las necesidades ajenas.  

Neptuno en Géminis
Entusiasta, elocuente, imaginativo, le agrada la poesía.

Neptuno en Cáncer
Entusiasmo por la lírica, de imaginación ilimitada, delicadeza, y sensibilidad.

Neptuno en Leo
Muestra su generosidad a través del perdón, la caridad y la compasión. Es sociable.

Neptuno en Virgo
Persona caprichosa, padece enfermedades psicosomáticas.

Keep reading

Cada vez que alguien me pregunta sobre qué escribir, cuando no tiene ni idea de lo que escribir, mi respuesta es casi siempre la misma: escribe sobre eso. Muchas veces me ha funcionado, en especial en casos donde la catarsis es incontenible y me desenvuelvo delante de un público inexistente. Ahí soy yo, mi oscuridad y la nube que me envuelve y le da forma a mis pensamientos. Casi nunca he publicado los textos que escribí en ese estado, normalmente me los guardo para ser yo el único testigo de un momento donde la impotencia me cobraba demasiado caro un solo escrito. Durante los últimos días he vuelto a experimentar esta desazón. Y es peor cuando mi autoexigencia de nunca escribir lo mismo —o escribir de lo mismo pero con expresiones diferentes, que vayan más allá de portar una belleza estética, sino que también tenga un trasfondo abstracto— me dice a grandes voces que nunca ponga tal o cual palabra detrás de otra «porque se parecería mucho a un texto que escribiste el otro día». Es cuando me siento bloqueado. A mi mente llegan muchos temas que pocas veces he explorado en los años que llevo escribiendo y a los cuales les tenía miedo, no tanto por no entenderlos, sino más bien por no saber manejarlos para llevarlos al plano escrito. Con las cosas que tengo que hacer a diario esos temas inevitablemente se pierden, y con ellos se van las frases, los giros, los recursos literarios y estilísticos. Quizá sea porque explicar la cotidianidad de mi vida me resulta una actividad poco interesante, y entonces mi poeta interno, ante tamaña contrariedad, se pone a hacer gestos raros, como quien rechaza una comida que nunca ha probado. Para escribir todo esto, incluso, he tenido que batallar mucho con él y convencerlo de que no todo se trata de poesía. Hoy, luego de tanta ausencia —que a mí me parece infinita— lejos de la escritura, he decidido poner fin al dilema y redactar algo que realmente estoy sintiendo, algo que al leer me inspire decir: «aquí estoy yo». A estas alturas de mi vida, puedo decir que este escrito es un logro para mí. He vencido el bloqueo mental.
—  Heber Snc Nur

Il mio niente

Oggi verrei a casa tua,
farei questo lungo viaggio
solo per infilare questi versi
nella fessura sotto la porta,
non potrei rompere
il divieto di rivederci.
Niente, vorrei dirti,
solo questo niente.
Fu detto già tutto.
Da quando ci siamo separati
sopravviviamo,
siamo la rovina di quel tempo.
Ma questo mio niente dopo di te
mi sostiene e si rafforza,
cresce bene con gli anni,
si fa grande, muta la voce,
non vuole più stare con me,
esce sempre più spesso
a cercare altro niente,
inutilmente bello come fui.
I nostri occhi han fissato il sole,
non guardano più,
ricordano di aver visto.
A che servirebbe rivederti ?
Perderei il mio niente.
Di tutte le cose che potevo fare
ho sempre scelto una sola,
monco di troppe vite non fatte
tu sei il Niente che mi ha scelto.
E ti appartengo sempre.

—  Roberto Pazzi
Eri l'unica persona per cui mi sarei tolta le cuffie mentre c'era la mia canzone preferita, solo per ascoltare la tua voce

Inktober - #20 Bú

Criatura castellana, principalmente de la zona de Ciudad Real (Castilla - La Mancha). Se trata de un gigantesco búho antropomorfo de color negro y grandes alas. De enrojecidos ojos, grandes como platos, que paralizan de terror a sus víctimas. Su pico es afilado como cuchillas y sus garras son como trampas, de las cuales es imposible huir.

Entra por las ventanas para llevarse a los niños despiertos a su escondrijo, normalmente oscuras grutas en encinares. Si bien la figura ha ido cambiando y presentan diferencias locales, para los habitantes de Villanueva de los Infantes el Bú es una persona chepada, cara abotargada y pies abiertos. Un pájaro que se parece al loro, que se oye de noche en la sierra, en las risqueras y se decía: “Calla que viene el Bú, con aspecto de animal-ave con cara de lechuza”.
Las abuelas, en noches cerradas, abrían las ventanas de las habitaciones de sus nietos que se negaban a dormir y, a grandes voces, llamaban al Bú para que acudiera.

Aunque en un principio el Bú, parece ser, tuvo naturaleza antropomorfa, con el paso de los años, en el común del Campo de Montiel, fue adoptando figura de espectral búho, formandose así la figura más reconocida.

Cuentan que son muy frecuentes sus apariciones, presentándose al reclamo de auxilio de las madres y abuelas, a la hora de mandar a los niños a dormir. Se encuentra mención a este ser en distintos cantares castellanos.
También asoma para raptar a los niños, que en las altas horas de la noche permanecen solos paseando o jugando en calles.

Por otro lado, encontramos “El cerro del Bú” en la ciudad de Toledo, donde actualmente se encuentra un yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce. Este lugar ha sido inspiración de muchas leyendas, entre ellas que ahí se encuentra las puertas del infierno o la fantástica Cueva de Hércules.

En la provincia de Ciudad Real, en las proximidades de Alcolea de Calatrava, se encuentran también las "Peñas del Bú” y la “Laguna del Bú”. También en la provincia de Ciudad Real, en una zona boscosa de las proximidades de Viso del Marqués podemos encontrar el “Cerro del Bú” y la “Umbría del Bú”.

El demonio de la perversidad de Edgar Allan Poe.

En la consideración de las facultades e impulsos de los prima mobilia del alma humana los frenólogos han olvidado una tendencia que, aunque evidentemente existe como un sentimiento radical, primitivo, irreductible, los moralistas que los precedieron también habían pasado por alto. Con la perfecta arrogancia de la razón, todos la hemos pasado por alto. Hemos permitido que su existencia escapara a nuestro conocimiento tan sólo por falta de creencia, de fe, sea fe en la Revelación o fe en la Cábala. Nunca se nos ha ocurrido pensar en ella, simplemente por su gratuidad. No creímos que esa tendencia tuviera necesidad de un impulso. No podíamos percibir su necesidad. No podíamos entender, es decir, aunque la noción de este primum mobile se hubiese introducido por sí misma, no podíamos entender de qué modo era capaz de actuar para mover las cosas humanas, ya temporales, ya eternas. No es posible negar que la frenología, y en gran medida toda la metafísica, han sido elaboradas a priori. El metafísico y el lógico, más que el hombre que piensa o el que observa, se ponen a imaginar designios de Dios, a dictarle propósitos. Habiendo sondeado de esta manera, a gusto, las intenciones de Jehová, construyen sobre estas intenciones sus innumerables sistemas mentales. En materia de frenología, por ejemplo, hemos determinado, primero (por lo demás era bastante natural hacerlo), que entre los designios de la Divinidad se contaba el de que el hombre comiera. Asignamos, pues, a éste un órgano de la alimentividad para alimentarse, y este órgano es el acicate con el cual la Deidad fuerza al hombre, quieras que no, a comer. En segundo lugar, habiendo decidido que la voluntad de Dios quiere que el hombre propague la especie, descubrimos inmediatamente un órgano de la amatividad. Y lo mismo hicimos con la combatividad, la idealidad, la casualidad, la constructividad, en una palabra, con todos los órganos que representaran una tendencia, un sentimiento moral o una facultad del puro intelecto. Y en este ordenamiento de los principios de la acción humana, los spurzheimistas, con razón o sin ella, en parte o en su totalidad, no han hecho sino seguir en principio los pasos de sus predecesores, deduciendo y estableciendo cada cosa a partir del destino preconcebido del hombre y tomando como fundamento los propósitos de su Creador.

Hubiera sido más prudente, hubiera sido más seguro fundar nuestra clasificación (puesto que debemos hacerla) en lo que el hombre habitual u ocasionalmente hace, y en lo que siempre hace ocasionalmente, en cambio de fundarla en la hipótesis de lo que Dios pretende obligarle a hacer. Si no podemos comprender a Dios en sus obras visibles, ¿cómo lo comprenderíamos en los inconcebibles pensamientos que dan vida a sus obras? Si no podemos entenderlo en sus criaturas objetivas, ¿cómo hemos de comprenderlo en sus tendencias esenciales y en las fases de la creación?

La inducción a posteriori hubiera llevado a la frenología a admitir, como principio innato y primitivo de la acción humana, algo paradójico que podemos llamar perversidad a falta de un término más característico. En el sentido que le doy es, en realidad, un móvil sin motivo, un motivo no motivado. Bajo sus incitaciones actuamos sin objeto comprensible, o, si esto se considera una contradicción en los términos, podemos llegar a modificar la proposición y decir que bajo sus incitaciones actuamos por la razón de que no deberíamos actuar. En teoría ninguna razón puede ser más irrazonable; pero, de hecho, no hay ninguna más fuerte. Para ciertos espíritus, en ciertas condiciones llega a ser absolutamente irresistible. Tan seguro como que respiro sé que en la seguridad de la equivocación o el error de una acción cualquiera reside con frecuencia la fuerza irresistible, la única que nos impele a su prosecución. Esta invencible tendencia a hacer el mal por el mal mismo no admitirá análisis o resolución en ulteriores elementos. Es un impulso radical, primitivo, elemental. Se dirá, lo sé, que cuando persistimos en nuestros actos porque sabemos que no deberíamos hacerlo, nuestra conducta no es sino una modificación de la que comúnmente provoca la combatividad de la frenología. Pero una mirada mostrará la falacia de esta idea. La combatividad, a la cual se refiere la frenología, tiene por esencia la necesidad de autodefensa. Es nuestra salvaguardia contra todo daño. Su principio concierne a nuestro bienestar, y así el deseo de estar bien es excitado al mismo tiempo que su desarrollo. Se sigue que el deseo de estar bien debe ser excitado al mismo tiempo por algún principio que será una simple modificación de la combatividad, pero en el caso de esto que llamamos perversidad el deseo de estar bien no sólo no se manifiesta, sino que existe un sentimiento fuertemente antagónico.

Si se apela al propio corazón, se hallará, después de todo, la mejor réplica a la sofistería que acaba de señalarse. Nadie que consulte con sinceridad su alma y la someta a todas las preguntas estará dispuesto a negar que esa tendencia es absolutamente radical. No es más incomprensible que característica. No hay hombre viviente a quien en algún período no lo haya atormentado, por ejemplo, un vehemente deseo de torturar a su interlocutor con circunloquios. El que habla advierte el desagrado que causa; tiene toda la intención de agradar; por lo demás, es breve, preciso y claro; el lenguaje más lacónico y más luminoso lucha por brotar de su boca; sólo con dificultad refrena su curso; teme y lamenta la cólera de aquel a quien se dirige; sin embargo, se le ocurre la idea de que puede engendrar esa cólera con ciertos incisos y ciertos paréntesis. Este solo pensamiento es suficiente. El impulso crece hasta el deseo, el deseo hasta el anhelo, el anhelo hasta un ansia incontrolable y el ansia (con gran pesar y mortificación del que habla y desafiando todas las consecuencias) es consentida.

Tenemos ante nosotros una tarea que debe ser cumplida velozmente. Sabemos que la demora será ruinosa. La crisis más importante de nuestra vida exige, a grandes voces, energía y acción inmediatas. Ardemos, nos consumimos de ansiedad por comenzar la tarea, y en la anticipación de su magnífico resultado nuestra alma se enardece. Debe, tiene que ser emprendida hoy y, sin embargo, la dejamos para mañana; y ¿por qué? No hay respuesta, salvo que sentimos esa actitud perversa, usando la palabra sin comprensión del principio. El día siguiente llega, y con él una ansiedad más impaciente por cumplir con nuestro deber, pero con este verdadero aumento de ansiedad llega también un indecible anhelo de postergación realmente espantosa por lo insondable. Este anhelo cobra fuerzas a medida que pasa el tiempo. La última hora para la acción está al alcance de nuestra mano. Nos estremece la violencia del conflicto interior, de lo definido con lo indefinido, de la sustancia con la sombra. Pero si la contienda ha llegado tan lejos, la sombra es la que vence, luchamos en vano. Suena la hora y doblan a muerto por nuestra felicidad. Al mismo tiempo es el canto del gallo para el fantasma que nos había atemorizado. Vuela, desaparece, somos libres. La antigua energía retorna. Trabajaremos ahora. ¡Ay, es demasiado tarde!

Estamos al borde de un precipicio. Miramos el abismo, sentimos malestar y vértigo. Nuestro primer impulso es retroceder ante el peligro. Inexplicablemente, nos quedamos. En lenta graduación, nuestro malestar y nuestro vértigo se confunden en una nube de sentimientos inefables. Por grados aún más imperceptibles esta nube cobra forma, como el vapor de la botella de donde surgió el genio en Las mil y una noches. Pero en esa nube nuestra al borde del precipicio, adquiere consistencia una forma mucho más terrible que cualquier genio o demonio de leyenda, y, sin embargo, es sólo un pensamiento, aunque temible, de esos que hielan hasta la médula de los huesos con la feroz delicia de su horror. Es simplemente la idea de lo que serían nuestras sensaciones durante la veloz caída desde semejante altura. Y esta caída, esta fulminante aniquilación, por la simple razón de que implica la más espantosa y la más abominable entre las más espantosas y abominables imágenes de la muerte y el sufrimiento que jamás se hayan presentado a nuestra imaginación, por esta simple razón la deseamos con más fuerza. Y porque nuestra razón nos aparta violentamente del abismo, por eso nos acercamos a él con más ímpetu. No hay en la naturaleza pasión de una impaciencia tan demoniaca como la del que, estremecido al borde de un precipicio, piensa arrojarse en él. Aceptar por un instante cualquier atisbo de pensamiento significa la perdición inevitable, pues la reflexión no hace sino apremiarnos para que no lo hagamos, y justamente por eso, digo, no podemos hacerlo. Si no hay allí un brazo amigo que nos detenga, o si fallamos en el súbito esfuerzo de echarnos atrás, nos arrojamos, nos destruimos.

Examinemos estas acciones y otras similares: encontraremos que resultan sólo del espíritu de perversidad. Las perpetramos simplemente porque sentimos que no deberíamos hacerlo. Más acá o más allá de esto no hay principio inteligible, y podríamos en verdad considerar su perversidad como una instigación directa del demonio si no supiéramos que a veces actúa en fomento del bien.

He hablado tanto que en cierta medida puedo responder a vuestra pregunta, puedo explicaros por qué estoy aquí, puedo mostraros algo que tendrá por lo menos una débil apariencia de justificación de estos grillos y esta celda de condenado que ocupo. Si no hubiera sido tan prolijo, o no me hubierais comprendido, o, como la chusma, me hubierais considerado loco. Ahora advertiréis fácilmente que soy una de las innumerables víctimas del demonio de la perversidad.

Es imposible que acción alguna haya sido preparada con más perfecta deliberación. Semanas, meses enteros medité en los medios del asesinato. Rechacé mil planes porque su realización implicaba una chance de ser descubierto. Por fin, leyendo algunas memorias francesas, encontré el relato de una enfermedad casi fatal sobrevenida a madame Pilau por obra de una vela accidentalmente envenenada. La idea impresionó de inmediato mi imaginación. Sabía que mi víctima tenía la costumbre de leer en la cama. Sabía también que su habitación era pequeña y mal ventilada. Pero no necesito fatigaros con detalles impertinentes. No necesito describir los fáciles artificios mediante los cuales sustituí, en el candelero de su dormitorio, la vela que allí encontré por otra de mi fabricación. A la mañana siguiente lo hallaron muerto en su lecho, y el veredicto del coroner fue: «Muerto por la voluntad de Dios.»

Heredé su fortuna y todo anduvo bien durante varios años. Ni una sola vez cruzó por mi cerebro la idea de ser descubierto. Yo mismo hice desaparecer los restos de la bujía fatal. No dejé huella de una pista por la cual fuera posible acusarme o siquiera hacerme sospechoso del crimen. Es inconcebible el magnífico sentimiento de satisfacción que nacía en mi pecho cuando reflexionaba en mi absoluta seguridad. Durante un período muy largo me acostumbré a deleitarme en este sentimiento. Me proporcionaba un placer más real que las ventajas simplemente materiales derivadas de mi crimen. Pero le sucedió, por fin, una época en que el sentimiento agradable llegó, en gradación casi imperceptible, a convertirse en una idea obsesiva, torturante. Torturante por lo obsesiva. Apenas podía librarme de ella por momentos. Es harto común que nos fastidie el oído, o más bien la memoria, el machacón estribillo de una canción vulgar o algunos compases triviales de una ópera. El martirio no sería menor si la canción en sí misma fuera buena o el aria de ópera meritoria. Así es como, al fin, me descubría permanentemente pensando en mi seguridad y repitiendo en voz baja la frase: «Estoy a salvo».

Un día, mientras vagabundeaba por las calles, me sorprendí en el momento de murmurar, casi en voz alta, las palabras acostumbradas. En un acceso de petulancia les di esta nueva forma: «Estoy a salvo, estoy a salvo si no soy lo bastante tonto para confesar abiertamente.»

No bien pronuncié estas palabras, sentí que un frío de hielo penetraba hasta mi corazón. Tenía ya alguna experiencia de estos accesos de perversidad (cuya naturaleza he explicado no sin cierto esfuerzo) y recordaba que en ningún caso había resistido con éxito sus embates. Y ahora, la casual insinuación de que podía ser lo bastante tonto para confesar el asesinato del cual era culpable se enfrentaba conmigo como la verdadera sombra de mi asesinado y me llamaba a la muerte.

Al principio hice un esfuerzo para sacudir esta pesadilla de mi alma. Caminé vigorosamente, más rápido, cada vez más rápido, para terminar corriendo. Sentía un deseo enloquecedor de gritar con todas mis fuerzas. Cada ola sucesiva de mi pensamiento me abrumaba de terror, pues, ay, yo sabía bien, demasiado bien, que pensar, en mi situación, era estar perdido. Aceleré aún más el paso. Salté como un loco por las calles atestadas. Al fin, el populacho se alarmó y me persiguió. Sentí entonces la consumación de mi destino. Si hubiera podido arrancarme la lengua, lo habría hecho, pero una voz ruda resonó en mis oídos, una mano más ruda me aferró por el hombro. Me volví, abrí la boca para respirar. Por un momento experimenté todas las angustias del ahogo: estaba ciego, sordo, aturdido; y entonces algún demonio invisible -pensé- me golpeó con su ancha palma en la espalda. El secreto, largo tiempo prisionero, irrumpió de mi alma.

Dicen que hablé con una articulación clara, pero con marcado énfasis y apasionada prisa, como si temiera una interrupción antes de concluir las breves pero densas frases que me entregaban al verdugo y al infierno.

Después de relatar todo lo necesario para la plena acusación judicial, caí por tierra desmayado.

Pero, ¿para qué diré más? ¡Hoy tengo estas cadenas y estoy aquí! ¡Mañana estaré libre! Pero, ¿dónde?

FIN

Oggi verrei a casa tua,
farei questo lungo viaggio
solo per infilare questi versi
nella fessura sotto la porta,
non potrei rompere
il divieto di rivederci.
Niente, vorrei dirti,
solo questo niente.
Fu detto già tutto.
Da quando ci siamo separati
sopravviviamo,
siamo la rovina di quel tempo.
Ma questo mio niente dopo di te
mi sostiene e si rafforza,
cresce bene con gli anni,
si fa grande, muta la voce,
non vuole più stare con me,
esce sempre più spesso
a cercare altro niente,
inutilmente bello come fui.
I nostri occhi han fissato il sole,
non guardano più,
ricordano di aver visto.
A che servirebbe rivederti ?
Perderei il mio niente.
Di tutte le cose che potevo fare
ho sempre scelto una sola,
monco di troppe vite non fatte
tu sei il Niente che mi ha scelto.

E ti appartengo sempre.

Roberto Pazzi

“Sabe quando aquela pessoa te faz feliz só pelo fato dela existir, pois é, pra mim essa pessoa é você, e hoje faz 16 anos que Deus olhou pra terra e decidiu mandar mais um anjo pra alegrar a vida de muita gente. Hoje não é um dia especial só para você, mas sim pra todos que estão à sua volta. Bom Pretinho , hoje é o seu dia, e eu venho te dizer que voce ta ficando velho pra caramba kkk Que Eu Te Amo Muito, e te agradecer por fazer parte da minha vida! Obrigado por cada momento que já passamos juntos, obrigado por me fazer feliz cada dia mais, obrigado por estar ao meu lado,e agradeço ainda mais à Deus por ter te colocado no meu caminho quando mais precisei de alguem do meu lado e foi voce que sempre tava do meu lado me ajudando e sempre me mantendo de cabeça erguida. Eu te desejo não apenas felicidade, mas muito mais que isso, que Deus ilumine e cuide do meu Maninho onde é que esteja, e que esse dia seja repleto de coisas boas, e saiba que eu sempre estarei ao seu lado quando precisar! Em fim agradeço a Deus por ter me permitido passar esse grande dia com voce nem que seja so um pouco 👉👈 tenho a agradecer por você ser essa pessoa maravilhosa que sempre ta do meu lado nas horas Boas e nas ruins. É Dia 2 Agora completamos 10 meses que a gente se conheceu é passo muito rapido ne parece que foi ontem que te conheci e te dei uma queimada sem querer rs ( Lembro como se fosse ontem ) mais depois da quele dia uma grande amizade cresceu e cada dia foi ficando mais forte e hoje ja considero como irmao e nao troco por nada, por mais que esteja um pouco afastada nunca mudo a consideração que tenho por voce tu é unico e seu lugar voce nao sai e ninguem tira 😍sinto muita falta de como a gente era ou quando ia pra i todo dia mais mudo tanta coisa de uns tempo pra ca mais tambem me fez percebe o quanto tu foi e ta sendo importante na minha vedah agora eu tento valoriza cada minuto segundo com voce mesmo com voce me irritando sabe 😒😍 as vezes gosto vai mais faz muita falta suas loucuras sabe e Sei que Deus sabia que essa amizade ia longe e por isso ele nos Uniu mais enfim Maninho Meus Parabens Tudo de bom pra voce muita paz, Saudade e muita Felicidade e voce continue essa pessoa alegre ,divertido ,companheiro ee Amigo e esse menino que consegue tirar um sorriso fácil do rosto das pessoas ta. FELIZ ANIVERSARIO Eu Te Amo Muito Pretinho 😍

Dovete combattere per trovare la vostra voce. Più tardi cominciate a farlo, più grosso è il rischio di non trovarla.
—  Robin Williams
Il mio niente

Oggi verrei a casa tua,
farei questo lungo viaggio
solo per infilare questi versi
nella fessura sotto la porta,
non potrei rompere
il divieto di rivederci.
Niente, vorrei dirti,
solo questo niente.
Fu detto già tutto.
Da quando ci siamo separati
sopravviviamo,
siamo la rovina di quel tempo.
Ma questo mio niente dopo di te
mi sostiene e si rafforza,
cresce bene con gli anni,
si fa grande, muta la voce,
non vuole più stare con me,
esce sempre più spesso
a cercare altro niente,
inutilmente bello come fui.
I nostri occhi han fissato il sole,
non guardano più,
ricordano di aver visto.
A che servirebbe rivederti ?
Perderei il mio niente.
Di tutte le cose che potevo fare
ho sempre scelto una sola,
monco di troppe vite non fatte
tu sei il Niente che mi ha scelto.

E ti appartengo sempre.


- Roberto Pazzi

anonymous asked:

Come vi siete conosciuti? Com'è nato tutto? Come vivete la distanza? Racconti un pò di voi?

Ho già raccontato com'è iniziato tutto in un'altra domanda, se vuoi la rebloggo, in ogni caso qui a Roma, nella mia scuola, sette mesi fa.
Frequentavamo la stessa scuola, lui era all'ultimo anno e io al secondo, poi dopo tre mesi che stavamo insieme mi ha detto che sarebbe andato a studiare a Manchester, ma in realtà l'avevo sempre saputo. 
Abbiamo deciso di provarci, ora lo so, lo sappiamo, ci credevamo un millesimo rispetto a quanto ci crediamo ora.
Per esempio, io ora sono fermamente convinta che finiremo con il diventare vecchietti insieme, con delle pantofole gigantesche buffissime, a passare giornate su un divano a sfogliare vecchi album o a fare quelle cose da nonnini come guardare la televisione o mangiare a mezzogiorno.
Sono convinta che anche a 80 anni io continuerò a lementarmi delle mie cosce e lui continuerà a dirmi che sono bellissime, lui farà la voce da grande saggio quando mi spiegherà le cose, e io lo continuerò a prenderlo in giro. 
Ecco, magari non andrà così, ma è per mostrarti quanto mi sia innamorata e quanto la distanza non abbia cambiato nulla, anzi, probabilmente mi ha mostrato la mia vulnerabilità e la mia fragilità se potessi perderlo.
La distanza la vivi, ma la punzecchi ogni sera ridendo davanti a una telecamera, la inganni guardando l'app che conta i secondi che mancano o mettendo una ‘x’ sul calendario o riempendo di disegnini il giorno sul diario in cui arriverà, e la sconfiggi in aeroporto quando gli salti in braccio e lui ti afferra.
Abbiamo un mucchio di idee, di progetti, di sogni, d'amore, che riusciremmo a sparpagliarli su tutti i chilometri che ci separano, quindi la distanza la vivi, la sopporti, perchè poi finisce.
Ad esempio, adesso, finisce tra esattamente due settimane, quando a quest'ora io lo starò sprimacciando di baci.