gran-comedor

Los 11 yates más caros del mundo

200$ millones: El Octopus propiedad de Paul Allen, cofundador de Microsoft, a quien le fue entregado en 2003. Octopus era, hasta el 2009, el mayor superyate que no es propiedad de un jefe de Estado, mide 126 m (414 pies). El octopus equipa dos helicópteros en la cubierta superior (uno en frente y otro atrás), y una lancha proveedora de 19 m (63-pies) en el espejo. El barco también cuenta con una piscina a bordo, situada en en una de sus cubiertas superiores, dos submarinos, uno operado por control remoto para estudiar el fondo del océano.

250$ millones: Al Miqrab del Primer Ministro de Qatar tiene una capacidad para 24 huéspedes en unas 10 suites y dispone de 2 suites VIP para los propietarios del yate. Además cuenta con 55 habitaciones para albergar al personal necesario para tripular el barco. Las suites son de gran tamaño y cada una cuenta con un baño independiente, sala de estar y dormitorio doble.El Al Mirqab cuenta con cine, bares exteriores, piscina interior, jacuzzi exterior, zonas para tomar el sol y un helipuerto. Cuenta también con todo tipo de juegos náuticos.

256$ millonesDilbar es un magnífico yate de 110 metros de eslora fabricado bajo pedido por el reconocido astillero alemán Lurssen y entregado en el 2008 a su dueño, el magnate ruso Alisher Usmanov. A pesar de sus enormes dimensiones y sus tres niveles, además de la colosal terraza, el Dilbar tiene capacidad para tan sólo 20 pasajeros en nueve lujosas suites. Sin embargo, ofrece comodidades para 47 tripulantes, lo cual asegura el más alto nivel de servicio a bordo. Con respecto al equipamiento, la nave cuenta con dos motores MTU con soporte eléctrico capaces de generar una velocidad máxima de 21 nudos y una velocidad de crucero de 18. Y para garantizar la mejor experiencia de navegación, un sistema adicional de estabilización evita los ladeos abruptos. 

300$ millones: Al Said es un imponente yate propulsado a motor de 155 metros de eslora realizado completamente en acero donde pueden navegar hasta 70 pasajeros y 154 tripulantes y fue fabricado para el el sultán Qabus Bin Said Sayyed. Cuenta con un amplio espacio interior donde albergará una gran cantidad de invitados y tripulantes. Dentro de esta imponente embarcación encontrará piscina, spa, jacuzzi y un amplio solárium. Esta gran barco es una de las naves más grandes del mundo ya que en su interior además de los camarotes cuenta con un teatro que tiene capacidad para albergar a todos los integrantes de una orquesta de más de 50 músicos y actores en escena.

400$ millones: El Dubai es un yate de lujo propiedad actualmente de Mohammed bin Rashid Al Maktoum, el gobernante del Emirato de Dubái y el Primer Ministro de los Emiratos Árabes Unidos. Este buque mide 162 m (524 pies, 10 pulgadas) de largo. Tiene tres ascensores, una gran área para el comedor formal, una variedad de piscinas, jacuzzis, zonas para tomar el sol y una plataforma para nadar. El Dubai también ofrece una variedad de deportes acuáticos e instalaciones con aire acondicionado.

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☆┊Magical World

Sus hermanos estaban dispersos por diferentes casas, Freya estaba en Gryffindor, Elijah en Ravenclaw, Klaus y Kol en Slytherin. Por lo que simplemente se veían en el gran comedor pero ocasionalmente, no diario. La rubia recién había terminado de comer y se levantó para poder ir a los jardines a caminar un poco, tal vez podría ir cerca del lago. Se detuvo a medio camino cuando buscó entre sus cosas unos aretes que había comprado en su recién visita a Hogsmeade, se habían vuelto de sus favoritos. —No puede ser— mencionó molesta, miró a su alrededor pero no estaban ahí.

❛❛ How wonderful life is now you're in the world ❜❜

REMUS

La verdad es que Sirius estaba completamente confundido, los besos de la última luna llena le habían llenado de esperanza pero las cosas tras ella habían vuelto a ser… rara cuanto menos. Lo peor era que apenas había tenido un momento a solas con Remus, primero porque James parecía tener crisis existencial por no saber cómo invitar a Evans al baile ¡Como si fuera tan dificil! Y Peter el maldito había escurrido el bulto así que Sirius se sentía como una maldita lechuza entre Prongs y la pelirroja. Además Remus era prefecto y junto a Evans eran encargados de la fiesta de San Valentín, lo que junto a los estudios y a … Marlenne, para su desgracia le dejaban poco tiempo libre donde Sirius pudiera pillarle y cuando lo hacía era porque tenía un mensaje no.-realmente.urgente para Evans y se colaba en el Gran Comedor ignorando el hecho de que no era un prefecto y por ende no debía estar allí en esos momentos. Y tras haber sido expulsado más de una vez de los preparativos consiguió convencer a Mcgonagal que él podía ayudar. No fue sencillo, por supuesto nadie se fiaría de un Black dispuesto a ayudar pero tampoco nadie podía no ceder a la pesadez de tener a Sirius tras tus talones las 24 horas del día, así que al final pudo entrar el Gran Comedor. Aunque su plan era en parte por James la idea de poder estar con Remus era atractiva. Tan solo si Remus no estuviera ocupado el 99% del tiempo…

Cierra la boca, Black, vas a llenarme la guirnalda de babas. — Sirius frunció el ceño centrando su atención en la pelirroja tras haberse pasado apenas unos instantes en su opinión mirando a Remus. Tenía que admitir que la pelirroja era mucho más perspicaz que su pretendiente, y que también daba mejores consejos, aunque Sirius había negado miles de veces que él no dejara de mirar a Remus, porque… Bueno, tenía una reputación que mantener. Pero ceder era más sencillo que tener que escuchar a Evans reprocharle que era demasiado obvio. La mayoría de sus consejos eran absurdos y cursis. Demasiados cursis. — No estoy intentando hacer que se case conmigo, Evans. — se quejó bufando.

El baile llegó más pronto de lo que Sirius esperaba y para sorpresa de todos Evans accedió a ir con James para hacerle el favor, pero eso último no tenía que saberlo su amigo. ¿La parte buena? Había conseguido convencer a Dorcas para acompañarle. Si es que eso era bueno. Y ahora estaba apoyado al lado del ponche, con su tercera copa, era obvio que alguien había echado algo más al ponche, alguien que quizás o quizás no era él, con una pareja algo molesta a su lado por no sacarla a bailar y mirando fijamente, enfurruñado a Remus y Marlenne en la pista de baile. Lily le había aconsejado que fuera sincero, pero Sirius ya había sido sincero, lo más sincero que podía, si bien nunca había expresado del todo lo que Remus le hacía sentir pero aún así creía que el otro lo sabía sin tener que decirlo ¿no? ¿Y por qué demonios Marlenne se acercaba tanto? No era una canción para acercarse tanto. 

Apenas llevaban allí una hora, Dorcas había ido a la pista de baile por su cuenta y Sirius seguía bebiendo y autocompadeciéndose de si mismo cuando James se colocó a su lado con una enorme sonrisa de felicidad, en ese momento le odió por completo. — ¿Sabes? Deberías animarte y salir a divertirte, pareces un poco creepy aquí mirando. — Sirius solo bebió otra copa de golpe mirándole funestamente. — Mírale, está sonriendo. A. Marlenne. Agh, como le odio.  —   refunfuñó molesto  lo que hizo a James reír.  — Tal vez deberías llamar su atención, es lo que mejor se te da ¿no?  — dijo el otro antes de regresar con su media naranja, tras haber plantado una pequeña idea en la cabeza de Sirius, dejó la copa a un lado desabrochándose un poco la túnica.  — Si, tal vez debería.  —murmuró para si mismo antes de caminar directo hacia la plataforma que hacía de escenario donde estaba el grupo que había contratado.

No good deed goes unpunished | Part I

Me despierto riendo, ¿qué clase de sueño disparatado acabo de tener? ¿Elphaba platicando con Dorian Gray? De seguro el jugo de calabaza me hizo daño o sentir tanta paz interior me había alterado las neuronas, quién sabe, igual fue divertido, nunca me hubiera imaginado a la Bruja Mala del Oeste merodeando por una villa, levantando su vestido para que no se ensuciara con el pasto y la tierra húmeda. Ese sueño me mantuvo de buen humor, bajé las escaleras tarareando una de las canciones del musical, en los lugares donde sabía que estaba sola, canté lo más alto que pude.

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Actividad #11

La mayoría de ustedes cree que tuvieron un sueño extraño en el que veían a personajes de libros interactuar unos con otros. Más no fue un sueño, todo pasó, pero ustedes eso nunca lo sabrán. Despiertan cada quien en sus respectivos cuartos, habían estado casi una semana metidos en aquellos libros. Se les informa a mitad de la noche que hay reunión urgente en el Gran Comedor. En dicha reunión se les informa que se ha cambiado de director y profesores.

A cargo del colegio Hogwarts queda como director Charlie Buck, teniendo como mano derecha a un recién llegado Anthonin Dolohov. Daphne Greengrass queda a cargo de vigilar que los alumnos acaten el nuevo reglamento, no se va a permitir que haya rebeldes. Pansy Parkinson queda como vocera y profesora de encantamientos. Como vocera informa la desaparición del famoso Harry Potter, la destitución de Minerva y la inexplicable muerte de Hermione Granger. Durante la semana, se reportan dos muertes, una de un alumno de primer año y otra de uno de tercero, quienes fueron torturados hasta provocarles la muerte.

Crystal: Tus padres están como rehenes de los mortífagos, o eso es de lo que te has enterado. Al saber esto cambias tu actitud hacia ellos, los sigues detestando, en especial a Pansy, quien ahora es tu profesora pero tratas de controlarte y mantenerte al margen para no poner en riesgo a tu familia, pues sabes que pueden usarlos para dañarte donde más te duele.

Rosemary: Eres de las más afectadas, estás inconsolable, perdiste a tu madre y no hay palabras de aliento que te puedan ayudar. Pasas de largo inclusive los castigos corporales, el dolor emocional es más fuerte que la tortura física que se te da. La mamá de Liam trata de hablar contigo pero tú la alejas, no quieres ser grosera pero no estás de buen humor para hablar con un mortífago, aunque sabes que ella es buena persona. Liam te busca y es una de las pocas cosas buenas que te han pasado en estos días, ver que tu mejor amigo ya está bien. Él se acerca a hablar contigo y aunque no eres el alma más animada en estos momentos, le permites que te haga compañía. Te confiesa que acaba de enterarse de una información valiosa para ti, tu madre está viva y a lado de tu tío Harry, lista para acabar con algunos mortífagos.

Danielle: Estás feliz de tener a tu hermano de vuelta, aunque aún tienes la duda y el rencor hacia él por haberte atacado. Te la pasas vigilándolo pues parece tramar algo y lo conoces bien, seguro es algo peligroso que hará que lo terminen matando y esta vez no vas a permitir que termine al borde de la muerte. Te mantienes pegada a tu primo Scorpius y a Albus, pues se les está tratando muy mal. Un día que ellos son enviados al cuarto de castigo, al cual no se te permite entrar, aprovechas ese tiempo libre para pasar a la oficina del nuevo director, tu tío Charlie. Al llegar te das cuenta de que no está, así que aprovechas para hurgar entre sus cosas y te encuentras con varios papeles importantes.

Pansy: Estás en completo desacuerdo con los castigos que se les está dando a los alumnos, por más purista que seas, sabes que no está bien lastimar a niños tan pequeños con encantamientos como cruciatus. Aprovechas tu tiempo como maestra para arreglar las cosas con Cameron, aunque te encuentras preocupada por Blaise, le han asignado una misión muy importante que no te pudo decir de qué se trata.

Scarlett: No sabes nada del mundo fuera de Hogwarts y estás preocupada por tus padres, todas las cartas que tratas de mandarles han sido interceptadas por el nuevo consejo estudiantil de mortífagos, dándote a ti amplia gama de castigos corporales. Quieres ayudar a los demás mestizos que pasan por cosas peores que tú, al enterarte de que varios menores están en la enfermería y dos murieron, pones manos a la obra y comienzas a esconder a estudiantes en tus preciados escondites que hay alrededor del colegio.

Cady: No soportas lo que está pasando y aunque tratabas de mantenerte lejos de los castigos hasta que ves como un pequeño Slytherin muere frente a tus ojos, te rebelas contra ellos atacando al asesino de aquel niño, lo que te hace terminar en la sala de castigos, pero oh sorpresa, terminas encerrada sola en ese oscuro y apestoso lugar con tus padres. A los que no habías visto por años, obviamente te salvas del castigo y te empiezan a explicar el porqué de su desaparición, dejándote claras muchas cosas.

Samuel: Parece que te pagan por estar en la sala de castigos, pero eres fuerte y aunque físicamente te ves acabado, por dentro eres valiente como digno león y no dejas de tratar de meterte en medio de todo aquel que puede ser torturado injustamente por los mortífagos.

Galatea: Estás nerviosa y muy preocupada, pues se rumora que tus padres han sido tomados como rehenes que los mortífagos están usando para negociar y conseguir cosas que necesitan fuera de Hogwarts. Te mantienes con tu usual semblante cálido y esa sonrisa que te caracteriza para mantener tranquilos a tus compañeros de casa. Aunque te habías salvado de la tan nombrada sala de castigos, una noche, mientras vigilabas como buena prefecta, escuchaste cómo torturaban con el encantamiento cruciatus a tu novio y terminas peleando con el mortífago que lo hacía, lo que te hace ganar moretones en el rostro y costillas.

Liam: Has estado tratando de hablar con tu papá, pero el imbécil no entiende razones y te saca la vuelta con excusas tontas, estás harto de eso así que terminas acercándote a tu tío Charlie y a tu madre para hacerles saber tus quejas, como era de esperarse estás metido en líos más que nunca, incluso ya hasta defiendes a alumnos de Slytherin, tal parece que ver tanta injusticia te hizo sentir compasión por casi todo el mundo. Eres Liam Dolohov, odias las injusticias más que nada, así que creas un grupo de apoyo junto a tus mejores amigos, Luna Potter y Nathan Finnigan. Se hacen llamar Los Impuros.

Lily Luna: Has sufrido algunos daños físicos pero han valido la pena, pues has defendido a inocentes, además cada vez que sales de esa maldita sala de castigos, lo haces victoriosa, pues no te arrepientes de confrontarlos. Por tu papá que está desaparecido ni te preocupas, estás segura que está bien, lo conoces mejor que nadie. En el grupo de apoyo que tienes con tus amigos, eres la que se encarga de curar heridas usando cosas que la enfermería te proporciona y también consigues comida usando tus encantos con los elfos.

Daphne: Has estado ayudando a todo el que puedes, aunque has tenido que ser muy precavida e incluso usar tus dotes para el chantaje para lograrlo, pues los mortífagos desconfían de ti, ya que varios vieron cómo defendías a estudiantes impuros. Charlie y tú saben cómo terminará todo, así que permanecen pacientes esperando a que la Órden del Fénix haga lo suyo y todo vuelva a la normalidad en el colegio.

Después de una pesada y difícil semana, donde han sido torturados tanto física como emocionalmente, todos reciben una carta firmada con las siglas BP, donde se les indica que vayan a la Torre de Astronomía por la noche, al principio no le toman importancia, pero si se niegan a ir, un secreto sobre ustedes o su familia será revelado. De igual forma se especifica que no se debe hablar con nadie sobre la carta.

¿Qué secreto? Eso queda al criterio del user, sin embargo debe ser algo que impulse al personaje a ir para que nadie lo sepa. Éste se encuentra escrito en la carta que se les envió. Queda a criterio del user si el personaje revela a otro que recibió una carta.

Sus starters pueden comenzar donde ustedes quieran, el punto es que se encuentren con los otros personajes. Por ejemplo:

  • Cuando su personaje recibe la carta.
  • Cuando está camino a la Torre.
  • En la Torre de Astronomía.
  • Saliendo de la Sala de Castigo.
Spechless

Por primera vez Joyce no se veía a si misma “mal” por sentirse igual que el resto de las chicas. Porque ese tonto baile, en realidad había sido lo más divertido que había experimentado en toda su vida. El inicio fue elegante y hasta emocionante. Los campeones y sus acompañantes parecían haber ensayado un año para eso, y hasta ella tenía que admitir que el bufón se veía bastante bien esa noche. Cuando profesores y alumnos se unieron al vals sintió pánico. Pero bailar con Stephen resultó divertido y sin presión alguna. La cena fue deliciosa y disfrutó mucho de la “música moderna” brincando y bailando con sus compañeros de quinto. Bailó una pieza con su hermano mayor pues efectivamente resultó ser uno de los vigilantes de la noche e incluso cuando le preguntó por sus amigos se atrevió a señalar a Sam, Liam y Lilu.

La segunda prueba estaba por dar inicio ese día, y ella seguía llena de alegría por el baile. Se sentía estúpida, pero le ayudó a empezar los días siguientes con una sonrisa. Incluso algunos alumnos empezaron a saludarla al verla por los corredores. Fue de las contadas chicas que utilizó un color vivo en su vestido y por lo tanto ahora era fácil de reconocer, incluso después de volver a su look habitual.

Entró al gran comedor y se acercó al primer rostro familiar que encontró. –¡Buenos días!–

Día de Mudanza (parte 2)

Llegó la mañana con la cálida luz del sol entrando por la ventana, abrí los ojos intentando recordar dónde estaba, comenzaron a venir los recuerdos a mi cabeza uno a uno e intentaba analizar paso por paso lo que había ocurrido el día anterior, pero al final no tenía ningún sentido seguir pensando en ello.

No me quedó más remedio que levantarme, y como nunca, lo hice temprano pensando en que podría ir a comprar algo para el desayuno y de esa forma agradecerle a Devil por todo lo que había hecho. Hice la cama y salí de la habitación. Me topé con Devil sentado en la mesa sirviendo café en su taza con el desayuno ya servido, cuando me vio parado en el pasillo.

-Hey! Hice el desayuno -me recibió con una sonrisa.

-Shit! Pensé que tal vez no te habías levantado y podría traerte el desayuno -le dije sentándome a la mesa un poco apenado.

-Pues casi -dijo antes de darle un sorbo a su café.

-Cómo dormiste?-

-Bien y tu?-

-Bien también. Entonces, qué me preparaste de desayuno, darling? -

-Café y queque de naranja -dijo pasándome una taza llena y un trozo de queque.

-Te ganaste un Jumbito <3 -dije agradecido

-Qué es eso?-

-Acabas de hacerme recordar que soy bastante mayor que tú -dije con resignación- da igual, te explicaré algún día.-

-Oh vamos, no eres tan mayor! Además jumbito me suena a elefante y eso es igual a trompa… que me quieres decir? -preguntó coqueteando.

-No quiero decir nada! -dije con falsa tristeza- Era un mono que salía en un programa de la tele en los años ‘90.-

-Pues lo buscaré en internet -guiñó un ojo para luego sacar su móvil y abrir el buscador de internet.

-Búscalo como MaravilloZoo -le dije para después darle una probada al queque de naranja, el cual estaba suavemente dulce, pero muy esponjoso, una delicia!

-Pues estoy viendo un elefante de peluche -comentó riéndo al encontrar la imagen.

-Ese es, lo daban de premio en el programa.-

-Es algo tierno. Tú ganaste alguno?-

-No, no, aunque siempre quise uno. De niño era super fan de ese programa -dije con melancolía cuando mi celular sonó. Era un mensaje de texto el cual procedí a revisar de inmediato- Vicci dice que su hermano ya se fue de nuestro apartamento…weird~ Mejor terminemos pronto para irnos hacia allá antes que
llegue el camión de la mudanza.-

-Vale, te sigo -respondió guardando su celular en el bolsillo.

Terminamos de desayunar y nos fuimos al apartamento de Inwood. Llegamos solo 20 minutos antes de que llegara el camión de la mudanza y Vicci ya tenía todo organizado, en que orden y cómo íbamos a meter todo al camión. Típico de él no quedarse tranquilo hasta que las cosas estén en el orden preciso! Pero Vicci no pudo quedarse ya que debía ir temprano al trabajo nuevamente, eso sin antes pedirme encarecidamente que cuidara de Blu, su gato, con mi vida.

Cuando llegó el camión fue cosa de indicarles a los hombres en que orden meter todo y en nada de tiempo, con el camión de la mudanza cargado partimos de vuelta al centro de Manhattan.

Con Devil íbamos en mi auto junto con mi perro, Jazz y Blu, el camión de mudanza justo tras nosotros cuidando no perdernos de vista para seguir nuestro camino.

-Estás emocionado? Porque yo siento que voy a explotar!!! -le dije con entusiasmo a Devil.

-Por supuesto! Estarás más cerca del trabajo, podremos vernos más y es un barrio tranquilo -dijo con una sonrisa.

-Sí. El barrio es muy lindo, me queda súper cerca del trabajo y al lado de Marcus Garvery Park. No está tan cerca tuyo como los que me habías dicho tu, pero aún así quedo muuucho más cerca que antes.-

-Mientras estés cerca, está todo bien -dijo mientras miraba por la ventana.

-Oye, algún día podríamos salir de Manhattan -le comenté pensativo- En esta ciudad ni uso este pobre auto, pero no quiero venderlo, así que debería sacarlo de viaje… Te tinca la idea?-

-Dale! Sería muy genial! La pasaríamos bien -dijo muy feliz y un tanto sonrojado.

-Si hay algún lugar al que quieras ir, me dices no más -le propuse mientras daba la vuelta a una esquina- Aquí es! Ya llegamos.-

Nos estacionamos en la orilla de la vereda justo fuera del nuevo apartamento. El edificio era muy típico de NY, no demasiado alto, de un color blanco marfil, escaleras de incendio que llegaban en zig-zag hasta la azotea y una hermosa puerta de entrada de madera con vidrios empabonados.

Bajamos del auto y comenzamos una conversaciñon trivial mientras esperábamos al camión de mudanza que se había quedado algo rezagado.

-Es el último piso, tenemos casi la mitad de la planta superior -le contaba.

-Es muy lindo -dijo mirando hasta arriba el edificio.  

-Creo que tengo un crush con este edificio.-

-Los pisos son grandes no? -preguntó feliz.

-Sí, super grandes! Ya lo vas a ver -le dije para luego percatarme que el camión daba la vuelta a la esquina para estacionarse tras mi auto- Oye, te parece si subimos a los animales por mientras? Toma, lleva tú al Jazz -le pasé la correa del perro, mientras este le movía la cola a Devil y lamía sus manos- Yo llevo al Blu -dije sacando al gato en su caja de transporte del auto que maulló refunfuñando molesto.

-Dale -dijo tomando la correa y encaminándose con el can dentro del edificio- Este tiene ascensor o tenemos que subir por las escaleras?-

-Hay ascensor, don’t worry. Mira, está ahí al final del pasillo junto a las escaleras.

Subimos por el ascensor hasta el último piso, saqué las llaves, abrí la puerta y entramos al apartamento. Al abrir, te encontrabas con la cocina americana a mano derecha y un gran living/comedor muy espacioso e iluminado con unas ventanas de marco de madera hermosas que daban con la vista a toda la calle.

Devil soltó la correa de Jazz y este comenzó a olfatear todo a su alrededor pasando revista que nada estuviese fuera de lugar mientras que yo puse a
Blu en su caja sobre uno de los muebles de la cocina para que estuviese tranquilo hasta que la mudanza terminara.

-Y? Qué te parece? -le pregunté emocionado.

-Buah! Es perfecto! Que lindo todo, joder! -contestó mirando atentamente la vista.

-Sí, es hermoso, me encanta que no sea tan moderno y tenga ese toque clásico neoyorquino, como si fuese el set de alguna serie de televisión.-

-Pensé lo mismo cuando me mostraste el edificio, tiene su estilo -comentó.

Devil me miraba cuando yo estaba observando la vista por la ventana. Sentí una presencia y al dar vuelta me topé con la mirada del muchacho.

-Pasa algo? -pregunté.

-Nada, solo estaba… No importa -dijo avergonzado al haber sido descubierto.

-A mi sí me importa -respodí acercándome un poco a él.

-Yo… Te estaba mirando -dijo muy sonrojado.

-Sí, me di cuenta -dije entre risas- Pero por qué? No hay mucho que admirar.-

-Cómo que no? Eres muy guapo, por supuesto que hay para admirar -dijo aún sonrojado.

-Pff! Hahahaha! Imbécil -podía sentir que mi cara estaba toda roja, él solo se rió al verme así.

De pronto entró uno de los hombres de la mudanza, un tipo moreno, robusto y mayor que no dejaba ninguna duda de su herencia mexicana. Devil hizo una mueca algo extraña al ver que nos habían interrumpido.

-Oiga joven, ya estamos estacionados, subimos las cosas ya? -preguntó el hombre en típico acento.

-Sí, Jorge, suban las cosas, dejen todo aquí, además de algunos muebles que van en las piezas, no es necesario poner todas las cajas en su lugar, eso lo veo yo luego -le respondí.

-Muy bien, joven. Voy a decirle a los muchachos -dijo el hombre antes de salir del apartamento para dirigirse al ascensor.

-Te ayudo a instalar las cosas? -preguntó Devil.

-Bueno, pero deja que terminen de subirlas primero, que para eso les tengo que pagar -le dije susurrando.

-Está bien, lamento apresurarme.- respondió entre risas.

-Don’t worry -Le dije mientras Jorge volvía junto con su personal y el sofá grande.

Los hombres de la mudanza de Jorge eran realmente eficientes, tan pronto uno salía por la puerta otro entraba justo detrás acarreando dos cajas. Se echabanmlos muebles al hombro como si estuviesen hechos de plumavit y en solo 30 minutos tenían todo dentro del departamento y las camas armadas en las habitaciones. Bajé a despedir a Jorge y pagarle por un trabajo bien hecho para luego volver rápidamente a mi nuevo hogar, donde Devil me esperaba acariciando al Jazz, quien tenía una cara de gusto que daba envidia.

-Al fin! -dije aliviado cerrando la puerta tras de mi- Vamos a soltar a este macho -dije abriendo la gatera de Blu, quien salió lentamente y poco a poco empezó a recorrer su nuevo hogar sin mucha confianza.

-Tendrás que acostumbrarte al espacio ahora -me dijo Devil riéndo- Ya sabes cuál será tu habitación?-

-Aún no sé si la de la izquierda o la de la derecha… -miré hacia ambos lados pensando en ello- La de la derecha tiene vista a la iglesia y la de la izquierda al parque… Tú que opinas?-

-La del parque, no me considero una persona religiosa y la verdad me relaja más el parque, aunque bueno es tu decisión -dijo sonriendo.

-Y sería una buena desición. La de la izquierda será mia entonces, entremos mis cajas así me la pido antes que llegue Vicci, muajaja- dije con maldad.

-Jajajaja, pues mejor te ayudo, así terminamos pronto -dijo mientras se apoyaba en el marco de la puerta.

Rápidamente metimos las cajas en la pieza y las cajas de Vicci en su pieza, luego de un rato estaba todo relativamente en su lugar.

-Ya, deja ahí no más, el resto lo vemos con Vicci luego, además no quiero hacerte trabajar más.-Le dije a Devil. Me parecía estaba algo exhausto.

-No te preocupes, estoy bien con eso -me respondió quitándole importancia al asunto- Además prometí ayudarte.-

-Nah, deja, vayamos a tomar algo y a descansar, luego te voy a dejar a tu casa -le insistí alegremente- Además…quiero pasar tiempo contigo que no sea ordenando cosas -me avergoncé un poco, pero él sonrió muy alegre al escuchar lo último.

-En serio? -preguntó emocionado.

-Sí, en serio. -le dije con tono burlón- Te has portado increíble conmigo este fin de semana y no sé cómo agradecertelo.-le confecé.

-Pues un besito es pedir mucho? -dijo tonteando.

-Sabes por qué no te lo voy a dar -le dije con una sonrisa apenada.

-Pues entonces… -dijo pensando- Me debes un desayuno! -pidió recordando lo que había pasado en la mañana.

-O… podría no oponer resistencia si tu quieres besarme a mi -le comenté sugiriendo como si no importara, aunque el rubor en mis mejillas y el ligero temblor en mis manos, que intenté esconder detrás de mi espalda, me delataban.

-Estás seguro? -dijo de forma coqueta mientras se me acercaba un poco.

-Nope… Pero sí -no me moví ni un centímetro de donde estaba, una parte de mi deseaba esto.

-…Sí? -susurró casi rozando mis labios, lo que me hizo estremecer. Podía sentir su respiración tan cerca que se mezclaba con la mía.

-Sí… -respondí en un suspiro, solo podía concentrarme en sus ojos tan cerca de los míos.

Se acercó hasta cerrar la brecha entre nosotros, besando suavemente mis labios. Podía sentir el calor de su cuerpo cerca del mío, sus suaves labios, su aroma. Sentía que me estaba derritiendo en esa dulce sensación mientras mi corazón latía a mil por hora. Devil sentía un gran calor recorrer su cuerpo y rápidamente puso sus manos en mi pecho. Abrió un poco la boca para rozar con su lengua mis labios, pidiéndome permiso para entrar. No me resistí, ni siquiera lo pensé, solo dejé que me besara como él quisiera y todo lo que quisiera. Así pasamos de un beso suave a uno un poco más salvaje mientras tomaba su cintura entre mis brazos. Se apegó más a mi y sonrió entre besos al
sentir que lo tomaba por la cintura. Se sentía tan bien, todo se sentía tan rico. Me aparté un poco de él solo para poder mirarlo a los ojos a lo que Devil agachó la mirada totalmente sonrojado y soltando una sonrisa nerviosa. Le di un abrazo muy apretado y apoyé mi cabeza en su hombro.

-Maldito enano -dije a modo de broma e intentando evitar que viera mi cara de alegría.

-En el fondo me amas -respondió a mi broma mientras correspondía a mi abrazo.

Lo miré con extrañeza al escuchar su respuesta.

-De dónde saliste tan vanidoso?! -le dije bromeando y comencé a hacerle cosquillas en castigo- Enano vanidoso!-

-P-para~! -dijo entre carcajadas.

-Ya, vamos a tomar algo -le dije al dejar de hacerle cosquillas- trajiste algo para abrigarte o andas así no más?-

-Por supuesto que traje -me indicó la chaqueta de cuero que estaba sobre el sofá.

-Póntela y vamos andando antes que se nos haga más tarde -le dije mientras me ponía un polerón.

-Dale -dijo mientras se ponía la chaqueta y se arreglaba el pelo un poquito.

Salimos del edificio y fuimos a un local a unas calles de distancia. Era un local pequeño de alimentos naturales, de colores brillantes, esos donde ponen los productos y precios anotados en pizarras con tiza, tenía un toque un poco hipster.

Ahí pedí smoothies para cada uno y nos sentamos en una pequeña mesa cerca de la ventana.

-A veces paso por aquí a comprar cuando estoy en el trabajo, ojala te guste.-

-Sip -dijo probrando su smoothie- Por supuesto que sí, está delicioso!-

-Te puedo preguntar algo?-

-Sí, dale, te reponderé lo que sea- dijo mirándome mientras daba otro sorbo-

-Nah, no tienes que hacerlo si no quieres -tomé un sorbo de mi batido antes de hacer la pregunta incómoda- Por qué terminaste con tu ex?-

-Porque ya no estaba sintiendo lo que debería sentir por él. Me estaba agobiando mucho. Es una persona super suceptible, se pone triste fácilmente
y eso me estaba cansando emocionalmente, me contagiaba los estados de ánimo y simplemente… ya no me sentía cómodo con él -dijo intentando resumir
todas las cosas con un tono apesadumbrado y algo incómodo.

-Mmmmh… ya veo, es entendible. Quizás él también estaría mejor con otra persona. Osea! No me lo tomes a mal, me refiero a que a veces las personas no son para estar el uno con el otro, y no es porque no quieran, sino porque sus personalidades no son las idóneas para estar en una relación y eso es todo. Me entiendes? -dije preocupado de no hacerlo sentir mal.

-Sí, entiendo. Es una de las razones por las que terminamos, no me sentaba bien estar fingiendo lo que sentía, no era bueno ni para él ni para mi. No era justo para ninguno de los dos. -dijo con mirada pensativa.

-Sip -me sonreí pensando en la forma de ser de Devil.

-Además, apareciste tu -dijo sonrojándose.

-AH?! Q-qué tengo que ver yo?! -le dije sonrojado y exaltado.

-Eso, que en cuanto apareciste me di cuenta que había tomado una buena desición y que nada más importaba.-

-Yaaaaaa… -le respondí nervioso- Me haces sentir culpable.-

-No lo sientas -rió ligeramente- Tu solo me hiciste sentir lo que no había sentido en meses.-

Puse cara de idiota todo sonrojado al escuchar esas dulces palabras y solté un risita nerviosa, con lo que Devil se sonrió con gracia acariciando mi mano con la suya. Le devolví la sonrisa con dulzura y tomé su mano entre la mía.

–Fin–

había decidido abandonar por un momento el gran comedor, necesitaba tomar algo de aire. si bien no fue muy lejos, sus pasos la llevaron hasta el pasillo, corazón palpitando al ritmo de la música y ansias de ingerir un trago más. hacía tiempo ya que no se divertía de esa manera, tiempo que el alcohol no recorría sus venas como aquella noche. en el momento en que se percató de la presencia de un tercero, sus claros orbes viajaron en su dirección. “hey, . ¿tienes cigarrillos?” había perdido la cajetilla en algún momento, ¿cuándo? de eso no tenía idea.

Rosa Suave  *Guillermo es como el color rosa: suave, inalcanzable, delicado. Soft es la casa de citas donde él trabaja, una organización dirigida por Lluvia, la persona que lo cobijó cuando lo necesitaba. Samuel De Luque es uno de los clientes más adinerados y particulares de Soft, Guillermo tendrá que saciar las fantasías del hombre, y se dará cuenta de lo placentero que puede ser recorrer un camino lleno de sexo y chocolate. Contiene escenas +18 2/2

a pasado una semana desde la fiesta y Alex todavía no puede superar el hecho de que Samuel De Luque pagó por estar en mi habitación en vez de la de él

Estoy sentado en la mesa fingiendo que no siento su mirada filosa puesta en mí, no ha dejado de asegurar que de alguna manera lo envolví para que me eligiera, técnicamente lo hice, pero no tiene por qué saberlo. Andrés, Wilmo y Amalia también fingen que no hay un silencio sepulcral mientras desayunamos.

Andrés es un afroamericano atractivo que usa el color dorado, su cabello le llega a la barbilla, la verdad es que nunca había visto a alguien tan hermoso, me agrada pues es chispeante; Wilmo tiene el color negro, es una pelirrojo misterioso, callado, es el tipo de chico que no habla a menos que sea necesario; y Am, él es mi favorito, un mexicano que suelta palabrotas que no entendemos, es descarado. Tranquilo, pero capaz de convertirse en un maremoto peligroso, de color celeste como sus ojos.

Este último me lanza miradas y muecas graciosas, imitando los gestos compungidos de Alex, debo apretar los labios para no carcajearme, lo último que necesito es alterar más a el pobre.

—No puedo creerlo, es que algo debiste hacer para que se fijara en ti, ¿por qué lo haría teniéndome a mí? —Me muerdo la lengua, pero mi amigo no mide sus palabras.

—Acéptalo ya, Alex, se aburrió de tu ano, así como yo me estoy aburriendo de tu envidia.

—Yo no le tengo envidia a nadie, tengo los mejores clientes, querido. —El pelinegra arruga los labios haciendo un puchero.

—¿Desde cuándo esto se ha convertido en una competencia? —pregunto. Me estiro para

alcanzar el plato con trozos de melón, cojo unos cuantos, a pesar de que ya comí mi ración del día.

—Desde que me robaste a De Luque—dice, señalándome con su dedo índice. Giro los ojos, harto de su actitud infantil, abro la boca para mandarlo a la mierda, incluso cuando la tengo llena de comida, pero alguien me interrumpe.

—La verdad es que sí, la boca de Guillermo me cautivó, no hay más que decir. —Me atraganto con el melón al reconocer su inconfundible timbre. Amalio palmea mi espalda cuando se da cuenta de que no tragué bien y estoy a punto de morir por ahogamiento, escucho sus risitas silenciosas, sin duda divertida por la escena.

Alex se levanta y se acerca al castaño como si le hubiera pedido que lo hiciera. Está en la entrada del gran comedor, con un tipo vestido de negro cuidándole la espalda. Todo se ve demasiado pequeño si lo comparo con De Luque, él embriaga el sitio, no puedes evitar contemplar su imponente altura, su complexión. De día sus ojos son más caramelos, como dos gotas de café. Su cabello es más castaño y se ve más apuesto que nunca.

Aparto la vista cuando la suya me busca, todavía sigo molesto por lo que pasó hace una semana. Me hizo recordar los viejos tiempos, no me gusta que eso pase, por ese motivo me escapé de mi realidad.

No pasa desapercibido para mí que tiene privilegios que otros clientes no poseen. No es normal que caminen en Soft como si fuera un parque de exhibiciones, tienen que ir a una oficina después de hacer una cita con Lluvia. De todas formas, tampoco es normal que haya pagado antes de la subasta.  Definitivamente algo raro pasa con él.

A pesar de que quiero mirar, controlo mis ansias, no levanto la cara ni aparto la atención de mi tenedor, ni siquiera cuando escucho los traqueteos de los tacones de Alex alejándose del comedor, seguro porque ha hecho otras de sus conocidas rabietas.

—Guillermo, ¿podrías subir a tu habitación? —pregunta Samuel desde su sitio.

—No puedo, señor De Luque, estoy desayunando, luego tengo que ir al estilista, a las dos iré a una

comida, y llegaré tan cansado que no tendré tiempo para nadie más —digo, mordisqueando la fruta. Wilmo y Andrés me observan con los ojos desorbitados, Amalio actúa como si estuviera viendo una obra de teatro.

—Eso ya lo sé, delicia, por eso Lluvia ha limpiado tu agenda del día de hoy. —Mi mandíbula se desencaja, no puedo hacer más que enfocarlo con enojo—. Sube a tu cuarto, por favor.

Me levanto de mi asiento con molestia, arrastrando la silla, provocando que un rechinido rebote en las paredes. Salgo de la estancia esquivándolo, dando zancadas largas hasta que llego a la base de las escaleras, subo a la segunda planta corriendo; no me detengo, entro a mi cuarto y azoto la puerta.

Samuel entra minutos después moviéndose con parsimonia, luce tan calmado que me dan ganas de sacudirlo para que reaccione. Se interna y camina, se detiene frente a un sillón, entonces se deja caer, extiende las piernas y cruza los brazos sobre su pecho con una sonrisita jugando en sus labios.

—Malhumorado por las mañanas, debo recordarlo —dice con sus diamantes de caramelos brillando—. Acércate, delicia, he pensado en ti toda la semana, que no te acerques me está enloqueciendo.

—No quiero acercarme, señor De Luque—digo, seco.

—Una lástima, ya pagué, así que ven acá y siéntate en mi regazo.

Tomo un respiro profundo para calmar la furia que empieza a correr por mis venas, de igual forma, no puedo evitar sentirme atraído por ese hombre prepotente y formal. Me aproximo a él, sintiendo adrenalina, no sé si es porque quiero sentirlo o porque quiero quebrarle la nariz, tal vez un poco de ambas cosas. Sin más remedio, me siento a horcajadas en su regazo, su brazo aferra mi cintura como si fuera una cadena y me pega a su pecho.

—¿Por qué estás tan enojado conmigo? No entiendo, necesito saberlo para solucionarlo —susurra. Una de sus manos se apodera de un mechón de mi cabello, creo que va a acomodarlo, pero se entretiene jugueteando con las hebras.

—Me rechazaste, hice todo lo posible para que te sintieras cómodo, para que supieras que estaba disfrutando. Fuiste amable y luego me insultaste. —Sus párpados se abren con sorpresa, sus dedos se detienen debido al impacto.

—Nunca quise insultarte, Guillermo, no estaba rechazándote, es una regla que me he impuesto, no tengo sexo con nadie si lo único que sé es su nombre. —Al principio creo que está bromeando, pero no se ríe, casi no puedo creer lo que dice. Después me siento tonto por haberle dicho todo eso, después de todo, no es su obligación acostarse conmigo—. Pero eso no borra que me muero por saber si tu sabor sigue siendo tan dulce como lo recuerdo ni las ganas que tengo de entrar en ti y sentir cada centímetro de tu cuerpo.

—No sé qué decir —confieso, relajándome en sus brazos y rodeando gustoso su cuello. Sumerge su nariz en mi cabello, donde respira hondo, suelta un gruñido de apreciación. Se echa hacia atrás, buscando mis ojos.

—Yo sí sé, tengo algo que decirte o, más bien, proponerte. Ya lo hablé con Lluvia, no hay problema con ella, pero quiero saber qué es lo que tú piensas. —Se aclara la garganta—. Nunca había disfrutado tanto como esa noche, me encantó porque pude compartirlo contigo, te dejaste llevar y lo disfrutaste también. Me gustaría que fueras mi Softie personal, ya sabes, solo mío.

Intento que no note mi sorpresa, lo miro anonadado, ¿es lo que me propone posible?

—Eso suena muy territorial, señor De Luque—ronroneo, juego con el cuello de su camisa y sonrió de lado cuando él se remueve, alterado—. ¿Sería como tu asistente personal?

—Jugueton —dice, suelta una risita que repercute en todas mis terminaciones nerviosas. Sus dedos aprietan mi piel, no suaviza el agarre, yo tampoco lo suelto ni planeo hacerlo—. Tendrías que estar disponible para mí a cualquier hora, cualquier día de la semana. Ser agradable en las fiestas, leer un poco sobre tecnología, tengo algunos libros que podrían servirte. No hacer preguntas de mi vida privada, así como yo respetaré la tuya. Habría un montón de besos, muchas caricias…

—Pero nada de sexo —digo, interrumpiéndolo. Samuel sonríe, condescendiente, y se encoge de hombros—. ¿Voy a poder acariciarte o eso de las caricias quiere decir que solo tú podrás acariciar?

—¿Qué tienes en mente? —La cuestión me sabe dulce, como un reto.

Muevo mi cadera en contra de la suya, friccionando su miembro. Rozo con mis manos su pecho, su torso que se flexiona al sentirme, delineo el borde de su cinturón sin despegar mis ojos de los suyos. Una sonrisa maliciosa se apodera de su boca, cuando se apoya en el respaldo sé que me está dando permiso. Entonces me deshago del cinturón, desabotono el pantalón y bajo el cierre. Acaricio su pelvis antes de tomar con firmeza su longitud, logrando que gima ruidosamente. Saco su erección, tenues espasmos hacen que salte como un pez fuera del agua y me haga sonreír. Me bajo de su regazo, hincando las rodillas en el sofá, me inclino hacia ese miembro que comienza a endurecerse.

Beso la punta, Samuel pone una de sus manos en mi espalda, la cuela debajo de mi blusa de tirantes y acaricia mi piel. Su olor viril es más de lo que puedo soportar, mi boca se hace agua, así que empiezo a lamerlo de la base a la punta, lengüetazos que le roban suspiros y jadeos, expresiones que me alientan. Lo introduzco a mi boca hasta tragarlo entero, y lo siento crecer, endurecerse con rapidez. Dejo escapar un suspiro soñador al darme cuenta de lo mucho que está disfrutando, mis manos buscan sus testículos para tantearlos y elevarlos. Paseo mi lengua por esa zona, mi saliva lo vuelve brilloso, seductor apuntándome para que no deje de atenderlo. Es grueso, cálido y palpitante.

—Oh, delicia, desde que te vi supe que esa boquita sería mi perdición —susurra con la voz ronca y temblorosa antes de gruñir, empuja sus caderas para introducir más su pene en mi boca. Lo recibo, lo engullo y lo acaricio con mi lengua.

Hace puños mi cabello para poder admirar cómo disfruto de su erección, cómo saboreo su virilidad. La visión lo trastorna, vocifera maldiciones. No dejo de moverme, aumento el ritmo y succiono. Eso es todo lo que aguanta, Samuel explota, gustoso trago el líquido caliente, escuchando una melodía de gruñidos de placer que queman mis sentidos.

Cuando lo dejo ir, vuelvo a montarme en su regazo, sudor cubre su frente, tiene la nuca apoyada en el respaldo y sus labios están entreabiertos. Es hermoso, tan bello que podría hacer una escultura de él.

—Todas las caricias que quieras están permitidas —susurra, abriendo con lentitud los párpados.

Abro la boca para hablar, sin embargo, me silencia amasando mis labios con los suyos. Me consume con un beso abrasador, sus manos se introducen en mi cabello, acercándome más a él. Lo beso de vuelta, permito que nuestras lenguas se acaricien y mi corazón se dispare; los latidos desenfrenados me asustan, pero al mismo tiempo me recuerdan que estoy vivo.

AVISO IMPORTANTE: esta era una historia corta que decidí alargar y continuar. A la gente que leyó la versión anterior le aclaro que voy a narrar los 5 meses que no pude mostrar antes, y sí, le daré otro final, así que lo que van a leer a partir de aquí son los meses en los que ellos se conocieron y luego sigue lo demás (lo comento porque creo que no quedó claro). A la gente que no tiene idea de qué estoy hablando… no se preocupen, solo sigan leyendo y sean felices :D

* * *

Me doy la vuelta en la cama cuando escucho que alguien toca la puerta, abro un párpado y observo el reloj que reposa en mi mesita de noche. Lanzo un gemido porque las siete y media es muy temprano, quiero dormir un poco más. No muevo ni un músculo, esperando que la persona en el exterior claudique, pero no detiene los golpeteos. Suelto un resoplido, me levanto como un resorte y camino hacia la entrada de mi habitación. Abro, listo para soltar una serie de improperios, el alma se me va a los pies al encontrarme a Samuel sonriéndome, sus ojos chisporrotean con lo que creo es alegría, aunque no lo comprendo.

Recompongo mi semblante e intento que el malhumor no se me note, él suelta una risita y me agarra de los hombros para obligarme a entrar. Cierra la puerta una vez que estamos adentro.

—Solo quería comprobar, al parecer tu enojo por las mañanas es recurrente —murmura con el timbre enronquecido.

Me cruzo de brazos y le doy una mirada afilada, de pronto me siento incómodo en mi short corto y blusa de tirantes, creo que es la primera vez que un cliente me ve desarreglada. De todas formas, ¿por qué está aquí? Sé que se supone que soy su Softie personal, pero mi horario de trabajo empieza más tarde. Me abrazo a mí mismo como si eso pudiera esconderme de sus ojos escrutadores que no paran de recorrerme de arriba abajo.

—¿Y no se te ocurrió venir a comprobar más tarde? No lo sé, solo digo —murmuro dándole una mirada por debajo de mis pestañas.

—Sí, pero entonces no habría podido verte así. —Aplano los labios para no sonreír, su ceja alzada me tienta demasiado.

—¿Así cómo? ¿Fachoso? Si Lluvia me descubre voy a ganarme una amonestación. —Mis labios forman un círculo, lo esquivo para dirigirme a mi armario, me pondré una bata por lo menos—. Voy a ponerme algo más apropiado…

No puedo terminar, Samuel agarra mi codo y me da la vuelta con violencia, haciéndome tambalear. Sus brazos encadenan mi cintura, apretándome fuerte contra él. Pestañeo para ubicarme, coloco mis manos en sus hombros duros para sentirme seguro. Dios, ¿qué demonios le pasa? No puede ir por ahí haciendo estas cosas, todavía me siento mareado.

Cuando logro estabilizarme, su sonrisa lobuna me hace estremecer, barro sus facciones hasta que encuentro sus pupilas y me trago un suspiro; es muy hermoso, tanto que pronto olvido qué iba a decirle. Me quedo en blanco contemplando la negrura acaramelada de ese par de ojos.

Mi respiración falla al sentir cómo sus palmas calientes bajan por mi columna para apretar mi trasero y restregarme su notable erección. Rodeo su cuello inconscientemente, cierro los espacios existentes entre los dos.

—Me gusta tu short, puedo hacer esto con facilidad. —Suelto un jadeo cuando mete sus manos debajo de la tela, Samuel aprieta mi trasero separando las mejillas y uniéndolas de nuevo repetidas veces. Me derrito y me dedico a disfrutar los roces deliciosos que hacen que bamboleé mis caderas, buscando fricción. No sé cómo mierdas voy a soportar sin sentirlo en mi interior, quizá pueda seducirlo hasta que se le olvide que no puede tener sexo conmigo—. Eres tan suave.

Su cabeza baja hasta que su boca se coloca frente a la mía, abre sus labios y sopla su aliento, me acerco un poco a él, quiero que me bese. Saca sus manos de mi short, entonces creo que va a alejarse, no obstante, comienza a caminar obligándome a dar pasos de espaldas.

—¿Qué haces? —pregunto y lanzo una risita que se convierte en carcajada ya que sus manos se

internan entre mis piernas para elevarlas. Rodeo su cadera con mis muslos y me aferro a su cuello—. ¿Estás de buenas o siempre eres tan encantador?

—Estoy de buenas porque un angelito me hizo delirar ayer, sus manos me volvieron loco, ¿sabes? —Me muerdo el labio inferior.  Refugia su nariz en mi oído, donde respira y me hace suspirar, lo siento olfateando mi cuello, la base de mi oreja. Después reparte besos que me ponen la piel de gallina—. Y vengo por la dulce mermelada de mi desayuno.

—Oh, diablos —maldigo entre dientes, es tan ordinario, y a la vez tan excitante. Siempre dice cosas que me hacen apretar los músculos, relamer mis labios. Siento que palpito por todas partes, que me humedezco por todos los rincones, que lo necesito cubriéndome.

Sigue caminando hasta que llega a mi largo sofá, se arrodilla sin soltarme y me recuesta en el. Se cierne sobre mí y hunde su rostro en mi cuello, su lengua recorre mi piel, succiona de vez en cuando, me hace perder los sentidos.

—Lamento despertarte tan temprano, tú tienes la culpa por saber tan rico. —Siento cómo la humedad incrementa entre mis bragas, cómo mi miembro pide a gritos que lo toque.

—Ya que tú hiciste concesiones ayer, creo que haré lo mismo… —Hundo mis dedos en su cabello y cierro los párpados. Recorre mis clavículas con paciencia, mientras sus manos van subiendo la fina tela de mi blusa hasta que descubre mis tetillas desnudas—. Tú puedes despertarme temprano siempre y cuando hagas esto.

Siento su sonrisa, lo próximo que sé es que ha atrapado mi pezón con su boca, al tiempo que una de sus manos se escabulle entre los dos e introduce su mano debajo del short y de mis bragas. Me encorvo para ofrecerle más mi tetilla y suelto un jadeo cuando su dedo se introduce entre mi orificio, Samuel suelta un gruñido y succiona mi montículo, entretanto su índice comprueba cuan resbaloso estoy por él.

—Se me está haciendo agua la boca —murmura con la voz ronca. Deja mis tetillas y se levanta, me desnuda de la cintura para abajo con maestría. Apoyo mis codos y levanto la cabeza para poder observarlo.

Me da una mirada cargada de lujuria al tiempo que se hinca en el suelo, pues es demasiado grande como para que quepa en el sillón. Abre mis piernas colocando una en el descansabrazos, la otra queda fuera del sofá. Sus manos me acercan a él, su nariz queda frente a mi entrada.

Aprieto mis puños para aguantar el calor que me recorre cuando aspira y exhala, haciendo que su respiración se estampe justo ahí. Echo la cabeza hacia atrás y aprieto mis músculos anales pues las cosquillas que me producen sus dedos en mis pliegues me están trastornando. Se me olvida al sentir a su lengua recorriéndome tan lento, se toma su tiempo, y eso me hace perder la razón.

Encuentra mi punto y yo convulsiono.

—Samuel… e-eso se siente muy bien —susurro. Con suavidad hace círculos alrededor de mi botón hinchado sin rozarlo, acumulando la tensión.

—¿Bien? Quiero que se sienta alucinante —murmura.

—¡Ah! —exclamo cuando succiona mi bola de nervios y acelera el ritmo, corrientes eléctricas suben y bajan por todo mi organismo. Sus dientes en mi carne hacen que suelte un gemido. Encorvo la espalda, sintiendo tan cerca la liberación, sin embargo, él se detiene hasta que los temblores de mis piernas cesan y vuelve a comenzar; aumenta la intensidad, y vuelve a parar justo cuando estoy a punto de explotar. Los lengüetazos son certeros, está haciendo movimientos y presionando en los lugares adecuados—. Por favor…

Lloriqueo, intento mover las caderas, pero él las aferra con sus manos, abre más mis piernas y yo me pregunto por qué me está haciendo esto. Cambia de posición y estimula otra zona, repite el proceso, indaga en cada espacio. Quiero echarme a llorar porque no sabía que se podía sentir así de increíble. No importa cuánto apriete, cuánto quiera soltarme, sigue aumentando en vez de salir.

—Por favor —le pido, él se detiene para que no alcance el orgasmo una vez más—. ¡Mierda!

Uno de sus dedos da golpecitos en mi ano antes de hundirse y bambolearse. Me recuesto, ya sin poder soportar mi peso y me entrego a él porque no puedo hacer más, es una tortura

delicioso; aunque quiero llegar, no quiero que termine.

—Qué delicia, me fascina tu sabor, tu olor, tu textura, cómo te sigues humedeciendo.

Pierdo la noción del tiempo, me sumerjo en la marea, me eleva al cielo; ahora sé que hay personas que sí pueden llevarte a las estrellas.

—¡Sí! —grito convulsionándome cuando llego al orgasmo, siento cómo mis ojos se hacen hacia atrás, mis costillas se elevan—. Mmmh…

Abro los párpados y veo sus pupilas, le doy una sonrisita de lado, apreso su cadera con mis muslos. Su pantalón de mezclilla se restriega en mi zona sensible, puedo sentir su gran bulto.

—¿Qué tal su mañana ahora, señorito? —pregunta. Le doy un golpecito a la punta de su nariz con mi dedo, jugueton.

—Mejor. —Su sonrisa sincera me hace sonrojar, así que me aclaro la garganta, no obstante, él se da cuenta, baja la cabeza para darle mordiscos a mi pómulo.

Nuestros labios terminan encontrándose, me besa con pasión, su lengua acaricia la mía y la gobierna a su antojo, suelta un gruñido antes de profundizar. Inconscientemente envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y lo pego a mí, le regreso el beso de la misma manera, nuestras respiraciones se hacen pesadas, mis labios los siento calientes e hinchados, pero no me importa porque es el mejor beso que me han dado, atrapo su labio inferior y le doy un jaloncito. Al parecer el gesto le agrada, Samuel ruge y se desliza por todo mi cuerpo, recorre mis tetillas, mi cintura y mi cadera con las manos. Con mis talones empujo sus muslos, haciendo que su pene se encaje en mi entrada, no es que esté pensando en otra cosa a pesar de que me encantaría, solo quiero sentir los roces de su miembro.

Él se tensa, inmediatamente me arrepiento de haberlo hecho pues se levanta como un rayo luciendo agitado. Sí, acabo de romper la burbuja y estoy ardiendo.

—Te dije que eso no, Guille. —Ahogo en mi garganta el deseo de suplicarle que pierda el

control, no quiero acabar en la ducha acariciándome sin él, pero su ceño está tan tenso que por un minuto creo que romperá el acuerdo. Se talla la frente y cepilla su cabello castaño con los dedos.

Me siento, con rapidez busco mis bragas y me las pongo sin mirarlo, luego me quedo quieto mirando un punto en la alfombra, mientras escucho cómo empieza a caminar de un lado para otro al igual que un león enjaulado.

—No me gusta que me orillen a hacer cosas que no quiero, así que te pido que no vuelvas a intentarlo o esto se acabará, se lo pediré a otro que sí pueda seguir las reglas. —Rechino los dientes, mi lengua la siento pesada, respiro profundo para tranquilizarme y no mandarlo a la mierda. Ni siquiera sé por qué me molesta que esté insinuando que puede sustituirme con tanta facilidad, quizá es porque el día que lo conocí me hizo sentir especial, tal vez este es un llamado de atención para que no me ponga a flotar. Ya una vez me pasó, no pienso caer en lo mismo dos veces. Tengo que aguantar porque, después de todo, él es el cliente y sus deseos deben de ser cumplidos—. Ya tengo que irme, tengo una reunión en media hora y no puedo llegar tarde. En unas horas vendrán unas personas a traerte algunas cosas que te compré, mis acompañantes deben de ir impecables y elegantes a mi lado, por eso me tomé la libertad de elegir lo que creía conveniente, Lluvia me dio tu talla de todo. También te traerán libros y revistas relacionadas con la tecnología y la empresa del abuelo, entre otras cosas que deberás leer por si necesito que me apoyes en alguna conversación, aunque la mayor parte del tiempo no tienes que hacerlo. Le diré a mi secretaria que se contacte contigo para que te ponga al tanto de mi agenda y así sea más fácil que estés enterado de cuándo voy a necesitarte. Si necesitas ayuda para elegir los atuendos, por favor pídele ayuda a Lluvia. Nos vemos después, Guillermo.

Sale del cuarto sin más, dejándome solo mirando el mismo punto de la alfombra. Él acaba de levantar una pared de hielo entre los dos, me está mostrando lo que soy, me ha puesto en mi lugar porque me atreví a dar un paso, no debí haberlo hecho, pero creí que estaba bien porque la primera vez que nos vimos me dijo que quería que fuera yo mismo, y en ese momento me nació sentirlo contra mi pelvis. Trago saliva, se refería a que haga lo que se espera de mí, no lo que en verdad me gustaría hacer. No me quejo, después de todo me paga para ser el muñeco que puede vestir, adiestrar, y que sonríe aunque en el fondo quiera llorar.


1ERA PARTE: 

Desde que comenzó su día, se llevó una gran sorpresa, si bien en un principio se asustó pensando que tal vez ya estaba loca, a los pocos minutos empezó a imaginar todo lo que podía hacer estando en el cuerpo de un hombre. Pero había algo que la detenía, su conciencia no le permitía hacer algo que metiera en problemas a Frank, no podía hacerle eso a un Longbottom. Hubiera sido mejor para ella si hubiera despertado en el cuerpo de un Slytherin, ya tenía en mente yo lo que podría hacer hecho, un buen corte de cabello no estaría mal, o ¿Por que no? besar hombres también, en Slytherin algunos no eran feos, pero no podía hacer nada eso. Así que se encaminó rumbo al gran comedor—Veamos, veamos, ¿qué tanta comida podré comer antes de terminar en  la enfermería? ¿Los elfos se enojarán si alguien utiliza los jardines como baño personal?— lanzó las preguntas al aire, soltando una carcajada al finalizar su segunda duda, le gustaría hacer lo segundo, pero por otro lado no quería meter en problemas a Frank, y ahora se planteaba otra cosa, ¿En donde rayos estaba su cuerpo? por más que intentó entrar a su dormitorio, las escaleras insistían en transformarse en toboganes.

I bet that you look good on the dancefloor.

A pesar de que las clases recién comenzaban, Galatea ya se sentía agotada: habían pasado cosas que nadie creía aún, había empezado con el pie izquierdo en transformaciones (cosa que sorprendió a todos, incluso a ella) y ahora, la joven se encontraba sentada frente al tocador de su habitación mientras aplicaba una ligera capa de maquillaje a su rostro, en el cual, sólo estaba afinando pequeños detalles para lucir perfecta para esta noche. Continuando con su “ritual de belleza”, la tejona aplicó una clara sombra a sus ojos y un labial rojo a sus carnosos labios, dándoles el papel principal de su look, siendo éstos lo más llamativo que verían en su persona esta noche. 

Acto seguido, la joven comenzó a preparar su cabello utilizando una poción que la tía de Fred, Hermione, le había recomendado usar un par de navidades atrás, asegurando que era capaz de domar el cabello más rebelde (puesto que lo había hecho con el suyo). Tras sentirse finalmente lista, la joven simplemente fue en busca de su atuendo, mismo que su madre había insistido en que Galatea llevara al colegio… Y ahora agradecía haber hecho caso. Sin más, la joven echó un último y rápido vistazo a su reflejo y, después de haber sonreído satisfecha, finalmente emprendió camino al gran comedor, lugar donde su cita ya estaría esperándola. 

Cuando, con el nerviosismo a flor de piel, cruzó aquellas grandes puertas, la joven Hufflepuff no pudo evitar sentirse apenada mientras buscaba a su pareja entre aquel tumulto de gente que repentinamente había clavado sus ojos en ella. A pesar de su nerviosismo inicial, éste desapareció cuando Galatea vio a un sonriente Alex Longbottom caminar hacia ella con una ladina sonrisa en el rostro y un vaso de ponche para ella.

A partir de ese momento, ambos jóvenes comenzaron a bailar, hablar y cantar (¿por qué no?) cuando aparecía una canción de la cual ambos disfrutaran, más, conforme avanzaba la noche, la bebida en su manos se vaciaba, por lo que Alex dejó a la joven un par de segundos sola mientras ella continuaba bailando, esta vez sola, sin notar que alguien se acercaba a hablar con ella…

#4

Salgo de ducharme poniéndome unos jeans, unos tenis  y solo una sudadera intento evitar a toda la multitud encontrada en la pizarra de anuncios, no parecía hora de la cena con toda esa gente ahí…Salí evitando un poco a los conocidos y llegue a al gran comedor, tome uno de los emparedados y en una cantimplora vacié un poco de chocolate caliente. Salude a los que lo hacían y emprendí mi camino re regreso a la sala común…. Lo cual fue una odisea, pues la misma multitud que había dejado en la sala común venia de regreso… me recargue en uno de los pilares esperando a que pasaran y poder regresar.

Al entrar a la sala me pare frente a la pizarra de anuncios notando la razón del tumulto, le di una mordida a mi sándwich analizando el cartel por un momento, era extraño pero me agradaba la idea de cambiar un poco de ambiente…Escucho que se abre el recuadro reconociendo las voces, eran James, Zack y Fred, como siempre riéndose de sus cosas, pareciera que seguía sin importar , tomo mi cantimplora regresando al cuarto vacío; termine de cenar para después dormir  pues mañana entre más temprano saliera mejor.

Tome una mochila puse la cantimplora previamente limpiada con magia, guarde na chamarra y unos cuantos dulces que tenía en mi mesita de noche, puse una manta y un gorrito, no sé porque lo guarde pero lo hice,  era una buena idea acampar… o rentar una habitación en una de las cabañas, podría hacer ambas revise bajo mi colchón y saque el dinero que tenía guardado y tome el que estaba en el sobre del permiso que apareció en mi mesita de noche, Papá estaba enterado…

-Crys es tempranísimo…- escucho la voz de Anabelle quejándose con el cabello enmarañado…

-Para ti… te veo en la taberna más tarde- me despido tomando mi escoba que descansaba a un lado de la puerta bajo corriendo pasando por la sala que estaba ya ocupada por algunos alumnos, sobre todo los más chicos que tenían la oportunidad de ir, saludo a unos cuantos que me ven como si yo pudiera ayudarles o algo, Salí casi corriendo pues había escuchado abrirse la puerta de los hombres y no quería interrupciones…

Baje hasta las escaleras de mármol notando el gran movimiento que había ya, alumnos por todos lados, salí a los jardines caminando en dirección al campo de quidditch que empezaba a tener un rió de personas caminando a su lado, no quedaba mucho tramo pero si era tiempo libre seguro podía llegar volando, por lo que monte en mi escoba , le eleve lo suficiente y con una velocidad lenta, me encamine al centro del pueblito.

Aterrice cerca de la tienda de  plumas y de la de los artículos de moda de mi amado Zabini Padre…me acomode mi mochila dejando flotar mi escoba un momento, mire el lugar, eso nunca cambiaría, era tan hermoso, mire a mi alrededor notando las cabañas cercanas, mi idea era dejar todo ahí en una habitación  y acampar cerca. Tome mi escoba pero al querer avanzar no pude, así que voltee a mirar que era con lo que se había detenido mi escoba….

Kensington Gardens

— No le gustaba estar sola en su casa mientras sus padres trabajan por eso caminaba por las calles de Londres feliz de regresar, la verdad es que ya necesitaba la tranquilidad de su hogar después de la forma en la que termino el año escolar. La noche del baile no había podido dormir después de ver a Elise colgada en el Gran Comedor, era algo que nunca olvidaría. Sonreía suavemente mirando el parque que estaba lleno de personas, todos estaban disfrutando de sus vacaciones como ella pero a lo lejos miro un puesto de libros lo que la hizo sonreír mientras se acercaba emocionada— Por merlín, esto es perfecto. Ya encontré que hacer este verano —dijo mientras agarraba un libro ignorando que el señor la mirada extrañado por su exclamación—

Frank se dejó caer derrotado en uno de los asientos de la mesa de Gyffindor, el Gran Comedor no se encontraba especialmente abarrotado, pero la verdad era que Longbottom ni siquiera lo había notado, se encontraba exhausto, las clases no habían sido el problema, sino el hecho de haberse ofrecido ayudar a una alumna de tercer año a organizar un grupo de estudio ¡Grave error! pensó que solo sería un apoyo y no le tomaría mucho tiempo pero, se había equivocado; gastó toda su tarde en ayudarlas y por supuesto, no había hecho ninguno de sus deberes, pero, sabía que primero debía comer antes de desvelarse por todos los ensayos que debía terminar de redactar.

Le dio un gran sorbo de jugo de calabaza pensando en que se sentía tan cansado que ni siquiera sabía que comer o si quería realmente alimentarse, cuando sintió la mirada fija de alguien se giró para prestar atención a dicha persona —Perdón- se disculpó avergonzado ya que no sabía cuanto tiempo había estado ahí —Disculpa, ¿me has dicho algo? no había notado que estabas aquí- comentó incorporándose un poco de la mesa. 

We’re all mad here.

Con magia todo es más sencillo, él mismo siempre lo repetía. Pero esa ocasión Fred decidió desempolvar un poco su lado artístico. Llevaba en los baños cerca de tres horas, rodeado por una docena de papeles cubiertos por pintura de todas las veces que había borrado y vuelto a intentar su maquillaje. Quería que los detalles fueran lo más perfectos que le fuera posible. En vacaciones él y Roxanne pasaron una semana con el abuelo Arthur, quien les encomendó la tarea de estudiar los avances tecnológicos de los muggles en cuanto a televisores. Uno de esos días, el castaño encontró un programa que ciertamente lo dejo fascinado; sobre todo, fue un personaje en particular que lo dejó cautivado. Miró una foto del chico durante todo el rato intentando imitar fielmente su caracterización. La pintura le ayudó a modificar sutilmente sus rasgos, aunque finalmente cedió ante su varita y con un hechizo sencillo de transformación modificó un poco más las curvas de su rostro. 

Con otro movimiento de su varita, cambió el color de su cabello por rubio, pero no de un tono que pudiera confundirlo con los Malfoy, si no el exacto de Tate Langdon. Una vez listo el maquillaje, ensayó frente al espejo su expresión, claramente tendría que mantenerse serio la mayor parte del tiempo, sobre todo hablar lo menos posible. Aunque en caso necesario, fácilmente podría utilizar un hechizo de distorsión del sonido para jugar con su voz. Jugar a ser alguien más sería la parte más divertida de la noche.

Tomó su chaqueta negra para terminar con el oscuro conjunto que necesitaba antes de salir de su habitación y bajar pacientemente hasta el gran comedor. Una vez dentro, sonrió internamente al ver a muchos alumnos ya en el lugar, la mayoría disfrazados y disfrutando de la velada que apenas comenzaba.

Dio varios pasos hasta la mesa de bebidas, tomando un vaso para servirse mientras observaba a las personas en la pista. La música estaba a un volumen tan alto que no lo dejó escuchar a la persona que lo llamaba desde un lado de la mesa.

Originally posted by junkimind

You Belong With Me- Wigetta AU- One shot

Hola, tengo unas cositas que decir:

1. Si no has leído o visto la saga de Harry Potter probablemente no entiendas algunas cosas.

2. ¿Podríamos llamarle especial 100 seguidores?

3. Contiene una parte pequeña de Lemmon. Es la primera vez que escribo algo así, so please be nice.

Ahora si, enjoy

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-¿Se supone que deberíamos estar haciendo esto?- pregunto Samuel entre besos a Guillermo.

Ellos estaban en el baile que su querida escuela de magia Hogwarts realizaba cada año. Pero en lugar de bailar como el resto de sus compañeros, estaban escondidos fuera del salón entre unas murallas besándose como desesperados.

-¿Se supone que deberías estar hablando?- le dijo Guillermo antes de besarle nuevamente.- o ¿Preferirías estar bailando muy pegadito a Christina, allá adentro?- separándose de golpe le dijo aquello, en su mirada se veía algo como dolor, pero tan rápido como apareció, se fue

-Sabes que no Guille- Dijo sujetándole las caderas firmemente

-Entonces cállate y bésame, que si tenemos suerte y se nos abre la sala de menesteres podremos aprovechar muy bien el tiempo- le guiño un ojo para luego comenzar a dejarle besos en el cuello.

Mientras sentía como el menor le besaba el cuello y le sacaba uno que otro gemido, Samuel pensaba y tal vez no era momento de pensar porque se estaban poniendo muy calientes pero no lo podía evitar.

Su acuerdo con Guillermo era fácil, se besaban, se tocaban y se complacían sexualmente. Sin amor, sin compromisos, podían estar con cualquier otra persona mientras utilizaran protección, pero eso fue solo durante los primeros meses. Porque el simplemente no se sentía cómodo acostándose con otras personas y luego con Guillermo, así que se reservó solo para ese chico. Y él sabía muy bien que Guille también solo estaba teniendo  relaciones con él aunque se negara a admitirlo. Llevaban un año y dos meses con ese acuerdo. Al principio todo había sido muy tosco y rudo, hacían a lo que iban y cada quien se iba por su lado, pero con el tiempo Guille comenzó a hablar un poco más con él y Samuel se dio cuenta que era un chico muy tierno, pero como “buen” Slytherin que era se daba cuenta de que él lo notaba y cambiaba a su actitud de cabrón nuevamente.

Ahí fue cuando Samuel se dio cuenta. Guillermo odiaba ser un Slytherin. Odiaba tener que aparentar ser un cabrón con todos simplemente porque esa era la imagen que tenían de la casa y de su familia. Toda la familia de Guillermo había pertenecido a esa casa y a lo que había escuchado eran personas refinadas y con fríos corazones, pero Guille no era así.

Una vez llego un poco antes a la sala de menesteres a su “encuentro” para encontrárselo alimentando a dos gatitos bebés (Humanidad jamás vista en las serpientes). Cuando le pregunto de donde habían salido, Guillermo los desapareció raídamente con un movimiento de varita y lo beso fuertemente.

El poco a poco se ha ido enamorando de esa cabezona serpiente que le deja uñas en la espalda o sin poder caminar en semanas. Pero él no puede decirle, porque aún a pesar de los años los Gryffindor y los Slytherin no se mezclan.

-¿Estas bien, Sam?- la voz de Guillermo lo saco de sus pensamientos amorosos, no se había dado cuenta en que momento habían llegado a la sala de menesteres. Tal vez era por algo que tomo en la fiesta, pero él podría asegurar que le llamo Sam y no Samuel.

-¿Me llamaste Sam?- le pregunto con el ceño fruncido

-Estas muy borracho, idiota. ¿En qué tanto piensas?

-Nada importante, pequeño. ¿Arriba o abajo?- le pregunto, ellos eran versátiles pero siempre era mejor preguntarle a Guillermo que quería él.

-No me llames pequeño- le dijo frunciendo el ceño- Soy un año menor que tu pero de la misma altura y respondiendo a tu pregunta, hoy me toca arriba

Se besaron nuevamente y la ropa comenzó a estorbar pero Samuel no se opuso. Le encantaba cuando Guillermo tomaba el control.

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-¿¡Tierra llamando a Samuel!?- su mejor amigo Frank le estaba prácticamente gritando en el oído, anoche luego de estar con Guillermo ambos se quedaron dormidos hasta altas horas de la noche y tuvieron que correr para llegar a sus dormitorios sin ser vistos

-Lo siento tío, no dormí mucho anoche- le contesto mientras comenzaba a comer su almuerzo

-Joder, ¿algún día me dirás dónde es que te desapareces en las tardes?- Samuel se congelo y lo miró- Y no me salgas con tu excusa de “Tengo que estudiar”- le dijo moviendo los dedos en el aire- Eres de los mejores y por mucho, nunca estudias y sé que te pierdes para verte con alguien.

-Eso no es cierto-

-Sabes que sí, Samuel-

Cuando este iba a contestar las puertas del Gran comedor se abrieron dando paso a Guillermo las personas se quitaban de su paso  sin siquiera mirar a verle, el imponía autoridad en ese lugar. Con su cabeza siempre en alto mirando a todos como inferiores.

-¿Lo detesto sabías?- le dijo Frank

-¿Ah? ¿Porque?

-Es tan falso- le dijo mientras ambos miraban como Guillermo se sentaba en su mesa junto a sus compañeros- En primer año conversamos muchas veces y era un chico realmente amable, pero luego algo simplemente cambio y se convirtió en lo que es ahora.

Samuel lo miró y justo en ese momento los ojos de Guillermo se conectaron con los suyos.

¿Por qué tu mirada siempre esta tan triste?- pensaba Samuel.

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-¡Joder apúrate!- Guillermo estaba perdiendo la paciencia con Samuel, estaba caliente, con las piernas abiertas y muy enojado y este se tomaba su tiempo.

-Sabes que no me gusta lastimarte- le dijo mientras seguía estirándolo con sus tres dedos.

-Pero ya estoy listo, Joder Samuel- Gimió fuertemente cuando los dedos de su amante tocaron su próstata- ¡Es ahí!

Samuel sonrió de lado, saco sus dedos del interior de Guillermo rápidamente esquivando con habilidad y practica el manotazo que este le mando y se colocó el condón.

Pero antes de siquiera intentar hacer algo, Guillermo lo hizo acostarse de golpe en la cama, para luego hundirse en él. Los ojos se Samuel estaban abiertos y sorprendidos, porque Guillermo había dicho una vez que no le gustaba montar. Comenzó lentamente a subir y bajar por su extensión y ahí fue cuando Samuel volvió a la realidad y lo tomo de las caderas ayudándole.

En esa habitación solo se oían gemidos por parte de ambos y el choque de las pieles sudorosas.

Pero luego algo cambio y Guillermo comenzó a moverse muy rápido como queriendo hacerse daño a sí mismo.

-Guille para- le dijo Samuel

-Cállate- su voz sonaba rasposa como si quisiera llorar.

A Samuel se le estaba yendo la excitación solo de escuchar ese tono y en ese momento agradeciendo su fuerza y su condición física más que nunca roto las posiciones nuevamente y salió de Guillermo

-¿Qué te pasa? ¿Por qué paras?- le dijo el menor con evidente molestia

-¿A mí? ¿Qué te pasa a ti?- le dijo cabreado- Te estabas haciendo daño

-Tal vez quería hacerlo duro, ¿no pensaste en eso?

-Hay una gran diferencia entre querer hacerlo duro y querer hacerte daño- le dijo firmemente- ¿Qué ocurre chiqui?

-No me llames así- le dijo cortante y mirándolo amenazadoramente- Joder, no me llames así- Comenzó a buscar su ropa y a colocársela rápidamente.

-Guillermo, puedes hablar conmigo y lo sabes

-Sí, si lo que digas- le contesto sin mirarlo- ¿Se te olvida que esto es solo follar?

El corazón de Samuel se rompió un poco.

-No tienes derecho a preguntarme de mi vida cuando me dejas a medias-

-Tengo todo el derecho de preguntarte lo que se me pegue la gana- Él podía ser un cabron también. Se paró firme con su ropa ya puesta.

-¿Y eso porque, Samuel? Ilumíname, por favor- le dijo con ironía y rodando los ojos

-Porque estás enamorado de mí y yo estoy enamorado de ti, creo que eso me da el maldito derecho de preguntarte lo que se me pegue la gana

-¿Y a ti quien te ha dicho que semejante estupidez?

-Nadie me lo dijo, idiota- Le contesto- Eres demasiado obvio al igual que yo, pero a diferencia tuya yo no tengo miedo de decir cómo me siento sin importar lo que diga la gente sobre mí.

-Tú no sabes nada de mi- le dijo con los ojos rojos y su voz temblaba un poco- Ni tu ni nadie sabe nada de mi ni de mi vida de mierda-

-Al contrario Guillermo, sé más de ti de lo que te gusta admitir y por eso me alejas, pero no creas que voy a estar detrás de ti toda la vida, que este enamorado de ti no me hace no tener orgullo y amor propio-

Caminando rápidamente hacia la salida Samuel ignoro los gritos de Guillermo preguntándole a donde carajos iba. El solo camino hasta que encontró un lugar lo suficientemente solo como para sentarse a llorar de frustración , sin saber que del otro lado del castillo Guillermo sujetaba una almohada frente a su rostro llorando de igual manera.

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Habían pasado dos semanas desde el incidente y ninguno de los dos se había acercado a pedir disculpas ni a la sala de menesteres. Se extrañaban pero Samuel era firme con su palabra y Guillermo un cobarde.

Estaba sentado en el gran comedor mirando su puré de patatas sin ganas de comérselo.

-¡Eh chaval!- Frank lo golpeo en el hombro-¿Listo para hoy?

-¿Listo para qué?

-¿No me digas que lo olvidaste? ¡La prueba Samuel!

Lo había olvidado por completo, su mente estaba tan concentrada en Guillermo que había olvidado que hoy era el examen de defensa contra las artes oscuras. Al ser un estudiante ejemplar el profesor le había ofrecido un reto que el dudo sin aceptar. Tenía que enfrentarse a varias criaturas mágicas peligrosas a la vez pero siendo visto por quienes quisieran entrar. Samuel era conocido por su padre el gran “Hugo de Luque” cazador de monstruos y por eso también era tan bueno en lo que hacía, pero se le había olvidado totalmente.

-No la olvide Frank, simplemente no sabía de qué hablabas- mintió.

-Ya me habías asustado tío, pero sé que estás listo-

El realmente esperaba estar listo

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La prueba iba a comenzar, estaba en una clase de redondel y tenía a todo el colegio observándole con ojo crítico, entre la multitud pudo ver a Guillermo sentado con sus amigos pero con una clara expresión de molestia en su rostro. El profesor explico el motivo de la prueba y el procedimiento a seguir y luego comenzó.

Al inicio fueron criaturas fáciles que con seguridad derribo, pero el realmente se sentía triste y quería estar en su cuarto sin que nadie lo molestara. Siguió con la prueba, ganando puntos y aplausos por sus grandes habilidades pero de momento todo estaba muy frío.

Sintió como si sus manos se congelaran y los recuerdos más tristes que tuviera su cabeza.

-Dementores- susurro para sí mismo

Él nunca se había enfrentado a un dementor, conocía el hechizo, por supuesto, pero les tenía pavor a esas criaturas asquerosas, miro al cielo y vio cómo eran más de las que podía contar, asechándolo. Observó como el profesor intentaba hacer algo pero el hechizo no le salía. Eso no era parte de la prueba.

Intento con algunos hechizos pero su patronus simplemente no funcionaba, comenzó a sentirse cada vez más débil y como sus rodillas lo estaban haciendo caer.

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Guillermo no quería estar ahí. Sabía que era un idiota y tenía que hablar con Samuel pero él no sabía cómo acercarse al castaño y sus idiotas amigos lo habían obligado a venir a ver esa maldita prueba que Samuel iba a hacer.

Era bastante impresionante ver como se movía seguramente contra los enemigos que le presentaba la situación, era una faceta que Guillermo no conocía de él, pero de pronto todo se puso muy frío. Escucho como alguien susurro Dementores y su sangre se helo, el conocía el hechizo para enfrentarse a dementores porque su padre se lo había enseñado, más nunca lo había hecho bien. Vio como a Samuel no le salían los hechizos y comenzó a ponerse realmente nervioso, busco con la mirada al profesor y vio que no estaba haciendo nada, que el hechizo no le funcionaba

-Maldito inútil- murmuro

Poco a poco los dementores comenzaban a acercarse a Samuel y nadie hacia nada, ni ese Frank con el que pasaba tanto tiempo.  De pronto Samuel se desplomo en el piso de rodillas, los dementores se acercaban y le comenzaban a “robar sus memorias felices” como decía su padre.

Las personas comenzaron a gritar y pedir ayuda pero nadie hacia nada. Miro como su enamorado se veía cada vez más pálido y sin dudarlo corrió hacia la puerta del redondel ignorando los gritos de sus amigos y de las personas que lo veían.

-¡Bombarda!- grito a la puerta que estaba bloqueando la entrada al redondel y sin dudarlo se adentró.

No veía nada y sus nervios eran cada vez mayores, se acercó a Samuel que estaba en el piso, pálido, casi sin vida

-Hola chiqui- le dijo con voz rasposa

-Anda Sam, vamos a sacarte de aquí, corre

-Lo siento por lo del otro día, sé que te hice enojar- le murmuro

¿Desde cuándo Samuel era tan pesado? No lo podía mover y eso que nunca había tenido problema.

-Yo también lo siento Sam, pero eso no importa ahora, ayúdame vamos a sacarte de aquí- Intento levantarlo pero un dementor lo tomo de la túnica y lo empujo lejos

-¡Samuel!- grito, viendo como un dementor se acercaba con la intención de acabar con él y darle un beso. No podía permitirlo, de su vida de mierda él era lo único bueno que quedaba.

- Expecto Patronum- susurro, su varita lanzó brillos, pero nada.

- Recuerdo felices Guille, piensa en recuerdos felices- se decía a sí mismo, pero no podía pensar en ninguno, no tenía ninguno

- Expecto Patronum- intento nuevamente, los mismos brillitos y de pronto cuando un dementor se acercó relativamente cerca de su rostro y se comenzó a alimentar de él, una memoria feliz lo suficientemente fuerte lo golpeo.

FlashBack

Estaban acostados luego de haber tenido una larga sesión de sexo, pocas veces se abrazaban pero en esta ocasión se sentía bien.

-¿Sabes que es lo que más me gusta de ti?- le dijo Samuel en un susurro

-¿Qué?- le pregunto con una ceja en alto, pensado que le diría algo sucio

-Tu sonrisa- le dijo tocando con la yema de sus dedos el contorno de su boca- Pocas veces sonríes pero he tenido el privilegio de tener algunas de esas sonrisas solo para mí-

Guillermo sonrío de lado, mientras recostaba su cabeza en el pecho de Samuel y dejaba que este le abrazara y le pasara los dedos suavemente por el cabello, por un momento podía dejar de pensar y dedicarse a sentir.

Sentir las manos de Samuel en su cabeza, como con la mano sobrante le acariciaba la cadera con delicadeza. Su respiración suave en su oído y los besos tiernos que dejaba en su frente.

Y en ese momento se dio cuenta que por más que intentara negarse aquello. No podía.

Estaba enamorado.

FIN DE FLASHBACK

Expecto Patronum!- Grito con todo lo que daba su garganta y su corazón.

De su varita salió un brillo potente que se convirtió en una tortuga que poco a poco alejo a cada dementor de él y de Samuel. Sintió como su mano temblaba y tuvo que sujetar su varita con ambas para mantenerla firme y Salvar a su enamorado, ya que estaba de rodillas y eso lo debilitada aún más, no podía mantenerse en pie. Cuando todos los dementores estuvieron fuera, su patronus se volvió a él y parecía como si le mirase, para luego esfumarse en el aire.

Su cuerpo se sentía agotado al igual que su mente. Eso no evito que se arrastrara hasta donde estaba Samuel en el piso respirando superficialmente.

-¡Sam!- le dijo fuertemente al oído comenzando a moverlo desesperadamente- ¡despierta!- le grito.

Samuel abrió un poco sus ojos, le miro tiernamente y sonrió un poco de lado, pero su rostro se veía cansado y pálido. Con su cabeza acostada en el piso y los ojos cerrados abrió la boca para decir con la voz rasposa.

-¿Me llamaste Sam?- le pregunto

-Creo que esos dementores te dejaron borracho, idiota-

Samuel sonrió suavemente, abrió los ojos y pasó su mano por la mejilla del menor, para luego sentir como los labios de Guillermo se estrellaban en los suyos suavemente.

-No me vuelvas a asustar así, pringado-

Samuel rio suavemente y Guillermo recostó su frente en la de él. Se quedaron en silencio unos minutos, para luego verse rodeados de muchas personas y profesores que intentaban llegar a ellos.

-¡Jóvenes!- exclamo el profesor de defensa contra las artes oscuras- ¡Eso no era parte de la prueba joven de Luque, mis mayores disculpas! ¡ Y joven Díaz es usted un excelente hechicero por salvarle la vida a su compañero!

-No es mi compañero- Dijo Guillermo fuertemente- Es mi novio.

Ante la mirada sorprendida de los profesores, los alumnos, sus amigos Y Samuel, Guillermo perdió en conocimiento.

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-¿De verdad tenemos que hacer esto?- pregunto Guillermo con un gruñido

-Sí- le dijo Samuel, mientras miraba sus manos entrelazadas- Si mal no recuerdo, dijiste frente a todo el colegio que somos novios así que quiero caminar de la mano de mi novio por el gran comedor, tomar unos cupcakes navideños e ir a perdernos la sala de menesteres después del banquete.

Guillermo lo miro mal, pero suspiro y asintió suavemente.

-Hagamoslo de una vez-

Habían pasado tres largas semanas en la enfermería del colegio, si bien no habían quedado muy lastimados físicamente, debían tratarles el trauma psicológico que les dejo ser casi “comidos” por dementores. Y ahora era navidad, y el gran banquete y Guillermo sentía que su corazón se le iba a salir del pecho.

Caminaron lentamente hacia las puertas del gran comedor y cuando entraron fue como si tuvieran mil ojos mirándoles y a sus manos entrelazadas. Guillermo soltó un gruñido y comenzó a maldecir en voz baja.

-Déjalos mirar chiqui, que tienen envidia de este cuerpo tan sensual- Le dijo Samuel a Guillermo con una risa, este lo miro con las cejas en alto y una sonrisa arrogante

-No me llames así- le dijo, miró a su mesa, donde le correspondía sentarse y aflojo el agarre de la mano de su novio- ¿Nos vemos en la sala de menesteres al terminar el banquete?- preguntó

-Cuenta con ello- pero sorprendiéndole una vez más Guillermo volvió a tomar su mano y con la que tenía libre le tomo el rostro y dejo un beso casto en sus labios. Pudo escuchar algunas exclamaciones y algunos suspiros, pero le dio igual.

Guillermo solo le guiño un ojo y camino hasta su mesa moviendo las caderas un poco más de lo normal.

La noche que me espera- pensó Samuel con una sonrisa.

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