gran teatro nacional

Ser parte de esta familia es entender que las decepciones duelen más de lo que lastiman y que no hay amor más egoísta que el que te promete el cielo. Que al cielo hay que inventarlo y que nosotros nos inventamos uno propio, en medio de la semana. Es saber que todo lo que nos hace felices, es un solo momento y que muchas veces, qué tan profunda es una ceguera, dependerá de qué tan profundo sea el bolsillo. Formar parte de este todo es no adjudicarle al reloj lo que no es de él y recordar que vivir más no es cuestión de tiempo, sino que es cuestión de vivir más y hacerse cargo. Que algunas calenturas nos agarran con hambre de otros días y que hay sonrisas que están llenas de sal y aunque duelan, sonríen. Integrar esta familia es saber que hay truenos que no tienen corazón y que los palos borrachos son tan buenos testigos de las noches y los días como algunos borrachos del palo. Es no tenerle miedo a la tristeza y poder convertir el insomnio en soñar despierto. Es también comprender que al monito más matón del barrio, tampoco lo dejan salir a jugar con la pilcha nueva y que cada uno tiene ese lugar en el mundo donde el tiempo es inerte.
Este es ni más ni menos que El Equilibrio Entre Los Opuestos.
Esto es De La Gran Piñata.
Gracias Familia.
—  De la gran piñata.