gomitas-de-oso

"HER KISS"

Capitulo 8.-

Cuando Kendra abrió la puerta tres minutos después, declarando —: ¡Se acabó el tiempo! —Lauren hizo un bajo sonido de gruñido, alejándose de mí de manera reacia. Inclinó su frente contra la mía. Por un momento sólo estuvieron nuestros rostros sonrojados, nuestros corazones explotando, nuestros jadeos mientras tratábamos de respirar bien. Sólo nosotras. Pero luego ella se rió, sacándome de mi trance inducido por las hormonas.

—Despierta, prima —dijo, alejándome de Lauren—. Me dijiste que no te dejara hacer esto, quieres un chico agradable, ¿recuerdas? No a Lauren.

Lauren inclinó su cabeza, pareciendo sorprendida, sin embargo un poco intrigada por esta información. Miró de mí hacia mi prima.

—¿Qué más dijo? Kendra se rió.

—Oh, no te gustaría saber. Mira, aléjate de mi prima. —Ella literalmente me arrastró hacia la puerta—. Camila no es tu tipo.

No sé que dijo Lauren sobre eso, si dijo algo en absoluto. Kendra finalmente estaba haciendo lo que le pedí, manteniéndome alejada de ella. Sólo que era muy tarde. Demasiado tarde para poner mi corazón en Austin o alguien agradable. Estaba puesto completamente en Lauren.

 Cuando regresamos en el auto, Kendra no paraba de hablar acerca de «chispas». Dijo que las vio volando entre El Lauren y yo. Me hizo gemir y hundirme en el asiento, porque ya sabía que había chispas, importantes chispas. Al menos de mi parte. Aunque probablemente no de parte de Lauren, puesto que solo estaba jugando, y tenía a un montón de muchachas con pinta de putillas peleándose por ella. Pero eso no me ayudaba. Eso no hacía que mis chispas chispearan menos solo porque ella no las sentía. Solo las hacía patéticas.

—No quiero que me guste Lauren —gemí por centésima vez—. Quiero que me guste… Austin.

—¿Austin? —Kendra sonrió con suficiencia—. Dios, Mila, él es prácticamente Harry. Prueba con un sabor nuevo. Parpadeé, sin tener idea de lo que estaba hablando.

—¿Qué?

Suspiró, como si yo viviera en un termo y la afligiera profundamente, y entonces comenzó con esa gran analogía acerca de los chicos que eran como helados, y todo eso de que había diferentes sabores.

—Diversifícate —dijo—. Prueba algo más aparte de vainilla.

Me enfurruñé. Me sentía cómoda con la vainilla. Sin duda los sabores nuevos y emocionantes eran tentadores, atrayentes más allá de lo imaginable, pero estaba bastante segura de que no me darían nada, salvo un dolor de estómago. Y dolor de muelas. Y casi seguro angustia. Porque eso es lo que Lauren era, una angustia esperando ocurrir. No tenía novias, ni siquiera tenía citas. Solo animaba el corazón de una chica con sus seductores ojos y sensuales labios, y su voz sexy y atractiva. Entonces le hacía al corazón de ella lo mismo que hacía en la pista de softball: destrozarla. No quería a una chica así. Quería estar libre de chicas así. Me gustaban las personas sensibles y comprensivas, como Harry. Chicos con los que te pudieras dar la mano, con quienes pudieras escribir canciones. Extrañaba tanto eso, escribir con Harry. Suspiré, sintiéndome triste de nuevo. Kendra había dicho que Harry y Austin eran iguales, pero no lo eran. Austin podía cantar, sí, tenía una linda voz, pero no tenía ningún interés en escribir canciones, y en cierto modo me hacía sentir como un fenómeno cuando le contaba cuánto me gustaba escribirlas. Suspiré de nuevo porque esas cosas no tenían nada que ver con que Kendra me estuviera mirando del modo en que lo estaba haciendo. Quería saber por qué no aceptaba las chispas.

—Lauren y yo no tenemos nada en común —refunfuñé—. Tengo mucho en común con la vainilla.

—¿Como qué? —Kendra medio lo dijo en tono desdeñoso, pero no en un sentido malo exactamente, sino más bien en el sentido abre-los-ojos—.Harry y yo solíamos escribir canciones. Amaba eso. — Me escabullí en el asiento, sintiéndome como si estuviera por llorar—. Extraño eso.

Lo hacía, realmente. Extrañaba eso más que nada, tener esa conexión con un chico, un ferviente interés en algo que ambos amábamos y en lo que podríamos trabajar juntos, en lo que ser compañeros. Kendra no dijo nada más. Creo que sintió pena por mí.

Solo una semana después de chocar el auto de mamá contra el contenedor del 7-Eleven, me perdí el último autobús después de la escuela. No sé cómo sucedió, exactamente. Había tenido que quedarme después de la escuela para recuperar un examen de francés porque me había perdido la clase debido a una cita con el dentista, pero cuando lo finalicé, todavía me quedaba un montón de tiempo antes de que supuestamente pasara el último autobús, por lo que fui a la biblioteca para trabajar en esta canción que estaba escribiendo llamada «No escribiremos más canciones juntos», y supongo que perdí la noción del tiempo. Cuando me di cuenta de lo tarde que era, arrastré los pies hacia la salida de la biblioteca y estaba casi fuera de la puerta antes de darme cuenta que me había olvidado el cuaderno de canciones. Tuve que darme la vuelta y regresar a buscarlo… y entonces me perdí el autobús. Lo loco fue que esa ni siquiera era la primera vez que me olvidaba el cuaderno. Bueno, está bien, este en particular jamás lo había olvidado. Pero, por supuesto, había llenado cientos de ellos desde que comencé a quedarme uno. Hacía un par de años me había olvidado uno en la cafetería de la escuela. O podría haber sido en el aula. O en el autobús. En realidad, no tenía idea de dónde lo había dejado. Pero resultó ser que lo perdí y lo busqué en mi casa durante días, semanas. Luego, ¡apareció en el correo! Alguien me lo envió. Aunque lo más espeluznante fue que no tenía mi nombre en él, en ningún lugar. Entonces, ¿cómo supo esa persona que era mío? No tenía idea, pero saber que alguien lo había encontrado, y probablemente leído, era suficientemente escalofriante. Pero de alguna manera, sabían que era mío y dónde vivía, pero no me hicieron saber quiénes eran. Lo enviaron sin una nota ni un domicilio para devolverlo ni nada. Me dio escalofríos de solo pensarlo. Pero después de eso, durante años, siempre tuve cuidado con mi cuaderno, y me aseguré de tenerlo todo el tiempo y de que no lo dejaba accidentalmente en cualquier lado ni lo olvidaba. Pero, ¡hola! Hoy casi lo olvido. Estuve tan cerca que me hizo estremecer. Cuando me di cuenta que me había perdido el último autobús, me consolé pensando: Bueno, al menos tengo mi cuaderno.

En serio. Era capaz de consolarme con eso, incluso a pesar de que el día era frío y lloviznaba, y tenía seis millas de camino por delante. Pero apenas llegué a los patios de la escuela antes de que el Mustang rojo de Lauren se detuviera junto a mí. Cuando la vi, se me aceleró el corazón de forma violenta y casi me tropiezo con mis propios pies.

Ella abrió la ventana. —¿Necesitas que te lleve?

Se me aceleró el pulso al escuchar su oferta y ver su sonrisa adorable y juvenil. Ella no lo sabía, pero le había dejado en secreto una gran galleta de nuevo, en su casillero durante el tercer período de esta mañana y le había escrito otro poema anónimo para acompañarla. Esta vez, el poema era acerca de su beso. Pero lo hice muy impreciso de nuevo, para que no tuviera ni una pista de que era mío.

—Eh… —Intenté ignorar la pequeña voz en la parte trasera de mi cabeza que me estaba gritando:

¡Quédate con vainilla, Camila! Necesitas vainilla. ¡Este sabor solo te dará caries!

Le sonreí.

—¡Claro! ¡Sería genial!

Mientras rodeaba el auto para subirme en el asiento del acompañante, intenté razonar con la voz. Después de todo, estaba frío y lloviznaba. Solo acepto el viaje para librarme de la humedad, me dije. Parecía perfectamente razonable. ¿Cierto? Cuando me abroché el cinturón, el clima empeoró. Comenzó a lloviznar más fuerte, lloviendo prácticamente. Como si fuera una señal, se suponía que tenía que estar en el auto de Lauren. Me hizo sonreír. Solo que, entonces, Lauren extendió el brazo para encender los limpiaparabrisas y justo entonces lo recordé: ¡osos de goma!

¡Oh no!

Había puesto un puñado de ellos debajo de los limpiaparabrisas de Lauren esta mañana. ¿Por qué? No lo sabía exactamente. Solo por diversión, supongo. Mamá me había dejado en la escuela después de la cita con el dentista y tuvo que escribirme una nota para que pudiera justificar la falta a la clase de francés, por lo que estacionó en el lugar más cercano del estacionamiento para escribir la nota, y fue justo al lado del Mustang de Lauren. Y entonces cuando salí del auto de mamá y estuve allí, junto a la posesión invaluable de Lauren, pareció como si tuviera que hacer algo.

Al principio tuve el impulso de escribirle a Lauren una nota rápida y anónima, o dibujarle una sonrisa o algo, algo para meterle debajo del limpiaparabrisas. Pero cuando metí la mano en la mochila, lo que saqué fue mi provisión de gomitas de osos. Al ver los osos coloridos, tuve una idea. Después de todo, era un día húmedo y lluvioso y una nota sería triste y saturada. Pero los osos de goma, bueno, pensé que los osos de goma podrían ser… lindos. Nunca se sabe. Entonces, riéndome tontamente, porque soy una lunática, puse un puñado (o dos) de osos de goma debajo de los limpiaparabrisas, pensando que el resultado podría ser un poco agradable y hermoso. Tú sabes, agregar un poco de color a la vida de Lauren, como su beso le agregó a la mía. Entonces, como puedes ver, era metafórico. Algo así. Pero, ¡espera! Estar sentada aquí con Lauren cuando encendiera los limpiaparabrisas, eso era algo que no había esperado.

Cuando los giró, solté un pequeño jadeo pero rápidamente lo convertí en una tos e intenté parecer inocente incluso mientras un arcoíris lluvioso corría por el parabrisas. Lauren inclinó la cabeza pareciendo confundida por los colores que los limpiaparabrisas estaban produciendo. Cada vez que cambiaban un nuevo arcoíris se dispersaba por el parabrisas. Lauren sonrió, alzando las cejas.

—¿Qué demo…?

Me mordí los labios para impedir que rompiera a reír. La mirada en su rostro, tan desconcertada, me tenía lista para rodar por el piso riendo histéricamente, pero hice mi mejor esfuerzo por mantener el rostro serio y también parecer desconcertada. Porque, bueno, no quería que supiera que fui yo. Simplemente no quería. No quería que supiera que había estado pensando en ella, y que había puesto golosinas en su auto. Solo porque era vergonzoso. Porque ya sabía, sabía que estaba muy y estúpidamente enamorada de ella. Durante un instante, casi me permití pensar que estaba a salvo y escaparme con mi truco de chica acosadora. Mi corazón comenzó a tranquilarse ligeramente. Solo que… Entonces noté que la bolsa de gomitas de osos estaba sobresaliendo del bolsillo de mi chaqueta. ¡Oh, no! La guardé bien adentro rápidamente, tratando de hacerlo inadvertidamente, esperado que Lauren no lo hubiera notado. Solo que fui totalmente atolondrada al hacerlo, porque ¡caramba!, hubo evidencia total de que yo era la bromista que produjo el arcoíris. Hizo que mi corazón se alborotara. Miré rápidamente a Lauren a hurtadillas. En sus labios jugueteaba una sonrisa divertida, pero eso podría haber sido solo por el arcoíris en el parabrisas, por lo que no estaba segura de si había notado la bolsa en mi bolsillo o no. Era difícil saberlo con Lauren. Parecía ser el tipo chica despreocupada, fácil de tratar, y aún así parecía que no se le escapaba nada. Nada. Y no ayudaba el hecho de que siempre tuviera una sonrisa sardónica en el rostro, como si conociera un secreto divertido o una broma o algo, y realmente quisiera compartirla, solo que sabía que sería completamente inapropiado. Siempre lucía así.

 Abrí el teléfono celular y comencé a hablar inmediatamente, actuando como si acabara de recibir una llamada.

—Estoy yendo —dije a la línea muerta, y luego agregué con una voz refunfuñona —. Me perdí el autobús.

Seguí hablando más y más, sintiéndome como una lunática, charlando acerca del recital de piano al que había ido la semana anterior; quería que Lauren supiera que yo también era música, al igual que ella, pero sobre todo, estaba preocupada por no hablar de los ositos de goma. Cuando finalicé la llamada, le sonreí a Lauren, relajada, como si no se me estuviera por salir el corazón del pecho.

—Gracias por el aventón. —Sorprendentemente, tenía la voz tranquila y dinámica, como si aceptara aventones de chicos malos todos los días y tan solo estuviera haciendo algo de costumbre—. ¿Puedes dejarme en la casa de mi amiga Dinah? Vive al final de la manzana y hacia la derecha. Me está esperando.

No sé por qué agregué eso último. No era como si fuera una amenaza. Dinah me está esperando y si no llego en cinco minutos, enviará a la policía a buscarme. Quiero decir, no temía que Lauren me secuestrara ni nada por el estilo. Era casi como si hubiese aceptado un aventón de una extraña, uno que ya había besado tres veces, y con quien había soñado constantemente. Aún así, no la conocía. Lo único que sabía es que era un problema en la escuela. Cuando estábamos en la secundaria, ella solía ir a detención casi todos los días. Aún así, estaba avergonzada por haber agregado me está esperando por lo que rápidamente continué—: Estamos, eh, haciendo juntas un proyecto, para la obra de la escuela. Una recaudación de fondos.

Íbamos a hacer todo eso, pero no hoy. Hoy solo iba a presentarme en su casa, inesperadamente, y la viera. Ella vivía justo al otro lado de la calle, y tenía un radar asombroso para detectar a Lauren y a su auto. Enloquecería completamente si me veía salir con ella. En el poco tiempo que tomó llegar a la casa de Dinah, el cielo se había despejado y el sol incluso se a enloquecerla si me veía bajar del auto de Lauren.

—Se supone que será una linda noche —dijo Lauren, como si también hubiera notado el sol. Se me quebró la voz.

—Sí, eso escuché.

Ahora estábamos en el bordillo de Dinah. No estaba segura de si quería salir de un salto de su auto o quedarme y tener una verdadera conversación con ella. La idea de conversar con Lauren era tanto aterradora como emocionante al mismo tiempo. Me hizo sudar. Lauren pareció notarlo, no que estuviera sudando (espero), sino que no salí de un salto cuando detuvo el auto.

Sonrió un poco. Luego trabó los ojos en los míos, quitándome el aliento.

—Algunos de nosotros iremos al río esta noche, para salir un rato. ¿Quieres venir?

—Oh… yo, eh. —Pude sentir cómo se me ruborizaba el rostro, y también las orejas. El momento era muy irreal. Lo había deseado tanto, que me invitara a salir, que prácticamente estaba viendo estrellas. Sin embargo…

—No puedo. —Suspiré—. No soy del tipo que sale a dar una vuelta al río. —No. Lo sé —dijo Lauren—. Pero… —Negó con la cabeza—. Bueno, está bien. Si no quieres hacerlo.

—¡No! Sí quiero. —Lo dije de nuevo—: Quiero hacerlo. Pero no puedo, porque no soy así, del tipo que va a una fiesta al río. —Estaba por dejarlo así, pero entonces continué con el parloteo—: Pero si lo fuera, definitivamente iría contigo.

Lauren levantó una ceja, pareciendo divertida. —Entonces ven.

Negué con la cabeza, lamentándolo, pero completamente resuelta. Había escuchado historias acerca de las fiestas junto al río. Eran para beber y enrollarse. Dos de las muchas, muchas (muchas) cosas que no hacía.

—No puedo —le dije. Sonrió un poco.

—Está bien. Es solo que… —Su sonrisa creció—. Ese beso… —Arqueó las cejas—. Me gustó.

Gemí.

—A mi también.

Salí del auto rápidamente y me dirigí hacia la casa de Dinah antes de que el corazón estallara de deseo. Y antes de que pudiera cambiar de opinión.

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sorry por no subir antes pero estaba ocupada con los certámenes finales de la universidad :c pero ya salí de vacaciones :)

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