Así como no se puede erradicar el invierno de la naturaleza, no se puede eliminar la tristeza de las personas. Sería aberrante y antinatural. Más bien es algo esencial, algo vital. Es parte de un ciclo necesario que le da sentido a nuestras vidas. De no ser así, la alegría sería algo vacío, monótono, sin valor alguno y artificial. Porque… ¿Cómo apreciar la vida si no la contrastas con la muerte. O la felicidad con el sufrimiento. O la luz con las sombras? No se podrían concebir una sin la otra, y viceversa.
Por lo concerniente a esta realidad, sólo nos queda aprender a vivir con cada etapa este ciclo efímero llamado vida, con todas sus constantes fases transitorias una y otra vez hasta el final. Aprovechar lo más posible cada buen momento y resistir los malos, sin despreciar nada, que es lo que podemos hacer mientras existamos. Que ambos llegarán y pasarán. Y como todo, inevitablemente sucederá.