gabriel-valenzuela

Lleva más de ocho meses privado de su libertad, Gabriel se declara inocente y victima de un montaje, hasta ahora no se ha presentado evidencia que justifique su encierro. 

El día 20 de Febrero de 2013, tenía fijada una audiencia de cierre de investigación, día que nunca llegó ya que durante la tarde del día anterior se le informó de la suspensión de ésta sin decirle los motivos. El abogado defensor tampoco fue avisado previamente.

El SENAME se había comprometió a facilitar un furgón para transportar a su familia una vez al mes, pero ha dejado de cumplir, no respetando su derecho a contacto con su comunidad 

Esto podría pasarle a cualquier persona que cumpla dos condiciones:

1.- Ser de origen mapuche

2.- Estar viviendo en alguna zona de interés forestal en Chile.

Mosaico

Primero fue un brillo. Después, un reflejo que casualmente había revotado en sus pupilas. Finalmente dos canicas verdosas rodeadas por una sombra inmóvil. Dejó de caminar. La sombra se precipitó tras las altas rejas negras. Animal. Cuatro letras. Felino domesticado. G-A-T-O.

De repente es mediodía

Y la luz tantea el césped

Se advierte un brillo peculiar

Como mamparas transparentes

Que dejan entrever sus angostas venas

Así de verdes eran los ojos del gato .Atravesó la calle para verlo mejor. Pero no.

Despertó. Quitó despacio la tibia mano que descansaba aún sobre su cuello .Por un instante solamente no fue, no estuvo. Luego la sabana, el sudor, la convulsión ajena.  Y ese calor sofocante que se había instalado bajo ella antes de saberse despierta. Con un esfuerzo infantil, logró levantar su cuerpo aletargado y ya de pie, se dirigió al pasillo.

Caminó dudosa, hasta lo que parecía una cocina y al pisar las marmoleadas baldosas un frío trepó por sus pies. Detenida, bajó su cabeza y su largo cabello se balanceó levemente, revelando su absoluta desnudez. Cerca, brillaba apenas el largo cuello del lavamanos. Dio unos pasos hasta estar de frente. La llave oxidada dio media vuelta como tajando la garganta de la tubería .Y fue emergiendo como  la exhalación de un moribundo,  un sonido que se iba llenando a sí mismo. De la herida brotó el agua  corrosiva. Cuando recuperó su transparencia, sus manos cóncavas se colocaron, como un cáliz de piel, bajo el mediocre chorro. Se inclinó y bebió el agua lentamente. Lamiéndose las palmas. Con los ojos viendo  la pared de enfrente, los cuerpos vacíos de insectos muertos en el ángulo, la grasa ennegrecida de alguna comida para siempre putrefacta en la memoria del tiempo. Y se encontró en silencio. Sintió el pelaje negro del gato pasearse entre sus tobillos. Volteó y empezó a caminar, como entrando a un mar de agua antártica.

En ese momento ella lo sentía todo: cada separación de la baldosa, cada grumo en la alfombra, las suaves olas que producían los sonidos alejados de ella. El balbuceante palpitar de lo ajeno. Cada detalle de ese momento quebraba su pecho  impregnando su espíritu de una sensación casi irreal. Llegó a un cuarto más iluminado que los demás .Los dueños anteriores habían hecho instalar un gran tragaluz en el centro del techo. No había ningún mueble y era la habitación más grande con la que se había topado, dedujo que era una sala. Caminó en línea recta y empujó la puerta de vidrio que daba al galpón.  El ruido de la calle inundó sus oídos y la luz la cegó. Miró al cielo. Cerró los ojos.

Ana murió el lunes 10 de octubre a las diez de la mañana.

Apretaba una pequeña piedra. Al soplar, el sonido inconfundible de una ambulancia salía disparado al infinito. Caminaba por la playa, intercalando el sonido del extraño silbato con sus pasos: un paso si, el otro no. Y así hasta llegar frente a la gran escalera de roble que empezó a subir sometido a un movimiento automático. Sujetaba temeroso el liso pasamanos. A cada escalón el ambiente se ponía mas obscuro, sus pies más pesados, el aire más difícil de respirar. Como si en vez de aire hubiese arena húmeda.

 Antes de llegar al rellano vio tres puertas que reconoció en seguida. Tomaría la de la izquierda. Al girar la manecilla y empujar la puerta, esta produjo un ruido muy extraño, un grito. Confundido vio que la puerta no lo había llevado a donde él pensaba llegar sino que  en su lugar veía un amplio comedor. Una gran mesa de ébano de doce puestos estaba en medio de la habitación poco iluminada y en el centro de esta había un cráneo humano rodeado por unas cuantas velas negras. Pétalos secos tapizaban la mesa  y parte del suelo alrededor de ella.

Arrancó una vela e introdujo la ligera flama por uno de los agujeros que antes habitaría un ojo. Un brillo opaco empezó a centellear dentro del cráneo y en segundos un humo blanco salía por los orificios. Lo aspiro y pidió un deseo sin pronunciar palabra. Al exhalar el humo, este era rojo. Tomó el silbato pero ya no emitía su singular sonido.

Yo amaba a una muchacha parecida a la lluvia. A veces trataba de convencerme de que no. Que podría ser fuego, o un ave o una flor. Me lo repetía antes de dormir, pero no conciliaba el sueño hasta aceptar que, en efecto, esa chica era como la lluvia. Sus dedos fríos, su piel pálida, su cabello que era rubio solo bajo el sol. Ella era la lluvia y no había cómo secar mi cabeza. Un día, escampó. Encendí un cigarro y seguí caminando.

Al despertar repasó su sueño inmediatamente. -¿Cuál era el deseo?- se repetía cuando se dio cuenta que estaba solo en la cama.  Miro al techo un momento y volteo hacia las sabanas arrugadas que dibujaban la silueta de un cuerpo en el espacio vacío. Sorprendido, sintió el peso que se oprimía contra su pierna (izquierda); un bulto negro que estaba en vez de la hermosa muchacha de la noche anterior.     - Dime donde se fue-  Pero no hubo respuesta.

Se levanto  y vistió. Antes de salir miró la blanca habitación por última vez: la ventana con los postigos cerrados por los que algunas delgadas hojas de luz se filtraban paralelas entre las maderas astilladas, el viejo colchón en el suelo con una única sabana y en medio de el: el gato viéndolo con sus grandes ojos verdes.  Tenía que salir de ese cuarto y encontrarla. Camino por los fríos pasillos del departamento vacío ojeando por las puertas entreabiertas, y le dolió un poco darse cuenta de que estaba solo, aunque esta alternativa hubiera sido la segunda posibilidad que se le había cruzo por la cabeza (la primera involucraba una metamorfosis).

 Salió rápidamente. No estaba seguro de como había llegado ahí. No se cruzo con nadie bajando  las escaleras y en un momento estuvo en la calle.

Salía del colegio, tomaba a mano izquierda y caminaba 3 cuadras .Muro rojo, muro de ladrillo, portón de madera, pared blanca te amo, garabatos incomprensibles. La parada del autobús estaba en la esquina. Luego de esperar un momento subía al que la dejaría a una cuadra de su casa.

Todo comenzaba como un juego pero se ponía serio cuando ella tomaba asiento, veía a los lados y cerraba sus ojos. Ana jugaba con el destino y el juego consistía en dejarlos cerrados y al llegar a casa abrirlos.

El autobús arranca aparatosamente. Se oyen voces, palabras a medias, autos, personas. Ana se tambalea en el vacío y es feliz. Así, sin un lugar de donde aferrarse, entregada al destino. La gente no la percibe y ella no necesita saber cuantos humanos están frente a ella. Esta sola, tranquila, concentración. A veces logra bajar en el lugar correcto al contar cuantas veces se detenía, pero nunca se puede estar seguro pues bien podría ser simplemente un semáforo  que por coincidencia alguien lo había hecho detener antes de la parada para entrar. Nunca se sabía, esa era la gracia.

El autobús avanza, silbando a veces. Y después de un tiempo Ana decide abrir los ojos. Es gracioso, no fallo por mucho: solo tres cuadras más que deberá caminar porque obviamente en este juego también habían castigos y al abrir los ojos se debía descender del vehículo que lo transportase a uno y caminar a casa .

Así eran la clase de juegos que Ana  se inventaba para sobrellevar su pequeña y solitaria vida.

Justamente soñaba con ella, acostado, medio tapado en mi desordena cama (reflejo de la personalidad diría cierto maestro de primaria) cuando recibí su llamada. Aún medio dormido, logre garabatear un saludo. Al otro lado de la línea estaba ella: la misma chica del hermoso sueño y su voz parecía salir aún de el .Aunque de este no recuerdo mas que el detalle de su rostro claro y su cabello ligeramente rubio.

 Me contaba que estaba triste, que no quería estar sola, algo había pasado y ella no sabia nada. Propuse vernos lo más pronto posible.

-¿En dónde?-

-En tú parque antes de los columpios-

-Esta bien pero solo un momento, y apresúrate que a esta horas empiezan a bajar por aquí los hombres de traje.-

-Perfecto, ahora mismo salgo-

Colgué, destape la mitad de cuerpo que seguía entre las sabanas, cogí anteojos, llaves y salí a su encuentro

No tenía dinero para un bus así que tendría que caminar un par de cuadras hasta ese bonito parque que por bonito es de difícil acceso aunque en el verano los arboles de la larga calle de subida 

Al llegar, un poco cansado de la subida. La vi, sentada en el césped, rubia, (más rubia bajo el sol) y era como haber vuelto al sueño. Ella que había sido todo el sueño ahora estaba reducida a una figurita blanca casi insignificante a la distancia. Pero era ella y me di cuenta de toda mi felicidad.-No te pongas nervioso- pensé mientras bajaba unos escalones. El choque era inevitable. Pero al llegar, ella de espaldas, no dijo nada. Solo me senté a su lado ella. Yo también en silencio.

Personalmente odio los deja-vú, pues me hacen sentir mas humano de lo que me creo. Pero eso era un deja-vu: Su rostro claro apoyado en mi hombro, su cabellera rubia, (más rubia bajo el sol), cayendo por mi pecho hasta la  luz exhalada por vestido blanco. Supe que era ella y que era mi sueño pero apenas alcancé a pensarlo.

Faltaba poco antes de que el primer hombre de traje apareciera en sendero del parque.-vámonos de aquí -.-esta bien- le dije saliendo de esa pequeña laguna del pensamiento en el que me estaba sumergiendo cada vez mas, pero no arrepentido si no maravillado de escuchar las mismas palabras la misma voz que ahora se repetía en esta extraña la realidad y no en mi cama medio tendida .Medio destendida.

Caminábamos por la calle de su casa, hablando ahora si .Pero de cualquier cosa, de todo y de nada. Los primeros hombres de traje…

No puede estar dormida si sonríe tanto. Al menos balancearía su cabeza como los que de verdad se entregan al sueño en la tibiez del autobús: ese húmedo calor que sabes no es tuyo y tienes que aceptarlo, uno no escoge  quien emanara  el sudor que le toca respirar en el transporte público. Y entre todos los que se suben a los buses todos los días me tocó estar al lado de esta loca. No puede estar dormida. ¿Entonces que?-

Ese día él había tomado el autobús para ir a casa. Estaba tardando más de lo normal.-Mala suerte, nos detuvieron muchos semáforos rojos- A la larga la puntualidad de las personas depende de esas bombillas tricolores. Eso sí, si es que  uno tenía suerte podía atravesar la ciudad de norte a sur en 10 minutos. Pero también (como era el caso) demorarse lo que haría caminando.

Por momentos la regresaba a ver buscando una reacción. Pero nada ella sigue sonriente .pero pronto vio que se ponía nerviosa. Body lenguaje. Apretaba su falda con las manos, le empezaban a temblar las rodillas. Y en un momento, abrió los ojos, se levantó, y se fue. 

Estaba a punto de llegar. Pero era demasiado temprano, como siempre me sucede por usar el reloj dañado o a cualquier hora, pues aprecio el valor estético de los relojes pero no quiero ser un esclavo de una hermosa maquinita. Por respeto a mí mismo y avergonzado de la desafortunada costumbre de llegar o tarde o muy temprano me decidí a quedarme por ahí dando vueltas como otras veces cuando se me presentan estos incidentes.

 Pero en este caso no podría merodear los alrededores, seguro algún invitado podría reconocerme y pues, no, mejor quedarse quieto, escondido. Así que me quede sentado en la pared de la vereda de enfrente, bajo la sombra de un tupido árbol .Escondido ahí la única señal que hubiera dado aviso de mi presencia era el cigarro que venia fumando desde que faltaban dos cuadras. Al exhalar el humo un efímero y sospechoso fantasma hacia su ectoplasmica aparición-desaparición así que cada cierto tiempo estaba acompañado.

Pasaron otros dos cigarrillos. Yo y mi sombra, dentro de otra sombra, esperábamos; pero al tercer cigarrillo: la tragedia. Había aplastado el pucho o sea que no podría servirme de él para encender el siguiente cilindro  cancerígeno. Rápidamente vislumbré las posibles  acciones a seguir: podría vigilar sin fumar (inconcebible), o podría prender un fósforo. Mí elección fue la segunda pero al cabo de dos o tres pitadas el juego había perdido toda gracia. Salí de la sombra.

Seguro esa noche  las olas seguían el vaivén de tus parpados extraviados .Los ruidos dispersos como mosquitos enojados orbitando entre nosotros. Y tus ojos tan claros al otro lado la mesa, la habitación obscura, la curva que hacia tu esmalte de uñas Imitando la media luna. No supe cuanto duró no tenia reclamos, no tachaba errores, ya no era esconder objetos diminutos en adorables cajitas, y de repente la noche otra vez.

Se apagaron las luces, todos debíamos salir: Un rio lleno de brazos, piernas, telas tibias, zapatos, perfumes gastados, y gritos que iban mordiendo mis orejas. El pegajoso contacto de la masa me iba arrastrando por un túnel cuadrado y luego entreví una sucia luz que apenas se distinguía entre las cabezas. Di un par de pasos más y llegué al pasillo. El piso de mármol, las paredes de baldosas negras me iba rescatando de ese calor húmedo. Logre respirar otra vez, sentía el olor a piedra mojada y me daba todavía mas frio.

De repente una herida se abrió en el muro negro y entre en una luz confusa. Un enorme ascensor me había tragado a mí y a un puñado de rostros desconocidos. Di media vuelta y percibí el húmedo calor que venía del que acababa de escapar. Mis ojos rodaron por los hombros y cabezas, chocando con miradas perdidas en el delirio. Tan vacías todas. Y me rendí y giré, justamente para verte voltear y tus ojos y tu piel tan clara.

Intento convencerme

De que sigo de este lado

Que no le he dado la vuelta al espejo

O a los retratos

 

No entiendo el tacto

 

Lanzo un lápiz al suelo, pero duda y luego grita.

Y de nuevo ya no se

Y la duda es mía

Y ahora es el lápiz sangriento

Que me va a quebrar contra el suelo

Uso los dedos como medio privilegiado de la percepción .Con medio me refiero a imagen.

Pero como ampliar  la percepción sin enumerar los sentidos y las acciones?

Las llagas del contacto

Elemento

Puerta de nada

Acción y condena

Herida cárdena

Sucesión mórbida

***

Lucidez

Esfera táctil

La grieta entre la piel y la carne

Ojo borroso que va

Inundando venas

***

Perpetuo

Carril translucido

Anhelo

Hilacha

***

Reducción

Hueso de tortuga

Hilo de luz/agachado

Como un botón bajo un paño

***

Gato

Curva constante

Piedritas lunares

Cubriendo los vidrios del sonido

***

Habitación

Cajón astillado

Almohada esquelética

Y mi soledad que me mira dos veces

***

Trazo

Cambia la visión

Un vestido susurrante

Se arremolina-transparente- en mis manos

Y las heridas que va dejando

Son como consteladas flores

                                        (rosas)

***

Espejismo

Roce ausente

Tu cuerpo balanceándose

Como cera tibia

Ebria de flores y dibujos

***

Espejo

Contradicción hambrienta

Puente roto/cólera

Un aro que nunca cortar el otro

***

Descristalización

Ascendencia a la nada

Quiebre o

Grieta

 

Ella se detenía

Desde sus dos pies

Veía las aves

Y le dolía

Se quedaba ahí

Con su pequeña tristeza en las pupilas

 

Le dolían los pájaros

Sobre todo las golondrinas

Le dolían los mirlos

Los cuervos menos

Decía

Durante mi niñez pase mucho tiempo entre cajitas. Cajitas llenas de diminutos objetos. Cajones también. Piezas de maquinas inconcebibles, brazos de juguete, piedritas, aretes. Mi infancia estuvo llena de botones, lazos, tiza, papeles, ramitas. Y yo siempre andaba buscando en cualquier cómoda, en  cualquier cofrecito de porcelana, o grande como una tortuga. Una tortuga muy grande. Los lugares donde estarían los objetos más hermosos y extravagantes. Buscando esas pequeñas reliquias inútiles, esas diamantes carbonizados, me enamore (?)De la materia ,del objeto, de la cosa. Me sujetaba a la forma, a los colores, los brillos, los bordes, el peso, el sonido que hacían al golpear madera. Recuerdo golpear uno por uno dados, o tapas, o conchas; golpeándolas contra cualquier lado. Buscando sonidos nunca antes oídos. Cada pedazo de materia era una realidad. Pero. Todo es tan pesado ahora. Cada imagen con su condena.

Mis manos moldeando tus

Tibias piernas, como velas

Eternamente en llamas.

***

Piel de luna

Lunares como gotas de hielo

Piel de luna

Puñal de hielo

Y en tu cintura

La marca que dejo mi mano

***

Por recordar tu piel

Tan clara

Lunares

Gotas de nada

Constelación de cristal vacío

***

Tazas y cuchillos

Como cristal caliente

No me queda nada

***

Consecuencia de los sueños

 

A veces es culpa de los sueños. Cuando, caminando por la calle me

Detengo frente a un muro sospechosamente conocido. Y cuando lo siento

Con mis dedos y recuerdo el tacto de cierto muro. Y de repente todo ya pasó dos veces.

 

***

Pero a veces sueño contigo

Que te beso

Pero esto solo pasa una vez

***

Entonces despierto

Con un sabor en la boca

A besos muertos

***

Otra vez

jamás

otra vez

(jamás)

***

Un sueño recurrente:

Una aldea blanca de casas como iglús. Pero suaves y muy dulces. Y yo salto tan alto.

Entro en una habitación vacía. Pocos objetos tangibles: paredes, madera, ventanas y unas cortinas casi transparentes llenas de calados de flores y enredaderas. Las cortinas se me hacen sospechosamente conocidas, pero lo dejo pasar. Todavía hay luz de día aunque pronto anochecerá .Me siento en el suelo, apoyado contra la pared. La luz se va atenuando, la obscuridad entra lentamente, casi imperceptible. Cierro los ojos  por unos minutos, al volverlos a abrir la variación es mas obvia. Hago esto por cierto tiempo más pero de repente la obscuridad termina de entrar en la habitación.

Por un momento solo hay obscuridad y el ruido de las ventanas empujadas por una corriente nocturna. Aburrido de la obscuridad apoyo mi cabeza contra mis rodillas y cubro mi nuca con ambas manos. De repente los faroles de la calle se alumbran, su luz atraviesa la ventana y los floridos calados de las cortinas. La luz se riega en el suelo donde la veo centellear. Levanto la mirada y para mi sorpresa la habitación se ha llenado de flores mediocremente amarillas y confusas.

 

Delante tiene una gran puerta corrediza.  Intenta deslizarla con sus pequeñas fuerzas y logra abrirla un espacio que deja entra una gruesa  línea de luz del jardín que se prolonga por el piso. Mira por la  franja. El jardín brilla por el sol. Pequeñas flores blancas flotan como gotas de luz sobre el húmedo césped. Intenta atravesar pero la grieta es muy angosta, apenas logra pasar la mitad de su cuerpo y apoya  su espalda en el marco de la puerta, se impulsa y logra deslizarla un poco y al fin sale al jardín

Se queda viendo las flores, una pequeña flor amarilla se asoma algo lejos. Mientras se acerca sus pies van rosando el pasto, del césped saltan invisibles gotitas de agua que van humedeciendo  sus mallas. Se detiene un momento frente a la flor y la mira por un momento, la acaricia y la arranca. Corre a su habitación  y saca una pequeña llave de su zapato, se mete bajo la cama y guarda la flor en una cajita llena de pétalos secos. Rojos, rosados. Sobre todo amarillos.

La ventana había quedado abierta toda la noche. La neblina fría de la ciudad había llenado lentamente la habitación. El frío de mis pies me incomodaba durante el sueño ahora olvidado. Solo me quedaba de el un sabor a fruta seca en los labios y  una sensación ligerísima de que alguna vez un cuerpo tibio se había posado a mi lado.

Me levante para cerrar la ventana .Tres o cuatro mirlos se paseaban entre los cables y los edificios o saltaban de los arboles a los balcones. Los mirlos salen cuando hace frio.

Veo la ciudad ,la reconozco. La calle, la ventana, la circunstancia. Todo es tan fácil .Pero yo me niego .La ventana esta cerrada. Veo mi reflejo todo es tan fácil. Veo la calle otra vez: ¿Por qué no estoy abajo caminando? O sigo dormido en mi sueño inmemorable?

Cojo un lápiz: su color, su peso, su forma, inevitables. Cada objeto con su condena. Escapo y miro la cama pero  es una cama, luego el libro, luego…

 

Intento convencerme de que sigo de este lado .Lanzo el lápiz al suelo pero duda, y luego grita. Y de nuevo ya no sé y ahora es el lápiz sangriento que me quiebra contra el suelo.

Este cuarto está lleno de espejos. Este cuarto donde fumo, y no hay ventanas. Solo espejos. También hay espejos en el suelo, fragmentos de espejos rotos. Fumo con la puerta cerrada, pausadamente, y por unos segundos veo la brasa consumirse y muy cerca, apenas iluminada, una fuga de humo, como una pequeña lengua de niebla. La poca luz que se filtraba por la angosta franja entre la puerta cerrada y el suelo desapareció. De nuevo la obscuridad. Pero Los espejos se aferran al brillo del tabaco. Fumo mientras cuatro o cinco luces se pasean por la obscuridad frente a mí. Y detrás, mas allá de la obscuridad, seis u ocho luces más pequeñas también se pasean, .Yo las veo cambiar de forma, saltar el abismo entre cada reflejo, a veces todas brillan al mismo tiempo, pero no me iluminan. El cigarrillo se termina y aplasto su último brillo contra el suelo. y luego estoy yo, en esta obscuridad, donde ni siquiera mi reflejo es posible.

Los días me van pasando, casi sin pestañear, las noches duran más de lo que deberían. La vida me va pasando y al lado de ella, estoy yo, dejándome morir.

***

Mientras tanto miro desde esta soledad sin tiempo, ajenos a las circunstancias, y siento que solo existe la degradación de la materia. Es algo como existir, pero es una existencia tan leve que no puedo decir de ella más que esta vaga idea.

***

Aunque a veces recuerdo a esa posible mujer y de repente estoy en el tiempo y lo siento terriblemente y debo ver por la ventana un rato para escapar. Tengo que salir.

***

Cada tres pasos avanzaba un gran cuadrado de cemento, a veces son 7, a veces 16 .Pero si yo digo 13 los otros 3 los deberé dar con los ojos cerrados. Por suerte no fallo y la cuenta sigue, pero si hubiera fallado, tendría que dar media vuelta y esta vez no fallar de ida ni de regreso.

Pero esta calle la conozco de memoria, cada grieta en la vereda, cada mancha de hormigón como cicatrices, si, justamente cicatrices. Al fin llego a su falsa tumba y dejo caer una pequeña flor amarilla tras las altas rejas negras.

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Sergio Michel as ‘El Rubio’ on Telemundo’s, Corazon Valiente. Cameo Composite.

Sergio 'The Serge’ Michel’s Cameo Composite from Telemundo’s #1 hit Soap Opera, Corazon Valiente. Sergio played 'El Rubio’, a henchmen of Bernardo (Manuel Landeta) on Episodes 164, 165 & 185 opposite Manuel Landetta, Ximena Duque, Daniela Navarro & Gabriel Valenzuela.

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EXCLUSIVA

“Aylín está muy tranquila. Ella está muy dedicada a su trabajo. Está sacando un personaje superfuerte en la telenovela, que le requiere la mayoría de tiempo. Está combinando su trabajo y a sus hijos, que es lo que quiere proteger", esas fueron las palabras de Rolando Felipe, manager de Aylín Mujica quien habló en exclusiva a People En Español sobre la demanda de divorcio que le interpuso la cubana a su esposo Gabriel Valenzuela.