futuro viaje

Quiero salir contigo, irnos a cualquier lugar, quiero que nos perdamos en otra ciudad, que caminemos por horas hasta que nos duelan los pies, que comamos cosas que ni sabíamos que existían, que cantemos a media noche, que nos emborrachemos hasta el punto en que conozcas mi lado más vulnerable, ese que te dirá el te amo más sincero, que pensará en ti incluso cuando no se pueda pensar. Quiero nadar contigo, en el mar, en una alberca, o incluso bañarnos, lo que sea, que mires mi rostro en la manera más natural que exista; y si hace frío quiero que nos acostemos juntos con una manta y contemos historias de cuando éramos pequeños. Quiero que nos tiremos en el pasto escuchando música, que me muestres tus canciones favoritas y me expliques por qué lo son. Quiero pasar todo el tiempo posible contigo, que todos esos viajes, fiestas, días y noches estés ahí.
Te voy a tratar tan bien , nunca seré cruel, vivamos el momento al cien por ciento. Sin atamientos, ni argumentos llenos de lamentos. Sólo quiero pasarlo bien.
—  La vida es una sola.
Carta a mi yo futura

Hola tú/yo/nosotras/ella… Carolina.

Te escribo desde un lindo escritorio que alguna vez fue tuyo, ubicado en una hermosa casa en la que elegiste vivir con un amor de la vida.

Todo lo que quiero decir está cargado de expectativas y hago frases en mi mente con palabras como: “Espero que”, “Ojalá que” ,”Deseo que”; y no debería ponerme ese peso.

Me gustaría ser leída con inocencia y con una sonrisa dibujada en la boca. Con los ojos bien abiertos, con brillo. Me gustaría ser leída con la curiosidad de siempre, ese motor que me trajo hasta acá y que te llevo a donde ahora estás, estés donde estés.

En este momento el mapa me espera, ancho y con los límites necesarios para mantenerme a salvo. Faltan dos meses para el futuro, dos meses para emprender un viaje. Así que al momento de leer esta carta ese viaje ya será pasado o quizá será presente continuo… lo cierto es que los primeros recuerdos de la aventura, emergerán.

Léeme.

Toma el libro que escribiste… que escribiré.  Huélelo, dime cómo es, dime que te gusta, que fue nuestro primer hijo. Dime que nunca escribiste para agradarles a los demás. Dime que la lluvia de tu libro, moja.

Dime que continúas siendo locamente amada, empezando por mí.

Tócate. Dime que has cuidado tu cuerpo. Que tus piernas continúan firmes, que el electrocardiograma baila a buen ritmo y que tú estómago, criadero de mariposas, está sano y liviano.

Dime que ya no te impones cargas sociales con una imagen de mujer estereotipada, que amas y aceptas tu cuerpo. Dime que corres, nadas, bailas, dime que tienes una bicicleta y que meditas como te enseño mamá. Dime que mamá es feliz y libre. Dime que sigue siendo tu mejor amiga y que aún cumplen un ritual para el café. Dime que ya salieron a viajar en una travesía de ensueño, al Tíbetquizá.

Dime que te rebelas y  ante cualquier injusticia o humillación has tenido la palabra precisa. Dime que tienes memoria, que la dignidad humana y el sentido común aún te importan.

Dime que escribes, que tecleas con fuerza. Dime de qué color es tu libreta, dime que llenas una al mes. Dime que te ganas la vida haciendo lo que amas. Dime que sobreviviste a esa extraña habilidad para reconocer en qué no eres buena y enumera cuántos talentos nuevos te has descubierto.

Cuéntame de las casas en las que has vivido, cuéntame de aquello que has perdido. Háblame del significado de la palabra evolución, háblame de la muerte, cuéntame historias de amor, de humor, de sexo. Háblame del precio de la cobardía. Cuéntame si ya has dictado alguna clase, cuéntame de lo que has aprendido.

Dime que aún tienes la costumbre de nacer con frecuencia. Dime que aún ves lo mejor detodo el mundo. Dime que eres la mejor hermana, dime que siguen riendo y almorzando juntos. Háblame de Nico, háblale de mí. Cuéntame de las navidades, cuéntame si la familia ha crecido.

Dime cuántos nuevos mantras te ha regalado el camino. Cuéntame de aquellas cosas a las que has sido siempre fiel. Dime si conservas los verdaderos amigos, cuéntame de los nuevos que la ruta te ha traído.

Dime que tuviste reencuentros. Dime que volviste a Londres, que le rendiste homenaje y acariciaste cada acera de esa ciudad. Dime a quién llevaste, dime que le hablaste de la fui y ya no soy, de la que soy y ya no eres.

Dime cuáles son los mejores lugares que has conocido. Cuéntame de los sueños que te faltan, dime para cuándo son.

Dime que confiaste, que confías, que cada reto ha sido “la oportunidad de la vida”.

Dime que no hubo tiempo para la ambición porque solo hubo tiempo para lo importante. Dime que eres feliz, dime que todos son felices.

Dime que has vivido frente al mar. Dime que aprendiste a pescar.

Dime que das tu mejor versión y que el saldo de remordimientos está en ceros. Dime que no tienes deudas y que tienes un andar ligero.

Dime que sabes más de la tierra, que nombras más árboles y más pájaros. Cuéntame si aprendiste a bucear. Dime que tus pisadas no contaminan. Dime que de nada dependes, que a nadie has lastimado ni ofendido, que cometes errores con valentía, que practicas el presente, que navegaste el sudeste asiático, que te tocas menos el pelo y que las uñas por fin crecieron. Dime que duermes por las noches. Dime que lo has logrado todo, todo. Dime que no te arrepientes de nada, de nada pero sobre todo, dime que ya no le tienes miedo a la muerte.



Escribí esta carta, como un ejercicio de escritura creativa con dos amigas más, Laura y Elisa. Ambas escriben, ambas dibujan. Haciendo click sobre los nombres, están sus blogs. ¡Vamos por más!

No sé si es importante, pero nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser.
No hay límite en el tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas para tal cosa.
Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder. Espero que hagas lo mejor.
Espero que veas cosas que te asombren.
Espero que sientas cosas que nunca sentiste antes.
Espero que conozcas a gente con un punto de vista diferente. Espero que vivas una vida de la que estés orgulloso.
Y si te das cuenta de que no es así…
espero que tengas el valor de empezar de cero.
—  El curioso caso de Benjamin Button
Tú, yo y los trenes.

Alguna vez pedí que le dijeran que él era ese “ratito más” que te hace perder todos los trenes del mundo.

Cuando él se montó en su tren, y me dejó en aquella estación, comprendí que a quien le importas no retrasa tus viajes, se vuelve itenerario y se monta contigo en cada vagón, dispuesto a conocer todo el mundo a tu lado.

Ojos preciosos, me viste en aquella estación esperando la siguiente salida a un destino sin retorno, y te paraste a mi lado buscando matar el silencio, pareciera que estabas tan confundido como yo, y te miré buscando tus ojos, que se toparon con los míos y algo hizo"clic" en el pecho. No pudiste decir palabra, pero tu cercanía me reconfortaba y me quedé plantada aspirando tu aroma que el viento llevaba a mi nariz. Llegó el primer tren y me pregunté si era el momento de dejar de perderlos, me miraste y me viste dudar, sonreíste con timidez, te regrese una amplia sonrisa y me animé a avanzar, cuando me cediste el paso lo supe, que no había vuelta atrás, que la espera terminaba.

Como por inercia seguí tus pasos, y me encontré sentándome a tu lado sintiéndome cómoda con tu existencia, sin saber definirlo. Pronto cruzamos nuestras primeras palabras, y sin esperar mucho comenzamos a compartir conversaciones más y más largas, tras la ventana vimos muchos fantasmas alejarse, miedos, deseos imposibles, pasados manchados de tristezas. Te abrí la puerta a mi pecho, en el que encontraste unas llagas, y a cambio me mostraste tus pequeñas heridas.

El tiempo se consumió deprisa, y cuando lo inevitable sucedió me enseñaste esto, que no hay distancia que no recorrerías conmigo, que los trenes no se pierden, se cogen y se disfrutan los trayectos, que es mejor sin rutas definidas, porque siempre hay un nuevo lugar al cual ir. El amor no te detiene, no te hace prisionero de ningún lugar, las raíces se echan sobre las personas con quienes edificas un futuro, ¿qué cosa no me enseñas tú?.

Quédate cerca, abre el mapa y señala cualquier lugar, ahora que me he movido, no quiero perder más trenes, los quiero montar todos de tu mano.

CRD | Mayo 24, 2017

Me encantas

Me encantas y sé que lo sabes, me encanta las horas que pasamos platicando, me encanta escuchar tu risa en los audios de media noche, me encanta que me cuentes tu día a día, me encanta cuando recordamos juntas el pasado, me encantan tus hermosos ojos color chocolate, me encanta la manera en la que me miras cuando finjo que no te veo, me encanta ver cómo disfrutas de un buen concierto, me encanta escuchar como te apasionas por el arte y sus efectos, me encanta como hablas de tu familia, me encanta cuando planeamos viajes futuros, sencillamente…

M E - E N C A N T A S ❤️

Todavía hoy un atlas es mi lectura favorita. Siempre los mismos puntos, siempre distintas fantasías. Un día estaría realmente en todos los lugares que señalaba con el dedo. Seguir el mapa con el dedo no era para mi una frase pronunciada irreflexivamente, sino un sentimiento exultante. Soñaba con mis viajes futuros y con cuándo y cómo los haría.

Thomas Bernhard. Un niño

Foto: Estación de Waterloo, 1924

Algunos años después del derrocamiento de Vladmor, Annabelle y James contrajeron matrimonio y tuvieron tres hijos. 

Julliette Ginevra: Es la mayor de sus hijos, lleva el nombre de la madre de Annabelle y el nombre de la madre de James. Es la dulce niña de risos alborotados a la cual Annabelle conoció durante el viaje al futuro que la castaña realizo con Scorpius cuando eran jóvenes.  

Derek Alaric y Jared Caleb: Son sus hijos gemelos a los cuales nadie esperaba mas que Annabelle, ella sabia que sus pequeños nacerían puesto que durante el mismo viaje en el que conoció a Juliette, logro verse a ella misma en una edad adulta y embarazada.