frente frio

chuvas e culpas

não pude abarcar a cor primeira
meu dia amanhece chuvoso
sonhei coisas muito pequenas
um pássaro devora o meu rosto.

ninguém foge do frio da frente
resplandece uma greve geral
eis a minha cidade, uma nuvem
que gelada, e à toa, destoa
da cor deste ressentimento;

a culpa cai sempre no ingênuo
e hoje, deitado e sem rusgas
fiz as pazes, calado, com a chuva
pois meu corpo é bem mais passarinho:

eu que sempre fui mais sozinho
me demoro, agora, casado
em meio a este susto estou claro
e reparo na sala de estar,

a força dos móveis me amansa
estas horas me fazem voar
lá fora um país deu errado
coube a luta a quem soube sonhar.

anonymous asked:

Creo que la alienación ( porque en realidad eso es) es un problema de América Latina, valoramos tanto la cultura occidental e ignoramos por completo lo que tenemos frente a nosotros, la cultura, las lenguas, lugares, Latinoamérica es hermosa.

Soy,
Soy lo que dejaron,
soy toda la sobra de lo que se robaron.
Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frio en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.
Las caras más bonitas que he conocido,
soy la fotografía de un desaparecido.
Soy la sangre dentro de tus venas,
soy un pedazo de tierra que vale la pena.
soy una canasta con frijoles ,
soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
la espina dorsal del planeta es mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
el que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América latina,
un pueblo sin piernas pero que camina. 


Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos.
Tengo mis dientes pa` cuando me sonrío.
La nieve que maquilla mis montañas.
Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña.
Un desierto embriagado con bellos de un trago de pulque.
Para cantar con los coyotes, todo lo que necesito.
Tengo mis pulmones respirando azul clarito.
La altura que sofoca.
Soy las muelas de mi boca mascando coca.
El otoño con sus hojas desmalladas.
Los versos escritos bajo la noche estrellada.
Una viña repleta de uvas.
Un cañaveral bajo el sol en cuba.
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita.
El viento que peina mi cabello.
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello.
El jugo de mi lucha no es artificial,
Porque el abono de mi tierra es natural.


Trabajo en bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte, lo mío es tuyo.
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo.
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para q te acuerdes de mi apellido.
La operación cóndor invadiendo mi nido,
¡Perdono pero nunca olvido!

Chove porque você fechou a porta na minha cara. Eu quero bater na porta e gritar desesperada algumas vezes antes de ir. Mas sento no chão e sinto a chuva entrando pelo decote e encharcando minhas costas, fazendo cócegas na minha lombar.
Está escuro porque você foi embora e eu quero botar fogo no que ficou. Juntar cada camisa, cada canção, cada vez que você errou o tom, todos os bilhetes, metáforas e olhares, cada lição computada, cada conselho seguido, quero deixar secar e atear fogo. Incinerar. Mas acabo só catando as cinzas.
Me sinto dormente porque você não me atiça mais. E quero espernear e sacudir e mover montanhas pra mudar isso. Mas calço tênis pra correr na orla, desenho prédios, canto músicas tristes no banho, aprendo lentamente a seguir em frente.
Faz frio porque você me deixou do lado de fora. Quero gritar até você voltar pra me buscar, fazer serenata na sua janela, te ligar 26 vezes, ligar pra sua mãe 8 vezes, tocar a campanhia e sair correndo. Só checo se as luzes estão acesas, ligo o carro e vou embora.
Porque você deliberadamente me deixou aqui sozinha e, por mais que eu queira organizar um desfile inquisitório, te obrigando a voltar pra mim, eu não sou obrigada e me desfazer em ruínas pra mendigar abrigo. Já passou da hora de eu aprender a me cuidar sozinha. Junto toda a energia que poderia gastar contigo pra investir nisso. Vou embora correr atrás de mim.

Ano de 1983. A cidade de estações repentinas agora era gélida e poucas pessoas aventuravam-se a sair de seus aposentos. Exceto por mim que rastejava a calda da vestimenta escura e cumprimento desordenado pela avenida de cenário turvo e fosco.

As ruas desérticas contribuíam para o clima triste. E nos poucos rostos que passara sem me notar eu procurava os olhos cinzentos que jamais ousei esquecer.

Na infância, o dono, a quem pertencia o par de íris de cor acinzentada costuma ter feições genuínas. No entanto, por indolência do destino me apaixonei quando ele as incendiou de raiva ao receber dos meus lábios um beijo inusitado.

A neve pingava em bloquinhos de gelo por toda parte e, por consequência já teria engolido a esfera plana se ainda não restassem vestígios dos carros estacionados em frente aos estabelecimentos e arvoredos na lateral da estrada, sob o meu campo de visão.

Trilhei o meu próprio rastro marcado pelas gotículas de sangue que saltavam da sola dos meus pés e sobressaíam-se ao branco da neve, mas o inferno estava nas letras embaralhadas e impressas na folha de jornal que o guarda deixara cair.

Agachei para pegá-la e de imediato minhas mãos hábeis amassaram todo o papel, meus lábios secaram e o ódio começou a saltar dos meus olhos a partir do momento em que identifiquei o conteúdo da notícia.

As manchetes propagavam a lenda do casal de romance proibido.

E as falácias de que seres divinos estariam pairando sob suas cabeças não cessavam. O amor entre o anjo e a mulher, segundo a nota, acarretou em catástrofes que os cientistas intitulavam naturalísticas.

Os habitantes convictos de seus devaneios ouviam murmúrios ininteligíveis vindos do labirinto fantasmagórico, que ao serem decodificados narravam à trama a ser digna de cinema.

Sobretudo, uma parte da história estava oculta. Um coração ferido, esfarrapado, atropelado pelas circunstâncias. A incorrespondência de um amor que não vingou.

Porém, a mim, não era suscetível estar fadada a presenciar o romance errôneo pelo resto dos tempos.

Portanto desfiz o caminho por inteiro e voltei às hostis paredes de vidro nada aconchegantes. O silêncio realçava os barulhos da natureza e cedia lugar no consciente para projetar o esboço do mirabolante plano de vingança.

Diante da varanda eu observava as borboletas negras aglomerarem-se na transparência à minha frente.

Está frio demais lá fora para anjos voarem.

Créditos à última frase: The A Team

SUCIO 2: MACHOS ALFA

DECIMOSÉPTIMA PARTE

Guillermo jamás se hubiese imaginado en una situación como aquella y no cabe duda de que estaba pasándola mal. Se encontraba de pie frente a sus padres con las palabras atoradas en la garganta, en busca de explicaciones que no tenía. Esta vez el sonrojo le había quedado corto y la agitación que sentía en su pecho era realmente preocupante. No podía creer que Samuel estuviese en su casa… en casa de sus padres… tumbado en el piso aparentemente… ¿estaba desmayado o estaba borracho? Muy seguramente era lo segundo, pues aquella sonrisa tonta continuaba en su rostro ¿A que venía aquella maldita sonrisa? Eso probablemente es lo que Guillermo se estaba preguntando en el preciso momento en que una voz desconocida resonó al otro lado de la puerta de entrada. Alguien estaba afuera.

–¡Buenas noches! – tanto Guillermo como sus padres voltearon inmediatamente a la puerta con desconcierto. Ellos nunca recibían visitas, menos a esa hora de la noche. El padre de Guillermo se asomó por la mirilla para finalmente abrir la puerta revelando a un señor canoso y con expresión molesta.

–Buenas noches, dígame que necesita – la mirada de aquel hombre se paseo entre los padres de Guillermo, el mismo Guillermo y aquel chico en el piso que roncaba despreocupadamente sin ganas de despertar.

–Que me paguen, eso es lo que necesito

–Disculpe ¿Qué? – aquella estaba siendo una noche bastante peculiar, demasiadas personas desconocidas en un solo momento, el padre de Guillermo le pedía explicaciones a su hijo con aquella mirada confusa que encerraba un millón de preguntas no dichas.

–Ese chico de ahí – aquel hombre desconocido dirigió la mirada a Samuel, quien se removió solo un poco en el piso con aparentes intenciones de despertar, solo para terminar acomodándose mejor y ampliando aun mas, si es que era posible aquella sonrisa odiosa aunque un poquitito adorable en opinión de Guillermo – él me hizo seguir al taxi en el que supongo venía ese otro chico – un dedo acusador apuntó directamente a Guillermo, quien estaba a poco, muy poco de reír de forma histérica por la hilarante y absurda situación – y me dijo que llegando aquí, su novio iba a pagarme, así que ¿Quién va a darme mi dinero?

Guillermo se quedó mudo, aquello era con toda seguridad lo más vergonzoso que había experimentado en su vida. Deseaba que Samuel despertara y sufriera las consecuencias de su ira ¿Acaso aquel hombre había dicho novio?
De pronto los tres pares de ojos estaban sobre Guillermo, pidiendo explicaciones, en espera de respuestas, mientras que él solo deseaba que lo tragara la tierra.

–Pero él no es mi… – ni siquiera alcanzó a terminar con su excusa, su padre hizo un ademán con la mano para que guardara silencio, atravesó el salón ante la atenta mirada de los presentes, abrió un pequeño cajón del enorme mueble del televisor y después de buscar por un momento, regreso con paso sereno hasta el señor que esperaba impaciente en la puerta.

–¿Con esto será suficiente? – el padre de Guillermo estiró la mano dando al taxista un par de billetes, quien los recibió de bastante mala gana, no porque fuera poco, de hecho se le estaba dando mas de lo que seguramente se le debía por la molestia, pero lo habían hecho esperar tanto, que tomó el dinero, dijo un poco amigable “Gracias”  para desaparecer por fin de ahí en cuestión de segundos.

La puerta de la casa se cerró y por varios minutos, quizá segundos que a Guillermo le parecieron eternos, reinó un pesado y agobiante silencio. Hasta que por fin alguien se decidió a hablar.

–¿Vas a dejarlo ahí tirado? – La madre de Guillermo miraba a Samuel con cara de preocupación, se acercó hasta él agachándose en el piso para tocar su frente – está muy frio, va a enfermarse
¿Enfermarse? A Guillermo le importaba bastante poco si Samuel enfermaba, en aquel momento le importaba más su vergüenza y la bastante elaborada excusa que tendría que darles a sus padres para explicar la presencia de aquel chico en su piso.

–¡Pero claro! No te preocupes. En este momento llamo a Santiago y le digo que venga por él y…

–¿Pero tu estás loco? – La voz de su madre lo dejó estático –  Levanta al muchacho y llévalo a tu habitación – la expresión en el rostro de su madre era prácticamente el de una mujer ofendida ¿Pero que narices?

–¿Qué cosa? ¡No no no! Ahorita mismo llamo a otro taxi y que se lo lleve a…

–He dicho que lo lleves a tu habitación –  Guillermo se quedó quieto una vez mas, con el móvil en la mano a punto de marcar, no podía creer lo que escuchaba ¿de verdad su mamá quería que Samuel se quedara en su casa? ¿No estaba molesta acaso de que aquel chico desconocido y borracho estuviese mojado su maravilloso y elegante piso de madera? – si el chico vino hasta aquí a buscarte a esta hora, en medio de la lluvia, debe ser por algo importante ¿no crees? No pienses que voy a echar al pobre chaval a la calle.
¡Increíble! ¡Totalmente increíble! Lo único que le estaba faltando a Guillermo es que Samuel tuviese tanta suerte como para caerle bien a su madre aun cuando se encontraba remojado, borracho y tumbado en el piso ¿era en serio?

–¿Estas saliendo con él? Porque no creo hijo, que esta sea la mejor manera de presentarnos a tu novio – ¡¡¡¿QUÉ?!!! Las palabras de su padre por poco lo hacen atragantarse, sintió el calor de su rostro llegar hasta sus orejas y ya podía hacerse a la idea cuan rojo debía estar.

–¡¡¿Pero que dices?!! ¡Por supuesto que no salgo con él! ¡Y mucho menos es mi novio! ¡Por Dios! Creo que ni siquiera se puede decir que seamos amigos – Guillermo se esforzaba tanto por dejarles claro a sus padres que él y Samuel no tenían nada que ver, que cada una de sus palabras salía incluso mas forzada que la anterior.

Los padres de Guillermo jamás habían tenido problema con el hecho de que él fuera gay, para ellos era algo completamente normal, lo que si les parecía extraño era la forma en la que estaba comportándose, parecía bastante alterado con la presencia de aquel chico y aunque claramente no era normal que alguien llegue de la nada a visitarte borracho en medio de la noche, para después desmayarse en tu piso, Guillermo parecía estar exaltado quizá por razones diferentes.

–Vale, pues entonces… – la madre de Guillermo se encaminó a la cocina mientras hablaba – levanta de mi piso de una vez a tu “no cita-no amigo-no novio” y llévalo a tu habitación, para que puedas bajar a cenar y asegúrate de que se de una ducha antes de dormir o va a enfermar. Mañana ya arreglarán sus… asuntos ustedes dos.

………………………………..

–¿Sigues enojado conmigo? – Lino estaba tumbado en la cama a un lado de Santiago, con la cabeza apoyada en su pecho, escuchando los latidos tranquilos de su corazón.

–No estoy enojado Lino, pero aun no puedo creer que te haya cruzado por la mente que soy capaz de engañarte ¡Y menos con Samuel por Dios santo!

–¿Con Samuel no, pero con alguien mas si? – Lino recibió un no muy fuerte golpe en el brazo por parte de su novio.

–Vas a hacer que me cabree de verdad

–Estoy bromeando mi vida, además ese tal Samuel no es tan guapo como yo

–En eso tienes razón – ambos dejaron escapar una risa tonta, de esas de enamorados que se ríen de cualquier cosa sin gracia.

–Aunque creo que Guillermo no pensaría igual que nosotros ¿a que si? – Santiago se levantó  de pronto tumbando a Lino a un lado, se supone que él no debía saber que a Guillermo le gustaba Samuel, aunque el mismo Guille no hubiese confirmado nada. Lino era impulsivo y hacía falta que Samuel se equivocara de alguna manera y dañara a Guillermo, para que él le saltara encima como madre enfurecida defendiendo a sus cachorros. Lino era protector, a veces se pasaba, pero era buen amigo.

–Pues yo no se a que te refieres – Santiago trataba de hacer de sus palabras algo convincente. Se le olvidaba que a su novio era difícil engañarlo.

–¿Tu crees que eres el único que se da cuenta como Guillermo babea por ese chaval? De hecho ambos babean y yo solo espero, por su propio bien, que ese Samuel no le haga daño a nuestro amigo, porque va a irle muy mal – Santiago confiaba en Samuel, una parte de él quería pensar que jamás sería capaz de hacerle daño a Guillermo, aunque a veces hacemos daño sin darnos cuenta siquiera.

……………………….

Había tardado una eternidad en llevar a Samuel a jalones por las escaleras hasta su habitación, mas de una vez habían estado a punto de precipitarse por las escaleras ante la mirada de espanto de su madre. Guillermo no había querido que su padre lo ayudara, temía que Samuel despertara en cualquier momento y se pusiera a decir cosas embarazosas y sin sentido… y vaya que bastante vergüenza había pasado ya.

Samuel estaba un poco mas consiente cuando Guillermo lo había dejado sentado en un pequeño taburete en el baño. La idea de su madre de que lo obligara a darse una ducha era razonable, el chico estaba remojado hasta el espíritu con agua de lluvia, si se quedaba así enfermaría seguro, pero también era cierto que iba a ser malditamente difícil mantenerlo en pie.

–¡Reacciona maldita sea! – menos mal que Samuel estaba como en dos o tres de sus 5 sentidos, porque de haber estado mas consiente, vaya que le hubiese regresado a Guillermo el guantazo que acababa de darle. Tampoco es que le hubiese dado muy fuerte, pero la desesperación estaba mermando su paciencia y es que tenía por lo menos 10 minutos intentando que Samuel se quitara la ropa. Había logrado y con trabajos, quitarle los zapatos casi a jalones, mientras Samuel balbuceaba y se quejaba quien sabe de que.

–¡Joder Samuel! Se bien que me estas escuchando ¡Pon un poco de tu parte! – lo único que recibía Guillermo como respuesta eran enormes sonrisas que no dejaban un solo diente sin mostrar y palabras entrecortadas con las que difícilmente se armaba una frase con sentido.

–Tengo sueño – aquellas eran las palabras mejor dichas que Samuel había pronunciado hasta el momento, pero que Samuel estuviese intentando dormirse mientras Guille trataba de sacarle la chaqueta a jalones, no era de mucha ayuda.

–¡Deja de moverte y quítate la ropa! Si no lo haces voy a quitártela yo – por supuesto aquello era lo que Guillermo menos quería. No parecía un buen plan que se pusiera frente aquella tentación. Samuel definitivamente tenía que quitarse la ropa el solo.

–Desnúdame que soy tuyo – Samuel soltó los brazos y se dejó caer hacia atrás en el taburete, de no ser por Guillermo y sus buenos reflejos lo detuvieron por los hombros, hubiese caído hacia atrás estrellando la cabeza contra el piso.

Samuel volvió a cerrar los ojos con claras intenciones de quedarse dormido. Para Guillermo era claro que si estaba esperando que él solo se desnudara iba a terminar amaneciendo con ellos dos en el mismo sitio, así que aun con lo reacio que se sentía a hacerlo, empezó a desabrochar botón por botón la camisa de Samuel. El chaval ni siquiera se inmutaba, de vez en cuando abría los ojos, como para checar que es lo que sucedía a su alrededor, pero realmente no se enteraba de mucho y para Guillermo aquello era una verdadera suerte, porque su rostro empezaba a sonrojarse.

No podía sentirse mas ridículo y es que no podía creer como aquella situación lo tuviera tan avergonzado ¿había follado a lo bestia con Samuel en las duchas de la universidad y ahora se sonrojaba por verlo sin camisa? Aquello era para no creerse y es verdad que la situación era completamente diferente, ahora se encontraba en el baño de su habitación en casa ni más ni menos que de sus padres, pero aun así se sentía el tío más tonto del planeta.

Guillermo había sacado por completo la camisa de Samuel y ahora lo tenía frente a él mas dormido que despierto con el torso desnudo y… ¿Por qué estaba tan malditamente bueno? Sentía ganas de golpearlo del cabreo que aquello le causaba, cabreo entre muchas otras cosas por supuesto. Jaló el banco en el que Samuel estaba sentado un poco cerca de a pared para poder recargarlo y empezó a desabrochar el botón de su pantalón. Estaba luchando con ese desgraciado botón que no se dejaba abrir y es que estaba haciéndolo prácticamente a ciegas pues se negaba rotundamente a mirarlo. No podía tenerlo frente a él completamente desnudo y vulnerable sin sentir ganas de empotrarlo en las baldosas de la ducha. Le bajó como pudo el pantalón a jalones y sin mirar, lo lanzó a la ducha con todo y ropa interior. El contacto con el agua fría hizo a Samuel dar un salto, que a no ser por el susto de que cayera y se rompiera un hueso, hubiese provocado en Guillermo una ruidosa carcajada.

–¡Está fría! – esas eran las palabras mas claras y en alto que Samuel había pronunciado hasta el momento, parecía que incluso había disminuido unos cuantos grados de alcohol de su organismo. Abrió los ojos con pesadez y se sostuvo con una mano de la pared de la ducha. Guillermo estiró una mano para regular la temperatura del agua. Samuel parecía haber despertado un poquito.

–Voy a buscarte algo de ropa ¿crees que puedas mantenerte en pie solo sin tumbarte ningún diente contra el piso? – Samuel no pronunció ninguna palabra, simplemente asintió mientras pasaba una mano por su cabello. Guillermo definitivamente tenía que salir de ahí.

Rebuscó por todos lados algo de su ropa que pudiese quedarle a Samuel. Guille era quizá un par de centímetros más alto, pero Samuel era claramente más corpulento. Guillermo en definitiva no tenía esos brazotes, ni esa espalda, ni esas piernas, ni… Aquello no estaba resultando bien y si continuaba con esos no muy santos pensamientos las cosas iban a ponerse feas. Tomó un simple pantalón deportivo y una camiseta y gracias a todas las divinidades existentes, su madre tenía por costumbre comprarle ropa interior a cada rato, así nada más porque podía ¿Creía acaso que aun era un niño? En ese momento daba exactamente igual. Tomó unos bóxer nuevos junto con lo demás y es que no iba a ser muy sencillo saber que Samuel estaba en su habitación con únicamente un pantalón deportivo y sin nada más debajo.

Regresó al baño esperando que Samuel hubiese terminado de darse la ducha. Entro sin siquiera tocar para encontrarse con un Samuel sentado nuevamente en el taburete, completamente desnudo y nuevamente roncando. No podía haberse imaginado nunca que algún día iba a estar viendo una escena como esa. Ni siquiera se atrevía a acercarse, no solamente su cara ardía, su cuerpo completo ardía del calor que sentía en ese momento, las cosas se le estaban dificultando.

Se acercó lentamente con la mirada puesta en cualquier otro lado, rezando para no resbalar con el agua del suelo y romperse un hueso.

–Samuel aquí está la ropa – lo tomó del hombro y lo sacudió levemente – Samuel despierta, te he traído ropa – el chico desnudo y sin vergüenza frente a él ni siquiera se inmutaba – ¡Despierta coño!

Samuel abrió los ojos de golpe, completamente desorientado y mirando a todos lados. Guillermo aun luchaba por no mirarlo directamente. Cuando se dio cuenta que había despertado por completo o al menos eso es lo que parecía, le lanzó la ropa a las piernas y salió del baño como alma en pena.

Unos minutos pasaron en los que Guillermo lo único que escuchaba eran ruidos de cosas cayendo y quejas de Samuel en voz baja. Su madre había subido a decirle que iba a dormir ya, la cena estaba lista por si aun tenía hambre. Lo último que Guillermo tenía en ese momento eran ganas de cenar.
Estaba a punto de entrar nuevamente al baño para ver que es lo que sucedía, cuando la puerta se abrió. La visión de Samuel medio adormilado, con el cabello mojado y alborotado, descalzo y vistiendo su ropa, era completamente irreal y sería muy hipócrita de su parte negar que aquella sería una imagen que deseaba que no se borrara de su mente.

Samuel caminó un par de pasos antes de irse de lado. Por suerte logró detenerse de la pared hasta que Guillermo llegó hasta a él y lo ayudó a llegar a la cama. Lo tumbó con no mucho cuidado y cuando estuvo acostado por fin, lo arropó con las mantas. Samuel estaba helado completamente y temblaba como una hoja en viento otoñal, al parecer aun con la ducha no iba a poder librarse de un buen resfriado ¿y quien le mandaba salir a la calle en medio de la lluvia? Guillermo aun trataba de entender como es que Samuel había llegado hasta su casa ¿Cómo se había dado cuenta? ¿Lo había estado espiando acaso? Probablemente había sido una coincidencia que hubiese aparecido en la entrada de la universidad justamente cuando el estaba subiendo sus cosas al taxi. Habían muchas preguntas que Guillermo deseaba hacerle a Samuel, como ¿Por qué había bebido tanto si según lo que el sabía a Samuel no le gustaba el alcohol? Pero al parecer aquel no era un buen momento para hacer preguntas. Samuel tendría mucho que explicarle cuando despertara y él tendría también mucho que decirles a sus padres al siguiente día.

–A mi ya no me gusta el alcohol – Guillermo se había quedado sentado en la orilla de la cama, tan metido en sus pensamientos que no se había dado cuenta que Samuel tenía quizá un buen rato mirándolo. Deseaba estar enojado con Samuel por las vergüenzas que lo había hecho pasar esa noche, pero no podía, se veía malditamente adorable con los ojos adormilados y con su camiseta de minion.

–¿Quiere decir que antes si te gustaba?

–Nunca me ha gustado de hecho ¡Y no voy a beber nunca más en la vida! – Samuel parecía muy convencido de sus palabras y aunque aun tartamudeaba bastante para poder formar una sola frase coherente, al parecer la ducha le había sentado bien y estaba recuperando poco a poco la conciencia.

–Pues tienes razón, no deberías volver a hacerlo ¿sabes? Te pones muy imbécil cuando estás borracho – Samuel no respondió nada, en su lugar hizo un completamente adorable puchero que Guillermo no pudo resistir, una sonrisa innegable se había pintado en su rostro, acercó su mano a la mejilla de Samuel y lo acarició sin siquiera darse cuenta de lo que hacía. Reaccionó prácticamente al instante alejándose de él como si estuviese escapando de algún contagio. Se puso de pie y caminó hasta la puerta.

–Tienes que dormir ¿vale? Yo iré abajo a dormir en el sillón del salón – Samuel se incorporó rápidamente en la cama al escuchar las palabras de Guillermo. Claramente no quería quedarse solo, además aquella no era su habitación, si alguien tenía que irse definitivamente era él. Al parecer poco a poco su razón regresaba.

–No quiero que te vayas – Guillermo se detuvo de golpe frente a la puerta – esta es tu habitación después de todo. Debería irme yo.

Guillermo pudo sentir como en ese preciso instante su corazón empezó a golpear en su pecho con fuerza, con más fuerza de la que lo hubiese hecho antes. Tenía una sensación rara en el pecho y en el estomago esas llamadas “mariposas” que a él en ese momento le parecían una colmena completa de abejas. Estaba ante una decisión importante porque no quería que él se fuera. Podía parecer cualquier cosa pero no lo era, se suponía que el no quería tener nada que ver con Samuel, no quería involucrarse con un chico para el cual el no significaba nada mas que sexo fácil, un chico que probablemente se olvidaría de él tan fácilmente y rápidamente como se le pasara su etapa de hetero con curiosidad. No quería exponerse, pero no podía negarse a esa mirada y aunque Samuel daba como opción el irse él, para Guillermo aquello era claramente un “quédate”. Era difícil, Guillermo no quería aceptarlo quizá por orgullo, pero ya estaba más que involucrado. Sentía por Samuel algo muy fuerte, algo que iba mas allá de un simple gusto y aunque aquello lo acojonaba por múltiples razones, también era un enorme motivo por el cual se sentía feliz y con mas ganas de sonreír de las que hubiese tenido en mucho tiempo.

Cerró nuevamente la puerta que había abierto en algún momento que ni siquiera recordaba y avanzó hasta la cama sentándose a un lado de Samuel. Se quitó los zapatos y probablemente aquello fue entendido por Samuel de manera equivocada. Se quitó las mantas de encima dispuesto a levantarse de la cama, cuando la mano de Guillermo lo detuvo tomándolo fuertemente por la muñeca.

–Quédate también – Guillermo pudo sentir como el cuerpo de Samuel se tensaba al escucharlo decir aquello y si no fuera muy descabellado de su parte incluso podía advertir algo de nerviosismo en su mirada. Finalmente ambos terminaron tumbándose en la cama y cubriéndose con las mantas.
No estaban ni remotamente cerca, la cama de Guillermo era muy grande y cada chico había quedado en uno de los extremos. Era como sentir que si se acercaban solo un poquito todo iba a estar perdido para los dos. Esa noche no era siquiera momento para pensar en algo sucio o morboso, aun después de que Guillermo hubiese visto a Samuel completamente desnudo. En ese momento ambos chicos estaban exponiendo sus corazones, sus sentimientos, estaban mostrándose vulnerables por el otro. Y claramente ninguno de los dos hubiese querido algo así, ambos tenían el orgullo demasiado arriba como para aceptar que habían caído rendidos ante el otro, pero a veces las decisiones no las tomamos nosotros y por más ridículo o cursi que suene, a veces quien manda es el corazón.

La mano de Samuel se extendió bajo las mantas, buscando con desesperación el rose de la piel ajena. No quería parecer necesitado, pero lo estaba, necesitaba saber que ese chico por el que ahora sentía tanto estaba ahí con él, pare él. Alcanzó por fin a rozar los dedos de la mano de Guillermo y en ese momento el escalofrío que ambos sintieron les heló la sangre.

–Yo pienso que tu terminarás enamorado de mi – las palabras de Samuel salieron como un susurro bajito, casi imperceptible

–¿Qué es lo que dijiste? – Guillermo había escuchado claramente y recordaba a la perfección cuando él mismo le había dicho aquellas palabras a Samuel.

–Tu me dijiste eso hace mucho ¿lo recuerdas? – Guillermo sintió como Samuel apretaba cada vez más su mano

–Lo recuerdo Samuel

–¿Te digo una cosa?

–Dime

–Tenías razón
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AHHHHH!!! No se porque el final me hizo querer llorar D: o será que me estoy volviendo cada vez más cursi. Espero que esto les haya gustado tanto como a mí, de verdad este capítulo fue como muy importante y amé cada palabra que escribí, espero que les guste mucho también!! Gracias♥

Cuida de mim

Você não entende, mas eu peço abrigo. Um abrigo bem claro, bem na minha frente, que dissipe frio ou incômodo qualquer. Não entende e me olha como se passasse por mim na rua, como se a vista do horizonte fosse maior que eu, como se eu fosse uma alegoria trançada num adorno qualquer. Eu não peço esmola, eu peço abrigo afetivo de verdade. Queria mesmo é que você parasse pra perguntar como foi o meu dia. Foi bom, tô bem, eu digo. Bom e bem são sinônimos de toda crise interna que a gente não consegue afugentar, não acha? Eu teria curiosidade em te conhecer abertamente. Te levaria prum quarto parado numa estrada qualquer pra te devorar. Ouviria as suas histórias e te pintaria nos meus escritos. Esboçaria um pouco dos teus olhos e das olheiras, que é pra te dar um ar humano, e reconheceria suas falhas no papel. Me pinta em aquarela pra me dar vida? Me tira daquele meu apartamento monótono que só faz de mim prisioneiro de alguma coisa apática, de uma vida que eu jurei pra mim mesmo que nunca viveria antes de guardar meus sonhos no baú e sair por aí vivendo o que a gente chama de vida. Tô bem, foi bom, digo quando o telefone toca. E na minha voz fica a marca dos trilhos rangendo, do peito rasgando, da carne se consumindo por dentro. Bem e bom são sinônimos de um apocalipse pessoal. Você não me conhece, mas eu suponho que poderíamos ser amantes. Ou amadores. Sempre achei que todo amante tivesse algo de amador e por isso as derrapadas pelo caminho. Poderíamos também ser amigos e você me contaria da tua vida com frequência pra me arrancar da realidade? Eu te mandaria postais e a gente viveria nessa espera ansiosa de receber respostas. Promete pra mim que me escreve? Descreve, me escreve no papel, me rabisca um pouco pra eu sentir que não sou imaginado no mundo. Que eu existo e tenho uma âncora feito você pra botar meu pé no chão.Eu te confesso que tenho um porão escondido dentro de mim. Vez ou outra eu revisito pra checar se a umidade já corroeu as vigas, as dobras das portas, as frestas do assoalho. Na maioria das vezes eu espirro por conta da alergia e não tem ninguém ali me oferecer um lenço. Tudo bem, sou precavido, tenho levado o meu há anos a fio quando aprendi que a gente tem que se embalar na gente senão a coisa toda despenca. Mas olha, eu faria do meu escuro um lugar bonito pra você me visitar. Limpo tudo e deixo as coisas boas em cima dos móveis e um porta-retrato de nós dois. Não precisa vir hoje ou nem amanhã. Só vem um dia e me tira dessa cidade perdida, dessa confusão que implica em me deixar com dois cigarros na rua e uns pensamentos que cortam, me tira desse conformismo absurdo e me afunda. Me afoga, me enforca, me joga do alto de um edifício, mas não me deixa viver essa coisa que não me deixa ver todas as coisas boas que os seus olhos castanhos contam.

Só vem um dia, larga as malas na porta, bota o pé pra dentro de casa e cuida de mim.

Daniel Bovolento