frenos

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El grupo de ingenieros que desarrolló el sistema de frenos del Leopard, en Alemania, comprueba el resultado.

Cuando está llegando se puede ver claramente los que mean sentados.

@jemahuja.

Sé fuerte, me dijeron. Como si no estuviese intentando levantarme desde esos cimientos que tan apegados se quedaron conmigo.
 
La llama brillaba cada vez más y el tiempo corría a lo loco y yo era ese soñador que se detenía en cada esquina para apreciar la sonrisa del niño, el atardecer en el horizonte y la madre siendo notificada de su embarazo.
 
Siento llevarme conmigo a todo aquel que se interpone en mis sentimientos, que se pone en frente de toda esta velocidad frenética que llevo en las venas y todo detalle que apuntó a mi sonrisa. Perdón, no sé de frenos, ni mucho menos de amar sin dejar manchada la escena del crimen.
 
El paraíso no debe ser el Cielo, sino una colección de todos los buenos recuerdos que fuimos acumulando a lo largo del camino, ir apreciando las flores que ir cortándolas para regalárselas a gente que no tiene vida.
 
Hay chicas a las que se le regalan margaritas, y hay otras a las que se les regala el rosal.
 
El amor duele cuando intentas no echarle de menos, y en cambio, terminas llamándole y diciéndole que ya no le quieres de vuelta, y que has disfrutado del capítulo de su vida y que el tuyo es ese al que de ahora en adelante regresarás para leer lo subrayado.
 
Vale, hay cosas tan bonitas que es imposible escribir de ellas, porque describirlas sería un pecado capital. Cosas que a simple vista son fugaces y más adelante te das cuenta de que fueron estrellas.
 
Volvemos a donde reímos, porque nos gusta el masoquismo de recordarnos felices cuando estamos hasta el cuello de tristeza. Y vale la pena volver, porque siempre, pero siempre hay algo que nos hace quedarnos.
—  “Volver a donde reímos”, Benjamín Griss
Y entonces llegas tú, cuando no buscaba enamorarme, cuando no me creía capaz de volver a amar a nadie, y pones todo patas arriba.
Sin siquiera preguntarme decides convertir mi soledad en tu presencia y la ausencia de sentimientos en mariposas en el estómago.
Decidiste que lo mejor que podías hacer era romper las reglas que yo me hice, arrancar mis frenos y tirarlos por la ventana, acelerar mi corazón, alborotar mis neuronas y pisotear mis miedos hasta convertirlos en polvo.
Te tatuaste en mi alma y entraste a vivir en mi corazón.
Transformaste en sonrisa todas mis tormentas y calmaste mis demonios. 
Borraste de mi vida todo rastro de tristeza y saciaste el vacío que me devoraba.
Te apoderaste de mis letras, pensamientos y sueños haciéndote la única dueña y protagonista de cada uno de ellos.
Sin siquiera buscarte llegaste y encajaste a la perfección en mi vida haciéndote totalmente importante e indispensable.
Y todo esto me lleva a preguntarme, cuando te vayas ¿Cómo podré vivir sin ti?
—  Recovecos de mi alma
Primero, quiero pedirle disculpas a todos los que están leyendo esto. De verdad lo lamento. Estoy viniendo a ustedes en un momento de necesidad. Lo único que pido de ustedes es que lean la historia completa, eso es lo único que necesito. Mi nombre es Andrea, soy una madre soltera. No les digo esto con el propósito de recibir una medalla o de que me feliciten como muchas otras del círculo social al que pertenezco. Ellas sólo quieren palmaditas en la espalda y que les den reconocimiento; sólo quiero algo de tu tiempo. Veo a la maternidad como un fastidio. Es algo necesario, sí, pero es algo fastidioso también. Mi hijo se llama Jesse. Tiene once años. Jesse comenzó el quinto grado como cualquier otro niño. Él era un chico muy alegre, lleno de vida y con mucha energía. Todo eso cambió cuando conoció a Stan este martes. Stan era un estudiante que había acabado de ingresar al colegio. Se sentaba al lado de Jesse. Cuando fui a recoger a Jesse de la escuela él no paraba de decirme que Stan era su nuevo mejor amigo. No parecía actuar como él mismo. Estaba muy pálido y sudoroso. Le tomé la temperatura, pero no tenía fiebre. Le pregunté cómo le había ido en el colegio, pero lo único que decía era que Stan era su mejor amigo. “Stan es mi nuevo mejor amigo” Decía Jesse. “Lo sé, quisiera conocerlo alguna vez” Le respondía yo. “Mamá, Stan es genial. Debería presentártelo alguna vez. Es mi mejor amigo. El mejor amigo de todo el mundo entero.” Tuvimos esa misma conversación unas cien veces ese mismo día. Cuando acosté a Jesse en su cama, él me miro con lágrimas en los ojos. Puso su mano enfrente de su cara y me señaló con el dedo para que me acercara un poco. Volteé mi cabeza y él me dijo algo en la oreja que me dio un pequeño escalofrío. En ese momento no sabía porque me dio un escalofrío, pero lo hizo. “Tú me crees. ¿Verdad?” Me susurró. Me levanté de la cama para poder verlo de frente. “¿Qué si te creo qué, cariño?” “Stan,” Respondió. “Stan es mi mejor amigo.” Asentí con la cabeza y le volví a tomar la temperatura. No parecía tener fiebre, de nuevo. Me fui a mi cama, pero en realidad no pude dormir bien esa noche. El miércoles, cuando iba en camino de llevar a Jesse al colegio, se le veía muy extraño, me dijo que no quería ir a la escuela hoy. “¿Te sientes mal?” Le pregunté. “No” me contestó. Se estaba mordiendo el labio inferior de manera muy extraña. Nunca lo había visto tan nervioso. “No. Tengo que ir a clases.” Abrió la puerta del auto y se fue directo a la entrada de la escuela. Sin decirme te quiero. Ni siquiera un adiós. Nada. Caminó hacia la entrada del colegio con la cabeza baja. Presioné los frenos y di media vuelta para dirigirme al trabajo. Un niño estaba parado enfrente de mi carro. Dos segundos más y lo hubiera arrollado. El chico era pálido, con un cabello de color amarillo casi blanco y ojos de azul claro. Dio unos golpes en la parte delantera del auto como si fuera una puerta dos veces, me saludó, y subió las escaleras camino a la escuela. Cuando recogí a Jesse de la escuela ese día, se le veía más animado. Estaba solamente un poco más pálido de lo normal, pero de resto se le veía alegre. Me dijo todo lo que había hecho en la escuela. Me habló sobre dinosaurios, música, matemáticas, y luego me dijo sobre lo que hizo en el receso. “Y después de matemáticas tuvimos receso. Mamá, no creerás lo que hice hoy en el receso” “Dime” Le dije, sonriéndome a mí misma mientras conducía. Estaba pensando en las cosas que jugaba yo con mis compañeros cuando tenía su edad. Algo clásico, algo normal. “Me uní a una iglesia” Estaba un poco confundida. “¿Te uniste a una iglesia?... ¿En el receso?” Jesse asintió. “La iglesia de Stan.” Creí que era alguna cosa que se habían inventado los chicos para entretenerse. “¿Qué es la iglesia de Stan?” Le pregunté. “Es la iglesia de Stan, Mamá.” Jesse se rio como si hubiera hecho una pregunta obvia. “¿Y qué es lo que hacen ahí? Ya sabes, como miembros de esa iglesia” Le pregunté. “Muchas cosas. Hoy solamente hicimos la iniciación y escuchamos a Stan. Estaba hablando en palabras raras y divertidas, luego todos nos sentíamos cansados y nos acostamos un rato.” Estacioné el auto junto a la casa. “¿Eso fue todo?” Le pregunté. Eso sonaba raro, pero los chicos no parecían estar haciendo nada malo. “Stan nos dio volantes también” Jesse sacó un pedazo de papel arrugado de su bolsillo. Tenía tres palabras escritas en marcador negro. Iglesia de Stan. Al día siguiente, cuando fui a recoger a Jesse de la escuela, estaba convencida de que algo de verdad malo le estaba pasando a mi hijo. Estaba muy asustado y nervioso. “¿Qué te ocurre, cariño?” Pregunté, tocando su frente para sentir su temperatura. No tenía fiebre. “Jugamos al juego de las almas hoy” Dijo. Su cabeza estaba de lado. No se quedaba quieto en su asiento. Miraba a todos lados en el camino a casa. “¿El juego de las almas?” Le pregunté. Él sólo asintió con la cabeza, mirando a todos lados como si buscara algo. Una enorme cantidad de sudor corría por su cara. “¿Qué es el juego de las almas?” Pregunté. “Le dije que no quería hacerlo, pero él me dijo que dejaría de ser mi amigo si no jugaba con él.” “¿Cuándo fue eso? ¿Dónde estaban los profesores?” “Todo ocurrió en la iglesia,” contestó. Luego dijo casi susurrando, “Los adultos no pueden entrar a la iglesia.” “¿La iglesia de Stan?” Jesse asintió, con una lágrima deslizándose por su mejilla. “¿Qué es el juego de las almas, Jesse? Soy tu madre. Si tienes algún problema sólo dímelo.” “No puedo decirte, mamá. No puedo. Las reglas son malas. Son muy malas” “¿Y si le pregunto a Stan?” Pregunté “¿Él me dirá las reglas?” “¡NO!” Gritó Jesse, dándome un verdadero susto. “NO LE PREGUNTES A STAN LAS REGLAS. POR FAVOR, NO LO HAGAS, MAMÁ. POR FAVOR.” Estacioné el auto, asustada y confundida. “Promételo, mamá promételopromételopromételopromételopromételopromételoporfavor.” Jesse estaba balbuceando, estaba muy asustado. Lo agarré y comencé a sacudirlo, tratando de calmarlo. Se quedó dormido en mis brazos, así que lo llevé a su cama y lo acosté para dormirlo. Sólo necesita dormir. Me decía a mí misma. Lo único que necesita es dormir. Lo dejé en su cama y cené sola. Fui a verlo a su cuarto alrededor de las nueve antes de acostarme. Parecía estar profundamente dormido. Me desperté inmediatamente al oírlo gritando 18 minutos pasadas las 12 de la noche. Corrí hacia su cuarto, pero no estaba en su cama. Encendí la luz y Jesse salió del closet en el que se escondía, corriendo, como si algo lo persiguiera. Se abrazó a mi pierna, seguía llorando. Traté de calmarlo e intenté preguntarle qué pasaba. Nada de esto tenía sentido. Seguía gritando sobre el juego de las almas. Intenté volverlo a acostar pero no hacía caso. Finalmente, decidí llevarlo a la cama conmigo. Jesse se durmió inmediatamente. Yo me quedé acostada en mi lado de la cama mirándolo, acariciando su cabello, cuando de repente sus ojos se abrieron y me miró fijamente. “Le contaré las reglas del juego mañana después de clases, señora.” Me dijo. Luego volvió a cerrar los ojos. ¿Qué le estaba pasando a mi hijo? En la oscuridad, no podía hacer nada más que mirar el techo, moverme de lado a lado y mirar el baño. No pude dormir esa noche. ¿Sabes cuando estás apunto de dormirte pero a veces algo te despierta? A veces imaginas que te tropiezas y caes, y te obliga a despertarte. Eso me pasó por toda la noche, sólo que lo que me despertaba era una silueta que aparecía en la puerta del baño cada vez que se me cerraban los ojos. Pero cada vez que miraba atentamente no lograba ver nada. Cada vez que cerraba los ojos, la figura aparecía de nuevo, obligándome a despertar, sólo que cada vez aparecía más cerca de mí. Esto siguió pasando toda la noche, hasta que se hizo la hora de llevar a Jesse al colegio. Esta mañana Jesse se veía muy distante, como adormecido. Yo estaba igual, pero más exhausta. Pensé en preguntarle a Jesse sobre lo que ocurrió ayer. Pero temía que volviera a pasar lo mismo de ayer. Lo lleve de camino a la escuela. Él no decía nada, parecía un robot; sin vida ni emociones. Tiempo después de haberlo dejado en la escuela recibí una llamada, para que regresara a recogerlo. Había vomitado en clase. Cuando fui a recogerlo. Se le veía igual. Le pregunté varias cosas, pero sólo me rugía como respuesta. Iba a llevarlo al doctor después de que se cambiara de ropa. No dijo nada hasta que llegamos al estacionamiento. “¿Puede Stan venir hoy a casa?” me preguntó. “No te sientes bien, cariño. ¿De verdad quieres que venga hoy?” Le pregunté. Ya quería conocer a este chico, pero no parecía que Jesse quisiera tenerlo en casa. “Sí” Me respondió. “Okay, ¿Tienes el número de sus padres?” “Él ya le preguntó a sus padres, ellos dijeron que podía venir.” “Pues todavía tenemos que esperar a que salga de clases. Y aún así quiero hablar con sus padres.” “Okay.” Jesse bajó del auto y caminamos a la entrada de la casa. “¿Tienes su número?” Le pregunté, cerrando la puerta. “No” Me contestó. Le preguntaba cómo se suponía que hablaría con sus padres si no tengo su número y si no sé donde viven, pero alguien tocó la puerta. Yo estaba parada justo al lado de ella. Abrí la puerta, y parado en frente de ella estaba el chico pálido de ojos azules que casi atropello el otro día. Una chica muy parecida a él estaba a su lado. “¿Sí?” Les pregunté. “Hola Driz, ¿Está Jesse en casa?” Dijo el chico. No sé como sabía ese apodo. No me llamaban así desde la universidad, cuando mis amigas me lo habían puesto en una noche de ebriedad, era corto para Drizzy. “No” Le respondí. “Está bien” Dijo la niña que lo acompañaba. “Mi nombre es Devin, y creo que ya conoces a mi hermano Stan.” Stan sonrió y comenzó a hablar. “Las reglas del juego son muy simples. Regla uno: No pasar frente a espejos por la noche. Regla dos: No dejar ninguna puerta abierta cuando te vayas a acostar esta noche. Pregúntale a Jesse sobre la regla tres, y recuerda esto, un rechinido significa que estás haciendo algo mal, un crujido significa que estás a punto de perder. Cuando las luces se apaguen de repente, con suerte no verás la silueta oscura observándote en una esquina de la habitación. Con suerte no sentirás su respiración en tu cuello mientras caes al suelo. Y si escuchas un golpeteo. Bueno, con suerte nunca escucharás un golpeteo.” Stan se dio media vuelta y se fue con su hermana. Me les quedé viendo mientras se iban y agité mi cabeza. No iba a ser parte de su estúpido juego. Caminé a la cocina y me encontré con Jesse sentado en una silla a un lado de la mesa, llorando. “¿Qué ocurre, cariño?” Le pregunté. “Escuché un golpeteo” Me dijo entre sollozos. Mi boca estaba seca. “¿Cuándo termina el juego?” Le pregunté. “Nunca,” Me susurró. “El juego nunca termina” Mi corazón estaba latiendo muy rápidamente. “Cuál es la regla número tres, Jesse?” Su cara perdió toda expresión y trató de reunir aliento para decirme la última regla “Regla tres. Una vez que sepas todas las reglas, ya eres un jugador.” Mi corazón se detenía. “¿Qué ocurre cuando pierdes?” “Cuando sea de noche, los oirás llegar. Les gusta hacerte saber que están cerca.” “¿Quiénes?” “Stan y Devin” Dijo Jesse. “Vendrán de cualquier espejo o puerta abierta y te arrastrarán con ellos.” “¿Cómo ganas?” “Ganas si le cuentas a más personas las reglas del juego que la persona que te las contó a ti.” Como dije al principio, lo lamento. Pero gracias por ayudarme. Lo digo sinceramente. Ahora puedo disfrutar mi libertad de nuevo. Espero que disfruten su noche. Y saluden a Stan y Devin de mi parte.

ASÍ
Me has pedido que te escriba,
Y esta noche me inspira,
A decirte unos cuantos versos,
Y a soltar un par de sentimientos,
Con ganas de darte un plan,
En donde tienes que mirar,
Tus errores y encantarte de ellos,
Y decir,
Así soy y tengo para regalar.
Que te vean caminar fuerte al salir,
Voltea a ver quien te envidia,
De verte feliz usando tacones y labial rojo,
Junto a un vestido negro precioso,
Con aquella mirada,
Que el cielo mismo te envidia,
Ojitos azules,
Bonita de mi corazón,
Si te vieras como te miro,
De seguro te atreverías,
A entregarme tu corazoncito,
Que yo mismo cultivaré en él,
Un jardín precioso,
Y para cuando florescan tus encantos,
Tus defectos se irán,
Y lo que quedará es eso que le llaman amor,
Y no uno cualquiera,
Sino un amor tan nuestro,
Bonito y sincero,
Inquieto y travieso,
Con momentos perversos,
Así,
A nuestra manera de amar…

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Autor: Ed (El Buen Malo)
Psdt. Esto escribí sin frenos… y si gustas leer más escritos así sígueme en Instagram: @edwinpesantezp que por allá tengo más escritos así :’)

Mentre le ragazze della mia età facevano coi maschi prove di volo, io facevo prove di abbandono.
Dopo venti giorni di cinema, pizza, normalità, avvertivo l’urgenza di non vederli più.
Ricorrevo all’addio tramite sms: “Non funziona”, come si trattasse di un elettrodomestico.
Un introverso mi rispose con uno squillo e sparì nel nulla.
Un logorroico mi scrisse una lettera di cinque pagine in cui mi avvertiva che un dipendente era stato risarcito dall’azienda perché licenziato tramite sms, concludeva con: “Quanti danni morali dovrei chiedere io a te?”. Ora fa l’ avvocato.
Un ricco mi comprò un cellulare molto costoso per convincermi a richiamarlo. Non accettai: mi piacciono i regali, non gli investimenti. Ora lavora in Borsa.
Un mammone, che mi aveva invitato a casa sua per presentarmi, mi rispose “Mia madre ha preparato il pranzo, che le dico?”, gli consigliai di dirle che non avevo appetito. Ora le presentazioni le fa al ristorante.
Con loro ero stata prevedibile, inaffidabile, seriale: mai una foto insieme, una promessa, un ripensamento. Eppure, se li incontravo per caso, ci tenevano a fermarmi, volevano a tutti i costi offrirmi un caffè, azzardavano un contatto, mi chiedevano perché fosse finita, io mi chiedevo perché fosse iniziata, perché non m’insultassero, perché non sentissero l’oltraggio, l’orgoglio, l’abbaglio.
Avevo detto addio prima della fine: io per loro non avevo fatto in tempo a diventare stanchezza, ero rimpianto, voglia intatta, e loro per me non avevano fatto in tempo a diventare mancanza.
Ti ho conosciuto in pizzeria, a un cena universitaria. Stavi seduto accanto a una ragazza, lei era di Latina, ma sosteneva che sua nonna era regina d’Etiopia, tu la guardavi perplesso. Ho preso posto accanto a te, ho pensato: sei tu.
Un giorno quando racconterai ad altri il nostro inizio dirai che stavi parlando con una principessa ed è venuta a infastidirti una “zanzarina”, io ti dirò zanzarina a chi?, ma nei tuoi diminutivi sentirò il sollievo di non dover essere grande. Ci siamo rivisti un diciotto maggio alle diciotto, alla fine delle lezioni mi aspettavi. Hai chiesto il mio numero di telefono a un’amica comune e io l’ho rimproverata per avertelo dato.
Paura di te, delle nostre notti passate a passeggiare a vanvera per Roma, sai?, mi sembra che certe piazze e certe strade le abbiamo viste solo noi, non le ho più trovate. Mi hai portato in ristoranti sofisticati, ma dal Cinese ti sei fatto coraggio e m’hai baciato. Due giorni dopo ho provato a lasciarti: “Non funziona”, ti sei piantato sotto casa mia, hai pianto, hai detto “Aggiustiamola” e ci abbiamo provato.
A insegnarmi come si tiene e si lascia tenere una mano ce n’è voluto, io bravissima a scansare, mi prendevi la mano, indicavi un’insegna e dicevi “tienimela fino a lì, manca poco”. Ho cominciato a cercare la tua mano prima che tu prendessi la mia. Abbiamo noleggiato cento film, non ne abbiamo seguito uno, abbiamo smesso di camuffare i nostri difetti, la discesa del mio naso, la tua altezza, i tuoi capelli arrabbiati, i miei più arrabbiati dei tuoi, il tuo ginocchio, la cicatrice che ho vicino all’orecchio, “bella questa malformazione” hai detto passandoci il dito sopra ed era come se la disegnassi tu in quel momento, ti ho detto “allora è una benformazione”. Abbiamo costruito un vocabolario nostro, di parole minuscole ed esagerate, di progetti fatti, un figlio coi capelli inevitabilmente arrabbiati e i denti a perle, tu gli insegni a guidare la macchina ma io gli dico di andare piano, io gli scrivo le favole ma tu gli spieghi come si sogna.
I venti giorni erano scaduti da mesi, anni, non tenevo più una contabilità precisa. La voglia restava intatta e cresceva invece di diminuire. E mi mancavi anche quando c’eri.
M’hai dato un anello, ti ho detto “è largo” senza nemmeno provarlo.
In chiesa ci tenevi ad andare insieme, io non ero praticante, non lo sono, però una volta ti ho accontentato. Il prete recitava il primo comandamento: “Non nominare il nome di Dio invano.”
Il nome di Dio invano non l’avevo mai fatto, ma di addio invano ne avevo detti tanti e dentro di me ho giurato di non aggiungerne un altro.
La nostra prima foto ce l’ha scattata un marocchino. Io ho provato a dire no, niente foto, ma tu ci tenevi, hai fatto quella faccia, quando facevi quella faccia io pensavo sempre “perché no?”. È il mio compleanno, mi hai regalato il bracciale col cuore, quello che guardando una vetrina ti ho detto che mi piaceva e tu sei stato attento. Siamo nella stessa immagine: io pallida, quasi trasparente, tu scuro; io col broncio costante, tu che sorridi e non serve chiedertelo. A guardare bene, ci separa un’interruzione, un precipizio, uno strappo netto: l’ho fatto io una sera in cui volevo cancellare le nostre prove e un attimo dopo già l’aggiustavo con lo scotch. La foto l’ho messa in una scatola insieme al bracciale col cuore, all’anello, a tutte le lettere e le parole che non c’assomigliano più.
Ma forse un gesto è solo un gesto e una frase è come tante, è chi la sente a caricarla di significato, cerco di convincermi ogni volta che un ragazzo mi fa una carezza, le mani sono mani, le tue, le sue, quelle di un altro, che differenza fa?, lui segue i miei lineamenti, scende sul collo, poi risale, si sofferma sulla cicatrice che ho vicino all’orecchio, penso: la benformazione, e scanso la sua mano infastidita. Vorrei che le parole per me non avessero tutta questa importanza, vorrei che non m’incatenassero a chi le dice, a chi le ho dette.
E maledico i ricordi felici perché fanno più male di quelli feriti.
Mi tornano in mente le vacanze estive, l’immagine di me bambina, il bagno al largo. Gli altri nuotavano dandosi slancio in lunghezza, con movimenti fluidi si mischiavano alle onde, seguivano la corrente, io m’immergevo quasi perpendicolare all’acqua, spingevo coi piedi, tenevo il respiro, volevo misurare il fondo, toccarlo, prendere una manciata di sabbia e portarla in superficie. Risalivo in modo scomposto, gli occhi rossi, il fiato grosso, stringevo la sabbia bagnata in pugno e mi sentivo più forte, sapevo cos’era il fondo, ero capace di toccarlo e risalire, la corrente fino a quel punto era un pericolo che sapevo gestire.
Ho la gastrite, ma la Coca non rinuncio a berla: me la facevi trovare già sgasata, prendevi un cucchiaino e le davi una girata. Ti ho amato per queste accortezze, per le sciocchezze che mi venivano concesse, perché non volevo essere saggia, volevo essere stronza e ragazzina. Ti ho amato perché certe volte non riuscivo a essere forte, volevo solo scivolarti tra le braccia e sentirti dire tutto passa, tutto passa, pure se non era vero, tutto passa, tranne noi, certo, tranne noi. Ti ho amato perché se non mangiavo avevo qualcuno che mi sgridava, perché mi mettevi a tradimento lo zucchero nel tè, perché se mi estraevano i denti del giudizio e avevo la faccia gonfia, mi volevi baciare uguale, perché insistevi per vedere i film horror e poi eri il primo a spaventarti, perché dopo un anno ancora ti spiegavo come arrivare a casa mia e tu alzavi gli occhi e ripetevi “la strada la so”, perché se camminavamo per strada curvavi le spalle per sembrare più basso e io salivo su ogni gradino possibile, perché se mi abbracci scompaio, perché una volta in macchina mentre ci stringevamo ti sei scordato d’inserire il freno a mano e abbiamo tamponato, perché quello che era normale diventava speciale, perché eravamo uno pure se eravamo due, ma soprattutto ti ho amato perché tu mi hai amata.
Paura di te, della corrente. Eravamo al largo, così al largo, dov’era il fondo?, dove la fine?
Sempre meno mia e sempre più tua. Dov’era il controllo? Dove l’autonomia?
Da quando ti ho lasciato, con un sms, mi comporto come se potessi incontrarti ovunque: a una mostra, una presentazione, in qualunque luogo pubblico mi trovi, tengo fisso lo sguardo sulla porta, aspettando di vederti entrare, cerco di farmi trovare sorridente, in buona compagnia, tra persone di successo e se qualcuno mi parla sottovoce e si fa audace, penso: se solo entrassi adesso, adesso, in questo momento, sarebbe un quadro perfetto.
Da quando ti ho lasciato, ogni mio momento è recitato come se tu dovessi assistere.
Lavoro vicino casa tua, ma allungo la strada per non passare lì sotto, ho il terrore d’incontrarti insieme a qualcuna, le tue mani sui suoi fianchi, vedervi attraversare la strada in fretta, con la certezza di finire sul letto e addormentarvi stanchi.
Ma ci s’incontra anche in una città enorme e senza farlo apposta: ci vediamo all’ospedale, io sono radioattiva, ho appena fatto una lastra, tu esci da un esame. Non ci tieni a fermarmi, non mi offri il caffè, a stento un cenno, mi dici parole indegne di te e di me, di noi, vorrei spiegarti, ma spiegarti cosa?, che la paura dell’abbandono fa fare cose assurde, che per paura di sentirsi dire addio un giorno, si pronuncia per primi e subito, mi chiedi “come stai?” e finalmente lo ammetto “male”, mi guardi tutta e dici “non sembra”, “tanto tu sei forte, sei saggia”, sì, io sono forte, sono saggia, “tu non ce l’hai il cuore come tutti gli altri”, già, io non ce l’ho il cuore come tutti gli altri, perché io ne ho uno solo di cuore, gli altri ne hanno almeno uno per ogni occasione.
Mi accompagni alla macchina, salgo, provo a mettere in moto. Niente. Provo di nuovo, provi anche tu ma il risultato è lo stesso. Non ho vinto io, non hai vinto tu. Spingiamo la stessa macchina che non è partita, non ha funzionato e non si sa perché, dev’essere la batteria, la benzina c’è, i presupposti per andare lontano c’erano.
Spingiamo e parliamo, le tue parole affilate, le mie così vaghe.
Penso: ti sto dicendo mille frasi adesso, ma vorrei dirtene solo una e non riesco.
—  Giulia Carcasi
¿Cómo amar a cada signo? Las claves de la pareja perfecta


Es tiempo de permitirnos ser “nosotros mismos” más allá del temor al rechazo. Si amamos a alguien, es bueno que nuestro amor le permita desplegarse y no limitarlo. Amar es ayudar ser fiel a la propia esencia, amar su particularidad y respetar aquello que hace vibrar el corazón según cada signo zodiacal.

En este artículo hablaremos del signo solar, para conocer más de cada uno es necesario realizar la Carta Natal en donde aparecen más variables a tener en cuenta. Las personas que nos atraen funcionan como imanes de la propia energía, ellos tiene información para descubrir sobre nuestra propia alma. Para amar y confiar en otro, primero es necesario amarse y confiar en uno mismo. La Astrología propone descubrir al bailarín cósmico que somos, dejar de querer imponer nuestro propio ritmo y aceptar el baile que propone el cielo para esta vida.

Amar es aceptar al otro diferente, sin que esa diferencia sea vivida como amenaza, así cada signo puede desarrollar mejor su potencialidad. Para enriquecernos con lo nuevo que el otro tiene para darnos, es necesario ser receptivos sin juzgarlo ni asustarnos. Animémonos al coraje de amar al otro diferente sin querer adaptarlo a nuestros deseos o someterlo a nuestros temores.


ARIES: Si en verdad amás a Aries deberás aprender a amar a un activo guerrero.

Aries es extremadamente deseante. Para no sentir que su presencia te avasalla, será bueno que lo ayudes a desarrollar la valentía de no tenerse miedo a sí mismo. Aries necesita sumergirse en el propio deseo sin sentirse  juzgado de temerario o impaciente. Aries tiene una aspiración muy intensa y necesita expresarla, si no lo hace, vivirá fantaseándola y anhelándola. Imaginalo como un ser sediento en el desierto, sólo piensa en el agua, así Aries sólo pensara en su deseo frustrado. Si amás a Aries, nada mejor que dejarlo que explore y active sus ambiciones, que logre vivir aquellas experiencias que tanto anhela para consumarlas y superarlas o para dejarlo que se frustre y que él solo se obligue a re-orientar sus propósitos. Deberás ser hábil para no convertirte en su freno o en su juez. Es mejor que la vida misma sea su maestra, no pretendas domesticar, encarcelar o enseñar a Aries.


TAURO: Si en verdad amás a Tauro deberás amar a un degustador de la vida.


No lo apures ni lo atosigues con tus temas. Dale tiempo para que incorpore sus necesidades y para que registre cada momento. Tauro necesita detenerse y observar cada detalle sin ruidos ni apuros, precisa centrar su corazón en un ritmo pausado logrando percibir la bondad de cada momento, de cada hecho. Tauro incorpora la vida, aprecia la existencia como incondicionalmente bella. Le hace falta, simplemente, estar allí en espacios de no agresión. Solicita respetar sus ritmos para conectar en profundidad con el valor de sus vivencias más simples, aquellas que solemos ignorar por considerarlas triviales: una ducha aliviante, un cuerpo perfumado, un rico sabor, un vaso con algo refrescante, un aroma o una música revitalizante; con estos sencillos momentos logra re ciclarse. En lo simple, Tauro obtiene energía, adquiere una misteriosa forma de conexión vital, se vincula con la bondad fundamental y se re-genera en fracciones de segundos.


GEMINIS: Si en verdad amás a Géminis deberás amar a un inquieto vinculante.

Géminis te invita a vivir en libertad,  es tiempo de volver a empezar, de animarte a ser cuestionado en todo lo que creías ser y dejarte ser re-inventado. Géminis te incita a redescubrir tu mundo, a ver más allá de mirar, a escuchar más allá de oír, a sentir más allá de tocar. Necesita jugar, experimentar y siempre variar, sin sentirse juzgado como inmaduro o inestable. En este movimiento eterno, será difícil encasillarlo poniendo a prueba tus intentos de control y de domesticación. Amar a Géminis es dejarlo mutar en sus estados de ánimo sin sentirlos como amenaza o agresión hacia tu persona. Nada es personal, está en su propio viaje de mutación de identidad entre un gemelo sensible y el otro racional, siempre cuestionándose y  reorientándose. Si pretendés encerrarlo o encasillarlo, será el peor infierno para Géminis y para aquel que esté a su lado.


CÁNCER: Si en verdad amás a Cáncer deberás amar a un protector de lo seguro.

Cáncer te invita a ir hacia la profundidad de tu ser. Cáncer estimula al compromiso. Te influencia rápidamente a definir que te proponés con la relación. Necesita seguridad emocional, por tanto, precisa conocerte en profundidad empujándote a estar al tanto de tus emociones más recónditas. Si amás a Cáncer deberás ir hacia tu ser más esencial, a tu alma, a tu origen; inclusive a riesgo de conectar con tus olvidadas heridas y tus viejos dolores. Te liga con tu fragilidad para curarla,  ayudando a construir un amor sin lesiones ni rencores. Vale la pena este viaje hacia lo desconocido de uno mismo pues en Cáncer has encontrado un ser donde resguardarte de los fríos vientos del mundo, donde desarrollar una ternura inusitada que puede re ciclar hasta al corazón mas endurecido.


LEO: Si en verdad amás a Leo deberás amar a un expresivo ser irradiante.


Leo te invita a la valentía de vivir en contacto con el amor como cualidad y no como exclusivo de un vínculo. Leo necesita ser fuente de ternura disponible para los demás. Has encontrado a un ser que precisa expresarse desde lo más genuino para reconocerse. Se retroalimenta del amor y la aceptación de su entorno. Leo no teme a su sensibilidad, no se avergüenza de mostrar su corazón, convierte la vulnerabilidad en pasión y la sensibilidad en apertura hacia los otros. Si querés ser la fuente exclusiva de sus intereses, Leo se marchita y se convierte en un tirano; si, en cambio, lo animás a explorar su capacidad de resonar con otras almas, Leo florece y llena de alegría su entorno. Déjalo volar sin miedo a la traición ya que podes confiar en sus acciones y en sus palabras, has encontrado en Leo a un ser a quien le resulta cómodo habitar la bondad y la decencia.


VIRGO: Si en verdad amás a Virgo deberás amar a un observador nato.

Acompañar a Virgo no será tarea fácil, estás ante un alto desafío. Virgo te invita a poner de lado todo anhelo egoico desproporcionado y tener disposición a ocupar un lugar menos protagónico.
Son propias de su naturaleza las cualidades de servicio, entrega y humildad, cosas que quizás puedan irritarte y las malinterpretes como sumisión, debilidad de carácter o servilismo. También puede sublevarte su lado crítico, meticuloso y obsesivo: Virgo anhela un orden interno que nunca consigue e, instalado en la eterna insatisfacción, suele observarte desde en una crítica mirada perfeccionista y laberíntica. Lo logrado nunca alcanza, nunca es suficiente. Esta enmarañada actitud puede alejarte de Virgo. Si lo amás, debés trabajar la aceptación de su intrincada personalidad para disfrutar de sus exquisitos talentos: la serena observación, el receptivo estilo para captar dónde es necesario ayudar, el expectante y reflexivo carácter que descubre la lógica de funcionamiento de las cosas desde un lugar diferente y original. Desde esta receptiva mirada aporta siempre su contemplación inteligente. Descubrirás la genialidad de sus pensamientos y sugerencias. Su solidario corazón te ayuda a superar actitudes dañinas y miserables.


LIBRA: Si en verdad amás a Libra deberás amar a un ser que siempre desea de a dos.


Junto a Libra deberás entender cómo es vivir en un eterno doble vínculo entre las necesidades propias y las ajenas.
Libra se balancea entre lo que piensa y lo que siente, entre lo que racionalmente corresponde y lo que capta intuitivamente. Necesita integrar siempre intelecto y sensibilidad como dos polos de sí mismo que se liberan y se potencian. Si amás a Libra, deberás transformar tu modo individualista de vivir en el mundo para abrirte a los otros y a sus necesidades. Aprender a sincronizar en igual medida la objetividad de tu mente junto a un corazón inclusivo. Claridad y amor en su máxima expresión con conciencia y compromiso en cada momento. Libra invita a moverse de a dos, a encontrar la rítmica unión de mente y alma. Aunque puede parecer excesiva la exigencia, vivirás la maravillosa calma de este encuentro exquisitamente complementario donde puede descansar tu alma fatigada. Agotado de oscilar buscando amor de un lado al otro, si amás a Libra sentirás una aceptación integral, como un encuentro de almas  que se reconocen en su larga marcha.


ESCORPIO: Si en verdad amás a Escorpio deberás amar a un detective emocional.

A Escorpio se lo va develando de a poco. El descubrimiento de su potente y compleja  profundidad te mantendrá atrapado e intrigado en sus misterios psicológicos. Profundo, sólido y oculto como las raíces que esconden toda la  fuerza vital de lo que crece. Junto a Escorpio debés acceder a lo invisible, a lo que está bajo tierra en su compleja personalidad. Escorpio no le teme a los desgarros de la vida, más bien le intrigan, encuentra las dos caras en cada situación, ante cada crisis o cada final se pregunta: ¿Será muerte o será renacer? Escorpio no puede olvidar, tiene una mente tan potente donde no existe el pasado, todas las cosas son ahora. Sabe observar los hechos en su totalidad con plena conciencia y contacto ante los momentos más oscuros, que lejos de asustarlo lo excitan a convertirse en buscador de nuevas respuestas trascendente. Te has enamorado de un detective de la vida.


SAGITARIO: Si en verdad amás a Sagitario deberás amar a un buscador de la verdad.

Junto a Sagitario deberás lidiar con un mundo de oscuridad pues suele proyectar los males en quienes lo rodean por pretender ser pura luz. Quizás lo veas muy avocado en sostener con fuerza a su familia y a su profesión, ocupado en el mundo de lo concreto distrae su verdadero anhelo por lo místico. Confundiendo su pasión por lo espiritual en logros mundanos, deambula insatisfecho entre conquistas sociales siempre anhelando mayores logros. Cuando su mente valiente logre entregarse a su alma, se liberará de su anhelo de poder social y de su avidez económica para aventurarse a la grandiosa esfera de lo espiritual. Cada vez que se golpee con los duros enfrentamientos al que su espíritu caballeroso lo enfrentará en la vida cotidiana, deberás aprender a correrte de ser el blanco de sus enojos. Maldecirá en forma reiterada la avaricia y la codicia del hombre y, finalmente, si sigues a su lado, lo verás cansado de su necesidad de reconocimiento social para comenzar finalmente el maravilloso viaje de aventurarse a mirar hacia arriba para ver a Dios cara a cara.


CAPRICORNIO: Si en verdad amás a Capricornio deberás amar a un constructor de la excelencia.


Junto a Capricornio desarrollarás compasión y tolerancia ante su intento de imponer el poder de su verdad, pareciendo exigente, dogmático y duro. Vive en contacto con lo que percibe es el modo correcto “de hacer las cosas”, casi como lector de la justicia divina. Capricornio vive anhelando que el mundo esté en paz, ordenar cada situación y poner a cada persona en el lugar que le corresponde. Puede generar, con esta actitud, muchos rechazos por vivirlo como excesivamente moralista o autoritario. Si lográs estar a su lado sin sentirte continuamente sentenciado o juzgado atravesarás su muro defensivo para conocer su esencia a donde fluye sin problemas ante cada situación por más difícil que esta sea. Capricornio desarmado de su estilo sentenciante y autoritario es puro corazón, su ego se hace transparente y reluce con energía compasiva y amor resplandeciente para ponerse al servicio de tus necesidades. Comprometido y sincero has encontrado a un excelente socio de la vida.


ACUARIO: Si en verdad amás a Acuario deberás amar a un buscador de lo diferente.


A su lado vivirás un amor desapegado donde no hay extraños en el mundo, sólo amigos que aún falta abrazar. Su esencia es inquieta y vinculante, no puedes encasillarlo a una rutina o a un único interés. Amigos y actividades insólitas y variadas serán necesarios para que Acuario pueda sentirse bien. Su mente va y viene entre el presente y el futuro, cada tanto desconecta, se va un ratito y después vuelve, no lo tomes como un desinterés, aceptalo como es. Siempre interconectando con otros tiempos, con otros espacios, en misteriosa unión con el futuro, en extraños silencios donde fecunda originales mañanas. Ellos respiran la luz del futuro por lo que la conexión con el presente puede resultarles incómoda aunque intenten aceptarlo en rudimentario estado. Puede que se adapte a la formalidad y al compromiso que le pedís, pero siempre resolverá de maneras diferentes a lo pautado; si superás la tendencia a juzgarlo como rebelde o poco comprometido, sus propuestas resultarán siempre más creativas y liberadoras.


PISCIS: Si en verdad amás a Piscis deberás amar a un soñador resonante.

Muchas veces el pisciano puede mostrarse muy reactivo o agresivo a modo de defensa ante su híper sensibilidad. Junto a Piscis verás que tu razón se tambalea sin fundamentos frente a los hermosos sueños que este signo te invita a vivir. Perdido en actividades insustanciales e ilusiones enmarañadas, de pronto verás a tu ser comenzando a buscar lo divino por sospechar que tu vida no se ha realmente vivido. En estas mágicas búsquedas puede nacer lo inesperado y encontrar nuevas esperanzas. Piscis te invita a superar la supremacía de la mente racional para abrirte a los abismos de la sensibilidad y de la intuición. Si te animás a soltar la lógica intelectual, reconocerás el cansancio de vivir identificado con tu ego y florecerá el amor en cada esquina de tu alma. Cansado de tus propias vanidades percibirás que para descubrir la magia del mundo hay que vencer la neurosis individual. Sospecharás que el alma tiene sus propias intenciones con lo que creemos que es nuestra vida. Con Piscis resignificarás lo que antes nombrabas “fracaso”, pues muchas veces una ganancia para el alma significa una pérdida para el yo. Te animarás a decir no a la rudeza y al descuido, a superar la timidez y la vergüenza de mostrar tu amorosa sensibilidad.  Lograrás sentir la bondad en los huesos, en la cabeza y en el corazón para reanimar la conexión con los demás de manera más auténtica y cariñosa.

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Pablo.-

Huérfana de palabras, de sentimientos, de razones.
En un tren sin frenos ni salidas de emergencia a punto de estallar contra un muro de cemento.
No tengo escapatoria, no tengo salidas, solo me queda respirar hondo y esperar.
—  @alcxtrz
Ella se consideraba a sí misma como un cometa navegando en el viento y, asustada de su propio motín interior, cedía a veces a la tentación de pensar en alguien que pusiera freno a sus impulsos; pero esos estados de ánimo le duraban poco. Cuando meditaba en su futuro se tornaba melancólica, por eso prefería vivir desaforada mientras le fuera posible.
—  Isabel Allende
Lo más hermoso de sus relaciones -Piscis
  • Aries: Los días que Piscis se siente débil y vulnerable, Aries será el único capaz quien le de la fuerza para empujarlo al mundo real y seguir soñando al mismo tiempo. canción: The Ends Of All Things - Panic! At The Disco
  • Tauro: Para vivir un romance cliché con citas, cenas bajo la luz de la luna, bailes lentos y un anillo de bodas, Tauro podrá darle todo eso que Piscis sueña desde pequeñ@. canción: 1000 Times - Sara Bareiles
  • Géminis: Es difícil encontrar alguien con tu mismo sentido del humor y que pueda alegrar tus días y llenarlo de sonrisas. Géminis le da el toque de alegría y entusiasmo que Piscis necesita. canción: Marry You - Bruno Mars
  • Cáncer: Juntos crean un ambiente armónico tanto en público como en la intimidad. No hay nadie más que entienda la ternura y calidez de cada uno y saben valorar cada pequeño detalle, abrazo y besos de sus día a día. canción: Mi persona favorita - Río Roma
  • Leo: Nadie comprende más que un Leo la necesidad continua de Piscis de vivir un romance al límite y desbordarsde de amor sin cansancio, luchando contra cualquier obstáculo en el camino. Canción: Kiss Me - Jason Walker
  • Virgo: ¿Quién puede comprender y enseñar tanto a un signo soñador que vive en las nubes?. Virgo marca un antes y un después en el torbellino de emociones en el que se ahoga Piscis. canción: Thinking Out Loud - Ed Sheeran
  • Libra: La paz y serenidad es algo que ambos aprecian en la vida y Libra, le ofrece un camino hacia la calma para librarse de la maldad y violencia que el mundo los rodea. canción: The Only Exception - Paramore
  • Escorpio: La paciencia, protección y refugio es algo que un Piscis necesita día a día y Escorpio, es el único capaz de hacerle sentir a salvo en sus brazos. canción: Vanilla Twilight - Owl City
  • Sagitario: El amor por las personas, la naturaleza y el mundo en sí, hará que ambos pasen los mejores días de su vida viendo el lado positivo de cualquier cosa. canción: Unconditionally - Katy Perry
  • Capricornio: Tantos sueños y pensamientos a futuro, le será díficl a Piscis llevarlos a cabo y para eso, estará Capricornio que le dará mil y un oportundiades de equivocarse una y otra vez hasta conseguir la felicidad plena juntos. canción: Marry Me - Jason Derulo
  • Acuario: Cuando no hay nadie quién entienda las crisis de Piscis, Acuario estará allí para darle una mano y soñar a su lado viviendo juntos una increíble y hermosa utopía. canción: Like A Star - Corinne Bailey Rae
  • Piscis: Dos Piscis juntos, no pondrán freno a su amor y sueños, rompiendo todas las reglas y mirándose a los ojos como si no existiera nadie más que ellos dos en el mundo. canción: Counting Stars - One Republic
Me da vértigo el punto muerto…
y la marcha atrás,
vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas,
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio,
las tardes de domingo y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran a sus ideales
sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sin sentido,
parado frente al mar mientras el mundo gira.
—  Fragmento del poema Ideario, de Francisco M.Ortega Palomares