follajes

   Ernst Ludwig Kirchner, Desnudo femenino con sombras del follaje, 1905. Óleo sobre cartón, 37 x 30 cm, Museo Kirchner, Davos, Suiza

Con mi familia decidimos irnos algunos días de vacaciones, alojaríamos en un hotel llamado “Oasis en el bosque”. Lo particular de este hotel era que estaba en medio de un bosque de Secuoya inconmensurables, además, al costado del hotel había un río que parecía arrasar con la arquitectura. Realmente era muy pacifico, a pesar de la demanda turística que presentaba.

Cuando llegamos todo era exactamente igual a las fotografías. El hotel se camuflaba entre el follaje de los árboles y transcurso del río. Dejamos nuestras cosas en las habitaciones que nos habían asignado y decidimos ir a recorrer un poco a los alrededores. Estaba lleno de cosas por hacer, recreación, turismo, era perfecto. Cerca del hotel había un pequeño pueblo, habían autos que acercaban hasta allí, en el habían muchas más cosas por conocer y por descubrir.

Mi hermana y yo nos fuimos a caminar por los senderos que había alrededor del lugar, el paisaje era impresionante y la tranquilidad era envidiable. Estaba lleno de distintas especies de plantas, flores y algún pequeño animal que pasaba por nuestro camino. Tomábamos fotografías del entorno, a veces nos tomábamos una foto juntos, aunque no era de nuestro agrado. Luego de unas dos horas recorriendo, volvimos a nuestra habitación, habíamos quedado algo cansados, nos cambiamos ropa, ya que afuera comenzaba a dominar el frío. Este lugar se llenaba en invierno, y es que lo entiendo, era acogedor, daba la sensación de estar en una película perdido en medio del bosque, realmente era una situación similar; eso no le quitaba las ganas de quedarse para siempre.

(…)

Los días pasaban y cada vez descubríamos más cosas. Nuestras mañanas comenzaban con desayunar en el hotel, tenían las comidas empleadas, solo había que ir a la hora y servían lo que ofrecían. En las mañanas servían unas tostadas con algún bebestible a elección y un postre como algún trozo de pastel o frutas. Yo siempre elegía la fruta, me encantaba. Luego de eso, nos íbamos a algún lugar, por lo general mis padres salían solos, y yo me quedaba con mi hermana.

Recorríamos los lugares, museos y cosas por la mañana, regresábamos al almuerzo y en la tarde nos caminábamos por los senderos o nos quedábamos descansando en la parte superior del hotel que era como un mirador.

Hasta que un día, regresando a almorzar, lo vi en la recepción con sus padres. Me quedé estático al verlo. Mi hermana que iba un poco más adelante, notó que ya no iba a su lado, al darse la vuelta entendió cuál era la situación. Camino rápidamente en mi dirección, me tomo del brazo y me llevo lejos. Trate de olvidarlo, el lugar era bastante grande como para encontrarnos en algún momento del día. Comimos y decidimos quedarnos en la habitación por ese día.

Por la mañana fui a desayunar un poco más tarde, mi familia ya se había ido, así que no tenía otra opción de comer solo, pero esa mañana estaban asignando las mesas por el exceso de huéspedes. A mí me llevaron por unas escaleras a una especie de balcón cerrado, solamente con dos mesas. Me senté en una que estaba junto a la ventana. De repente escucho que alguien sube. Era una escalera como para un entre techo, cuando veo quien sube era él, se sienta en la mesa de al lado. Lo quedo mirando algo nervioso, llega un señor con el desayuno, lo sirve y luego se va.

Me mira y desvío la mirada a mi plato, tomo un sorbo de mi café y me marcho del lugar, no podía quedarme más tiempo al lado de Samuel. Cuando bajo los primeros escalones escucho como da un largo suspiro y arrastra la silla para pararse. Bajé casi corriendo y me fui al mirador del hotel. Pocos sabían que estaba allí, por eso siempre estaba vacío. Traía mi teléfono, comencé a mandarle mensajes a mi hermana, necesitaba que me ayudara. Como no respondía entre a Twitter para distraerme. Me senté un poco más tranquilo, ¿por qué de todos los lugares del mundo tenía que encontrarlo aquí?

Esperé a que respondiera mis mensajes cuando escucho unos pasos detrás de mí, sólo era un pequeño niño que al verme, dio la media vuelta y se marchó. Pocos minutos más tarde escucho nuevamente pasos, repentinamente alguien se sentó a mi lado. Sabía que era Samuel, podía reconocer aquel perfume a distancia. Lo ignore por completo mirando la pantalla del teléfono leyendo Twitter. Iba a decir algo, pero se calló. Se acercó a mí colocando su cuerpo rozando el mío.

Hace varios minutos que había dejado de leer. Me moví un poco, sin embargo repitió el movimiento. Guardé mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón y me gire para quedar de frente a él. Lo miré y se sorprendió.

–¿Qué quieres que no me dejas en paz?– dije serio.

–Quiero hablar contigo, quiero explicarte las cosas, quiero estar junto a ti nuevamente. Porque por irónico que suene, tú no dejas mi mente en paz desde aquella vez, Guillermo­­– acercó su mano a la mía hasta rozarla, baje la mirada y el siguió hablando –Guille, esa noche fui un completo idiota, no debí a ver reaccionado de esa forma contra ti, no debí haberte gritado y mucho menos que haber dicho que me avergonzaba de ti–

–No lo hagas, Samuel. No me hagas esto otra vez, no podemos seguir así, por lo menos yo no puedo. Si aquella vez las cosas resultaron así, no quiero volver a pasar por lo mismo– dije con lágrimas en los ojos, lo amaba tanto, me dolía esta situación.

–Guille, lo diré una única vez. ¿Me amas tanto como lo hago yo? Si no es así, me iré para nunca más volver, no me verás ni en tus recuerdos, te lo prometo–

Lo miré asombrado, podía ver el dolor de sus palabras reflejadas en su rostro. Estaba tenso, inquieto por mi respuesta. Me senté mirando el paisaje nuevamente, alejando nuestras manos para secarme el rastro de las lágrimas. Suspiró y dispuesto a irse, dio un paso al frente.

Justo cuando empezó su caminar, lo tiré fuertemente del brazo. Lo detuve hasta quedar mirándonos a centímetros de distancia, podía sentir su respiración chocando con la mía.

–No he dicho nada para que te vayas-

Me mostró una gran sonrisa, tomo mi cara entre sus manos y me beso suavemente. Rodee su cuello, a los pocos segundo nos separamos, lo abracé fuertemente.

–Te amaré por siempre, no lo olvides jamás, Guille-