fin de año

“¡Por Merlín, Danny! ¿Quién hizo esa cosa?” preguntó una de sus amigas, aterrorizada, señalando el pastel que Caradoc había hecho. Danny carraspeó. — Fue Caradoc —respondió, y aunque ella hizo una mueca de asco ante el aspecto de este, Danny estaba feliz de tenerlo. “Mejor no lo comas, se ve sospechoso” opinó la chica, Danny sólo rió suavemente—. No te preocupes, no me pasará nada —le aseguró.

La chica volvió a sonreírle y abrazó de nueva cuenta a su amigo. “Feliz cumpleaños, que sea el mejor de tu vida” le deseó ella, con una amplia sonrisa y unas palmaditas en su espalda. Él volvió a agradecerle. Segundos después se fue, dejando a Danny con el paquete del pastel, el cual debía subir hasta su habitación.

Mirándolo de forma positiva…

Igual de aquí a unas horas se me ha bajado la inflamación de la cara. — Murmuró mientras se tocaba el lado de la cara que tenía más magullado. Acababa de tener un encuentro más bien poco agradable con unos matones, y en aquel momento se encontraba con prácticamente la totalidad de su rostro completamente magullado, con algunos cortes allí y allá. La gente que cruzaba la calle ni siquiera lo miraba de forma extraña: en aquel barrio estaban acostumbrados a esas cosas. Sin embargo, no pudo evitar emitir un pequeño quejido al tocarse un moratón bajo el ojo y notar que le ardía.

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Se encontraba en la parte superior del vivero de la Universidad. Adoraba ese sitio, provocaba en su persona una paz única. Aquella terraza contaba con distintas plantas, flores y una vista excepcional del campus, sobre todo si buscabas presenciar un atardecer desde lo alto. Suspiró, simplemente adoraba aquel sitio. Sus codos se encontraban apoyados en el pequeño muro que la separaba de una caída hacia el vacío. Su cuerpo inclinado buscaba detallar mejor a las personas que caminaban con pereza debajo de sí. Hasta que escucho un ruido que perturbo su tranquilidad y tenso su cuerpo. “¿Quien anda ahí?” La pregunta no fue temerosa, sino autoritaria. No le gustaba que alguien hubiese interrumpido su único momento de tranquilidad consigo misma y no tuviese la delicadeza de anunciarse. “¿Como encontraste este lugar?” Hizo su siguiente interrogante, recelosa de que otro alumno supiese de la existencia de aquel sitio tan especial para ella.

¿Donde se encontraba Caradoc estas últimas semanas? Con botella de alcohol en mano y un ligero cigarro en la otra. Los últimos días se habían tornado una total Odisea. La noticia de la salud de su padre llegó una mañana. Estaba sumamente enfermo y con rastros de depresión. ¿Es que acaso ya no había olvidado la muerte de su madre?¿Y como hacerlo? Si ni el mismo Doc lograba disipar aquel recuerdo.

Ahora, alrededor de la medianoche, el Ravenclaw deambulaba por los pasillos, sin la preocupación de que alguien lo descubriera, con una enorme resaca punteando su cabeza, y una botella de cerveza que se había adherido a sus dedos desde que lo había descubierto dentro de su baúl. Una insistente luz expulsada de una ajena varita se acercaba hacia el joven. — Demonios, saca esa mierda de mi rostro — un punzante dolor se extendió en su cabeza cuando la luminosidad del objeto llegó a sus ojos, logrando que parpadeara variadas veces.