fernanda barba

Sus besos no eran como los de los otros.. me desbordaban, ciertamente. Sin embargo, no me daban esa locura demoníaca, brusca y quemante, al contrario, desprendían una pasión en calma, una lujuria como enternecida, suave, despacito.
Su mano derecha tomaba tan suavemente mi barbilla y me levantaba la cabeza mientras sentía su roce.
Mis manos se iban inmediatamente a tocar su barba, mientras se aumentaba el ritmo.
Ya era su mano completa la que me extendía el cuello y me abría la boca, esos dedos largos y pálidos (pareciera que aún los siento).
Esa atmósfera extraña seguía envolviéndome, me gustaba, me encantaba (me encanta), me he acostumbrado tanto a los amantes desenfrenados, que había olvidado los detalles: sentir su respiración, los pequeños roces, cerrar los ojos, sentir a qué huele hoy, temblar.
(1)
—  Distancia. Fernanda Risteau.