feria del queso y el vino

Me impresiona cómo la gente se emociona por adoptar todo lo que los gringos venden al mundo como su cultura. Por ejemplo las gorras y camisetas de equipos deportivos, consumir toda la basura de sus cadenas de alimentos que a unos les da la sensación de pertenecer, la euforia por esas estrellas de la música que desaparecen de un día para otro y que venden a millones de adolescentes el sueño de ser diferentes. Yo no sé, cada quien sus elecciones, pero en lo personal a mí me parece más auténtico lo que en México tenemos como cultura: el mariachi, el son jarocho, el mezcal de Oaxaca y Michoacan, las canciones de José Alfredo Jiménez, la ropa de manta que hacen nuestros hermanos indígenas en Chiapas, los tacos en la ciudad de México, el tequila de Jalisco, los cortes de carne del norte, la trova yucateca, Palenque, Teotihuacan, Calakmul, Monte Albán, el pozol de Tabasco, la feria de San Marcos, el ritual del peyote en Wirikuta, la ruta del vino y el queso de San Miguel de Allende a Tequisquiapan, los ex conventeos, las haciendas, el valero, el trompo, las canicas, la matatena, los huapangos ¿Por qué primero quieren ir a otros países antes que conocer todo lo que México nos da? Las mejores olas para surfear en Zicatela, los callejones de Guanajuato y Zacatecas, los cenotes de Mérida, acampar en la Huasteca, las playas con desierto de Guaymas a Loreto, los temazcales, tantas cosas. Yo sólo digo que creo que lo que hay en México tiene un valor que en la cultura norteamericana no he podido encontrar.
—  Filosofía para no tan filósofos