Hoy veo en retrospectiva y me doy cuenta de lo mucho que me has cambiado desde que llegaste. Bastaron tan sólo unos días para comprender que algunas personas llegan a tu vida para desmoronarte la tristeza, para descoserte esas risas que pensabas que eran una herida si las sacabas a la luz del día, a descontrolarte los nervios, los sentimientos, las canciones. Y eres tú, eres tú quien me hace querer no morir y ser por siempre joven, y al mismo tiempo me haces querer envejecer a tu lado. Y veo cómo las horas se pasan como agua en mano siempre que estoy a tu lado. Antes de ti era una sombra en forma de nube que se paseaba por la vida tratando de contenerse la lluvia, pero que, un día, sin más pensar, apareciste como el arco iris al final de la tormenta, y me haces bailar a cada paso que voy. En cada tormenta en la que entro estás tú, que eres Sol, brillando, radiante, atravesando mi piel para llegar a colar tus rayos por mis grietas. Me amaste roto y por eso te amo con todos mis pedazos. No preguntaste el porqué de mis cicatrices, sino, más bien, también te desnudaste las tuyas y yo, que siempre le he temido al amor, las besé y las hice mías. Mías y de nadie más. ¡Y maldije las palabras que te las hicieron y bendecí la mano que las curó!

Me dices al oído que tienes miedo de perderme y te susurró al hombro que no hay mayor miedo que los principios, pero no temas, no lo hagas, no temas a ser feliz, no temas a ser feliz a alguien más.

Si supieras lo importante que son los besos que me das cuando nadie mira, cuando todo calla, incluso aquellas montañas que nos vieron darnos nuestro primer beso, fue un eclipse.

Dos pueden atraerse como el metal y el imán, pero luego estamos nosotros, que no importan las fuerzas que traten de separarnos, porque el universo nos unió para forjarnos a ser algo inmortal en alguno de sus rincones.

Quiéreme, M. Quiéreme, y no me sueltes jamás.

No dejes que pase frío, que me haga daño el invierno, que el viento traiga de nuevo aquella persona a la que maté y enterré en el pasado, no dejes que vuelva a ser lo que un día fui. Toma mi mano y haz de ella un universo aparte, distante, en donde podamos ser felices tú y yo.

Al final de la tormenta, uno encuentra a alguien con quien querer pasar todos los días, incluyendo los nublados y los soleados, los malos y los buenos, los grises y los de colores, a su lado.

Espera…

Tengo miedo, ahora soy yo quien tiene miedo de que me sueltes y me dejes ir como piedra en una corriente. Sé que soy duro de roer, pero también sabes que puedo llegar a quemar, tanto así como para encender una llama en el corazón más frío.

Te amo, M.

Sabes que llegaste a mi vida para salvarme del naufragio, mi mejor caída has sido tú, utilizas tu saliva para curar mis heridas.

Te prometo que tu corazón, que te lo han roto en mil pedazos antes, intentaré coser, al igual que tus alas, tus miradas tristes.

Arreglaré tus días, tu vida y tus noches.
—  “Carta a M.”, Benjamín Griss
Every day I’m thinking to myself: How could I have found you of all the 7 billion people in the world? Is it a coincidence or was I supposed to find you?
—  Poets Love Her