falda flores

Y fue entonces cuando supe que si las paredes hablaran 
le sonreirían antes de pedirle matrimonio.

Bueno,
tal vez esto lo supe
cuando la vi desnuda apoyada de espaldas en una
y aparecieron manchas rojizas en la habitación
como si se estuviese sonrojando
o poniéndose cachonda.


Si os la cruzais rompiendo las aceras
con esa cara de libertad que desea ser pájaro a salvo
con esa ansia de ser amada como ella se ha amado
con esa falda de flores que arrancó con mis propias manos.


Paradla, va armada.
Esos dientes son putas balas.
O sonríe o dispara.

—  Cura 14, Irene X (vía @juntos-en-secreto)
El lento andar de los segundos en el valle de tu pecho. Parte I

Son las 10:30 de la mañana, voy saliendo de mi casa con una caja de cartón llena de libros (No sé exactamente cuantos, pero son un poco más de treinta) en la caja hay también algunos pisapapeles, portalápices hojas en blanco y demás artículos de escritorio.

Mi mente está en blanco.

Voy caminando calle abajo sin rumbo fijo y cargando, por razones que desconozco, una pesada caja llena de libros y objetos de escritorio. Me detengo de pronto frente a una casa, aparentemente abandonada pero hermosamente vieja.

Son las 10:55 a.m. no he caminado mucho, sin embargo no recuerdo como llegué aquí.

La casa frente a mí me llama de una manera extraña, la sensación de mi destino escondido adentro hace latir mas rápido mi corazón. Busco en vano una puerta que no está; de momento solo veo una ventana. la ventana es amplia y profunda y está casi al ras de la banqueta (Unos 2 m de ancho por 1.50 m de alto con una profundidad de .50 m) Y está tapeada malamente con madera.

Me siento en la ventana. Alrededor de mí, voy colocando cuidosamente los libros y los artículos de escritorio; algunos libros no caben así que los pongo en la banqueta. Cuando todo está acomodado tomo un libro al azar y comienzo a leerlo…

“No hay tiempo, todo aquí es un ir y venir infructuoso de los segundos carcomiendo mi ser desde la piel hasta los huesos… la razón, a falta de luz, comienza a marchitarse….”

Son las 11:32 a.m.

La gente pasa a mi lado y me ve con curiosidad; algunos incluso, me preguntan si vendo los libros y los artículos de escritorio, mientras yo, sin quitar la vista del libro, me limito a negar todo con la cabeza. No sé que hago aquí, el instinto me ha traído, el destino vendrá a buscarme pronto -o eso creo-. Sigo leyendo.

“…Mujer te has vestido de fantasma en este desolado suelo, espacio de cielo gris y raso, estás callada, tan callada y tan perfecta; mujer, no eres mujer, eres diosa…”

El tiempo muerde mis ojos con ferocidad jamás vista. El sol en lo más alto, anuncia las 12:00 p.m.

“Aquella vez, no pude resistir el embate del tierno pandemónium desatado por tu vientre, segundos devorando segundos, los quejidos danzando en el aire como notas delicadas…”

La voz de una mujer me interrumpe.

–Joven, haga el favor de recoger sus cosas e irse de aquí a la brevedad.

Alzo la mirada para verla, es una mujer negra de cabello rizado, que ronda los cuarenta años de edad, viste una falda verde con flores rojas, una blusa blanca y sandalias.

–¿Por qué debo irme? no creo estar molestando a nadie – Respondo.
– Si lo está haciendo, la dueña de esta casa, la señorita Karen, no puede leer por culpa suya….

…..Continuará…

–Letras Secretas