exitencialismo

Sabía que estaba irremisiblemente perdido, desterrado de la posible felicidad que siempre, algún día, sonríe en la mejilla mas pálida: comprendía que el destino lo abortó al caos de esa espantosa multitud de hombres huraños que manchan la vida con sus estampas agobiadas por todos los vicios y sufrimientos
—  “Los siete locos” - Roberto Artl (1929)
Mi cárcel.

Lunes, tengo frío.
Tantas desgracias, y mi cara de encierro da paso a un olor espantoso de grietas de azufre.
Hoy me golpea la muerte de un viejo que necesitaba descanso.
Hoy me golpea la pena de ser humana.
Ya solo me queda la cara de un mochilero que regresa.
Mis fiestas son mis dudas. Mis certezas mis soledades.
Mis versos son mi herramienta, mis pasos mi baile abandonado, y asesinado.
Las monedas a mis cigarros. Las horas a mis poemas.
Mis sumas mis derrotas. Mis restas mis abrazos, besos y muestras de que siento.
Mis eternidades mis promesas. Mis canciones no se bailan.
La muerte me muerde los dedos. Me siento existencial.
Estoy sumergida en el sueño, vagando en las tinieblas
llorando en un sendero, siempre caminando.
No soy rebelde, ni tampoco terrenal.
Soy mojigata cuentera de versos, odiada y sepultada.
Me hice cometa en la senda espacial.
Me hice equilibrista de la cuerda mentirosa de mi mentiras. Tus mentiras. Las mentiras.
Me hice caníbal de cuellos, me hice amante de labios, y recitadora de sueños.
Y aún así lucho en la agonía.
Esta soledad fulgurante que me ciega y hace que mis ojos pierdan su órbita.
Siento que conspiro contra el viento y que el viento ya había ganado.
Seré libros, seré opio, seré poemas, seré cliché.
Pero no seré yo misma nunca. Ni tampoco sabré que se siente que la vicisitud halla vuelto a comenzar.